La Guerra de los Clanes

Eä Ambar, Santuario Del Mar

Escribiéndose...
Escrito el 14-03-2005 23:44 #1

Enfilado en los roqueríos al norte de la silenciosa Dînfalassën, se alzaba aquel templo de cantos olvidados, cuya fisonomía resistió los embates del tiempo.

En el sendero que lleva a él, se alzan las imponentes estatuas de los más grandes entre los Valar, y las Valië, por supuesto, coronando así el trecho final del sendero, el portal de madera labrada sostenido por dos pilares de piedra esculpida, que tienen grabados los antiguos relatos de la Juventud de los Eldar.

En su interior hay un gran salón circular que mantiene una hoguera encendida mirando a las estrellas, y gente se reúne entorno suyo, y por las noches las contemplan en silencio, mas durante el día reviven recuerdos y sacan de las cenizas las viejas historias entretejidas en torno a toda la Tierra Media.

Un frío que calaba hasta los huesos reinaba en aquel lugar, mas la consagración de aquellas gentes era más poderosa que los tormentos que las asolaban.

Y estos son los escasos datos que los habitantes de Tercano Nuruva poseen del lugar, cuya antigüedad los sobrepasa y solo Eru Ilúvatar sabe si los sobrevivirá.

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Autor: Arimiliel

Escrito el 14-03-2005 23:52 #2

Los habitantes de aquella estancia, eran gentes de todos los pueblos de Arda.

Se dice que antaño había Eldar que junto a Fingolfin el Alto, cruzaron el Helcaraxë y las penurias de aquel viaje atribularon sus corazones para siempre; y buscaron así un lugar donde descansar aguardando el fin de los días, y crearon Eä Ambar, donde han dado asilo a los corazones que no hayan la paz en la quietud del silencio.

Desahogan sus males en compañía de otros, en el gran salón estrellad, y fue así que con el pasar de los años se contaron innumerables relatos de historias personales que luego fueron preservadas en el ‘Libro de los Pesares e Historias Desesperadas de Endor y Andor, bajo la égida de Eru Ilúvatar y sus designios’, del cual algunas historias serán relatadas aquí.

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Autor: Arimiliel

Escrito el 15-03-2005 01:01 #3

Capítulo I

El hielo inconmensurable y la creación de Eä ambar

Al norte de Arda, entre Aman y la Tierra Media se extendía un amplio campo de hielo; El colosal Helcaraxë. En el una hueste avanzaba compungida hacia Endor, por parajes jamás explorados, nada mas que por el séquito maligno de Morgoth; por razones conocidas y odiadas.

Un grupo avanzaba a la retaguardia, el pesar y el cansancio denotaba en sus rostros, venían disminuidos, muchos de sus miembros se habían perdido en el camino, muchos dejaron su espíritu partir, al ser abatidos por el frió y el miedo. Esos aun eran memorias frescas.

No hablaban, sabían que toda palabra debía ser reservada para después, al ponerle fin a esta pesadilla. No había momento para reflexionar y dar pie atrás no era una opción, lo único posible, quisieran o no, era continuar por aquel mar blanco.

El tiempo pasaba, sin cuenta alguna, parecía demasiado aun a los ojos de los eldar.

Pero debían continuar.

-Nai elye hirueva endor- Decían algunos como algo inalcanzable y anhelado.

Finalmente aquella frase se hizo realidad, aunque no sintieron alegría, aun no se creían capaces, solo experimentaban una gran sensación de alivio, una que va mas allá de todo limite imaginable.

Se establecieron en Hithlum, Belerian, junto a la hueste principal de Fingolfin y ahí tuvieron paz por un tiempo. Vendría mas adelante una de las hazañas mas cantadas y alabadas, junto con la desgracia; Fingolfin cayó abatido por la mano de Morgoth Bauglir, no sin asestarle un golpe que le causaría la herida que llevaría hasta su expulsión de los círculos de este mundo al vacío intemporal.

De la muerte de su amado Fingolfin los nobles elfos no pudieron sobreponerse y diciendo adiós a Fingon y toda su casta abandonaron aquel lugar.

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escrito por Arian

Escrito el 15-03-2005 01:05 #4

De la Creación de Eä Ambar.

Partieron estos sin rumbo ni conocimiento ya que nunca habían ido mas allá de Dor Lomin, no tenían nada que perder ya que nada poseían, se aventuraron mas allá de las Ered Luin, muchas peligros afrontaron e el camino, pero afortunadamente lograron llegar a las Haraduraith y posteriormente a lo que hoy son las Haldanori.

Eran un lugar extraño y salvaje, quizá hostil, pero el al aun no había llegado tan lejos.

