La Guerra de los Clanes

Historias, leyendas y batallas en las tierras olvidadas de Arda.

Edicion 2

Haldanóri, Las Tierras Ocultas

Finalizada · 08-09-2004

Batalla C2 Concilio Vs C2 Nurn

2005:03:28:08:57:35

Andir

Concilio de Nan-Tasarion Señores de Nurn Fin Guerra: Concilio de Nan-Tasarion deja de Atacar

Armadas perdidas por \"Concilio de Nan-Tasarion\" = 34

Armadas perdidas por \"Señores de Nurn\" = 36

clima: noche despejada. Ligera brisa calida

Manveru

Manveru se alzaba altivo, pensando, mientras hablaba con sus hombres en el campamento.

—Sabéis que os seguiremos hasta la muerte, Azarkhôr—dijo uno de sus Dúnedain.

—Lo haréis, lo sé. Vinisteis por vuestro propio pie, no obstante. Muchas veces os he instado a volver, y vuelvo a hacerlo. En la masacre anterior os salvasteis por una visión casual, y no sé si se repetirá. Me temo que esta Compañía, con o sin Dúnedain, no tiene muchas esperanzas. Volved, volved mientras podáis; presiento que pronto habrá otra masacre, y no quiero que participéis en ella—dijo Manveru.

—Te seguiremos, Manveru, con o sin tu consentimiento; hemos asegurado nuestra familia, y yo ya no temo a la muerte. Que venga, si es mi destino.

—Hablas por ti, Hildourea. Pues bien, acompáñame, si tal es tu locura—contestó Manveru, triste—. Que aquellos que aún conservan la razón partan ahora, y abandonen esta isla maldita, pues no os deseo mal alguno ahora que ya he causado tanto. Los locos que me sigan, que den un paso adelante.

Todos a una, trescientos Dúnedain dieron un paso adelante. Manveru suspiró, consternado, y de pronto se frotó el brazo, pues la herida del hombro le dolía más que nunca.

La noche era tranquila, las estrellas brillaban y Elbereth guiaba los ojos de los elfos hasta su manto. Arioch se encontraba fuera de la ciudad. La reconstrucción había comenzado, pero la ira y la furia se hacían más fuertes cada día en su interior, pudiendo despertar al demonio que llevaba dentro. Sólo su autocontrol lo hacía dominar la Tormentosa, que jugueteaba dentro de su vaina satisfecha de ver cómo los sentimientos de su hermano eran tan profundos y rabiosos. Esos sentimientos son los que le permitiría escapar de su prisión de Mithril negro y volver a lanzar llamas en la noche contra sus odiadas estrellas.

—Deja de luchar, Tormentosa, pues hoy no serás liberada de tu maleficio, ni yo me veré libre de tu compañía. Mas lo que sí es posible es que hoy tengas tu ración de sangre—murmuraba Arioch. Su mirada verde se grababa en el campamento de los nurnitas a pocos cientos de metros de allí. A su lado apareció el Dúnedain Manveru.

—Señor, los hombres no están tranquilos, hubo demasiadas bajas en la batalla anterior y algunos de los más jóvenes llevan escritos el terror y el pánico en sus ojos—dijo el capitán—. Mis hombres y yo intentamos animarles, mas es en vano—permaneció unos momentos en silencio—. La verdad es que no creo que sea buena idea, los orcos y los seres de la oscuridad ven bien en la oscuridad y si cae sobre nosotros una celada no podremos escapar vivos de ella. En seguida cundirá el pánico y salvo tu Guardia y mis hombres todos correrán, como sabéis, despavoridos, y ése será el fin de los héroes de Losselen Tirion.

—No temáis por la oscuridad, Manveru el Tenaz, pues pronto desaparecerá. Mantened junto a vos a los Dúnedain y a la derecha la Guardia Blanca; situada en el centro del ejército. Los enanos a la izquierda de la Guardia y los elfos y los ents detrás para que haya una cortina de flecha y piedras mientras avanzamos. Haced caso de lo que haga la Guardia, pues conocen bien la estrategia y lo que han de hacer. Yo estaré a unos cientos de metros de vosotros y ya he dado orden de que nadie se me acerque; esta noche dejaré libre a la Tormentosa y no quiero que beba más que sangre orca y vidas inmundas.

