Fin Guerra: Concilio de Nan-Tasarion se retira del Combate
Armadas perdidas por \"Valle del Ingenio\" = 15
Armadas perdidas por \"Concilio de Nan-Tasarion\" = 21

Batalla C2 Valle Vs C3 Concilio
TerminadaEl amanecer, débil y cauto tras una fina bruma, traía consigo un viento gélido que helaba hasta las entrañas. Las hojas cubiertas del rocío tomaban el relevo de las tintineantes estrellas mientras los soldados del Valle del Ingenio desmontaban su campamento para proseguir la marcha. Las hogueras se apagaban y las tiendas se transformaban en un amasijo de telas y palos.
Detrás del horizonte la amenaza iba acrecentando y eso el ejercito lo sabía. La voz de la muerte, aguda y llorona, daba la bienvenida al nuevo día. Su presencia se hacía notar en cada brizna de aire, en cada exhalación de vaho de cada palabra perdida entre el leve murmullo de los soldados.
El numenoreano salió de su tienda de campaña donde dormia.
Fuera apareció Alier. Sujetaba su báculo mirándolo fijamente, luego observó el cielo y pronunció en voz alta:
-¡Parece que va a ser una mañana ajetreada Yandros!
A lo que éste le respondió:
-Si el sabio Alier piensa que así será, el gran Yandros pues estará alerta-Y acercándose al mago le dijo con un tono más amigable-¿Cómo estás buen amigo? ¿Qué tal va ese hombro?
El mago se llevó la mano a la herida cicatrizada y le contestó:
-Muy bien, gracias. No hay nada que se le resista a la medicina mágica, de aquí a unos días estará perfecto, pero dime, ¿Cómo esta Elorah?.
-Bien. Ha mejorado bastante, a pesar de una fiebre que le acaeció esta noche. Creo que está en perfectas condiciones para continuar, aún así prefiero que se retire de batalla algún tiempo para conseguir su total mejoría.
Alier rió fuertemente y dijo:
-Jajajaja. Sabes que no lo hará, es tozuda y valiente como nadie. Si sólo un cuarto de este ejercito fuese como ella, todos los reinos del continente habrían pedido pleitesía.
Yandros rió y se despidió del mago para ordenar la marcha en media hora.
Elorah, como de costumbre no permanecía en ningún regimiento concreto. Alier marchaba junto a sus fieles escoltas que habían jurado dar su vida por éste en el centro de la primera fila. Junto a él permanecía Yandros a lomos de su negro caballo mirando el horizonte...
Ahora la voz agonizante de la muerte había pasado a convertirse en una nada absoluta, solamente el desconcierto y el desamparo cubrían el ambiente de aquel extraño amanecer.
No pasó mucho tiempo, quizás unos minutos, desde que empezó la marcha del Valle, cuando la música cambió su partitura. Repentinamente un potente timbal sonó en los corazones de los soldados sobrecogiéndolos al ver ante ellos alzarse fuerte y gloriosa la ciudad de Orod Eressa. Ésta se situaba sobre una cima rodeada de una gran explanada como una atalaya vigilando todo lo que a su alrededor aconteciese.
Yandros mandó que el ejercito parase, se dio media vuelta y miró a Alier:
-Bueno amigo, razón llevabas, una mañana ajetreada, eh?
A lo que le contestó:
-Pero ¿no te los esperabas en ese sentido, eh?.
Los dos rieron levemente, luego Yandros volvió a darse la vuelta y miró el enclave enemigo. Una música leve comenzaba a brotar en sus oídos pero sabía que aumentaría...
El valle era consciente de que contaban con una fuerza suficientemente fuerte como para organizar un asedio y tomar la ciudad. Además el enemigo había menguado sus fuerzas en las últimas batallas por lo que la resistencia no debería ser demasiado dura, en principio… en principio…
El rey acordó junto al mago y el resto de tenientes que forzarían una rendición. Sabían que el concilio perdería y era mejor evitar más bajas. Alier propuso mandar a uno de sus escoltas como mensajeros, pero Yandros se negó y decidió ir el solo, pues él era el rey y el encargado de hablar con la voz de su ejército.
