Andir
Fin Guerra: Valle del Ingenio deja de Atacar
Armadas perdidas por \"Valle del Ingenio\" = 43
Armadas perdidas por \"Concilio de Nan-Tasarion\" = 45
Clima: rojo amanecer de un día soleado, viento cálido del sur.

Historias, leyendas y batallas en las tierras olvidadas de Arda.
Edicion 2
Finalizada · 08-09-2004
2005:03:26:20:37:06
Fin Guerra: Valle del Ingenio deja de Atacar
Armadas perdidas por \"Valle del Ingenio\" = 43
Armadas perdidas por \"Concilio de Nan-Tasarion\" = 45
Clima: rojo amanecer de un día soleado, viento cálido del sur.
Era una noche de luna llena, y el hedor a muerte inquietaba Ântleintzar.
Después de cenar la elfa se retiró a descansar, entrando rápidamente en un profundo e hipnótico trance.
Imágenes circulaban por su mente....extrañas, amenazadoras....
-Debemos partir de esta ciudad pronto…Hasta yo estoy cansado de esta carnicería….-Oyó decir a Mhord....
De repente un silbido irrumpió en el aire y, tiñendo la visión de la elfa de rojo, provocó que se despertara, asustada y temblando…
-Mi señora,-Dijo Hearm, uno de sus tenientes.-En la Gran Sala os buscan. ¿Os encontráis bien?-Preguntó el elfo al ver la cara blanquecina de su capitana.
-Si, Hearm, estoy bien ¿Quién me busca? Y, ¿dónde se encuentran Mhord y Nülk?
-Es un viajero del Valle, dice llamarse Arkhane. Trae consigo un mensaje del Rey para los capitanes de la cuarta compañía del Valle. Los otros os esperan abajo.
-Está bien, Hearm. Ahora bajo.
La elfa se vistió, y al llegar a la sala donde horas antes habían estado cenando, vio a sus compañeros esperándola junto a un misterioso encapuchado de cuyo rostro, apenas iluminado por las llamas del fuego de la chimenea, salía un brillo metálico.
Ântleintzar se acercó al lugar, mirando fijamente sus amigos para comprobar que se encontraban bien, y después se dirigió hacia el recién llegado.
Mhord le entregó un pergamino con el sello real traído por el desconocido. Tras leerlo atentamente, miró al recién llegado.
-Así que vos sois Grey Arkhane. Por lo que veo os unís a nuestras tropas. ¿Qué clase de guerreros traéis?
- Los mejores de los que he podido disponer, capitana Ântleinzar. Hasta el último de ellos vale el peso de su sangre en mithril.-Dijo el hombre, inclinando la cabeza a modo de saludo.
-Bien espero que las tropas estén descansadas, algo me dice que cuanto más esperemos peor será. Noto traición y muerte en el aire. Aquí no estamos seguros.....
Las puertas del castillo donde se alojaban los capitanes del Valle se abrieron de par en par, al paso de uno de los espías de Mhord. Medio asfixiado, con la cara demacrada y sudorosa, entró en la Gran Sala, donde se hallaban todos, escuchando las órdenes que Yandros había transmitido a Grey Arkhane.
¡Mi señor Mhord, mi capitán! Al norte del Taurë Nan-Tasariona las tropas de la quinta compañía del concilio se han reagrupado y avanzan hacia la ciudad. Son suficientes para intentar romper nuestras defensas.
-Está bien.-contestó Mhord.- Como siempre, estimada elfa, tus presentimientos no fallan.-Dijo el asesino, dedicándole una pícara sonrisa a Ântleintzar.
-Avisaré a mis soldados para que empiecen a prepararse.-Dijo Nülk, nervioso y con aún más sed de guerra que antes.
Cada uno de ellos se dirigió a sus aposentos, dejando en la gran sala a Grey Arkhane, quién esperó a que recogiesen las pocas pertenencias que llevaban consigo. Los cuatro capitanes partieron prestos al campamento donde se hallaban sus ejércitos, ya avisados de la nueva batalla que se avecinaba. Todos los hombres, elfos y enanos disponibles, incluso aquellos que habían sido heridos en la batalla anterior, habían recogido el campamento y se encontraban esperando en formación a los capitanes. Al llegar estos a la base, y observando el gran esfuerzo que todos ellos habían realizado, sus rostros no pudieron más que expresar agradecimiento y orgullo por tan bravos soldados.
