Fin Guerra: Señores de Nurn deja de Atacar
Armadas perdidas por \"Señores de Nurn\" = 24
Armadas perdidas por \"Alianza de Eithel-Glîn\" = 28
Clima: sol abrasador

Fin Guerra: Señores de Nurn deja de Atacar
Armadas perdidas por \"Señores de Nurn\" = 24
Armadas perdidas por \"Alianza de Eithel-Glîn\" = 28
Clima: sol abrasador
Habida cuenta de la confusión que reina en relación a la multitud de batallas que se desarrollaron durante aquellos días en el Gran Bosque del Silencio, especialmente en torno a la Ciudad de Barad Avathael, la Mil Veces Saqueda, nos remitiremos a la obra clásica del enorme poeta de Annûminas, Caraválin (llamado Alto Dramaturgo Real por Eldarion IV), en un improbable intento de echar alguna luz sobre este enfrentamiento de dudosa existencia.
Por supuesto, nos referiremos a la tragedia Las Telpitas, precisamente a las líneas 256-380 en que Shulak y Nulkaiel deciden enfrentar a Seregruin con Faeryol, y en que luego se narran los resultados del encuentro. Poco más que esto es lo que se sabe sobre aquella cruenta batalla en que por primera vez se hace mención a Faeryol, el Rojo.
[NDT: Hemos utilizado la traducción de Peregrino, la única que conserva este fragmento en nuestra lengua. Rogamos vuestras disculpas.]
Las Telpitas. (frag.)
(La escena transcurre en la impenetrable espesura del Bosque del Silencio, frente al campamento nurnita de la Compañía del Alba Sangrienta. La tienda que se abre al centro es la de Shulak, utilizada por los Señores de Nurn para conferenciar)
(Shulak y Nulkaiel salen de la tienda)
SHULAK.- ¡Oh, Nulkaiel de los bellos ojos! ¿No hemos de decir al humano Seregruin lo que nuestros espías nos han informado? ¿Acaso no es más poderoso el Hado del Reino que el de las frágiles vidas de dos decadentes Númenóreanos?
NULKAIEL.- ¿Cómo osas, Shulak de la amarilla mirada, cuestionar en modo tan liviano el Poder de nuestros Fuegos y de tu propio Destino de Hijo de Melkor, por la turbia y enigmática fama de unos míseros mortales y por la oscura promesa de dos hijos del Decadente Destino que se hunde, triste como ningún Reino de Arda -esclavo de sus mortales torpezas-, bajo las Grandes Aguas de Ulmo Magnífico, acaso para nunca retornar?
SHULAK.- ¡Oh Dama de la Lujuria, renegada de los tuyos! ¡Oh Perversa Doncella, Señora de Narmelost! Si no es porque esperas que el Destino de éstos dos se cumpla, ¿por qué piensas en privar al valeroso mestizo del conocimiento de las nuevas que tanto nos admiran y que los cuervos, más veloces que Bauglir, no hace una hora nos comunicaran?, dí.
NULKAIEL.- ¡Maestro de las Artes de la Guerra! ¡Insigne Nurnita de la Llama que es más poderosa que Anar! ¡Olvida a Mornaew, a quien llaman Reina del Telpe por una oscura conjura! Antes de dar cuenta de la segunda reina telpita en pocos días, ¿no encontrarás más útil probar la valía del mestizo confrontándolo con el ínclito Faeryol, terrible vampiro de quien tantos horrores se narran?
SHULAK.- Pero, perversa Nulkaiel, la mejor de cuantas tuve*, fiera en la guerra como en la calma: sin los ejércitos que Seregruin manda, el prolongado sitio no podrá ya continuar, y será pronto quebrado por la traidora Jeîsilark.
NULKAIEL.- No si nuevamente les engañamos, fingiendo una completa retirada, atrayendo al Rimbe-a-Angolie al Silencioso Bosque en procura de venganza, y entregándolos al bravo Andir que, inigualable en la Gloria, retorna en estos días del humillado Tasarion.
SHULAK.- Entiendo, Nulkaiel, de tus preocupaciones. Pero dejemos ya de conferenciar que el mestizo se aproxima. Escucha aquello que he de decirle, y acaso obtenga tu conformidad.
(Nulkaiel entra en la tienda y Seregruin sale a escena)
SEREGRUIN.- Salve Shulak, Hombre-Dragón, de las Sangrientas Albas Jefe Máximo ¿Qué nuevas han traído los negrísimos cuervos de Ainamar, más veloces que el breve suspiro final de los enemigos de Nurn?
