La Guerra de los Clanes

Historias, leyendas y batallas en las tierras olvidadas de Arda.

Edicion 2

Haldanóri, Las Tierras Ocultas

Finalizada · 08-09-2004

C3 Alianza Vs C1 Tercano

2005:05:13:00:03:45

Gaur

Fin Guerra: Tercano Nuruva se retira del Combate

Armadas perdidas por \"Alianza de Eithel-Glîn\" = 17

Armadas perdidas por \"Tercano Nuruva\" = 15

Clima: noche tormentosa

Gaur

Las tropas se habían replegado ante el inminente enfrentamiento con los invasores del sur. Desde que la capital había sido saqueada sin piedad, un fervor de venganza había hecho presa en todos los habitantes de Tercano.

Teníamos que defender Barad Hithgwath costara lo que costara. Los mensajeros de Sincarion recorrían el territorio buscando voluntarios para acudir en auxilio de nuestra ciudad.

Fue una tarde en que yo disfrutaba de la compañía de mi esposa, Hareth, una elfa de noble estirpe, de cabellos oscuros como el azabache, ojos verdes como las colinas que vieron la llegada de nuestro pueblo en Cuiviénen; y de nuestro hijo, Mahtan, auténtico orgullo de nuestra familia.

Mahtan había visto pocas estaciones todavía, sin embargo sería un elfo alto entre los de su especie. Había heredado los ojos de su madre. Estaba del todo entregado a su familia, disfrutaba de todos los momentos que podía con su madre y conmigo.

Su madre le había inculcado el amor por la naturaleza y por la libertad, materias de las que era una auténtica maestra.

De mí aprendía a defenderse, el valor de la amistad y la sinceridad.

Mahtan nos llenaba a todos de la felicidad que desprendía, siempre tenía una sonrisa dibujada en el rostro. Únicamente se disgustaba cuando algunos de sus progenitores nos ausentábamos del hogar; entonces se refugiaba entre los caballos y se dedicaba a hablar con ellos, se convirtieron en sus confidentes.

El momento en que aparecieron los jinetes, con el decreto de Sincarion, un oscuro velo cubrió el semblante de Hareth.

- El destino que fue marcado en tu hado cuando naciste se apresta a cumplirse, Ragnor.

- Hareth, sabes que el deber ata mi destino.

- Tanto tiempo he temido este momento… y, finalmente, ha llegado.

Amarga fue la despedida, los llantos de Mahtan, la dulzura de Hareth, los hermosos recuerdos de toda una vida plena de felicidad…

- ¡Mahtan, cuida de tu madre! Recuerda quien eres siempre, y defiende con orgullo la nobleza de tu estirpe.

- ¡Padre….!

Finalmente, llega el momento. Las tropas nos hemos replegado a escasas millas de las puertas de Barad Hithgwath. En la lejanía se avistan unas negras nubes que no presagian nada bueno. Los vigías han dado la señal de alarma, las tropas de la Alianza ya han iniciado el ataque a la ciudad. Los habitantes de Barad Hithgwath se defienden apostados dentro de las murallas de la ciudad.

No esperan que lleguen refuerzos. Se han visto sorprendidos por la llegada de nuevas tropas prestas a la lucha.

El resultado es incierto. Alianza ha demostrado en otras ocasiones una fiereza y un carácter indomables. Numéricamente ambas formaciones son parejas.

En lo alto de la muralla, se encuentra nuestro líder, Sincarion el Maia. Mi vista me permite ver cuán concentrado está en estos momentos. Pareciera que su mente estuviera escrutando las intenciones del enemigo.

En el frente, delante de nuestras huestes están los líderes de las formaciones: Gaur, Hyara y Fíriel, atentos a cualquier indicación que les llegue de Sincarion, escrutando los movimientos de las tropas que se mueven por todo el horizonte.

La batalla estalla. Nuestras tropas corren a campo abierto con un griterio ensordecedor para alejar de la ciudad la confrontación tanto como nos sea posible. Una lluvia de flechas nos da la bienvenida al campo abierto. Nuestras órdenes son claras. No podemos detenernos, tenemos que alejar a las tropas de la Alianza de los muros.

