Fin Guerra: Alianza de Eithel-Glîn se retira del Combate
Armadas perdidas por \"Tercano Nuruva\" = 11
Armadas perdidas por \"Alianza de Eithel-Glîn\" = 19

Batalla 53. C5 Tercano Vs C2 Alianza.
TerminadaApuró el paso, la mañana maduraba, la hueste Gondoriana estaba camuflada en el paisaje aguardando el momento para atacar a los Haradrim.
Habían preparado la emboscada contra ellos cuidadosamente, esperando el momento de salir.
Él trataba de alejar su mente de la batalla, vio el cielo claro, se percató de que humo venía desde un lado de las colinas.
-¡Capitán mire! Es fuego-
- Quédense donde están, ustedes tres-señalando a unos soldados-vengan conmigo, los demás que nos vigilen-
Siguió a su capitán con la vista, el fuego provenía de la quema de unos matorrales. Trató de apartar de su mente la batalla venidera, una visión sorprendente, surgieron de los matorrales unos niños armados.
Faramir entabló una conversación con ellos, pero el gondoriano desatendió la escena y miró el cielo, el sur comenzaba a nublarse.
Terminaron su charla con los medianos, el capitán reunió a la hueste y comenzó la marcha en contra de los Haradrim.
Estaban listos para atacar sorpresivamente a los Sureños montados en sus Mûmak. Esperaba la señal, atento, comenzaba a impacientarse cuando se dió la orden de partida.
Fué unos de los primeros en salir, combatió contra uno y ganó, pero por detrás otro lo atravesó con su espada, en un rápido movimiento le cortó la cabeza al agresor.
Sentía el calor que lo abandonaba y como la batalla se volvía negra por completo.
Despertó, le dolía fuertemente la espalda al parecer lo habían herido, nada grave.
-¡Levántate! Vamos que no podemos perder esta batalla!
- Si mi señora-dijo e hizo un esfuerzo para levantarse pero sus piernas flaquearon.
- Ven soldado toma mi caballo, ahí tienes, yo sigo a pie.
- Me desmayé -gritó mientras Nelinde corría hacia la ciudad- ¿cómo vamos?
- Las puertas se han abierto, Tercano no perderá esta vez.
Corrió por el campo, aún en plena batalla las tropas aliadas se abrían paso hacia las puertas.
Los arqueros atacaban desde lo alto de las murallas mientras los ents las destrozaban.
Se dirigía hacia las puertas cortando cabezas, dejó el caballo y se protegió de las flechas, la batalla era pareja.
Entró a la cuidad combatiendo a los soldados de alianza que a su paso salían.
Llegó al centro de esta con un grupo de personas que lo acompañaron, soldados enemigos aguardaban para proteger su ciudad; eran más numerosos que ellos, los acorralaron.
Mientras luchaban un soldado se percató de la herida que tenía en la espalda pegándole una patada en esta. Repentinamente el dolor lo cegó y cayó inconsciente.
Despertó justo a tiempo para defenderse de una estocada que le infringía un sureño cortándole las manos, no sabía cuanto tiempo había estado inconsciente, la sangre que perdía era demasiada.
Por lo visto la batalla había terminado y varios de los Haradrim iban en retirada.
Se puso en pie pero no pudo mantenerse.
-¡Miren ahí!-Uno de sus compañeros corrió hacia el lugar donde se encontraba -Está herido.
Sintió que lo levantaban. Gritó.
- Faramir un hombre está gravemente herido-el soldado se sintió moribundo el dolor entumecía sus miembros y los consumía uno a uno.
- ¡Llévenselos a todos! adelántense que yo tengo cosas que hacer-la voz de su capitán le parecía lejana y ajena; sentía frío, su mente se apagó.
- ¡AAAH! Mi brazo ¡agh!-lo tenía sujetado uno de sus acompañantes.
- Señor en esas condiciones no puede seguir en batalla-Le dijo.
-¡Mira! La cuidad será nuestra llevaremos infinidad de tesoros a Tercano donde celebrarán con festines y danzas nuestro triunfo, además no es mi brazo diestro, vamos debemos continuar.
