La Guerra de los Clanes

Batalla De La C4 De La Alianza Vs La C3 De Tercano

Terminada
Escrito el 28-03-2005 08:32 #1

Fin Guerra: Tercano Nuruva se retira del Combate

Armadas perdidas por \"Alianza de Eithel-Glîn\" = 18

Armadas perdidas por \"Tercano Nuruva\" = 32

Escrito el 29-03-2005 16:14 #2

El bardo aún escribía la canción para los funerales del rey cuando tocaron a la puerta. Un poco enojado por ser interrumpido, se levantó y se dirigió a la entrada; al abrir se encontró con un jinete encapuchado que le tendió una carta, el bardo, confundido, la tomó entre sus manos mientras que el jinete subía de nuevo al caballo y comenzaba a galopar en dirección a la tierras de Tercano. El hombre sonrió y entendió, por fin, la premura de aquella carta al ver lo escrito en ella. Entró en la casa, se sentó en su escritorio y comenzó a leer:

\"Aiya mi querido amigo.

He hecho lo que me has pedido, vi la batalla de cerca sin actuar en ella, te encantará saber que ha habido un saqueo, pero no te adelantaré las cosas, empezaré por el principio:

No hacía mucho que el ejército de Eithel Glîn, había luchado con las fuerzas de Tercano, aún así, los soldados mantenían un espíritu fuerte y esperanzado en volver ha encontrarse con el enemigo. Fue entonces que Malenril, el capitán, me envió a explorar las tierras para averiguar el rumbo que tomaría el bando capitaneado por la elfa Naevian. No debes preocuparte mi querido bardo, regresé sana y salva; lo que había visto me entusiasmó, así que se lo comuniqué a los capitanes que se encontraban en espera del plan a seguir.

Comencé a hablar acerca de lo que hacía el bando contrario:

- Señores, las fuerzas enemigas se han replegado en este lugar- señalé uno de los punto en el mapa que se encontraba abierto sobre la mesa.- No se percataron de mi presencia, pues la prisa les acuciaba el espíritu.

- Esa es la ciudad de Azandûm- habló Nyárel.- Es una gran fortaleza de difícil acceso y bien protegida.

- Aún en esa situación acudiremos a su encuentro, pues no esperarán un ataque en esas condiciones, y una oportunidad como esta no podemos desaprovecharla- concluyó Malenril.

Fue así que emprendimos el viaje; pero pronto los ánimos comenzaron a desfallecer, pues el terreno era agreste, y los ents avanzaban demasiado lento, además de que el ascenso a la ciudad era muy difícil, pero lo era más aún debido a una niebla que comenzaba a levantarse en la altura.

Por fin alcance a divisar la entrada a la fortaleza y comprobé que su asalto sería casi imposible, pues para poder entrar se necesitaba pasar por un puente levadizo. Los arietes no podían trasladarse hasta allí, pues el camino lo impedía.

En un primer momento se concibió la idea de que la fuerza de los ents sería suficiente para derribar cualquier muro o puerta. Fue entonces cuando caímos en la cuenta de que los ents eran demasiado grandes para llegar hasta allí y pasar desapercibidos.

Entonces, una idea fugaz cruzó la mente del capitán, aunque llevarla a cabo dependía, en gran parte, del destino, y de la oportunidad de estar en el momento preciso. Los soldados se escondieron, y se ordenó que los ents esperasen a una distancia cercana, aunque fuera del alcance de la visión que se tendría desde los muros.

La tensión rondaba en el ambiente, ante un plan descabellado, del que no se tendría ni la mas mínima seguridad de su ejecución.

Pero en esta ocasión la fortuna hizo acto de presencia, y el puente comenzó a bajar lentamente. Era esa la base de la idea, pues nadie de la ciudad sospechaba que sus movimientos habían sido controlados y se conocía su ubicación. Sus gentes seguían con la marcha de su vida cotidiana, sin prever ningún problema, y las guardias no eran respetadas. Fue entonces cuando al abrirse la puerta, un grupo de soldados enanos salió de la ciudad, posiblemente a investigar el terreno o para cazar, pues aunque contaban con alimento en el interior suficiente para mantenerse, el ánimo de aventura les había ganado y necesitaban mantener ocupados sus deseos de batalla en cualquier pequeña actividad por mínimo que fuera el riesgo.

Esto había sentenciado la situación, porque el ejército, oculto en la densa niebla, surgió como un relámpago de su escondite y se abalanzó con premura sobre las puertas de la ciudad ante la impotencia de aquel grupo de enanos que comprendió enseguida la complicación de su actual situación, e intentaron alarmar al interior de la ciudad. Pero aunque sus gritos hubiesen llegado a su destino, se confundirían con el clamor de los soldados de la Alianza que avanzaban raudos hacia las puertas, pues eran el primer objetivo.