Manveru se retiró pensativo. Las palabras del duque eran duras y frías, y en ningún momento le miró a los ojos; sus dos iris verdes irradiaban una luz de furia contenida y en ningún caso se levantaron del enemigo. Cuando Manveru llegó a la formación, la Guardia Blanca hacía bromas entre sus miembros; pocas eran las veces que el Duque no las comandaba y en las pocas ocasiones que esto no ocurría habían visto cómo su señor se abría paso como la guadaña de la muerte y la destrucción entre el enemigo, y el amigo imprudente que se acercaba demasiado a su espada maldita.

Encima de la colina apareció una luz verde fantasmagórica, y una voz resonó por toda la isla.

—Losselen, venganza y muerte.

Era una voz demoníaca capaz de helar los tuétanos de los más aguerridos luchadores. La batalla iba a comenzar.

Los hombres de la Guardia lanzaron su grito de batalla y la bien ordenada legión de Losselen Tirion se puso en marcha. La Guardia Blanca en el centro, los númenoréanos de Manveru en el ala derecha, los enanos en la izquierda, en la retaguardia elfos y ents, que con sus armas arrojadizas permitirían debilitar las filas traseras del enemigo y descargar a la vanguardia de presión. En el ala más derecha el Duque, sólo, con la Tormentosa enfrentándose a quien se pusiera por delante.

En poco tiempo aparecieron los siervos de Nurn. Aunque el ataque era sorpresa habían reaccionado con inusitada rapidez a los gritos de batalla.

—No me gusta nada, parece que nos van a tender una emboscada, nadie coge tan rápido las armas y se organiza para la batalla—se oyó de pronto, pero un miembro de la Guardia Blanca que le profesaba cierta aversión, le respondió.

—Si por la noche bebieras menos vino, por la mañana te levantarías más rápido—Hubo risas en toda la columna, aunque las flechas ya empezaban a silbar por encima de nuestras cabezas dirigiéndose a los nurnitas y el choque sólo tardo unos segundos en llegar. Frente a la Guardia los orcos cargaron sin piedad, animados por las victorias anteriores. No obstante no podían prever que la furia y la ira de los tasarianos estaba concentrada y desarrollada por todos los compañeros caídos en las jornadas anteriores. Los hombres luchaban como uno sólo, no rompían las posiciones, la línea se mantuvo, las espadas parecían subir y bajar a la vez como si de una guadaña gigantesca se tratara. Si un hombre caía su compañero le relevaba. Un grupo de orcos se dirigía hacia un batallón algo separado del bloque, intentando rodearlo, y aunque fueron avisados, no volvieron de la contienda. Nunca se supo qué fue de ellos.

La lucha era feroz, más bien una carnicería, pero los tasarianos estaban dispuestos a vencer o morir en aquella batalla. Por el ala central la Guardia Blanca combatía frenéticamente, cantando canciones de guerra y muerte, animados por la voz hermosa de elfos y númenoréanos. Los elfos aún no habían sido alcanzados, y los ents destrozaban batallones enteros de orcos con sus enormes rocas.

En el ala oeste, Manveru y sus hombres luchaban con la prudencia y calma típica de su raza, acompañando la música de la Guardia, aunque cantaban melodías dulces y lentas, hablando de Fórmennos allá lejos en el norte, un lugar ya para ellos inalcanzable. Usaban una táctica parecida a la de la falange griega, aunque con unas ligeras modificaciones númenoréanas. Combinaban sus grandes escudos, formando una muralla inquebrantable, avanzando lentamente protegidos por ellos, y atacando furtivamente. Los orcos, pequeños y atontados por el furor de la batalla, no lograban romper esta muralla, y de su pequeñez tampoco lograban saltar y poder atacar a los númenoréanos por arriba.

No obstante, las oleadas oscuras comenzaron a tener confianza, y los hombres del Concilio retrocedieron, lenta aunque firme e irremediablemente. Por el centro Arioch, que atacaba sin piedad con su espada temible, fue rodeado por todos los frentes, y hubo un momento en el que se temió por su vida, pues fue derribado del caballo y atacado por seis hombres malvados a la vez. Sus heridas de la batalla anterior le pasaban factura, aunque aún no había sido tocado por un enemigo.

La Guardia Blanca, la cual era muy bien respaldada por los arqueros elfos y los ents, luchaba con un furor asesino digno de su rango, masacrando a su alrededor como fantasmas enloquecidos. No obstante la ingente cantidad de enemigos les hizo retroceder, al igual que los númenoréanos, cuya táctica defensiva no les valió más con la llegada de los hombres, que eran altos y crueles, y no dudaban en lanzar sus jabalinas contra la hueste Dúnedain.