El numenoreano marchó al galope, tras él quedaba una densa nube de polvo y tierra. El frío matinal golpeaba su cara alzando su plateada melena al viento... Ahora eran las livianas notas de un piano, la tensión de sus acordes las que llenaban el corazón de los soldados. El tiempo empezaba a hacerse más pesado, el futuro de todos ya dependía de aquel caballero, aquel punto negro en la lejanía... pero cuanto más se alejaba, mayor el era el temor en sus corazones ante la incertidumbre de su regreso. ¿Volvería? ¿Vivo? ¿Muerto? El pesar y la angustia se apoderaron de las emociones de la joven muchacha que permanecía alejada de las tropas indecisa de si intervenir o no en aquella batalla. Cierto es que llegó a odiarle en el pasado. Cierto es que siempre había sido arrogante con él. Pero por alguna extraña razón, Elorah temía por él.
Yandros, ajeno a ello, cargaba con valentía en su mano izquierda el estandarte del valle, ondeando sobre su cabeza, alzando el orgullo de su pueblo. El rey se detuvo a apenas veinte metros del portón de Orod Eressa, esperando a algún representante o capitán. Sobre él permanecían en lo alto de las murallas una gran número de arqueros apuntándole, cualquier paso en falso y sabía que un centenar de flechas caerían sobre él...y así de golpe, mientras el numenoreano observaba el lugar y mentalmente iba planeando un posible asedio en caso de lucha la puerta se abrió lentamente. De ella apareció bajo un extraño cariz de calma otro jinete con el estandarte del sauce en sus manos. Éste adelantó su caballo y se colocó a un metro de Yandros. Sin duda era un elfo, sus vestimentas y su presencia lo delataban.
-Parece que el ejercito del Valle se predispone a tomar Orod Eressa-Pronunció aquel elfo.
Yandros escuchó aquella voz. Era sutil pero a su vez contenía una fuerza increíble. Resultaba muy extraño notar ese tipo de poder, sólo la influencia de alguna divinidad o la experiencia acumulada de tantos miles de años de existencia podrían darle aquellas propiedades.
-En efecto. Nuestros pasos han llegado hasta aquí y concilio es enemigo potencial del Valle por lo que no nos iremos sin luchar, pero antes quisiera llegar a un tipo de acuerdo: si Concilio acepta esta batalla como perdida y deposita sus armas, nadie morirá aquí hoy.
El elfo observó al rey con arrogancia y continuación contestó:
-El concilio no aceptara tal sumisión ante el Valle del Ingenio. ¡Nuestra ciudad será defendida hasta la muerte! ¿Algo más Numenoreano?
-...No...nada más.
Yandros se colocó su casco de batalla y alzó de nuevo el galope hasta sus filas. Tras él, el portón de Orod Eressa se cerraba. Al llegar a la primera fila de su ejercito, Alier se adelantó y le preguntó:
-¿Qué hablaron?
A lo que el Numenoreano sentenció:
-La muerte ha sido su opción...¡¡¡Preparad el ariete!!!
Los regimientos del Valle comenzaron a dividirse y a prepararse en formación de ataque. Rápidamente montaron un ariete de grandes dimensiones simulando una torre, en homenaje al símbolo principal del clan.
Yandros se acercó al mago y le susurró en confianza evitando alarmar a los soldados más cercanos:
-Voy a necesitar tu ayuda, amigo. Necesitamos abrir ese portón lo antes posible o sus arqueros nos aniquilarán.
Alier se limitó a asentir con la cabeza simbolizando que algo ya tenía en mente.
