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Fin Guerra: Tercano Nuruva se retira del Combate
Armadas perdidas por \"Alianza de Eithel-Glîn\" = 22
Armadas perdidas por \"Tercano Nuruva\" = 28

Historias, leyendas y batallas en las tierras olvidadas de Arda.
Edicion 2
Finalizada · 08-09-2004
2005:04:29:16:56:54
Fin Guerra: Tercano Nuruva se retira del Combate
Armadas perdidas por \"Alianza de Eithel-Glîn\" = 22
Armadas perdidas por \"Tercano Nuruva\" = 28
Valwan, ve a Tyelpëosto e informa de todo lo acontecido en la batalla- Entonces volvió a mirar hacia donde se encontraba la capital-, el destino de los hombres es impredecible, más lo es, pues, en tiempos de guerra...
- Según la leyenda, así concluyó la Primera Batalla de Ost-in-Tercan, en la que los generales Árchaon y Fereveldir abandonaron aquella empresa para tomar la capital de Tercano Nuruva.- El sabio elfo Ithlosë se apresuró a tomar un gran libro que descansaba junto a sus pies. Los pequeños elfos y humanos que moraban alrededor suya escuchando su interesante clase de historia siguieron las manos del maestro con la mirada, a la par que observaban el gran libro que era sostenido entre sus finos dedos.
Como cada mañana en la que el cielo está despejado, los pequeños elfos y humanos corren hasta la gran plaza central de Tyelpëosto para escuchar las historias de Ithlosë, uno de los sabios más importantes de las tierras que abarca la Alianza, aún presente en estos tiempos.
Allí se sientan todos en corro alrededor del maestro, donde les relatas historias de aquellos que, antes que ellos, vivieron en aquella hermosa ciudad e hicieron de aquellas tierras lo que hoy son.
Después de ojear durante un tiempo aquel libro, Ithlosë lo abrió por una página, y miró hacia los pequeños señalando con el dedo el libro:
- Aquí se escribió lo acontecido tiempo después a esas palabras, y en la clase de hoy estudiaremos lo que Árchaon, líder de aquel ejército, consiguió gracias al coraje de sus hombres.- Los pequeños se miraron impresionados y se colocaron con sus manos apoyadas en las rodillas sin hacer un ruido. Ithlosë comenzó a leer aquellas palabras escritas del puño y letra de uno de los supervivientes hace ya tantos años....
Todos creíamos que volvíamos a casa tras dejar lejos de nuestra vista aquella ciudad que nos había tendido una trampa. Sin embargo, lo único que hicimos fue llegar a un pequeño poblado cerca de la frontera de Eithel-Glîn.Allí tomamos nuevas provisiones, y nuevos miembros fueron incorporados a nuestras filas.
Entonces, Árchaon despertó una mañana con un presagio, un mensaje dado por los Valar en aquella noche de sueño: si lográbamos alcanzar la ciudad antes de que Isil y Anor se vieran juntos en el cielo, la capital cedería ante nuestro ejército.
Así, los capitanes nos hablaron, y el Maia nos contó aquella revelación:
- ¿Queréis haceros con la gloria de los que unifican sus fronteras?- Gritaba- ¿queréis que años más tarde os recuerden en la Alianza como aquellos que hicieron justicia?...Pues si eso es lo que queréis...¡Seguidme!
Tras esas palabras nos animó a que nos retractáramos sobre nuestros pasos y volvimos hacia tierras Tercanas con la esperanza de llegar a ellas antes de que las dos barcas aparecieran juntas en el cielo.
A medida que nos aproximábamos a la capital, las ideas surgían y desaparecían de la mente del Maia tan rápido como las sombras vienen y van.
Así pues, cruzamos gran parte de aquel misterioso bosque, y por fin, habíamos alcanzado nuestro cometido, y habíamos alcanzado la ciudad antes del límite, pues a la mañana siguiente ocurriría lo susodicho.
Con esto descasamos durante un corto tiempo, y antes de que Isil asomara por el oeste, los ents lanzaban rocas de gran tamaño hacia la ciudad, lo que hizo alarmar al ejército, que rápidamente salió de la ciudad para ver lo que ocurría.
