La Guerra de los Clanes

Historias, leyendas y batallas en las tierras olvidadas de Arda.

Edicion 2

Haldanóri, Las Tierras Ocultas

Finalizada · 08-09-2004

Batalla C3 Concilio Vs C2 Valle

2005:04:25:06:59:50

Gaur

Fin Guerra: Concilio de Nan-Tasarion deja de Atacar

Armadas perdidas por \"Concilio de Nan-Tasarion\" = 11

Armadas perdidas por \"Valle del Ingenio\" = 9

Alier-mim

Elorah ha llegado corriendo y gritando. Yandros la había enviado a explorar en compañía de un grupo de batidores, y ahora ha regresado ella sola. Viene gritando, haciendo gestos. Nuestro comandante acaba de dar la orden. Las tropas se están moviendo. Nos precipitamos hacia el enemigo.

Yandros se me acerca ahora.

- Alier, ¡vamos!- me dice- el Concilio ha abandonado los muros. Si nos damos prisa podremos derrotarles antes de que se vuelvan a refugiar tras ellos. Se han lanzado tras Elorah y su grupo pensando que el grueso está mucho más lejos.

Algún día mi buen Yandros tal vez dejará de subestimar al enemigo. Pero ahora no hay tiempo para sermones. Él es el general, y ya ha dado la orden. Mis escoltas se me acercan, con grandes escudos. Mis buenos Artis y Menoreth, tan fieles como innecesarios. Pero Yandros se empeña siempre en protegerme. Soy demasiado valioso para el Valle. Se acercan sonrientes, exaltados por la inminente batalla.

El mayor error de un hombre es dejarse llevar por sus sentimientos más terrenos, pero ahora todos los que me rodean lo hacen. Puedo sentir su furia acumulada, sus deseos de lucha y sangre. La adrenalina surca sus venas mientras corren al encuentro con el enemigo. Yandros avanza al centro de la columna, montado a caballo. No habrá piedad esta vez, ya lo ha dicho. Es demasiado buen general, y el Concilio lo sabe. Lo experimentó en la última batalla, en la última masacre. ¿Cómo pueden los hombres correr con semejante euforia al encuentro con la muerte?. Se me antoja inverosímil. A ti también, ¿verdad?. Es un sinsentido. El viento me azota la cara, advirtiéndome. El cielo, cuajado de estrellas, brilla como si se tratase de unos ojos contemplando la resolución del destino. A nuestro alrededor, los árboles parecen protegernos, pero hay algo en ellos. Sólo yo puedo sentirlo, sólo yo puedo verlo. Los hombres están demasiado ciegos para ello.

Hoy presenciarás el principio de lo que puede ser un terrible final, Alier. La voz de mi maestra me habla como si de un susurro se tratase. Siempre está ahí, y ni siquiera sé si es solo mi conciencia o realmente ella me acompaña.

Yandros ha ordenado aminorar la marcha y ha enviado batidores al frente, para que le informen. Elorah y él discuten ahora. Ella quiere ir, pero él le ha ordenado quedarse allí.

Algo me ha cegado. No puedo ver, ni puedo oír. Fuego. Gritos. Ents. Han embestido contra el centro de la columna. No veo a Yandros, ni a Elorah. Más gritos, y ahora el silbar de cientos de flechas surcando el aire. Nos disparan desde los árboles. Hoy tu general aprenderá una lección. Si sale del paso. Nuestra columna se ha partido en dos. Ya no se que es lo que va a pasar. Nuestros hombres gritan aterrados. Las flechas les atraviesan. Hay cientos de heridos, y no hemos devuelto ni un disparo. ¿Qué sucede?. Nadie lucha. Nos cazan. Ahora soy yo quién grita. Les ordeno enfilarse. Les ordeno cubrirse, devolver las flechas. Esto me agota. ¿Porqué no pueden obedecer? Siempre tengo que usar mis poderes. Siempre tengo que entrar en sus almas y sacar la escasa voluntad que hay en ellas, como si fuesen incapaces de hacerlo ellos. Sólo son hombres, Alier, son débiles. Tienen miedo. Claro que lo tienen. Soy el único aquí que no tiene nada que perder. Ellos defienden sus vidas, y sus hogares.