Yandros ultimó la estrategia con los generales, y cuando se predispuso a tomar su posición vio entre los soldados a una chica joven preparándose para la batalla. Elorah había decidido unirse al asedio, en su cara todavía se veía marcado el cansancio, pero aun así lucharía como todos. El rey no le dijo nada, se limitó a sonreírla con preocupación. Sin embargo ese gesto de valentía aumentó su moral y sintió un profundo respeto por aquella adolescente.
El ejército estaba preparado, sólo esperaban la orden del capitán:
-¡¡¡Caballeros!!! En esta gélida mañana nos ha tocado combatir contra un digno enemigo. Las tropas de Concilio disminuyen pero su valentía acrecienta y tened muy seguro que mostraran su lado más atroz. ¡¡¡Su ciudad caerá bajo nuestros pies quieran o no!!!....sólo pido una cosa –serenó su voz- Debemos romper su puerta principal lo antes posible…pero mientras tanto muchos caeremos, pues tienen apostados arqueros en sus murallas. – alzó su voz de nuevo para arrancar la valentía de sus corazones- Es por ello que os pido que no caigáis presa del pánico. ¡Hacer alarde de fuerza y Eru os asistirá! ¡ya sea aquí....o en la otra vida!
El ejército rompió en gritos....ahora era la rápida melodía de un violín, sus agudas notas y vibrantes las que reanimaban sus espíritus y los mandaba a luchar sin temor hacia el enemigo.....
La primera lluvia de flechas no tardó en caer sobre el regimiento asediante, causando así muchas bajas sobre todo en la caballería pesada. Alrededor de una veintena de soldados lanzaban el ariete una y otra vez contra la puerta, algunos caían presos de las saetas, pero rápidamente eran sustituidos.
Yandros agarró un arco de un soldado muerto y emprendió lucha a distancia disparando contra los arqueros apostados en la muralla. El objetivo era difícil y si no derribaban el portón rápidamente debería pedir la retirada. Ahora todo estaba en manos de Alier.
El mago permanecía rodeado de su escolta particular, que se movían como su sombra, Con paso firme y decidido se abrió paso hasta el ariete. Una vez allí se arrodilló y tocando el arma de asedio con su báculo comenzó a recitar unas palabras en una lengua ya extinguida.
Cuando nadie se lo esperaba una luz blanca de una intensidad casi cegadora cubrió el ariete. A continuación un estallido dio paso al derrumbe completo del portón de Orod Eressa.
El mago alzó su báculo y grito:
-¡¡¡A la carga!!! ¡Que el miedo no amilane vuestro corazón ni la ira lo ciegue! ¡¡¡Luchad!!!¡¡¡Luchad por el Valle!!!
El ejército comenzó la invasión. A cada segundo que pasaba la ciudad contenía a cientos de enemigos más.... pero lo difícil estaba por llegar.
Yandros se unió a sus soldados y entro a la fortaleza, ante él se alzaba una hermosa ciudad protegida hasta el ultimo rincón por algún soldado. Su espada chorreaba sangre al igual que su casco y sus guanteletes. La defensa estaba siendo dura con ellos, pues no conocían la ciudad y los defensores salían de cualquier lugar: los mortales arqueros apostados en ventanas invisibles, soldados apareciendo de la nada… La batalla empezaba a equilibrarse, pero todos conocían el destino: cuando todas las tropas que aún no habían entrando lo hicieran, aquello sería el final.
El rey avanzó hasta llegar delante del edificio más grande de la ciudad, en sus escalones el elfo que lo había recibido en la entrada estaba apostado junto con un centenar de soldados. Ahora las palabras no servían. El numenoreano atacó al elfo seguido por su regimiento. Las espadas gritaban y chisporroteaban. Aquél luchaba como ninguno. Su agilidad era tan buena como su precisión, pero al final terminaron por ceder ante la inminente llegada de más soldados del valle, entre los que se encontraban Elorah y Alier. El rey se acercó al elfo quien había caído de rodillas por una herida en la pierna, y apuntándole con el filo de su espada le dijo:
-Tú y tu pueblo habéis luchado dignamente, no dudes que se os recordará para la posteridad...
