La Guerra de los Clanes

Historias, leyendas y batallas en las tierras olvidadas de Arda.

Edicion 2

Haldanóri, Las Tierras Ocultas

Finalizada · 08-09-2004

Historia Por Puntos. Valle.Despierta

2005:04:30:20:09:41

Elorah de Arda

*Despierta…..despierta….despierta…¡DESPIERTA!*

>ah…ah….ah…- me falta el aire. No puedo respirar.

Mis ojos sólo ven el cielo. Azul. Brillante. Cegador. Cierro los ojos. Duele. ¿Pero duele la vista? No. Es un dolor mucho más agudo. Más centrado. Observo mis manos. Manchas de sangre. Roja. Brillante. Angustiosa.

Trato de incorporarme pero las fuerzas me fallan. Mi cuerpo no responde a los impulsos. Mi pecho sube y baja inhalando aire que parece faltarme cada vez más rápido. Hiperventilo nerviosa. Si intento calmar la respiración, más me duele. ¿Pero el qué? Siento magulladuras por todo mi ser. Sin embargo, hay algo externo lacerándome. Lo noto. Me quema las entrañas. Arde. Duele. Quema. Duele. ¿Qué es?

Consigo bajar la mirada un poco y allí está. Lo veo. Reluce con esplendor reflejando con insólita armonía los rayos del Sol. Tan bello… Tan perfecto… Tan mortífero.

Sostengo temblorosa su empuñadura engarzada con rubíes. ¿Por qué me resulta tan familiar? Ese brillo especial… esos símbolos en lo poco que puedo observar de su hoja… “Arn…” El resto se oculta entre la sangre y el interior de mi cuerpo.

>Ah…Por las lágrimas de Nienna…- mi mente abnegada por el dolor olvida incluso que no cree en los dioses.

No me atrevo ni a coger con fuerza aquel cuchillo, aún a sabiendas que tarde o temprano tendré que arrancármelo.

>Cálmate…por favor, cálmate – es lo único que puedo decirme, lo único que puedo hacer para evitar que el pánico me controle. – Ahora contarás hasta tres y después actuarás con la razón… eso harás…

Mi voz entrecortada intenta abrirse paso por mi garganta como si buscara la libertad: Uno

intentando escapar de este sufrimiento: Dos

y encontrar alivio fuera de mi alma: ¡TRES!

Silencio.

Apenas se oyen ya los suspiros de mi respiración. Sin embargo, el dolor sigue patente y más aún el hecho de saber que es lo que debo hacer. Todo ello me perturba. No me creo capaz de hacerlo, pero he de hacerlo. Lo sé.

Tiene que ser rápido, un único movimiento. Eficaz. Sí, eficaz… pero también muy doloroso.

>No puedo… no puedo… - sollozo. La angustia me invade de nuevo, pero tengo que evitarlo – no puedo… por favor…¡Respira!

Como si no fuera yo mismo, intento ordenarme calma. Es sencillo, respirar con tranquilidad… pero es tan difícil cuando algo externo a tu cuerpo está dañándote con tanta intensidad.

>Vamos… Tú puedes…

Mis manos temblorosas aprietan con fuerza su empuñadura. Los rubíes se marcan en mi piel. Mi respiración comienza a agitarse de nuevo, pero esta vez de forma provocada:

>Vamos… - susurro, pues sé que en cuanto eleve el tono arrancaré el cuchillo de mis entrañas. Esa es mi decisión.

>VAmos… - mi voz comienza a alzarse, pero no lo suficientemente poderosa. Aún no.

>VAMos… - *Puedes hacerlo, puedes hacerlo, puedes hacerlo, puedes hacerlo*

>No puedo… - las lágrimas recorren mis sucias mejillas.

> No puedo… - las manos pierden fuerza. Se alejan de su objetivo.

*No puedes rendirte ahora. ¡VAMOS! Dilo…dilo… vamos… ¡DILO!*

>¡VA…!

> Yo que tú no haría eso – Una voz ha interrumpido.