Ya sé lo que estás pensando, que seguramente yo iba con el ejército, mas te equivocas, como te dije antes no actué en la batalla, mi caballo y yo nos quedamos detrás, observando en la distancia.

Ahora que he roto tus sospechas continuaré:

Debían entrar y evitar que las puertas se pudieran cerrar antes de su entrada, pero la velocidad se impuso y antes de que el portón comenzara a cerrarse, numerosos soldados ya avanzaban por su interior en busca del mecanismo que abriese las puertas, y permitiese la entrada del resto de la compañía.

El viento soplaba del norte con una intensidad tal que podía helar la sangre, y el estruendo de su furia se mezclaba con las voces de los primeros en caer tras la embestida inicial. Su ataque les había sorprendido y no estaban preparados para enfrentarse a un enemigo que irrumpía con violencia en una tierra que ellos creían segura. Las primeras voces de alarma despertaron entonces del letargo a los soldados que comenzaron a prepararse para la batalla en la que ya habían sufrido grandes bajas. Fue entonces cuando la gran puerta de piedra rompió con un quejido su descanso y comenzó a abrirse lentamente, mientras que de su interior, los guerreros Tercanos, se disponían para una batalla que en su momento intentaron rehuir.

Alcancé a ver entonces que las fuerzas de Tercano ya se preparaban en el interior abandonando el refugio que le prestaba la ciudad enana. Pero antes de que pudiesen prepararse para la defensa de sus territorios, una marea de flechas avanzó hacia ellos. Tal era la fuerza con la que las saetas eran impulsadas que ni el furioso viento del norte era capaz de detenerlas antes de llegar a sus certeros objetivos. El caos se había apoderado de los sorprendidos defensores, que no acertaban a prepararse, al menos para su defensa, y ante esa situación, sus capitanes ordenaron cubrirse del ataque tras las edificaciones cercanas. Debían reagruparse, mas no lo lograron por la confusión que ya reinaba en sus mentes.

Vi entonces que era el momento de entrar y ver lo que pasaba, pues poco podía observar desde mi posición. Al entrar vi que los capitanes ordenaron refugiarse, tal como lo habían hecho sus adversarios, en busca de defensa ante la inminente defensiva que se prepararía. Pero en esta espera, poco se podía hacer, pues las flechas resultaban ahora inútiles ante la defensa de graneros y otras edificaciones. Y el silencio se apoderó de la ciudad. Los capitanes comenzaron a hablar y no supe bien lo que dijeron, pero cuando todo estuvo dispuesto, el ejército se movilizó otra vez, raudo, y con esperanzas de triunfo.

El ataque directo comenzó aprovechando las ventajas del clima, que anteriormente provocaban grandes problemas en su avance. Los pasos silenciosos de los elfos, junto con los hombres, pues el viento dificultaba percibir los sonidos, permitieron que estos se situaran en una posición más cercana al enemigo, si bien era arriesgada, en cuanto a la indefensión en la que se sumían. La niebla cubría de los ojos vigilantes su avance y llegaron por fin hasta su refugio improvisado por la fachada del gran granero que se interponía entre su enemigo. Volvimos a esperar, pues pronto la rabia y la frustración harían mella en los soldados y en sus capitanes que ordenarían la reconquista de su feudo. La espera se hacia interminable, hasta que los gritos se impusieron en el campo de batalla y la compañía tercana avanzó frente al invasor. Pero este fue el segundo de sus errores, pues tras su avance se encontraba el ejército rival, que los rodeó con la ayuda de los ents, que avanzaron sobre el sorprendido enemigo. Las flechas volvieron a surcar el aire en busca de su objetivo antes de que las armas ocuparan el lugar principal en la batalla. Te preguntaras qué hice yo; pues bien, me alejé de la batalla y me resguardé en un pequeño refugio donde podía ver todo perfectamente, por supuesto, y aunque te enojes, tuve que enfrentarme a algunos orcos...\"

El bardo hizo una pausa y comenzó a reír, se imaginó por un momento a su amiga metida en aquel resquicio observando, impasible, el desarrollo de la contienda.

Prosiguió:

\"El filo de las espadas se bañó en sangre, y mostraban, ahora, todo su poder, bien fuera en los choques que se producían al contacto con otro metal, bien en el contacto contra otro cuerpo antes de que este se desplomase en el suelo sin vida. En el momento en que se producía una baja, la mirada dejaba su objetivo, y buscaba, rauda, a otros ojos con los que pronto se batiría, ya fuese para encontrar allí su fin, o proseguir al encuentro del siguiente.

