Eärondûr Rangilion
Fin Guerra: Concilio de Nan-Tasarion se retira del Combate
Armadas perdidas por \"Valle del Ingenio\" = 11
Armadas perdidas por \"Concilio de Nan-Tasarion\" = 15

Historias, leyendas y batallas en las tierras olvidadas de Arda.
Edicion 2
Finalizada · 08-09-2004
2005:05:11:06:22:15
Fin Guerra: Concilio de Nan-Tasarion se retira del Combate
Armadas perdidas por \"Valle del Ingenio\" = 11
Armadas perdidas por \"Concilio de Nan-Tasarion\" = 15
La pérdida material no fue tanta como moral. Apenas tuvieron bajas en la batalla anterior, pero los hombres ya no confiaban demasiado en la victoria y el valor y confianza con que se habían despedido de sus familias estaban mezclados con el fango del suelo. Para los soldados la siguiente batalla sería otra derrota más, pero para los capitanes sería un reto poder vencer aquella liza con la anterior derrota a sus espaldas.
A los pocos días de terminar la batalla, los capitanes de las compañías se reunieron en Suledaelessar, que acababa de ser saqueada por otra compañía comandada por Mhord.
-Bien, caballeros -introdujo Rotshul-, en estos momentos en Hiswenande disponemos de 166 efectivos para tomar Orod Eressëa. ¿Cuál es vuestra situación?
-Aquí en Suledaelessar -informó Mhord-, contamos con 215 soldados preparados y listos.
-126 somos en Tilondë -explicó Aredhel.
-Nosotros sumamos 240 en Barukbizar -comentó Thralor-.
-Perfecto -felicitó Rotshul-, todo va como esperaba. Aredhel, ha llegado el momento de que entréis en acción, debéis dirigiros a Puertas del Fin y saquead todo lo que podáis. Eso sí, dejad a los niños y mujeres en paz, no como los anteriores atacantes... Los demás seguiremos en nuestros flancos.
-De acuerdo -respondió Thralor-, pero mis soldados ya no se fían del bosque y el temor se puede palpar en el ambiente de nuestro campamento. Quizás deberíamos cambiar de frente, porque no creo que esta batalla vaya a ser diferente a la anterior tal y como están mis hombres...
-Querido enano -dijo el rey-, el reto no está en poder ganar al gigante, sino en poder superar el miedo a enfrentarse con él. Recuerda esto...
En aquél momento Thralor no sabía su significado, pero sabía que pronto lo descubriría y que las preguntas no eran oportunas, porque como dicen los enanos, más vale parecer que no se sabe, que abrir la boca y demostrarlo.
Al día siguiente cada uno se encontraba en su campamento planeando la táctica a seguir para la batalla que se aproximaba. En Barukbizar Thralor no cesaba de darle vueltas a la frase que le dijera su rey unas horas antes. Cuando informó a sus soldados de que debían seguir luchando en esa posición el descontento era el sentimiento más compartido, seguido por el miedo y la desconfianza. Los soldados se negaban a luchar contra un enemigo que siempre se les escapaba de las manos y que nunca podían ver sin adentrarse en el bosque.
Entonces, para asombro de todos, incluido el capitán, los tres mandatarios elfos entonaron al unísono una canción que aún hoy se puede escuchar en algunos lugares de Haldanóri:
Yo te mostraré
que todo en esta vida
lo puedes tener
si en ti logras creer.
Y te enseñaré
a vencer a tu enemigo
que no son los demás,
eres tu, eres tu.
Hay que fracasar
y a veces fondo tocar
para ver la luz
y esta vida apreciar.
Ante tal actuación nadie tenía valor de romper el silencio que había dejado el cántico, y los soldados tras unos segundos de meditación se dirigieron a recoger sus armas y armaduras con el corazón envalentonado y con la llama, que hacía una semana se había apagado, más viva que nunca. Ya nadie se negaba a luchar y lucharían hasta la muerte si así lo requerían sus capitanes. Fue entonces cuando Thralor comprendió las palabras de su amigo y rey, y agradeció a Eru que aquellos tres elfos se encontraran en aquel momento y lugar.