El elfo alzó la mirada al cielo y comenzó a entonar una canción..... en ese momento el tiempo se paró en la mente de los soldados del valle. La rendición del concilio había culminado. Sabían que ese gesto simbolizaba la marcha de la ciudad así que todas las defensas desaparecieron.....al acabar el cántico todo volvió a su curso normal. Un leve pestañeo, la espada silbando en el aire hicieron saber al elfo que ese era su final. Su cuerpo yacía ahora ya sin vida en el suelo. Pero su alma aún seguía con él, aunque pronto llegó el momento en que partiese, pues de el comenzaron a brotar unos seres de alas plateadas y pequeños, canarios alzando el vuelo alto, muy alto donde el Sol comenzaba a despuntar despidiendo así aquel frío amanecer cargado de muerte...
Noche fría, y en la cima de Orod Eressea, el aire se congela sobre las rocas. La fortaleza del Concilio de Nan Tasarion se yergue allí como otra piedra helada, entre las estrellas. Y dentro, en sus camastros, soldados y capitanes que no están de guardia descansan, si el dolor de sus heridas -tanto fisicas como psiquicas- lo permite. Y Galadhglir sueña, como todas las noches, y como todas las noches, es Aglarel quien viene a verlo, para recordarle una vez más porqué están allí, para mostrarle entre brumas la luz de la que ambos, en definitiva, están hechos.
Y esta vez, Aglarel camina en las sombras hacia el elfo, que la espera con una vela encendida en su mano.. Desnuda, parece sólo una mujer, una mujer frágil y triste, que también lleva una vela, pero apagada. Con su mano libre y una delicadeza comparable a la caricia del sol, toca la mejilla y el pelo de plata del elfo. Hay pena y piedad en ese gesto, un mensaje, una premonición. Aglarel, finalmente, lo besa, y sopla luego su vela apagada, que se enciende con el aire. A su luz, el rostro blanco de la maia se torna más cálido, y se ve el reflejo amarillo de sus lágrimas. Galadhglir, con la misma ternura que ella, repite sus gestos: la caricia, el beso. Y finalmente apaga su vela, tal cual la maia la encendió.
La luz de la vela va creciendo,y creciendo... hasta que llena el cuarto donde duerme el elfo.
Hay voces que lo llaman. Ealido está a su lado, también ella frágil y triste:
-El Valle está subiendo a la cima de la montaña...- dijo en un intento de broma sobre algo que los dos sabían que no tenía nada de gracioso. Aún así, el laiquendi sonrió mientras se levantaba.
-Vamos... ¿es que tú nunca duermes?- contestó. No había necesidad de decir nada más.
Salieron al frío. Había movimiento por todos los lados; nada era urgente, todo estaba listo para el asedio, pero se notaba una cierta ansiedad en todos, un estremecimiento natural en lo que podía ser el fin de tantos meses de asedio, tantas batallas extramuros. Ahora la guerra venía sin ir a buscarla.
Apostado sobre el muro de la fortaleza, junto los arqueros, Galadhglir esperaba. Allá abajo, por fuera de los muros, venía subiendo el ejército del valle.Atrás, el que subía era el sol, para iluminar las espadas de los soldados del Concilio. Por allá estaba Ganfika y Ealido, un poco más cerca de la puerta, se ocupaba de reforzar la puerta.
Extrañas mujeres ambas, pensó el elfo. La hobbit tenía vendas sobre varias partes del cuerpo. Había sido herida gravemente en la última batalla y aún así no habían conseguido que se quedara reposando, como el sanador le había recomendado. En la batalla, mataba hombres que le sacaban medio cuerpo de altura, con una fuerza increíble en una mujer tan pequeña.