Junto a ellos, apartada del resto, una treintena de hombres, vestidos con tabardos grises y negros y extraños yelmos, permanecía silenciosa y calmada frente a la tensión general. Al frente de esa escuadra se situaban tres elfos, de rostros grisáceos y miradas sombrías, tocados con armaduras negras. Un grupo de enanos se situaba al frente del grupo, los cuales portaban unas extrañas esferas de metal oscuro colgando de cananas cruzadas sobre sus pechos. El aire sombrío de la nueva compañía destacaba entre el resto del ejército, irradiando una poderosa sensación de letalidad a su alrededor. Esa era la Compañía de Arkhane.
-Como todos sabéis, una nueva batalla se ha originado fuera de la ciudad. Dejaremos aquí una pequeña guarnición de soldados, sanadores y alquimistas para atender a los que aún no están en disponibilidad de luchar. El resto partiremos de nuevo a la batalla.-Dijo Mhord, gritando con orgullo a todos lo batallones.-Este caballero es el capitán Grey Arkhane, acaba de unirse con su compañía a las nuestras por orden del Rey.-Algunos hombres lanzaron vítores aislados, pero la mayoría permaneció recelosamente silenciosa ante la presencia de los nuevos e inquietantes aliados.
Mientras las tropas avanzaban hacia la puerta norte de la ciudad de Sulëdaelessar, los cuatro capitanes, comentaban la estrategia a seguir.
-Deberíamos esperar los informes de tus espías Mhord, antes de decidir la estrategia a seguir.-Decía Nülk algo preocupado.- no me fió de estos Concilianos están desesperados y su desesperación por defender sus tierras, podría tornarse en locura. Nunca se sabe como esto puede afectar a nuestras tropas que ya están bastante diezmadas. Comentaba el gran enano mirando de vez encunado hacia atrás para observar a su ejército de enanos.
-Nülk, no me digas que tan poca confianza tienes en tu ejercito…como para pensar que se acorbadarán ante tal pandilla de locos desesperados, si antes lucharon con valentía y gran valor ahora también lo harán. Confía en ellos, están bien preparados y saben a que se enfrentan.-digo Mhord mirando al enano con una sonrisa tranquilizadora.
-Para mí es mi primera batalla, pero estoy seguro de los míos y sé que nada ni nadie les hará retroceder. Pero estoy de acuerdo con el enano en que deberíamos esperar a saber a qué nos enfrentamos antes de adentrarnos en el bosque. Esas sombras me dan mala espina....- Susurró Arkhane a Mhord pretendiendo que ninguno de los otros capitanes supiera de su preocupación.
Ântleinzar lanzó a volar sus dos halcones hacia las sombras del bosque. Tanto Nülk como Grey Arkhane la miraron sorprendidos. La elfa se adelantó hacia donde estaba su capitán general.
-Mhord tus hombres están tardando demasiado en salir a nuestro encuentro.-le dijo la elfa por medio del pensamiento, para que nadie se diera cuenta de que también estaba preocupada.-Creo sinceramente que al regreso de mis halcones deberíamos dividir los batallones y rodear los bosques, así prepararíamos una emboscada.
Mhord notó el tono nervioso de su amiga.....¿Qué había visto anoche en sus sueños?
Ambos se adelantaron hacia la cima de una pequeña colina que había entre la ciudad de Sulëdaelessar y el bosque de Taurë-Nan-Tassariona a esperar a los halcones. Mientras la elfa trataba de averiguar qué era lo que en aquel bosque profundo y misterioso estaba sucediendo, los otros dos líderes observaban a la capitana y a su general, atentos a cualquier movimiento. Pasaron pocos minutos hasta que los halcones se posaron en el brazo de la silla de montar de la elfa. Los cuatro se reunieron para hablar de la situación.
-Nuestras sospechas eran ciertas, nada se sabe de los exploradores y me temo que los hayan capturado o muerto. Debemos abanzar con precaución.