>¿Qué? – me detengo asustada cuando aún no había ni empezado.

>Si te lo sacas, lo único que conseguirás es morir desangrada y no creo que te queden fuerzas para curarte a ti misma, ¿Cierto?

Le veo. Un hombre corpulento se acerca a mí. Se arrodilla y me mira sonriente como si me conociera.

>¿Quién eres? No estabas en las filas del Valle. – empiezo a temer la respuesta a mi pregunta.

>No. Pero tampoco en las del Concilio. – dice con total serenidad aquel hombre de morenos cabellos largos y ojos verdes.

>¿Quién eres? – repito ansiosa mi pregunta.

>¿Acaso la pequeña Elorah no me recuerda?

Sabe mi nombre. Me alarmo. Me aparto ligeramente de él, lo poco que mis fuerzas me lo permiten.

>¿Qui…én eres? – vuelvo a sollozar asustada.

>Shh… Tranquila. – se pone de pies y retrocede unos pasos mientras de espaldas a mí recoge algo del suelo que no puedo ver – Odio oír sollozar a una mujer.

*“Odio oír sollozar a una mujer”… Recuerda… “Odio oír sollozar a una mujer”*

>En la batalla, unos ents del Concilio nos golp…

Pero mi mente se había marchado de aquel lugar. Había dejado de oír sus palabras y ahora se centraba en aquella frase. Sabía que la había escuchado con anterioridad, pero ¿Dónde?

*Odio oír sollozar a una mujer; Odio oír sollozar a una mujer; Odio oír…*

>…sollozar a una mujer. ¡Así que cállate!

*Y aquel hombre había regresado. Distinto, pero era él. El pelo más corto, pero la misma mirada profunda e inquietante. Está delante de mí, pero no me está mirando a mí. Sus ojos traspasan mi cuerpo y miran más allá de él. Entonces, ¿Dónde estoy yo?*

*Me giro. ¡Ahí estoy! ¡Soy yo! Me veo allí de pies, atada, agarrada por un guardia. Asustada. Recuerdo ese momento. Esa angustia. Esa ansiedad. Ese desasosiego. ¿He de revivirlo de nuevo? No puedo. Fue demasiado doloroso. No quiero. ¡Quiero irme de aquí! ¡Suéltame!*

>¡Suéltame! – grita desesperada.

>No. – sentencia con total rotundidad – Hiciste mal y debes pagar por ello.

*>Escapa pequeña, escapa. No dejes que te haga daño. No dejes que nos haga daño.*

*Pero mis palabras perdieron su eco en las paredes de aquella húmeda y oscura estancia. Y mientras tanto aquel hombre había terminado de afilar su cuchillo y ahora se acercaba más aún a la aterrorizada muchacha mientras el guardia la sostenía de la cara manteniéndola los ojos bien abiertos … aquel cuchillo…*

>¡No! Por favor. ¡Aléjate! – aquellos gritos consiguieron que me evadiera de mis pensamientos y reflexiones.

*>¡¡¡Aléjate de ella!!! – intento detenerle agarrándole del brazo. Sin embargo, mi mano atraviesa su cuerpo como si acariciase la nada.*

>Voy a dejarte ciega, muchacha – pronuncia pausadamente mientras le muestra orgulloso el cuchillo… aquel cuchillo con rubíes engarzados…

*Y entonces ocurre algo inesperado. Me mira. Fijamente. Pero no él. Ella. Yo. Asustada. Perdida.*

>Ayúdame – susurran sus labios temblorosos.