Las filas se han reorganizado. Los escudos nos cubren de las flechas ahora. Nuestros arcos han comenzado a silbar y las flechas penetran ya entre los árboles. Puedo oír los gemidos de dolor al otro lado. Un centenar de enanos ha embestido contra nuestra falange, tratan de desestabilizarnos, pero el temor ha rehuido el corazón de los hombres. ¡Luchamos!. Al otro lado se oye el fragor. La otra mitad de la columna se defiende. Los frentes han chocado, y la muerte está siendo sembrada. Algunos guerreros intentan llegar hasta mi, pero mis escoltas les matan. Son los mejores escoltas que he tenido. Pero es inútil, nadie puede tocarme. Ni siquiera las flechas se me acercan.

La lucha sigue, y cada vez estoy más agotado. El concilio no puede ganar esta batalla, y lo sabe. Son demasiado pocos para conseguirlo, ¿por qué insisten en luchar?. Porque defienden su hogar, Alier, y a sus mujeres. Y a sus hijos, y ancianos, y a todo lo que aman, y el precio que están dispuestos a pagar va mucho más allá de la muerte. No van a irse. No van a irse entonces. La batalla se ha equilibrado. Ahora hay tantos muertos de su bando como del nuestro, y el concilio sigue luchando. Y ahí está su líder, gritándoles a sus hombres, animándoles a luchar. Es un elfo, de cabellos plateados. La sangre le salpica el rostro, pero ignoro si es suya o ajena.

No puedo ordenar la retirada. La mitad de nuestras fuerzas están al otro lado, y ni siquiera sé si Yandros aún vive. No puedo abandonarle, o el clan acabará dividido disputándose su puesto. Va a ser una masacre. Debo impedirlo, y sólo hay una manera de hacerlo ahora. Me abro paso entre los hombres, seguido por mis escoltas, que apartan a todo el que se me acerca. Pero el último paso lo daré solo.

Me presento ante él, y le desafío. Dice llamarse Galadhir, y ser el comandante encargado de la defensa de Orod Eressea.

Ha limpiado su arma, un cuchillo. Con la izquierda empuña una antorcha, y me mira desafiante, como midiendo mis movimientos. Cree que puede derrotarme, pero me teme. Lo noto en sus ojos, oscuros, conciliadores. Ha llegado la hora de enfrentarnos, pero no tendrá ocasión de empuñar su arma. Su mirada está atrapada en la mía, y la incertidumbre ha invadido su alma, pero esto no es más que el principio. Estoy escrutando sus pensamientos más profundos, y ahí está él, un Laiquendi dotado de sabiduría ancestral. En lo más hondo de su alma cada orden le duele. Le duele porque él desea la paz. La sangre que salpica su rostro le duele más que la suya misma.

Su mente está ahora aparte. Un sol irreal nos ilumina ahora, y nos hallamos solos en mitad de una llanura poblada de hierbas. Solo Mairim nos observa. Nunca entendí que significa su imagen en mis sueños, pero ella está ahí, y me da confianza.

Estamos frente a frente, pero ahora no hay armas, ni exaltación. Ya no hay fragor ni furia, ni deseos de muerte a nuestro alrededor.

- ¿Qué clase de lucha es esta, en la que no participan armas?- me dice.

Él no lo entiende, por supuesto, pero aún es temprano para eso.

- Supongo que estas son las artimañas de las que se valen los hechiceros oscuros para derrotar a los guerreros.- Aún sigue sin comprender nada. Cree que soy un nigromante. Pero pronto comprenderá que no soy tal.

Ahora es Mairim quién habla. Se ha acercado a nosotros. Pero sus palabras para mi han sido ininteligibles. Galadhir se ha vuelto hacia mi de nuevo, mirándome con extrañeza. Ahora comprende algo, puedo leerlo en su rostro, en sus ojos. No necesito pedirle que se marche, porque él lo entiende ahora.

- Yo no puedo marcharme, Galadhir. Si te retiras ahora, prometo que las vidas de vuestras familias serán respetadas. Evitemos que la muerte se extienda, pues el Valle no es la sombra, y no valen la pena los esfuerzos invertidos contra él. Perdónales la vida a tus guerreros.

El conjuro ha finalizado. Ahora Galadhir se derrumbará agotado. Siento dolor en mi hombro. Una flecha me ha alcanzado mientras ejecutaba el sortilegio, cuando no podía protegerme. Mis escoltas se han acercado, manteniendo a ralla a los soldados tasarianos, pero no ha hecho falta. Galadhir, ha ordenado la retirada, y ahora la orden se extiende a lo largo de toda la columna del Concilio. La guardia de Orod Eressea retrocede, hoy se evitará una masacre.

