Fin Guerra: Señores de Nurn se retira del Combate
Armadas perdidas por \"Alianza de Eithel-Glîn\" = 48
Armadas perdidas por \"Señores de Nurn\" = 56

Batalla C4 Alianza Vs C5 Nurn
TerminadaEl tibio sol comenzaba su viaje por sobre las frías y solitarias cumbres de las montañas, cuando el ejercito de la Alianza comenzó su descenso, por las peligrosas sendas que le habían llevado a aquella escondida ciudad. La marcha de los soldados era tranquila, aunque se apreciaba aun en sus rostros el sentimiento de alegría por la victoria que alcanzaran días atrás. Tiempo hubo para el descanso y la recuperación, aunque también para el recuerdo de los que no volverían a su ahora lejano hogar. Pero en sus corazones percibían ese sacrificio como necesario mientras el mal se alojara en las tierras que rodeaban los bosques y ciudades en los que vivían, y que no estaban dispuestos a abandonar ni a someterse al yugo de sus viles intenciones.
Varias jornadas después el ejercito se vio fortalecido con la llegada de refuerzos de sus tierras. Se habían enviado mensajeros comunicando las nuevas de la batalla con el ejercito tercano, pero ahora su objetivo era mayor y se necesitaba mas fuerza, para hacer frente a un peligroso rival.
Ese día la felicidad apareció en sus rostros. Todo lo que les contaban de sus hogares les parecía un sueño maravilloso del que no querían despertar. Las conversaciones se prolongaban y el deseo de conocer cualquier noticia de su familia era mayor en ese momento que cualquier cosa en el mundo. Cualquier pequeño comentario sobre un bosque o una aldea cercana a su hogar era recibido con gozo en el corazón, y esto les hizo más llevadera la marcha hacia las peligrosas tierras del norte de Haldanori.
Su intención era llegar hasta las oscuras tierras de los Señores de Nurn, y frenar su fuerza, que comenzaba a oprimir a los pueblos de su alrededor. Era esta una misión difícil y peligrosa, donde resultaría cara tanto la victoria como la derrota.
Y tras duras y fatigosas jornadas por fin estaban cercanos a su objetivo. Se encontraban en las tierras de Telpe en las proximidades a las tierras de los señores, y la marcha por aquellos bosques les llenaba de dudas el espíritu. Aun así, la determinación y entrega demostrada por sus capitanes era superior y mantenía sus esperanzas intactas.
Un día a la caída del sol se diviso, una ya de por sí oscura ciudad en el horizonte. Era la ciudad de Barad-Avathael, pero lo que en otros tiempos era una ciudad industrial para sus gobernantes, se mostraba ahora menos gris y la actividad de sus frías factorías era muy escasa. Pronto conocieron el motivo, pues en la distancia se escucho un cuerno de guerra de Nurn que llamaba a sus filas a la batalla. Esa ciudad no constituía el objetivo del ejercito de la Alianza, pero una vez que su posición había sido descubierta, no cabía la posibilidad de eludir el ataque por duro y férreo que resultase.
Pero no era ese el momento para el ataque contra unas elevadas murallas. El viaje hasta allí resultó agotador pues las jornadas de camino se continuaban mientras la luz les permitía, y por tanto las fuerzas estaban disminuidas. Esa noche al calor de los fuegos las conversaciones tenían un cariz amargo y triste, pero aun se conservaba el recuerdo de las charlas con los recién llegados, y se buscaba de nuevo una ocasión para una nueva. Más la dura voz de Marlad, se escuchaba cuando estas suplicas se oían:
-Otra vez tenemos que escuchar los relatos de ciudades que no son las vuestras. Luchar es la única manera de que volváis a ver a los vuestros. Eso y que alguien no os mate antes-finalizo el hombre mientras se levantaba. Marlad tenia un aspecto rudo, y ya conocía bien el sabor de la guerra. Se mostraba callado y era un gran luchador que inspiraba cierto respeto entre el resto de soldados. Pero incluso él, apreciaba esos recuerdos de sus tierras, y aunque no quería reconocerlo cuando se acostó, un ultimo pensamiento fue para sus padres, que vivían en una pequeña aldea del reino.
El día amaneció y los preparativos para el asalto se fueron realizando a lo largo de la mañana. Las espadas habían sido afiladas y los arqueros contaban con multitud de flechas dispuestas a cumplir su fin. Poco antes del mediodía todo estaba dispuesto y la marcha se encamino hacia las puertas de la ciudad.
