Liantiel
La batalla había terminado. Nuestros corazones dolidos y abatidos por la derrota volvían silenciosos al campamento.
Llego la noche y alrededor de los fuegos surgían canciones, cantos y leyendas telpenianos de los más veteranos. Aunque no había felicidad en los rostros de nadie, todos se reconfortaban con la comida, el vino y la música; las huestes del ejército de las águilas disfrutaban de una necesaria cena esa noche, pero no todos participaban del banquete. Alguien en el campamento sentía intranquilidad. En lo alto de la colina, una sombra andaba agitadamente de un lado para otro de la tienda.
Hacia poco que el capitán Hour había recibido ordenes de incorporarse a la Compañía de las Águilas. Su primer encuentro con la Señora le había desconcertado. Había algo en ella que le inquietaba y a la vez le atraía.
-¿Desearíais acompañarme esta noche en la cena?.-Le había preguntado esa mañana.
Ella le miro a los ojos pero no dijo nada. Ahora el capitán esperaba impaciente a la Señora.
***
Y mientras el elfo daba vueltas infatigable, la dama a la que esperaba se hallaba en su tienda, no sólo triste y herida, sino impaciente. Luego de haber sido rescatada y llevada ante los curadores del ejército, el capitán Noldo se acercó a ella y la invitó a cenar con él en privado. Ella no respondió nada, se limitó a mirarlo enmudecida.
- ¿Por qué no le respondiste nada?. –Se preguntó a sí misma en voz alta.
- No lo sé ¿Qué podía contestarle?. –Se respondió también en voz alta enfrascándose en un monólogo de reproches.
- Pudiste negarte, con amabilidad claro.
- Sí, debí hacerlo.
Se hizo un silencio. Ella seguía caminando por toda la tienda.
- Pero no lo hice. –Dijo al fin- Y ahora él debe estar esperando.
- ¿Y no irás cierto?
- No. No iré. No me siento bien y además… no puedo presentarme en su tienda, aunque sea un capitán…
- ¡Claro!. –Se dijo casi en un grito, como si esa fuera la solución tan buscada.
Medio minuto más tarde, como si hubiera cambiado de opinión, se puso la capa y salió de la tienda. Caminando tan rápido como pudo fue a encontrarse con Glaurung. Sus heridas también eras serias, pero el Dragón se hallaba con buen ánimo, cercano a las tropas.
- ¿Has recibido la noticia?. –Le preguntó ella.
Glaurung la miró, silencioso.
- Hwesta ha vuelto. Se encuentra en el bosque, de regreso en Harma i Nóm. Creo que deberíamos volver Glaurung, no tiene caso que nos quedemos. –El Dragón asintió mientras Liantiel seguía hablando. –No hay nada más que podamos hacer aquí.
- Volvamos a buscar refuerzos. Nos encontraremos con Hwesta tan pronto como sea posible. –Dijo él.
- Bien. Debo irme. –Repuso la Señora con rapidez.
- ¿Cómo? ¿No te quedarás? No he visto a nuestro capitán elfo y sin tu presencia nuestro ejército no disfrutará igual.
- No necesitan animarse Glaurung. –Dijo ella casi con enfado- Mucha suerte tienen de estar vivos.
Y tras esas chocantes palabras echó a andar de nuevo, y una vez más, tan apresuradamente como su estado físico le permitía.
“No voy a dejar a un capitán de mi propio ejército esperando, aunque me sea desconocido. No cometeré tal descortesía”. –Pensó mientras caminaba y una voz dentro de ella le dijo desafiante “¿Estás segura de lo que estás haciendo?”. –Pero ella la ignoró y sin titubear llegó hasta la tienda de Hour.
Se acercó y los guardias del elfo se hicieron a un lado para abrirle el paso. Ella se detuvo, como si dudara. El cielo era claro y estaba iluminado por las estrellas y la luna, lo mismo que por algunas antorchas. Dentro de la tienda una sombra paseaba con insistencia hacia un lado y otro.
La joven mujer miró a uno de los guardias durante unos instantes y después le pidió que la anunciara ante Hour.
- Pero Señora, usted… -Tartamudeo nervioso el guardia elfo, pero la dama le insistió.
Por supuesto que no necesitaba ser anunciada. Ella era una capitana del ejército tanto como Hour, y desde antes de que él siquiera se iniciara en la Orden. ¿Por qué entonces pidió ser anunciada? No lo sabía. Los últimos tiempos habían sido de grandes desconciertos.
Como haya sido, pidió que se informara al capitán de dorados cabellos que ella estaba ahí.
Había ido a encontrase con él y lo que sucedería a partir de ese instante no lo sabía. Ella al menos, no tenía un plan para esa noche.
Huor Calafalas
El soldado titubeó. Se armó de valor y entró en la tienda. Hour paró en seco y miró hacia la apertura.
-Káno, i Heri nasiome.- Dijo el soldado ante el impaciente noldo
-Kere auta.- Respondió
El soldado volvió a salir de la tienda. Con una señal invitó a Liantel a pasar.
