La Guerra de los Clanes

Batalla C5 De Nurn Vs C3 De Telpe

Terminada
Escrito el 10-03-2005 23:24 #1

Señores de Nurn Orden de Telpe Fin Guerra: Señores de Nurn deja de Atacar

Armadas perdidas por \"Señores de Nurn\" = 3

Armadas perdidas por \"Orden de Telpe\" = 7

Señores de Nurn Orden de Telpe Fin Guerra: Orden de Telpe se retira del Combate

Armadas perdidas por \"Señores de Nurn\" = 3

Armadas perdidas por \"Orden de Telpe\" = 1

El resultado final ( fallos aparte) es de 8-6 para Nurn y retirada de la Orden de Telpe

clima: Ataque diurno, sol radiante, y viento cálido del sur

[Editado por Nargothrondhim el 10-03-2005 23:40]

Escrito el 12-03-2005 22:06 #2

Reposando con el cuerpo apoyado contra el alféizar de la ventana se encontraba Élvanwa. A pesar de ser mediodía, los rayos de sol que incidían sobre la espalda de la Eldar eran débiles y mortecinos, pues nada más cabía esperar en las oscuras tierras de Nurn, tenebroso y maldito lugar, donde pocos se aventuraban a entrar.

Jugueteaba entre sus dedos con un trozo de pergamino, desgastado y raído, escrito con letra apurada. La

carta, sellada con el emblema de Nurn, iba dirigida a los soldados de su compañía, los cuales habían permanecido demasiado tiempo ociosos, sin ser participes de la guerra que se estaba desarrollando en Haldánori. A sus pies descansaba Hísië, su loba, cansada después del arduo viaje que había tenido que realizar para entregar la misiva a tiempo.

De repente, los pensamientos de Aranel se vieron interrumpidos. La puerta de la habitación se abrió de golpe, irrumpiendo Seron, capitán de su compañía, en la habitación.

- Me informaron de que me llamabas, Élvanwa.

- Así es- dijo escuetamente la Noldo, haciendo honor a su fama de elfa silenciosa. Avanzó hacia donde él se encontraba, tendiéndole con la mano diestra el pergamino. Seron le dirigió una mirada de soslayo y clavó sus ojos rojos en aquel escrito. Al terminar de leerlo, lo dobló cuidadosamente guardándolo dentro de su capa.

- Al parecer, la compañía de la Muerte Susurrante solicita que la reemplacemos en el campo de batalla. Su petición, por supuesto, será atendida; anuncia que partiremos al alba –concluyó, con un brillo de emoción en sus ojos ante la inminente batalla. Acto seguido, abandonó la estancia.

Aranel Élvanwa observó su partida y se agachó, depositando un beso en la blanca frente de Hísië en señal de despedida. Después, de forma impulsiva, desenvainó su daga, yéndola a clavar sobre el mapa que estaba depositado encima de la mesa. Observó con sus enigmáticos ojos dorados el lugar que la hoja del arma había atravesado: Barad Avathael.

Habían transcurrido varios días desde aquel aviso y viajaron con premura a través de las yermas tierras de Nurn. Se trataban de territorios inhóspitos, en los que la desolación y las huellas de las últimas batallas quedaban patentes.

Ahora las huestes de Telpe se agolpaban en el campo que se extendía frente los negros muros de la ciudad, prestos para la batalla. Sus espías habían advertido la llegada de las tropas enemigas y no pensaban tolerar que los enemigos alcanzaran la fortaleza con vida.

La luz que desprendía la barca de Arien mientras surcaba los cielos cegaba a los ejércitos de ambos bandos. La llegada de los Señores de Nurn a la batalla había sido rápida. Mientras ellos planeaban lanzar un ataque definitivo, el ejército de Telpe se disponía a tomar posiciones, dispuestos a recuperar lo perdido en las anteriores batallas.