Llega el momento de la lucha cuerpo a cuerpo, intento hacerme un camino entre los enemigos…mi objetivo es claro…sobrevivir….tengo tantas cosas que hacer…tengo una familia a la que regresar…

La espada de mi padre se muestra firme en mi mano. Una espada forjada quizás una edad en el pasado, una herencia de incalculable valor. Las corazas del enemigo no se resisten al envite.

Nuestras tropas están integradas por orcos, elfos y trolls; mientras que entre las tropas enemigas distingo enanos, hombres, elfos y ents.

Mi posición está entre el resto de elfos a cuya estirpe pertenezco y por un destino cruel nos vemos enfrentados a nuestros hermanos, los elfos que militan en las tropas de la Alianza; recuerdo el tiempo en que los elfos éramos hermanos independientemente de la tierra en la que vivíamos. ¿Qué nos ha pasado? ¿Cómo hemos llegado a este nivel de odio y destrucción?

Los orcos se están enfrentando a enanos y hombres. No me gustan los orcos, ni aun cuando combaten de mi lado, sin embargo están haciendo bien su trabajo y haciendo gala de la crueldad que les es propia están causando muchas bajas entre los enemigos.

El enfrentamiento entre ents y trolls es pavoroso. Estas criaturas del tamaño de unos árboles frente a frente… Los trolls con enormes hachas, los ents con piedras de considerable dimensión.

Mi camino me lleva hacia un camino sin retorno. El fragor de la batalla cada vez es más intenso. Cada vez son más los caídos, los heridos… La tierra se ve teñida de carmesí, los gritos de la batalla se ven, poco a poco, superados por los gritos de dolor, por los lamentos…

Entre los combatientes se ven acciones de valor sin medida. Nuestros líderes luchan codo con codo entre nosotros. En sus rostros no se ve piedad, no se ve temor… únicamente rabia.

El chocar de las espadas, los puñales surcando el viento a escasos centímetros de algún rostro afortunado… Todo se convierte en el escenario perfecto dónde se está llevando a cabo el momento culminante de la historia.

La estrategia ideada parece que ha surtido efecto, las tropas de la alianza están siendo atacadas en estos instantes por los guerreros que llegamos como refuerzos y por los guerreros que han podido salir de la ciudad. La alianza se encuentra en medio de un fuego cruzado.

De pronto, algo llama mi atención… un guerrero elfo me mira y se dirige hacia mi con la espada en las manos. Sin embargo su actitud no es agresiva.

- el destino nos depara la mayor de las amarguras, Ragnor, amigo mío.

- ¿Ohtar?

- Veo que sigues conservando la misma sagacidad de siempre –dijo sonriendo.

- ¡Por todos los Valar! ¿Qué estás haciendo aquí?

- Supongo que puedo decir que hago lo mismo que tu. Sólo que el destino ha querido que nos encontremos enfrentados.

- ¡No lucharé contra ti!

- Debes hacerlo…nuestro sino ha jugado caprichosamente con nosotros y aquí somos adversarios.

Dicho lo cual, empuñó su espada y la tendió hacia mi rostro.

- ¿tienes familia? –me preguntó

- Sí, tengo esposa y un hijo.

- Pues deberás luchar por ellos. El tiempo en que la paz dominaba el mundo acabó.

- Ohtar…

- ¡Defiéndete!

Atacó de frente. Sin darme cuenta me vi involucrado en una batalla con mi amigo de tanto tiempo atrás. Recuerdo los días en que era más que mi amigo, era mi hermano… íbamos juntos a todas partes. Recorrimos los bosques buscando la paz y armonía que la naturaleza nos brindaba. Corríamos con las fieras, susurrábamos al viento, los ríos nos brindaban grandes momentos de paz…

Los ataques se sucedían rápidamente, los reflejos de las espadas se apagaron de pronto cuando estalló la tormenta. El barro apareció de súbito, entorpeciendo los movimientos. El agua de la lluvia caía con fuerza y en escasos instantes lo había empapado todo.