Cada capitán se dirigió hacia sus respectivos batallones y los dividieron, dejando al frente a varios elfos, hombres y enanos expertos en la lucha cuerpo a cuerpo, luchadores del Valle. Ântleinzar y Grey Arkhane dispusieron a sus más hábiles arqueros, buenos conocedores de los bosques, para que empezaran a trepar y siguieran al batallón principal, vigilando los movimientos desde las copas de los árboles.
Nülk y Mhord se adentraron en la espesura, mientras que los otros dos dirigentes ocuparon los flancos.
De pronto se escuchó el ruido de espadas y flechas silbando por el aire:
–¡Emboscada!¡Traición!¡ Malditos, os habéis vendido al enemigo!
Al sonido de los cuernos de alarma de la compañía, tanto Grey como la elfa entraron en el bosque, con el resto de su ejercito, sin pensar más que en el peligro que corrían sus amigos. Mientras abanzaban, y con ellos sus tropas, se oían más gritos en la espesura....
-¡Atención! ¡Se acercan ents! ¡Las fuerzas del Concilio están más cerca de lo que creíamos!
Así se inició la batalla más sanguinaria y cruenta de las habidas hasta la fecha en Haldanóri....
Pero en esos primeros instantes de confusión, los líderes estaban aún inmersos en el caos....
Al llegar al centro del bosque, Ântleinzar empezó a sentir de nuevo aquel hedor a muerte y traición que tan familiar le era. Se dirigió a uno de sus elfos que, aún estando mal herido, seguía disparando flechas.
-Donde están los capitanes Mhord y Nülk? -gritaba la elfa mientras blandía su espada contra varios tasarianos.
-No lo sé mi señora, nos atacaron muy pronto y provocaron nuestra división-dijo el elfo con mirada de preocupación debido a la situación.
-¡Seguidme!- dijo ella a varios de los soldados que estaban aún encima de los árboles, los cuales le comunicaron a la elfa que sus amigos parecían estar a menos de cien metros delante suyo.
Al llegar al lugar, vieron con estupor como varios de los hombres de mayor confianza de Mhord luchaban contra éste, sin miramientos y sin respeto alguno. El asesino acabó con tres de ellos con rapidez, pero un cuarto le atacó por la espalda y cayó al suelo mal herido en un costado. Y cuando aquel traidor iba a consumar su infamia, la elfa disparó una flecha de su arco dando de pleno en la cabeza del atacante.
-¡Mhord!- gritó ella, dirigiéndose hacia donde se hallaba el capitán, mal herido.- Por Eru, esto fue lo que vi ayer noche. Debiste hacerme caso cuando te dije que no me fiaba de ellos.
Mhord abrió los ojos y con gran dolor asintió con la cabeza.
-Malditos asesinos....no perdemos oportunidad de apuñalarnos por la espalda....tendré que volver a sanear a mis subordinados.....-dijo, mientras se dejaba ayudar por los brazos de la elfa. Ésta llamó a sus halcones, y en cuando estos llegaron donde se encontraba ordenó a Arthur que guiara a los caballos hacia ellos y ató un mensaje en la pata de Xana para los sanadores que se hallaban en la ciudad.
Cuando Mhord estaba ya montado, Ântleintzar le habló:
-Os esperan las casas de curación . Seguid a mi halcón, él os guiará.
-No os preocupéis....en cuando me encuentre mejor comandaré la batalla desde lo alto de la Torre de Observación....-dijo el asesino al partir, bajo la mirada de desaprobación de la elfa...
Ântleintzar se disponía ahora buscar a Nülk, cuando observó como Grey, el valiente recién llegado, avanzaba con sus tropas, girando sus dos enormes armas alrededor de su torso, sesgando cabezas y mutilando cuerpos cual mantequilla fundida en sartén de cobre. Con unas armas algo extrañas y realmente grandes.
-¡Busquemos al capitán Nülk!- grito ella.- Me temo que le haya pasado algo.
Casi al final del bosque, los soldados que habían sobrevivido a la emboscada y que habían conseguido avanzar protegían al joven enano, también herido. Ântleinzar, con sus elfos arqueros en las copas de los árboles, saltó en mitad de aquella masacre, viendo como el presentimiento de la noche anterior se había convertido en una autentica pesadilla.
