-No mi señora, vine en el último barco comercial Telpita.
-Bien conseguiremos montura para vos. Como buen elfo me imagino que sabréis montar a caballo.-Digo la elfa con tono sarcástico.-Puede que a mis hombres y elfas engañarais por que estaban borrachos pero se reconocer a alguien de mi especie cuando le veo.
Subieron unas cuantas calles y pasaron 4 manzanas de edificios hasta llegar casi a las afueras de la ciudad.
La elfa entro en una herrería y en menos de 5 minutos salio con dos esplendidos caballos, miro al recién llegado y le digo.
-Bien aquí tenéis el vuestro es algo salvaje pero fácil de montar. Al mió le tuvieron que poner herraduras nuevas…cosas de los caballos de la zona.
Ambos montaron en sus respectivas monturas y se dirigieron hacia Ciudad Dragón.
A su llegada a la entrada de la biblioteca, Hour y Ântleintzar tropiezan con la airada Elorah que salía a toda prisa y enfurruñada de la biblioteca, en el choque Ântleintzar se cae encima de Hour.
-Niña vigila por donde vas, que casi nos tiras al suelo, al caballero y a mi.
Al llegar al final de las escaleras, Elorah se gira a ambos y inclinando la cabeza en señal de pedir disculpas y disponiéndose a seguir su camino.
-Estos niños humanos son unos indisciplinados y bastante maleducados. Digo Hour con mirando con desaprobación a la niña.
-No todos caballero son así, no todos, y seguro que Elorah tiene una razón para haber salido así de aquí.-Dijo la elfa con una sonrisa e inclinando la cabeza a su pequeña amiga.-Por cierto aseguraos que lo lleváis todo y que nada os ha sido substraído.
Ambos entraron en la gran recepción de la biblioteca, donde les esperaba Arawen en el gran mostrador de la sala principal. Las dos elfas se saludaron efusivamente.
-Al fin son nuestros han regresado al Valle los pergaminos del fundador. Dijo Arawen emocionada.
-Si querida camarada, al fin están en el lugar que les corresponden. Digo Ântleintzar orgullosa por haber cumplido con su deber como Maestra de bibliotecarios y escribas del Valle del ingenio.
Hour Calafalas se sentó es una gran silla que había enfrente de la gran mesa de la recepción, observando la escena sin ni siquiera descubrirse ante las damas elficas que tenia delante.
-¿Quién es el montaraz que os acompaña, camarada Ântleintzar? Reconozco que es de Telpe pero su atuendo no corresponde a su estatura. No me da confianza. –dijo Arawen a Ântleinzar en voz baja pretendiendo que el caballero no oyera su comentario.
-Efectivamente mi querida Arawen no es ningún montoraz, hasta donde se, es de raza elfica como nosotras y me temo que nos esta oyendo.-contesto la elfa con una sonrisa en los labios.
-Hour Calafalas es mi nombre; y si soy un elfo- digo el Telpita descubriéndose ante la sorpresa de ambas damas.-Y soy un Elfo noldor.
La cara de sorpresa de Arawen no tardo en tornarse pálida al ver quien era dicho elfo y rápidamente salió del mostrador de la recepción con la mano en su espada.
-Un noldor en mi nuestra biblioteca, estos es una aberración. ¿Ântleintzar como has podido viajar con ese infame, después de todo el mal que hicieron a los nuestros? Que diría tu familia si lo supieran….-En los ojos de Arawen había sed de venganza por todos los caídos en aquella guerra que los noldor ansiosos de poder habían provocado siglos atrás.
-¡Arawen, contrólate hermana, todo aquello paso y este noldor si esta en Telpe, es por que poco tiene que ver con aquellos que traicionaron a los Maiar tiempos atrás!-dijo con voz firme Ântleintzar poniéndole la mano sobre la mano que Arawen tenia puesta en su espada.-Olvídate todo aquello ahora y centrémonos en los pergaminos que tan amablemente nos ha traído este caballero Telpita.
-Esperad aquí Hour Calafalas. No tardaremos en volver.-Digo Ântleintzar observando al elfo atentamente. Y dándose cuenta que ella tampoco se había descubierto la cabeza ni tan siquiera en la posada cuando este se acerco a entregarle el paquete.
