Cronicas de la Compañia de La Garra Negra
Primera Batalla
La niebla espesa permitía una visión muy reducida del bosque. Cada escuadrón de la compañía avanzaba lentamente esquivando los grandes árboles que aparecían apenas a treinta o cuarenta pies de distancia.
Una reunión improvisada fue impuesta por Arattalion, pues las condiciones no eran las propicias para una batalla entre los ejércitos que se iban a enfrentar.
-Según nos informaron desde Narmelost aquí se hallaba una compañía de las tierras de Telpe, pero será prácticamente imposible poder guerrear bien-dijo Arattalion.
-Mmmm parece como si estas tierras quisieran detener la batalla-comentó la Ent-mujer Aldamorna mientras miraba con tranquilidad uno de los árboles rodeado de neblina en las ramas.
Tan grande era el ensimismamiento de la Ent-mujer que no vió corretear a su lado aquél pequeño orco que se dirigía presto hacia ellos.
-Mis Señores, la división tres del primer escuadrón ha entrado en contacto con el enemigo.
-¿Dónde se encuentra esa división? Dijo Arattalion con un tono tajante.
-Dir ... dirección noroeste de aquí señor- titubeó el orco que vio la ira reflejada a escasos palmos de su rostro.
Marcharon rápidos los soldados del primer escuadrón de Arattalion a cubrir a sus compañeros mientras los integrantes de los otros dos cambiaban su emplazamiento y lo orientaban donde indicaban los generales.
Con un movimiento táctico, los dos escuadrones restantes acudieron en ayuda de sus compañeros.
La segunda escuadra de Aldamorna avanzaba por el Norte mientras la tercera de Ilesse acortaba distancias por el Oeste.
Allí, mientras los elfos notaban la caída del Sol y la noche crecía con una oscuridad más intensa, el primer encuentro entre las compañías se estableció imprevisiblemente.
Una división de Nurn estaba descansando al pie de unos árboles cuando unos batidores de Telpe les encontraron. Volvieron y avisaron del avistamiento. El ejército avanzó sobre la división que fue diezmada. Por suerte el primer escuadrón actuó de inmediato defendiendo y la venida de los escuadrones segundo y tercero contuvo la retaguardia telpeniana. Al verse acorralados escaparon por el suroeste, uno de los pocos puntos sin soldados de Nurn, y aunque muchos fueron abatidos por los arqueros nurnitas la inmensa mayoría corrió a escapar. Menos mal, una batalla con esa niebla habría sido caótica.
------------------------------------------
El amanecer del segundo día había llegado. La niebla persistía estancada en los matorrales, árboles y hierbajos que apenas se veían.
El radio de visión podría haber aumentado hasta los cincuenta pies, no más. Pocas oportunidades para manejar arcos a largas distancias, cosa que debilitaba el potencial de ataque élfico del que disponían. En cambio la potencia física de los noventa trolls que conformaban el ejército maligno creyeron sería de gran utilidad en las distancias cortas.
Ilesse intentó subirse a uno de los árboles mientras Arattalion observaba el filo de Mormithril y sonreía al verlo afilado como siempre.
-No es este un sitio en el que encararse joven Ilesse-dijo Aldamorna con semblante serio.
-No todos tenemos la suerte de observar las alturas Aldamorna, una mejor visión nos daría algo de ventaja.
-Nada hay en las alturas que no puedas ver, pues aunque la niebla no cubre todos los árboles sí cubre lo que bajo ellos habita.
-Oye Aldamorna, tú eres una Ent-mujer y según me contó Arattalion tenéis una extraña conexión con los bosques que aún no entiendo. ¿No podrías ayudarnos más en este bosque?
-Ya lo he intentado. Esta Ent-mujer es vieja pero no tonta. Mmmmm. Pero estos árboles están sombríos y tristes. No les importamos en absoluto y mucho me temo que no nos ayudarán. Y aún más diría yo. Si queréis pasar las noches sin percances no os aventuréis a coger leña en la espesura.
-Vaya, habría sido una oportunidad increíble.
-¡Damas! -exclamó Arattalion- lamento interrumpir ese coloquio pero tenemos trabajo. Una hueste nos atacó ayer y no saldrán impunes sin recibir una caricia de mi espada.
Acto seguido envainó a Mormithril y se adentró dentro de la cabaña en la que habían de reunirse los comandantes elfos con Arattalion e Ilesse, puesto que Aldamorna no cabía.
Cerca de una hora pensaron sobre la táctica a utilizar en el combate, pero si la niebla persistía sería imposible afrontar una batalla épica.
Esta vez sería un juego de incursiones en el campamento enemigo.
La primera decisión por tanto fue retirar el campamento, pues el enemigo podría haber pensado lo mismo. Las divisiones cinco y tres del segundo escuadrón comenzaron las incursiones hacia el sur. Un avance, esperar el regreso y si este no se producía en un tiempo prudencial empezar a tomar posiciones el resto del ejército. Era lo que se había previsto esa mañana.