Con Mhord malherido por sus mejores hombres y Nülk alcanzado en el brazo, los soldados estaban desorganizados y sin ánimos para la lucha. Pero al ver a los nuevos capitanes, la ilusión por ganar en aquel territorio inhóspito volvió al grueso de las tropas.
Muchas horas duró aquella batalla y mucho fue lo perdido, por ambos bandos.
Pero gracias a las defensas mejoradas por los ingenieros y al gran número de tropas del Valle, la compañía del Concilio fue masacrada por completo, quedando unos pocos heridos solamente. El bosque había sido conquistado, y muchos fueron los enemigos capturados.
Ese mismo día, Mhord bajó a las mazmorras con su instrumental, dispuesto a profundizar en los orígenes de la traición con los desafortunados prisionerso que habían caído en sus manos....los gritos fueron recordados en la ciudad durante largo tiempo.....
Vagamundo soy, desterrado, exiliado,
recorreré hoy mis últimos pasos.
Hoy cedo mi alma al viento
de ira y sufrimiento llenare mi cuerpo
atrás dejaré lo que un día ame,
también la persona que con los años llegue a ser.
Escudo para los míos hoy seré.
Con mi sangre regare de nuevo mis campos,
con mi cuerpo abono y festín para los pájaros
Hoy lucho por la patria que un día me amo y ame.
Hoy lucho para que mis hijos también la puedan ver.
Los rayos de sol rociaban de luz y color las estancias, patios y casas de Sulëdaelessar, las casas élficas colgaban aún de las ramas casi intactas.Aún tan solo habían pasado escasas semanas de la perdida de la capital, pero en el corazón de muchos, estos habían parecido una eternidad, como si durante décadas hubieran tenido que resistir las incursiones del reino de Valle que partían de la ciudad. Los elfos desterrados habían encontrado la hospitalidad de los poblados medianos, mientras que en el mundo subterráneo la guerra civil de Khazâd-Angroth se estuvo librando. Thrym había devuelto la paz a los suyos, la revuelta promovida por el duque Gîldugh para usurpar el trono durante la ausencia de su rey, gracias a la alianza con los señores de Valle había terminado. Gîldugh, primo hermano del rey y quinto en la sucesión al trono, había caído junto a los seguidores de su causa y los lugartenientes y soldados de Valle desplazados al reino subterráneo. Sin embargo el daño de la traición del duque Gîldugh era aún latente en Sulëdaelessar, la ciudad seguía en posesión de los invasores y aunque ya no tuvieran acceso a los túneles subterráneos habían seguido su avance en tierras del Concilio en la superficie. La compañía que había respaldado la toma de la capital había asegurado el desembarco de otra en aquellas tierras, tras el fracaso de los tasaríanos por expulsarla del reino. Ahora el Concilio se enfrentaba a una invasión en toda regla por parte del reino de Valle, cuando desde el este llegaban las noticias de la pérdida de Losselen Tirion a manos de los señores de Nurn. Eran días oscuros para el reino que se veía obligado a replegarse y proseguir el avance hacia al oeste, aplastando a los ejércitos de Tercano y conseguir así consolidar una resistencia con la que poder sobrevivir a la invasión.
-¿Qué ves?- dijo una voz junto a él.
Ian levantó la vista y se topo con el joven rostro de Shiväla que clavaba su mirada en los ojos de él. Shiväla no era como los otros hobbits de aquel reino, o drôbits como se hacían llamar, ella no poseía la fuerte tonalidad verdosa en su piel ni los intensos ojos celeste carentes de pupila e iris, tan común en los demás; en cambió su constitución era similar a la de los suyos, excepto de aquellos menos agraciados los cuales poseían unos ojos más diminutos y hundidos. En los casi veinte años que Ian llevaba conviviendo con el pueblo de Shiväla había encontrado cierta similitud entre su pueblo y el de los druedains, al menos similitudes de las que él había oído hablar, pues el mediano poco encuentros había tenido con aquel extraño pueblo a excepción de los que tuvo durante su estancia en Numenor. El pueblo de Shiväla parecía estar emparentados con ellos y a la vez con el suyo propio pueblo, del cual Shiväla era la que más se asemejaba. Sus largos cabellos negros y ondulados, del mismo color del iris de sus ojos, y su tez más bien morena resaltaban entre los suyos.