Al llegar al lugar en que se desarrollaría el combate, en lo alto de la colina, el capitán de la compañía de Nurn observaba el horizonte mientras un viento proveniente del sur acariciaba su pelo, dotándole de un calor que mucho tiempo atrás había perdido. Observaba la llegada de su ejército, contemplando como sus lugartenientes se acercaban a él, dispuestos a plantear una rápida estrategia con la que romper las filas de Telpe. El ataque debía ser fugaz y directo. Su único objetivo, la destrucción.

El sabor de la sangre hacía tiempo que había dejado de ser algo nuevo para él, pero Seron aun necesitaba sentir la sangre caliente deslizándose entre sus dedos, saborear una vez más a los muertos. Sin embargo, el miedo le comenzaba a acechar. El sol que se alzaba alto y radiante mermaría a su ejército a causa del calor de sus rayos, demasiado centrado en la fuerza de los orcos. Obligados a rehacer sus estrategias ante la necesidad de un ataque rápido y veloz, el grueso de la compañía se encontraba ahora formado por hombres y elfos, que sin duda se habían alistado a las filas de Nurn al ser víctimas de traición por parte de sus pueblos.

En la vanguardia se apostaban los arqueros elfos, guerreros delgados y ágiles, de vista profunda y certera puntería. Portaban arcos de gran envergadura y ballestas fabricados a partir de madera de tejo negro. En la espalda cargaban con aljabas repletas de saetas, cuya punta estaban bañadas en veneno fabricado por druidas. Al frente de éste flanco del ejército se encontraba Aranel Élvanwa. Cabalgaba sobre un corcel de pelaje negro azabache, impertérrita y con el semblante desprovisto de sentimientos. Iba ataviada con una sencilla túnica de color rojizo, manejando un arco; de su cintura colgaba su espada.

Detrás de éstos se encontraban los guerreros y espadachines de la compañía. Iban ataviados con los emblemas de Nurn, armados con poderosas espadas y oscuras armaduras que relucían bajo la luz del sol lanzando destellos metálicos y negros. Entremezclados con los humanos se encontraba una pequeña compañía de enanos, quienes iban resguardados de las flechas enemigas con pesadas cotas de malla y altos yelmos. Manejaban con destreza en sus manos grandes hachas de mithril forjadas por la gente de su pueblo; en sus cinturones colgaban hachas de menor tamaño que podían ser lanzadas contra sus enemigos. Ésta parte del ejército era capitaneada por Barkoin, Hoja de Hierro, quien manejaba una hacha grande con forma de media luna.

Cerrando filas, se hallaba la caballería de Nurn. Éstos montaban grandes corceles de despiadados ojos rojizos, y portaban largas lanzas compuestas de astas de madera acabadas en un hierro puntiagudo cuyo extremo también se hallaba envenenado. Los caballeros estaban bajo las órdenes del capitán Seron, que blandía a Mornakarne en sus manos y cuyo cuerpo estaba protegido bajo una armadura laminada, ligera y resistente. Una sonrisa despiadada cruzaba su rostro, emocionado ante la inminente batalla.

Mientras tanto, apostados en el otro lado del campo de batalla, los ejércitos de Telpe se concentraban con grandes expectativas de victoria. No cabía duda de que el rencor anidaba en sus corazones y la brecha abierta en su orgullo por los resultados de las anteriores batallas impulsaría a sus ejércitos a luchar con avidez y oponiendo resistencia.

El clamor profundo de un cuerno resonó entre las filas de Nurn y Seron comenzó a repartir órdenes entre sus subordinados. La compañía dirigida por Élvanwa avanzó, y los arqueros tensaron los arcos esperando la orden de su señora.

- ¡Disparad!- rugió con voz potente.

Las flechas surgieron disparadas y algunos de los soldados cayeron al suelo cuando las certeras saetas impactaron en las zonas en que su armadura era más débil. A su vez, los arqueros de Telpe respondieron con una lluvia de flechas y algunos de los soldados de Nurn cayeron derribados. Los caídos, no se volvían a levantar: eran arrastrados y pisoteados bajo la marea humana que avanzaba al encuentro del clan enemigo.