Los pequeños hacían muecas de dolor cuando el sabio emulaba con sus manos lanzar una gran roca. Después continuó:
Enseguida llovieron flechas incendiadas que cayeron sobre nuestros Pastores de árboles, así pues, la voz de nuestro líder sonó desde los árboles:
- ¡Vamos soldados de Eithel-Glîn!¡Prestadme vuestro coraje y vuestro valor!¡Qué vuestras espadas resplandezcan bajo esa capa de sangre que pronto las teñirá de rojo!- Y con esto partió raudo al encuentro del enemigo a lomos de su tigre blanco, Silvaron, cuyo cuerpo estaba cubierto por una fina armadura de mithril.
Imitando sus pasos, toda una oleada de elfos y hombres avanzamos tras él. Fue un primer choque atormentador, y el crujir de las espadas estremecieron nuestros corazones, a la vez que el suelo temblaba bajo nuestros pies.
Desde un primer momento la balanza fue clara, y nuestras espadas encontraban en casi todos sus impactos un cuerpo enemigo en el que clavarse.
A mi derecha observé como Árchaon era un gran espadachín. Blandía dos espadas, una más pequeña que la otra y las danzaba tan rápidamente que nadie podía percibir la dirección en la que las descargaría con toda su fuerza.
Siempre lo he dicho, fue una batalla sin estrategia, en la que únicamente ganaría el más fuerte.
La brutalidad se apoderó de todos nosotros, y vi como amigos caían justo a mi lado con miembros extirpados, decapitados,...algo que me ha marcado para toda la vida...
Así continuó la batalla, y al poco, Isil apareció aún cuando Anor todavía estaba presente en el firmamento. Entonces observé al Maia, y el tiempo pareció detenerse para él. Miró hacia el cielo, y después hacia las dos barcas, que aunque distantes entre sí, la profecía se había cumplido, mas las dos se observaban en el nuevo amanecer.
Fue entonces cuando un notable grito de guerra salió de su boca al mismo tiempo que levantaba el brazo señalando a la ciudad.
Como si de una señal se tratase, nada más gritar, una fuerte lluvia cayó desde el cielo, y eso fue lo único que necesitamos para que nuestro coraje se viera multiplicado, pues intuimos que los Valar habían cumplido su palabra.
Ahora más aún, si cabe, nuestras espadas recobraron la fiereza de los reyes de antaño, y sus filos, como bien había dicho Árchaon, sus filos resplandecían aún cubiertos de sangre.
A decir verdad no demoramos mucho en aquella batalla, ya que, cada vez que mirábamos al cielo recién amanecido podíamos ver entre las nubes, las cuales dejaban caer toda el agua que contenían, a las dos barcas ya apunto de desaparecer por completo tras un nubarrón oscuro que amenazaba aún con más lluvias.
Fue entonces cuando aparecieron los capitanes de aquella compañía tercana. Pude ver como un enano, cuyo nombre era Arezol, blandía su hacha partiendo en dos a aquellos que se acercaban demasiado a él.
A partir de aquí todo ocurrió muy rápido. Una bola de fuego fugaz pasó justo a mi lado. Volteé mi cuerpo en esa dirección y observé como Árchaon, mirando hacia la ciudad, alzaba sus brazos, de cuyas palmas brotaban llamas que volaban en dirección a la ciudad. Y de repente, un pequeño río de lava comenzó a brotar de unas casas cercanas al lugar de la batalla. Había fundido la roca que alzaba aquellas viviendas, y con ello, el pánico se apoderó de la población.
Intentando evitar mayores incidentes contra personas inocentes, Arezol ordenó la retirada de la capital tercana.
Los niños vitorearon entonces aquel triunfo pasado como si hubiera sido llevado a cabo por ellos mismos. Ithlosë sonrió, y continuó leyendo ya para finalizar:
Sin oposición alguna, entramos triunfantes en la ciudad, cantando canciones que recordaban a los grandes señores de la guerra de antaño.