A la mañana siguiente, todos despertaron temprano pues temían un nuevo ataque de Concilio, que no se llegaría a producir. Pero hubo algo que ensombreció sus corazones, una gran masa de nubes se acercaba a través del bosque en dirección al campamento y parecía absorber toda luz que le intentara iluminar. Era un gran vacío en el firmamento que sin duda presagiaba algo terrible. Además llevaban unos cuantos días sin recibir noticias de su tierra y temían que se hubieran olvidado de ellos.
En ese momento aparecieron unos enanos con escudos y armaduras de Valle que venían con un cargamento de víveres y lo más importante: agua. Aquello trajo grandes esperanzas, a pesar que sólo eran seis enanos y no parecía que fueran a seguirles más soldados. Thralor invitó a los enanos a sus aposentos.
-¿Vosotros sois los únicos refuerzos que nos llegan desde casa? -preguntó indignado el capitán.
-No -respondió uno de ellos-. Ahora sólo hemos podido venir nosotros porque los demás están arreglando el casco del barco, que ha encallado. Hemos venido sólo nosotros porque nos dijeron que este cargamento era de cierta urgencia y nosotros no podíamos hacer nada porque no somos hábiles en la carpintería, pero sí en la batalla.
-Entonces no nos han olvidado, como creía. Bien, ¿Cuántos dices que habéis venido en total?
-En torno a 50 enanos. Pero algunos no han podido terminar el viaje, tuvimos problemas durante la travesía y algunos cayeron al agua...
-Tranquilo, ya pasó. No dejaremos que su muerte sea en vano, hoy dispondremos de todos los preparativos y partiremos a la batalla. Hoy su muerte será pagada con otras.
Así fue que todos se prepararon para iniciar la marcha hacia la batalla, de la que algunos, inevitablemente, no volverían. Se veían enanos cargando espadas de un lado a otro, elfos practicando en los árboles con su arco y a los hombres preparando las vestimentas que los camuflarían entre la maleza. A la tarde por fin estuvo todo preparado para el enfrentamiento. La gran masa de nubes que a la mañana atemorizaba a los soldados, estaba ya sobre sus cabezas y amenazaba con descargar toda su furia aquella noche. Y así fue. Nada mas entrar en la espesura, el agua que se filtraba entre las hojas de los árboles caía y goteaba las armaduras de los soldados mientras estos chapoteaban el suelo que al poco rato no era más que una mezcla entre fango y las raíces de los árboles. Pero a pesar de que todo presagiara un cruel y aciago destino, los guerreros ingeniosos no vacilaron un instante a la hora de avanzar en busca de la tan ansiada victoria.
La travesía apenas era de 5 millas, pero las condiciones del terreno eran desastrosas y tardaron más de una hora en recorrer la distancia que los separaba de su objetivo. En aquél bosque el ambiente era hostil, con el suelo en el que se hundían los pies mientras los árboles parecían observar cada movimiento que se producía en sus dominios, con las ramas que parecían manos dispuestas a coger a su presa por los tobillos sin que nadie se enterase. Los troncos eran negros como las nubes que sobre ellos arrojaban aquella lluvia acompañada por un coro de estrepitosos truenos que parecía que el mundo se partiera en dos. De pronto una luz rompía la oscuridad y el miedo atravesaba el silencio, mientras se escuchaba el clamor de los pájaros al huir intentando poder escapar. Aquella luz no era otra cosa que los relámpagos que de tanto en tanto iluminaban aquel tenebroso lugar.
Al fin alcanzaron su destino, tras una ardua caminata los soldados llegaron a donde les habían informado de la posición del campamento enemigo, pero no lo encontraron. Ante ellos únicamente había una colina en el único claro que habían visto dentro del bosque durante todo el tiempo que habían estado en Taurë Nan-tasariona. Al subir la colina su sorpresa fue indescriptible cuando vieron que el ejército enemigo les estaba esperando con las armas en la mano y los arcos apuntándoles.