Manveru luchaba como mejor podía, aunque la herida en el hombro lo acosaba sin cesar; sudaba de fiebre y se le notaban evidentes signos de malestar. De pronto fue golpeado por un mazo y, ya sin fuerzas, se desplomó desmayado.

Sus hombres, temiendo lo peor, rompieron el frente, pues no conocían otro líder y otro señor que Manveru heredero de Eärendil, y retrocedieron en desbandada hacia atrás. Nurn avanzó con mayor firmeza aún, alentada por este golpe de suerte, y la Guardia Blanca fue rodeada por una turba ingente de huestes en todos los frentes.

Los elfos tuvieron que recurrir a las espadas, y se lanzaron a salvar a sus compañeros. Los númenoréanos, orgullosos aunque no obstante asustados, vieron que Manveru se recuperaba, y alentados por este golpe de suerte, gritaron de alegría y corrieron a la batalla. Ya no hubo tácticas defensivas, y finalmente los númenoréanos libraron una auténtica carnicería, pues arrasaron con las filas enemigas; tan fervorizados estaban.

La Guardia, alentada y asombrada por el repentino acceso de furia por sus compañeros, repitieron sus cantos fúnebres, aunque esta vez en un canto rápido y más cruel, y también corrieron para destruir las filas de Nurn.

Ya los primeros batallones de Nurn se batían en retirada, y los hombres de Losselen corrieron hacia ellos, enceguecidos por la locura. No obstante pronto el corazón se les calmó, pues fueron recibidos por una marea negra de flechas, y se pararon en seco, poco dispuestos ya a morir vanamente.

Sólo un hombre, con un brillo rojo en los ojos, siguió avanzando hacia la línea enemiga. Se agrandaba cada segundo, un señor castigador y terrible, ensombreciendo la maldad de sus enemigos, y su espada brillaba con tal malicia que la Guardia temió por su capitán.

Así pues, la Guardia corrió para rescatarle, pues con aquella cabalgada insensata sólo lograría morir atravesado por cien flechas, por heroica y valerosa que fuera.

— ¡Quietos, quietos, insensatos!—gritó Manveru, que había montado en el caballo a duras penas—. No os mováis, pues quizá sólo sean dos capitanes los que caigan esta noche aciaga. ¡Eärendil, Eärendil! ¡A la guerra y la muerte!

Sin más se lanzó hacia el Duque, que se había detenido, pues su caballo estaba encabritado y asustado frente al griterío y las incesantes flechas que llovían hacia ellos.

Al cabo de unos minutos Manveru llegó hacia el Duque, que sintiendo la presencia de sangre, se lanzó a matarle.

Sin embargo Manveru, que suponía la reacción de Arioch, entrechocó Núril con Tormentosa, y se le quebró.

El joven númenoréano cayó por tierra, con el brazo paralizado del dolor, y se levantó como pudo. Observó de nuevo al Duque, que había recuperado la compostura y sonreía, y suspiró aliviado.

—Salgamos de aquí—susurró. El Duque miró impotente la masa de orcos, que frente a la trifulca habían detenido su andanada de flechas, maldijo su mala suerte, y asintió. Así pues ambos cabalgaron hacia la hueste, que había enmudecido ante la pelea, y ya se entreveía una batalla entre los Dúnedain y la Guardia Blanca.

—Volveré a forjar esa espada, Manveru hijo de Manvelen—dijo el Duque, cuando ya se habían retirado—. Mi arte en la forja la hará más resistente, y si alguna vez las dos espadas negras se cruzan de nuevo… ya veremos—susurró, sonriendo.

Lómine

La herida en su costado sangraba profusamente, el sudor frío corría por su rostro, su espada permanecía empuñada y en sus ojos la rabia y el odio contenidos se reflejaban con claridad. No estaba acostumbrada a perder y menos aun cuando enemigos antes vencidos fuesen los autores de la humillante derrota; aunque ellos tampoco salieron indemnes de la batalla. Avanzó a través del campo árido; las fuerzas de la poderosa compañía habían sido mermadas considerablemente, quienes no murieron en el enfrentamiento no escaparon a las heridas causadas por el filo de las espadas tasaritas; Lómine bajó la mirada hacia su mano, que cubría un profundo corte causado por el arma de aquel estúpido soldado, aunque se regodeaba al pensar en la tortuosa muerte que Nwalmë le había provocado.