En lo alto de los muros las huestes enemigas ya les esperaban preparados, y dispuestos para acabar con ese ejecito igual que habían hecho con otros anteriormente. Miraban a sus enemigos y percibían ya el aroma de una nueva victoria. Poco después comenzó el ataque.
Las fuerzas de la alianza se habían colocado en sus posiciones con los arqueros dispuestos para el ataque. Lo primero era conseguir entrar en la ciudad, pues la defensa de los muros era un obstáculo difícil para sus fines. Fue entonces cuando los ents irrumpieron en el campo de batalla, arrojando enormes piedras sobre los muros y sobre la puerta de la fortificación. Pero incluso esos enormes bloques eran insuficientes para derribar los muros, así que los ents comenzaron una marcha contra la ciudad, mientras en lo alto de las murallas se escuchaban las risas de los soldados, pues estos estaban bien preparados, y una lluvia de flechas envueltas en fuego, pronto voló contra los árboles. El sol era por ese entonces una gran bola de fuego, que si bien en esas tierras era algo más normal, desprendía sin embargo mas calor de lo habitual, y esto provocaba que las flechas realizaran mejor su trabajo.
Pero la Alianza no se quedaría esperando a que sus fuerzas se viesen menguadas y los arqueros avanzaron detrás de los ents disparando, contra los soldados nurnitas. Era una batalla hasta el momento desigual pero aun no había nada decidido, pues aun envueltos en llamas los ents comenzaban a llegar hasta las puertas, y sus grandes golpes eran oídos en cada rincón de la ciudad.
Así marcho el ejercito al completo contra la puerta, pues ya solo era cuestión de tiempo que esta cediera, y el combate aéreo dejase paso al cuerpo a cuerpo.
Tras un gran estruendo, el gran portón se vino abajo, acompañado en su caída por los muros de los que pendía su inmensa mole, lanzando roca, metal y madera. Una gran humareda se levanto entonces y de ella comenzó a emerger el ejercito de la alianza que pronto descubriría la fuerza de su rival, pues estos ya les esperaban preparados para frenar su embiste y defender una ciudad que ya consideraban suya, al igual que hacían con todo lo que conseguían empleando su fuerza.
La alianza tras el primer ataque dividió a sus fuerzas para lograr el más rápido avance posible y expulsarlos hacia sus oscuras tierras de las que no debían haber salido. Los ents avanzaron a sus anchas hacia el centro de la ciudad, aplastando a su paso a cuantos enemigos se ponían en su camino. Algunos enanos osados se lanzaban armados con sus afiladas hachas frente a los gigantescos árboles que irrumpían en escena, así como elfos y hombres de corazón oscuro, pero más ágiles que los torpes orcos, aunque el final fue idéntico para todos, pues los pastores ya habían sufrido mucho por sus manos y no permitirían que esos fríos seres infringiesen mas daño a lo que apreciaban ni a aquellos que compartían sus buenos propósitos.
Por su parte Nyarél capitaneaba una parte del ejercito por el flanco derecho de la ciudad acabando con aquellos que les salían al paso. Pronto descubrieron un gran arsenal de poderosas ballestas y otros grandes artefactos que emplearían en su defensa. Pero sus intenciones no se verían cumplidas pues los poderosos mandobles de la capitana y de los hombres y elfos, pronto darían cuenta del grueso pelotón que se encargaba de su traslado y empleo. Era una lucha muy igualada y encarnizada, donde las espadas se teñían pronto de sangre, que resbalaba por el delicado aunque poderoso metal. Además aun quedaban en las murallas algunos de los más fieros arqueros que interpondrían sus flechas en el avance por la conquista de la ciudad.
Marlad avanzaba bajo las ordenes del capitán elfo Malenril, por el flanco izquierdo impidiendo el avance rival. Era una zona difícil de mantener bajo control debido a la multitud de recovecos que presentaba la ciudad en esa zona, unido a la existencia de unas escaleras que daban tanto acceso a las murallas como a un edificio resguardado que era utilizado por Nurn como un pequeño cuartel para sus hombres. De allí surgió una gran horda, que les había conseguido rodear por ambos frentes sorprendiendo a los atacantes y logrando una mayor efectividad en su defensa. Mas a pesar de la sorpresa inicial, el ataque fue prontamente controlado, pues el elfo había conseguido reunir a sus hombres y formarlos en dos fuertes bloques. Así uno de ellos tomo el acceso a las murallas, y a pesar de las enormes bajas causadas se consiguió cambiar el objetivo de las flechas arrojadas desde las murallas.
