La Guerra de los Clanes

Historias, leyendas y batallas en las tierras olvidadas de Arda.

Edicion 2

Haldanóri, Las Tierras Ocultas

Finalizada · 08-09-2004

Batalla Entre La C5 De La Alianza Vs C4 De Tercano

2005:03:26:20:17:16

Andir

Alianza de Eithel-Glîn Tercano Nuruva Fin Guerra: Alianza de Eithel-Glîn deja de Atacar

Armadas perdidas por \"Alianza de Eithel-Glîn\" = 27

Armadas perdidas por \"Tercano Nuruva\" = 17

Clima: noche despejada.

Arezol

La Cuarta Compañía de Tercano Nuruva emprendía taciturna la retirada del lugar donde se libró la batalla contra El Concilio de Nan-Tasarion.

La derrota contagiaba sus corazones de angustia y desesperanza, aún cuando los capitanes procuraban infundirle solo palabras de consuelo, invocando al honor y gloria que no habían perdido pese a todas las penurias a las que habían sido sometidas sus gentes.

-¿A dónde nos arrastras, Arezol? ¿Cómo y cuándo acordamos emprender esta empresa?, Pues yo no lo recuerdo.-afirmó con algo de sorna Meldacar, pues era uno de los que anhelaba hacer abandono del lugar y más que eso, era uno más de aquellos, que buscaban aún en la oscuridad de los tiempos venideros, una luz que recordase la paz de antaño.

- Creo que es mejor volver a la capital.- sentenció con resignación el enano – pues el abatimiento se había adueñado también de su alma, antes infranqueable. - A todos les ayudará ver la hermosa ciudad de Ost-in-Tercan de día, cuando su esplendor no es comparable con ninguna otra que se cobije entre las ramas de Taurëlindomë, y de paso nos podemos reabastecer de comida y curar a nuestros heridos.- respondió Arezol.- Nos iremos en barco, pues creo que lo mejor es pasar desapercibido a las indiscretas miradas del enemigo que ronda no lejos de aquí.

Y así se hizo. Se embarcaron, cuando el sol descendía y algunas estrellas furtivas marcaban presencia en el firmamento azul oscuro, mientras la luna era opacada en su magnífica hechura por algunas nubes que venían del oeste.

Navegaron sin dar un alto, toda la noche, y con apuros aparentes.

Presintió quizá Istanna, que no había podido conciliar el sueño aquella primera noche de viaje, los pesares que caerían sobre aquellos que viajaban bajo la luna menguante, y su corazón se afligió, pero no compartió su temor con nadie.

Las medidas adoptadas para evitar ser descubiertos tal vez se había tornado extremas, y mantenían en constante alerta a casi todo quien estuviese embarcado. Habían perdido el placer que significaba moverse libremente y sin peligro por las calmas aguas del río, mientas el vaivén acompasado de la embarcación arrullaba los sueños del cansado.

Toda la compañía tenía los ojos bien. Los arcos estaban tensos, listos para actuar en cuanto fuese necesario.

Cuando desembarcaron, sintieron desazón ante el extrañísimo silencio imperante. Sombras y una bruma al principio muy espesa e irrespirable por los pesados hálitos de podredumbre que emanaba, componían la escena.

Los presagios de una inminente desgracia inundaron, cual pleamar las playas secas, cada rincón de las atribuladas mentes de los guerreros que habían comenzado a desenvainar sus armas casi por instinto.

Descendieron de la barcaza en medio de un claro, a un costado del caudaloso y profundo río. Estaban ya en el bosque de Tercano Nuruva, en Taurelindomë y el viento mecía las copas de los árboles y helaba la sangre del más valiente con su nefasto susurro. Pero algo rompió el silencio y desencadenó todo cuanto luego sucedería. Algunas flechas cruzaron el aire desde la negrura del bosque, hiriendo a todo quien alcanzaron, aunque sin arrebatarle aún la vida. No mientras sintiese ganas de luchar por su reino, sus gentes y tesoros ignotos.

El ataque sorpresivo no fue duradero, Isil emergió entre el mar de nubes y alumbró el claro con su pálido resplandor. Solo una tirada de flechas, y todo como antes.

El sigilo de los atacantes era sorprendente, mas en cuanto tomaron conciencia los de Tercano, de cuanto acontecía, algunos, incluyendo los heridos volvieron al barco, pero algunos vengativos que conformaban una fracción no menor de las tropas, corrieron a ver cuanto ocurría en el claro.

