La Guerra de los Clanes

Historias, leyendas y batallas en las tierras olvidadas de Arda.

Edicion 2

Haldanóri, Las Tierras Ocultas

Finalizada · 08-09-2004

Batalla Nº 50 C3 Telpe Ve C5 Nurn

2005:05:19:06:37:35

Andir

Orden de Telpe Señores de Nurn Fin Guerra: Señores de Nurn se retira del Combate

Armadas perdidas por \"Orden de Telpe\" = 16

Armadas perdidas por \"Señores de Nurn\" = 28

amanecer muy lluvioso, suelo embarrado

Mornaew

El cielo amaneció lóbrego y gris. Apenas había conseguido dormir durante la noche a causa de la incesante tormenta; al contrario que los soldados que se encontraban conmigo en aquel rústico campamento de madera y tela que la tarde anterior el dirigente de la compañía de los Leones hubiera ordenado construir.

Mi tienda, según mi criterio, no se adecuaba en nada al rango que ostentaba, muy superior al de algunos de los soldados allí reunidos. Había llegado esa misma tarde con el destacamento de refuerzo y, la verdad, no entendía el porqué, de que me hubieran mandado unirme a las filas de aquel capitán frío y misterioso llamado Ariul. Durante el camino había escuchado hablar a los hombres sobre su extraño carácter. Aunque a pesar de las declaraciones de alguno de ellos, a mí me pareció un hombre -si se le podía llamar así- imperturbable y para nada respetuoso. Y aquellos ojos negros como la noche... Parecía como si en ellos se encerrara el vacío más oscuro jamás creado.

Las primeras voces no tardaron en dejarse oír en el campamento, me asomé a través de la lona que representaba mi puerta y pude observar que los exploradores habían vuelto y, con noticias no alentadoras por la expresión de ambos capitanes en la cara, intenté averiguar que ocurría y me di cuenta en ese momento de que no me estaba permitido salir de la tienda. ¿Acaso era un prisionero? Medité sobre esta osadía unos minutos y entonces fue cuando percaté de mi posición, allí rodeado de soldados que se jugaban la vida en cada batalla por sus tierras y familias y yo ni siquiera sabía usar una espada o empuñarla en el mejor de los casos.

Partimos cuando por fin estuve listo muy a pesar de Ariul el cual no me tenía en mucha autoestima por lo que pude observar durante el camino hacía el llano de la batalla.

Me colocaron en la segunda fila inmediatamente a la espalda de Ariul y acompañado a ambos lados por dos soldados de gran porte. Junto al Maia cabalgaba Erestor, el otro capitán de la compañía; y Zuol, un veterano soldado con más de cien batallas a sus espaldas, y ahora degradado por la llegada de aquel ser, pues no podía describir a aquel capitán de otra manera. Cabalgamos durante una hora aproximadamente. El cielo esta cubierto de nubes y me resultó bastante difícil calcular el momento del día en que nos encontrábamos, pues ni siquiera un haz de luz conseguía penetrarlas. Las gotas golpeaban contra las armaduras con un constante tintineo, los caballos piafaban y pateaban el suelo embarrado. Nunca pensé que me vería en una situación como aquella, rodeado de soldados preparándose para una batalla.

Uno de los exploradores volvió jadeante. Por lo que pude oír y entender justo enfrente estaban las tropas de Nurn, aquellos que en batallas anteriores hubieran derrotado a esta compañía. En ese momento un súbito sentimiento de miedo me asaltó haciendo que todo cuanto conocía y había conocido se cruzara en una orgía de imágenes por mi mente. Ariul se giró hacia mi y sin pronunciar palabra señaló hacia un montículo poco elevado del terrero. No hizo falta que preguntara; acaté la orden con sumisión, pues no podía negar que aquel ser, hombre o lo que quiera que fuese, me aterraba. Lo que observé luego no era ni mucho menos lo que se consideraba una estrategia digna de un alto cargo militar.

Erestor y Zuol se colocaron junto a sus respectivos sequitos mientras los enanos se situaban en primera fila asestando los pies en el difícil terreno...

(Trago de vino)

Cuando todos hubieron tomado posiciones, Ariul se giró hacia ellos mientras desenfundaba una de sus grandes espadas negras, la cual alzó en el aire dando la sensación de que toda luz existente a su alrededor desapareciera. El resto de soldados hicieron lo mismo emulando a su capitán, tras lo que éste pronunció unas palabras que me sorprendieron, y más saliendo de quien habían salido en realidad.

(Ahora intentaré redactarlas en la medida de lo posible, pues mi mente ya no es lo que era hace veinte años)

\"Hoy amigos, compañeros, nos encontramos aquí ante aquellos que tiempo atrás intentaran doblegarnos a su voluntad. Y ese fue su primer error. Hoy nos encontramos aquí porque no fueron capaces de acabar con nosotros y ese fue su segundo error...\"

En ese momento enorme grito se alzó en el cielo haciendo imposible escuchar cualquier otro sonido.

