Fin Guerra: Concilio de Nan-Tasarion deja de Atacar
Armadas perdidas por \"Concilio de Nan-Tasarion\" = 8
Armadas perdidas por \"Valle del Ingenio\" = 12
clima: tarde soleada.

Fin Guerra: Concilio de Nan-Tasarion deja de Atacar
Armadas perdidas por \"Concilio de Nan-Tasarion\" = 8
Armadas perdidas por \"Valle del Ingenio\" = 12
clima: tarde soleada.
Baragond acababa de llegar de despedir a su Maestro, cada vez quedaban menos de los suyos... ya no había gente que se interesara por las antiguas historias que narraban los Cuentacuentos, ni siquiera había conseguido un aprendiz para enseñarle las viejas leyendas que se habían ido rememorando desde los Días Antiguos. Aún recordaba con añoranza el día en el que su padre le había enviado con el viejo Maestro:
“Amado Baragond, somos demasiados en la familia y no puedo manteneros como yo quisiera... pero eres el más inteligente de todos, estoy seguro que serás un digno aprendiz del maestro Mallen.”
Muchas dificultades habían pasado los dos juntos, aunque finalmente consiguieron una pequeña choza cerca de la costa del Pelargir. Y aunque siempre tuvieron clavada la espina de no haber encontrado un sucesor, vivieron bastante felices...
“Pero ahora estoy solo” repetía Baragond mientras azuzaba el fuego de la vieja chimenea.
Contemplando el vivo saltar de las llamas y reflexionando mientras se ponía el sol, tomó una determinación: No iba a dejar que las historias de su Maestro se perdieran en el Olvido, no tenía a nadie a quien legarle tal preciado tesoro, así que las escribiría, pero, ¿por dónde empezar? Conocían cientos de historias y la primera debía ser una historia especial para su Maestro...
“La Batalla del Último Rayo de Sol”
La Primera Compañía del Nan-Tasarion se encontraba oculta en la seguridad del bosque, pero día a día crecía su inquietud y preocupación. Todas las noches Isiloth se reunía con sus principales capitanes, el caballero Hecil y los elfos Iorethil y Eärondûr. Pero esa noche iba a ser diferente pues el resto de capitanes también habían sido convocados, entre ellos estaba un prometedor guerrero de apenas treinta años llamado Mallen el Bravo, recién llegado de la defensa de Sulëdaelessar donde había sido premiada su valentía y fiereza en la defensa de la capital.
Con la caída de la noche comenzó la esperada reunión:
-Estamos aislados en esta parte del bosque y no hemos recibido noticias del resto del Concilio en días. Sabemos que Losselen Tirion y Sulëdaelessar están sumidas en una guerra total desde hace tiempo pero no sabemos cuál es el bando que posee las ciudades en estos días. Debido a la batalla de la capital, no llegan mensajes de Puertas del Fin o de Telda Minya pues se han cortado los caminos...
-En la Fortaleza de Orod Eressëa no nos va mejor, la ladera de la montaña está inundada de sangre, tanto del Nan-Tasarion como de Tercano Nuruva o del Valle del Ingenio... si esa fortaleza cae, perderemos el Lad Echor y la comunicación con el norte.
-Esa comunicación está perdida, el Vado del Randir está ocupado por tropas enemigas ¿qué hay del resto de comunicaciones?
-Sabemos que Puertas del Fin aún es nuestra, así que aún tenemos paso libre a la costa occidental. También poseemos el Vado del Aewenlorin y Telda Minya, que están protegidas por Eithel Glîn; así que tenemos el paso libre a la parte sur del continente...
-Pero nuestro puerto ha caído... ahora es el puerto que une Haldanóri con la isla del Valle...
-Bien –habló ahora Isiloth-. El asunto está así: no sabemos si somos los únicos vivos del ejército del Concilio, por tanto no sabemos si recibiremos refuerzos o si nos queda alguna población fiel a la que proteger.
Pero... tampoco podemos huir por el mismo motivo, no sabemos si aún somos necesarios aquí...
-Enviemos mensajeros a las ciudades, al menos a Puertas del Fin y Telda Minya, debemos saber que ocurre allí. Sólo necesitamos un poco de tiempo.