Habíamos ganado la batalla, y habíamos conseguido lo que ya queríamos, entrar en la ciudad.
Algunos años han pasado, y aún recuerdo los rostros de mis compañeros muertos en aquella batalla. Esto lo escribo desde mi casa, desde mis aposentos más concretamente.
Volví pronto de allí, y ahora me he casado, y tengo dos extraordinarios hijos.
He escrito mi historia, y la he recogido en este libro, a petición de mi señor Árchaon, pues siempre fui cercano a él, y con buen gesto, me pidió que relatara mi historia, y la del ejercito de la Alianza, para que siempre nos recuerden.
Y cómo él me dijo un día: “El destino de los hombres es impredecible, más lo es, pues, en tiempos de guerra...”.
Al fin, el sabio elfo cerró el gran libro cubierto en terciopelo que entre sus manos sostenía. En la portada, y bordado con hilo de oro, todos pudieron leer, con letras élficas: “De cómo Turiân de Menegroth alcanzó la gloria en los ejércitos de Eithel-Glîn”.
- Bueno pequeños, esta ha sido la historia de hoy, mañana, si el día aparece soleado, os contaré otra.- Replicó Ithlosë mientras levantaba su cuerpo del asiento improvisado en el que se había sentado.
- Está bien maestro- dijeron todos los niños al unísono mientras se alejaban simulando que luchaban entre ellos con espadas.
El elfo no pudo evitar reírse, y pensó para sí mismo:
\"No hay mayor maravilla que contemplar el puro y limpio corazón de un niño, además de toda la sinceridad que en él se guarda...\"
[Editado por legolaragorn el 23-04-2005 13:29]
- Otra jarra Jarth- dijo una voz grave al fondo.
- Otra para mí también- dijo una segunda voz.
El lugar era un amplio salón, alumbrado con diversas luces y una chimenea que además de alumbrar, evitaba el frío de la noche, que caía en el pueblo, como un manto en forma de copos de nieve que no parecía acabar. Las paredes lisas, estaban decoradas con diversos cuadros repletos de suciedad, y algunos que otros mapas donde señalaban antiguas rutas y caminos, muchos de ellos ya inexistentes.
Las risas que allí se encontraban, eran casi todas de hombres, a excepción de algún enano, y se agrupaban en pequeños grupos según la edad y la raza.
- Mozher, ¿por qué no nos cuentas una de tus historias, de esas de tus guerras de cuando eras joven y estabas…más completito?-preguntó irónicamente un hombre que se encontraba en la barra bebiendo.
Algunas risas se oyeron con este último comentario.
- Bueno, si tanta atención me estáis prestando, lo digo porque muchos se han reído (al decir esto frunció el ceño) contaré creo, la historia que más ansia tenéis por saber, cómo llegué a este estado físico- dijo orgulloso Mozher al ver las caras atónitas de los demás, que en ese momento, estaban totalmente concentrados en lo que decía:
Cuando aún no había existido esta posada, ni las murallas de la ciudad habían sido construidas, es decir, cuando yo era joven y vigoroso (hubo risas entre la multitud), yo era un soldado más de las filas de Tercano Nuruva, concretamente de la compañía cuarta, liderada por: Arezol, un enano de fuerza extraordinaria; Istanna, una Maia cuyos poderes eran asombrosos, más de una vez pude verla en acción, y eran verdaderamente maravillosos, y por último, aunque no menos importante, estaba Meldacar, un líder que estaba siempre riendo y era reconocido, más que por la habilidad de combatir, por sus técnicas del sigilo y sobre su excelente memoria para saber qué hierbas debían utilizarse en cada caso, algo que en más de una vez nos vino de perlas. Pues bien, no hace mucho, habíamos ganado una batalla, contra la compañía liderada por Fereveldir y Árchaon, procedentes de la Alianza de Eithel-Glîn, un territorio situado al sur de Haldanóri, Las Tierras Ocultas.