-Los señores de Valle han apostado en las murallas poco más de medio centenar de sus hombres, el resto parece ocupar tiendas a ras de suelo a los pies de la ciudad, pero diviso cierto movimiento en la ciudad, puede que hayan apostado allí a uno de sus contingentes.- respondió Ian echando un último vistazo al Taurëndi.
-Seguramente sus capitanes se encontrarán allí- Shiväla observó como, poco a poco, hobbits de todas partes se agrupaban en el punto de encuentro, aún faltaba buena parte de su pueblo, aún aparte del que había sido fragmentado por orden de Ian. Su pueblo confiaba en aquel hobbit, ganador de la amistad de su jefe, Ewôk Cascador, y ella, su hija, Shiväla Cascador, la cual le tenía gran estima.- Pero si se hacen fuertes en ella lo tendremos difícil para recuperarla, desde allí será muy fácil acribillarnos a flechazos.-
-Lo se, pero si todo sale según lo planeado no deberían presentarnos demasiadas complicaciones- Ian bajo de la enorme roca en la que se había encontrado sentado. Se encontraban algo separado del resto, el bosque les rodeaba –Solo cabe esperar que los batidores hagan bien su trabajo.-dijo por último alzando ahora la mirada para clavar sus ojos en los de ella que se encontraba a lomos de un enorme oso pardo.
Eso y que los sacerdotes elfos consigan aumentar la actividad de la Sulëdaelessar para que su niebla nos escolte sin peligro hasta la ciudad.-dijo ella.
Ian asintió. El creciente aumento de las voces de los soldados les hizo volverse. Por el horizonte llegaba un numeroso grupo de enanos escoltados, el rey Thrym había llegado. Los enanos eran guiados hacia el punto de encuentro por Lomeriel y su pueblo, todos ellos montados en veloces corceles salvajes. Junto a la reina de los elfos viajaba su hija Daewen, vestida con un bello traje blanco sobre el cual se había puesto una armadura, sus atuendos eran muy distintos a la de su madre, mejor ataviada para el combate, esta última llevaba las vestimentas de piel y armadura de cuero habituales en su pueblo.
-De nuevo nuestros caminos se cruzan viejo amigo- espetó Thrym con su singular voz. Aunque en las palabras el enano había intentado imprimir notas de alegría no pudo evitar dejar en su ronca voz buena parte de sus temores y melancolía, y aquella sonrisa no había sido otra cosa al final que una simple mueca, eran oscuros días los que el Concilio vivía.
Ian asintió de nuevo como si un lúgubre muelle no le permitiera hacer otra cosa. La expresión del enano cambio como si de pronto se hubiera acordado de lago –Casi se me olvidaba, trajimos lo que nos pedisteis- dijo al fin mientras que señalaba a las ultimas filas.
Así era, en la distancia Ian pudo distinguir a los batidores reales. Estos era un cuerpo de elite formado por una treintena de elfos duramente entrenados y equipados con armaduras y armamento diseñados por el hobbit. Mientras que las vestimentas permitían una mejor protección sin limar la velocidad y agilidad del portador, incluso facilitar acciones como escalar o trepar, el armamento estaba compuesto por artilugios de ataque a larga distancia de gran velocidad y precisión, uno de ellos eran lanzavirotes del mismo tipo que solía llevar Ian, el otro era un artilugio nuevo llamado ballesta; mientras que el resto no era más que extrañas espadas y dagas de mithril.
-Perfecto, se unirán a los batidores medianos que asaltaran la ciudad desde los árboles- dijo Ian con cierta alegría, al fin una buena nueva, se dijo para sí.
-Espero que consigan salvar la distancia que hay entre esos árboles y los de interior de los muros, espero que tus cálculos no estén equivocados.- dijo el enano.
-Yo así también lo espero- respondió Ian mientras que su mirada seguía a la del enano a través de las copas de los árboles. Una brisa helada le cruzó por los pies. El mediano bajo la mirada para contemplar como unos jirones de niebla bañaban sus pies escasamente peludos. Una sonrisa se dibujo en el hobbit.- Thrym, avisa a tus hombres, la espera ha terminado. Valle ha mordido el anzuelo.
Mientras el ejercito tomaba posiciones, las manos del hobbit guardaron de nuevo el Taurëndi, único testigo del nuevo avance de Valle.