\"...Y hoy han cometido su tercer error. Venir aquí a nuestras tierras para intentar acabar con nosotros de una vez y para siempre. Pero hoy vamos a demostrarles que el valor y el orgullo de Telpe sigue intacto. Vamos a hacer que conozcan todos los significados de la palabra miedo. Hoy van a ver la victoria desde otro punto de vista. El nuestro. ¡Por el orgullo y la tierra, matemos a aquellos que han osado atacarnos!\"

Cuando Ariul terminó aquel pequeño discurso de ánimo hacia sus hombres un grito como nunca antes había oído se elevó retando al cielo y chocando con él, como si aquellas palabras y el correspondiente grito quisieran competir a la vez a los mismísimos señores de occidente y a nuestro creador Eru Ilúvatar.

Nurn respondió con otro grito seguramente causado por unas palabras similares a las de nuestro capitán.

Pronto la compañía reanudó la marcha haciendo que el suelo embarrado se fuera convirtiendo en un lodazal. Un silencio sepulcral me rodeó encogiendo mi corazón. Toda mi vida pasó por delante de mis ojos -me pregunto si eso es lo que sienten los soldados antes de cada batalla...- Sólo rota por la palabra \"¡Cargad!\". El trote de los caballos fue aumentando poco a poco hasta convertirse en una carrera desenfrenada por aquel terreno abrupto. Los enanos de piernas más cortas corrían con sus hachas y martillos en alto gritando y desafiando a los orcos que tenían delante.

Una lluvia de flechas proveniente de Nurn cayó sobre las primeras filas haciendo que muchos hombres y enanos se desplomaran antes de haber podido ni siquiera matar a uno de sus enemigos. Aún así la carga no disminuyó en intensidad; ahora unas rocas salían de entre los árboles en dirección a las tropas de Nurn causando también numerosas bajas. Otra voz de carga se alzó sobre el griterío de la batalla y pronto ambos bandos se vieron enfrascados en una cruenta lucha por el dominio de aquellas tierras.

Clavé mi mirada en los árboles que rodeaban el lugar de la batalla. Hubo un instante en el que casi pude ver por completo lo que, según me parecía, debía ser un troll. Había leído sobre estos seres pero nunca pensé o imaginé ver uno.

Los trolls dejaron las piedras y como un goteo empezaron a aparecer en mi campo de visión, armados con enormes trozos de madera y mazas, arremetiendo contra todos los enemigos con los que se topaban en su gigantesca marcha hacia el centro de la batalla.

La lluvia caía cada vez con mas intensidad haciendo que incluso los huesos se entumecieran. El suelo atestado de cadáveres de ambos lados cada vez tomaba una consistencia menos sólida haciendo que algunos pisotearan los cuerpos caídos para no perder el equilibrio, lo que podría resultar fatal. Desde que empezara la batalla no había visto a Ariul ni a Erestor por ningúna parte; tan solo cuando parecía que la batalla comenzaba a declinarse por un lado, aparecieron los dos fugazmente luchando mano a mano rodeados de enemigos que iban cayendo tan rápido como atacaban. El fervor de la batalla se apoderó de mi en ese momento. Ver como Telpe hacía que la balanza cada vez declinara más hacia su lado y como unos luchaban al lado del otro como si de un sólo brazo se tratase era algo, a pesar de la situación, digno de ver.

La sangre me comenzó a hervir en las venas y de mi se apoderó una extraña sensación. Quería coger una espada y bajar allí a luchar como lo estaban haciendo ahora los soldados de la tercera compañía de la Orden. Quería participar en aquella carnicería y no sabía muy bien por qué. Nunca había entendido el porqué de las guerras, pero ahora comenzaba a tomar sentido en mí. Entonces un cuerno sonó en el aire, sacándome de mi éxtasis. Nurn comenzó a retroceder hacia los árboles; primero con cuidado, y luego en una carrera frenética por salvar la vida. Los soldados de Telpe salieron en su persecución, supongo que para matar a todos cuando pudiesen o para asegurarse de su retirada en realidad…

(Trago de vino)

Sólo me queda decir que, tras la batalla, después haber recogido los cuerpos de los compañeros caídos y haberles dado una sepultura digna, una vez todos los heridos hubieron sido atendidos de sus heridas, pues incluso Ariul había recibido una fea herida en uno de sus costados, yo me encontraba ya en la tienda escribiendo todo cuanto aconteció en aquella batalla...

Y ahora si me disculpan he de salir a disfrutar de los manjares de la victoria y la paz que esta trae a mi corazón.

