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Fin Guerra: Tercano Nuruva deja de Atacar
Armadas perdidas por \"Tercano Nuruva\" = 29
Armadas perdidas por \"Alianza de Eithel-Glîn\" = 23

Historias, leyendas y batallas en las tierras olvidadas de Arda.
Edicion 2
Finalizada · 08-09-2004
2005:04:30:02:38:14
Fin Guerra: Tercano Nuruva deja de Atacar
Armadas perdidas por \"Tercano Nuruva\" = 29
Armadas perdidas por \"Alianza de Eithel-Glîn\" = 23
Era un día soleado, y el pequeño Tuk salió a jugar con el resto de los niños. Pero él quería jugar a las aventuras, y eso no le gustaba a los demás hobbits, así que se marchó apenado a imaginarse historias maravillosas él solo en lo alto de su colina preferida. Pero mientras el pequeño soñaba con grandes hazañas, una suave brisa empezó a soplar. El joven Tuk quedó paralizado, pues le pareció escuchar una voz. Se levantó, afinó el oído, y escuchó. Era el relato de un bardo, transportado por el viento, sobre lo que parecía una gran batalla. El niño hobbit, contento, se tumbó en la fresca hierba, cerró ojos, sumido en un sueño despierto....
“Aquella mañana amaneció cubierta de un manto gris, que se fue oscureciendo a medida que avanzaba el día, y con él, las huestes de Tercano Nuruva, los Heraldos de la Muerte. Su ataque no era ninguna sorpresa para los habitantes de la ciudad. Hacían sólo dos días que Hallas, un espía a servicio de la Alianza, había regresado con la preparación de un ejército de Tercano como nueva. Inmediatamente, la ciudad reclamó a todo hombre o mujer capaz de luchar, y cerró sus murallas.
A la hora del atardecer, cuando intuían que el Sol estaba en lo más alto, aunque apenas había rayo que pudiera atravesar las negras nubes que cubrían el cielo, un ejército mortífero esperaba pacientemente a la masa de polvo que se divisaba por encima de las copas de los árboles. Era una tarde oscura, mas caían rayos que iluminaban momentáneamente el horizonte.
La horda era ya visible, y la ciudad tensó sus arcos y desenvainó sus espadas. Soplaba un viento fuerte, y la humedad era notable en el ambiente, parecía que el cielo iba a resquebrajarse de un momento a otro. Los cuernos sonaron en ambos bandos, acompañados por el rugido de los truenos. De repente, todo quedó en silencio. Tercano tenía un gran ejército, pero los soldados de la Alianza no tenían ningún temor, confiaban en su victoria. Los capitanes esperaron a que los atacantes comenzaran para dar la orden, debido a la quieta actitud desafiante de éstos. El desafío terminó cuando un elfo oscuro lanzó la primera flecha, fallando el blanco. Al instante, cayó la primera lluvia de flechas de la Ciudad. Las primeras líneas de Tercano fueron abatidas como olas al llegar a la orilla, pero ese primer ataque fue respondido con más disparos, mas la mayoría chocaban contra los altos muros de la ciudad.
Una gran columna de soldados a pie se abrió paso de entre los arqueros, transportando lo que parecía un tridente enorme en madera tallada con púa metálica en cada uno de sus arpones, y protegidos por elfos más altos que colocaban sus escudos a modo de coraza. Así llegaron protegidos de las flechas de la Alianza hasta las puertas de la ciudad. Una y otra vez golpearon las puertas, que se resistían a ser abatidas, pues estaban reforzadas con placas de acero en su interior. Los intentos por detener aquel enorme tridente fueron en vano, pues tras muchos golpes las puertas se quebraron. Cuando la primera grieta asomó por el interior de las murallas, la capitana gritó algo inteligible debido al enorme estruendo, pero a pesar de ello, todos captaron el mensaje. Inmediatamente fueron levantados dos finos canales e introducidos por las grietas desde las murallas, y sobre ellos se vertieron lenguas de fuego líquido que se deslizaron hasta caer como un pequeño torrente sobre los hombres de Tercano. La belleza de las grandes puertas escupiendo ríos de fuego sólo se anulaba por lo macabro de su resultado. Los soldados intentaban detener en vano con sus escudos aquella masa dorada, los gritos de socorro se fundían con los gritos de dolor al sentir en su piel el poder del fuego. La capitana no pudo evitar sentir compasión, y miró a otro lado, aquellos que morían ahora seguramente no hubieran sido piadosos con ellos, debía tener en cuenta las reglas de la batalla.