Ante tal sorpresa los guerreros se cobijaron bajo sus escudos para resguardarse de los proyectiles que, en contra de la gravedad, ascendían a una velocidad vertiginosa para estrellarse sobre ellos. En lo alto de la colina eran un blanco perfecto para los soldados tasarianos, por lo que había que buscar una solución y rápido. Fue entonces cuando Thralor recordó una ocasión en la que encontraba en una situación semejante y la táctica que siguieron les dio la victoria. El enano informó a sus compañeros dirigentes la idea y cada uno se encargó de dirigir a un pelotón. Erekan se quedó en lo alto de la colina con los arqueros respondiendo a las flechas con más flechas y cubriéndose al recibir una nueva oleada de proyectiles.
Mientras tanto Morna y Gil-Edhel conducían a los hombres y elfos restantes por un flanco de la colina camuflados por la maleza hasta la retaguardia del grueso del ejército de Concilio. Thralor a su vez hacía lo mismo con los enanos por el otro flanco. Hasta el momento apenas había muerto nadie. Al llegar a su destino, los enanos golpearon sus escudos con sus hachas y martillos y los soldados de Morna y Gil-Edhel respondieron con un grito feroz que jamás olvidarían los supervivientes a aquella batalla. Al oir tal clamor, los luchadores tasarianos no dieron crédito a sus oídos y se giraron con la intención de averiguar el origen del grito que habían oído a sus espaldas. Aprovechando este error, los arqueros comandados por Erekan descargaron una mortal lluvia de flechas y el desconcierto reinó entre las filas del enemigo.
Ante la impotencia de no poder hacer nada por salvar sus vidas, el ejército de Concilio tuvo que huir a través del bosque como tantas otras veces había hecho. Así finalizó otra batalla más de la compañía Barukbizar contra la de Concilio. Tras derrotar al enemigo en una batalla que pronosticaba lo contrario, los soldados de Valle se replegaron a su campamento transportando en unos carros improvisados a los caídos y a los heridos. No había sido una batalla sangrienta, pero los heridos eran considerables y de todo tipo de gravedad. Uno de los heridos era Thralor, a quién un elfo le había clavado un puñal en la pierna que fuera diana de una flecha en la anterior batalla. Tras quitarse el puñal de la pierna dolorida, empujó a su atacante al suelo y acabó con su vida de un hachazo.
Una vez de vuelta en el campamento observaron que los enanos que se habían quedado reparando el barco ya habían llegado y les estaban esperando. Esa misma noche dieron los últimos homenajes a los caídos y los enanos recitaron una canción fúnebre según sus creencias, en las que los muertos, tras morir, son conducidos por unas bellas mujeres guerreras a la tierra de la eternidad mientras esperan la Gran Batalla que decidirá si al final de los Tiempos triunfará el Bien o el Mal saldrá Vencedor. Esta es una parte de aquella canción:
Vas de nuevo a la batalla
hoy no hay miedo en tu mirada
en la tierra el fuego arderá otra vez
Corre la sangre por tu cara
duerme la ira de tu espada
ángeles de guerra tus ojos ven
Ellas te conducirán
al reino de los muertos
viajaras hacia el lugar
de la inmortalidad
Has llegado a tu destino
ya no hay sangre en tu camino
duerme al fin tu ira al calmar tu sed
Ya no sientes el peligro
cuando acecha el enemigo
ángeles de guerra tus ojos ven
Nunca mas podrás luchar
hoy no hablara tu espada
La vida eterna esperará
que la vayas a buscar
Ahora sueñas con poder volver a ver
en la tierra el fuego arder
y nunca perecer
y en las noches cuando vuelvas a dormir
las verás volar allí
allí donde no hay fin
Nunca mas podrás luchar
hoy no hablara tu espada
La vida eterna esperará
que la vayas a buscar
Ahora sueñas con poder volver a ver
en la tierra el fuego arder
y nunca perecer
y en las noches cuando vuelvas a dormir
las verás volar allí
allí donde no hay fin
Aquella colina quedó encharcada con el agua caída mezclada con el fango del suelo y la sangre vertida en ella. Según se dice, es por la sangre que se vertió entonces por lo que ahora tiene un color rojizo. Es por esto por lo que ahora recibe el nombre de Amon Carn, Colina Roja.