Me han recogido. Me llevan hacia el campamento a toda prisa, pues la sangre sale con furia por la herida de mi hombro. La angustia parece adueñarse de mis escoltas, pero sobreviviré a esta batalla, aunque aún no se lo he dicho.

A mi alrededor las noticias vuelan. Oigo rumores, voces perdidas en el aire, sin procedencia definida. Hablan del general, de nuestro líder. Aún vive, está ileso. Soportó heroicamente la embestida de los ents, que le engulló de lleno. De Elorah oigo noticias funestas. Se la vio en la batalla, junto a Yandros, pero se comenta que ha desaparecido. Al parecer la están buscando. Nuestro general ha ordenado que no paren hasta encontrarla. No tengo ni la más lejana noción de a dónde puede haber ido a parar, pero dudo que esté muerta. Para ser tan joven tiene muchos recursos. Tal vez cuando se serene un poco llegue a ser medianamente sabia.

Me pregunto como reaccionará Yandros si aparece muerta. No quiero imaginar la escena, ni tampoco las consecuencias. Confío en que Yandros acepte ahora nuestra parte del trato. Espero que entienda que fue necesario. Ojalá se dé cuenta de que lo realmente innecesario es propagar la muerte. Espero al menos haberme recuperado cuando se asalte definitivamente Orod Eressea.

Solo esperas poder cumplir tu promesa. Llevas mucho tiempo esperando para esto, y no confías en Yandros. Pero no estarás listo para la siguiente batalla, y no te dejarán asistir. Has hecho una promesa que difícilmente podrás cumplir, Alier, y esto lo sabes. Confío en que al menos aprendas que éste es el precio de pactar con la sombra...

[Editado por Radagast_III el 19-04-2005 19:25]

Galadhglir

La primera flecha llegó silbando a su objetivo, que tembló por el impacto. Se abrieron los ojos entrecerrados, los músculos se distendieron junto con la cuerda. Pero de fondo no sonaba ahora el grito de la muerte, el fragor de la batalla; al contrario, sólo las felicitaciones de los compañeros, que se acercaban al arquero para alabarle por su puntería. El blanco era un saco de paja, no la carne enemiga, y lo que semejaba ser un acto guerrero, ahora mismo sólo era un ejercicio de entrenamiento.

Mientras los soldados se retiraban, y él se preparaba para el siguiente disparo, otra persona se acercó para verle. En el lugar, sólo estaban ellos dos, y un poco más lejos, el capitán Galadhglir contemplaba la escena. Al darse cuenta quien se acercaba, se cuadró inmediatamente, gesto al que la mujer no parecía estar acostumbrada, pues pegó un respingo. Aquella mujer, la capitana Ealido, al lado de la cual parecía un gigante, parecía estar siempre incómoda, como si le molestara el uniforme, como si no se considerara adecuada para mandar una compañía. Ninguno vio la sonrisa divertida del Laiquendi.

-Debería aprender a hacer eso- le dijo la mujer- Tal vez algún día me podrías enseñar. ¿Tu nombre?

-Eruséro, mi capitana. No es díficil. Yo aprendí desde joven: mi tío, quien me crío, era arquero del duque Arioch.

Arioch, pensó el elfo. Un maia, un hermano de Aglarel, mi compañera de camino... mi misteriosa compañera. ¿Por qué estás conmigo de una forma tan extraña? ¿Por qué vienes a verme cuando duermo, por qué me contestas a veces y otras no sé donde estás? Seres extraños son los Ainur, los regentes de Eru.

-Y eres el mejor de la compañía. No erras un tiro.

-Eso intento, mi capitana- contestó halagado Eruséro.

Todos lo intentamos....Aglarel, señora, no soy un guerrero. Lo he sido por necesidad. Aquí he visto más sangre que nunca en mi larga vida. Y los humanos, como Ealido y este arquero, mueren a mi alrededor. Yo también he sangrado por esta tierra. Pero ambos sabemos que no me quedaré aquí.

-Yo siempre he utilizado otras armas... menos nobles.