Las fuerzas enemigas estaban a punto de conseguir entrar en la ciudad, el terror y el pánico se sembró en los ciudadanos de la ciudad. Fue entonces cuando Fëathoron le dijo a su hermana Laitaine (capitana de las fuerzas aliadas) que tenía que marcharse unos segundos del frente, pues se le había ocurrido algo, Fëathoron fue a la plaza de la ciudad y gritó con tal fuerza que se escuchó su grito en el bando contrario. Tras el grito llamó la atención de los ciudadanos:
- Los que puedan sostener un arma preparaos para dar todo lo que podáis dar por la ciudad, pues entraréis en batalla, mayores de dieciocho os encargaréis de ir a recoger el veneno que usaremos para las flechas; no tendréis mas que media hora para ir y venir del bosque con el veneno. Niños y mujeres dirigíos a la posada y allí comenzad a afilar flechas, y a impregnarlas en el veneno. Eso es todo y tened en cuenta que ¡No pasarán! Gritad conmigo ¡No pasarán!...
Mientras tanto Laitaine disparaba flechas con tal precisión que ninguna de las que disparó no acertó en la cabeza del enemigo…disparaba con una naturalidad que era propia de la más perfecta guerrera, disparaba y disparaba, era sorprendente pues incluso llegó surcar la cabeza de dos elfos oscuros con una misma flecha. Fëathoron volvió junto con su hermana para continuar la lucha.
Las tropas enemigas ya habían conseguido romper completamente los portones…Laitaine ordenó la segunda posición al ejército. Los hombre se colocaron delante con sus afiladas espadas, más atrás, los enanos con sus mortíferas y bastas hachas, los elfos tras ellos con sus arcos, unos minutos después los elfos aliados ya disponían de flechas venenosas, pero aun así las fuerzas enemigas avanzaban rápidamente, Fëathoron divisó un grupo de elfos oscuros que habían provocado una brecha en las defensas y se encaminaban al centro de la ciudad, Fëathoron se abalanzó sobre los diez y uno tras otro fueron cayendo ante los afilados dientes de su Sol Naciente. El sonido del choque de espadas, el sonido de las hachas clavándose en carnes enemigas y aliadas, el silbido provocado por el vuelo de las saetas provocaba una perfecta armonía musical que transmitía lo que en aquel lugar se estaba viviendo. Fëathoron volvió con su hermana y le dijo que no podrían aguantar más que iría despertar a los ents aliados que estaban en el bosque aun dormidos. Laitaine le dijo que se diera prisa pues serían una gran fuerza de choque. De repente comenzaron a abalanzarse piedras sobre las cabezas de los aliados, ante la sorpresa de todos los enemigos disponían de un amplio número de ents y los usaban como catapultas, Laitaine ordenó una ofensiva total a todos, esta ofensiva hizo retroceder a las tropas enemigas ligeramente, Laitaine veía como Tercano poco a poco conseguían inmiscuirse en su ciudad. De un momento a otro llegaría con su hermano el apoyo de los ents lo cual le daba más esperanzas y ordenó otro segundo ataque que echó a los Tercano a las afueras de la ciudad.
De repente el suelo tembló, eran los ents que venían a la guerra a combatir junto con los otros guerreros que necesitaban su ayuda. Los ents comenzaron lanzar piedras desmesuradamente lo cual comenzó a equilibrar la batalla a favor de la Alianza.
