La Guerra de los Clanes

Batalla C4 Valle Vs C4 Concilio

Terminada
Escrito el 07-05-2005 09:45 #1

Fin Guerra: Concilio de Nan-Tasarion se retira del Combate

Armadas perdidas por \"Valle del Ingenio\" = 10

Armadas perdidas por \"Concilio de Nan-Tasarion\" = 8

Escrito el 09-05-2005 19:04 #2

-Capitán, un mensaje de la Dama Isiloth, parece urgente.

-Pues date prisa, llévaselo a los Capitanes, están reunidos en el Capitolio.

El soldado se apresuró a atravesar la ciudad y llegar hasta el, hacía un tiempo hermoso, Capitolio del Nan-Tasarion. Allí, con aire preocupado discutían los Capitanes de la Compañía sobre cuál era la manera más eficaz de defender la capital. Fue Sibila quien recogió el mensaje de Isiloth.

-Caballeros, se ha puesto en marcha la nueva estrategia del Concilio. El Nolemoth será otra vez habitado. Las Compañías Primera y Tercera se dirigen ya hacia allí, y también han enviado un mensaje a la Segunda Compañía, pero ya sabéis que la comunicación de Carcimbar con Nolemoth es algo más complicada que la del resto de ciudades.

-Sí –interrumpió Thinedhel-. Realmente ya es imposible mantener la comunicación habitual entre nuestras compañías, nuestras tierras han sido ocupadas en su mayor parte excepto el Sur. Pero debemos evitar a toda costa llevar la guerra a la otra orilla del Aewenlorin... bastante horror y sangre hay ya a este lado del río.

-La carta dice algo más... por lo visto Eärondûr se dejó aquí el mapa tras abandonar precipitadamente la ciudad en el primer saqueo, luego se fue al norte y no pudo venir a recuperarlo. Isiloth nos pide que se lo enviemos para abandonar cuanto antes el bosque.

-Este elfo... ha estado a punto de poner en peligro todo el nuevo plan del Concilio. Dijo Thinedhel.

-No creo, ni nosotros que sabemos cómo es el mapa que nos piden lo hemos visto y llevamos aquí varios días. Respondió Sibila.

-Pero nosotros no nos hemos puesto a rebuscar por todos los rincones de la ciudad con la esperanza de encontrar algún documento importante. Se quejo Thinedhel.

Los Capitanes relevaron algunos hombres de la guardia, para ayudarles en la búsqueda del mapa, emplearon todo la mañana y tarde de aquel precioso día, sin encontrar ningún rastro o pista que les ayudara en su búsqueda.

Al caer la noche, Thinedhel, Sibila y los demás hombres que habían participado en la búsqueda habían perdido toda esperanza de recuperar el mapa. Los allí presentes planteaban sus teorías sobre el destino que había sufrido, unos apostaban que habría sido destruido por el fuego, otros que había caído en manos del enemigo, e incluso otros aseguraban que estaba en poder del propio Eärondûr.

-Con todos los asuntos que se trae entre manos, no sería de extrañar que estuviera en alguno de los bolsillos de su capa – comentó uno de los soldados.

Aquel comentario sarcástico sirvió para relajar el ambiente y que por unos instantes los presentes pudieran esbozar una sonrisa y aliviar sus pesares.

Pero aquel momento de felicidad duró poco, pues fueron interrumpidos por un mensajero que portaba noticias del frente. El soldado había cruzado la ciudad a toda prisa, el sudor recorría la su frente y aún jadeante por el esfuerzo se tomó unos segundos para retomar el aliento.

-El enemigo vuelve a la carga, nuestros espías en las puertas nos han alertado de movimiento en el campamento enemigo, creen que se disponen a entrar en la ciudad.

La cara de preocupación se hizo patente en la cara de los allí presentes, rápidamente Thinedhel tomo la iniciativa y ordenó a los Capitanes que se reunieran con él en la sala de armas, para discutir la estrategia a seguir.