Nuestro duelo seguía. Las fuerzas cada vez menguaban con mayor celeridad.

En esos instantes el duelo alcanzó su cenit. La imagen era épica. Dos elfos luchando por sus vidas en el fragor de una batalla que se desarrollaba en medio de una gran tormenta.

Un rayo cayó en las cercanías del campo de batalla y un gran grito se oyó, muchos resultaron heridos.

Un gran dolor se apoderó de mí. Finalmente su estocada hizo blanco y atravesó mi cuerpo. La espada de mi padre se deslizó entre mis dedos y cayó al suelo al tiempo que mis rodillas se flexionaron.

El dolor era intenso, Ohtar lanzó su espada ensangrentada y me tomó entre sus brazos.

- Ragnor….

- Has hecho bien tu trabajo, amigo mío.

- Lo siento, Ragnor… -su voz denotaba dolor.

- No lo sientas. Me traslado a las estancias de Mandos, pero no me marcho vacío. He tenido una vida hermosa y llena de felicidad. Me llevo todo el amor que he recibido.

Algo había ocurrido. Las tropas de Tercano se refugiaron en las murallas de Barad Hithgwath. Habían diezmado las tropas de la Alianza y consiguieron que la ciudad no fuera invadida ni saqueada. El vino correría esa noche en las calles y los supervivientes brindarían por la victoria y por los caídos.

Los dirigentes azuzaban a las tropas para que el repliegue fuera rápido, pero no podían ocultar que un atisbo de sonrisa se dibujaba en su faz. El objetivo había sido cumplido y el orgullo del deber bien hecho henchía sus pechos.

Cada vez más el dolor iba menguando. Mi lucidez se iba apagando con cada instante que transcurría.

- Ohtar….

- Mi instante está llegando a su fin. Pero no quiero irme sin encargarte algo.

- Te escucho, Ragnor.

- No te guardo rencor. Te esperaré en Mandos y cuando llegues retomaremos nuestra antigua amistad y nos burlaremos de este episodio.

Ragnor lloraba desconsoladamente.

- Escúchame –proseguí- busca a mi familia y llévales este encargo de mi parte. Dile a mi esposa que el día que apareció en mi vida, las estrellas se apagaron para mí, y se convirtió en la estrella que iluminaba mi camino. Quiero que tomes mi espada y se la lleves, quiero que sea el legado de mi hijo, confío en que pueda protegerle en el futuro.

- Ragnor, deberías callar….

- El tiempo apremia. Ya oigo los cantos de las voces de Mandos. Es muy importante lo que te diré ahora. Mi hijo…quiero que le instruyas…quiero que hagas de él un auténtico Señor entre los Señores…háblale de mí… dile cuánto le quería…dile…- un fuerte suspiro salió de entre mis pulmones- dile…que mi último pensamiento fue para él….¡MAHTAN!

Silencio, oscuridad…

Narairë

La espera se hacía eterna en el campamento. Los hombres se arremolinaban alrededor de las tiendas intentando ocupar su tiempo. Pero lo peor era la falta de viento. El aire estaba en suspenso, inmóvil. Se acercaba una tormenta.

Luthan descansaba apostado junto a un árbol. Pesadillas turbaban su mente y una voz le repetía “¿Estás preparado?” Llevaba varios días sin dormir y éste no sería diferente. Se dio la vuelta para supervisar la acampada y sus ojos tropezaron con una mujer. A diez metros se encontraba la dama Lairelossë sentada con el arco en el regazo. Ella, que había vivido tantas batallas, se preparaba para una más, otra de tantas parecía, pero un velo de preocupación envolvía su rostro.

-No debemos esperar más -dijo Luthan, debemos partir. No demos tiempo a sus refuerzos a llegar hasta la ciudad.

-Una batalla en la oscuridad tendremos pues, que la luz de Isil nos guíe -respondió Lairelossë.