Tras unos minutos en el majestuoso cielo se produjeron varios relámpagos simultáneos que juntos iluminaron todo el ángulo de visión de cada combatiente durantes diez segundos, fue de tal intensidad que todos cegados creían estar, Fëathoron se asustó y gritó para buscar a Laitaine la cual no respondía, él pensó si sería el final…pero escucho la voz que buscaba entre las luces del cielo y se alivió entonces fue cuando un tremendo rayo impactó brutalmente contra nuestra ciudad incendiando el granero. Laitaine ordenó a un grupo de elfos que fueran a controlar el fuego y lo usaran para prender enormes bolas de fuego que lanzarían con las catapultas al bando enemigo. Laitaine segundos después gritó:
- ¡Cubriros! ¡Una lluvia de saetas se acerca!…Ahora levantaos y luchad pues los enemigos hoy ¡no pasarán! ¡No pasarán! …
Tras el grito de la heroína las tropas no pudieron penetrar en la ciudad tanto como lo habían hecho, los salvajes corazones de los guerreros que defendían sus vidas, su honor, defendían la paz y el bien, que luchaban por todo aquello con lo que se aferraban a la vida resultaron ser los guerreros más fuertes y decisivos en la batalla. Motivados por los gritos de la capitana todos comenzaron a gritar ¡No pasarán! Lo cual sembró la inquietud en el enemigo. Los ents lanzaban el peso de la tierra sobre las cabezas del enemigo el cual duramente se aferraba a una victoria que cada vez estaba más lejana de su alcance, las catapultas cargadas con el fuego que se provoco en el graneo lanzaban el fuego entre el ejército y provocaba grandes bajas. Los hombres valientes se lanzaban junto con sus espadas a la batalla entregando toda su alma. Los enanos combatían de forma hiperactiva. Los elfos con sus flechas cortaban el aire en millares de fracciones que provocaban un leve sonido que tranquilizaba el corazón de aquellos que se encontraban en el frente.
Aquella situación emocionó a Laitaine y no pudo evitar que una lágrima se deslizara por su piel tensada por la batalla.
Fëathoron se abalanzó sobre el ejército enemigo y comenzó a luchar como no hacía desde hace tiempo, Laitaine fue con él y juntos derribaron a tantos enemigos que a partir de cien olvidaron cuantos llevaban los hermanos juntos formaban un dúo invencible, la habilidad de Laitaine de lanzar flechas con una agilidad sin igual y la habilidad de Fëathoron de detener flechas con su Sol Naciente al la vez que mataba a enemigos producía una combinación mortífera que se hacía resaltar en el combate.
La lucha se desarrollaba ahora en el interior de la ciudad. Antes de que esto ocurriera, los niños fueron puestos a salvo en una cripta subterránea. El sonido de los rayos al caer se mezclaba con el chocar de las espadas, y con las flechas cortando el aire. La capitana había dejado el arco para luchar ahora cuerpo a cuerpo con la espada. Entonces divisó a la que parecía la capitana de Tercano, que se debatía con Hallas, éste parecía tener dificultades. Fue entonces cuando una flecha atravesó la garganta del elfo. Laitaine corrió, y las espadas de ambas capitanas se encontraron. En cada uno de los golpes descargaban toda la furia que cabía en sus almas. En ese momento, un grito desesperado de un elfo de Tercano reflejaba la situación en la que estaban. La capitana de Tercano salió corriendo bajo el grito de ¡retirada!, pues no tenían otra opción, ya que la defensa de la ciudad era apoteósica, e intentar mantener el asalto sería un suicidio...”
El pequeño Tuk se levantó de un salto. Si no corría llegaría tarde a la segunda merienda. Cuando entró en su agujero hobbit, su madre le preguntó que dónde había estado, pues ningún niño del pueblo había jugado con él. A lo que el pequeño respondió:” he estado jugando a las aventuras”. Esa noche se acostó pensando de qué bardo sería esa voz, y de que tierras provenía, y si esa gran batalla existió en realidad...