Pero por su prisa pagaron caro, pues una improvisada emboscada cayó sobre sus impávidos corazones y apagó la llama de la vida que Eru había puesto en sus ojos soñadores.

Pero ese no fue el caso de Meldacar e Istanna, capitanes Tercano que exploraron su entorno sin ser atrapados por los atacantes que aún aguardaban escondidos por los árboles.

No tardaron demasiado tiempo en sembrar el suelo de cadáveres enemigos. Los de Eithel-Glîn, se notaba llevaban tiempo inspeccionando el terreno, pero poco tiempo era ese comparado con el de los dos capitanes, que conocían cada recoveco del terreno en el que se encontraban. Su hogar.

Sólo habían dejado a un enemigo vivo, al que llevaron sin demora a ver a Arezol, quien lo interrogó y así supo como había sido estructurado lo acontecido en la ausencia suya por aquellos parajes.

-Saben bien, demasiado bien, como son nuestros territorios… pues gracias al interrogatorio hemos podido comprobar que han pasado mucho tiempo mancillando nuestras tierras.-Dijo el capitán enano con rencor.

- Puede que estos nuevos enemigos sepan nuestras rutas principales y caminos secundarios, pero dudo mucho que estén enterados de nuestras vías de escape, creadas para un momento de gran necesidad. Un momento como éste. – finalizó con voz seca.

Así pues, la compañía recorrió una larga distancia siempre en la proximidad del bosque pero sin penetrarlo, hasta llegar a un camino que estaba cubierto de brezales marchitos, fáciles de quitar, y usados para que los ojos de sus enemigos no supiesen de su ubicación.

Silenciosamente los capitanes se internaron con una avanzadilla para recoger información del terreno, hasta que encontraron puesto de guardia en un flet medio derruido, donde Arezol y sus compañeros se detuvieron mientras que el resto del grupo seguía con la exploración. Si algo bien sabía Arezol, es que el mejor escondite es el que está al alcance de los ojos, por mucho que al enano le disgustase la idea de subir a un árbol. La necesidad le obligó.

Allí estuvieron recogiendo datos del enemigo, que al parecer era una compañía de la Alianza de Eithel-Glîn, dirigida por Fereveldir y Árchaon, los cuales según los soldados que ya habían regresado de su acercamiento a la ciudad, eran muy habilidosos de las armas y muy cautos por lo demás.

Al entrar la noche de la segunda jornada desde que desembarcaran a orillas del Arcanên, decidieron que ya tenían suficiente información para desarrollar un plan para reconquistar la ciudad, por lo que lejos de las miradas de los guardias nocturnos de la Alianza, regresaron a los lindes del bosque, donde el resto de soldados aguardaban impacientes el regreso de la avanzadilla.

-Bien, nuestra capital está bien defendida por nuestros adversarios, aunque desconocen la entrada del sur, el plan es simple. Meldacar distraerá a cabeza de la serpiente, a los capitanes de la Alianza, atacando por el este lo que provocará, o por lo menos así lo espero, que gran parte del ejército de la Alianza se tenga que desplazar hacia ese lugar, aunque no creo Fereveldir y Árchaon dejen totalmente desprovista de centinelas la ciudad por el sur. De una u otra forma tendremos que bregar con el oponente antes de reconquistar la capital.

Pero para la invasión utilizaremos el Arcanên, el río que atraviesa todo el bosque y que nos permitirá llegar al centro mismo de la ciudad sitiada, lo que esperemos llegue a constituir motivo de desconcierto y confusión entre las filas enemigas.

Cuando estemos allí, lo primordial de todo será intentar conquistar lo más rápidamente la ciudad y partir rápidamente en ayuda de Meldacar, que espero que aguante el tiempo suficiente la mirada enemiga, hasta que nosotros destruyamos con nuestras flechas la retaguardia del ejército.

Los capitanes de la Alianza esperarán una trampa en cuanto vean el reducido número de soldados con los que iremos a hacerles frente, por lo que seguramente pocas serán las tropas que vayan a hacer frente a Meldacar, pero aún así serán superiores a los hombres de Tercano.

Y debemos de tener en cuenta que, según dijo nuestro prisionero, puede que haya una posible pacto entre la Alianza de Eithel-Glîn y el Concilio de Nan-Tasarion, y es muy posible que sepan de nuestra partida por el río hacia este lugar, lo que explicaría nuestra bienvenida a éste lugar.