Un grupo de hombres fornidos y de gran musculatura, que componían los espadachines de Nurn, avanzó hacia Telpe, los cuales tomaban posiciones esperando la inminente llegada de los enemigos. A ambos flancos del ejército se hallaban los elfos oscuros que manejaban ballestas, derribando a todo arquero que osara dispararles.

La embestida de las tropas de Nurn contra las filas enemigas fue terrible. Golpearon con fiereza a todo aquel que osara interponerse en su camino, sumiéndose en el fragor de la batalla. Varios soldados de ambos clanes cayeron derribados, tiñendo el suelo del color de la sangre.

Las huestes de Telpe retrocedieron obligados a reorganizarse, justo en el momento en que Barkoin, que encabezaba la pequeña compañía de enanos de Nurn, avanzaba abriéndose camino a golpe de hacha. Al fin, la caballería irrumpió en las filas enemigas y se desarrolló una cruenta escaramuza por alcanzar la victoria, en la que Nurn tomó una ligera ventaja a pesar de que las fuerzas estaban muy igualadas.

Aranel Élvanwa desmontó de su cabalgadura y desenvainó su espada, cuyo su acero relució bajo la luz del mediodía. De una estocada, cercenó la cabeza de unos de los soldados enemigos y la sangre salpicó y manchó sus tirabuzones pelirrojos. Por su parte, Lumnelda Seron ensartó con su lanza a uno de sus enemigos, atravesándole la yugular. Su cuerpo, desprovisto de vida, de deslizó a través del mango de madera, tiñéndolo de rojo.

Barkoin se separó del grupo que se batía en la ciudad, pues algo había llamado su atención. Un soldado de Telpe de rostro joven pero severo, con una las flechas de Nurn clavadas en su clavícula, reposaba bajo las ramas de un árbol. Respiraba irregularmente; sin lugar a dudas el veneno de la saeta empezaba a correr a través de sus venas y pronto acabaría con su vida. Al ver al enano acercarse hacia donde él estaba, sintiendo que la sombra de la muerte se cernía sobre él, escupió con desprecio a sus pies. Barkoin, prácticamente sin inmutarse, golpeó fugazmente en las costillas del desafortunado soldado. Acto seguido, alzó su hacha y atravesó su cráneo con el filo de su hoja. Sin darse por satisfecho, volvió a alzar el arma y la ensartó en su estómago. De la herida comenzó a emanar sangre a borbotones formando un charco sobre sus pies. Lentamente, separó el hacha del cuerpo del fallecido y con un pañuelo limpió su hoja, mientras una sonrisa triunfal se esbozaba en su rostro. La batalla estaba ganada.

[Editado por Aranelita el 23-03-2005 23:13]

[Editado por Aranelita el 23-03-2005 23:14]

Escrito el 24-03-2005 04:44 #3

Muchos días habían transcurrido desde la retirada forzada de la ciudad de Barad Avathael. Semanas en las que todo había cambiado rotundamente para transformarse en un agujero profundo al que no llegaba la luz de la esperanza. Las jornadas se sucedían como una realidad aplastante y todos se sentían como moscas atrapadas por una miel densa y pegajosa de la que no parecía posible escapar.

Hlóke se ausentaba para dar largos paseos en silencio. Tras la derrota ante Nurn sentía derrumbarse por momentos y el dolor le era tan insoportable, la confusión era tan desconcertante, que le era imprescindible encontrarse a sí misma de nuevo para limpiar su alma de la amargura que deja la guerra.

Pero ¿Cómo ceder al desconsuelo? ¿Cómo abandonar la lucha sin más? ¿Cómo dejar la ciudad a merced del enemigo y sentirse libres de remordimiento? Y volver a mirarse a las caras sin haber dado hasta el último esfuerzo por recuperar lo que era suyo. Debían encaminarse de nuevo hacia la batalla, no había lugar para la resignación.

Todo esto pensaba Ariul mientras repasaba por enésima vez la relación de pérdidas habidas en la Compañía y siempre llegaba a una única conclusión.

—Jourus, debemos volver.

—Somos pocos—se lamentó,— será casi un suicidio.