Avanzó por la plaza sino hubiese sido porque llegaron refuerzos el soldado y su ayudante estarían bajó cadáveres siguió llegaría hacia la torre hacia el centro de la cuidad.
Lo habían enviado a una misión y ya había fallado dos veces.
-¿Qué ha pasado mientras estaba inconsciente?-
-Pues señor, Logramos entrar por completo a la cuidad pero tenían más tropas dentro, pertenecientes a alianza, ahí cayeron muchos de los nuestros, pero los ents ayudaron y los obligaron a retroceder. Aún dura la batalla en las puertas, pero estamos lejos de ahí así que mejor ir hacia ...¡señor!
-Vamos hacia las puertas ahí seré de ayuda.
-Que solo será un estorbo, si me permite, está herido...
-¡Y eso que me importa! En mí corre sangre fuerte de los señores de antaño.
Corrió lo más rápido que pudo para alcanzar las puertas, al llegar la batalla se inclinaba hacia el lado Tercano, la balanza se volteaba a favor de los invasores.
Corrió para tomar su momento de gloria. Los caídos de ambas partes estaban en el suelo entorpeciendo su andar.
-Merecen honores por sus servicios, ya que gracias a ellos estamos aquí los demás- dijo poniendo un tono de voz solemne.
La batalla se desarrollaba estrepitosa los ents destruían la cuidad sin piedad, así era como lo habían planeado, las huestes peleaban cuerpo a cuerpo con los hombres de alianza fieros como sabiendo que esta batalla era hasta morir.
Llegó en ese instante con su ayudante tras él, tomó su espada y comenzó a blandirla con una imprecisión increíble. La perdida de sangre estaba afectando su visión lo cual le era desfavorable.
-¡Miren al loco de allá arriba! ¡Lucha contra el aire!-gritaron unos soldados desde las murallas.
-Señor vayámonos de aquí, usted está mal y creo que no ve bien -le dijo su acompañante.
-¡Hey! Soldado ¿qué estas haciendo? Vamos a un lugar seguro que estas susceptible al ataque-Dijo Sildorl, capitán de la compañía, tomando al hombre de armas por el sobaco.
Corrieron alejándose de las puertas buscando refugio, un grupo armado salió a su paso cortándoles el camino.
-Niño cuida del señor este llévalo hacia un escondite yo me encargo de esto- Decía mientras giraba la espada, estaba confiado de su victoria.
Pero en batalla uno no puede confiar, dos hombres lo atacaron por detrás con mazos en sus manos logró esquivar uno de los golpes pero el otro le llegó en pleno estomago lo cual lo hizo caer de espaldas al suelo.
Aprovechaban la oportunidad para escapar mientras Sildorl temía a la muerte cercana.
-¡Capitán! Déjese de juegos-Dijo Endien desde lo alto de la muralla.
Tomó el arco de un caído y comenzó a matar uno a uno a los agresores.
-Primera y última vez que tratas de salvarme- Dijo Sildorl tratando de ponerse de pie, mientras la elfa saltaba desde la muralla.
-De nada capitán, ahora vaya con ese soldado, usted tampoco puede estar en batalla.
Sildorl trató ponerse de pie pero el golpe recibido fue preciso.
-Ven que yo te ayudo-Dijo Endien.
Aceptó de mala gana. Corrieron y encontraron una alacena que los podía albergar.
Ella dejó al elfo a un lado y se ocupó del soldado.
- Está perdiendo sangre, amárrale el brazo-Le dijo al joven soldado- por lo visto tiene una herida en la espalda, que descanse en este sitio, no creo que le pase nada malo mantenlo quieto aunque por lo visto será difícil-
- Señora, un militar como yo no puede quedarse en cama mientras ocurre una batalla, no puedo quedarme aquí mientras los míos pierden sus vidas -dijo poniéndose de pie y desenvainando su espada.
Ante esto Endien abandonó su tono cordial, tomando la voz imperativa que le es desacostumbrada.
-Tú hombre de armas! Estas bajo mis ordenes, yo te ordeno que te quedes descansando, tu batalla está recién empezando y no permitiré que uno de los míos muera por imprudencia-Terminó con candidez- me despido quédate aquí un rato, que los de alianza están dando la pelea-
Puso su mano en la cabeza del herido y usando el poder de los primeros nacidos hizo que durmiera.