[Editado por _hurin_ el 04-05-2005 22:58]
El viento soplaba silencioso entre las ramas de almendros en flor, su aroma podía olerse acompañado por el continuo sonido del transcurrir el agua. Todo estaba en calma en esa hermosa y cálida tarde.
Isiloth dormitaba tranquila mientras los rayos de sol que se colaban entre los árboles le calentaban las piernas, entonces escuchó el melódico canto de una pareja de mirlos...
“No hay mirlos al norte del Nan-Tasariona” se dijo a sí misma.
-¿Dónde..? –comenzó a preguntar mientras se incorporaba, pero una aguda punzada de dolor le cortó la voz.
-Tranquila, no te levantes –le dijo una voz que reconoció enseguida, era su abuela Iorethil, una de las mejores sanadoras al este del Mar-. Estamos relativamente a salvo aquí, al oeste de Sulëdaelessar.
-Pero... ¿qué hacemos aquí?¿cómo hemos llegado aquí?... ¿dónde está Hecil? –preguntó nerviosa Isiloth-. Lo último que recuerdo es que estaba justo en el otro extremo del bosque muy cerca de una compañía del Valle del Ingenio...
-Sí, estabas con Hecil cerca de Tilondë, acompañados de un grupo de elfos. Entonces unos exploradores os descubrieron y un pequeño grupo armado del Valle os atacó desde el bosque... el Taurë Nan-Tasariona ya no es capaz de protegernos completamente, hemos abusado de su poder durante mucho tiempo. Incluso dicen que el Sulëdaelessar se apaga en algunos momentos.
El caso es que Valle descubrió vuestra posición y os atacó, a ti te hirieron en la espalda y en un brazo, un par de elfos cayeron muertos pero conseguisteis escapar. Tus soldados dicen de Hecil que nunca vieron a un Hombre trepar tan rápido y tan ágil por los árboles y encima contigo en brazos –una pequeña y fría risa interrumpió el relato de la elfa.
-Entonces, ¿Hecil está bien?
-Perfectamente... bueno, tan bien como puede estarlo alguien en compañía de Eärondûr, ambos están patrullando por el bosque y defendiendo esta posición.
-Ah cierto, ¿por qué hemos venido precisamente aquí? si estamos al oeste de Sulëdaelessar, tenemos Puertas del Fin aquí al lado y Orod Eressëa unas millas al norte, y todas esas ciudades y fortalezas están bajo asedio.
-Precisamente por eso, si nuestras ciudades están ocupadas necesitamos un lugar seguro para coordinar las últimas fuerzas del Concilio, y qué mejor lugar que el que albergó las primeras fuerzas de este lugar, allá por la Primera Edad, mucho antes de que llegáramos a Haldanóri.
Hay infinidad de construcciones subterráneas que están en desuso desde la época de Thauld el Grande pero la mayoría están aún hoy bien comunicadas. Alguien que conozca el camino correcto puede cruzar las tierras del Concilio sin ser visto; pero, si no conoce bien el camino... se perderá en el laberinto de cuevas creado por los habitantes de Khazâd-Angroth y morirá de hambre en las profundidades del suelo antes de volver a ver la luz del día.
En un principio íbamos a usar Khâzad-Angroth de sede, pero queda demasiado cerca de Puertas del Fin y sería peligroso si esa ciudad cae. Iremos a Nolemoth, que es una ciudad abandonada que descubrí hace tiempo en la parte sur del Concilio.
-¿Cómo vamos a llegar hasta allí? Recuerdo que me contaste lo de la extraña Barad Rauko y esa ciudad abandonada, pero estaban casi fuera de nuestras tierras.
-Hay una entrada a las cuevas cerca de aquí... como ves están tan bien escondidas que ni nosotros las podemos encontrar con facilidad sin el mapa. Cada capitán de Compañía tiene ahora un mapa, excepto nosotros porque Eärondûr se lo dejó olvidado en Sulëdaelessar tras el primer saqueo.
Estamos esperando que lleguen los mensajeros enviados por los defensores de la capital y también a Ealido... que traerá noticias de la caída de Orod Eressëa y nuestra pérdida del control del Lad Echor.
(...)