-Tal y como están los caminos del Nan-Tasariona, necesitaremos cerca de una semana... ¿alguna idea?
Hecil tomó la palabra esta vez:
-Valle no sabe nuestra posición exacta aún y tenemos facilidad para movernos por el bosque, no hemos de olvidar que estamos en casa, aprovechémonos de estas ventajas.
Es evidente que no podemos presentarles una batalla abierta, pues ellos son más y reciben periódicamente refuerzos desde Tilondë. Yo propongo una cosa: ataques rápidos y furtivos a sus puntos débiles.
Comandaré a mis hombres hasta una posición más occidental y atacaremos sus posiciones en el Vado, ataques nocturnos y rápidas retiradas de nuevo a la seguridad del bosque.
-No es mala idea –apoyó Eärondûr-. Iorethil y yo iremos al sudeste y atacaremos las partidas de víveres y refuerzos que vienen de Tilondë. Además así es posible que encontremos algún mensajero de Losselen Tirion.
-Está bien –aceptó Isiloth-. Mientras yo esperaré aquí a los mensajeros que envíe.
Mallen escuchaba atento todas las palabras de sus compañeros, a los que igualaba en valor y destreza con las armas pero no aún en veteranía.
Al día siguiente se preparó todo para que fuera posible realizar con éxito el plan de Hecil. Durante días, la gente del Valle sufrió recortes en las mercancías que viajaban desde la costa y además sufrían extraños ataques nocturnos en el Vado del Randir, nada de importancia, pero sí bastante molesto pues retrasaban sus incursiones en el bosque en busca de la Compañía del Concilio.
Pero al fin, una noche un explorador del Valle dio con su localización y se preparó un ataque. Mallen junto con otros dos compañeros fueron los que dieron la voz de alarma a Hecil, habían visto como el grueso de la compañía enemiga se dirigía hacia el bosque. Inmediatamente se preparó un repliegue hacia donde se encontraba Isiloth.
Rápidos avanzaban los hombres de Hecil por el bosque mientras el sol brillaba sobre ellos, habría sido un hermoso día en otras circunstancias, el viento era suave y cálido y arrastraba fragancias de las tempranas flores que comenzaban a abrirse bajo los hermosos y cada vez más verdes árboles. Incluso podían oír a lo lejos la dulce melodía de los pájaros cantores con sus hermosos plumajes multicolores felices de la paz que se respiraba en su parte del bosque.
Esa hermosa parte del bosque era otra, no por la que caminaban Hecil y sus soldados, allí reinaba el silencio sólo interrumpido por los jadeos de los soldados cansados. La tierra que pisaban se volvía cada vez más negra y la hierba comenzaba a ralear. En lugar de hacia hermosos trinos, ellos caminaban hacia los graznidos de los cuervos y las burlonas voces de las urracas.
Entonces Mallen tuvo un extraño presentimiento y estuvo tentado a abandonar la marcha y perderse en el sur del bosque donde todo parecía ser perfecto y hermoso; pero se giró y miró a sus compañeros muchos de ellos con cicatrices en el cuerpo debido a batallas anteriores. Y miró la raída capa de Hecil que había perdido su brillo en múltiples luchas por mantener la belleza y la libertad de las tierras del Concilio. Mallen sintió en ese momento una gran vergüenza por el simple hecho de haber pensado en abandonar a miles de personas inocentes a su suerte.
Con el ánimo revivido y una determinación que jamás había sentido se lanzó veloz a la cabecera de la compañía.
“Si todos se retiran a la paz del sur, nadie quedará aquí para defender esa paz y entonces también allí llegará el caos y la destrucción.”
Ese fue el pensamiento del noble Mallen durante el resto del trayecto.
Por fin, Hecil llegó junto a Isiloth la cual acababa de ser informada del avance de Valle y se encontraba preparando la huída. Ambos capitanes se encontraban en lo alto de un flet hablando cuando un hacha enana los golpeó. Los enemigos ya habían llegado hasta allí, la batalla era ahora inevitable. Los soldados del Valle pronto rodearon a la mermada fuerza de Nan-Tasarion.