En unos minutos los Capitanes se reunieron en la sala de armas, una antigua estancia presidida en el centro por una gran maqueta de la ciudad, debido a las últimas batallas faltaban secciones, y algunas zonas estaban dañadas o destruidas.

Uno de los Capitanes señaló la entrada principal de la ciudad con la mano:

–La puerta estaba demasiado dañada para ser reparada, así que podrán atravesarla sin ningún problema e intentar defenderla con los efectivos disponibles sería un suicidio y una pérdida de hombres inútil.

-No obstante nos ha dado tiempo de montar barricadas en estos puntos – Dijo otro de los presentes, mientras señalaba con el dedo en las diferentes secciones de la ciudad – Hemos creado un laberinto de barricadas y callejones sin salida por toda la ciudad, para poder frenar el avance del enemigo.

-Ya veo, intentando utilizar su superioridad numérica contra ellos mismos, - Dijo Sibila.

-Sí, hemos creado dos perímetros, uno exterior que llega hasta las puertas de la ciudad, y otro a partir de esta zona, la que engloba los edificios oficiales, barracones y las casas de curación. Respondió otro de los capitanes.

Tras terminar de ultimar los últimos detalles de la defensa de la ciudad, los Capitanes se dirigieron hacia las defensas exteriores para coordinar la defensa de la ciudad.

Las tropas del Valle se acercaban sigilosamente a las puertas de Sulëdaelessar al amparo de la oscuridad, pero aquella noche ninguna flecha surcó el cielo estrellado para darles la bienvenida, todo estaba en calma y lo que en pasadas semanas les había costado la vida de muchos hombres, ahora parecía un tranquilo paseo nocturno.

Los exploradores se adentraron con cautela en la ciudad, exploraron la entrada principal, inspeccionaron los edificios cercanos sin encontrar rastro del enemigo y finalmente volvieron para informar a los Capitanes de sus hallazgos.

Aquello no era precisamente lo que habían planeado, recurriendo a las bases de la estrategia, recordaron que el enemigo siempre intentaría atraerlos hacia una posición que le sea más favorable, y en las calles de la ciudad serían un objetivo demasiado fácil si avanzaban en masa, la superioridad numérica se volvería contra ellos. Así que decidieron dividir sus efectivos en unidades más pequeñas que les permitirían cubrir más terreno, y serían más flexibles para la batalla urbana que se preparaba.

Las tropas del Valle penetraron en la ciudad dividiéndose en distintas unidades, cada una de ellas tomó una de las calles y prosiguieron su avance;

Las tropas del Concilio bien camufladas y conocedoras de la ciudad esperaban ocultas en edificios, en improvisadas barricadas o en los tejados de los edificios; cuando las tropas del Valle habían penetrado lo suficiente, una flecha incendiada surco el cielo nocturno, era la señal esperada por unos y temidas por otros, la batalla daba comienzo.

Sibila se encontraba al frente de una de las unidades que esperaban emboscando, al observar la señal, se asomó por la ventana y vio que la unidad enemiga aún no se había acercado lo suficiente.

Que todo el mundo permanezca en su sitio, aún no ha llegado nuestro momento. - Dijo Sibila en voz baja, después hizo una señal a los hombres que se encontraban en el edificio contiguo, para que aguardaran un poco más.

La compañía del Valle que se acercaba por la avenida, tomó precauciones y cambiaron a una formación mas cerrada, reagrupándose y protegiéndose con los escudos. La tensión se hacía cada vez mas patente en el ambiente y los nervios afloraban. Sibila respiró profundamente e intentó transmitir una sensación de calma a sus hombres.

Volvió a asomarse con precaución por la ventana y vio que había llegado la hora, al grito de cargar, se levantó, tensó el arco y disparó la primera flecha contra el enemigo, la flecha atravesó la garganta del pobre infeliz que murió en un suspiro antes de tocar el suelo. A aquel disparo se le unieron los de sus compañeros que estaban apostados a sus lados y en el edificio colindante. La lluvia de proyectiles se cebó con la primera agrupación, aquellos que no pudieron elevar a tiempo los escudos para protegerse de aquella lluvia mortal.