Los cadáveres de los guerreros comenzaban a poblar el suelo, mientras su sangre regaba el negro suelo. Pronto se pudo comprobar que en el cielo se presentaban unas leves sombras. Eran las desprendidas por los pájaros carroñeros que acudían a la llamada de la sangre que el sol, en otras ocasiones cálido y amable, se encargaba ahora de propagar aumentando el hedor a muerte.
El ejercito nurnita estaba pronto a la derrota, pues aunque su defensa era grande y habían causado enormes bajas en sus contrarios, estas eran aun superiores en sus propias filas. Pero la derrota era una palabra a la que estaban acostumbrados a escuchar al referirse a sus propios actos. Sus batallas eran contadas por victorias, salvo en contadas ocasiones, y sus capitanes no estaban dispuestos a admitir que esta batalla estaba perdida y que la ocupación de la ciudad era ya un hecho veraz. Sus dirigentes tenían el cuerpo bañado en sudor, pero también en sangre, pero en esta ocasión no era la de sus infelices enemigos, sino que era la suya propia debido a las graves heridas infringidas en el transcurso de la dura batalla.
El final de la batalla estaba ya próximo y ejercito de nurn se replegaba para batirse ya en su necesaria retirada. Pero sus intenciones eran producir el máximo daño posible y aun persistían en el ataque. Se produjo entonces la caída de Marlad, por una de las ultimas saetas arrojadas por los últimos arqueros que se batían en retirada, una vez que se habían visto acorralados sobre otra de las puertas de la ciudad, y su capitán al final había dado la voz de retirada, tras asumir su derrota, aunque no la perdida total, pues en su ser no la admitía y buscaría un medio de resarcirse. Pero no seria en esta ocasión donde el valor de la alianza se había demostrado aun más que en otras ocasiones.
Marlad veía escapar su vida a la vez que el enemigo se perdía de su vista. En su interior se encontraba contento de la victoria a pesar de no poder celebrarla con sus compañeros, pero una pena se mantenía en su corazón, pues ansiaba sobremanera el ultimo abrazo a su familia antes de partir hacia un destino del que poco sabían. Mas la pena se iba escapando y la paz entraba en su ser y todos sus dolores desaparecían. De pronto una blanca luz se presento ante sus ojos y vio su final ya cercano, pero no se trataba de eso, sino de la delicada Nyarél que se entregaba al uso de sus dones en la curación de los heridos. Pronto la consciencia volvía a él y la visión de aquellos hermosos ojos le tranquilizaba el alma y el cuerpo. Tenia una nueva oportunidad de cambio.
Mientras Malenril contemplaba la huida del enemigo.Al volver con los suyos, sabia que el enemigo aun no había dicho su ultima palabra, aunque si en esta encarnizada batalla, donde la Alianza había triunfado.
[Editado por javtrey el 23-04-2005 19:29]
Cuando los primeros rayos de sol lanzaron sus primeros destellos en el horizonte ya me encontraba en pie y vestido, rodeado del sinfín de soldados que formaban la hueste de los Señores de Nurn.
Antes de la llegada de la albada, la voz áspera y malhumorada de Barkoin nos había despertado a todos. Había irrumpido abriendo la puerta con un sonoro golpe en las habitaciones de mis compañeros, donde descansábamos estirados encima de fría paja. Algunos soldados maldijeron por lo bajo y los más perezosos se despertaron de golpe al captar los destellos del hacha de Barkoin, la cual relucía bajo la luz de las antorchas.
Entre quejas y juramentos, habíamos avanzado a través del pasillo que conducía a la estancia donde los dirigentes de la Compañía pasarían lista. La mayoría protestaba del estado en el que tenían que malvivir con voz queda, temerosos de que el enano les escuchara. Nuestras mentes permanecían ajenas a la carnicería que acontecería al cabo de unas horas.
Barkoin avanzaba delante nuestro con caminar firme y seguro. De vez en cuando se paraba a examinar algunos de sus súbditos, su salud física y el estado en el que se encontraban sus heridas. Todos permanecían callados, con la vista fija al frente. Al llegar donde yo me hallaba cesó de andar. Con un rápido gesto agarró mi barbilla con fuerza y me miró. Noté como una mueca de desprecio se dibujó en su rostro al examinar mis rasgos frágiles y mi delgada figura. Sus ojos recorrieron mi cuerpo y observaron con más detenimiento mi rostro carente de barba. Contuve la respiración, pues conocía el desprecio de los enanos por los soldados cuya constitución era semejante a la mía.