A pesar de la superioridad numérica del Valle la batalla fue muy igualada, los soldados del Nan-Tasarion lucharon con una fiereza nunca antes vista pues ahora no luchaban por defender una ciudad si no sus propias vidas. En la vanguardia de las tropas luchaba Mallen y asestaba cada golpe con una fuerza que pensaba imposible en él.
Cuando estaba anocheciendo escuchó un sonido a su izquierda y se giró a mirar en la espesura del bosque con tan mala suerte que los últimos rayos del sol poniente le cegaron un instante, el tiempo justo para que una flecha enemiga le asestase un certero golpe en los ojos.
El sonido que escuchó Mallen eran las tropas de Eärondûr acercándose desde el interior del bosque, lo último que vio antes de caer fueron un par de capas élficas brillando bajo los últimos rayos de un rojo sol...
El resto de la batalla fue como en un sueño, entre los terribles dolores de sus heridas Mallen consiguió salir de la batalla, la inesperada aparición de los elfos desbarató el cerco del Valle y el Concilio consiguió una ruta de escape. Mientras huían al interior de la espesura algunos arqueros enemigos consiguieron herir a unos cuantos soldados del Nan-Tasarion. La batalla no había sido muy sangrienta, la mayor parte de los muertos se produjeron con la irrupción de los elfos en el cerco del Valle, aún así no había demasiadas bajas por las que lamentarse.
Cuando llegaron a un claro del bosque, un par de millas al sur de Sulëdaelessar, pararon a descansar y tendieron a Mallen junto con el resto de heridos en la fresca hierba. Desde donde estaba, el joven herido pudo escuchar a los cuatro capitanes discutiendo sobre qué hacer, pero éstos no consiguieron ponerse de acuerdo, tan solo se decidió que se llevaría a los heridos a las Casas de Curación de Telda Minya. Cuando Eärondûr pasó al lado de los heridos, Mallen intentó hablar con él:
-Señor ¿es verdad que nos llevan a Telda Minya? ¿Se encuentra en paz la ciudad entonces?
-Sí, la guerra no ha llegado aún tan al sur, toda la zona de Telda Minya y el Mellon Taurë se encuentra en paz... aunque preocupados por lo que ocurre en el norte.
-Es realmente extraño tener que recurrir a la guerra para defender la paz...
-Todo en este mundo es extraño... y doloroso. Pero descansa, ahora estás a salvo... al menos hasta que el norte caiga.
Mallen recordó entonces que las gentes contaban que el elfo había nacido en el Oeste más allá del mar, y recordando esa historia cayó en un profundo sueño.
Cuando despertó escuchó un sonido que le resultó muy familiar, las olas chocando contra los muros de Telda Minya, no sabía cuánto tiempo había estado durmiendo pero ahora se encontraba en su ciudad y volvió a respirar aires de paz mientras se recuperaba en las Casas de Curación.
Nunca pudo recobrar la visión por lo que no pudo volver a combatir, Mallen decidió retirarse y dedicarse a contar las magníficas historias que había conocido en el insólito y lejano Haldanóri.”
-No es lo mismo que escuchársela narrar al Maestro –se lamentó Baragond-. Pero así al menos su historia no será olvidada...
Y apagando las velas de la habitación se acostó con el recuerdo aún vivo de su Maestro, Mallen el Bravo.
FRAGMETOS RECOPILADOS DE LA BATALLA DE CONCILIO VS VALLE:
-Oh, no, la muerte está cerca, ahí fuera, esperándonos... Silenciosa y terrible. Sé que si salimos no tendremos otro destino que la muerte y la desesperación. Pero quizá es mejor morir que vivir desesperado, o sin un miembro sin el cual eres ya inservible, o quizá nos espere la peor de las muertes y no una rápida y dulce... Como todos desearíamos.Pero eso no es muy probable,seguramente, en una estocada nos hundan la espada en el estómago y nuestras tripas se derramen como un río apresurado, o que de un certero golpe en la cabeza nos desplomemos y nuestra sangre caiga hasta...
-¡Elladan!, ¡Cállate ya! No va a pasar nada de eso, y si pasa ya me encargaré yo de rematarte. - Dijo Morna enfadada – Escucha, cálmate, esta empresa no es tan suicida como crees. - Dijo esto con un cierto aire de escepticismo en sus ojos. Se fijó en las manos del elfo, tiritaban mientras sostenía su espada...