Y acto seguido, desató de su brazo una larga correa de cuero y la desenrolló. Tenía en su centro un ensanchamiento, en el cual colocó una piedra antes de hacerla girar, sujeta por los extremos. La sagaz vista de Eruséro casi no logró ver el momento en el que uno de los extremos se soltaba de la mano, el canto salía disparado y hacía blanco contra el saco, haciendo añicos la flecha clavada en él.

-Una honda. Arma de pastores.

-Sí. Yo aprendí a usarla para alejar grajos y conejos del sembrado, o lobos de las cabras. Y si aciertas al conejo, ya tienes cena.- añadió con una sonrisa.

-Al menos tiene puntería. No será díficil enseñarle.

Nunca hay tiempo de aprender todo lo necesario... ni aunque seas inmortal.

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Con la caída de la noche, llegó la llamada a las armas. Habían decidido salir de la fortaleza, otra vez, para que en caso de una posible derrota, aún hubiera un lugar al que volver. Rodeados de enemigos y perdiendo poco a poco sus efectivos, los ánimos de los soldados de Orod Eressea fluctuaban entre un optimismo irracional y un pesimismo comprensible. La tensión sobre ellos era mucha, todos esperaban la batalla definitiva, la que pondría fin al largo cerco... o a la fortaleza.

El ejército del Valle esperaba al pie de la montaña, cubiertos por una noche despejada, donde las estrellas de Varda competían en la fuerza de su brillo con la de los vientos de su compañero, Manwe Súlimo.

Galadhglir iba adelante con su escuadra, seguido de Ealido con la suya, mientras que Ganfika iba al fondo. Los cabellos de plata del elfo se tintaban en rojo por las antorchas y mostraban un rostro sino sombrío, al menos preocupado. Durante esos últimos días, se había sentido extraño, con no menos extraños sueños ;y la sensación de la presencia de Aglarel había pasado de ser una caricia detrás de sus pensamientos a una luz que podía casi ver de reojo.

¿Que me está pasando?

Más atrás, Erusero contemplaba la llanura abatida por torbellinos de polvo.

-Hoy no tendré posibilidades con el arco- dijo Erusero para sí, entre una ráfaga y otra.

Estaba detrás de Ealido, formando parte de su escuadrilla, como siempre, y ella se dio la vuelta.

Tenlo dispuesto, nunca se sabe cuando se va a necesitar- y al ver la cara de sorpresa del joven, agregó- Cuando debes oír las pisadas de un corzo, o el ruido que hace un conejo al entrar en un arbusto, aprendes a escuchar- y sonrió.

Cuando ya marchaban hacia el campamento de Valle, se encontrar con que sus enemigos ya avanzaban sobre ellos. Siendo demasiado pocos para intentar un movimiento envolvente y teniendo el viento en contra, no les quedaba más alternativa que un ataque directo , con la esperanza de romper la línea de valle, dividirlos, aislarlos.

Galadhglir y sus soldados, entre ellos algunos ents, entraron como una cuña, que se abrió para dejar pasar a las otras dos escuadrillas. Habiendo conseguido dividirlos, ahora combatían en dos frentes. El elfo atacaba son su cuchillo.

¿Porque- cuchillazo-peleamos? Nosotros defendemos nuestra tierra-esquivar mandoble- Son hombres, mueren fácilmente. -Salto al costado- porqué dejan sus casas para venir a la guerra- ha muerto Dalbad delante mío, no tropezar con su cuerpo- ¿Por que? No les alcanza con saber que morirán- cuidado con esa antorcha- que tienen que venir a buscar la muerte tan lejos?.

Así danzaban todos, su lucha, sus muertes. Ganfika se escurre entre las piernas de un soldado, para herirlo en la entrepierna. Ealido combate con la espada a otro soldado de Valle. Erusero, a su lado, también hace trabajar el cuchillo. Otros sin nombre, en ambos bandos, luchan, caen; ¿Cuántas eras vio pasar el ent que ahora arde por allá? ¿Por cuantos bosques pasó?¿Cuántos hijos tiene ese hombre de Valle que está hiriendo a Ganfika? ¿Sabrán esos hijos que su padre está muriendo ahora, cuando otros soldados acuden en ayuda de la hobbit?

Pregúntale a Eru, Aglarel, si era necesario todo esto para componer la Canción.

-Te desafío, elfo- Mi nombre es Alier, capitán de estos hombres.- grita un hombre moreno y delgado.

- Galadhglir, uno de los capitanes de la fortaleza- contestó el laiquendi.