—No podemos dejar las cosas así. ¡No podemos regalar la ciudad a Nurn! ¡Jamás! mientras me quede vida.

Jourus asintió y esbozó una sonrisa. Estaba de acuerdo pero quería oír esas palabras de su compañero. Desde el principio no había dejado de desear un nuevo enfrentamiento contra el clan que les había arrebatado tanto, sin embargo la empresa, a medida que avanzaba la Guerra entre Clanes se volvía más peligrosa para ellos. Las noticias que les llegaban de sus compañeros eran desalentadoras y a la hora de tomar decisiones creía imprescindible la unanimidad.

—Estoy contigo—dijo. — Haré que busquen a Hlóke y si está de acuerdo nos prepararemos para una nueva marcha.

—No hace falta —La Serpiente Negra irrumpió en la conversación. No habían presentido su llegada e ignoraban desde cuándo estaba ahí, pero eso carecía ahora de importancia. —Os traigo noticias interesantes del otro lado del Bosque —. Hlóke buscó asiento, y sólo cuando encontró reposo prosiguió. — Como ya sabéis, hace días me fui de aquí. Necesitaba estar sola... — Calló un momento. Parecía cansada y sumida en pensamientos que de pronto la llevaban a sitios remotos de ese paraíso en ocasiones, a veces infierno, que llamamos Recuerdo. — Me dirigí hacia el Este y crucé Eryn-Dînen en mi forma de serpiente. Así, sin ser descubierta, pude alcanzar los límites que nos separan, ahora más levemente que nunca, del Señorío de Nurn. Y logré ver y escuchar cosas que intentaban escapar a nuestro conocimiento y que quizá ahora nos sirvan de gran ayuda.

Los dos hombres permanecieron en silencio, atentos a lo que la mujer iba a revelarles. Conscientes de que sus palabras serían sabias, no la interrumpieron.

—La compañía de la Muerte Susurrante que nos despojó de Barad Avathael ha pedido a Nurn que les releven de su puesto y se traslada ya hacia un nuevo emplazamiento. Hace dos días que en tierras nurnitas recibieron esta misiva; una nueva compañía se dirige ahora a nuestra ciudad. Sin embargo no he llegado a tiempo. No podremos aprovechar la ausencia del ejército para volver a nuestro hogar, pero sí estamos en posición de alcanzar a ese relevo y atacarles antes de que lleguen a Barad Avathael, y si el destino así lo quiere, quizá podremos volver al lugar que nos pertenece.

—Si el destino lo quiere... —, repitió Ariul. Asió con fuerza el papel que le recordaba las pérdidas sufridas. — El destino dicta ahora nuestros pasos —, añadió enérgicamente. Sin más miramientos el númenóreano llamó a su lugarteniente y le dio las órdenes pertinentes. Al anochecer de ese día el Rimbe-a-Rálie partiría rumbo a Barad Avathael, la ciudad arrebatada que esperaban recuperar.

Transcurrieron dos jornadas y al tercer día de marcha divisaron la compañía enemiga que se dirigía hacia la ciudad. Se dejaron ver abiertamente, haciendo saber al contrincante que presentarían batalla de forma inminente. Sin embargo no encontraron sorpresa en los movimientos del contrario. Más bien parecían esperarles y en lo alto de una colina Jourus acertó a contemplar una figura imponente que organizaba al ejército para iniciar un ataque. Al fondo, su anhelada ciudad.

—¡Escuderos!—gritó Ariul,—¡Formen barrera!

Como si fuera un único hombre las escuderos avanzaron hasta primera línea uniendo sus largos escudo formando un muro. Los soldados de infantería dilataron sus músculos y los arqueros sintieron la suavidad de las plumas de sus flechas. Y apenas unos minutos más tarde recibieron las hirientes flechas nurnitas. Los arqueros telpenianos respondieron con una tanda de disparos pero la batalla ya estaba sobre nosotros, la barrera de escudos se había debilitado y debían reorganizarse de nuevo.