Cayó este encima de su lazarillo, profundamente dormido y por primera vez luego de mucho tiempo soñó.
Despertó sobresaltado, le dolía la herida y la cabeza no sabia bien en donde estaba su cabeza dio vueltas y se desplomó, pero se recuperó rápidamente.
Estaba vendado aun no recordaba como había llegado ahí pero por las circunstancias lo habían cargado hasta Henneth Annûn , la Ventana del Sol Poniente, que servia de refugio a Faramir y sus soldados.
Se vistió y salió de se habitación, llegó a la cámara principal en donde su capitán se encontraba con los pequeños niños, estaban dormidos en un rincón del salón.
“¿Por qué están aquí?”Pensó, se acercó a un soldado que estaba preparando la sala para la merienda.
-¿Por qué están aquí estos que encontramos en el camino, Mablung?-Dijo perplejo.
-El señor Faramir los quería consigo y se llaman Hobbits creo que ese que duerme a la derecha tiene mas edad que tú-Agregó esto con una pequeña carcajada.
El herido no podía creer que fuera cierto, hombres con talla de un niño de en la primera infancia.
-¿Y que otra novedad hay?, pues creo que he dormido durante dos días-
- Solo lo has hecho por una tarde, nada, todo en calma, la emboscada salió bien aunque casi no lo cuentas-
- Si, tuve una suerte impresionante-
Despertaron a los medianos para que merendaran junto al capitán.
No sentía ganas de comer su cabeza daba aun vueltas y quería vomitar solo se sentó en una de las bancas y escuchó atento las narraciones de los medianos.
Hablaban de una compañía del anillo y del valiente Boromir y sus hazañas, de unas minas donde habían perdido a un compañero.
Dejó de prestarles atención se fue a su cama y cerró sus ojos. El sueño lo atacaba y por primera vez se dejó ganar dócilmente por el enemigo.
-Despierta, tenemos que salir-
La herida de su costado comenzaba a sangrar pero no importó se levantó rápidamente y le dijo a su compañero.
-Que sueños más raros… soñé con una cuidad saqueada en plena batalla y yo trataba de pelear pero no podía ver bien, me llevaron hacia un lugar seguro tenía a un joven cuidándome, creo que estaba herido y una mujer nos llevó a un lugar seguro.
- ¿Una mujer en batalla? Eso es de mala suerte...
- Sí, y eso no es todo, luego me escondía y ella me hechizaba para que durmiera. ¡Que extraños sueños!
- No son tan raros, creo que lo que pasaste hoy en batalla que ha dejado medio loco-Dijo Mablung riendo- Oye, Hemos interceptado a una criatura en el lago, acompáñanos-
Salió con los demás, se escondió en las cercanías, se puso en posición.
La vista se le nublaba su cabeza daba vueltas, cayó.
-¡La criatura!- gritó mientras lo sostenía su lazarillo aun no podía ver bien.
Sildorl estaba parado en la puerta viendo la batalla.
-¿Cómo vamos?-dijo el joven.
-Ganando, tenemos casi tomado la cuidad y ya comenzó el saqueo... Oh por Eru!
El soldado estaba tendido en la cama comenzó a tener convulsiones. La sangre perdida era mucha y al parecer no resistiría más.
-¡Compañero! ¡Despierta!-Dijo alguien a su lado
-Cayó un buen trecho antes de que lo atrapamos, no sé si sobreviva.
-¡La torre! ¡Hemos ganado! ¡Viva Tercano!-Decía entre risas.
-Está delirando Faramir, ¿qué hacemos?
-No podemos hacer nada, ya todo lo hemos intentado-
-¡Están todos vivos compañeros! Estoy bien es solo un rasguño, Gracias ¡Nelinde!, ¡Endien!, ¡Sildorl!-Decía gritando y alegre.
-Dijo que en la mañana había tenido sueños extraños pero está enloquecido.
-Está a punto de morir y los que están es esa condición ven cosas mas allá de nuestro entendimiento.