Pronto las flechas dejaron de ser efectivas, así que Sibila detuvo la acción, y ordenó que la segunda oleada atacara, un estruendo se escuchó desde las callejuelas próximas, de la oscuridad de uno de los callejones un carro lleno de paja ardiendo cerró la retirada de las tropas del Valle; acto seguido un numeroso grupo de hombres descendía por la calle, dispuestos a cargar contra la unidad que no tenía dónde esconderse ni retirarse.

Había llegado la hora de que hablaran las espadas y así fue, los aceros entrechocaron y la sangre fue vertida, pronto la unidad fue destruida y no quedo ningún superviviente.

Por todas las calles de la ciudad la batalla discurría de la misma manera, con mayor o menor fortuna para las tropas del Concilio.

Al amparo de la oscuridad las tropas dejaban sus posiciones y hostigaban al enemigo, para después perderse en el entramado de calles de la ciudad, y esperar una nueva oportunidad para lanzar un nuevo ataque.

Aunque la estrategia estaba dando un buen resultado, las tropas del Valle no se amedrentaban, causaban más bajas de las esperadas y su avance era casi imparable.

Thinedhel desde uno de los puestos de mando, decretó la retirada ordenada de las tropas hacia el perímetro interior de la ciudad, necesitaban conservar el mayor número de efectivos posibles para los encuentros sucesivos. Así que tal como había empezado la batalla terminó, otra flecha atravesó el cielo nocturno, y las tropas del Concilio se batieron en retirada, así la ciudad volvió a quedar en silencio hasta la nueva batalla.

Sibila y Thinedhel se reencontraron en el Capitolio, la sangre corría por uno de los brazos del elfo. Sibila buscó algo con que poder vendar la herida, pero no tenía nada con lo que cortar el sangrado, hasta que se fijo en una vieja bandera, se acercó y reconoció a la pequeña enseña del Concilio que se encontraba en un rincón de la sala, la soltó del mástil y cuando se disponía a rasgarla observó algo extraño, la puso a contraluz y pudo ver con claridad el mapa que le pedía Isiloth y que Eärondûr había dejado olvidado pero oculto en el Capitolio.

-Creo que tu vendaje tendrá que esperar, al fin hemos encontrado el mapa. Dijo Sibila.

-Al menos fue capaz de esconderla en un sitio realmente inesperado... envía a los mensajeros más silenciosos y que le entreguen el mapa a la Dama Isiloth. Respondió Thinedhel.

Escrito el 10-05-2005 03:22 #3

Volvieron una vez mas a sonar las trompetas de plata que anunciaban otro día de interminable asedio. El campamento de Valle del Ingenio se despertaba lentamente viendo como los guardias se relevaban con un saludo cansado. Los sonidos metálicos de las armaduras, el chocar de las espadas con los escudos, daban paso a somnolientos guerreros que saludaban el nuevo día bostezando y frotándose los ojos. La vida volvía a bullir en aquel mar de lonas y empalizadas. Poco a poco nacían las hogueras y luego sus humaredas, y encima suyo las marmitas ya borboteaban con suculentos platos, que atraían hipnotizados a los soldados a las mesas, solo allí se podía encontrar ahora, un atisbo de la normalidad de antaño, además, esos sí, de alguna que otra sonrisa. Fuera de aquel remanso, entre las calles del campamento, la monotonía se hacía ver en cada mirada, en cada gesto, en cada conversación.