La extensión de tierra que divisaban desde los muros de Barad Avathael en los tiempos de paz era ahora su campo de batalla y muerte. Las huestes de Telpe lo ocupaban tomando posiciones para contener con orgullo la embestida de los expoliadores. Los escuderos, rota su línea, soltaron los escudos para unirse a sus compañeros de infantería. El ejército se enfrentaba no sólo a los soldados enviados de Nurn. Bajo un cielo que parecían sostener sobre sus hombros, pues el cansancio del viaje era grande, brillaba un sol abrasador que parecía estar aliado con el enemigo mediante algún oscuro hechizo, y les enviaba crueles reflejos del negro metal nurnita, dejándolos ciegos a instantes fugaces que en cambio resultaban ser letales para las unidades dispersas entre los ríos de soldados de Nurn. Hombres de piel curtida al sol combatían mano a mano con sus compañeros enanos armados con pesadas armaduras con la insignia de Telpe en sus pechos. El enemigo cada vez más número obligaba a los grupos de telpitas a defenderse formando pequeños círculos utilizando las lanzas o picas que podrían encontrar para mantener a cierta distancia al enemigo, mientras se lanzaban dagas o pequeñas hachas arrojadizas. Los Olo-Hai lanzaban mandobles con sus grandes espadas hiriendo a todo aquel que estuviera a su alcance aun sufriendo el dolor de las flechas que les alcanzaban.

Hlóke contemplaba con pena la destrucción de su compañía y el sueño, cada vez más inalcanzable, de volver a su ciudad, se emborronaba del líquido rojo que se derramaba sin cesar de su costado, abierta otra vez la herida que le fuera hecha cerca de ese mismo lugar.

El destino finalmente parecía no desear la victoria para las gentes de Telpe y escribió en su libro incógnito un nuevo ataque, esta vez con ballestas, que fue crucial para inclinar la balanza. Se vieron forzados a retroceder pero ya no volverían a recomponer sus filas debidamente y las brechas se abrieron por doquier, dejando penetrar al enemigo como un veneno que se infiltra en la sangre y recorre las venas dejándolas inertes.

Jourus había sido alcanzado y cojeaba ahora de la pierna derecha. Miró con desdén hacia los agresores, desenvainó a Mistil y con un grito de guerra acometió contra las filas enemigas seguido por varios hombres. Por un momento se perdió entre ellos, y los soldados se armaron de valor, mas la suerte estaba ya echada, y las palabras más odiadas por Ariul volvieron a resonar en su garganta.

—¡Retirada! —gritó una y otra vez con rabia. — ¡Retirada! — y su voz se ahogó cuando una espada le atravesó el hombro partiendo el hueso.

Qué terrible se muestra la fortuna cuando descubre su lado más oscuro. El alma es demasiado vulnerable a sus golpes. Como un cristal roto, así se sentía ahora el Rimbe-a-Rálie, desmembrado en mil pedazos.

Lo que quedaba de ellos abandonó esas tierras dejando tras de si a sus muertos. ¿Daría el azar la oportunidad de recomponer la esperanza malherida?

[Editado por Huor_Calafalas el 24-03-2005 04:50]

[Editado por Huor_Calafalas el 24-03-2005 04:51]

Escrito el 28-03-2005 09:26 #4

Resumen de la batalla

C5 Nurn

armadas perdidas 6x35=210 puntos

Recuperables: 140 puntos

Valoraciones: 9+8+9+8=8,50

Recupera: 119 puntos.

Pierde: 91 puntos.

C3 Telpe

armadas perdidas 8x35=280 puntos

Recuperables: 93

Valoraciones: 9+9+9+9=9

Recupera: 84

Pierde: 196 alos que hay que sumar 70 puntos de penalizacion por no haber publicado la historia en plazo. Total de la perdida 266, los dirigentes de la compañia sufrieron daños por un total del 70%, lo cual les permite recuperar

245 puntos. Total perdida 21 puntos.

Nurn percibe 150 monedas en concepto de batalla ganada.

Nurn percibe 100 monedas de Telpe por la retirada de estos ultimos.

Compañias actualizadas y listas!

Historia finalizada.