La Primavera se asomaba lentamente, las flores dejaban ver su rostro por primera vez en mucho tiempo. Los primeros rayos de sol despuntaban reflejándose contra las gotas de rocío que suavemente inclinaba las hojas de los árboles hacia abajo.
Debajo de un macizo roble un zorro se despertó sobresaltado al oír el grito de un niño y se escondió debajo de un matorral de arbustos. El grito provenía del smail que cubría el árbol con sus poderosas y añejas ramas. Un niño abrió de repente la puerta redonda pintada de verde y se dirigió hacia el lugar donde estaba reposando el zorro hacia un momento –Barbol, ven aquí te traigo el pan- como respuesta el pequeño grupo de árboles se sacudió entero, lo que provoco que el pequeño hobbit se sobresaltara, de debajo de un arbusto salió Barbol, ni más ni menos que el pequeño zorrito que minutos antes reposaba tranquilo allí. Le acaricio la cabeza y le dio la rodaja de pan que llevaba en la mano, luego salió corriendo camino abajo.
-¡Fastred, Fastred! Paso de nuevo, paso de nuevo- grito Isengar Tuk II, tanto a el como a su antepasado Isengar le apasionaban las aventuras y soñaba como el hacerse a la mar algún día, pero no sin antes conocer toda la Tierra Media. Faramir sonriendo le acaricio la cabeza y le dijo –Esta bien pequeño cumpliré mi promesa y te acompañare a caminar por el bosque-. Fastred era nada menos que el esposo de Elanor, la hija del gran Sam Gamyi, que cuentan se hizo a la mar. Vivian en las Fronteras de Occidente, tierra que les había sido dada, unos años antes por el rey Elessar
Isengar era muy amigo del y a menudo salían a caminar por el campo, corrían a las mariposas y retozaban en los arroyos, pero una tarde de invierno habían visto algo raro, caminando por el bosque, desde ese momento el niño había recorrido todo los bosquecillos de la zona buscando, buscando una corazonada, un presentimiento que le inundaba el corazón desde que había visto la eso moverse, sentimiento que se había despertado esa mañana al ver la sacudida del matorral.
Isengar caminada al lado de Fastred intentando no retrasarse, el bosque se veía a lo lejos, las ramas se inclinaban hacia el sol ya lo suficientemente arriba para calentar a un hobbit mostraba su redonda cara reconfortándolos.
Una vez que llegaron al linde del bosque, una ráfaga de aire húmedo les soplo en la cara, y una bandada de pájaros remonto vuelo cortando el silencio del lugar.
Isengar disfrutaba subiéndose a los árboles, bajo la atenta mirada de Fastred. Tomo una piedra chata y se la tiro a un pájaro que picoteaba sobre la raíz de un árbol, que salió volando. De pronto se escucho un eco que resonó por el todo el bosquecillo, sin dudarlo y haciendo fe ciega de sus cortas piernas el niño hobbit salto hacia el árbol vecino y así lo hizo con cuatro árboles mas, haciendo caso omiso de los gritos de su cuidador. El corazón le latía cada vez más rápido, el sudor le caía por la frente pero el no se detenía, llego a un pequeño claro que no recordaba y se pregunto si había ido demasiado lejos, para su sorpresa vio a una extraña criatura sentada en el medio, los líquenes colgaban de sus cabellos, sus piernas parecían amarradas al suelo como firmes raíces, los ojos del color del avellano, hondos, parecía que no tenían fin. Parecía dormida, no se había percatado de que el pequeño hobbit estaba a su lado. Isengar se acerco lentamente y le poso la mano sobre sus largos cabellos, como respuesta la criatura profirió un profundo grito y se escabullo a lo mas espeso del bosque. Isengar se quedo tirado en el suelo abrazando el mechón de pelo que se le había quedado en las manos, así fue como lo encontró Faramir cuando los primeros rayos de luna asomaban en la noche. Lo tomo en brazos y lo llevo a la casa.
Una vez allí lo acostó y le pregunto porque había hecho eso –Esa no es una actitud digna de ti querido mío, espero que nunca me vuelvas a hacer nada así, pero ¿Qué ha pasado, y que es eso que llevas en la mano y que no has querido soltar desde que te recogí en el claro?- el niño dejo escapar una lagrima –Es uno de los líquenes que forman los pelos de una Ent mujer – Faramir lo miro le dio un beso en la frente y lo cubrió con la manta – y salio de la casa con una incertidumbre que nunca resolvería, ¿Estaba el niño diciendo la verdad o todo era producto de su imaginación?
Esa noche no pudo dormir, en su cabeza resonaban las voces más profundas que jamás pudo escuchar en el bosque a su lado Elanor se mantenía con ambos ojos abiertos mirando al infinito y pensando en su padre. El amanecer los sorprendió a los dos que sin decirse una palabra se vistieron y emprendieron camino hacia la casa de Isengar. El estaba sentado a los pies del roble y Barbol durmiendo a sus pies. Fue Faramir quien hablo – Hola Isengar querido amigo, te imaginaras porque mi esposa y yo venimos a verte – Como respuesta Isengar empezó a caminar hacia el bosque pero Faramir prevenido lo tomo fuertemente de la mano.