SHULAK.- Seregruin, de la furibunda mirada, me temo que las muy emplumadas bestias nos han regalado con malas nuevas. Prontamente, de este campamento marchará un contingente en procura de deshacer un vergonzoso, imprevisto entuerto.
SEREGRUIN.- ¿Y dejar inconcluso el prolongado sitio de la fortaleza que está al caer? ¡¿Qué suceso tan grave los veloces cuervos de brillante apariencia os han comunicado?! ¡¿Qué funesto acaecer, alcanzando tus inmortales oídos, exige abandonemos estos muros, perdiendo de vista nuestro preclaro objetivo de acabar con el Telpe en sus propias moradas?!
SHULAK.- No temas, Elugalad. Hasta ver la enemiga torre hundida en sus cimientos, el sitio de Gwaeren ha de continuar. Mas tú, valiente y poderoso comandante de las Albas, partirás con la noche en dirección de Avathael. De allí expulsarás, con tus famosas artes, a los odiosos invasores: Elfos del Antiguo Oeste, engañados por el Telpe, que a su propia destrucción el recto camino hallaron; venidos del lejano sur, creyeron hacerse un bien a sí mismos recuperando, con ofensiva sorpresa, los mismos muros de la Orden que ya mil veces Nurn echó por tierra ¿Cuenta esta misión con tu beneplácito?
SEREGRUIN.- Obedeceré con gusto, eterno Shulak. Muerte y destrucción a mis tropas prometí, y la sangre enemiga en mi pesada hoja occidental ya se enfría: tantos días ha de este sitio, que por años pareciera prolongarse.
SHULAK.- Prepara a tus hombres, mestizo, con la prontitud que amerita tu fortuna. Porque, escucha bien y no lo olvides, ya no dirás que los hados te son infaustos: de toparte con otras fuerzas de la Llama, que igual de prestas acudieren a la urgente llamada del ínclito Seron, has de hacer notar que tú, y sólo tú, estás al mando del ataque. Y esto así porque lo quiso, con la fuerza de su voluntad, el de la amarilla mirada. Confía en tu elevada fortuna, que no te ha de traicionar, y asimismo yo lo haré. ¡Parte ya!
(Shulak entra en la tienda )
SEREGRUIN.- Haces bien, noble Shulak, Hijo de Morgoth, en confiar. Pero qué será de mí lejano a estos muros, ahora que hacia ellos se aproxima Mornaew. ¡Detente, corazón, cálmate un poco! ¡¿Qué tienes que decir?! ¡Si ya mismo he de partir! ¡Si la incontestable gloria me aguarda solícita bajo los altos y lejanos muros de la mil veces humillada Avathael!
(entra en escena el CORO, compuesto por los mercenarios orientales de Seregruin, devenidos soldados nurnitas)
ESTROFA
CORO
¡Oh, mestizo del fuerte cuerpo! ¿Por qué han dejado tus ojos de observar
los poderosos muros de la fortaleza de Gwaeren, cuando sabes que Mornaew,
que es Reina del Telpe, a su defensa se dirige?
¿Bastó, acaso, con que el ínclito Marüyên, Señor de Espectros, privara de mortal encarnadura,
de trono y corona, a la traicionada Tarilúme, malhadada espectra
que de las playas de Osto Telemna a su perdición vino engañada,
para que el oscuro ejército, encarnado de enemigas sangres,
abandonase la orgullosa y violentada Ciudad de los Cuervos internándose en Taur-dîn-Tirith,
silencioso baúl que mortales secretos guarda?
ANTÍSTROFA
CORO
¡Oh, mestizo, nuestro insigne guía! “Por mil leguas de muerte les llevaré
a la destrucción total de lo que vive” prometiste,
cuando por vez primera tu porte admiraron, allí en la lejana Poder del Fuego**
“¡Muerte y destrucción!” dijiste a los dadores de muerte, soldados de la Llama de Nurn
e invocaste a Lorkum, guerrera y sin rival divinidad,
quien, sin siquiera vacilar, su pesado puño gratamente te ha prestado.
¿Por qué, mestizo de las poderosas manos, nos llevas de regreso
a las sombras de este bosque, tan en silencio como nos trajiste?
¿Por qué, mestizo de los ojos llenos de furia, volamos ahora,
como los negros cuervos, por entre el mudo follaje de los lóbregos bosques?
EPODO
CORO
¿Qué ha sido del ínclito Marüyên, mestizo? ¿Qué de sus soberbios poderes?