Ealido, también herida, siempre ocupada, siempre eficiente. Era una capitana nata, justamente por no saber que lo era. Siempre tomaba sus decisiones en la duda, en una forma rápida aunque no impulsiva. Cuando dejas de dudar es cuando empiezas equivocarte.
También ella debiera estar haciendo reposo,pero si hicieran caso al sanador, más de la mitad de los hombres de la fortaleza estarían en sus camas, y en ese caso ¿que sería de la fortaleza?. Pero de esta forma, sólo conseguirían morir más rápido. A esta altura, los vendajes formaban parte del uniforme oficial del Concilio.
Ninguna de sus compañeras había conocido la paz. Y era evidente que hoy, por lo menos, tampoco la tendrían.
Un hombre solo se acercaba a la fortaleza, evidentemente para parlamentar. Y Galadhglir fue a su encuentro. También él tenía cabellos plateados: era el capitán de Valle que en la batalla anterior había combatido lejos de él. Decían que era el rey de Valle, lo cual era muy probable, por la autoridad que tenía su paso. Pero, al contrario que el hechicero que lo había derrotado la vez anterior, podía percibir maldad en ese humano. Oscuridad que Aglarel, y él, rechazarían por siempre.
Los intimó a la rendición. Mientras le daba respuesta, pensaba cómo podrían rendirse, si detrás de ese ejército estaba la Oscuridad. Y vendría por ellos, estaba seguro. Cómo podían dejar que el Valle ganara, si los sauces de Nan Tasarion necesitan luz para crecer.
Volviendo a la fortaleza, empezó a sentirse inquieto. Aglarel se estaba moviendo en su interior, preparandose para algo. Respondía a la oscuridad que habían en ese humano, se rebelaba. Y en la mente del elfo, extraños presagios se manifestaban. Habían venido a entregar un mensaje.
“Falta poco”.
En el muro otra vez, Galadhglir veía a Valle acercarse. Dió la orden de disparo, las flechas enterrándose en los soldados del enemigo, adentro los propios esperando ansiosos.
Cuando llegó el ariete, los arqueros redoblaron las flechas sobre ellos. Pero el ariete seguía acercándose a la puerta, que resistió los primeros golpes. Y aún cuando desde Valle contestaban las flechas con las suyas, la puerta aún resistía, y mientras lo hiciera, todo estaría bien.
Esa esperanza acabó cuando el laiquendi reconoció al hechicero, que se acercaba a la puerta. Entre los hombres que lo sostenían, el hechicero parecía pequeño, negando así el poder que empezó a emanar de él, concentrándose en el ariete. Alcanzó a hacerle una seña rápida a las capitanas, antes de que el ariete, iluminado por la mágica fuerza de ese hombre, destrozara la puerta.
Rompiéndose la contención, el torrente de hierro se precipitó en el interior. Y allí encontró a los soldados tasarianos, que , maltrechos, dejaban alma y vida en el combate. Bajando de los muros, puesto que los arqueros poco podían hacer desde allí, entraron en el combate con Galadhglir al frente.
El ejército del Concilio luchó con valor, pero el peso del número y de sus heridas no les permitiría ganar. Lo sabían desde antes de empezar, y a medida que el tiempo pasaba, lento y rápido a la vez, era más evidente. Lo mejor era retirarse, con pena por los caídos, pero a fin de cuentas, era mejor perder la fortaleza que perderlo todo.
Y así fue como de costumbre, entre gritos y chirridos, Galadhglir pudo hablar con Ealido. Ella no lo dejaría, ni tampoco Ganfika. Pero alguien debía quedarse en la retaguardia, mientras lo que quedaba escapaba por los túneles, a reforzar otros lugares más necesitados de soldados, a continuar manteniendo la esperanza en otro lado.
¿Cómo podría convencerla de que se fueran y detener a los soldados de Valle el tiempo suficiente?