Buscaron un lugar donde asentarse y consagrar su vida a los Valar mientras esperaban el fin de los días.

En aquel sitio soplaban límpidos los vientos de Manwë, las rocas fueron puestas por el mismísimo Aulë, la tierra era verde como los campos donde danzan Yavanna Kementári y Nessa, las estrellas se contemplaban brillantes de la mano de Varda, había una presencia el sano juicio de Mandos y en cada gota el eco de la voz profunda de Ulmo.

Iniciaron su construcción, seria aquel un lugar sencillo en el cual pudieran estar en paz.

Alzaron imponentes estatuas de los Valar, sobre un sendero el cual nadie buscará la guerra podría acceder. Mas tarde construyeron grandes almenas y las unieron creando un gran habitáculo en el centro, rodeado de varios dormitorios pequeños.

Luego esculpieron altos pilares de piedra en los cuales plasmaron muchas cosas marcadas por el recuerdo; los altos reyes elficos, la caída de Fingolfin, Feanor y los silmarilis, los dos árboles, Cuivienen y otras tantas cosas, las cuales adornaron con preciosas gemas y blancas perlas, junto a nobles metales.

Después labraron puertas de dorada madera y manijas de plata, satisfechos , cruzaron aquel portal y entraron al gran salón coronado de estrellas y encendieron una hoguera, la cual perdura aun, alimentada con nuevos bríos.

Años tardaron en esto y poco a poco el tiempo fue trascurriendo, las estancias se fueron ocupando y en la hoguera se consumieron las cenizas, junto a las palabras en el viento.

Los viajeros pusieron a este sitio Eä ambar,( mar de Ambar), tal como la imagen que contemplaban al mirar al horizonte en el ocaso.

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Escrito por Arian.

[Editado por nicol el 14-04-2005 03:03]

Escrito el 20-03-2005 06:17 #5

Capítulo II: \"Y Níniel concibió...\"

Túrin Turambar y Nienor Níniel; ambos hermanos, hijos de Húrin Thalion y Morwen Eledhwen, malditos desde que Morgoth sentara a Húrin en aquel sitial de hierro y lo maldijera a él y a toda su prole; se vieron inmersos en aquella cosa incierta que llamamos destino.

Y su destino lo dio aquella bestia de fuego, Glaurung, Padre de los Dragones y el hechizo que creó entre ambos.

Se enamoraron, sin saber que eran hermanos, y se casaron y vivieron felices por un breve tiempo, y durante aquel tiempo Níniel concibió.

Pero después de la trágica muerte de ambos (aunque esa es otra historia) este niño fue olvidado y jamás mencionado.

Ésta historia llegó a nosotros de él mismo que pasó por aquí hace muchos siglos atrás y como Atani, luego murió.

Hela aquí.

Luego de la muerte de Túrin y Nienor, todos aquellos que los seguían evitaron el Cabed en-Aras, pero no dos personas muy importantes para ellos, que al ver la piedra con sus nombres escritos, vieron sellada la artimaña de Morgoth. Pero ellos jamás supieron que hubo alguien que se libró de ello. Aunque no permitido, el amor de Turambar y Níniel fue sincero mientras duró, ese amor bastó para quitar del fruto de aquel el maleficio que pesaba.

Turumart (que es lo mismo que Turambar) nació en un crepúsculo bello, el más puro que se contempló nunca, mientras duró la sombra; no lloró al nacer, sino sonrió, con la más dulce de las sonrisas, y luego se durmió en brazos de Níniel, una de las pocas veces que estuvo junto a ella.

Días después, ocurrió la tragedia. Él pasó al cuidado de una nodriza, pero temiendo que el en hechizo los alcanzara, le ocultó su pasado y su nombre, lo llamó Tured.

Fue criado en la verde Ossiriand de los Siete Ríos, donde fue feliz, hasta que a los dieciséis años, no pudo estar en paz, algo lo llamaba a recorrer Endor. Su ‘madre’ se negó, ya que el parecido con Turín era impresionante, incluso algunos decían: ‘Túrin regresó de Mandos, ni siquiera él fue capaz de retenerlo’, temiendo que llegase a enterarse de la verdad.

Mientras el caos reinaba en Beleriand, Tured contradijo la orden de su ‘madre’, y se marchó de aquel lugar, uniéndose al flamante ejército que libraría a la Tierra Media del opresor, vengando sin saberlo a su padre y madre, tíos.

Congraciado con los Valar y los Pueblos Libres de Endor por su temple, pero nadie supo que era el hijo de Mormegil.