-Está teniendo convulsiones, esto opaca nuestra victoria.
-¡Vamos viejo chocho no te mueras!-Le decía su lazarillo.
-El ente, lo he perdido de vista, he fracasado, lo siento Capitán Faramir-Dijo con la voz cansada.
-¡Está delirando!-Dijo Flint
-No debimos traerlo de vuelta, está mal-Dijo Endien-He aplicado todo lo que sé en artes curativas ahora solo nos resta orar.
Estaban todos a su alrededor, esperando la muerte de quien había servido fielmente a su tropa.
La noche llegó, con está el hálito de la muerte, los dos que vieron más allá se encontrarán en las estancias del eterno reposo a esperar el fin del mundo.
[Editado por nicol el 22-05-2005 22:48]
Aquella noche mi ama, hery Henfánna, recibió la visita de Uibrana, capitana al cargo de la defensa de Tyelpëosto, y gran amiga nuestra. Ambas se fundieron en un sincero abrazo, y la elfa fue invitada a entrar en la cueva y a calentarse en el fuego, pues en las profundidades del bosque no llega el calor de la brisa veraniega. No hicieron falta palabras, pues mi señora ya sabía qué era lo que necesitaba la capitana. Necesitaba que sus blancos ojos vieran una vez más el porvenir, esos ojos congelados de por vida que la martirizan de dolor desde que ayudó a los Noldor a cruzar los hielos de Helcaraxë. Las dos salieron de la cueva, yo las seguí, atravesaron altos matorrales no sin dificultad hasta llegar a un pequeño círculo de árboles. En el centro había un pequeño altar con la imagen de Nienna, de cuyos ojos brotaban lágrimas que caían en una pequeña pila a sus pies. Mi señora se arrodilló frente a ella, introdujo sus manos en las aguas de Nienna, y bebió. La elfa Uibrana observaba desde las sombras, envuelta en su manto, y entonces mi ama murmuró éstas palabras:
Oh, Nienna la hermosa, fortalecedora de espíritus, tú que transformas el sufrimiento en sabiduría, tú que viertes tus lágrimas por aquellos que son piadosos y creen en la esperanza; vierte ahora tus lágrimas en mis ojos, permíteme que vea, convierte una vez más mi dolor en tu saber, utilízame en ayuda de aquellos que son piadosos y creen en la esperanza...
En ese momento, su voz se quebró, y su cuerpo se paralizó, mas empezó a hablar:
“...la Ciudad de Plata....estoy en la Ciudad de Plata....está siendo atacada...flechas en llamas cruzan el cielo...a mis pies cuerpos ensangrentados...y os veo...a vos y a vuestro hermano. Ambos os batís con dos elfos y un hombre...estáis herida...la sangre mana de vuestro costado, mas seguís luchando...Laitaine...Fëathoron...gritan vuestros nombres... ¡os están rodeando mas no huís!... ¡No!...”
Mi dama Henfánna dejó de hablar de golpe. Su cara expresaba miedo, no iba a dar buenos presagios.
“... ¡no!...no debéis...”
Mi señora, ¿qué ocurre? dijo Laitaine, retirándose la capucha y acercándose a ella. Rápidamente volé hacia ella, y aleteé frente suyo para que no molestara a mi ama...no se la debe molestar durante el trance. Seguidamente, mi señora continuó:
“...una daga...una daga de Tercano por la espalda...vos caéis al suelo...vuestro hermano se abalanza hacia vuestro cuerpo, mas uno de los vuestros se lo impide...gritos...un hombre se os acerca...”
En ese instante, mi ama profirió un grito, saliendo así de su trance. No debéis ir, no luchéis, hery Uibrana, por Eru os lo pido, moriréis en la batalla. La elfa se arrodilló junto a mi señora, y le dijo: No abandonaré a mi ciudad ni a mis tropas, me asignaron la misión de proteger Tyelpëosto, y así lo haré, aunque me espere la más horrible de las muertes. Sólo el peligro ante la muerte de un ser amado podría detenerme, por eso acudí a ti, y ya tengo respuesta. Gracias una vez más, dama Henfánna, por vuestra lealtad y amistad.