Mientras Isiloth se recuperaba, al nordeste de Sulëdaelessar se encontraban Hecil, Eärondûr y todos los guerreros elfos de la Compañía.
En lo alto del remonte, una figura que más parecía una antigua escultura cubierta por una fina capa de musgo y líquenes, miraba al cielo y veía como poco a poco un manto plomizo cubría sus cabezas.
-Esta tarde también habrá tormenta –gritaba Hecil para vencer el ruido del viento mientras se acercaba a la estática figura de Eärondûr.
-Eso es perfecto para nosotros... ¿has colocado a los soldados donde te dije? Ya se acerca el enemigo.
-Sí, están todos entre los árboles frente al flanco noroccidental del remonte ¿qué es lo que has pensado?
-Sabes que no trajimos todos los soldados porque esta batalla es sólo para conseguir un poco de tiempo y poder restablecer las comunicaciones del Concilio ¿y qué mejor manera de ganar tiempo que atrapar a las tropas enemigas en mitad de un río?
-Pero... si aquí no hay ríos permanentes, y aunque los hubiera ¿cómo pretendías conseguir que la compañía enemiga se quede en mitad del río?
-De la misma manera con la que he conseguido que tú pongas nuestros soldados en mitad del río. Esta zona está llena de cuevas y ríos subterráneos, los sabios del Concilio llevan años estudiándola y ahora sabemos cuanta agua es necesaria para que el río subterráneo lleve tanto caudal que no le quede más remedio que salir a la superficie.
Esta mañana visité una cueva que utilizaron hace años los eruditos y pude comprobar que el caudal de este río ha crecido mucho con las últimas tormentas, por eso está tan embarrada la tierra donde tenemos los soldados; si la tormenta que se aproxima trae la suficiente agua... pronto verás surgir de esas pequeñas conejeras al pie del remonte un hermoso río subterráneo, porque eso no son conejeras si no pequeñas entradas a una bonita cueva.
La tarde iba avanzando y pronto comenzó la tormenta, que para alegría de los capitanes del Concilio traía bastante agua.
-Como tarden mucho en llegar los soldados del Valle, sólo encontrarán aquí el río y pensarán que nos han engullido las aguas.
-Huy no –rió Eärondûr-. Este río no llegará a tener más de medio metro de caudal, pero no me imagino a los enanos del Valle subiéndose a los árboles para seguirnos con sus barbas mojadas y chorreando. Por eso nosotros sólo trajimos elfos y al... “Humano Saltarín”. Así te llaman en la Compañía, tuvo que ser digna de ver tu escapada élfica con Isiloth en los brazos el otro día.
-Sí... no recuerdo haberme clavado nunca tantas espinas y astillas en las manos en tan poco tiempo. Aunque también es cierto que no recuerdo nada más allá de hace unos años.
-Por un lado es una suerte, yo recuerdo haber embarcado cuatro veces, tres de ellas iba yo al mando del barco, y haber naufragado en dos ocasiones debido a tormentas... y aún así sigo confiando en que ellas me ayudarán hoy.
Ya se acerca el enemigo...
En mitad de la tormenta, una pléyade de cabezas enemigas surgió en lo alto del remonte. Estaban confusas pues el Concilio había abandonado su campamento y ahora se encontraban en una especie de vaguada a los pies de la colina y justo en el límite del bosque.
-¡Sorpresa! –gritó una figura bajo una gruesa capa verde-. ¡Disparad las flechas!... pero no matéis a muchos, no sea que se nos asusten y se den la vuelta.
-Ya se están retirando –apuntó Hecil que también se protegía de la lluvia con una gruesa capa al lado del elfo y que había sido informado por los elfos que controlaban el perímetro del Claro de la Colina.
-Es cierto... creo que nos van a atacar por la retaguardia. Ellos verán, por detrás también se extiende el lecho del río, no nos supone un gran contratiempo.
Los soldados enemigos comenzaron a bajar las húmedas laderas de la colina bajo una incesante lluvia tanto de agua como de flechas, para por fin llegar a las embarradas y resbaladizas tierras arcillosas de la vaguada donde Hecil y Eärondûr los esperaban con la espada en una mano y el escudo en la otra.