El atardecer acompañaba la marcha y las primeras gotas de lluvia se posaron sobre los rostros de los valientes hombres. Comenzaron entonces a desfilar los mensajeros y las noticias sobre la falta de refuerzos hicieron que el ejército de la Alianza comenzara a vislumbrar una vez más la esperanza, mas el capitán sabía de las murallas de la ciudad, altas y gruesas se levantaban frente a él... infranqueables tal vez.

A escasos metros de la ciudad se detuvieron. Los guerreros se pusieron tensos y apretaron las empuñaduras de sus armas. Nadie se movía. Nadie respiraba.

Nadie podía imaginar que tras aquellos truenos y aquella manta nocturna, que tras aquella noche, muchas vidas comenzarían a surcar juntas el mismo río, un río cuya desembocadura podría ser la propia muerte, un lugar desconocido para muchos y anhelado por otros que pretendían glorificar su nombre y sobrevivir a través de la historia de los años como héroes en los corazones de los mas allegados.

Fue entonces cuando una idea surcó la mente de Luthan. Las murallas podría ser infranqueables si intentas pasar por encima de ellas... pero ¿y si se hace por debajo?

-¡Túneles! -gritó.

Los ents tomaron la delantera. Si alguien iba a excavar esos túneles, esos serían ellos. Lentamente, la tierra comenzó a ser retirada, pero el ruido que hacían no les permitiría pasar desapercibidos, el factor sorpresa había sido abandonado. Se oyeron pasos al otro lado de la muralla, decenas de hombres y criaturas se apostaban intentando parar las poderosas ramas q penetraban en la tierra. Los esfuerzos del ejército Tercano se centraron en detener a los ents... y la defensa de la puerta se volvió débil. La Alianza había conseguido su objetivo, entrarían a la ciudad por las puertas.

-Ha empezado... -susurró Lairelossë.

Las frías murallas de aquella fortaleza retaban a cada uno de los soldados de la Alianza, solemnemente, avanzaban hacia las puertas. Los arqueros defensores arremetían con sus flechas a los soldados de la Alianza, muchos caían sin vida en el camino. Era el principio de una batalla sangrienta, nada volvería a ser lo mismo.

Luthan se acercó a dos de sus compañeros,

-¡Traigan los arietes! Debemos apresurarnos- dijo.

El ejército seguía moviéndose hacia las puertas, pero los ents estaban bajo continuo ataque. Lairelossë apoyaba a los pastores de árboles con su enorme habilidad en el arco, ella, junto con treinta de los mejores arqueros de la Alianza, eran el factor principal para el éxito de su campaña.

Cada uno de los enormes ents tenía numerosas flechas clavadas en su piel, si esa especie de corteza que los cubre puede llamarse piel... Lairelossë lanzaba flechas sin cesar a los arqueros enemigos

-¡Disparen a los arqueros!, mátenlos, no dejen de disparar- gritaba Lairelossë a sus hombres- ¡Luthan! ¿Dónde está el ariete?

-¡Aquí!- contestó Luthan, el cual junto a algunos valerosos guerreros, cargaban un enorme ariete- A las puertas, ¡Ahora! ¡Por la Alianza de Eithel-Glîn!- gritó Luthan a los soldados.

Mientras hablaban, los soldados enemigos habían traído antorchas, y ahora los ents sufrían mientras sus cuerpos eran calcinados por las flechas que recién ardían. Un ent ya había muerto a manos de las flechas con fuego, Lairelossë viendo la situación, arremetió contra los orcos, la destreza de Lairelossë era tan grande y su visión tan buena, que una vez que Lairelossë apuntaba con el arco el enemigo, se podía considerar muerto desde ese instante

-Apuntad a los soldados, arqueros, ¡A qué esperan! - gritaba Lairelossë.

El túnel que todavía estaba siendo construido por los ents, parecía avanzar poco a poco, los ents seguían cavando con sus poderosos miembros, pero el avance era retrasado por las flechas de los defensores.