Istanna cogió un cuenco de agua y se lo tendió amablemente al enano, que dio un largo sorbo para refrescar la lengua después tan larga charla, y luego continuó:

-Después de ayudar a Meldacar, iremos al encuentro de Fereveldir y Árchaon si no se encuentran entre las filas de la batalla anterior y allí realizaremos la embestida final. Dudo mucho que se quede para luchar contra nosotros, pero debemos estar preparados para lo peor, pues yo, la verdad, estoy verdaderamente fatigado, aunque curado de las heridas que sufrí poco tiempo atrás, y he de agradecerlo a las hierbas curativas de este bosque y a la maravillosa Maia que curó mis heridas. – comentó con una mirada cómplice dedicada a Istanna que echó a reír.

Así pues, al anochecer del día siguiente, emprendieron la marcha, tal cual habían empezado.

Meldacar ya se había sumergido en la lucha contra los usurpadores del reino, y, como dijo Arezol, ahí no estaban todas las tropas del lugar, por lo que Meldacar y sus hombres, escondidos en la maleza, disparaban flechas envenenadas, para poco después abandonar ese lugar, lo que inevitablemente producía una profunda ansiedad en los soldados de la Alianza, que no sabían a donde disparar, e iban lanzando flechas, cual golpes un ciego. La batalla fue bastante sencilla para los reconquistadores, pero no contaron con que Fereveldir se hallase en ese lugar. Este capitán inspiraba un gran respeto entre sus gentes, y sus tropas dejaban atrás los miedos y se adentraban en las malezas con confianza; fue entonces cuando la escaramuza a distancia, pasó a ser cuerpo a cuerpo. El enemigo iba cayendo con más rapidez debido a su inferioridad en número, pero Meldacar y sus hombres tampoco iban muy bien parados, pues estaban exhaustos luego de tan larga caminata, y ese cansancio arreciaba la habilidad de los soldados, y los reflejos para esquivar el duro metal que empuñaban sus adversarios.

El ejército de Tercano Nuruva, que se desplazaban entre árboles de hoja perenne y algunas estatuas y fuentes, muchas de ellas aún funcionando y sus almas se anegaban de tristeza ante tamaña destrucción.

Meldacar había conseguido su propósito, dar tiempo a Arezol e Istanna para atravesar el bosque y conseguir penetrar en la ciudad sin ser vistos por los centinelas enemigos.

Los australes estaban atrapados, y Fereveldir no arriesgaría la vida de sus hombres para obtener una victoria amarga. Así pues, un capitán de la Alianza había huido, mas faltaba aún Árchaon y su séquito.

Con la retirada de parte de las tropas oponentes, los tercanos confiaron en que la tendencia de los invasores era única y universal para todos ellos, errando así el último tramo de una estrategia que hasta el momento no había presentado resquicios de falla alguna. Así pues muchos de ellos se encontraban ya descansando, la batalla estaba casi ganada, hasta que los árboles empezaron a apalear a los soldados. Rápidamente comprendieron que los cómodos troncos en los cuales se había apoyado eran nada más ni nada menos que los ents de La Alianza.

Poco después, de los matorrales, aparecieron Árchaon y sus hombres, atacando con dureza a los soldados de Tercano Nuruva que por un momento, optaron por huir, mas fue entonces cuando los ents de Tercano Nuruva, otros que por ahí rondaban vieron la batahola de ramas y hachas y para colmo, ¡un pequeño espacio dedicado a ellos, totalmente derrumbado!, y ¡una estatua hacia Veleza, un ent que había muerto en combate recientemente, estaba tirada en el suelo hecha añicos!, nadie antes había podido contemplar a los ents demostrar tal sufrimiento e ira, lo que provocó que no hubiese fuerza en aquel lugar comparable con ese ataque, derrumbando a los ents enemigos para que los soldados de Tercano pudieran quemar los troncos y ver como se calcinaban… Fue entonces cuando Árchaon poco pude hacer, la ventaja de la sorpresa había sido espantada por la furia y la única solución que quedaba era huir.

¡Conquistamos al enemigo señores, recuperamos la ciudad!- Gritó Istanna y el alborozo del momento se alojó en las pupilas de la Maia.

Árchaon

“El destino de los hombres es impredecible, más lo es, pues, en tiempos de guerra...”.