[Editado por Laitaine_Numeniel el 24-04-2005 19:05]
Llevaba ya horas cabalgando, pues el trayecto fue difícil, más aun para un inexperto como yo.
Ese era mi primer trabajo como mensajero y la compañía cinco era la destinataria del comunicado, debían ir hacia el territorio de la Alianza. Desde un comienzo me pareció alocado, pero por hacerlo ganaría prestigio y eso era lo que buscaba.
Llegué extenuado por el trayecto sin fin, los soldados, como intuyendo el motivo de mi llegada, daban un respingo a mi pasar.
La atmósfera de batalla es atrayente, sabe usted señor que cuando niño siempre soñé con ser un hábil guerrero y que mis hazañas fueran contadas por los bardos a los grandes señores y como embriagado con un fuerte licor, la idea de ser participe de una proeza me entumeció los miembros e hice una de las acciones más arriesgadas de mi vida.
Es la curiosidad de lo nuevo lo que obliga al hombre a renunciar a la razón y embarcarse en operaciones arriesgadas y sumamente estúpidas, pero ahí estaba con el permiso del capitán, el cual me miraba con un aire paternal, como el padre que permite a su hijo fallar para que aprenda su lección. Ahí estaba yo con el arco y las flechas las únicas armas que sabía vagamente utilizar.
El sol menguaba o eso es lo que se intuía ya que en el campo de batalla las nubes no permitían el paso de su luz, la tarde era noche y alineados para la batalla estaban los soldados junto a la dama Nelinde, quien comandaba a los arqueros, sonaron los tambores con el son de guerra y ahí estaba yo sin saber que hacer.
Nos acercamos, las tropas enemigas ya estaban alienadas, cesó la marcha y levantando su espada la el señor Sildorl dio la orden de partida. Las flechas silbaron por ambas partes, cayeron los soldados, uno a mi lado, solo por la gracia de Eru no salí herido, pero la batalla estaba declarada y en la confusión perdí de vista a los cabecillas, me dejaron solo armado de arco y flecha vulnerable a los ataques enemigos.
Pero esto no era ni el comienzo.
Agrupados fueron acercándose a las puertas los soldados tercanos, protegidos por sus escudos, transportaron el ariete para romper así las puertas, la voz del señor Sildorl resonaba imperativa, su ataque era contrarrestado por unas fuentes que en los costados de las puertas escupían fuego, pero aun así lograron abrirse paso entre las llamas.
Las puertas estaban abiertas.
Mirando el espectáculo estaba cuando siento un golpe en mi cabeza que me dejó aturdido, caí al suelo, una risa detrás mío me hizo saber que estaba en peligro, pero ya era tarde para tomar mi arco, grité y escuché al igual un grito pensé que era el mío, pero no, un cuerpo pesado cayó encima mío, era el cuerpo de mi agresor que tenía en su espalda clavada fuertemente un hacha.
Flint el enano uno de los dirigentes masculló algo como:
-Oye jovencito-Mientras sacaba su hacha de la carne enemiga-estás muy cerca de las puertas mejor vete-Hizo una pausa y mirando por encima de mi hombro exclamó-¡Nelinde!-.
La elfa se encontraba sentada, usaba su espada como apoyo, estaba gravemente herida pero numerosos cuerpos enemigos yacían a sus pies, se me encomendó llevarla hacia un lugar seguro y como un niño corrí con ella al amparo de que oscuridad cubriera mis pasos y no fue difícil gracias a la confusión reinaba en el lugar.
Desde la batahola se apreciaba que las armadas tercanas estaban atacando sin piedad pero eso no fue suficiente, las condiciones desde un principio fueron favorables para el enemigo.