De repente una mano femenina de tono cremoso cogió a Barkoin por el hombro. “¿Hay algún problema?”, oí que susurraba la mujer con voz apremiante. El enano, sin inmutarse ni responder, prosiguió su avance entre las filas de Nurn. Conocía muy bien cuales eran los pensamientos que pasaban por su cabeza. Barkoin nunca había ocultado su despreció por los seres débiles y su odio por los Elfos. Cuando se enteró de que dos de los dirigentes de su compañía pertenecían al pueblo de los Elfos, no ocultó su disgusto; pero al saber que uno de ellos era una mujer, no pudo reprimir su enfado.
Aranel Élvanwa, aquella mujer Elfa de enigmáticos ojos dorados, recorrió las comisuras de sus labios con sus dedos y me dedicó una sonrisa ambigua. Por un instante, tuve un recuerdo fugaz de las noches que había pasado en su cuarto desde que conquistamos Barad Avathael.
Cuando Aranel continuó su marcha, varios soldados giraron su mirada y observaron con frustrado deseo sus pasos. Tal vez, Barkoin no erraba al quejarse.
Al cabo de unos minutos, cuando el examen estaba a punto de llegar a su fin, uno de los vigías que habían pasado la noche apostado en las murallas entró en la sala. Traía noticias urgentes para el capitán Seron. Sin embargo, a éste no pareció importarle. Imaginaba la conversación que estaban manteniendo: con toda probabilidad la Alianza de Eithel-Glîn ya estaba organizando sus tropas para lanzar un ataque que consiguiera abrir brecha en los muros de Barad Avathael. Al parecer por la actitud tomada por Seron, el ejército enemigo no representaba ningún peligro serio. Su expresión denotaba seguridad y orgullo: seguramente no esperaba que la Alianza fuera capaz de vencer a Nurn, aun menos estando éstos últimos protegidos tras fuertes murallas.
Al llegar el mediodía, cuando los rayos del sol brillaban con más intensidad sobre nuestros cuerpos, el ejército de la Alianza de Eithel-Glîn lanzó su ofensiva. Por mi parte, hacia rato que yo me había ataviado con las ropas de combate. Mi función era la de arquero: una sencilla túnica, ligera y liviana para facilitar los movimientos, cubría mi cuerpo. En mi pecho lucía bordado el emblema de Nurn y sobre éste se cruzaban las cintas de cuero que sujetaban el carcaj en mi espalda. Las flechas eran de negro azabache y negras eran sus puntas, envenenadas mortalmente con mejunjes secretos, engalanadas con rojos penachos. El arco, de gran envergadura, era de madera de tejo, con extraños símbolos en lengua oscura gravados en su superficie.
Apostados en lo alto de las murallas, resguardados tras las piedras, observé el resto de mis compañeros de combate. El conjunto de arqueros estaba constituido en su gran mayoría por Elfos y algún humano de aguda mirada: nuestra capitana era Aranel Élvanwa. La mujer había dado órdenes de encender en llamas las puntas de las flechas para dar la bienvenida al enemigo con fuego.
Detrás nuestro esperaban órdenes el resto de humanos y elfos del clan, armados con poderosas espadas y lanzas, que ansiaban la hora de infligir dolor al enemigo. Éstos eran capitaneados por Seron, cuyo rostro permanecía tan impertérrito como por la mañana. Debía imaginar una victoria rápida y limpia, sin grandes bajas.
En la parte baja de la ciudad, detrás de sus grandes portones, aguardaba la hueste de orcos y enanos. Los primeros iban armados con toscas cimitarras; los otros, portaban grandes hachas entre sus manos. Barkoin se encontraba al mando, con semblante disgustado.
Cuando el ejército de la Alianza de Eithel-Glîn se encontraba a una distancia razonable, Aranel ordenó que los arqueros tensaran sus arcos. Cientos de saetas envueltas en llamas se alzaron y surcaron el aire, relucientes bajo el cielo de mediodía. La mayoría de ellas alcanzaron su objetivo: algunos de los Ents enemigos cayeron al suelo cuando sentían el fuego quemando su madera y, al llegar al suelo, aplastaban muchos de los espadachines enemigos.
En mi puesto privilegiado podía ver como se desarrollaba la batalla. Un grupo de Ents se encaminó hacia la ciudad. En sus manos portaban grandes piedras, con las que empezaron a golpear los bastos portones. Las murallas temblaron y la madera de las puertas crujió ante la embestida. Sentí el primer espasmo de miedo en mi cuerpo ¿Qué sucedería su conseguían penetrar en la fortaleza? No les resultaría difícil...teniendo en cuenta que ellos mismos habían logrado derribar esas puertas días antes.