¿Qué fue de tu deseo, encendido en el ardor de una oscura pasión,
de echar por tierra los muros de Gwaeren?
¿Qué dejas aquí, mestizo, para partir a la Ciudad de los Leones como viniste
sin encontrar lo que buscabas, sin hendir los muros ni la carne, apenas el recuerdo
de tu oscura y añorada, amante entre las enemigas, la joven Mornaew de los Venenos?
SEREGRUIN.- He de partir, fieles mercenarios, ya no hay tiempo y dejo aquí mi corazón. Amigos míos, decid al amarillo Beriel que volveré mucho antes de que estos muros caigan. Adiós.
(Sale Seregruin y Shulak sale de la tienda)
SHULAK.-¡Oh Lorkum, Dios de las Guerras! ¡Lorkum, sangrante espíritu que a la victoria conduces a los hijos de Nurn! ¿Qué ha sido del valiente Seregruin en la lejana Avathael? ¿Ha podido más el cruel Faeryol, o acaso las astucias del mestizo portan los laureles? ¡Te invoco, gran Lorkum, a que develes al Hijo de Melkor la suerte que ha corrido la batalla de Avathael!
(entra Lorkum, divinidad guerrera nurnita)
LORKUM.- Escucho y obedezco, Shulak Hombre-Dragón, el más mortífero y despiadado de todos aquellos que hoy pisan Endor. He aquí lo que ocurrió:
ESTROFA
LORKUM
Partió Seregruin con un centenar de hombres
De la Vanguardia de las Sangrientas Albas, hace una semana.
Como los oscuros cuervos de Ainamar atravesó el Taur-dîn-Tirith, en el Telpe llamado Eryn-Dîn,
Para dar con los enemigos del sur venidos, y que a Seron alejaron de la triste Avathael.
Grandes fueron los obstáculos con que el mestizo se topó,
Pero ninguno tan grande, y esto lo sabrás,
Como el que las propias fuerzas de Nurn le preparaban.
Porque hacia Avathael se dirigía Faeryol, el Vampiro, comandante de los horrorosos seres
que el Silencioso Bosque habitan.
CORO
Grandes peligros corrimos, pero la mano firme de Kalemba nos guió siempre a través.
Oíd cómo los muros temblaron a nuestro arribo, en la misma mañana de ayer.
ANTÍSTROFA
LORKUM
Porque al llegar a la Mil Veces Saqueada, los generales disputaron la primacía,
Y en singular combate el Rojo y el Mestizo la muerte se hubieran dado,
De no ser porque los muros, dañados por la furia de mil y más batallas
Crujieron y cayeron con el estrépito del miedo, en numerosos sitios a lo largo**.
Y los élficos enemigos, vestigios de gloriosas Edades, hoy por el Telpe engañados,
empuñando sutiles arcos, creyendo oportuno el momento, al astuto Seregruin alcanzaron.
Veloces y furiosos, entonces como siempre, los nurnitas rompieron sobre la triste Avathael.
CORO
Allí donde las puertas en días pasados se irguieron, donde la furia y el poder de Yestáriel a Hlóke hirieron
Allí dirigióse Seregruin, en el fuerte brazo herido, y allí valientemente combatió al Elfo Gris.
EPODO
LORKUM
En el tumulto desenfrenado que se dio puertas adentro
Los nurnitas abrasaron el desconcierto del incauto extranjero:
nadie les previno que la furia de la Llama, tan sólo al simple roce de las enemigas armas,
en todo su poder, entonces como siempre, fieramente restalla.
Y penetrando por las hendidas murallas, por la puerta nunca del todo repuesta,
arrebataron de la amarga Endor los antiguos fëa de Beleriand,
así como el de los mortales soldados de la Fuente que un día se ha de agotar.
Nunca más volverán a Tyelpëlosto, hundida en Taurënúva,
Nunca más a las hermosas playas de Aaran Fortin volverán.
CORO
Entre medio del fragor que por las calles, eternamente ensangrentadas,
de Avathael se esparcía, un alarido rasgó, deteniendo el tiempo, el día abrasador.
SHULAK.- ¡¿Qué ocurrió?! ¿El númenóreano cayó?
LORKUM.- No, temible Shulak. El cuerpo de Faeryol, tajeado por vil filo, desgarróse. Porque Seregruin, el astuto, instruyendo a sus secuaces, logró apartar de sus fuerzas al Vampiro. Y embozado, en la penumbra, a lo largo del costado, con fiero acero hirióle. Y es por esto, noble Shulak, que retirándose del Vampiro las tropas, y las del mestizo tan luego, tras gran masacre de extranjeros, la calma en la de los Leones recobróse.