[…]
El sol comenzaba a caer sobre el horizonte. Las tropas de Valle se sumían en la rutina de un nuevo día. Algunas formaciones se disponían o se encontraban realizando el almuerzo mientras que el resto consolidaban las empalizadas y fortificaciones o vigilaban las fronteras de la ciudad. Pronto se esperaba las nuevas de la guerra, el menguado ejercito agrupado por los tasarianos seria derrotado.
Mhord Alomeg se encontraba frente la enorme piedra violácea situada en el centro de la ciudadela observándola con detenimiento bajo la bóveda de ramas, hojas y casas. Poso su mano sobre la roca y esta crepitó levemente como un pequeño fuego, estaba caliente, algo más que días atrás, y algo más que hacia escasamente unos minutos.
Desde su llegada había contemplado con extrañeza a aquella piedra situada en el centro de una ciudad que parecía crecer entorno a ella varios metros por encima de suelo, solo los accesos a las copas de los árboles llegaban a tocar el suelo como si aquello fuera alguna clase de profanación. La enorme piedra enormemente vieja, más que cualquiera de las cosas que allí se encontraba, y a pesar de ello había logrado mantenerse incandescente a lo largo de los años. Mhord Alomeg no dudaba de que algo tuviera ella que ver en la niebla que solía envolver aquellas tierras y en aquellos momentos volvía a hacer acto de presencia.
Poco podía ver los vigilantes desde lo alto de los muros, en cambio en el interior la visión era nítida y clara, como una capa que ocultando la ciudad de la mirada de ojos de extraños, solo que en aquel caso eran ellos los extraños.
Varios alaridos se oyeron desde lo alto de los árboles mientras cuerpos sin vida caían de estos. Pronto la ciudad colgante se lleno del resonar de las botas corriendo frenéticamente de un lugar a otro. La ciudad estaba siendo asaltada.
Mientras que en las alturas comenzaba la batalla, a ras de suelo los soldados de Valle se apresuraban por organizarse ante el invasor, pero antes de que pudieran terminar de agruparse un contingente de enanos y hobbits, estos últimos montados en grandes lagartos, irrumpieron desde los túneles secretos, noticia de que sus fuerzas en el reino subterráneo habían caído.
Las voces de alerta se alzaron desde encima de los muros, antes de que una parte de los batidores hobbits cayeran sobre los vigilantes.
-¡¡ASEGURAD LAS PUERTAS!!¡¡ASEGURAD LAS PUERTAS!!-
Las voces de los generales llegaron tarde, antes de que un número suficiente de soldados llegara a las puertas para evitar que cedieran estas cayeron permitiendo paso al verdadero contingente del Concilio.
Centenares de hobbits provistos de escudos y lanzas cruzaron las puertas a lomos de osos, perros, lobos y jabalíes, mientras que tras ellos numerosos elfos a caballo abatían con sus flechas a los hombres de Valle.
Mientras la estampida hacía temblar la tierra los señores de Valle reagruparon a los suyos en las fortificaciones construidas en el centro de la ciudad, mientras que las fuerzas del Concilio se dividían entono a ellos. Desde su escondrijo los soldados de Valle abatían a los tasarianos. Las espadas, hachas y lanzas caían acompañadas de los cuerpos inertes de sus amos, la sangre regó las tierras llevándose consigo vida y esperanza. Las fuerzas del concilio, incapaces de tomar el fuerte, se batía en retirada, atrás quedaba la venganza y el orgullo, vencidos por el instinto de supervivencia y el miedo. En la retirada los tasarianos caían en trampas accionadas desde el puesto de mandos. Los cazadores eran ahora la presa de una victima convertida en verdugo.
Los gritos, tintineos y chasquidos enmudecieron mientras que la llamada de un cuerno rasgaba el cielo. Era un sonido hermoso y limpio, capaz de apagar a su paso las llamas del mismo infierno. Cada nota iba acompañada de un leve temblor cada vez más hondo. Tras las murallas los haces de luz se quebraban para más tarde volverse a fraguar. Las lindes se oscurecían, el bosque más y más comenzaba a abrazar la ciudad.