Partió rumbo al este de la Tierra Media buscando males para exterminar. Finalmente así llegó a los bellos jardines de Laurelindórenan, donde descansó mientras se deleitaba con los cantos de las hazañas y desgracias de Elfos y Hombres.

Tinúviel, Silmarilis, y tantas cosas....y Túrin, el Alto Guerrero, que se enfrentaría en la Última Batalla a Morgoth y lo dañaría con Gurthang, poniendo fin a las Edades de Arda.

Aquel relato remeció su corazón y quiso saber más detalles. Fue así que buscó por los confines de Arda a todo aquel que tenía conocimientos de Túrin Turambar...

Todos, sin excepción, se asombraban del parecido y buscaban una explicación a lo que se anteponía a sus ojos.

Escrito el 23-03-2005 02:50 #6

-Adanedhel - Alardeó una muchacha, o más bien una eldar, confusa

tured volteó como llamado por un súbito impulso que nacía desde lo profundo de su alma, y acercándose a la dama preguntó:

-Aquel nombre no es el mío, por que me llamas así?

- Lo siento, si os he confundido pero vuestros rasgos han engañado a mis inocentes ojos...

- Turambar no?- dijo denotando un gesto de impaciencia en las comisuras de su boca

- Amo del destino y derrotado por el - murmuró con la vista perdida

Entonces la elfa le contó todo lo que sabía de él y lo envió donde Belaurin quién poseía más conocimiento sobre este asunto.

Ahora bien, Belaurin era el otro nombre que se le daba a la madre sustituta de Tured, pero esto el no lo sabía y siguiendo las indicaciones de la eldar, llegó a un poblado que le parecía bastante familiar.

Preguntando por Belaurin llegó a su antiguo hogar, donde pasó los años de su infancia y parte de su adolescencia, y ahí confuso al ser presentada su madre como Belaurin, se le empaparon los ojos de lágrimas y comprendiendo la verdad, oyó todo lo que Belaurin debía decir y se marchó compungido. Meditando llegó a la conclusión de que aquel maldito hechizo lo perseguiría hasta el final de sus días y de quién poseeyera su sangre, por lo tanto rehúso a toda mujer edain, o eldar que se le antepusiera en el camino.

Aunque aquello más de alguna vez le resulto díficil puesto que su corazón no era de hierro y muchas veces quizó dejar aquella vida hostil que se limitó a usar.

Ya no podía más, busco nuevos horizontes, debía alejarse de aquella tierra que antaño poblara su madre y padre lo más lejos posible, oeste no era una opción así partió rumbo al sureste por las costas de la tierra media, el viaje le llevó años, pero como nada tenía, nada podía perder.

Así cuando ya divisaba el fin de las tierras y solo un mar que terminaba donde solo los valar sabían, se halló ante las puertas de una construcción de piedra y como llamado por las estatuas, siguió el sendero, hasta donde las puertas se erguían y penetró en el umbral.

Era de noche y una fogata ardía en el centro de un gran salón circular, unos cuantos seres se arremolinaban en torno a ella, pero no le dirigían la mirada, parecían encantados por el resplandor tenue de las estrellas.

Sin dudar ni por un segundo se sentó junto a ellos, las palabras vendrían después.

Así fue como Turumart pasó los últimos años de su vida en compañia de los habitantes de Eä Ambar y su voz grave, aún resuena en el eco de las memorias de los elfos que ahí habitan.

Escrito el 14-04-2005 03:19 #7

Capítulo 3: \"La locura del marino\"

Zarparón una mañana clara de invierno,pero un viento frio soplaba desde el este, agitando las olas, convulsionando el medio en el cual miles de seres subsisten, provocando un alboroto cuyos ecos se repetían hasta las reconditas estancias de Ulmonan.

- Izen las velas!- dijo el capitán

- Izen las velas!- repitió su subordinado

- Timonel! 80 grados a babor- daba ordenes con la naturalidad que le era propia, y los dotes de liderazgo que ya adquiridos en su piel, salían a relucir en situaciones así.

Los tripulantes estaban inquietos, la mar se agitaba de manera inusual, y el viento no desempeñaba un papel menor en esta historia, este marcará nuestro relato.

En su camarote veía el cielo turbulento,y sentía el oscilar del barco como consecuencia del viento, aquel tórrido viento que no cesaba, pese a que la noche avanzaba tortuosa y aquel sonido no lo dejaba en paz...

Arveleg daba vueltas y vueltas buscando una posición que le permitiera conciliar el sueño, pero aquel sonido...

Lo llamaba con una sigilosidad rigurosa tan sólo que él podía oír aquel llamado, que lo trastornaría incitandolo a cometer los actos más atroces que la mente humana puede concebir.Pero no se dejo influenciar, al menos por esta vez.

