La Guerra de los Clanes

C1 Telpe Vs C2 Nurn

Terminada
Escrito el 09-05-2005 23:10 #1

Orden de Telpe Señores de Nurn Fin Guerra: Señores de Nurn se retira del Combate

Armadas perdidas por \"Orden de Telpe\" = 13

Armadas perdidas por \"Señores de Nurn\" = 11

Amanecer con rocío

Escrito el 28-05-2005 00:45 #2

La luz del alba se asomaba sobre el horizonte anunciando la llegada de un nuevo día, pero esta vez ni los pájaros ni los demás habitantes del bosque entonaron su canción matutina. El silencio reinaba bajo el cielo iluminado por el blanco amanecer. La brisa mecía suavemente las copas de los árboles y las gotas de rocío se deslizaban con suavidad sobre las hojas y ramas hasta alcanzar el suelo cubierto por follaje muerto.

Las compañías se hallaban apostadas una frente a la otra en formación de guerra; La Orden de Telpe, con su oscuro estandarte ondeando al viento y cuya calavera se mostraba aun más amenazante que las pétreas figuras de sus soldados, aguardaba el momento del enfrentamiento sobre el extremo sur de aquella planicie bordeada por el Eryn-Oínen y cercana al caudaloso brazo del Ninberék. Nurn por su parte había organizado a su ejército al norte de la explanada, más cerca de los límites del bosque, y su Llama se agitaba al vaivén del céfiro matinal, avivada su furia por los corazones ansiosos de quienes la defendían. Pero al frente de las fuerzas contenidas se hallaban sus Capitanes, figuras tan enigmáticas como temidas por sus seguidores, carentes del temor a la muerte, dispuestos a todo en cuanto a preservar el honor de sus clanes y el suyo propio.

Silencio y luego muerte. Los orcos seguidores de Nurn estallaron en un grito de guerra tan escalofriante como las noches sin luna, y chocaron sus armas sobre los escudos de gruesa madera sobre la cual sobresalía tallada la Llama sus señores. Los enanos del Telpe hicieron lo suyo con sus hachas de peligroso filo y sus grandes adargas. Y luego la voz del oscuro Andir se levantó sobre las demás y como un trueno rompió la aparente serenidad de la escena. El grito de avance se escuchó también en la voz de Exelder, el medioelfo, y sus hombres se lanzaron sobre las fuerzas nurnitas con tal fuerza que detenerlas fue como contener la marea que choca contra las rocas de los acantilados. Las primeras líneas se fundieron unas con otras mientras se desangraban y teñían el suelo de carmín; tras ellos sus compañeros embestían con saña a sus oponentes y desgarraban sus entrañas en pos de la victoria. Las flechas de los elfos telpitas caían cual lluvia mortal sobre los desprevenidos orcos nurnitas que intentaban escapar de sus agudas puntas sin dejar de asestar tajos con sus gruesas y toscas espadas.

El canto sublimado de los héroes de batalla ascendía sobre las cabezas de los combatientes cual oscura nube presta a cubrir el sol. La gloria de sus hazañas sería cantada más allá de los tiempos, entonces ¿qué era la muerte sino el camino más pronto a la inmortalidad?.

Allase se oyó gritar y poco después lo hizo Lómine, las elfas comandaban la línea de apoyo a las huestes de Andir y tras la orden replegaron sus fuerzas hasta abrazar parte de la avanzada telpita; las espadas chocaron y los escudos crujieron, la muerte sobrevino sobre el enemigo y la victoria sonrió tímidamente a los Señores de Nurn. Impulsados por la ligera supremacía sobre el oponente, los soldados poseedores de la Llama se lanzaron en cruenta carnicería contra los caballeros de la Calavera pero aquellas fuerzas no estaban del todo mesnadas. Precavidos entonces y deseando mantener para sí la leve diferencia que indicaba la conquista, el oscuro elfo y las dos Señoras ordenaron la retirada de las tropas... esta vez el triunfo era para Nurn.