Con estas palabras siempre comenzaba su relato el viejo Valwan, antaño un valeroso hombre y un digno soldado del ejército de Eithel-Glîn, ahora un mísero vagabundo cual errante rata buscando comida en las calles.

Después de vagar por numerosas ciudades, Valwan había vuelto a su lugar natal, Tyelpëosto.

Así entró al gran mercado que se celebraba cada mañana, y paseando entre puesto y puesto, tendió la mano para coger una fruta cuando creía que nadie lo veía.

- ¡Ladrón!- escuchó tras de sí.

Alguien lo había visto, y el mercader avisó a la guardia, que rápidamente lanzó al viejo al suelo descargando sus fuertes tablas de madera contra él, causándole heridas que dejarían marca en su piel.

- ¡Alto!- una voz femenina gritó con genio, y una joven dama separó a los guardias del mendigo tendido en el suelo.- Yo pagaré esa fruta- dijo tendiendo dos monedas al mercader.

Mientras los guardias se alejaban mirando al mendigo con una sonrisa irónica, la muchacha ayudó a levantarse al viejo Valwan con sumo cuidado.

- Te llevaré a mi casa- le dijo a la vez que lo dirigía hacia su hogar.

Así pues llegaron a una amplia casa, y tras ofrecer un buen baño caliente al viejo y nuevos ropajes, además de un buen afeitado de barba, la dama colocó en la mesa cantidad de platos de buenos manjares para que Valwan comiera de ellos.

- ¿Cómo agradeceros esto, bella dama?- dijo mientras agarraba con extrema delicadeza una de sus manos.

- Me basta con que comáis del plato.- hizo una pausa-, y podéis llamarme Tiriel. Quizás podáis contarme algo sobre vos.

- Valwan me llamaban, pues ahora no tengo nombre y a decir verdad mi vida ha sido, toda entera, cual casualidad del destino.

Aún recuerdo mi última batalla, antes de abandonar la vida en el ejército para dedicarme...- pensó -...a nada y a todo. Mi vida se dividía en las jóvenes damas y en las ociosas competiciones de luchas en la que todos apostaban. Y eso me ha llevado a lo que ahora.

- Hablad entonces de vuestra batalla.

- Magníficas son las guerras contadas en la imaginación de los niños, pero terribles son cuando las vives y dejas tu piel en ellas...- Tomó un respiro, y prosiguió -, cierto es que algunos años han pasado desde mi última batalla sirviendo al los Señores de la Fuente, pero los recuerdos están tan bien guardados en mente que parece que fue ayer.

Pertenecía a una compañía de los ejércitos de Eithel-Glîn liderada por un maia, Archaon, de cuyos verdes ojos aún me acuerdo, y siempre acompañado de su tigre albino, Silvaron lo llamaban. Su mirada impasible durante la batalla, sus certeros golpes y voraces movimientos hacían temblar al enemigo ante su espada Mommênt, forjada por el mismísimo Aulë. Junto a él iba otro general, un medio elfo llamado Fereveldir, callado, solitario, pero temible en la batalla.

Tras demostrar mi coraje en innumerables batallas, el mismo Árchaon me nombró su Portaestandarte, y yo, con orgullo, lo mostraba a nuestros enemigos. Un estandarte plateado, bordado con hilos de oro en donde una llama de fuego atravesaba un corazón. Era el fuego del maia, el poder que este controlaba.

Extraño, aunque aliviante en su momento, fue lo sucedido en la batalla, concluida, tan solo, en unas pocas horas robadas de una noche despejada, cuya luna inflingía respeto, pero a la vez valor.

Aquí está, pues, mi historia:

Amanecía un nuevo día en la Fortaleza de Plata, y a la par que los rayos de sol entraban por los ventanales de las altas torres, los soldados de mi compañía salían de ella para formar en las grandes planicies que la rodeaban. El nerviosismo, pero a la vez el ímpetu, era patente en las caras de los nuevos soldados que aún no habían blandido la espada ante un enemigo.

Majestuosos como los mismos Valar salían de las puertas de Tyelpëosto los dos generales del ejército en el que me encontraba, Árchaon y Fereveldir. Sin decir previa palabra, el maia ordenó empezar la marcha. Una semana, predecía él mismo, tardaríamos en llegar a la capital de Tercano Nuruva, Ost-in-Tercan, situada justo en el centro de un bosque, Taurëündomë.

