La Guerra de los Clanes

Historias, leyendas y batallas en las tierras olvidadas de Arda.

Edicion 2

Haldanóri, Las Tierras Ocultas

Finalizada · 08-09-2004

Batalla C4 Nurn Vs C4 Telpe

2005:03:27:10:51:15

Andir

Señores de Nurn Orden de Telpe Fin Guerra: Señores de Nurn deja de Atacar

Armadas perdidas por \"Señores de Nurn\" = 56

Armadas perdidas por \"Orden de Telpe\" = 72

Clima: una noche clara de viento cálido del sur

Ilesse

Eramos pocos pero teníamos la moral intacta.

El ataque a traición de las fuerzas de Nurn había hecho muchas bajas pero nos repondríamos pronto. Ya habíamos enviado un mensaje a Kemina Anka y no tardarían mucho los refuerzos.

Ouroborus el Inteligente se ocupaba de vigilar en las noches húmedas y blanquecinas por aquella niebla que aún nos rodeaba.

Nuestros enemigos eran los que se denominaban “Señores de Nurn”, con quienes compartimos, por desgracia, nuestro hermoso Bosque del Susurro y en el que nos encontrábamos entonces.

Las charlas con los compañeros se notaban tensas. El silencio reinante nos acechaba durante la noche y por el día la sensación no era mucho más reconfortante. Ni un ruido de más allá de diez pies.

Incluso nuestro compañero Thedrun que alegremente cantaba en la taberna los días de permiso se atrevía a entonar un cántico en aquellas tierras. Sí era un bosque hermoso pero cargado de misterio y supersticiones.

Los días pasaban y la niebla se iba desvaneciendo dejando ver la basta naturaleza del bosque.

Algunas leyendas nos contaban nuestros ancianos sobre criaturas que los tan temidos Nurnianos, o como sea que se llamen, habían dejado en este lugar como guardianes de su frontera. Unos lobos temibles, pero ya sea por la falsedad del relato o por la protección de nuestro dragón, no vimos a ninguna de esas criaturas. Un mito más de esos ‘Señores’.

La convivencia se tornó bastante más pacífica. Aguardábamos la posición esperando unos refuerzos que sin duda estarían prestos a llegar. Iban a llegar. Eramos pocos pero con coraje.

Cada día que pasaba el viejo Brador, el más veterano de nuestro campamento, nos contaba las maravillas de los ejércitos de Telpe en las guerras pasadas. De cómo los escudos brillaban al sol retornando a la ciudad de una de las victorias de antaño. Siempre soñábamos con esa fama y esa gloria. Luchábamos por la grandeza de Telpe y por nuestras familias.

Pero en la guerra no todo es tan bonito como en las historias.

En aquella fatídica tarde que nunca olvidaré Ouroborus se mostró sombrío mirando al horizonte. La tensión se podía palpar en los compañeros, en sus comentarios y sus miradas.

El temor de una batalla era una verdad silenciada pero obvia. Y la amenaza parecía provenir del este. Aquellos que una vez vinieron por la espalda parecían tener un honor que la última vez dejaron atrás.

Y a la noche, como reunidos por una casualidad o quizás por el destino que nos estaba escrito avanzamos hacia una zona al este del campamento menos poblada por los árboles ... y allí estaba el enemigo.

Debíamos contener nuestra posición. Los refuerzos estaban en camino. Tenían que estarlo.

Nuestro ejército bastante mermado se mostró impertérrito al enemigo. Filas de humanos, elfos y trolls lucían el emblema de Telpe con orgullo y detrás nuestra se encontraba nuestro dragón, el temido y adorado dragón de Telpe.

Y la batalla comenzó.

El enemigo con unas tropas claramente superiores a las nuestras avanzaba al ritmo del repicar de tambores. Nuestras flechas alcanzaron a algunos pero muchas se perdieron entre los árboles que nos separaban.

Se dividieron en tres partes. A mi izquierda se alzaban los enormes trolls de Telpe que fueron acosados por la gran figura del Ent de Nurn. Enfrente mío la marabunta de orcos avanzaba como consumidos en un estado de ira y un poco más a la derecha los humanos iban capitaneados por una figura sombría encima de una montura negra.

La batalla fue encarnizada. Siempre quise estar preparado para una de estas batallas. Una batalla en la que la gloria me colmara y me enorgulleciera, pero debo admitir que el momento me superó y sentí miedo.

Cuando mis ánimos más decaían el rugido de Ouroborus sonó atronador en el campo de batalla y cargamos todos nosotros.

La primera acometida fue espantosa. Tanto para nosotros como para ellos. Centenares de espadas, lanzas y hachas se cruzaron unas con otras acabando con la vida de las primeras líneas de ambos bandos.

Los arqueros se apresuraron a dejar los arcos en el suelo y sacar un escudo y un arma de mano con los que poder defenderse mejor en la situación de cuerpo a cuerpo.

Uno, no. Dos orcos cayeron con el filo de mi espada pero pronto fui desviado por la multitud al bando de la derecha. Allí debíamos luchar contra otros hombres. Más diestros en el uso de las armas. Las peleas no se zanjaban sólo con dos mandobles sino que requerían más tiempo.