Ambas elfas se dirigieron hacia otra sala. Donde poder observar tranquilamente los pergaminos y compararlos con otros que se suponían del mismo origen, por fechas y autor de dichos escritos.
No pasaron ni dos horas cuando Ântleintzar regreso con una amplia sonrisa en el rostro se acerco al elfo noldor, que se había quedado transpuesto en aquella gran silla.
-Señor, caballero.-Dijo la elfa al acercarse a Hour Calafalas poniéndole una mano en los hombros para despertarle del trance.
-Debemos marchar el viaje ha sido duro y ardua la discusión de hace unas horas aquí mas aún. Os llevaré a lugar seguro a descansar, si me lo permitís, ya os avise que permanecierais en silencio, que las gentes de aquí eran algo susceptibles. Cubríos de nuevo el rostro si no queréis tener problemas en el Valle.-dijo Ântleinzar con voz seria.
Ambos elfos, volvieron a montar en sus caballos y la elfa haciendo de gala de la cortesía que había aprendido a con los habitantes de su nuevo hogar le guió a Hour Calafalas por las calles de Ciudad Dragón indicándole cada museo, y sitio de interés publico de la ciudad.
-¿A donde me lleváis mi señora?
-Os llevo a mi posada caballero. Allí podréis descansar, bañaros y comer todo lo que deseéis.
-En un par de días os entregare lo que Hwesta, vuestra bibliotecaria me pidió que la entregara. Aún no os los puedo dar ya que pese a mi cargo debo pedir permiso a mi Rey Yandros el numenoreano, y ahora anda ocupado en otros menesteres más urgentes que darme permiso para entregaros esos documentos.
A su llegada a la posada fueron recibidos por Nülk avisa un enano con cara de gran sabio e intimo amigo de la elfa.
-Nülk, que preparen una habitación para este caballero Telpita y que preparen la mía también hoy no iré a dormir mi casa.
-De acuerdo Ântleintzar, como digas. -Nülk le indico a Elfo como y donde debía rellenar la inscripción y le acompaño a su habitación. Mientras Ântleintzar se ponia a la orden de día junto con Atanavarde.
Tan solo 4 dias de vieje habian entre Ostarie y Ciudad Dragon...pero ambos elfos hicieron el viaje sin paradas y sin hablar y llegaron en un par de dias.
Tan solo al llegar a la gran puerta de la ciudad,Ântleintzar se diriguio al elfo Telpita.
-No habelis a no ser que yo os lo diga. Aqui las gentes son algo susceptibles, y pueden no entendre el motivo de vuestra visita.
El elfo asintio con la cabeza y ambos entraron en la ciudad. Driguiendose hacia la biblioteca.
A su llegada a la entrada de la biblioteca, Hour y Ântleintzar tropiezan con la airada Elorah que salía a toda prisa y enfurruñada de la biblioteca, en el choque Ântleintzar se cae encima de Hour.
-Niña vigila por donde vas, que casi nos tiras al suelo, al caballero y a mi.
Al llegar al final de las escaleras, Elorah se gira a ambos y inclinando la cabeza en señal de pedir disculpas y disponiéndose a seguir su camino.
-Estos niños humanos son unos indisciplinados y bastante maleducados. Digo Hour con mirando con desaprobación a la niña.
-No todos caballero son así, no todos, y seguro que Elorah tiene una razón para haber salido así de aquí.-Dijo la elfa con una sonrisa e inclinando la cabeza a su pequeña amiga.-Por cierto aseguraos que lo lleváis todo y que nada os ha sido substraído.
Ambos entraron en la gran recepción de la biblioteca, donde les esperaba Arawen en el gran mostrador de la sala principal. Las dos elfas se saludaron efusivamente.
-Al fin son nuestros han regresado al Valle los pergaminos del fundador. Dijo Arawen emocionada.
-Si querida camarada, al fin están en el lugar que les corresponden. Digo Ântleintzar orgullosa por haber cumplido con su deber como Maestra de bibliotecarios y escribas del Valle del ingenio.