Intentábamos frenar una oleada de ataques que sufrían nuestros aliados tasarianos a manos de estas gentes de Nuruva, y, de paso, saquear la ciudad más importante de aquellas tierras, además de ganar poder y fama ante nuestro hermanos de Eithel-Glîn. Pero todo eran visiones y predicciones borrosas.

Pasamos la última noche antes de llegar a la ciudad en la linde de Taurëündomë, pues no nos arriesgaríamos a adentrarnos más en el bosque para no sufrir emboscada alguna.

A fin de cuentas, la capital estaba cerca, y en poco tiempo la alcanzaríamos. La noche no dio percance alguno, y sin apenas darnos cuenta amaneció el nuevo día. El día se presentaba nublado, y las nubes amenazaban lluvia, pero a pesar de eso Árchaon intuía que la noche sería despejada, y así fue. En el interior de la tienda de fina lona el maia meditaba los planes ya trazados antes de partir de Tyelpëosto. Yo mismo comuniqué que todos estaban listos para partir, mientras contemplaba como fijaba su espada Mommênt en su cinto a la altura de la cintura.

El bosque era un lugar misterioso, y a decir verdad nos nublaba el corazón haciendo que sintiéramos un profundo respeto en él.

Así fue cómo cruzamos ese tramo de bosque, y cómo llegamos a la capital Ost-in-Tercan, y para nuestra sorpresa, la ciudad se hallaba libre de cualquier ejército, y sin problema alguno matamos a los pocos guardias que la custodiaban y sitiamos la ciudad. Aún así nuestras guardias eran intensas y oteábamos el bosque con sumo cuidado, mas era de esperar que intentarían recuperar la ciudad bajo cualquier concepto.

Fueron muchas las semanas que inspeccionamos el terreno, y muchas la avanzadillas mandadas por Árchaon para evitar cualquier ataque desprevenido. Él mismo mandó a Fereveldir y a sus tropas al este de la ciudad para evitar cualquier resquicio de venganza.

Así pues, cuando nos sentíamos más confiados, una pequeña compañía exploradora que fue mandada por el maia, no volvió nunca jamás, y fue entonces cuando nuestras sospechas se confirmaron.

Hacia una bonita noche despejada, sin nube alguna a la que mirar. Un manto oscuro en el cual las estrellas y la luna brillaban con todo su esplendor. Aún recuerdo unas palabras de Árchaon, recuerdo su mirada dirigida hacia la luna:

- Me temo que este brillo anuncia sangre.- Dijo sin desviar su mirada de aquella luna que tanto respeto infundía.

Y no se equivocaba, pues pronto comenzaron a oírse gritos de dolor, y un emisario de Fereveldir pronto llegó a nuestra zona de la ciudad. Al parecer, el ejército de Tercano Nuruva había comenzado a atacar a las filas de Fereveldir, el cual no tuvo otra opción que la de huir. El general Meldacar, el cual dirigía a aquellos hombres, había conseguido su primer objetivo.

Cobrando nuevos ánimos, los soldados de Nuruva emprendieron una nueva carga contra el ejército que había invadido sus tierras, y ahora pudo más el coraje que la osadía, e intentando frenar aquella embestida, y sin ver otra alternativa, el medio elfo hizo sonar el cuerno de la retirada. Y mientras lo hacía hacia el bosque pudo oír los vítores de los soldados que poco a poco iban recuperando su hogar.

Nos escondimos rápidamente justo en un gran parque en el centro de la ciudad, y Árchaon ordenó a los ents que permanecieran inmóviles para sorprender a los soldados enemigos. Y poco tardaron en llegar a nuestras posiciones. Dirigidos por un Arezol, su líder, y la maia Istanna, buscaban por entre las calles separadas por las blancas casas de un lado del camino principal.

Nuestro dirigente dio entonces un grito, y a la vez que los árboles comenzaron a moverse, nuestros soldados, y yo mismo, salimos de nuestro escondite aplastando, por un momento, al enemigo. Ágilmente bailaba su espada Árchaon cortando el viento, y clavándola, a mendudo en cuerpos desprevenidos de armadura alguna que caían, ardiendo en dolor, al frío suelo cubierto de roja sangre.

Entusiasmados por el fragor de la batalla que se decantaba hacia nosotros, pudimos ver como el enano Arezol comenzó a librar una auténtica danza de muerte, seguido al compás por la maia Istanna, la cual descargaba con ira sus dos espadas élficas.

Mientras tanto nosotros seguíamos con nuestra empresa, que era detener la reconquista tercana.