Escrito el 28-05-2005 20:48 #3

De nuevo aquellos negros muros, los cuervos vigilantes, la torre hexagonal, Minas Gwaeren… su casa. Mornaew regresaba victoriosa a su ciudad seguida por el ejército que lideraba. Los hombres marchaban eufóricos después de la conquista lograda días antes. Anar brillaba, alumbrando la llegada del Rimbe-a-Quakólie, dando más magnificencia a aquel retorno tan esperado.

—¡Mornaew ha regresado! ¡Aclamemos a la nueva Reina de Telpe! ¡Salve a la Reina y al ejército de los cuervos!

El griterío era incesante. El bullicio era impensable incluso para la capitana de Minas Gwaeren. No se esperaba que sus maquinaciones hubieran surtido tanto efecto. En verdad todo marchaba sobre ruedas. Empezaba a sentir de nuevo el añorado poder fluyendo por sus venas, llenando un vacío creado hacía tiempo y del que ya estaba cansada. Por fin, de nuevo todos obedecerían sus designios y su nombre sería conocido a lo largo y ancho de aquellas tierras; no sólo en Harna Dîn, sino en el resto de las Haldanóri.

Jeîsilark oteaba desde los pisos bajos de la torre de Enkwanta, pues le había sido imposible acceder a las estancias de Mornaew, cerradas bajo llave; y por supuesto no se había atrevido a forzar las cerraduras.

Las celebraciones se alargaron varios días hasta que por fin ambas dirigentes pudieron cruzar unas palabras a solas...

—Me llegó tu mensaje, pero no pensé que nuestros objetivos se hubiesen alcanzado con tanto éxito —comentó la nueva Reina a la capitana.

—En verdad yo también me he sorprendido, pero las noticias de tu victoria se han extendido por todas la tierras de la Orden, y parece que las buenas noticias han absorbido el dolor de las pérdidas —respondió Jeîsilark.

—Espero que tuviera una digna despedida. Ninguna sospecha supongo —quiso asegurarse Mornaew.

—Una gran despedida mi querida reina, todos han llorado su muerte. He presidido sus funerales como si de los míos se tratara —una sonrisa irónica se produjo en el rostro de Jeîsilark, que fue correspondida por la otra mujer.

Mornaew sacó papel y tinta, con una pluma escribió en el papel amarillento, dejando caer pequeñas gotas...

“Me corresponde nombrar a Jeîsilark nueva comandante suprema del ejército de Osto Telemna; tanto en la tierra como en el mar su mandato será incuestionable. Y este puesto le es concedido por sus inigualables aportaciones para mantener la integridad de la Orden de Telpe.”

Luego la reina firmó aquella escritura y la entregó a su capitana.

—Con honor acepto este nuevo rango mi reina —añadió Jeîsilark tras leer las palabras que tanto tiempo había ansiado—, y es mi deber ahora cumplir tus órdenes, si ya tienes pensado un destino para mí ejército.

—En efecto —asintió Mornaew—. Nurn se está desplazando por el norte; andan paseando campantes por nuestras tierras, desafiándonos. Imagínate lo que supondría para tu ejército nuevas tierras que recorrer, a las órdenes de su nueva comandante. Tienes la oportunidad de comenzar tu mandato de una forma gloriosa.

—Entiendo —Jeîsilark sintió gran emoción por las palabras insinuantes de Mornaew—. Voy a hablar con Exelder para que reúna mis tropas. Esta misma noche partiré.

—Perfecto. Dejo en tus manos los preparativos. Confío en que sabrás arreglarte tu sola. Por cierto, espero que Exelder nada sepa de las maquinaciones que se han sucedido en los últimos tiempos —inquirió la reina.

—No sospecha nada. Se está convirtiendo en mi mano derecha y hará todo cuanto esté en sus manos para llevar al ejército de las serpientes a lo más alto —respondió Jeîsilark.