La moral de los orcos flaqueaba y se quejaban. Rumores de entre los soldados orcos corrían sobre la caída de todos en esa batalla.
Los capitanes humanos se encargaban de infundir ánimo y coraje en los corazones orcos.
Sorprendidos se hayaron por el regreso de una de las batidas antes de hora.
-Un río, infranqueable. Por aquí no escaparon.
Esperaron a la vuelta de la otra batida y comieron un poco de los víveres. Aprovecharon el paso del río y la sabiduría de Aldamorna para llenar los odres pero poco a poco. Un ejército no pasa desapercibido ni siquiera en esas condiciones.
Un rato más de camino y la Ent-mujer se sobresaltó.
-La tierra está quemada. Aquí se ha hecho una hoguera.
Ilesse se quitó la capa y con dos ramas que supuso habían servido para atizar el fuego, tensó la tela y abanico la niebla. Una vez se hubo esfumado miró algún rastro de huellas.
-Se han ido al Este y no hace mucho de este fuego, apenas habrá pasado un tercio de la mañana.
-Bien –respondió Arattalion- empecemos con la ofensiva. Que todo comandante elfo reúna a sus capitanes y soldados. Quiero a todas las divisiones disponibles. La división tres de mi escuadrón que reponga sus efectivos de los orcos que acompañan a los trolls. Quiero treinta trolls en cada escuadrón por si las cosas se complican y es necesario un enfrentamiento cuerpo a cuerpo. Manos a la obra.
La persecución por el bosque duró mucho rato y al fin cuando consiguieron encontrar las rezagadas tropas de Telpe. Los arqueros de Nurn las masacraron, pero no eran tantas como se hubiera querido. El enfrentamiento cuerpo a cuerpo fue rehusado e incluso se incentivó a los trolls a que lanzaran rocas al aire por si conseguían darle a alguien.
Pero el enemigo era hábil en la estrategia y atacaron los flancos más desprotegidos del tercer escuadrón.
La cuarta división del tercer escuadrón estuvo a punto de ser diezmada por una veintena de humanos telpenianos. La rápida intervención de Ilesse, que acudió personalmente con la tercera división, contuvo el ataque pero no frenó a tiempo el avance telpeniano y acabó con el brazo izquierdo destrozado por el golpe de una espada.
La herida había penetrado oblicuamente pero no había alcanzado el hueso, no había fractura, pero el músculo quedó bastante dañado como para esgrimir un arma.
A pesar de perder pocas tropas para lo que fue el asalto Nurn se retiró esta vez. La herida de Ilesse había preocupado a Arattalion y prefirió esperar a saber cómo evolucionaba la mujer. Además ya más de cuatrocientos soldados había caído en la guerra y en total no pasaban de los tres mil.
Aquella noche tuvieron que hacer otra larga caminata para encontrar un sitio que les pareciera lo bastante alejado como para sentirse seguros.
Menos de seis horas en total habían dormido en las tiendas cuando un susurro continuo y lento despertó a algunos soldados.
La extraña Ent-mujer estaba de pie en medio del campamento mirando al cielo. Arattalion se le acercó.
-¿Qué notas? ¿Qué te impacienta? ¿Ha sido el ruido que nos ha despertado a todos?
-Mmmm incluso tú tienes dificultades para entender el disgusto de los árboles.
-¿Disgusto?
-Los telpenianos han encendido una hoguera. El bosque rumorea sobre los desconocidos que queman sus ramas. En el norte, a poco tiempo a vuelo de pájaro, quizá unas dos horas, se alza una pequeña columna negra. Como la nuestra.
-¡Perfecto!, nos lo sirven en bandeja. Que suerte que la niebla blanca haga destacar el humo negro ... ¡y más suerte tener una Ent tan alta que pueda verlo!
Al alba, las divisiones de Nurn habían establecido un perímetro de más de mil metros entorno a la hoguera.
Una lluvia de flechas y piedras despertó a los más rezagados telpenianos mientras el resto, ya preparados, se organizó en torno a sus líderes.
El escuadrón de Arattalion fue el primero en entrar por el sur para plantar cara a los enemigos y al poco rato cuando se creyó que el enemigo se habría organizado, Aldamorna irrumpió por el noreste obligando a los líderes enemigos a separar el ejército en dos flancos ... en los que el tercer escuadrón, con Ilesse más atrás, irrumpió para atacar a traición por la espalda.
El ejército de Telpe no tuvo otra elección más que la huida y los cánticos de Nurn resonaron en el bosque retomando la posición y avanzando hacia el noroeste donde habían huido los enemigos.
Un cuervo voló a Narmelost con la misiva siguiente:
“La Garra Negra ha vencido sobre las tropas telpenianas. Esperamos nuevas noticias. En breve comenzaremos a caminar un poco al este camino al linde de nuestras tierras.”