Pero no todo se salvaba de la rutina y de la hastiada situación. Había un lugar donde se podía encontrar un poco de entretenimiento durante la jornada, era la tienda de Nülk, el enano .Esta, se levantaba entre las de los otros capitanes destacando por sus dependencias anexas equipadas con todo tipo de recursos desde almacén, hasta una pequeña forja humeante día y noche. La actividad constante, era lo que mantenía a Nülk con la moral intacta, y a aquellos que se sumaban a sus planes. Desde la última batalla ya habían reparado la mayor parte del armamento destinado a chatarra, así como habían renovado los proyectiles de la compañía de Grey Arkhane. Se decía en el campamento, que en aquella tienda, era donde tan pronto entraban los desayunos como salían relucientes los platos, comúnmente para ser llenados por segunda vez.

Aunque el día parecía que amanecía nublado, como otro cualquiera, no era como de costumbre, pues algo llamaba la atención de los que pasaban por la tienda de Nülk. Paraban y miraban con ojos cansados, un manojo de alabardas clavadas en la tierra, saludando a la mañana con un resplandor metálico. Imponentes, derramaban el rocío de la mañana sobre sus mangos, y luego sobre algunos curiosos pasaban la mano, disfrutando con el tacto helado del acero.

Los murmullos no tardaron en ser interrumpidos por algunos animados elfos de Ântleintzar. Traían consigo caballos y poneys que, a un paso lento, vertían al aire, nubes de cálido aliento. Los situaron en hileras, ordenadas al lado de la multitud de curiosos, cuando fueron recibidos por un segundo grupo de enanos que salían de la gran tienda, azarosos, parapetados con mallas y armaduras de cuero. Traían consigo monturas, arcos y carcajs colmados de flechas emplumadas. Cerrando la comitiva iban Nülk y Grey Arkhane, con los últimos enanos que portaban fardos de lona. Tras pasar revista y tantear los preparativos, el enano mando ensillar las monturas, a la vez que iba sacando las alabardas del suelo y dándoselas a unos pocos robustos hombres que habían venido entre los elfos. Cuando todo estaba a punto, y se ajustaban las últimas hebillas a las sillas de montar, se oyó más de cerca el estrepitoso y nervioso ladrido de los intrépidos sabuesos de Mhord Alomeg, criados de su propia mano, y ahora deseosos de estirar sus entumecidos músculos. Con el iba también Ântleintzar enfundándose el guante para su halcón Xana. Todos estaban reunidos, una vez más, mirándose con curiosidad, como buscando aquel que encabezase la cacería.

¡Partamos de una vez, o no encontraremos ningún venado para la cena de esta noche¡ ¡parece que hoy soy el único que detesta comer fruta a todas horas! Empecemos yendo hacía el río, aprovecháremos el sediento despertar de las bestias de este raro bosque, ¡en marcha gandules!

Las palabras de Nülk tuvieron una respuesta jocosa entre los presentes. Muchos lo miraban fijamente mientras susurraban comentarios a los de al lado. Tal vez esto era por que veían ridícula la idea de la cacería, pues solo los elfos parecían disfrutar, o tal vez fuera porque era el único de los comandantes a pie, rodeado de perros babeantes y alocados, que oteaban el aire mientras aparecían y desaparecían entre la espesura de las inmediaciones. Pero todo eso le daba igual, se había salido una vez más con la suya y tan mala idea no sería, si los demás capitanes le habían seguido. Debía disfrutar de esto mientras pudiese, tanto o más que los elfos si cabe, quien sabe en que rincón acecha la muerte.

Los perros se volvían cada vez más nerviosos, y las ropas se pegaban al cuerpo aunque el sol estaba oculto tras las nubes. Se notaba que los rastros de caza eran mayores a medida que se alejaban del campamento y los caballos aumentaban el paso para seguir el ritmo de los frenéticos perros. De vez en cuando se oían los chillidos Xana el halcone de Ântleintzar, rasgando el cielo con alguna paloma entre las garras, o el silbido de los dardos de los elfos, que daban muerte a las incautas presas que se topaban con la comitiva, en su mayoría conejos que aprovechaban el caos para intentar colarse entre las patas de los caballos, además de algún ciervo enano que caía con mala fortuna, acorralado entre los tupidos arbustos.

