Cuenta una leyenda, que muy al norte de estas tierras surgió una criatura tan sagrada que fue enviada por el mismo Eru para que guardara uno de los dones mas preciados, que había creado para los que alguna vez fueran a habitar Arda...
De su nombre poco se sabe, algunos lo llaman Elemmírë, otros Fanyafánë... Aunque solo uno lo ha visto y lo ha tratado, su historia y su vida, se ha plasmado en cuentos, canciones y poemas, pero ya nadie esta seguro de si alguna vez existió...
Tenía la apariencia de un gran caballo, blanco como la nieve que cae en el invierno, pero con una mirada tan cálida que él mas duro glaciar se derretiría a sus pies si así él lo quisiese, poseía también unas alas con tal envergadura, que su vuelo se sentía en los lugares más lejanos, pues con un solo batir de sus alas podía arrancar la mas firme montaña de las mismas entrañas de la tierra...
Dicen que Melkor, cuando aun la tierra era joven y los primeros nacidos solo vivían en el pensamiento de Iluvatar, buscaba una tierra para destrozar y gozar al hacerlo, pues su odio y la envidia por las creaciones de sus semejantes estaba ahora creciendo y toda cosa nueva y hermosa la corrompía con solo mirarla. Fue entonces cuando vio una hermosa y verde colina en medio de un lago azul, donde las aguas reposaban y daban esplendor a toda la tierra que las rodeaba, y envidió a Manwë y a los demás, pues ellos eran quienes lo habían hecho, y entonces tocó la verde colina que allí se alzaba y entono un canto oscuro, discordante y lleno de furia, ya que pretendía dañar lo que allí se había hecho...
De pronto, la tierra a sus pies comenzó a temblar y sus extremidades se hundieron, pues la hermosa colina se estaba quebrando; se estaba hundiendo mientras emanaba sangre por todas sus grietas y Melkor se vio sumergido bajo un mar de sangre en el cual se sintió encarcelado, encadenado por no poder salir... Entonces toda la sangre que lo rodeaba se retiró como si tuviera vida propia, se amontonó como una bola de fuego, un fuego brillante que lo segaba mientras permanecía inmóvil y al momento que abrió de nuevo sus ojos, alcanzo a ver una silueta, algo desconocido para el, pues nunca antes había visto criatura semejante, siquiera en los temas que Eru puso en las mentes de los Ainur en el principio...
-¿Quién se atreve a pisar estas tierras, con tan podrida presencia?
-Soy el Señor oscuro, dueño y señor de todo lo que crece y vive en esta tierra, el más poderoso de los hijos de Eru y el mismo que va a torturarte y hacerte vivir en las sombras de un abismo infinito donde sufrirás a mi voluntad, por tu humillación.
Entonces Melkor escuchó una fuerte risa que lo hizo temblar por un instante, pues sabía que esta criatura no estaba sola, alguien mas estaba con ella, pero no quería dar a conocer su rostro. No pensó mas en ello y atacó con todo su poder al ser que se había atrevido a humillarlo, pero sólo con batir sus alas, lanzó a Melkor lejos y desapareció de su vista, pues su misión no era la de acabar con él, así que de inmediato alzó el vuelo y fue a buscar otro lugar para dormir mientras esperaba el momento de despertar y cumplir su cometido.
Pasaron las eras, y aún Melkor no olvidaba aquel encuentro: en su corazón solo albergaba odio y una gran parte la dirigía hacia Elemmírë, como lo llamarían mas tarde, nunca descansaría hasta encontrarlo, pero muy dentro no quería recordarlo pues su presencia le infundió terror e incertidumbre. Entonces, sin pensar en lo que hacia y cegado por el odio, emprendió la búsqueda de aquel ser, del que estaba seguro que iba lograr aprisionar, en sus celdas subterráneas...
Así pasó mucho tiempo buscándolo, mientras destruía y corrompía todo a su paso hasta que por fin lo encontró. Estaba allí, erguido bajo las brillantes estrellas de Varda. Se le vio tan imponente que el mismo Melkor volvió a sentir miedo, pero sin esperar nada atacó de nuevo a Elemmírë, pero él siquiera esquivo el ataque, por que este mismo chocó contra su cuerpo y desplegó una brillante luz que fue a dar contra Melkor, y mientras entonaba un hermoso y melodioso canto, hizo que Melkor se retorciese por el suelo, y solo hasta que terminó de entonar su melodía, Melkor se arrastró como la mas vil de las criaturas. Pero cuando se reintegró rió y dijo:
-No olvides que yo soy hijo de Eru el único, y el mas dotado de entre todos los de mi estirpe. Ahora veras mi terrible poder por primera y ultima vez, pues eres el único que me ha avergonzado de tal manera...
Entonces Melkor concentró todo su terrible y oscuro poder, haciendo que se elevaran hasta lo mas alto del cielo, y en una fina nota su voz hizo que Elemmírë explotase en millones de partículas por toda la tierra, sin pensar en ningún momento que el tesoro que él guardase, será la esperanza, el don que fue hecho por Eru para sus hijos y que ahora habitaría en toda Arda y en todos aquellos que alguna vez la pisaran; aquellos que cuentan que algunas veces lo ven surcando los cielos en forma de estrellas, sienten su cálida mirada y ella les da fuerza para continuar adelante...
Historia by Telemnar (Arsioth).
[Editado por percebal el 13-04-2005 09:29]