Luthan guiaba el ataque a las puertas de la ciudad. El ariete ya se encontraba frente a las puertas, cuando las golpeó, el eco sonoro se extendió por todo el campo de batalla, seguido de un crujido, en ese momento todas las cabezas de los defensores se giraron hacia las puertas. Acababan de descubrir que los ents eran una distracción, los defensores hicieron una huida en general hacia las puertas, los atacantes se apresuraron en el asalto.

Cuatro veces el ariete había golpeado ya en la puerta, cuatro veces crujió con un sonido seco, pero no fue hasta la quinta vez que una pequeña abertura se hizo presente en la poderosa puerta.

-A las puertas insensatos, apresúrense - gritó un comandante- ¡Ya pagarán, malditos!... ¡AGHRG! En ese momento Lairelossë le atravesó la garganta con una de sus mortales flechas.

Lairelossë fue corriendo hacia las puertas, para apoyar a Luthan, el cual estaba dirigiendo el ataque a la ciudad. Luthan ordenó que no se realizara pillaje alguno ni en la ciudad ni a sus habitantes. “El objetivo principal era tomar la ciudad, no sus tesoros”, esto les dijo Luthan a sus soldados.

La puerta había caído, Luthan fue el primero de los de la Alianza en entrar a la ciudad. Desenvainó su espada, en el reflejo del frío acero Luthan pudo ver la destrucción que lo rodeaba. Muchos de sus compañeros estaban tirados en el suelo sin vida, pero no era lo que dejaba atrás lo que debía preocuparle, delante de él, el ejército Tercano se acercaba.

El ataque a las puertas estuvo acompañado por el silencio, sólo roto por el ruido que las pisadas hacían en la mojada tierra. Una vez dentro, el brillo sanguinolento de las antorchas... los agudos gritos de los orcos hendían el aire a la vez que sus oscuras figuras emergían a borbotones de las murallas. Lairelossë sacó una flecha y la sostuvo, dispuesta a disparar. Luthan trazó un círculo con el brazo que sostenía la espada para asegurarse que tenía suficiente espacio.

Un elfo se adelantó para pelear contra Luthan, en un segundo ninguno parecía decidido a comenzar el ataque. El elfo miró al humano con odio, avanzó, ya estaba cerca, la espada del elfo ya estaba lista, pero Luthan lo estaba más. Sabía que pese al noble origen de su adversario, si no hacia nada, el elfo lo mataría a él...sin titubear. Las espadas chocaron, el sonido se extendió por las calzadas de la ciudad, ambos, Tercano y Alianza enfrente. Ambos ejércitos se miraron a los ojos. Unos sentían miedo, pero la mayoría sentía un odio reciente, un odio sin justificación.

Humanos mataron a humanos, elfos a elfos, enanos a enanos, las tres casas emparentadas no se detuvieron bajo ninguna circunstancia para eliminar al enemigo de su pueblo.

Mientras, el elfo y el humano peleaban, uno contra uno. Los ágiles movimientos del segundo nacido, luchaban contra la experiencia del Quendi. El elfo lanzó una estocada, el humano la esquivó, la espada de Luthan desvió la espada del elfo, y arremetió con gran fuerza, buscando la cabeza del elfo, pero éste se hizo a un lado.

Lairelossë miró las calles de la ciudad, el caos reinaba en la ciudad, los soldados peleaban sin descanso .Tal era el valor que había engendrado, que el miedo y el respeto que desprendía sobre los enemigos provocaba en ellos terribles temblores que, a la hora del combate, la maia percibía, y sentía lástima del opositor, al cual, si su alma era noble, ofrecía la posibilidad de huir.

Muchos hombres huyeron ante la mirada furiosa de la maia, unos dejaron el combate y fueron a buscar a sus familias, otros se quedaron a luchar. Los soldados de la Alianza pelearon bien, pero fueron rechazados varias veces por los de Tercano, pero al final, lograron diezmar el ejército enemigo, aún a costa de numerosas bajas en sus propias filas.