SHULAK.- ¡Divididas nuestras tropas por causa de los capitanes, del Alba Sangrienta desgajadas tal vez por mucho más! Dime, Lorkum, ¡¿qué he de esperar?!
LORKUM.- Gloria a Nurn, mi viejo Shulak. Faeryol se ha confiado al hombre, sin sospechar que de él su dolor proviene. Las Albas en el norte cuentan hoy un único jefe, la victoria celebran sobre el enemigo.
CORO
Gloria a Nurn, Temibles Señores, Seregruin regresará al campamento con Faeryol y los ejércitos. Humillado el invasor, el Gris Elfo y los de la Fuente (que en breve se seque si de la nefanda Alianza no abjura). Y quiera Lorkum, que da toda la muerte, que la nolda Nyáriel, de Eregion hechicera, a curar a sus heridos ya nunca acierte.
[Editado por seregruin el 03-05-2005 11:24]
El calor seguía siendo la norma de los días que habían transcurrido tras la toma de la ciudad. Esto dificultaba las labores de fortificación para hacer frente a la inminente respuesta que, sin duda, llegaría de las tierras de Nurn. Pero nadie hablaba de ese tema, pues intuían que la tragedia volvería a rondarles de nuevo, y nuevas bajas se producirían en ambos bandos. Aun así, los ánimos no decaían ni un instante y una nueva vida comenzaba a ofrecerse en el interior de aquellos dañados muros.
Sus habitantes, ya acostumbrados a las guerras y al sufrimiento, esperaban el mismo trato que aquellos señores que conocían, les habían practicado. Eran sus vidas oscuras y tristes donde los modales no se mostraban y la ley del más fuerte prevalecía incluso entre ellos. Todo su esfuerzo se dedicaba a las labores que sus “dueños”, consideraban mas útiles en cada momento.
Toda orden debía ser acatada de inmediato, tuviese ésta el precio que fuera, incluso la pérdida de su vida por no cumplir el más mínimo mandato de sus carceleros. Era esta una situación que conocían desde siempre, y algunos la asimilaban como suya y en sus corazones la aceptaban y compartían unos mismos ideales. Pero la llegada de aquel ejército era distinta a la de otras batallas.
Una vez que la toma de la ciudad se había efectuado, se colocaron vigías y mientras los heridos eran atendidos, comenzaban las labores en la ciudad. Sus habitantes fueron convocados al centro de la plaza, donde los capitanes de la Alianza se disponían a aclararles su situación. Pero no fueron palabras de odio e ira lo que allí se escucho:
’Habitantes de la desdichada Avathael’- comenzó el elfo. ‘No buscamos provocaros mas daño del que ya se os ha inflingido durante todos estos largos años de vuestra existencia. A pesar de nuestros diferentes ideales no buscaremos someteros a nuestra justa causa, pues nuestra intención es acabar con el mal que producen aquellos que en sus acciones se consideran superiores al resto y subordinan cualquier otra causa a las suyas propias. Seguro es que la noticia de la pérdida de esta ciudad llegará pronto a oídos de sus señores, pues sus espías son numerosos, y pronto una gran hueste dirigirá su mirada hacia esta tierra para aplastar todo rastro de insurgencia.
No os prometemos que no sufriréis ningún daño, pues si bien no os imponemos nada, de igual manera habrá de ser vuestro comportamiento y cualquier acción que ponga en riesgo la vida de alguno de mis hombres, será pagada con la suya propia. Pero no temáis, pues comenzaréis a vivir una vida sin tener que cumplir los deseos del otro y vuestra libertad solo estará limitada por los actos que dañen a cualquier otro, sea del modo que sea.’
En aquellos momentos los murmullos se comenzaron a oír entre los allí presentes. Eran estos hombres y elfos que habían servido largos años a la causa de Telpe, mas cuando su poder les abandonó, su suerte varió poco, pues en Nurn se mantenía el férreo control sobre sus acciones, y era éste si cabe aun peor.
En los días en que la ciudad había pasado a manos de los señores, poco se había hecho por el bienestar de la ciudad y de sus habitantes, pues confiaban en su gran poder como revulsivo para cualquier ataque. Así, los muros de la ciudad reflejaban duramente el coste de los ataques que tantas veces habían presenciado. Pero pronto esa situación comenzaría a cambiar.
