Arcaicos pergaminos y libros de oscuras y ominosas páginas han registrado el devenir de los iniciados.... Dentro del hermético círculo de la orden de Telpe existe un ceremonial, cuya importancia se reviste en la iniciación de los hermanos al oscuro y profundo conocimiento que encierra el espíritu de la orden. Todo aquel que aspira a ingresar a la poderosa orden de Telpe tiene que pasar por el proceso de iniciación, el cual consta de tres etapas básicas: la presentación, la formación y la ceremonia. Muchos han escuchado desde tiempo atrás las historias que por tradición se transmiten sobre las tierras de la orden. Algunos llegan hasta las fronteras atraídos por leyendas, otros por afán de conocimiento y otros son simples mercenarios en busca de poder. Los mas avezados arriban a las grandes ciudades de la orden, y los hermanos regentes que conocen bien las intenciones de tales extranjeros, son los que se reservan el derecho de darle entrada a sus pretensiones, o detenerlos.
El primer paso, el de presentación consiste precisamente en solicitar su ingreso a la orden, aunque irónicamente para esto no exista ningún proceso formal. En espera de una indicación o una respuesta muchos mueren sin siquiera saber que es lo que hacían en realidad, otros simplemente son expulsados del territorio y algunos son tomados como esclavos en las mazmorras, así a la vez que se van depurando los “aspirantes” se fortalecen los mitos de que sólo los auténticos elegidos podrán pertenecer a Telpe. Si existen aptitudes o interés de los hermanos, los aspirantes son conducidos según su ubicación, a algún sagrario o templo de la orden, ahí reciben ciertas orientaciones y son sometidos a duras pruebas. Las historias que se relatan sobre la vida de los mismos, a menudo son tan grotescas, que es difícil discernir entre la realidad y el mito. Lo único que se tiene en claro es que solo unos pocos, en todos los años de la orden, han logrado sobrevivir a esta etapa. La mayoría después de apenas unos días de formación, desaparecen silenciosamente, sufren una muerte violenta o terminan quitándose la vida por desesperación o locura. La última etapa, la ceremonia, es la iniciación en sí misma, es donde se revelan y aceptan las verdades místicas de la orden. Es en el recinto central de la torre maestra de Osto Telemna, donde se lleva a cabo el ritual. Si bien en ocasiones han existido excepciones en cuanto al lugar, la ceremonia en esencia es la misma. Existe un hermano oficiante que es el que dirige el rito de iniciación. En la primera parte del ritual, el iniciado es conducido a una galera de las mazmorras, donde se le deja durante días, semanas o incluso meses, hasta que logre centrarse en una autorreflexión mística, buscando alcanzar el estado de trance en el que pueda “escuchar” y revelarse ante el espíritu de Telpe, acto de simbolismo espiritual que encierra la conquista, de sus temores y demonios. Después, ya en el recinto de la torre maestra, completamente a solas y en impenetrable oscuridad, rodeado por las insignias de la orden, el iniciado tiene que manifestar su fuerza interior y proyectarla, para demostrar que es dueño de sí mismo y por lo tanto un auténtico iniciado en la filosofía de Telpe.
La impenetrable oscuridad cubre hasta el último resquicio y una respiración apagada parece exhalar el aliento final. Se percibe la intangible pero ominosa presencia de alguien o algo, la figura en posición contemplativa suspende sus acompasados jadeos Aparece entonces frente al espejo un haz de luz de débil resplandor, cuya luminosidad sin embargo parece aumentar a la par de la fuerza interior desplegada por el hombre en aquel momento. Un violento repique de campana rompe de improviso la hermética atmósfera, y las sombras ceden su lugar ante ocultas antorchas que progresivamente iluminan el recinto. El hombre se levanta y aun con los ojos cerrados, pronuncia ciertas palabras con una extraña entonación -Tenna sí sina ná se i náien… nan sí uinuvan ata, an feanya alasas antaien mi hrave ar horma. Hákan oilimalya ando, ar lárnyat sí lastat muilelda valaina, Antonia yestat vérelda ar henyat hákat un i halda kolla i ingólina. Maruvan mi i ungor ar lornuvan ara Nuru, tenna sa mi i helle i laure’amaurea antas merry’analkar Telpina
\"hasta ahora esto es lo que he sido… mas ya no seré mas, pues mi espíritu se regocija al entregarse en carne y éter. Abro tu última puerta, y mis oídos ahora escuchan tu secreto de poder, mis labios se aprestan a pronunciar tu juramento y mis ojos se abren ante el oculto manto de la sabiduría. Habitaré en las sombras y dormiré lada a lado con la muerte, hasta que en el horizonte el alba dorada ceda su lugar al resplandor de Telpe\"
Aparece entonces una imponente figura embozada en una amplio manto negro, cuyo color contrasta fuertemente con el argentado resplandor de varios colgantes que penden de su cuello, el mas grande de ellos con una estrella de 7 puntas engarzada al frente. El personaje se sitúa frente al hombre, y pronuncia lentamente con voz profunda:
-Sin lastanyel onóron, or kárlda lingas mine tehta úkenima nan úmottima… I heren Telpina hákaryel aksarya, nás mi elye melas sí, i more lelyuvas ara elye mi tielda ar i mornavalanár vayuvas featya ná epi osse tuvuval nolwetya…
\"Así te escucho yo hermano, sobre tu cabeza pende una insignia invisible pero indeleble… la orden de Telpe te abre su sendero, de ti depende honrarla ahora, la oscuridad te acompañará en tu camino y el fuego del poder siniestro abrazará tu espíritu pero mas allá del miedo encontraras tus respuestas\"…
-Que así sea entonces, que el fuego devore mis carnes, que mi espíritu sea desterrado al vacío, que mis palabras se condenen al olvido y mi recuerdo evoque la deshonra, si alguna vez traiciono a la orden. Dicho esto el iniciado se inclina con los brazos cruzados a la espalda.
-Ea an, contesta el hermano oficiante, y toma una daga de plata de rica empuñadura. El iniciado ofrece su brazo izquierdo, un ligero y rápido reflejo de la hoja de la daga y fluye un delgado hilo escarlata. Se vierte tan solo unas pequeñas gotas en un cáliz y el hermano oficiante lo llena con una botella de algún desconocido líquido de oscuro matiz. Lo eleva, pronuncia unas palabras en voz baja, y lo cede. El iniciado se da vuelta y ante la presencia de los demás hermanos, que en tal momento se incorporan a la ceremonia, bebe de un solo sorbo el contenido del cáliz. El oficiante entonces, tomando una pieza del guerrero de plata, lo arma y presenta con su nombre de orden, se bebe entonces a la salud del nuevo hermano.