Después de ayudar a mi señora a salir del círculo de matorral, montó en su corcel, y marchó. Mi ama hizo un gesto, yo sabía lo que haría. Gran aprecio tenía a la dama Uibrana, pues siempre estuvo ahí, muchas veces la visitaba. Mi señora volvió con mi ayuda al claro en el bosque, volvió a acercarse a la imagen de Nienna:
Oh, Nienna la piadosa, a ti acudo una vez más, un hado fatal ha de ser evitado, sólo vos a través de mi cuerpo podéis impedirlo, utilízame otra vez, tómame en forma de aquella cuyo destino son las Estancias de vuestro poderoso hermano, y así evitarás lágrimas y dolor en esta comarca...aunque esta acción suponga aumentar mi condena, ya conozco el sufrimiento...Sólo cumplo el mandato que una vez me enseñasteis...
Mi ama sacó una pequeña daga, y se abrió las venas, dejando que su sangre cayera sobre la pila:
Esta sangre caída simboliza el abandono de este cuerpo maldito...
Al momento, de los ojos de Nienna empezó a brotar la sangre de mi señora, y una espesa niebla cubrió su cuerpo. Asustado, volé hacia donde estaba mi ama, alguien se levantó. Era la dama Uibrana...o eso pensé hasta que se dirigió a mí, y me dijo: Había olvidado el color del cielo estrellado... ¡y lo hermoso que eres! Revoloteé y me posé en su hombro. Volvimos a la cueva, y mi señora sacó sus viejas armas. Luego, de un trozo de leña, fabricó dos flechas cuya finura me impresionó, y las impregnó en un líquido contenido en un pequeño frasco. Cuando el sol asomaba entre las ramas de los árboles, partimos raudos a lomos de nuestro corcel hacia Tyelpeosto. Tiempo después, una gran humareda se distinguía a lo lejos, e informé de ello a mi ama. Si, querido, la batalla ya ha comenzado...espero no llegar tarde.
Llegamos a la ciudad, descabalgamos, y mi señora desenvainó su espada. ¡Busca a la dama Uibrana! , me gritó. Alcé el vuelo, abandonando así por primera vez a mi señora mientras ella se batía con un enano.
Volando estaba cuando observé el caos y la catástrofe que mi señora había presenciado…mi vuelo me reveló que tras un batalla hay algo más que una victoria, algo mas que una victoria o una derrota o la defensa de un ideal u otro…vi que cada batalla una tras otra es una lucha en la que solo hay lugar para la crueldad y la frialdad que en ocasiones puede ser precedida de la piedad…observé el lado constructivo y destructivo que Eru había creado, muchos saldrían de allí sin vida y otros saldrían como si hubieran vuelto a nacer…una batalla es mucho y poco pero su significado trasciende a nuestras vidas…pues cada uno de nosotros sufrimos estas batallas en nuestro interior. Las flechas volaban como si fuesen hermanas mías, mas alguna estuvo a punto de alcanzarme en mi frenético vuelo, pude ver como esas flechas se hendían en las carnes de los fieles a la Alianza o de Tercano…de repente establecí la similitud de una llave y una espada pues ambas abrían puertas con facilidad…una llave abre las puestas para las que fueron hechas, la espada abre las puertas a las Estancias de Mandos, quizás ahora creo que fueron creadas para eso.