Esa noche fue espantosa, pero se resistió, en la mente esa minúscula parte que denominamos sentido común impidió que cometiera lo que interpretaba en el viento.

Pasó el día presa de la paranoía, pensando que él no era el único quien había captado el mensaje.

Ya fuera por algún artificio maligno o por voluntad de Eru, el viento prosiguió, por días, pero al segundo día, prestó oídos con especial atención e hizo, lo que la voz del cielo imperaba. La luna se tiñó de rojo junto a la noche.

- Asesinato!!!, muerte, traición- el ruido del tumulto en la cubierta lo despertó abruptamente.

Sentía un pesar en la cabeza, aunque no sabía bien porque, no recordaba lo sucedido en la noche anterior, sólo veía imágenes confusas, no comprendió sino hasta que se miró las manos.

Hematomas, como cuando alguien aprieta las manos muy fuertemente, pero quien sea que haya sido, estaba muy desesperado, por que eran extremos, salió a toda prisa y se encontró con la batahola en la cubierta.

Cuando se acerco, atisbó lo que se pensaba, Eltahir con el rostro desfigurado, el cuello morado y las manos crispadas.

-Quién ha sido?!, debe ser arrojado en alta mar, sin contemplaciones...

Escapó en la penumbra, e imagenes cruzaban raudas por su mente, oyó:

-La traición está donde menos se espera,

en los ojos del navío aguarda la muerte,

mas tu has de impedirlo...

Pero no supo interpretar estas palabras correctamente y eso desembocó en lo sucedido...

Una persona con expresión perdida, espada en mano y una antorcha en la otra, salió del camarote y se dirigió a cubierta, parecía desquiciado, la gente se le acercaba, ya adivinaban lo sucedido con Eltahir y estaban dispuestos a cumplir con la palabra de echarlo por la borda a cualquier costo, pero no sería tan fácil.

Cegó a todos en una maniobra espectacular, mató a todos lo que se le acercaron, era el más diestro con la espada de la tripulación y también el más ágil, excepto el capitán, quién escapó junto a un subordinado en uno de los botes.

Luego tomó un bote e incendiando las velas, dejó morir a todos los que habían sido heridos por él en cubierta y lo último que vió fue el barco en la distancia hundiéndose. Cuenta la historia que luego, atormentado por fantasmas invisibles en sus pesadillas, se suicidó.

El capitán y el subordinado no soportaron el temor, y se fueron encerrando en sí mismos, sus familias los pusieron a cargo de un grupo de elfos y curanderos de hombres; uno de los elfos que lo cuidaba llegó hasta aquí contandonos esto, que era lo que ambos murmuraban en sueños.

[Editado por Arimiliel el 30-04-2005 05:52]

Escrito el 30-04-2005 06:07 #8

Capítulo 4: \"El viaje de Amandil\"

Amandil descendía de la casta línea de los señores de Andunië y de él provendría Elendil el alto y los grandes reyes de hombres de la Tierra Media.

Segunda edad:

La rebelión contra los valar está causando grandes estragos en Númenor, desde la división de la población, hasta ideas locas, como prestar oídos a consejos de Sauron y emprender guerra contra tierra inmaculada.

Afortunadamente la sabia casa de la costa de las Andustar; Andunië, pertenecía al grupo que aún poseía un poco de cordura y no se rebelaba contra los designios de los valar, que por voluntad de Eru siempre han de prevalecer.

Amandil era padre de Elendil, quién a su vez era padre de Isildur, Valandil y de Anárion, pero esta es otra historia.

Del viaje de Amandil y las razones que lo impulsaron, partió compungido, rogando ser la esperanza de las dos razas, el mensajero que habría de pedir perdón y clemencia.

Intentarás pero no podrás,

esta tarea no es para ti,

los valar sabrán que harás

y te lo dirán sólo a ti...

Estas palabras fueron susurradas por el viento, cuando Amandil cruzaba ya las islas encantadas, y cobrarían sentido ante la tormenta que se avecinaba.

- Arreen las velas!

- Doblar a Babor, timonel!

La embarcación se bamboleaba peligrosamente con el soplo huracanado que iba en dirección este, alejándolos de su propósito, una gran ola se precipitó sobre ellos y estos cayeron en la oscuridad.

el sol se alzaba alto sobre las montañas, los pajaros trinaban y la brisa soplaba suavemente barriendo granitos de arena.

Amandil despertó en medio de una playa, no sentía los miembros inferiores y tenía las manos pegajosas,

[Editado por Arimiliel el 20-07-2005 21:54]