Estocadas por un lado y por otro, tuve que alejarme para ocupar el arco pero fue muy difícil estaba en el centro de la batalla mi cabeza corrió peligro, señor, muchas veces, sino hubiese sido por la señora Nelinde no lo cuento, ella fue quien aun herida corrió conmigo hasta un lugar seguro y me dejó fuera del combate pero donde podía observar lo que pasaba con detalle, era un caos, quién sabe si así son todas las batallas.
Desde esa posición logré ver unos de los espectáculos más memorables de mi vida, los ents o pastores de árboles, seres que en mi vida había visto y son inmensos como tres, cuatro hombres de alto, eran combatidos con fuego, lo que era efectivo, pero los hacia más violentos pero aun toda esa bestialidad no fue capaz de contrarrestar el poder de la defensa de la alianza.
El señor Sildorl estaba dentro de la cuidad ordenando a los soldados. Peleaba por su cuenta lejos de nosotros y la dama Endien estaba codo a codo defendiéndose junto a Flint contra un grupo numeroso que les rodeaban, el enano se veía algo maltrecho la batalla lo había afectado por lo visto estaba herido, la señora estaba bañada en sangre pero no sabría decir a ciencia cierta si de ella o de los enemigos.
Nelinde estaba a mi lado mirando atenta la batalla y ahí se quedó, inmóvil. Estaba cubierta de sangre con la mirada altiva de los primeros nacidos, contemplaba atenta el campo de batalla, en su cara había una expresión de dolor y sus ropas estaban bañadas en sangre tenía una herida transversal en la espalda desde el hombro hasta la cintura, no sé como se mantenía de pie.
Y mirándome con orgullo la alta señora me dijo:
-Observa, observa bien todas las pérdidas tercanas esto es un holocausto de nuestras tropas-y como tomando una decisión dijo- Aléjate de aquí mi furia será desatada y caerá en contra del enemigo. Tu cuerpo es débil y mi poder se extenderá por los alrededores, si no quieres morir busca refugio o mejor ve con quien te necesita, vuelve al campo de batalla y !mantén los ojos abiertos¡-decía mientras me empujaba
-Señora-Alegué- pero yo no puedo dejarla sola me encargaron esta misión-
-Aléjate que en vez de lluvia caerán truenos, vamos que esperas ¡Corre!-Alcancé a oír su murmullo que luego aumentó paulatinamente diciendo:
-Sol del crepúsculo, tú que clamas por sangre trae a mi las nubes de tormenta cargadas con la furia de los caídos en batalla que piden a gritos venganza....
De ahí que el ruido de los alaridos y de la batalla no me permitieron oír más. Pero por lo visto la señora convocó a los rayos, atrayéndolos a la batalla, cuatro a seis dieron en las cercanías lo que sirvió para distraer al enemigo.
Me acerqué al campo de batalla buscando alguna cara conocida mientras tiraba una o dos flechas, que no dieron exactamente en el blanco pero hirieron al bando contrincante.
Entre la multitud vislumbré a mi señora Endien quien se batía en duelo cerca de las murallas con uno de los nuestros o por lo menos eso era lo que creíamos.
Los ojos de la mujer estaban llenos de rabia, de una furia que en los primeros nacidos nunca había visto. Peleaban con intervalos ya que se dirigían la palabra, estas eran cargadas de odio por ambas partes. Me mantuve al tanto y me hice pasar por muerto, con los caídos que a mi rededor yacían fue fácil pasar desapercibido, además me cubrí con un montón de cadáveres para salir ileso y seguir la pelea con atención.
Recuerdo muy bien las palabras dirigidas más que ningunas otras ya que eran altivas con la rabia y el dolor impregnadas.
-Eres un perro que ha mordido la mano de su amo-Decía la señora- ¿Se justifica la hostilidad a cambio de gratitud? ¡Hipócrita! ¡He perdidos hombres y compañeros por tu culpa! Arrástrate por el piso gusano, el espionaje se paga con la muerte-.
Con estocadas rápidas la elfa puso su espada en el cuello del traidor.