Con el pulso temblando ligeramente, disparé un par de flechas hacia el enemigo. Todas dieron en el blanco, pero de nada sirvió. Las grandes bestias apagaban con un golpe seco el fuego, antes de que su madera prendiera.
Con la siguiente embestida, las puertas comenzaron a ceder. La hueste de orcos del ejército de Nurn se lanzó hacia delante y contuvo las puertas, haciendo peso con su propio cuerpo. Desde lo alto de las murallas los guerreros lanzaron piedras al enemigo, acatando las órdenes de Seron. El Elfo había perdido parte de la compostura y su rostro ya no denotaba la seguridad de hacia unas horas.
Los espadachines de la Alianza de Eithel-Glîn comenzaron a escalar las murallas de Barad Avathael, ayudados con largas escaleras. Al unísono, la última embestida de los Ents surgió efecto y las puertas cedieron. La caballería del enemigo irrumpió en la ciudad mientras el grueso del ejército de Nurn restante corría a su encuentro. Pronto se desarrolló una ardua lucha entre los dos clanes rivales que pugnaban por hacerse con el control de la ciudad. Los muertos se sucedían en una cruenta batalla en que la sangre teñía las escaleras de Barad Avathael.
Detrás de mi, un humano que empuñaba una espada bajo los símbolos de la Alianza intentó atacarme por la espalda. Con un rápido movimiento hacia atrás evité el golpe y desenvainé la daga que colgaba de mi cintura. Atravesé la yugular del enemigo y, sin molestarme en recuperar la hoja, corrí a pedir órdenes a mi capitana. Fue entonces cuando me percaté de la desoladora situación de Nurn: la balanza se inclinaba hacia el lado de nuestros rivales. Prácticamente no nos quedaban soldados: la mayoría yacía en el suelo, desprovistos de cualquier atisbo de vida. A muchos de ellos les habían vaciado las cuencas de los ojos y sus cuerpos mutilados permanecían a merced de los animales carroñeros. El pillaje y los saqueos se sucedían y todo parecía preso de una locura atemporal que no tenía fin.
A mi lado oí a Seron Lumnelda, capitán de mi compañía. Con voz llena de amargura, tocaba retirada. Observé una herida profunda en su cabeza, cuya hemorragia intentaba frenar con unos paños.
La batalla estaba perdida, debíamos abandonar la ciudad. Cuando me percaté de la cruda realidad, el miedo invadió mi ser. Comencé a correr y me lancé escaleras abajo. Las imágenes se sucedían a mi alrededor: jóvenes que apenas superaban la adolescencia fallecidos, las puertas derruidas, el hedor de sangre que impregnada el ambiente. Un soldado de la Alianza intentó darme alcance, pero cayó derribado bajo el hacha de Barkoin, Hoja de Hierro. Su hoja estaba mellada y tenía un corte que abarcaba toda la piel de su espalda.
En mi desenfrenada carrera, tropecé y caí al suelo. Al abrir los ojos tan solo alcancé a ver una rizada cabellera pelirroja; tan solo sentí el tacto de una piel suave y cremosa. Aranel yacía inconsciente debajo de mi cuerpo.
Aterrado ante la idea de que una de las mandatarias de mi clan pudiera haber muerto, la alcé entre mis brazos. Sus ojos estaban cerrados y su rostro era pálido y frío como el mármol. Corrí con ella hacia las puertas traseras de Barad Avathael, donde se dirigían los soldados supervivientes. Cuántos éramos, ¿veinte? ¿treinta? Aquello ya no importaba. Donde fuera que mirara solo veía cadáveres y en el rostro de todos estaba gravado el mismo miedo: el miedo a la muerte.
Pero si algo es cierto es que, en cuanto el terror de aquellas horas pasara, volveríamos. Volveríamos a reclamar lo que era nuestro, la venganza.
Resumen de la batalla:
Alianza pierde 48 armadas x35=1680 puntos
Recuperables: 1120
Valoraciones: 8+8+7+9+9= 8,20
Recupera: 918
Pierde: 762 puntos.
Nurn pierde 56 armadas x35= 1960 puntos
Recuperables: 653
Valoraciones: 9+9+7+9+10= 8,80
Recupera: 575
Pierde: 1385 puntos.
Alianza recibe 300 monedas en concepto de ganada ganada.
Nurn cede 100 monedas a Alianza por abandono de la batalla.
Alianza saquea la ciudad de Nurn y percibe 200 monedas.
Compañías actualizadas y listas!
Historia finalizada.