La batalla transcurría sin muchas bajas hasta que el resto del ejército de Valle llegó desde la espesura del bosque. El ejército del Nan-Tasarion continuó luchando por un tiempo hasta que Eärondûr dio la orden de retirarse, la vaguada comenzaba ya a llenarse de agua. Lo que en un principio los soldados de Valle pensaron que eran los típicos charcos provocados por la lluvia se convirtió en una corriente de agua que les impedía moverse con facilidad; pero en ese momento, las tropas del Concilio ya estaban fuera de su alcance.
Con la llegada de la noche, un aroma a tierra húmeda acompañaba los pasos del ejército de Hecil y Eärondûr, que se dirigían al encuentro de Iorethil e Isiloth. Una hermosa hoz blanca lucía en el ahora límpido cielo nocturno
”Camina padre hacia tu hija Isil”
-¿Qué has dicho? –preguntó Hecil.
-No lo sé, durante un par de segundos he dejado de ver este bosque y he visto tres grandes ciudades: una al pie de un monte oscuro con una gran torre, otra con unas hermosas puertas de plata y una última construida en mitad de un bosque y entre las montañas, donde había una puerta de roca con el escudo de Eärendil. Luego he visto la cara de una anciana que parecía Iorethil que me decía “es tu hija”. Ha sido entonces cuando esa frase ha salido de mi boca.
-Creo que te has dado algún golpe en la cabeza... normalmente haces cosas extrañas pero no tanto...
Con el fresco amanecer, acompañados por el canto de los mirlos, Hecil y Eärondûr llegaron hasta donde se encontraban las dos elfas, ahora acompañadas por un capitán de Sulëdaelessar y por Ealido recién llegada de Orod Eressëa.
-Ya tenemos el mapa, ha llegado la hora –les dijo Iorethil nada más llegar-. El círculo se ha cerrado y volveremos a habitar en los lugares donde vivieron antiguamente los habitantes de estas tierras.
Sin mucho problema y guiados por el mapa traído de Sulëdaelessar encontraron la entrada a la civilización subterránea. Tras varias horas avanzando llegaron ante una tosca escalera tallada en el gris granito de la caverna.
-Esta escalera lleva a Barad Rauko, una torre oculta en los límites del Concilio. Aquí dejaremos unos guardias que se encargaran de abastecer por el momento a la nueva capital del Concilio.
Tras atravesar varias galería laberínticas, los miembros del Concilio se encontraron frente a unas enormes puertas de roca, la entrada a Daguir Nolemoth, las Ruinas del Pueblo del Crepúsculo.
-En un edificio gris, al lado de la gran torre que ilumina la ciudad, se reunirá ahora el Concilio de Nan-Tasarion –indicó Eärondûr-. Y tranquilos, aunque esta caverna os pueda parecer una ratonera no lo es, una gran corriente subterránea nos llevaría a la costa en el caso de un ataque directo. Pero pasad, no os quedéis ahí.
La reducida compañía atravesó las enormes puertas y se encontró bajo una inmensa cúpula de roca iluminada toda ella gracias a una extraña torre en mitad de la ciudad, y ciertamente se escuchaba de fondo el transcurrir de un gran río subterráneo.
-Bienvenidos a vuestro nuevo hogar.
Resumen de la batalla:
Valle ha perdido 11 armadas x35= 385 puntos.
Recuperables: 257
Valoraciones: 8+8+9+7+8= 8
Recupera: 205 puntos. Los pjes han sufrido heridas por un valor del 20%, por este concepto recuperan 70 puntos. Su historia fue publicada con demora, por este concepto se les penaliza con 2 armadas, 70 puntos. Total recuperacion: 205 puntos.
Pierde: 180 puntos.
Concilio ha perdido 15 armadas x35= 525 puntos.
Recuperables: 175
Valoraciones: 8+8+8+8+8= 8
Recupera: 140 puntos. Los pjes han sufrido heridas por un valor del 80%, por este concepto recuperan 280 puntos. Total recuperacion: 420 puntos.
Pierde: 105 puntos.
Valle percibe 150 monedas por la batalla ganada.
Concililo entrega 100 monedas a Valle por abandono de la batalla.