*>No puedo… no puedo… - y mis lágrimas vuelven a resbalar por mis mejillas, mientras ella asume su porvenir, conocedora del miedo, pero templada.*

*Él, ajeno, acerca el cuchillo al inicio de su párpado, clavando la punta y haciendo brotar la sangre mientras la piel se rasga al paso del filo. El dolor queda remarcado en un grito ahogado por la mano del guardia. Aparto la mirada. No puedo seguir mirando. Demasiado sufrimiento como para revivirlo de nuevo. ¿Por qué esta pesadilla? ¡Quiero huir de este horrendo sueño! ¡AYUDADME!*

*Todo ha terminado. Pero sigo allí. Ambas. Una desmayada pero la otra consciente aunque sin poder interferir en absoluto. Vuelvo a mirar. Le observo. Se ríe mientras limpia los restos de sangre del cuchillo… aquel cuchillo en el que se pueden leer unos símbolos que conforman un nombre: “Arntzek”.*

*>Arntzek…Arntzek…*

>Arntzek…

>Parece ser que ya me recuerdas. – Se vuelve hacia mí con la misma sonrisa maliciosa.

He regresado. No replico. Me mantengo en silencio. Trago saliva mezclada con sangre. Quiero huir como la última vez. Pedir ayuda. No estar allí. Pero todos los deseos son en vano. Nadie va a ayudarme… como la última vez.

>Pensé que te había dejado ciega, pero parece ser que sólo te cegué a la luz del Sol. – meditativo se acerca a mi de nuevo pero con una mano oculta tras su espalda.

Y allí estoy. De pies. Mirando la escena. Pero no soy yo. Yo sigo tumbada sobre la hierba. Cansada. Herida. Aterrada. Es ella quien me observa ahora. También llora. También sufre.

Él mientras tanto, ajeno a la visión, me muestra su mano oculta. Porta un cuchillo. Distinto, pero un cuchillo afilado al fin y al cabo.

>Voy a dejarte ciega, muchacha. – sentencia con la misma calma que en el pasado.

>Ayúdame – susurran mis labios.

*>No puedo… no puedo… - responda ella*

El ciclo va a repetirse. Lo sé. Sé que éste será el final. No volveré a ver nada. Oscuridad eterna. Ni destellos de luz, ni sombras. Ni seres, ni colores. Ni vida. ¿He de rendirme? ¿Es éste el momento en el que debo ceder? ¿En el que debo templarme aún conocedora de mi destino? No puedo hacer eso. Es más, no debo hacer eso.

Ayúdame… ayúdame…

*>No puedo… no puedo…*

El tiempo parece detenerse, pero no el dolor. Siento como se clava en el final de mi frente. Siento la sangre brotar y mezclarse con las lágrimas en mis mejillas. Siento la vista nublada. Me siento desmayar…

*>Ayúdate tú… ¡AYÚDATE TÚ!*

Sí…Dilo…Dilo…¡DILO!

>¡VAMOS!

Ya está. Sucedió. El final ha llegado. Con el último respiro he arrancado el cuchillo de mis entrañas. Se lo he clavado. He gritado. Rabia. Ira. ¡Venganza!

>¡Muere! ¡Muere! ¡MUERE!

Sus ojos muestran sorpresa.

>Tu error ha sido pensar que sigo siendo la misma muchacha del pasado. ¡Muere!

Muere. Le he matado. Su sangre se mezcla con la mía. No es el único al que le va a llegar el final. ¿Me importa? Sí. Claro que sí. Pero hay paz. El Sol brilla. Me deslumbra. No importa. Oigo los pájaros. Miro al cielo. Azul. Miro los árboles. Verde. Me importa. Es bonito. Es tranquilo. Hay calma. Hay paz. Me importa.

La oscuridad llega. Me invade…Ni vida…

*Despierta…..despierta….despierta…¡DESPIERTA!*

>¡DESPIERTA!

>¿Qué?

Oigo un suspiro de alivio. No veo. Palpo mi cara. Una venda cubre mis ojos.

>Shh… Tranquila.

Busco nerviosa el ser que me habla. Noto una mano sobre mi mano conduciéndola a un rostro.

>Yandros…

>Sí. Soy yo. – puedo notar su sonrisa. Su expresión de tranquilidad. - Ya estás a salvo. Descansa.

Sonrío. Descanso.

Gaur

Historia valorada y premiada con 270 monedas