La batalla era encarnizada, y grandes bajas se producían en ambos bandos. Nyárel, que se había encargado hasta entonces de comandar las filas de arqueros, procedía ahora al entrecruzar de espadas, donde con la agilidad propia de su raza se desenvolvía con fiereza y coraje en una batalla decisiva para ambos ejércitos. Mientras, Malenril había dado la orden de atacar cuando el enemigo estaba ya sobre ellos, y pasó a defender sus posiciones frente a un enemigo que empezaba a vislumbrar todo el poder y fuerza que demostraban sus rivales. La lucha era difícil, pues junto con los ataques, había que prestar atención a la marcha de los ents, que aplastaban en su avance cuanto se interponía a sus pasos, pues se les atacaba fuego y en esa lucha era difícil discernir aliados de enemigos, y más aún cuando la niebla seguía presente en aquel campo de batalla improvisado en el que se había convertido aquella ciudad.

Entonces pasó lo que todos nosotros deseábamos, un cuerno sonó anunciando la retirada del ejército, al principio pensé que se trataba del nuestro, pero sorprendida me di cuenta que eran la fuerzas de Tercano las que se retiraban vencidas, tratando de llevarse a los heridos de la batalla; salí de mi escondite y fui al encuentro de los capitanes que festejaban ahora el saqueo de la ciudad Tercana, Malenril vino a mi encuentro, y recuerdo que me preguntó donde me había metido, tuve que mentirle, pues no quería que pensara que era una cobarde. Después pedí permiso para escribirte esta carta informándote de lo sucedido, y aquí la tienes...\"

El hombre interrumpió su lectura de nuevo, pues alguien, haciendo un gran estruendo, había entrado a la casa, no era otro que su sobrino Thalo que ya lo venía a buscar para pedirle algo.

- Tío tío, pregúntame a quien encontré. - le dijo el niño parándose frente a él.

- ¿ A quién encontraste?- le dijo divertido.

- A unos amigos. Ven, vamos con ellos para que nos cuentes una de esa historias de guerreros que tanto nos gustan.- el niño comenzó a jalar a su tío que se levantó de la silla.

- Esta bien, justo ahora tengo una que os va a gustar mucho.

Dicho esto el bardo y el pequeño salieron de la casa. Mientras, este aprovechó para leer el último, y corto párrafo del pergamino:

\"En fin, ha podido más el orgullo que la razón, y donde las dan, las toman. Pero a pesar de todo, la venganza no ilumina ningún sendero...\"

Volveremos a vernos, amigo.

Un abrazo.

Liliel

[Editado por javtrey el 29-03-2005 16:16]

Escrito el 30-03-2005 23:01 #3

- Sangre….? Sí, aquel líquido viscoso que manaba de los pensamientos cruentos, si… el mismo que percibí cayendo sobre mi rostro, empapando mis manos… Repulsivo, ¡bah!, cuando la costumbre de oír el sonido del filo de las espadas surcando el aire te haga confundirlo con el batir de las alas de una abeja, entonces no te parecerá así, será una satisfacción rociarlo, y saber que tu puño se mantuvo firme….-se interrumpió en sus propios pensamientos y murmuró inconscientemente:

-Se acercan.

Aquellas palabras pesaban aún en el ambiente, pero cautivo en su mazmorra y en aquel estado de éxtasis en el que se encontraba, sólo podía pensar en que aquello era una fullería más de su ya afectada mente. Estaba ahí por voluntad propia, pensaba que los solo las rejas auto impuestas podrían ayudarlo, la fiebre de la guerra ya lo había corrompido y deseaba estar en paz, el permiso le fue concedido en un intento de calmar sus ansias de matar, pero después de la batalla que libraría, desearía jamás haberlo pedido. Este personaje de vital importancia, estratega y organizador de la defensa de la ciudad, lamentará cada herida infligida, cada cadáver antes de su propio fin.

El traqueteo de las carretas transportando herramientas fuera de la fortaleza, era un zumbido permanente que se apreciaba desde hace un par de días en Azandûm, de los enanos; Osto Naugrim para los elfos.

El constante devenir mantenía las puertas abiertas la mayor parte del tiempo, pero por precaución se cerraban cuando la penumbra extendía sus dominios ahogando los vestigios de claror en el horizonte.

En las torretas, Naevian y el resto de los miembros de la compañía esperaba que se disipara la niebla que cubría el bajo.

No les gustaba el incierto clima de éste sector de Tercano, pues ya acostumbrados a la brisa marina y los vientos cálidos que soplaban en Annêar, la hostilidad de las montañas y más aún en la proximidad de las grutas excavadas profundo en la roca de Azandûm, hastiaban rápidamente incluso al más paciente de ellos.

¿Miraban?, Sin ver realmente, la atención centrada en algún punto indefinido dentro de la monótona niebla.