Antes de llegar al río, ya habían cargado la mitad de los caballos con todo tipo de presas. Allí estaba Nülk descansando mientras fumaba su pipa de la mañana. El calor del humo hacía insoportable aquella tórrida mañana. Estaba orgulloso de ver como se animaba todo el mundo, incluso Grey Arkhane se había apostado en un camino mas adelante, esperando interceptar a los animales que eran sacados de la maleza por los perros y no les quedase más remedio que cruzar el camino. Río arriba se veía venir a Mhord Alomeg cargando, junto a dos hombres, un inmenso jabalí peludo, negro como el azabache, salvo por los impresionantes colmillos que asomaban de su boca. Acto seguido Nülk depositó la mirada en el suyo, un viejo ejemplar que había sorprendido atrapado en una charca de barro. Tras darle un puntapié de desprecio, dio otro a los perros que se habían sentado a su lado, a lamer la caliente sangre que brotaba de las heridas de su jabalí. Así Nülk tomo el camino que siguió Ântleintzar, con los pocos perros que encontró a su lado. Esperaba encontrar algo bueno por aquella zona, puesto que a la elfa la apasionaba la cetrería, y puede que allí, sin competencia, encontrase un enorme ciervo que rivalizase con el jabalí de Mhord.

Ya se desesperaba el enano, pues no encontraba nada digno en lo que clavar su lanza, por esto empezó a aceptar algunos de los conejos más lustrosos que le traían los perros. Poco a poco asumía que se tendría que conformar con haber dado muerte al abuelo de los jabalís, algo es algo –se decía continuamente-.

Desesperadamente notó que aquellos lugares no tenían lo que buscaba e hizo sonar el cuerno con empeño. No tardaron en congregarse los perros, pero no hacía falta ser un genio para saber que justamente los dos más intrépidos de Mhord, no estaban allí. Con un ademán ordenó avanzar e interceptarlos, puede que al estar cerca Ântleintzar, ella los hubiera atraído a sus órdenes. Arbusto tras arbusto, roca tras roca, laguna tras laguna iban dejando atrás, sin ver nada. Una vez más toco el cuerno pero no logro otra cosa que ver las mismas caras perrunas jadeando a su lado. Volvamos con todos siguiendo río arriba –se dijo- esto ha dejado de gustarme. No tardo en decir eso cuando una voz ocupo su pensamiento, era Artleinzar que le daba las gracias.

Tardó en encontrar el claro al lado del río, donde estaba junto a todos los demás, incluso Grey Arkhane y Mhord

¿Nos han atacado sabes? -Dijo Ântleintzar con una risita nerviosa en su boca- recibimos noticias de la base, acerca de una incursión de una compañía del Concilio de Nan Tasarion. Han atacado el campamento y deben estar cerca, han retirado con las mismas, no sabemos cuantos de los nuestros pueden estar heridos o muertos, puede que sea una escaramuza para hacer tiempo ante lo inevitable. El caso es que huyeron, amedrentados por tus gritos y el estridente sonido de tu cuerno, Mhord dice que te confundieron con nuestros batidores, y puede que pensaran que eras la vanguardia de nuestro ejército. La elfa estaba tenia una profunda herida en un costado.

-¿Estas bien?-Pregunto Nülk a la elfa.

-Vete tranquilo, me curare rápido, pero estoy preocupada por los soldados del campamento base. Será mejor que marches para allá y avises de que hay varios heridos, graves, incluyéndome a mí -Contesto la elfa algo nerviosa.

Nülk algo contrariado por la situación, miro a Ântleintzar, que estaba apoyada en el tronco de un árbol, y a Grey que se hallaba al lado de la elfa.

-¿Creéis que podría encontrar algún hermoso ciervo de camino al campamento?... ¡Enanos a mí!..¡Corred hacia el campamento! -Grito el enano al tiempo que se ponía en camino y hacia sonar su cuerno.