Cuando llegaron al claro la angustia les inundo los corazones la sombra dominaba el claro, los rayos de sol aun no habían inundado ese bello lugar. Isengar apretada la mano de Faramir y mientras escucha detrás suyo la respiración anhelosa de Elanor. Pasaron muchos minutos así hasta que un rayo de sol pego en el centro del circulo, inmediatamente se oyó un profundo sonido que retumbo por el bosque. La gotas de sudor caían en la cara del pequeño mientras apretaba la mano de su vigilante. Una bandada de pájaros remonto vuelo haciendo un espantoso ruido, una nube tapo al sol por un segundo cuando este reapareció los tres hobbits se encandilaron, cuando recuperaron las visión vieron que la ent había vuelto. Isengar con una débil vocecita dijo –No se vaya bella señora, se de algo que podría gustarle- La ent lo miro con los ojos de color castaño mas bellos que caminaran alguna vez por el bosque – Ya nada me interesa mas que sentarme aquí y recordar viejos tiempos- Una lagrima recorrió la mejilla del niño. Al lado suyo Faramir sentía cada vez menos su brazo ya que Elanor se lo apretaba cada vez con mas fuerza. Hasta que lo soltó y dijo –Mi padre conoció a un Ent, viven en Fangorn se llama Barbol– La ent poso su mirada profunda en Elanor, como queriendo averiguar si sus palabras eran sinceras aunque en cierto modo sabias la verdad, poso su mirada en ella y le dijo –Nada de lo que me dices me resulta ni muy nuevo ni muy viejo, si aun siguen en Fangorn –y una mirada de tristeza encendió su rostro, fue Isengar quien corto el silencio y dijo -¿Por qué no lo buscas?- como respuesta a su pregunta un cuervo se poso en el hombro de la ent y le empezó a picotear el hombro, sin pensarlo el pequeño busco una roca pero ella lo detuvo –No le hagas daño solo me hace cosquillas., Luego de la llegada de la sombra Fangorn cambo y no volverá a cambiar nunca, los ents terminaran sus vidas con el, y eso nadie ni nada lo podrá evitar. Isengar no me gusta hablar con los seres humanos, pero te concederé una respuesta la que tu quieras hobbit pues tu valor incesante me ha sorprendido en alguien de tu tamaño- la voz grave y rugosa de la ent le causaba escalofríos, pero armándose de valor le pregunto – Señora, solo dime como llegasteis a este lugar y os promete no volver nunca por aquí y no decirle a nadie de su presencia- la ent permaneció un largo rato callada como si recordara viejos tiempos, sus ojos se aclaraban y oscurecían hasta que al fin hablo – Hace mucho tiempo vivíamos felices, los retoños crecían, los entandos jugaban en las praderas, pero Fangorn nunca fue un lugar mucho mas alegre de lo que es hoy, los Ents hombres amaban los árboles del bosque pero nosotras amábamos a todas las plantas que crecían en el suelo y los jardines de flores, pero Fangorn no nos bastaba, los pájaros traían rumores de que una fuerza oscura se acrecentaba en el bosque verde por aquel entonces, y una mañana decidimos irnos, no fue una decisión fácil pero de otro modo hubiera sido nuestra ruina. Caminamos y caminamos Viajando de noche escondiéndonos de los rohirrim como ustedes los llaman en su lengua. Cuando llegamos los márgenes del Anduin miramos al otro lado y vimos unas hermosas tierras para cultivar nuestras amadas flores. Vivimos muchos años en paz, pero no vimos rastro algunos de nuestros amador ents, pero sucedió un dia que vinieron orcos y quemaron, quemaron todo cuanto pudieron, cada capullo de flor, cada liquen que caía de los árboles, mataron y destruyeron hasta que no quedo un ser vivo allí. Las que salimos con vida nos dispersamos, yo llegue aquí mucho tiempo antes que ustedes, y mucho tiempo mas viviré si nadie me lo impide- dichas estas palabras la ent se volvió sobre si misma y no dijo palabra. Las lagrimas le brotaban a elanor sobre todos el rostro, mitad de tristeza porque sus hijos no volverían a ver a un ent y mitad porque recordaba a su padre. Fastred se resistía a abandonar a la ent, pero los últimos rayos de sol surcaban el cielo. Faramir lo tomo de la mano y dijo –Nadie jamás sabrá esto si no es por obra del destino, pero recuerda que aun hay ents en Fangorn- y dando media vuelta abandono el claro, pero Isengar se libero de su mano y corrió a abrazar a la ent, luego sin mirar atrás siguió a su amigo.
Cuando llegaron a la casa la madre de Isengar los estaba esperando el pequeño la saludo y corrió adentro antes de que pudiera decir algo Faramir dijo –Nada de lo que vivió hoy es malo, es pequeño aun se recuperara- y tomado del brazo de Elanor subió camino arriba hacia su hogar a revisar las anotaciones de Sam y a agregar un pequeño puñado de letras al libro y recordar viejos tiempos, a su lado su esposa recordaba viejos tiempos, pero no con tristeza sino con alegría, porque sentía que por un momento había estado junto a su padre de nuevo.