La alianza había comenzado las labores de limpieza y para ello se solicitó la ayuda de sus habitantes. Estos, en principio, acudían como de costumbre con el miedo a las represalias por sus errores, pero como ya se les había notificado las cosas habían cambiado. Poco a poco la salubridad de la ciudad comenzaba a mejorar y los cadáveres de las guerras o de aquellos que se exponían como trofeos o como advertencia fueron retirados. Así la ciudad comenzaba a respirar un aire nuevo, pero que no se acababa allí. Pues las palabras de los recién llegados pronto encontraron un hueco en el interior de muchos y las bellas palabras de otros modos de vivir pronto se anidaron en sus corazones y desearon eso para si.
Pocos días habían pasado, cuando en las cercanías del bosque se comenzó a escuchar la llegada de un ejército de las tinieblas. Su principal dirigente era un vampiro llamado Faeryöl, que surgía de la espesura del bosque con ansias de conquista. Tal era su situación que incluso el fuerte sol del día no le impedía el avance, seguido de sus fieles secuaces. Se situó aun en la lejanía de la ciudad y contempló los grises muros. El daño en algunos lugares aun no se había conseguido eliminar y la puerta se presentaba de manera tosca, por lo que esos muros no constituían una gran defensa frente a un ataque.
Pronto daría la orden de ataque, pues en su ser ambicionaba el poder, que demostraba sometiendo a sus enemigos y en el sufrimiento y sometimiento de estos encontraba un deleite especial. Pero la situación aun no se presentaba en toda su magnitud, pues un cuerno de guerra de Nurn se oyó en las proximidades. Era un ejército numeroso, comandado por el mestizo Seregruin, que venía a solventar la afrenta hecha por la Alianza al arrebatarles aquella ciudad.
Ninguno de los grupos realizó entonces movimiento alguno, salvo Kalemba, que con una gran hueste de sus hombres se aproximó al vampiro y sin muestras de cortesía comenzaron un diálogo que, a pesar de no ser escuchado desde los muros, pronto se supo que no era amistoso, pues los movimientos se tornaron en hostiles y duros. Ninguno de los dos quería mostrarle al otro ninguna muestra de debilidad y pronto las palabras dieron paso a las armas, ante el júbilo de una y otra facción.
Tras los muros la defensa se comenzaba a planificar y las armas pronto se volvieron a desenfundar, para bañarse en la sangre rival. Pero gran parte de los habitantes de aquella ciudad ansiaban tomar parte en la batalla. No querían seguir sufriendo humillaciones y deseaban seguir respirando el aroma de libertad recién descubierto por la mayoría.
Muchos entonces comenzaron a subir a los muros, pues querían plantar cara al enemigo. Demostrarles que su fuerza había menguado en esa ciudad y que el miedo que antaño les inspiraban era solo un velo de dudas que el tiempo había quebrado. Desde allí pudieron comprobar como los jefes de cada una de las secciones luchaban para imponerse frente al otro y asimilar todas las fuerzas bajo un mismo liderazgo.
Pero los ánimos pudieron más que la espera y las flechas comenzaron a volar desde la ciudad en dirección a la batalla, atinando una de ellas en el brazo de Seregruin, que volvió la mirada hacia los altos muros desde los que se continuaba disparando. Pero los débiles muros comenzaron a desprender sus piedras en algunos puntos y pronto hubieron de retirarse hacia el interior.
Seregruin se arrancó la saeta del brazo y mientras la alzaba en alto, dio orden a los suyos de comenzar el ataque. El vampiro miró la sangre manar del brazo de su rival y una mueca apareció en su pálido rostro, justo cuando comenzó a avanzar junto con sus seres hacia las puertas de la ciudad.
Las puertas comenzaron a ser golpeadas con la fuerza de los trolls que les acompañaban en su viaje de muerte. Poco se pudo hacer por contener el ataque y tras sendos golpes la puerta reventó y se desperdigó por el suelo, mientras el estruendo comenzaba a escucharse a lo largo de las calles. Una carga de destrucción irrumpió así, pero de igual manera que provocaban grandes bajas, también las sufrieron prontamente.