-Sostened las hachas con saña, empuñad las espadas con firmeza, lanzad las flechas con certeza y enfrentaos a vuestro destino cruelmente. Rebanad cabezas y abrid gargantas, no temáis, pues las Estancias de Mandos os esperan con gratitud y vuestro nombre será recordado... Soldados, no me queda más que deciros, tan solo que luchéis con honor. - Un sonido de cuernos acompañado de los gritos de guerra de los soldados de Barukbizar interrumpió a Thralor - ¡Preparaos para la batalla!
Ambos bandos se sumergieron en una batalla destructora, pero no tanto de vidas como de almas, pues muchos de ellos ya no volverían a ser los mismos ni a sentir igual...
En la culminación del enfrentamiento, el aventajado Concilio eliminaba confiado a Valle, y éste menguaba cada vez más. Pronto las esperanzas se redujeron notablemente y Erekan sintió que debía hacer algo, o la tragedia que se avecinaba sería aún mayor...
De pronto todos los soldados elfos del extremo Sur callaron para escuchar sus palabras. Con su caballo recorría de un extremo al otro toda la fila de los deshechos guerreros.
- Escuchad, no me queda ningún discurso esperanzador..., ni palabras de consuelo que os pueda ofrecer, creo que estoy tan cansado y... desesperanzado como todos vosotros. - Dijo Erekan con un suspiro de amargura en sus hermosos ojos... - Pero hay que luchar, necesitamos vencer aunque ahora parezca un destino mucho más lejano y poco probable... Es cierto, en los cantos y las historias, son los héroes los que luchan, los que siempre vencen, los que se llevan la fama y la gloria. ¡No estamos en una canción de un bardo! Esto es la vida real, donde unos mueren, algunos vencen, otros desaparecen... Unos pocos se llevarán la gloria del día de hoy, pero tened por seguro que siempre recordarán a sus compañeros caídos, pues ellos mejor que nadie son conocedores de su valentía. ¡Demostrad hermanos cuan grandes es vuestra valía! Hay que ser valiente para pelear, pero más valiente para dejarse el alma cuando no hay esperanza. - Una ligera sonrisa irónica apareció en su rostro. - Sois guerreros fuertes y valientes - Paró un segundo. - En fin, sólo os diré que luchéis hasta que el cuerpo resista, por Valle.
- Si estas son las esperanzas que merecemos, que la primera flecha que se lance caiga sobre mí. - dijo Thralor
Todos luchaban valerosamente, repartiendo estocadas a diestro y siniestro, pues el discurso de Erekan, extrañamente, pareció haber surtido algún efecto...
Un enano se precipitó hacia Elladan, y éste paró el golpe, pero en el segundo la espada se le cayó y fue incapaz de cogerla.
El enano corrió hacia Elladan y alzó su hacha sobre él para asestarle el golpe final, el terrible golpe que acabaría con su vida... O no lo asestaría lo suficientemente bien como para matarle y le dejaría moribundo tendido en el suelo, deseando que alguien tuviese la suficiente piedad como para acabar con su agonizante vida... Ante estos pensamientos, el elfo, bañado de lágrimas, no lo pensó más y corrió, corrió hasta perder de vista al terrible enano, ya no le veía, ya no... La felicidad de repente le embargó, sabía que se salvaría, sólo tenía que correr unas yardas más y estaría a salvo tras esas rocas, sí...
Pero cayó.
“Corred, atrapadlos, hay que apilarlos cuanto antes, el olor a podrido empieza a invadir este lugar... Oh, por Eru, ese es... Es Elladan, pobre cobarde. - Dijo observándole - Cruel destino es el que se apiada de las almas medrosas... Juré que estaría a su lado. - Una lágrima cayó por su manchada mejilla en ese momento - Pero nadie puede impedir el destino que está escrito. - dijo con la mirada perdida con un aire de indiferencia, secándose las lágrimas...