Allí estaba el viejo Veorl, Laha Ceravieja, Haya Ogg y el menguado Breöl Hojanosa, abriendo la marcha de los ents hacia la batalla. Los tasarianos tras ellos se resguardaron mientras que desde el puesto de mandos de Valle miles de flechas incandescentes brotaron. No hubo flecha incendiaria ni pedrusco en llamas que el avance de los señores del bosque interrumpiera. Muchos cayeron entonces pero muchos más sobrevivieron para caer las defensas de los asesinos de sus hermanos y amigos.
Desprovistos de escudo, los ejércitos de Valle se batieron en retirada, mientras a sus espaldas el bosque acortaba distancias.
Los ojos de los tasarianos vieron como sus enemigos se perdían en el horizonte bajo la persecución de todo un bosque. Las llamas crepitaban a su alrededor, la ciudad se comenzaba en ellas a consumir.
-JAR JAR JARRz- las carcajadas entrecortadas despertaron del sueño a algunos de los tasarianos –Gloriosos los hombres de Nan-Tasarion que volvéis al fin al hogar para verlo arder ¡JAR JAr JARrz! Dichosos son vuestros ojos, dichosos ¡Jar JAR Jar!- promulgaba el soldado a escasos pasos mientras que burbujas de sangre brotaban y coronaban sus ya enrojecidos labios.
CLOCK, CLOK, CLOCK!!...
-¡¡¡MUERE, MUERE MALDITO, MUERE YA DE UNA VEZ!!!- gritaba Daewen una y otra vez mientras que chocaba furiosa contra el suelo el cráneo de aquel pobre desgraciado. Las lágrimas de la princesa brotaban y caían como gemas contra la mugrienta armadura del soldado.
Los golpes cesaron y Daewen se levantó de encima del soldado con los ojos aún rojos y empañados, como rojas estaban sus ropas y manos.
-Haré traer piedras de vigilancia y cada palmo de esta tierra será ahora vigilado- dijo Shiväla apartando la mirada de la sonrisa mortecina del soldado.
-Vigilancia tardía, ¿no crees princesa diminuta?- espetó Daewen herida.
-No hagas caso, es Valle quien en su herida ha hurgado- tranquilizó Thorjil a la hobbit.
Herido del brazo, Thorjil fue en busca del extraño mediano. De un lado a otro sus ojos oscuros indagaron, bajo aquel rojizo atardecer teñido por la sangre. Tras preguntar a varios soldados, vio al hobbit encaramado a los grises muros. Al trepar la cálida brisa golpeo su cara junto a los rubíes rayos de sol.
-La retomamos, mi buen amigo, es nuestra de nuevo al fin- la sonrisa de Thorjil se dibujo con dificultad por el pesar de los muertos y los heridos.
-Empalados, empalados y desmembrados los quiero, que sus cuerpos sin vida sean advertencia para todo aquel que ponga hostilmente el pie en estas tierras- dijo Ian con una mirada bañada en sangre fija en la lejanía.
Así se hizo, los cuerpos sin vida del ejército de Valle fueron empalados juntos en las costas de Nan-Tasarion. Allí donde habían desembarcado sus invasores se izaron los cuerpos sin vida, alimento de cuervos y aves de rapiña. Junto a ellos, se construyo un mausoleo, en él los guerreros tasarianos descansaron a vista de sus enemigos caídos, como trofeos ganados en vida. La Costa de la Muerte se la llamó y en ella centenares de piedras de vigilancia, vivas imágenes de los hobbits caídos en combate, fueron plantadas, su magia protegería el descanso de los caídos, guardianes de sus sueños de ultratumba.
[Editado por Thauld el 15-03-2005 20:46]
Resumen de la batalla:
Valle perdio 43 armadas= 1505 puntos.
Recuperables: 1003 puntos.
Valoraciones: 8+8+8+7=7,75
Recupera: 778 puntos.
Pierde: 727 puntos.
Concilio perdio 45 armadas= 1575 puntos.
Recuperables: 525 puntos.
Valoraciones: 7+9+8+7=7,75
Recupera: 407 puntos.
Pierde: 1168 puntos.
Valle percibe 300 monedas en concepto de batalla ganada.
Valle cede 100 monedas a Concilio al retirarse de la batalla.
Compañias actualizadas