Se escuchaban gritos, chillidos y rechinar de metales. La sangre saltaba de un lado a otro tiñendo el escenario de un color rojo y negruzco por aquellas criaturas viles.

Los extremos estábamos siendo masacrados cuando un ruido nos sorprendió por la retaguardia. Sí. Habían llegado los tan ansiados refuerzos.

Todo el día caminando, llegaban en aquella noche estrellada y dejaron sus mochilas y equipajes en el suelo, empuñaron sus armas y dirigidos por el Señor Huor Calafalas a la izquierda y la Señora Liantiel a la izquierda conseguimos no sólo contener a las fuerzas invasoras sino cambiar las tornas en la guerra.

Los humanos que nos atacaban y los elfos del lado izquierdo eran habilidoso en combate pero pequeños en número y se vieron amedrentados por una fuerza nueva que se unía a la batalla.

En el centro la guerra la habíamos perdido. Pero ahora nuestro señor dragón podía moverse a sus anchas y los orcos de Nurn fueron aplastados y arrollados.

Cuando parecía que la fortuna nos sonreía ocurrió algo que nunca podré entender y que jamás pudo ser predecido ni por el más famoso oráculo que lleguéis a conocer.

Una mujer, capitana de Nurn por sus ropajes señoriales, dividió a los orcos en dos y los mandó a los flancos. Se quedó sola ante el dragón. Una loca sin duda.

Ouroborus incitado por la insolencia de una simple humana arremetió contra ella pero no se imaginó lo ñagil de la humana.

En verdad siento no haber podido presenciar aquello tanto como hubiera querido pero no estaba por la labor. Estaba en una guerra y un despiste podía significar mi muerte.

Seguí guerreando y acabé con dos enemigos más. Mi furia creció para con el enemigo y me acerqué al guerrero negro en la montura que destrozaba a mis otros compañeros. El movimiento de su espada era rápido y mortal así que dudé si acercarme o no. Hay momentos en los que pasan sólo unos segundos pero se hacen eternos y creedme que eso fue lo que me pasó.

Avancé. Aún hoy no me explico por qué lo hice, pero avancé.

Levanté mi espada y la baje con todas mis fuerzas pero mi golpe erró y el caballero que había lanzado una estocada contra uno de mis compañeros inmediatamente me empujó con le escudo y trastabillé con un cuerpo muerto cayendo al suelo.

La arremetida de los orcos no igualó las fuerzas. Al menos no numéricamente, pero nuestros refuerzos estaban cansados de la gran ruta que hubieron de recorrer días antes.

El frente de la izquierda no sabía cómo iba así que una vez en el suelo y sin enemigos que fueran a por mi, eché una ojeada.

Eran pocos en ambos bandos y ya no quedaban trolls de Telpe. Aquella figura del Ent se imponía en esa parte del campo de batalla pero no parecía tener un combate sencillo.

Miré al centro y ví como el dragón embistió a la humana que esquivó la arremetida con la cabeza pero no pudo esquivar el coletazo del dragón y acabó lanzada contra un árbol y en el suelo.

Me levanté de nuevo y estuve a punto de volver a arremeter contra el caballero negro. Pero mis ojos se desviaron al suelo.

Miles de cuerpos yacían ya sin vida o luchando su propia batalla contra la muerte. A izquierda y a derecha veía a compañeros de barracones en el suelo. Y sí, la desesperación me pudo.

Clavé mi espada en el suelo y caí sobre mis rodillas sin importarme que un enemigo me cortara la cabeza.

Brador ya no nos contaría sus historias y las canciones de Thedrun ya no sería escuchadas otra vez y ... tantas vidas. Todas destrozadas.

Y lloré. Sí, pero no como llora un cobarde sino como llora un desdichado.

Me levanté con lágrimas en los ojos sin miedo ya a la muerte, a la compañía de mis amigos, el descanso eterno. Pero extrañamente la guerra ya había acabado.

Los atacantes estaban retirándose, si es que la marcha de ocho seres puede llamarse retirada.

Quedábamos en el campo en pie los Grandes Señores de Telpe y un par más de compañeros.

En un momento me llegué a preguntar si habíamos ganado nosotros o ellos, pero estaba claro que esta vez habíamos perdido ambos.

Con los ánimos por los suelos miré a los demás que tenían un semblante tan sombrío como el mío y nos juntamos para hablar de la batalla.

Sí, esa noche cené con tres de los Grandes Señores ... pero en mi corazón me hubiera gustado cenar con mis compañeros de armas.

Creedme, en verdad creedme cuando os digo que hay pocas cosas peores que la guerra en este mundo en que vivimos y los Señores de Nurn se alientan con ella.

Ya no os puedo decir más en cuanto a mis vivencias en aquella guerra.

He obtenido algo de fama por regresar de la más sangrienta de nuestras batallas pero siempre pienso que me hubiera gustado más no participar.