Pues como os contaba, acabábamos de ganarle en una dura batalla, por reconquistar la capital de nuestro reino, (la cual, había sido invadida no mucho antes), y tras la grandiosa, aunque sangrienta victoria, lo celebramos por los aires: Cerveza embotellada de buen grado, junto a unos suculentos pollos ahumados que había en las reservas de la capital, y para finalizar, pasamos parte de la tarde fumando Estrella Sureña, la mejor hierba para pipas de todo el lugar conocido actualmente.
Lo que pasó fue lo que muchos os imagináis: Gran parte del ejército se emborrachó, y otra parte de la legión cayó presa de los sueños, debido al cansancio de la dura batalla y la fiesta posteriormente realizada, y para peor, una parte de ellos fueron los fronteros del ala sur, y lo que ocurrió, es que fuimos invadidos sin más aviso que una inmensa piedra lanzada a la ciudad.
Los capitanes, debido a su responsabilidad, no bebieron mucho y pudieron reorganizar un poco la situación:
Istanna mandó despertar a todos los soldados, Meldacar mientras, mandó ser seguido por varios exploradores y Arezol distribuía las armas que estaban tiradas por los alrededores: había poco tiempo.
No mucho después, estábamos listos: marchábamos majestuosos hacia el enemigo portando el estandarte de batalla y haciendo sonar diversas trompetas. Meldacar llegó poco después, traía a un hombre menos de los que se había llevado, y en breves cuentas, explicó cómo el ejército retirado de la Alianza retomaba el asedio a la ciudad: poderosos ents, hombres y elfos, estaban al mando de dos capitanes: Fereveldir y Árchaon.
Meldacar tomó posesión de los arqueros, y mandó separarse del resto del ejercicio para, gracias al sigilo de la noche ya caída, y una pálida luz procedente de Isil (la cual estaba a punto de atravesar el horizonte para dejar paso al día) conseguir desviar la atención del ataque cuerpo a cuerpo gracias a la lluvia de flechas que caerían sobre ellos.
Los arqueros se prepararon, y esperaron las órdenes de Arezol, las cuales no tardaron mucho en llegar:
-¡Démosles un buen saludo de bienvenida!-dijo con voz potente.
Poco después, flechas incendiadas fueron a parar a los Ents enemigos, mientras que los nuestros, lanzaban grandes rocas o árboles que iban rodando sobre el enemigo: Así empezó la guerra.
Los soldados fueron a defender su territorio, no hace mucho conquistado, y luchaban sin parar, independiente de si iban perdiendo o no, no dejarían que les ganasen, incluso hicieron caso omiso de la alegría del bando enemigo cuando vieron caer la lluvia desde el cielo repentinamente nublado, a excepción de unos pocos lugares donde se podía apreciar la llegada de Arien.
No me acuerdo bien cuando pasó, pues como dije anteriormente, perdí la noción del tiempo, pero recuerdo que en alguna parte de toda esta batalla, una repentina llamarada fue a parar hacia la ciudad, algún Maia se encontraría entre las filas enemigas, proyectando una furiosa llamarada derribando a soldados y rocas a su paso, y fue a parar directamente a unas cuantas casas bajas donde vivían diversos hombres que pasaban por el lugar, y, sólo llegó a derribar unas pocas casas, debido a que Istanna se percató de la magia y pudo crear un hechizo que consiguió repeler a la magia enemiga, pero esto debilito en demasía a Istanna, por lo que a partir de ese momento se dedicó a luchar en las filas traseras, al menos hasta que recuperó fuerzas…
Mientras, Meldacar y Árchaon se encontraron cara a cara, y ninguno dudó del duelo de lo que tenían que hacer, cogieron posiciones y segundos después estaban empleando todas sus técnicas de batalla contra el otro, ya fuese con espadas, o con técnicas de lucha cuerpo a cuerpo, pero ninguno parecía ceder contra el otro, luchaban con furia, pero al mismo tiempo disfrutaban de la magnífica lucha que estaban realizando, por parte de los dos, aunque la suerte no estuvo por parte del tercano, y al pisar una roca resbaló, provocando la caía del elfo, el cual quedó sin conciencia. Árchaon se acercó alegre y levantó su espada en señal del último movimiento antes de que su espada brillase de color roja, pero, algo le hizo dudar, en sus pensamientos no veía bien acabar un duelo por un incidente como el ocurrido y simplemente dijo:
- Has tenido suerte, y no creo que te pase más de una vez- Dijo el capitán, y siguió con su batalla con cualquier con el que se topase.