Hour Calafalas se sentó es una gran silla que había enfrente de la gran mesa de la recepción, observando la escena sin ni siquiera descubrirse ante las damas elficas que tenia delante.
-¿Quién es el montaraz que os acompaña, camarada Ântleintzar? Reconozco que es de Telpe pero su atuendo no corresponde a su estatura. No me da confianza. –dijo Arawen a Ântleinzar en voz baja pretendiendo que el caballero no oyera su comentario.
-Efectivamente mi querida Arawen no es ningún montoraz, hasta donde se, es de raza elfica como nosotras y me temo que nos esta oyendo.-contesto la elfa con una sonrisa en los labios.
-Hour Calafalas es mi nombre; y si soy un elfo- digo el Telpita descubriéndose ante la sorpresa de ambas damas.-Y soy un Elfo noldor.
La cara de sorpresa de Arawen no tardo en tornarse pálida al ver quien era dicho elfo y rápidamente salió del mostrador de la recepción con la mano en su espada.
-Un noldor en mi nuestra biblioteca, estos es una aberración. ¿Ântleintzar como has podido viajar con ese infame, después de todo el mal que hicieron a los nuestros? Que diría tu familia si lo supieran….-En los ojos de Arawen había sed de venganza por todos los caídos en aquella guerra que los noldor ansiosos de poder habían provocado siglos atrás.
-¡Arawen, contrólate hermana, todo aquello paso y este noldor si esta en Telpe, es por que poco tiene que ver con aquellos que traicionaron a los Maiar tiempos atrás!-dijo con voz firme Ântleintzar poniéndole la mano sobre la mano que Arawen tenia puesta en su espada.-Olvídate todo aquello ahora y centrémonos en los pergaminos que tan amablemente nos ha traído este caballero Telpita.
-Esperad aquí Hour Calafalas. No tardaremos en volver.-Digo Ântleintzar observando al elfo atentamente. Y dándose cuenta que ella tampoco se había descubierto la cabeza ni tan siquiera en la posada cuando este se acerco a entregarle el paquete.
Ambas elfas se dirigieron hacia otra sala. Donde poder observar tranquilamente los pergaminos y compararlos con otros que se suponían del mismo origen, por fechas y autor de dichos escritos.
No pasaron ni dos horas cuando Ântleintzar regreso con una amplia sonrisa en el rostro se acerco al elfo noldor, que se había quedado transpuesto en aquella gran silla.
-Señor, caballero.-Dijo la elfa al acercarse a Hour Calafalas poniéndole una mano en los hombros para despertarle del trance.
-Debemos marchar el viaje ha sido duro y ardua la discusión de hace unas horas aquí mas aún. Os llevaré a lugar seguro a descansar, si me lo permitís, ya os avise que permanecierais en silencio, que las gentes de aquí eran algo susceptibles. Cubríos de nuevo el rostro si no queréis tener problemas en el Valle.-dijo Ântleinzar con voz seria.
Ambos elfos, volvieron a montar en sus caballos y la elfa haciendo de gala de la cortesía que había aprendido a con los habitantes de su nuevo hogar le guió a Hour Calafalas por las calles de Ciudad Dragón indicándole cada museo, y sitio de interés publico de la ciudad.
-¿A donde me lleváis mi señora?
-Os llevo a mi posada caballero. Allí podréis descansar, bañaros y comer todo lo que deseéis.
-En un par de días os entregare lo que Hwesta, vuestra bibliotecaria me pidió que la entregara. Aún no os los puedo dar ya que pese a mi cargo debo pedir permiso a mi Rey Yandros el numenoreano, y ahora anda ocupado en otros menesteres más urgentes que darme permiso para entregaros esos documentos.
A su llegada a la posada fueron recibidos por Nülk avisa un enano con cara de gran sabio e intimo amigo de la elfa.
-Nülk, que preparen una habitación para este caballero Telpita y que preparen la mía también hoy no iré a dormir mi casa.
-De acuerdo Ântleintzar, como digas. -Nülk le indico a Elfo como y donde debía rellenar la inscripción y le acompaño a su habitación. Mientras Ântleintzar se ponia a la orden de día junto con Atanavarde.
[Editado por NessaAislin el 14-04-2005 03:55]