Naevian observaba el puente, divertida con la diversidad de gentes que por ahí transitaban, mas mientras se entretenía en aquello, un grupo de enanos que salía con premura de las estancias de Azandûm hizo que abriesen los portales de la ciudad escondida, seguramente llevados por su avaricia y en busca de alguna nueva veta en las montañas, hecho que llamó poderosamente la atención de la joven mujer.

Fueron solo un par de minutos, quizá o un poco más, bastó para que los asesinos de la Alianza, se colaran entre los muros de la inexpugnable Azandûm con una habilidad que las gentes de Tercano alabarían desde el mutismo de la derrota, pero después quizá cuando el daño pesara menos.

Naevian y Arian se separaron, y corrieron en direcciones opuestas una vez que la primera alertó a la tropa de la maniobra enemiga, mientras Aranur y Sulankalië partían en dirección a las armerías.

No los verían hasta mucho después, cuando lo crítico de la situación hiciese confluir nuevamente sus destinos en una misma senda de resignación.

El tiempo parecía ir en contra de los estratagemas hechos y derechos, sin márgenes de error, y los de la Alianza de Eithel-Glin no iban dispuestos a esperar precisamente; las dos jóvenes agruparon a sus soldados lo mejor que pudieron dispuestas a defender la ciudad.

Una tímida emoción coloreaba sus mejillas antes pálidas, pues secretamente agradecían la oportunidad de romper con la trivialidad que ofrecía aquel sitio de piedras sobre piedras.

Y a pesar de los nervios que parecen augurar el cataclismo, estuvieron dispuestas a avanzar. Ahora bien, no habían dado ni dos pasos, las flechas arreciaron cual cántaros sobre ellos y las dos personas que se hallaban a un costado de Arian se desplomaron mortalmente heridas.

-¡Mantened las filas!- vociferaba Naevian.

-¡Mantened las filas!- repetía Arian.

Los arqueros se ubicaron al final del grupo, y adelante un tropel de hábiles espadachines se preparaba para cargar contra los invasores, mientras los enanos blandían sus hachas diestramente dispuestos a trizar hasta el más grueso de los cráneos oponentes.

La batalla progresaba, y los ‘aliados’ parecían hacer corrompido la rectitud de la voluntad de Eru pues el balance de los caídos era peligrosamente superior en filas tercanas.

La posición sorpresiva en la que fueron atacados los dejó incómodos, y era dificultoso avanzar hasta las puertas con aquel aluvión constante de flechas.

No había salida, y recurrieron a la escoria, que usaban a desganas en situaciones extremas; convocaron a los orcos, que sin saber otra cosa, salieron destruyendo todo a su paso.

Arian y Naevian temían que los atacaran y se rebelasen, y dentro de la confusión, caían al piso muertos y heridos.

No podían seguir así, había que preparar la retirada y abandonar la ciudad muy a pesar de todos, pues de continuar empedernidos en lograr la victoria, tan solo lograrían que la masacre se colara en sus tropas cual peste infecta la mies.

Aranur apareció por un momento ante los ojos de las muchachas poco antes que el sonido potente de un cuerno surcara el aire, anunciando la retirada.

No le sonsacaron más que una rápida mirada de soslayo. Había sido herido en un costado y sus bellos rasgos se tornaron rápidamente violáceos.

Cortaron hacia el sur, apesadumbrados y humillados por la manera en la que eran despojados de su propio territorio…

En el interior de la fortaleza, aún en terreno no conquistado por el enemigo, solo en su celda, oía los gritos desgarradores, el sonido del entrechocar de metales, el eco sordo de los cuerpos al caer, impotente, le ardían las manos, deseaba luchar, se lamentaba …

-Las escalas..., alguien baja por ellas, será mi fin, o solo estaré sufriendo por una pesadilla, ¿otra vez?, no creo...Pero el fin está cerca, demasiado cerca, y no hay nada que pueda hacer, caeré bajo el acero enemigo, como antes también ellos bajo mi desenfreno.

No acababa de murmurar esas palabras cuando un arco se tensó, y lo último que contempló fue aquella flecha empenachada cruzando el aire y dándole en el pecho.

[Editado por Arimiliel el 31-03-2005 03:53]

Escrito el 04-04-2005 20:47 #4

Alianza, ha perdido 18 armadasx35= 630 puntos.

Recuperables: 420 puntos.

Valoraciones: 7+8+8+9+8+8=8

Recupera: 336 puntos.

Pierde: 294 puntos.

Tercano, ha perdido 32 armadasx35= 1120 puntos.

Recuperables: 373 puntos.

Valoraciones: 7+9+9+8+7+8=8

Recupera: 299 puntos.

Pierde: 821 puntos.

Alianza recibe 300 monedas por batalla ganada.

Tercano cede 100 monedas a Alianza por abandonar la batalla.

Alianza percibe 200 monedas en concepto del saqueo de la ciudad.

Historia finalizada.