Ahora viene la parte que trata sobre mí: Estaba luchando en el flanco derecho, era la parte de todo el ejército de Tercano Nuruva que estaba más desproporcionada respecto al número de soldados, y cada vez iban cayendo más progresivamente debido al elevado número de enemigos que había por uno solo de Tercano. En ese momento me encontraba quitándole el sufrimiento a un soldado enemigo cuando, de repente, sentí el duro acero de una espada atravesar mi hombro, y pude contemplar en el suelo mi brazo amputado, mientras intentaba desesperadamente moverlo, aunque sin triunfo. Me pude dar la vuelta, y conseguí ver a un rostro que disfrutaba viéndome sufrir y al mismo tiempo sangrar en abundancia, no recuerdo mucho más, pues lo último que llegué a hacer en esa batalla, fue lanzarle una daga al cuello de mi agresor, para segundos después caer en un profundo trance, que hubiese sido mi muerte, si no hubiese sido por la ayuda de unos soldado que vinieron días después al campo de batalla en busca de supervivientes.
Esa batalla, desgraciadamente la perdimos, no sé exactamente qué pasó para que se decantase totalmente hacia su bando, lo único que puedo asegurar, es que fueron muchos lo que murieron, casi tantos como los que quedaron heridos o, en mi caso, amputados, y aquí señores, acaba mi historia.
Los oyentes, rompieron en una multitud de aplausos de forma sonora, algo que hizo sonrojar a Mozher, y lo agradeció con una tímida sonrisa que hizo agrandar las dos o tres cicatrices de su cara, aunque a la multitud no le pareció importar, aunque no duró mucho con ese rostro, pues gran susto se llevó al ver una espada pasar cerca de su cara y fue a parar a una madera cercana.
Un hombre se levantó de su silla con su arma desenvainada, se encontraba en la última mesa, protegido por una columna e iba avanzando hacia el narrador, el cual, cogió la espada para defenderse.
¿Sabes?, yo también estuve en esa batalla, aunque lo hice desde el bando enemigo, y no me agrada que alguien saliese con vida, así que, te reto a un duelo que debía realizarse décadas atrás- Dijo el señor
Como queráis, aunque he de decir que no he perdido mucha habilidad con respecto a cuando era joven, aunque mi destreza ha disminuido debido a que solía combinar en el ataque las dos manos- Dijo Mozher contento, pues este combate le hacía recordar los tan añorados tiempos como soldado.
Los dos salieron a la calle, aunque seguía haciendo frío, al menos ya no nevaba, aunque el nerviosismo por el duelo apagaba cualquier otra sensación. Estaban ya preparados, dispuestos a acabar con la vida del otro y conseguir una victoria fácil, aunque cuando empezó, los dos comprendieron que ya no eran jóvenes, y el paso de tiempo les había marcado mucho, ya sea en la velocidad o en la destreza, y no mucho después el viejo procedente de la Alianza de Eithel-Glîn yacía en el frío suelo, aunque aún con vida.
- ¡Venga, mátame!- Chilló el viejo
- No, si te mato, sería tan rastrero como tú, y yo aún conservo la educación- Dijo Mozher
Tras estas palabras, se dio la vuelta, y se metió nuevamente en la taberna seguido de la plebe.
Resumen de la batalla.
Alianza ha perdido 22 armadas x35= 770 puntos.
Recuperables: 513
Valoraciones: 9+8+8=8,33
Recupera: 427
Pierde: 343 puntos.
Tercano ha perdido 28 armadas x35= 980 puntos.
Recuperables: 327
Valoraciones: 8+9+7= 8
Recupera: 262
Pierde: 718 puntos.
Alianza recibe 300 monedas por ganada ganada.
Tercano cede 100 monedas por abandonar la batalla.
Alianza saquea la capital de Tercano y percibe 500 monedas.
Compañias listas y actualizadas.