—Ve pues, y haz lo que tengas que hacer. Yo marcharé a mis aposentos para hacerme cargo de los asuntos que requieren mi atención —concluyó Mornaew antes de retirarse del salón en donde se encontraban.

Exelder se encontraba intranquilo, pese al ambiente reinante el se sentía extrañamente aquejado por tortuosas ideas. Recordaba que en antiguos tiempos aquella sensación encontraba únicamente sosiego en las sangrientas campañas de mercenario, cuando se entregaba como heraldo de la muerte, irónicamente ahora tenía la certeza de que en este momento también el fragor de la batalla se cernía de nuevo, y para cuando el parco rostro del mensajero asomó a las puertas de sus aposentos, sabía perfectamente el mensaje que este diría. Con recia convicción se levanto y avanzó firme, dejando atrás al perplejo mensajero antes de que dijera algo. Afuera en una de las estancias abiertas de la torre encontró a Jêsilark, que recargada en los muros parecía pensativa. Se acercó silencioso y cuestionó:

— ¿Al amanecer?

—Esta misma noche si es posible —respondió Jêsilark—

Un gran revuelo causó la noticia en el campamento. De nuevo los capitanes de Osto Telemna irían a la guerra, Nurn se encontraba vulnerable, de nuevo se verían las caras y acaso ahora muchas deudas serían saldadas… Esos eran los rumores que se comentaban. La noche cubría el cielo y el brillo de las armaduras, hachas y espadas titilaban ante la ominosa luz de las antorchas, con paso lento el ejército avanzaba con la bruma rodeándolos como un funesto acompañante. A la cabeza marchaba Exelder cubierto todo con un manto negro, la oscura armadura de galvorn apenas si se notaba, a su diestra, Jêsilark la vista fija en el camino, sujetaba con fuerza las riendas de la briosa cabalgadura que resoplaba agitada, como esperando la señal de partir a galope, detrás Elanessil parecía entonar algún verso en voz baja, tal como lo acostumbra su estirpe. Como un todo eran aquellas fuerzas que se abrían paso, fuertes enanos con pesadas cotas y relucientes hachas al frente, los caballeros apenas detrás enarbolando las insignias de Telpe y Osto Telemna, y cerrando la compañía los arqueros elfos, pocos en número, pero de una habilidad que doblaba su valía individual.

Horas después ante el amparo de la agonizante oscuridad se consumía el último descanso, casi frente a las huestes de Nurn. Un desgarrado grito de dolor rompió con la pesada atmósfera…. Elvar se incorporó sobresaltado, hacía días no podía conciliar el sueño. Recogiendo una manta del suelo se dispuso a salir. Fuera del campamento todo era quietud, solo sentía la respiración nocturna, pesada y ominosa de un ejército, el suyo: el de la compañía uno de la orden. A lo lejos, perdida entre sombras, las fuerzas nurnitas se trazaban como un débil contorno en el horizonte. Apesadumbrado el hombre palpó la empuñadura de su espada, como si previera futuras acciones.

–El amanecer ya esta aquí, el anochecer es una promesa... musitó.

Como el oleaje de un mar embravecido, así al despuntar el alba, como envueltos en una siniestra niebla, los ejércitos cabalgaban a su destino. El martilleo acompasado de las armas en movimiento, marcaba el ritmo de la marcha al compás de un vigoroso canto de guerra de aquella legión que con el ánimo encendido avanzaba como si no tuviera frente a sí a nadie mas. Un perentorio toque del cuerno de uno de los heraldos de la orden, aceleró el movimiento y vertiginoso fue el choque de fuerzas que se sucedió.