El elfo y el humano seguían peleando, era una lucha titánica, agotados los dos, pero con el corazón encendido. En un último esfuerzo Luthan sacó las flacas fuerzas que le restaban y se lanzó contra el elfo, el cual soltó su espada, pero a cambio, le propinó una fuerte patada en el estómago a Luthan. Éste sentía como el aire de sus pulmones lo abandonaba. El resto de la lucha fue sin espadas. El elfo lanzó un puñetazo en la cara a Luthan, el hombre después de recuperarse del golpe entró en un estado de furia, y no dejo de golpear al Quendi con los puños, este le lanzó una patada a la espinilla, Luthan cayó al suelo y se quejó.

- Ahhgg maldito, deja que te ponga las manos encima!

El elfo tomó su daga y se preparó para acuchillar a Luthan, el hombre consiguió encontrar una piedra que estaba en el suelo y la lanzó, dando de lleno justo en la cara del elfo y aprovechó para tomar su espada. con una destreza increíble, le arrebata la daga, ya no hay nada que separe de la muerte al elfo.

-Señora, mi Señora, noticias del norte, ¡urgentes!- gritó un explorador a Lairelossë

-¿Qué sucede? ¿Qué noticias? ¡Habla!- dijo la maia nerviosa.

-Nos necesitan en el norte Señora, mucho depende de ello, debemos abandonar el ataque a la ciudad. ¡Ahora!

-exclamó el explorador.

-Entiendo... -la maia sabía de la cruenta batalla de los ejércitos de la Alianza en tierras de Nurn. -¡Retirada!, ¡Abandonen la ciudad!, partimos al norte, da la orden, ¡Ya!- gritó Lairelossë al explorador. La maia desesperada buscó a su capitán... toda una ciudad los separaba... comenzó entonces a correr.

-¡Detente! Por Eru...- dijo con un suspiro Lairelossë a Luthan. Éste, con los ojos inyectados en rabia, vacilaba al intentar acabar con la vida del elfo. Miró con una expresión que mezclaba alegría y sorpresa a la maia.

-¿Qué haces aquí? Lairelossë... ¿Qué pasa?- dijo.

- Nos vamos, apresúrate- contestó ella.

Luthan miró a los ojos al elfo y le dijo: Nos volveremos a ver, tenlo por seguro. En esta vida o en las que puedan estar por llegar.

Luthan montó a su caballo, junto con la mayor parte del ejército de la Alianza. El ejército se replegó en un pequeño espacio de tiempo, estaban listos para partir.

Luthan reunió sus comandantes a las afueras de la ciudad para rápidamente partir hacia el norte. Antes de marchar, da una última mirada a la ciudad, los cadáveres de los soldados caídos yacen en el suelo, su sangre roja se junta con el lodo. Lo que para unos fue una batalla no acabada, para otros fue el inicio de la muerte, el final de su vida, el lugar donde se despidieron de los campos verdes y partieron más allá del mar azul.

Luthan buscó entonces las dulces palabras de Lairelossë.

-Tuvimos más bajas que ellos; pero la batalla estaba a nuestro favor- le dijo a la maia.

-Lo sé, la victoria estaba cerca, pero el destino no quiso que la ciudad fuera tomada hoy- le contestó Lairelossë. La maia, montada en la silla de su corcel, con el viento en sus cabellos hermosos, se despidió de la tierra que les negó la victoria... esta vez.

[Editado por Elbereth_Elentari el 09-05-2005 17:16]

Gaur

Resumen de la batalla.

Alianza ha perdido 17 armadas x35= 595 puntos.

Recuperables: 198.

Valoraciones: 8+8+8+8=8

Recupera: 159 puntos.

Pierde: 436 puntos.

Tercano ha perdido 15 armadas x35= 525 puntos.

Recuperables: 350.

Valoraciones: 9+9+8+8= 8,50

Recupera: 298 puntos. Los personajes han sufrido heridas por el 80%, por este concepto recuperan 280 puntos. Total recuperacion 578 puntos, como solo habian perdido 525 este clan recupera los 525 puntos.

Pierde 0 puntos.

Tercano percibe 225 monedas por la batalla ganada.

Tercano cede 100 monedas a Alianza por abandono de la batalla.

Compañias actualizadas y listas.