\"Es hora\"
-Quisiera que se salvaran-dijo el elfo
\"Nadie puede salvarse si no es por su mano\"
-Pero podemos ayudarlos
\"Si. A ellos y a otros. Es hora de que entreguemos el mensaje.\"
Estaban ahora frente al rey de Valle, que le decía algo que no pudo comprender.
Y Galadhglir empezó a cantar. Cantó con el alma, con sus dos almas, para todos, para los amigos, para los enemigos. En la canción, estaba la luz de Aglarel, la luz de Varda, la canción de los Ainur. Y el dolor de los Hijos de Iluvatar se expandió en el aire claro de Orod Eressea, los enemigos atónitos, los tasarianos sintiendo el desgarro de la pérdida de su tierra. Del dolor también surgía la esperanza, como de las espadas ensangrentadas surge el reflejo de la luz y hacia allá fueron, a defenderla en otros lados, a cuidar los sauces y las vidas de otras gentes. Ealido no quería dejarlo, pero entendió, como sólo pueden entenderse las cosas a través de las emociones, que la elección de Galadhglir y su destino lo habían llevado allí. Y que allí acababan.
Cuando acabó la canción, frente al rey de Valle, sólo se alzaba Galadhglir. Y cuando la espada cayó sobre él, en un instante atemporal, Aglarel volvió a hablar.
\"Gracias, por todo\"
-Lo hemos logrado
\"Aun no. Pero tu historia acaba aquí.\"
-Lamento no haber podido cumplir la mision. Y lamento que esto acabe. Hay lugares que ver, cosas que conocer. Pero sobre todo, te extrañaré.
\"Has hecho lo correcto. Y nunca estaremos separados... porque ambos somos parte de la misma luz.\"
Entonces Galadhglir murió, finalmente, acabando con su destino errante, el destino que no era suyo, pero que había tomado por amor.
Pero lo más asombroso estaba por ocurrir: de su cuerpo, de su sangre, empezaron a surgir pajaros, canarios plateados que brillaron en esa mañana, antes de desaparecer en los cuatro confines de Haldanori. Y cada uno de ellos era portador del mensaje, que llegó a sus destinatarios en toda Haldanori; a través del canto sin palabras, se contruían palabras en las mentes, para decirles algo quienes tenían una pena, un destino o una misión que cumplir. Así fueron visitados por un canario gentes de todos los clanes en guerra: Seregruin y Delisse de Nurn, Mornaew de Telpe, Lairelosse en la Alianza, Ântleïntzar Altariel de Valle, Gaur de Tercano y el Duque Arioch en el Concilio, entre tantos otros. Y el mensaje -que era parte de la Canción de Galadhglir- fue para todos distinto y para todos el mismo, pues comenzando con algo para cada uno de ellos, todos concluían en lo mismo, así como todos desde diferentes destinos, terminamos reunidos en el mismo lugar:
Sólo en la oscuridad, la luz,
sólo en la muerte, la vida,
sólo en el silencio, la palabra.
El vuelo del halcón
brilla en el cielo vacío.
[Editado por Galadan el 06-05-2005 22:46]
Resumen de la batalla.
Valle ha perdido 15 armadas x35= 525 puntos.
Recuperables: 350.
Valoraciones: 8+8+8+8+8=8
Recupera: 280 puntos.
Pierde: 245 puntos.
Concilio ha perdido 21 armadas x35= 735 puntos.
Recuperables: 245.
Valoraciones: 9+8+9+9+8=8,60
Recupera: 211 puntos. Los dirigentes de concilio han sufrido heridas por el 100%. Por este concepto reciben 350 puntos. Total recuperacion: 561 puntos.
Pierde: 174 puntos.
Valle percibe 225 monedas en concepto de batalla ganada.
Concilio cede 100 monedas a Valle por abandono de la batalla.
Compañias listas y actualizadas.
Historia finalizada.