Tilos Maidros

Escriba de la Tercera Compañía de la Orden de Telpe

\"Crónicas de Telpe\"

=Por Ariul=

[Editado por Yureawen el 14-05-2005 11:18]

Aranel Élvanwa

Los débiles rayos de sol se filtraban entre las cortinas de la enfermería de los Señores de Nurn, mientras en limbo rojizo del Sol ascendía cada vez más hacia el cielo e iniciaba su recorrido diario a través de la bóveda de Varda. El agradable y harmonioso tintinear de las gotas había conseguido despertarme y ahora, ese mismo sonido, relajaba mi mente y cuerpo, cuyos ojos aun permanecían cerrados.

Cuando al fin volví a abrir los ojos a la vida, tan sólo alcancé a sentir un dolor punzante bajo mis vendas. Éstas rodeaban mi cabeza; aun así, notaba la sangre coagulada y reseca en los vendajes que recubrían mi ojo derecho, o el vacío que quedara en él después de que me fuera mutilado. Pronto me percaté de que me había sido privada parte de mi visión para siempre; es más... tenía la sensación de que muchas de las cosas que había conocido no volverían jamás a su cauce.

Intenté mover la cabeza, para observar la habitación en la cual me hallaba, pero un agudo dolor en lo más profundo de mi mente volvió a martirizarme. Me llevé las manos sobre mi frente y apreté con fuerza, deseando que el tormento terminara; fue entonces cuando comprobé con horror que alguien había cortado el lóbulo de mi oreja. La herida se abrió, y la sangre comenzó a derramarse en la cavidad de mi oído. ¿Que me habían hecho...? ...? repetía una voz en mi cabeza... ¿Dónde había ido a parar? No lo sé... respondía otra voz lejana... ¿Mis recuerdos, que fue de ellos?

Cuando aun trataba de hallar respuesta a la última pregunta, las lágrimas afloraban en mis ojos, ya imposibles de contener , y la puerta se abrió. En ella apareció una sanadora, ataviada con una larga túnica negra ribeteada en hilo plateado con el emblema de los Señores de Nurn. Llevaba en una bandeja un extraño recipiente repleto de un mejunje de tono verdoso. Con este líquido cubrió mis contusiones y frenó la hemorragia de mi oreja. Noté durante unos breves segundos el escozor corroyéndome la carne al cicatrizar la herida; cuando por fin hubo terminado, comprobé que todas mis lesiones habían sido sanadas, mas mi piel estaba plagada de horribles marcas.

- Habéis sido objeto de numerosos elogios por las hazañas realizadas en liza y seréis condecorado con grandes honores – dijo la sanadora con voz ausente, como si sólo cumpliera órdenes de comunicarme la noticia y aquella no fuera de su interés.

Fue entonces cuando giré la cabeza, lo que vi me dejó sin habla: una hilera de interminables camas se extendía a mi derecha, con cientos de heridos postrados en ellas. Justo al lado de mi lecho había una mesita, sobre la cual estaba mi antigua espada, cubierta de manchas oscuras.

Los recuerdos borrosos del pasado volvieron lentamente a mi mente desmemoriada y empecé a recordar...

Un frío y tétrico amanecer se presentaba en el cielo después de una noche lluviosa. Las gotas de agua se deslizaban a través de nuestros impertérritos rostros, soldados veteranos de nuestro Clan. El día era triste y gris, como si fuera cómplice y conocedor de la batalla que se iba a librar.

Nos habían despertado cuando los débiles rayos del alba comenzaban a apuntar en el cielo; nuestros espías habían divisado a los enemigos. El grito de los capitanes de mi compañía gritando “¡En pie! ¡Telpe nos ataca, a formar filas!” todavía retumbaba en mi cabeza.

El suelo, antes firme y seco, se había convertido en un barrizal en el que deberíamos llevar a cabo la contienda. Mis botas estaban recubiertas de fango y los pies estaban hundidos un par de centímetros en el suelo.

Oí un grito en el bando contrario; era la voz de Ariul, que iniciaba el discurso anterior a la batalla. Observé lentamente el ejército de la Orden de Telpe; estaban bien armados y aparentaban ser la clase de soldados que no temían a la larga mano de la muerte. “Nosotros despertaremos en ellos ese miedo; se arrepentirán del día en el que osaron retarnos”, pensé, lanzándoles una inocultable mirada de superioridad.

Los dirigentes de mi compañía comenzaron a infundir ánimos y valor entre quienes capitaneaban, moviéndose de un flanco a otro del ejército.

Aranel Élvanwä, la extraña doncella de ojos dorados (como la llamaban aquellos incapaces de aguantar su soberbia mirada) capitaneaba los arqueros y lanceros de los Señores de Nurn, todos hombres de aguda mirada y ágiles movimientos. De su cintura colgaban dos dagas de gran tamaño, prestas para la lucha cuerpo a cuerpo. Ella cabalgaba su corcel negro e iba ataviada, como siempre, con una holgada túnica de igual color que sus rizos, el rojo, que llegaba hasta la altura de las rodillas. A sus pies estaba una loba de pelaje blanco, que mostraba sus feroces colmillos a los enemigos, sin duda ansiosa por desgarrar su carne.