-Gracias a mí menos de los míos han muerto-continuaba él sabiendo de antemano que quizás fueran esas sus últimas palabras- ¡Ja! Si son ustedes quienes deben pagar por lo hecho no siento culpa por tus muertos, que como siempre, servirán de carroña para las aves-
La rabia encegueció a Endien digo, a la señora Endien la cual bajó su guardia permitiendo que el traidor rápidamente la botarla e inmovilizarla.
-¿Ahora quién es el pecador? Mi espada gusta de la sangre inmortal, el corazón quizás o mejor...-Ella trató de librarse pero sus fuerzas no se lo permitían y acercando lentamente su espada el agresor dijo-... el cuello.
Y con esta palabra calló. Halla así se llamaba el traidor como después me enteré, llamaba sí, porque no me quedé inmóvil viendo como mataban a mi señora, no señor, tomé el arco y por gracia de Eru dio en el blanco, el cuello del espía.
La dama me quedó mirando sorprendida y agradeció mi acción con un beso en la mejilla, fuimos los dos hacia la ciudadela donde estaba Sildorl pero quedé otra vez a la deriva debido a que la eldar se encontró de frente con una de las cabecillas.
El encuentro es comparado solo con la furia desatada por el odio desenfrenado y el blandir de las espadas de las dos olas encontradas, y al parecer, el espíritu que emanaban las dos mujeres era contagioso debido a que en mi se produjo una extraña sensación de fuerza y garra, quería participar intrínsicamente en la batalla, pero no con esa pelea ya que yo no tenía cabida.
La ciudad estaba invadida por nuestras fuerzas. Las tropas del capitán Sildorl ya habían penetrado en ésta, pero se encontraron con la sorpresa de que la defensa de la alianza era más numerosa de lo que pensaban, pero no se dejarían ganar, no nos dejaríamos vencer, y tomando la espada de un caído me lancé a la lucha aun sin saber ocupar el arma pero no fueron más de cinco los pasos que di cuando escuché una voz que gritaba la retirada, ahí quedaron mis ánimos como guerrero, esa es la verdad, me duraron cinco pasos.
Pero lo mas difícil fue la retirada, algunos siguieron en lo suyo querían combate a muerte pero yo no, el terror se apoderó de mí, me quedé inmóvil, mis piernas no me respondían me quede inmóvil mientras salían nuestros hombres y no solo hombres sino también ents. El momento de cordura llegó a mi cabeza y automáticamente mis piernas comenzaron a andar corrí como nunca hasta el momento lo había hecho. Los arqueros desde las torres atacaban a los hombres en retirada, algunos que a mi lado cayeron.
En mi carrera me topé con Flint, el cual había recibido una flecha en la pierna y no solo eso sino que llevaba una profunda herida a la altura de la costilla.
Sin preguntar lo tomé en brazos, oh! señor nunca me advirtieron del peligro que uno corre al tomar a un enano; alegó como un verraco, sus fuerzas eran escasas, y luego calló en cuenta que era eso o morir desangrado.
En el cielo los rayos de Arien rasgaban a las nubes, la tormenta ya apaciguaba, amanecía otra vez, y yo volvía a ser el mensajero inexperto de Tercano Nuruva.
Resumen de la batalla.
Tercano ha perdido 29 armadas x35= 1015 puntos
Recuperables: 338
Valoraciones: 7+9+10= 8,67
Recupera: 293 puntos. Los pjes reciben daños por un valor del 115%, por este concepto perciben 403 puntos. Total recuperacion: 293+403=696.
Pierde: 319 puntos.
alianza ha perdido 23 armadas x35= 805 puntos
Recuperables: 537
Valoraciones: 8+8+10= 8,67
Recupera: 465 puntos
Pierde: 340 puntos.
Alianza percibe 300 monedas por batalla ganada.
Tercano cede 100 monedas a Alianza por abandono de la batalla.
Compañias actualizadas y listas.