Malenril estaba situado junto al portón, intentando controlar el avance rival, cuando de la marea surgió el mestizo Seregruin. El elfo le impidió el paso al númenóreano con la carga de su espada, a la que el rápidamente respondió. Era una lucha fiera donde el chocar de espadas alejaba a los curiosos. Además, ninguno de los dos precisaba de ninguna otra intervención, pues su poder era suficiente para controlar los golpes de su rival y mantener cada uno sus posiciones. Pero ese no era el mejor lugar para semejante lucha, pues las piedras del muro se desprendían aun con más facilidad, y pronto una gran roca se cruzó entre ambos adversarios. No produjo daño alguno, mas el impacto levantó polvo y piedras de la árida tierra castigada durante días por aquel sol, que en esa zona se mostraba implacable.
Cuando el elfo pudo volver a su posición el númenóreano ya no se encontraba allí. Fue entonces cuando Malenril volvió a entrar en la ciudad, y pudo comprobar el alcance que la batalla alcanzaba en el interior.
En su avance observó como Nyarél, se defendía junto con otros fieles de un numeroso grupo de orcos y otras extrañas criaturas, que se veían acorraladas por la fuerza que la elfa imprimía en cada golpe y por las palabras de ánimo y lucha destinadas a sus hombres, que hacían renacer en ellos la fuerza y el deseo de acabar con su rival. Más cuando sus rivales crecieron en número, haciendo uso de sus poderes, invocó al fuego, que prendió rápido en el cuerpo de los invasores. Grandes alaridos emitieron y en su desenfrenada huida cayeron sobre viejos edificios de madera que pronto fueron aferrados por las lenguas de fuego en un día abrasador.
La ciudad estaba sufriendo otro duro golpe, pero no se permitiría que fuera tomada, y cuando más parecía que la huida era su única salida, la esperanza de la Alianza se recobró y en sus golpes demostraron al enemigo que no estaban dispuestos a permitir que este recuperase ni la mas mínima porción de tierra, la ciudad no les sería arrebatada. Y comenzó entonces la recuperación de la ciudad y el enemigo viéndose pronto vencido emprendió su retroceso.
Malenril mientras repelía al enemigo, pudo ver como la traición estaba presente en sus rivales. Faeryöl, no retrocedía pues era reacio a abandonar una lucha cuando todavía tenía posibilidad de verter sangre, pero a su espalda surgió de la sombra el filo de una espada que sesgó el cuerpo del vampiro, sin que este pudiese descubrir a su agresor.
Con este acto, se daba por terminada la guerra, pues Seregruin asiendo el cuerpo de su presa, le ayudó en la huida de la ciudad. No lo habían perdido todo, pues a pesar de que no cumplió con aquello que le había sido encomendado, si pudo lograr el sometimiento del desconfiado vampiro que, ajeno a lo ocurrido, le juraba respeto y obediencia.
Pronto el ejército de Nurn se volvía a perder en el horizonte tal como hiciera su aparición. Muchos de sus soldados se mostraban pesarosos por el resultado obtenido y deseaban venganza, mas entre ellos Seregruin se mantenía confiado, pues con sus engaños seguía consiguiendo aquello que se proponía. Además, aun se podrían presentar otras ocasiones en las que cumplir sus objetivos y demostrar su poder.
Pero no sería en esta ocasión, pues la fuerza de la Alianza se seguía demostrando en cada una de sus acciones. Las atenciones de sus hombres no se mantenían entonces en esos pensamientos, sino en apagar los fuegos de la ciudad e intentar reparar los muros y la puerta para ofrecer una seguridad a sus gentes.
Aquella noche serena la calma se percibía de nuevo en la ciudad. Los ánimos seguían manteniéndose en alto en los corazones del ejército y se daba paso para el recuerdo de lo vivido en ese día, apareciendo en ocasiones la pena por los caídos. Pero sabían que no había sido en vano y que en sur lejanas tierras, acciones como estas les permitían paz para sus familias y esto era el mejor regalo que les podían enviar junto con sus pensamientos, y con el deseo de volver a su lado.
Resumen de la batalla.
Nurn ha perdido 24 armadas x35= 840 puntos.
Recuperables: 560
Valoraciones: 9+9+9+9+8+9=8,83
Recupera: 495 puntos. Los pjes han sufrido daños por el 40%. Por este concepto recuperan 140 puntos. Total recuperacion: 635 puntos.
Pierde: 205 puntos.
Alianza ha perdido 28 armadas x35= 980 puntos.
Recuperables: 327
Valoraciones: 9+8+7+8+9+9= 8,33
Recupera: 272 puntos.
Pierde: 708 puntos.
Nurn percibe 300 monedas por batalla ganada.
Nurn cede 100 monedas a la Alianza por abandonar la batalla.
Compañias actualizadas y listas.
Historia finalizada.
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