\"El Concilio atacó por sorpresa pero las fuerzas nurnitas respondieron con increíble rapidez a la avanzada enemiga. La compañía dividió sus fuerzas y cada Señor comandó una falange; Andir a la cabeza arremetió frente a frente contra los soldados tasaritas, mientras Lómine y Allase se ocupaban de los flancos\"

–Que absurdo pensar que divididos venceríamos –murmuró la elfa para sí.

\"Las espadas chocaron y los cantos de guerra resonaron en el viento, las flechas nurnitas, tan negras como la noche, cubrieron el cielo y cayeron cual mortal lluvia sobre el enemigo, los orcos avanzaban destruyendo todo a su paso, desgarrando miembros, despedazando cráneos y rebanando cabezas; tras ellos los descomunales trolls blandían sus mazos destrozando o lanzando lejos a los pocos adversarios que osaban acercarse a ellos. Pero entre aquellos seres sobresalía uno más intimidante, oscuro y poderoso que cualquiera; Los ojos verdes, fríos y mortales, el cabello rubio y las negras vestiduras; Andir embestía contra las huestes de Losselen Tirion esgrimiendo su espada con destreza, ni un asomo de piedad había en él, ni tampoco de temor o duda, solo orgullo y venganza parecían alimentar su poder\"

El dolor aumentaba, la sangre de su herida brotaba sin cesar bajo sus blancos dedos y se deslizaba tibia y suave hasta alcanzar el suelo, formando tras los pasos de la elfa un sendero rojo carmesí.

\"Los ents arremetieron, gran cantidad de orcos sucumbieron bajo sus enormes pies o fueron barridos por sus largos y fuertes brazos, otros soldados nurnitas perecieron aplastados por las enormes rocas lanzadas por aquellas criaturas. Allase intentó reordenar su facción pero los tasarines confortados por la aparente debilidad de Nurn, acometieron con renovadas fuerzas contra la elfa y sus hombres. Poco faltó para ver a la imperturbable Allase bajo el poder del enemigo, pero su fiel loba y su increíble agilidad impidieron a sus oponentes apagar el brillo siniestro que sus verdes pupilas despedían por doquier, dejando en cambio un rastro de muerte bajo el filo de Gebrinda\"

\"Lómine cayó de su montura, una roca lanzada por un ent cayó cerca de Nuhuinenna haciéndole encabritar y lanzando a su jinete a tierra. Se levantó y empuñó con más fuerza su espada. Eran Elfos, algunos rubios otros de cabello oscuro... igual al suyo, de ojos claros y negros y grises... similares a los suyos; ¡Cómo los odiaba! Su voz se hizo grito y a ella respondió su mesnada avanzando furiosa sobre las fuerzas del Concilio. Blandiendo a Nwalmë rompió las filas de su adversario, los orcos y hombres bajo su mando arremetieron sin piedad contra el grupo de elfos. La suerte parecía sonreírles\"

En medio del campamento se hallaba Andir y unos pasos tras él se encontraba Allase; ambos tenían sus miradas perdidas en el horizonte, tal vez recordando como ella lo ocurrido horas atrás, o tal vez planeando las represarias que tarde o temprano habrían de tomar.

\"La suerte los abandonó, el enemigo ganó terreno, las distancias entre facción y facción aumentaron, la desesperación nubló su razón y olvidaron como luchar... y se hicieron presa fácil para las huestes tasaritas... fue así como perdieron la batalla\"

-Perdimos la batalla –pronunció Lómine al acercarse a los dos oscuros Señores.

-Si –respondió Andir –pero a ellos les espera nuestra venganza.

Gaur

Resumen de la batalla

C2 Concilio:

Armadas perdidas 34x35=1190 puntos.

Recuperables: 793

Valoraciones: 9+9+8+9+9=8,80

Recupera: 698 puntos.

Pierde: 492 puntos.

C2 Nurn:

Armadas perdidas 36x35=1260 puntos.

Recuperables: 420

Valoraciones: 7+8+7+7+7=7,20

Recupera: 302

Pierde: 958 puntos a los que hay que sumar los 70 puntos de penalizacion por la publicacion tardia de su historia. Total perdida 1028 puntos.

Concilio recibe 300 monedas por la batalla ganada.

Nurn recibe 100 monedas de Concilio al abandonar estos la batalla.

Compañias actualizadas y listas!