Y allí en la penumbra de los candiles se encontraron por primera vez fuera de la batalla.
-Me alegra que halláis aceptado mi invitación. Por favor sentaos.- Dijo el elfo mientras se dirigía a una silla y la separaba de la mesa.
Ella se acercó y sin mediar palabra se sentó. Él, en ese momento, pudo inspirar su fragancia “magnolia y lavando” pensó.
Cuando ya se hallaba ella acomodada él se sentó a la mesa. Era una mesa pequeña cuadrada de madera de cedro bien pulido y adornado con símbolos.
La miró a los ojos y durante unos segundos, que parecieron edades, se perdió. Nunca se había encontrado en tal situación, sabía que era de malos modales mantener la mirada fija en ella, pero no podía apartarla. “Vamos Hour muchas vidas de hombres has pasado como para que ahora te comportes como un niño” se dijo a sí mismo. Pero la Señora reaccionó antes.
-¿Capitán Hour, me habéis invitado a cenar o solo pensáis mirarme? -Respondió ella apartando la vista.
-Disculpadme. Ha sido muy descortés por mi parte.- Dijo él volviendo en sí. Acto seguido dio una palmada. Enseguida comenzarían a traer la comida.- Por cierto, capitana –dijo elocuentemente- estáis bellísima esta noche.
Mornaew
Mientras cenaban un hombre irrumpió en la tienda. Tras la alarma de la joven y del elfo se identificó rápidamente como un escolta de la parte más externa de campamento.
Alguien había ido en busca de Liantiel. La dama se puso de pie y miró concienzudamente al hombre. Él se acercó hasta ella y al oído le dijo unas palabras.
La mujer se colocó la capa que antes se había quitado y miró a Hour largamente. No pudo decir palabra, iba a romper a llorar. El hombre la apresuró, Liantiel tomó la mano del elfo entre las suyas y después selló su despedida con un suave pero fugaz beso en los labios.
Sombría era la vida para ella, pero lo que aquél escolta le había comunicado no podía esperar. Se pondría en marcha en ese mismo momento.
Ella no había apartado la vista de aquél capitán de dorados cabellos, y el hombre tuvo que acercarse, casi tímido, y tomar a la Señora por el brazo y sacarla de ahí, entre llanto y dolor.
El ejército de las Águilas volvía a casa, pero su capitana no. Así quedaba cerrada su historia en esa Orden, ya que los eventos que la alejaron de ahí, la hicieron permanecer lejos de su casa y de sus hermanos más tiempo del que pudo haber contado.
.·.·.Liantiel.·.·.
Huor Calafalas
El elfo noldor no supo que decir. La dama había desaparecido de su vida de igual manera de la que había entrado. Pasaron unos minutos hasta que volvió en si. Levantándose de un golpe salió fuera de la tienda como una exhalación, sorprendiendo a sus guardias.
-Señor....-llego a balbucear uno sorprendió por la salida repentina del capitán.
Hour no escucho nada, necesitaba respuestas. Quería saber que demonios sucedía. Y creía saber quien tenia las respuestas. Se dirigió a donde descansaba Ouroborus.
-Oh¡ Nuestro nuevo capitán. ¿Qué le sucede, que con tanta prisa viene?.- pregunto el gran dragón.
-Necesito respuestas, ¿qué demonios sucede?.- pregunto el elfo clavando sus ojos en aquellas grandes pupilas.
-Son cosas que escapan a nuestro control a las que debemos adaptarnos y mirar hacia delante.- respondió el dragón dando por zanjada la discusión.
El capitán entendió las palabras del dragón y volvió a su tienda. Debía descansar pues pronto llegarían nuevas ordenas desde la capital y había que cumplirlas. Pues la lealtad al clan se sobrepondría a tan amargos sentimientos.
Huor Calafalas
Hour no pudo dormir esa noche, ni las siguientes en varios días. Siempre tenia el mismo sueño.
A la señora despidiéndose de el. Besándole. Y desapareciendo se su vida. Sentía como si le hubieran arrancado parte de su alma
No podía aguantar mas y una noche al levantarse sobresaltado lo vio claro. No había tierra, lealtad o juramento que no le hiciera partir.
SE levanto y cogió sus cosas. <<Natmoico, ven a mi tienda, nos vamos>> pensó, sabiendo que su mascota respondería enseguida.
No aviso a nadie, ya notarían su ausencia. <<No creo que les tome desprevenidos, sabrán que he ido tras ella>>.
Hour salió de la tienda y vio a sus soldados medio dormidos. Y sonrió
-Despertar.- los soldados se levantaron sobresaltados.- No, no pasa nada.
-Señor, pero...-.balbuceo un soldado
-Señores, guerrero, amigos. Nuestros caminos se separan aquí. Sois libres de hacer lo que queráis, pero a todo aquel que quiera escucharme le pido que se quede, ayudar al Telpe, conseguir victorias para ellos para que recobre su gloria de antaño.
Nadie dijo nada, pues su capitán era sabio y sus palabras estaban llenas de esperanza.
Hour se puso su capucha y se fui para no volver.