¡No parara hasta que consiga una cornamenta de ciervo para su tienda!- dijo Grey mientras se subía a su caballo- ¡Démonos prisa, ya he tenido bastante bosque por hoy! ¡Tenemos que encontrar todavía a Mhord y a los suyos de camino!-El humano ayudo a la elfa a montar en su caballo. Y ambos emprendieron el camino hacia el campamento.

Al cabo de una hora, encontraron a Mhord y a Nülk, y fueron muchos los que enmudecieron al ver a Nülk y sus enanos desperdigados por el suelo, desde los heridos a los agonizantes. Mhord, estaba inconsciente y mal herido, a pocos metros de donde se hallaba Nülk Tanto Grey como Ântleintzar bajaron de sus caballos, dirigiéndose hacia el lugar donde se hallaban los otros capitanes.

-¡¡Noooo!!…-Grito la elfa, le abrazando el cuerpo de Nülk-..¡¡¡Maldito enano cabezón!!!¿Por que te separaste del resto y no te dirigiste directo hacia el campamento?-En la cara de la elfa había mas dolor por ver a tantos compañeros caídos, que por su propia herida, la cual a pesar de que había dejado de sangrar era grabe. Tenias que conseguir tu buena pieza de caza ¿Verdad?

Tenía una herida con astillas, que había echado la coraza a un lado y desgarrado el cuero que la envolvía. Tras vomitar un trago de sangre Nülk dijo:

-Lo siento mi querida amiga, vi el ejemplar de ciervo que yace a mis pies pero fui capaz de ver que era una emboscada, menos mal que esta vez eran unos pocos hobbits que han pasado a mejor vida, bueno, y un Ent, que ahora estará de camino al río envuelto en llamas” “le clavamos como cuatro flechas ardiendo, ¿sabes?, ojala que esa traidora bestia se muera, si no es por tus perros,… no los hubiésemos descubierto a tiempo…

Grey se hallaba al lado del cuerpo de Mhord, y le tomó la cabeza incorporándole, para que pudiese hablar.

-¿Qué fue lo que paso Mhord?-Le pregunto Grey al capitán de la compañía que empezaba a reaccionar.

-No lo se, empezamos a oír el cuerno de Nülk, y el ladrido de los perros, gritos de ¡a por ellos!! Ni tan siquiera mis batidores les vieron. Llegamos justo a tiempo para evitar que mataran a mas de los nuestros..¿Cómo esta Nülk? Por Eru que no este muerto.- dijo Mhord cerrando los ojos.

-Tranquilo Ântleintzar y yo enviamos a varios de los nuestros hacia el campamento en busca de algún alquimista o curandero que este libre, Nülk y tú os pondréis bien.

Los elfos y los hombres que aun seguían en pie fabricaron varias camillas para transportar a los heridos, las ataron a las cinchas de los caballos y pusieron rumbo al campamento base.

A la llegada al campamento, la imagen de algunas tiendas destruidas, hombres, elfos y enanos mal heridos. Tiño de rojo la visión de aquel día que se suponía que iba a ser un tranquilo día de caza.

Escrito el 13-05-2005 06:41 #4

Resumen de la batalla:

Valle ha perdido 10 armadas x35= 350 puntos.

Recuperables: 117.

Valoraciones: 8+7+7+8+8= 7,60

Recupera: 89. Los personajes han sufrido daños por el 60%, por este concepto recuperan 210 puntos. Total recuperacion 299 puntos.

Pierde: 51 puntos.

Concilio ha perdido 8 armadas x35= 280 puntos.

Recuperables: 187.

Valoraciones: 8+8+8+8+8= 8

Recupera: 150 puntos.

Pierde: 130 puntos.

Concilio percibe 75 monedas por batalla ganada.

Concilio cede 100 monedas a Valle por abandono de la batalla.

Compañias actualizadas y listas!

Historia finalizada.