Un sonido de cascos se aproximaba. El elfo dirigió la mirada atrás y vio a un hermoso caballo negro. El cansancio se notaba en el rostro del animal, su cuerpo estaba manchado de sangre y barro, pero por lo demás parecía no haber sufrido ninguna herida grave en la batalla. Sin embargo, del jinete que le montaba no se podía decir lo mismo, ya que su cara poseía un gesto de agotamiento, tenía varios rasguños en los brazos y tronco, y sus ropas estaban rotas. El hombre bajó costosamente del corcel, y casi cae mientras desmontaba. Cuando llegó al suelo subió la mirada, vio a Gil Edhel y se dirigió hacia él cojeando.
- A-a-agua. - Dijo este con la voz cortada y tras el esfuerzo cayó sobre los brazos del elfo.
- ¡Soldado!- Gritó a uno de los hombres que sostenía una jarra de agua, que atendía a los heridos – Soldado, ¡Ven! Atiende a este hombre y dale de beber.
-Sí, señor.
Gil Edhel se dirigió hacia el precioso corcel, lo acarició y se fue por el otro costado para montarle. De repente una mueca de horror se dibujó en su rostro, la dureza de aquella imagen le hizo retroceder forzosamente sobre sus pasos hasta caer en la tierra. Con un esfuerzo intento taparse los ojos y no mirar, pero un aire de masoquismo parecía invadirle y seguía fijo, mirándolo... La dorsal izquierda del corcel negro faltaba, un certero golpe diseccionó y partió al caballo en dos, ahora sólo se veían vísceras y huesos desgarrados, otros colgaban, parecían intentar sostenerse... y finalmente se oía un ligero chasquido, un bramido del caballo y una costilla caer al suelo...
“Lucho contra los antiguos recuerdos que me vienen a la mente. La herida es bastante profunda y dolorosa, y sin embargo creo que puedo salir de esta. Los recuerdos de mis días antiguos me hacen parecer que no se está librando batalla alguna, a pesar del ruido y las pisadas que a veces siento en mi brazo, sólo necesito que alguien me ayude...”
Lucha, muerte, dolor... Y nadie puede distinguir un cuerpo con aliento entre los cadáveres... - ¡Ayuda!, ¡Sigo vivo Thralor!, ¡Erekan! - Ni ellos me escuchan ya... Tan solo debo esperar al término de la batalla... Y todo habrá acabado.”
“Miro a los rostros pálidos de los cadáveres y muchos me son familiares, pero todos muertos... ”Ayuda, ayuda, estoy aquí, ¡Morna!”, giro sobre mis pasos, de donde procede la voz...”Aquí abajo” “Oh, Gilmod estás vivo, no sabes cuanto me alegro”. Mi alegría no duró mucho tiempo, en cuanto vi la profunda herida que ocultaba bajo la armadura..”.
- Sé que es profunda, pero tengo esperanzas. - Dijo Gilmod con una enferma sonrisa - Tengo sed... - Morna salió de su ensimismamiento de repente.
- Oh, sí, claro, aquí tienes. - Sacó un pequeño frasco de su cinto, abrió el tapón, y se lo puso en la mano. Tras beber, le cambió la cara, se hizo más pálida y morada, miró a Morna con expresión de desazón y su espíritu se apagó...
Un elfo que estaba a su lado vio aquella imagen, y casi ahogándose, le arrebató de las manos el frasco a Morna - Dame, necesito un trago.
- No bebas.
- ¿Qué? - Observó el frasco y lo comprendió – Por, ¿Por qué? ¿Por qué lo has hecho? Podía vivir, había esperanzas. - Dijo este ahogando un grito de dolor.
- No. - Respondió esta impasible, con los ojos llorosos, contemplando inerte el horizonte... - Pero no te quedes quieto. - Dijo mirándole - Ve a buscar ayuda, se merece un entierro digno. - El elfo se fue sin mediar palabra.
Morna bajó la vista y observó la cruda imagen de la realidad. Una lágrima cayó en la boca del muerto y tras observarlo unos segundos, se percató de que una de sus manos sostenía un pergamino. Cogió la nota con esfuerzo, ya que su dura mano la agarraba con fuerza. Desplegó el pergamino y leyó.
“Un certero golpe me ha herido de gravedad, si me asomo un poco puedo verme las costillas y un órgano que se infla y desinfla al compás de mi respiración. A pesar de la gravedad siento que puedo salvarme, quizá sea demasiado optimista, pero mis conocimientos médicos ratifican que hay esperanza... Siempre hay esperanza...