Mornaew

Glaurung no perdía la esperanza, aunque estuviera solo. Aún cuando sus armadas eran pocas y se encontraran mermadas, sul voluntad se imponía. Era eso lo que les dio coraje a los hombres y elfos cuando la batalla estalló irremediablemente. Cuando las lanzas se partían o se perdían entre los árboles. O se encajaban cruelmente e los cuerpos enemigos y de los propios telpitas.

Fue el valiente corazón del Dragón el que infundó brío cuando los escudos se quebraron lanzando astillas. Las alas imponentes de Glaurung el Inteligente cobijaban a los soldados de Telpe. La lucha era cruenta. Unos trolls luchaban encarecidamente con un ent, los hombres mataban hombres, los elfos trataban de acertar con las flechas. La noche ejercía su influjo sobre todos, aunque era límpida y las estrellas y la luna tocaban a cada guerrero con una cálida luz gris.

Las horas avanzaban y los hombres no resistían mas, as fuerzas telpitas estaban disminuidas, Glaurung en un intento desesperado se lanzó sobre el enemigo. Fue terriblemente herido, Los hombres del bosque quedaron atónitos, paralizados de miedo. El único Iniciado que se habia presentado estaba ahora mortalmente herido.

¡Qué sería de la ciudad?

¿Qué sería de ellos?

Algunos, de entre los más jóvenes, casi unos niños, dejaron escapar una lágrima que encerraba tanto tristeza por el Dragón como miedo por lo que sería de ellos. Algunas espadas habían caído sobre la hierba junto con muchos hombres que parecían haberse entregado a los brazos fríos y detestables de la muerte. El silencio reinó en el bosque de nuevo, pero no el mágico y misterioso mutismo propio de Eryn-Dînen. No. Éste fue el silencio de los guerreros, de sus corazones, de su fe.

Pero no todo estaba perdido.

Unos cuernos rompieron el silencio violentamente, como arañándolo. Era ella. Todos se volvieron con la mirada llena de renovada expectación. ¡Ella está aquí! ¡Ha venido uno más! Incluso Glaurung, que aun herido lucía majestuoso se volvió a mirarla. Ella estaba radiante y aunque su rostro revelaba que era joven, su dominio sobre la espada pronto dejó claro que tenia la experiencia necesaria para comandar las fuerzas telpenianas.

Los cuernos rugieron de nuevo. Los jinetes se alinearon detrás de la mujer. Ella buscó con la vista al Dragón, poco tiempo después lo vio, ligeramente apartado del centro de la batalla, pero incluso entonces luchando.

Dio la orden de avanzada y una vez más la guerra tomó fuerza, y una vez más los hombres murieron brutalmente bajo la fuerza de Nurn.

Liantiel, era su nombre. Algunos no la conocían. Pero era aguerrida y temeraria. Venció a muchos de los enemigos, y el ejército de las águilas recobró la fuerza. Algunos enemigos fueron derrotados por arañas. Sí, por arañas que Liantiel podía controlar a voluntad.

Pero era inútil. Ellos superaban a las huestes telpitas. Eran demasiados y tenían consigo a más lideres que inundaban de fiereza a sus hombres. La batalla parecía perdida. Pero un cambio alegró los corazones de los hombres de plata. Un elfo hermosamente ataviado llegó al campo de batalla. Era Huor Calafas. Con él una hueste de elfos y hombres se sumaron a los que ya se encontraban en el campo de batalla.

Aun así fue inútil. Aun así el enemigo se impuso sobre el ejército de las águilas. Liantiel sufrió unas heridas terribles. Fue mortalmente herida y Huor tuvo que acercarse a rescatarla de los fieros golpes de un grupo de hombres.

La subió a su caballo inconsciente y en el rescate fue herido también. Todo estaba perdido. Fue él quien ordenó la retirada. Fue el quien grito el repliegue. Tenian que volver y reagruparse, y pedir refuerzos a las demás ciudades.

La guerra había terminado para las caídas águilas de Telpe.

**Por Elbe**

PD:esperamos no nos penalicen... que hubo serios problemas por culpa de los ordenadores ¬¬ Sólo pasan 20 minutos.

Gaur

Resumen de la batalla.

C4 Nurn ha perdido 56 armadasx35= 1960 puntos.

Recuperables: 1307 puntos.

Valoraciones: 8+8+10+9+7=8,40

Recupera: 1098. Los dirigentes han sufrido daños por un valor del 40%, por este concepto recupera 140 puntos mas. Total 1098+140= 1238 puntos.

Pierde: 722 puntos

C4 Telpe ha perdido 72 armadasx35= 2520 puntos.

Recuperables: 840 puntos.

Valoraciones: 8+7+8+7+7=7,40

Recupera: 622 puntos. Los dirigentes han sufrido daños por un valor del 120%, por este concepto recuperan 420 puntos mas. Total 622+420=1042.

Pierde: 1478 puntos.

Nurn percibe 300 monedas por la batalla ganada.

Nurn cede 100 monedas a Telpe al retirarse de la batalla.

Compañias actualizadas y listas.