En el medio de la batalla había ahora un extraño corro, rodeado de susurros. ¿Negociaciones? ¿Combate singular? La buena vista de Eruséro y su alta talla le permitían ver el interior del círculo sin abrirse paso a codazos, como hacían sus compañeros.

- ¿Qué pasa?

No necesitaba mirar para saber que a su lado estaba Ealido, que no podía ver lo que sucedía.

-Galadhglir está frente a uno de los jefes del Valle.

este hombre es mas peligroso de lo que aparenta no quiero pelear nunca quise pero perderemos esta tierra estos sauces quién es ella?

- ¿Pelean?

- No. No se mueven.

giramos, no nos atacamos, a que espera? ella le está diciendo algo -Que clase de lucha es esta en la que no participan armas?- este hombre no es malvado, ella me habla. No intervengas, maia. Sabe de Aglarel, ayúdame amiga, me siento cansado.

- No lo entiendo. ¿Ves bien?

Ahora esforzaba la vista, y lo que veía le llenaba de inquietud.

- Sí- al fin cayó en la cuenta-. Sucede algo extraño, todo está demasiado inmóvil. Esto es producto de un hechizo.

- Apunta al hombre- dijo ella-, para cubrir a Galadhglir. Está desprotegido en medio del enemigo.

No se que pasa me siento tan mal es inútil es inútil moriremos aquí me esfuerzo para decirle- Supongo que estas son las artimañas de las que se valen los hechiceros oscuros para derrotar a los guerreros-

No entendía lo que hablaban; el susurro de Ealido, alterada, se oyó aún más bajo.

- Dispara.

Me está diciendo algo todo se nubla ayúdame, mi señora

- No puede ser. Está oscuro y el viento sopla en contra; perderé una flecha y se volverán contra nosotros.

Por favor, ayúdame

- Dispara. Eres el único que puede acertar. Soy tu capitana y te lo ordeno.

Ya te he ayudado, amigo mío... nuestro destino no esta aquí

Vámonos entonces.

-Hazlo ahora, Erusero!, gritó Ealido cuando vio como finalmente, antes de caer de rodillas, Galadhglir daba señales de retirada.

La mujer corriendo hacia el elfo, la flecha hacia el hombre, llegando casi juntas, Ealido sostiene a Galadhglir y la flecha en el hombro de Alier y dos ejércitos confusos que dejaron su quietud para volver a su danza de muerte. Sólo que ahora el Concilio retrocedía y una preocupada Ealido llevaba a Galadhglir, mientras Ganfika cubría este nueva retirada.

Más tarde, en la fortaleza, Galadhglir reposa bajo los sauces que existen afuera de la fortaleza. Ealido está a su lado.

-No entiendo que pasó, compañera-dijo el elfo- Aglarel estaba ahí conmigo...y no pudo ayudarme.

-Estabas bajo un hechizo, Galadhglir... quién sabe si fue realmente así.-contestó la mujer.

-Ella estaba aquí... algo está pasando, Ealido... no sé que será... pero algo está pasando.

-Pues será mejor que pase rápido... no nos queda demasiado tiempo en esta montaña. El próximo ataque quizás sea el definitivo, pero el resultado no será el que esperamos.

Y se quedaron allí sentados, hasta que la última ráfaga se llevó la noche con ella.

[Editado por Galadan el 22-04-2005 04:40]

Gaur

Resumen de la batalla:

Concilio ha perdido 11armadasx35= 385 puntos.

Recuperables: 128

Valoraciones: 8+8+8+8+8=8

Recupera: 102 puntos. Los personajes han sufrido daños por un valor del 80%, por este concepto recuperan 280 puntos.

Total recuperacion: 102+280= Recupera 382 puntos.

Pierde 3 puntos.

Valle ha perdido 9 armadasx35= 315 puntos.

Recuperables: 210

Valoraciones: 9+8+9+10+9=9

Recupera: 189 puntos. Los personajes han sufrido daños por un valor del 50%, por este concepto recuperan 175 puntos.

Total recuperacion: 189+175=364 puntos...como es mas de lo que han perdido, recuperan unicamente los 315 puntos que perdieron.

No pierden nada.

Valle percibe 150 monedas por la batalla ganada.

Concilio cede 100 monedas a Valle por abandono de la misma.

Las cias han sido actualizadas y estan listas para continuar.