Mis síntomas comienzan a acentuarse, noto un horrible dolor de cabeza, siento nauseas, toso y derramo sangre sin cesar.
Siento que me hundo en una oscuridad profunda si cierro los ojos, lucho contra ello, oh, señor, no quiero morir, tengo que vivir un poco más...
Si alguien lee esta nota es porque no he sobrevivido, por favor avisad a mi mujer e hijos, decirles que morí en la batalla noblemente y no sufrí. Gracias.
Gilmod, soldado y miembro de la Compañía Barukbizar de Valle.”
Morna ahogó un grito de dolor y guardó la nota bajo su jubón- Lo haré - Dijo embargada en lágrimas...
Erekan pasaba entre los soldados que habían sobrevivido, buscando el rostro de alguien pero sin encontrarlo.
Un elfo se cruzó en su camino.
- Gil Edhel. - Éste no le escuchó - ¡Gil Edhel! - Volvió a repetir y el elfo giró la cabeza.
- ¿Qué quieres?
- ¿Has visto a Gilmod? - le dijo gritando
- Sí.
- ¿Dónde está? - Gil Edhel no contestó, su expresión era grave y triste. Erekan se empezó a temer lo peor... - ¡Dónde está, he dicho!
- Ha caído, lo siento. - Erekan se volvió pálido, pero no lloró. Volvió a mirarle tras un breve silencio.
- Gracias.
- ¡Morna!, ¡Erekan!, ¡Gil-Edhel!, ¿Estáis bien? ¿Dónde estáis? – gritaba Thralor a pleno pulmón. – ¡Ah! Estás aquí. ¿Sabes que ha sido de los demás?
- Morna y Erekan están heridos, pero a salvo. – contestaba Gil-Edhel – Gilmod ha muerto.
- Lo siento mucho, no sabía que le tuvieras tanta estima.
- Nunca es agradable perder a miembros de nuestro ejército. – Thalor bajó la cabeza abochornado – Pero te lo decía por Erekan, está afectado. No sólo hemos perdido hoy, sino que además él ha perdido a uno de sus más queridos compañeros. Ten un poco de calma con él, sé que es fuerte y lo superará, pero habrá que darle algo de tiempo.
- Gracias por decírmelo, hoy ha sido un día duro para todos. Muchos enanos han muerto y no sé si podremos excavar tumbas para todos. Desde la batalla de Azanulzibar no se incineran enanos muertos, y me disgustaría que lo tuviéramos que hacer esta noche... Aunque mucho me temo que será inevitable. – suspiró Thralor.
- Ánimo, debemos sobreponernos y seguir adelante.
- Eso haremos, no lo dudes.
“...Gilmod, te juro sobre Varda y Manwe, sobre el Taniquetil y sobre Eru, tal como hicieron los antiguos elfos, que no descansaré hasta acabar con esta guerra, hasta vengar todas las muertes que se han causado, hasta conseguir, empero, un mundo en libertad. Suerte amigo mío, espero verte pronto, aquí o en las tierras del Oeste. Te echaré de menos.”
[Editado por Morna el 20-04-2005 00:19]
Resumen de la batalla:
Concilio ha perdido 8 armadasx35= 280 puntos.
Recuperables: 187 puntos.
Valoracion: 8+8+9+10+10=9
Recupera: 168. Los pjes. sufren daños por un total del 30%, por este concepto recuperan 105 puntos adicionales.
Total recuperacion: 168+105= 273 puntos.
Pierde 7 puntos.
Valle ha perdido 12 armadasx35= 420 puntos.
Recuperables: 140 puntos.
Valoracion: 8+8+7+9+8= 8
Recupera: 112 puntos. Los pjes. han sufrido daños por un valor del 100%, por este concepto recuperan 350 puntos adicionales.
Total recuperacion: 112+350= ???? pues los 420 puntos que habían perdido.
No pierden puntuación.
Concilio percibe un total de 150 monedas en concepto de batalla ganada.
Concilio cede 100 monedas a Valle por retirarse de la batalla.
Cias actualizadas y listas para seguir con la guerra.
Historia finalizada.
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