- ¡Vamos soldados, no hemos llegado tan lejos para ver como nuestras vidas son quitadas en vano! ¡Vamos!- Aún resuenan en mi mente los gritos de cólera de nuestro maia, que se decantaba entre el cansancio y la rabia que recorría su cuerpo, al igual que en el nuestro.

Entonces, sin previo aviso, y desequilibrando la balanza que sostenía la batalla a nuestro favor, una gran fuerza de ents llegó por nuestra retaguardia aplastando a infinidad de soldados, y era tal su rabia que ni nuestros “pastores de árboles” pudieron detener aquella carga.

Valwan volvió a parar, volvió a dar otro gran trago de vino.

- Y he aquí el desenlace de la batalla- dijo, mientras sus ojos se clavaban en ningún sitio. Después de pensar y reflexionar durante unos segundos continuó:

A pesar de todo nuestras espadas cayeron con más fuerza, si cabe, sobre los cuerpos de nuestros enemigos, y aquella inmunda rabia y fuerza sobrenatural de aquellos árboles fue detenida por el fuego de nuestro capitán, cuyas manos ardían, literalmente, expulsando ráfagas de fuego que consumieron la vieja madera de aquellos, nobles antaño, pero ahora corrompidos, ents.

Así pues, la batalla fue deliberada sin problema alguno para nosotros, pero nadie sabía que sufriríamos la ira de los Valar, que nos acribillaban a epidemias y desgracias según abarcábamos más terrenos de Nuruva.

Entonces, haciendo acto de nuestra buena fe, las ciudades que tomamos fueron devueltas a sus legítimos señores que, a diferencia de nosotros, lo fueron, y lo serán, por derecho, y no por la fuerza...

Aquí finalizó, y con la cara aún pensativa se levantó, pues, de la mesa.

- Mi señora, debo partir ya mismo. Espero que la haya entusiasmado esta pequeña historia que ocupa una fracción de mi larga vida.

- Descuidad Valwan, emocionante y valerosa me parece vuestra vida- Atendió sonriendo.

- Está bien pues, cuidaos, y gracias por todo.

Así marchó el viejo Valwan volviendo a su nómada vida. Pensando en aquel final que había contado, quizás no el más apropiado, quizás no el verdadero desenlace de aquella batalla. Y por qué lo cambió, ni él lo sabe...

Pensó para sí mismo:

Viendo la muerte y la desesperación en sus filas, tras la llegada de los ents, Árchaon se aventuró a tocar a una retirada quizás un poco precipitada, pero no se podía permitir la pérdida de más hombres tan valiosos para la Alianza.

Antes de partir sus ojos se clavaron en los de Arezol.

- Volveremos a vernos, enano- dijo para sí mismo a la par que volteaba su cuerpo para abandonar el campo de batalla.

Acampamos fuera del bosque y fuera del alcance enemigo, y Árchaon, con su orgullo herido, mandó honrar a todos los caídos en la batalla aquella misma noche en la que, aún, las estrellas y la luna brillaban con toda su fuerza. Había perdido una ciudad que ya había tomado, había perdido varios centenares de hombres, algunos conocidos, y había perdido, quizás, un momento de gloria.

Si no recuerdo mal, pocas eran las veces que los ojos del maia miraban a otro sitio que no fuera en la dirección de Ost-in-Tercan, y una de esas veces fueron para dirigirse a mí:

- Ve a Tyelpëosto e informalo- volvió a mirar hacia donde se encontraba la capital-, el destino de los hombres es impredecible, más lo es, pues, en tiempos de guerra...

[Editado por legolaragorn el 15-03-2005 15:15]

[Editado por legolaragorn el 15-03-2005 15:20]

Gaur

Resumen de la batalla:

Alianza perdio 27 armadas= 945 puntos.

Recuperables: 315 puntos.

Valoraciones: 8+8+9+8+9=8,4

Recupera: 265 puntos.

Pierde: 680 puntos.

Tercano perdio 17 armadas: 595 puntos.

Recuperables: 397 puntos.

Valoraciones: 7+7,5+8+7+7= 7,2

Recupera: 286 puntos

Daños sufridos por los dirigentes 50%. Por este concepto recupera 175 puntos.

Recuperacion final 286+175=461 puntos.

Pierde: 134 puntos.

Tercano percibe 300 monedas en concepto de batalla ganada.

Alianza cede 100 monedas a Tercano por su retirada de la batalla.

Compañias listas.