En ese momento fue cuando encontré a la capitana Laitaine Uibrana, que estaba luchando contra un hombre fuerte y feroz. A unos pocos metros se hallaba su hermano rodeado por un grupo de enanos. Fëathoron no parecía ver escapatoria y comienzó a girar con su Sol Naciente para inmolarse contra los enanos y perder la vida matando al menos a los máximos posibles, mas entonces divisé cómo hery Uibrana rompía las filas de enanos y acudía en ayuda de su hermano. Justo cuando el peligro parecía irse, una gran espada empuñada por un hombre misterioso atravesó el costado de la dama Uibrana, cayendo al suelo sin encontrar resistencia alguna. Emití un graznido para avisar a mi ama, mas entonces, Fëathoron, inundado de dolor se abalanzó sobre su hermana, dos elfos amigos se lo impedían, pude observar cómo sus ojos eran el espejo de su alma, e irradiaban un dolor inimaginable tal que traía consigo un único objetivo…la destrucción. Entonces ví cómo la dama Uibrana se ponía en pie, con dificultad, y sin desempuñar su espada... ¡Fëathoron!, gritó a su hermano, que volvió a protegerla. Traté no perderlos de vista mientras volaba en círculos y esquivaba a la vez flechas. Llamé nuevamente a mi señora, pues si no acudía a mí rápidamente, su sacrificio habría sido en vano, ya que los dos hermanos se batían ahora contra tres elfos. Las espadas se movían con rapidez, Fëathoron liquidó de un solo movimiento con su Sol Naciente a un elfo, cuyo brazo cayó separado del cuerpo. Hery Uibrana sacó una daga, rajando profundamente la cara de otro elfo. Los soldados de Tercano cada vez eran más y más numerosos. Un ent se les acercaba, destrozando todo a su alrededor, mas fue rápidamente caído por una lluvia de saetas en fuego. Fue entonces cuando vi a mi ama. Sin pensárselo, sacó su arco, y apuntó con una de las finas flechas a la capitana Laitaine Uibrana, y disparó. La elfa cayó inmediatamente al suelo, inconsciente, a la vez que un grito desesperado de su hermano rompía entre el sonido de la batalla. Bajé el vuelo, y observé cómo éste descubría a mi ama, desconcertado, con el cuerpo de su hermana abatida. Sin más, mi señora le disparó a él también, desplomándose sobre el cuerpo de un hombre de Tercano. Entonces mi señora hery Henfánna, bajo la imagen de la capitana, gritó desesperada: ¡Retirada! El grito se extendió con rapidez, y la Ciudad de Plata fue tomada, mas sus habitantes quedaron a salvo de una muerte segura.
Cuando mi señora se aseguró de que los cuerpos de hery Uibrana y su hermano estaban a salvo, volvió al claro del bosque. Allí, me miró por última vez, y se despidió de mí con un beso. Se acercó a la pila de Nienna, que aún contenía su sangre.
He aquí que mi sacrificio y misión han concluído.
Nuevamente fue envuelta por la niebla, y yo esperé encontrar otra vez los blancos ojos de mi señora. Mas las nubes se dispersaron, y en el lugar donde había estado antes sólo quedaban hojas. Comprendí entonces que mi ama no volvería a errar junto a mí en cuerpo, mas sí en espíritu. Aún su sangre mana de los ojos de la estatua de Nienna.
Y esto fue lo que sucedió, mi señor Árchaon. Hery Uibrana y los habitantes de Tyelpëosto fueron librados de la muerte. Ahora ella y su hermano se recuperan del dulce veneno de mi señora, y seguro estoy que pronto estarán listos para recuperar la Ciudad.
- Os estaré eternamente agradecido, Henmore, y sería para nosotros un placer que os quedarais con nosotros, en estas tierras amamos a los pájaros, y vos seríais un buen espía.
- Os lo agradezco, mas he de partir, volar a ninguna parte junto al alma de mi amada señora Henfánna, hasta que el Hado que nunca debió afectarla sea cumplido.
Resumen de la batalla.
Tercano ha perdido 11 armadas x35= 385 puntos.
Recuperables: 257
Valoraciones: 7+6+7+8= 7
Recupera: 180. Los dirigentes han sufrido heridas por el 45%, por este concepto recuperan 157 puntos. Total recuperacion 180+157= 337 puntos.
Pierde: 48 puntos.
Alianza ha perdido 19 armadas x35= 665 puntos.
Recuperables: 222
Valoraciones: 8+8+7+9= 8
Recupera: 178. Los dirigentes han sufrido heridas por el 40%, por este concepto recuperan 140 puntos. Total recuperacion 178+140= 318 puntos.
Pierde: 347 puntos.
Tercano percibe 225 monedas por la batalla ganada.
Alianza cede 100 monedas a Tercano por abandonar la batalla.
Tercano saquea la capital de la Alianza y percibe 500 monedas.
Compañias actualizadas y listas!
Historia finalizada.