Exelder con voz de mando encabezó la vanguardia, hendió varios yelmos antes de que lo rodearan para separarlo del grupo. La maniobra resultó hasta que los arqueros de la orden estuvieron a distancia, no desaprovechó la oportunidad y cargó de nuevo aunque al esquivar las flechas de su propio ejército, su corcel lo derribó. Ya en el suelo un orco clavo su lanza, el movimiento fue rápido pero el medio elfo aun mas y alcanzó a incorporarse, fue justo cuando traspasaba a este con una daga, cuando se dio cuenta que la punta de lanza lo había alcanzado en la pierna, un imperceptible pero agudo dolor lo delató. No muy lejos, al otro extremo, Jêsilark y sus hombres acostumbrados a este tipo de ataque, causaban significativas bajas. Los cadáveres comenzaban a apilarse en derredor, habían frenado la avanzada nurnita, cuando un cabecilla orco intentó sujetarla por detrás. En un ágil movimiento lo tomó por el cuello y mantuvo suspendida la espada que atravesaba la armadura a la altura del pecho del orco, la respiración fue decreciendo hasta que en una última maldición cayó sin fuerzas. Concentraba como estaba, en la muerte de aquel infeliz, no pudo advertir la daga que lacerante se clavó en su brazo, uno de los caídos aun se había dado el tiempo de acertar un ultimo ataque Un aullido y una fuente de sangre mientras la cabeza de el orco rueda destrozada en el suelo fue la respuesta, Exelder aparece con Borgil chispeando como rojo fuego en sus manos, sin detenerse vuelve la mirada hacia Jêsilark, ambos se entienden. Ya no era cuestión de seguir ahí, sabían bien que podían seguir la lucha pero al final quizá los únicos ganadores serían los cuervos que ya comenzaban su festín con los desdichados despojos de aquellos cuya caída fue prematura.

La mañana apenas iluminaba, el acero se fundía con el escarlata de la sangre y el tardío rocío que aun caía. Fuerte había sido el primer encuentro, y tras momentos de cruenta resistencia y muerte en ambos bandos, las filas de enanos cedieron al avance de Nurn, desde las últimas líneas tomaban para sí la momentánea ventaja. Y de nuevo los cuerpos se trenzaban con renacida voluntad, aunque ya se cernía en derredor, amenazante el fantasma del caos. Capitanes de ambos bandos pudieron percibirlo, una frágil victoria de un lado, mas cuerpos caídos en número del otro. Las fuerzas de Nurn comenzaron a hacer movimientos para cubrir su retirada y lentamente ambos ejércitos se replegaban como en un acuerdo mutuo.

Elanessil estaba de pie, el rostro completamente encarnado, la sangre emanaba abundante de su costado izquierdo, aunque indiferente a ello aun mantenía firme su arco. La última avanzada de orcos la había tomado por sorpresa, los arqueros elfos apenas contuvieron el embate y fue presa del ataque conjunto de la vanguardia orca: una cimitarra, una caída. La herida era profunda, pero su habilidad esta vez la había salvado. El último movimiento de Nurn había dispersado el ataque y ahora al fin podía incorporarse para reagrupar a sus elfos. El gesto contraído por el dolor en el costado, la mirada fría e indiferente, ella también lo percibía. Al ver acercase cabalgando a Jêsilark y Exelder supo por su mirada que todo había concluido.

Escrito el 01-06-2005 07:03 #4

Resumen de la batalla.

Telpe ha perdido 13 armadas x35= 455 puntos.

Recuperables: 152

Valoraciones: 8+7+7+7+8= 7,4

Recupera: 112 puntos. Los dirigentes reciben daños por el 40%, por este concepto recuperan 140 puntos. Total recuperacion: 112+140= 252 puntos.

Pierde: 203 puntos.

Nurn ha perdido 11 armadas x35= 385 puntos.

Recuperables: 257

Valoraciones: 4+7+6+6+6= 5,8

Recupera: 149 puntos. Nurn es penalizado con 2 armadas por la demora a la hora de publicar su historia.

Pierde: 236 +70 = 306 puntos.

Nurn percibe 150 monedas por la batalla ganada.

Nurn entrega 100 monedas a Telpe por abandonar la batalla.

Compañias actualizadas y listas.

Historia finalizada.