Barkoin, Hoja de Hierro, el capitán enano de nuestra compañía, lanzaba órdenes a aquellos que eran de su propia especie. Todos los que pertenecían al pueblo de los Naugrim portaban grandes y pesadas hachas en sus manos y otras más ligeras colgando de sus cintos.

Seron Lumnelda dirigía a los espadachines y jinetes del clan, valerosos y fuertes hombres conocedores del arte que era la hípica y la esgrima. Las espadas se hallaban afiladas y a punto para hundirse en la carne enemiga.

Apostados al lado de éstos, estaba la compañía de orcos y trolls de los Señores de Nurn, cuyo capitán era un general orco de confianza, elegido por el mismo Lumnelda.

A la orden de cada uno de nuestros dirigentes, nos lanzábamos al encuentro de la Orden de Telpe y el combate comenzó. Los arqueros tensaron sus arcos y prepararon las flechas negras de Nurn, cuyas puntas estaban envenenadas con extrañas pociones. Una primera lluvia oscura salió disparada después de que Aranel lanzará la orden, y aquellos que fueron alcanzados cayeron al sueño, víctimas del sueño eterno.

Los trols fueron los siguientes en avanzar. En sus manos deformes portaban troncos y otras herramientas con las que golpeaban en la cabeza de los soldados de la Orden de Telpe. Al impacto de los terribles estocadas las cabezas eran arrancadas de sus cuerpos y la sangre bañaba a los vivos. Pronto el barrizal de agua y tierra se convirtió en un barrizal de sangre y arena, y mis largos cabellos trenzados quedaron cubiertos de ese horripilante líquido. El ruido metálico de las espadas era constante en la carnicería que se estaba desarrollando y las aves carroñeras comenzaban a agolparse en las árboles más próximos, esperando el fin de la batalla para saciarse con los cuerpos de los caídos.

Aquí terminaban mis recuerdos de lo acaecido en la lucha. Había sentido un doloroso golpe en mi cabeza seguido de otro en la columna vertebral. Tuve la horrible premonición de que los huesos de mi espalda de quebraban y me desmoroné en el suelo. A partir de ahí, todo es un pozo de oscuridad.

Suspiré, como si hubiera envejecido diez años de golpe, y aquel sentimiento de desdicha tan conocido a esas alturas de mi vida volvió a mi. Aquel sentimiento que me oprimía el corazón, aquel sentimiento reflejado en mis ojos que me devolvía el espejo, la soledad que hacia que las lágrimas inundaran mis ojos sin acertar a adivinar el porqué. Porque vivir en soledad era lo que siempre conocí, desde que mis padres fueran muertos y yo quedara abandonada, a merced de la crueldad del mundo. Fue entonces cuando fui acogida en el seno de Nurn, aunque la verdadera razón de aquella bondad no se escapaba a mi conocimiento: querían entrenar a los niños desde pequeños para convertirlos en asesinos en potencia.

Ahora, a la edad de dieciséis años estaba postrada en aquella cama. Miré interrogativamente a la sanadora y le pregunté que había ocurrido después de mi caída. Ella chasqueó la lengua, molesta por tener que atender a una adolescente:

- Fuisteis hecha prisionera por la Orden de Telpe, después de que ellos ganaran la batalla y arrasaran con vuestra compañía. Allí recibisteis vuestras heridas, hasta que nuestro clan consiguió liberaros.

Dejé perdida la mirada en el vacío durante unos segundos y quise incorporarme. Al no poder, miré interrogativamente a la mujer. Ella me dedicó una de las sonrisas de crueldad peores que había visto en mis cortos años de vida, y murmuró mientras daba la vuelta para salir de la habitación, tuteándome:

-Yo de ti, no lo intentaría. La herida te afectó la columna vertebral; por lo tanto, tus piernas no se moverán nunca más.

Nunca más, repetí para mi misma en mi agonizante soledad.

[Editado por Aranelita el 15-05-2005 14:30]

Gaur

Resumen de la batalla.

Telpe ha perdido 16 armadas x35= 560 puntos

Recuperables: 373

Valoraciones: 8+8+8+7+8=7,80

Recupera: 291 puntos.

Pierde: 269 puntos.

Nurn ha perdido 28 armadas x35= 980 puntos

Recuperables: 327

Valoraciones: 8+8+8+7+9=8

Recupera: 261 puntos.

Pierde: 719 puntos.

Telpe percibe 300 monedas en concepto de batalla ganada.

Nurn cede 100 monedas a Telpe por abandono de la batalla.

Compañias actualizadas y listas.