La Guerra de los Clanes

Historias, leyendas y batallas en las tierras olvidadas de Arda.

Edicion 2

Haldanóri, Las Tierras Ocultas

Finalizada · 08-09-2004

Batalla 52. C1 Alianza Vs C3 Tercano

2005:05:26:23:08:59

Gaur

Fin Guerra: Tercano Nuruva se retira del Combate

Armadas perdidas por \"Alianza de Eithel-Glîn\" = 8

Armadas perdidas por \"Tercano Nuruva\" = 20

Narairë

Lebemin y Beindir se apoyaron en Ganestor, como hacían casi cada tarde.

- Prometiste que hoy nos lo contarías, nos dirías como ayudaste a librar a la ciudad de los invasores.

- Hum... sí, lo hice ¿eh? Mucho tiempo ha pasado de eso... y mi memoria ya no es tan buena... hum... ¡oh si! ya lo recuerdo...

“Todos estábamos aquí, juntos, algunos malheridos... el fuego... había herido a muchos de nosotros, pero aún así, lucharíamos hasta el final. El día se levantaba con una suave brisa que traía el aroma del mar, las banderas ondeaban en las tiendas, el capitán Telimektar conversaba con su hija Narairë y con Dregnor:

- Señores, el ejército de Tercano se dispone a salir de la ciudad. Será ese el momento que deberemos aprovechar para atacar y destruir a su hueste. Dividiremos el ejército en tres, Dregnor estará a la cabeza de la infantería, Narairë conducirá a los arqueros y las catapultas y yo estaré al frente de la caballería - les dijo.

- Pero, ¿cómo conseguiremos que luchen y no se refugien dentro de la ciudad?- le dijo Dregnor.

- Eso es trabajo mío, no subestimes a un maia... vosotros esconded a vuestras fuerzas detrás de las pequeñas colinas y, cuando el cuerno suene por segunda vez, atacad - respondió Telimektar.

Narairë se dirigió al encuentro de sus soldados, había mostrado debilidad, compasión, pero no esta vez. Dentro de la ciudad eran los de su raza los que esperaban, eran enemigos ahora. Recogió su cabello con un lazo, colgó su arco en su hombro izquierdo y comenzó a dar órdenes.

- Nos quedaremos apostados tras de esta colina, cubriremos el flanco derecho. Los arqueros comenzarán el ataque. Esperad mi orden. Nai i Valar nauvar as elyë.

Telimektar montó en su corcel, junto a su fiel león Laurë el Señor del Fuego y avanzó junto a la casa de los Astaldos. Pronto estuvo delante de las grandes puertas. Sacó entonces el cuerno y lo hizo sonar. Su poderoso cuerno sacudió hasta la última piedra de la ciudad, pronto salieron dos soldados en lo alto de la puerta y le gritaron:

- ¿Quién se atreve a molestar al ejército de Tercano? ¡Lárgate de aquí antes de que te demos muerte!- le dijeron riéndose.

- Soy Telimektar Heraldo del Valar Tulkas Poldórëa, Gobernador de Eorondo y Señor de la Casa de los Astaldos en el exilio. ¡Trae a alguien digno de mi linaje, no intercambiaré falacias con un simple esbirro!- le dijo gritando. Entonces apareció en lo alto la capitana Naevian.

- ¿Cómo te atreves a venir a esta ciudad?, ¿acaso no tuviste suficiente la última vez?- le dijo Naevian desde lo alto de la muralla.

- ¡Sal de la ciudad y entrégate al ejército de la Alianza para ser juzgada por tus crímenes en contra de ésta!- le dijo- Entrégate o tendremos que entrar por la fuerza y entonces no habrá clemencia con ninguno de vosotros.

La puerta se empezó a mover rechinando. La compañía de Aran se retiró un poco más de la muralla. De la ciudad salió el ejercito Tercano, pronto se dispusieron en formación de batalla y empezaron a avanzar hacia ellos. El suelo resonaba bajo los cascos de la caballería y de las armaduras, los dos ejércitos se pararon y se observaron, medían sus fuerzas. Una calma tensa se posó sobre los soldados cuando de pronto la tierra empezó a temblar. Grandes grietas aparecieron en el suelo y de ellas las llamas brotaron como grandes columnas elevándose varios metros. Una muralla de fuego se alzó por detrás de las hordas tercanas pero de pronto el mar irrumpió en ellas y grandes columnas de vapor se sumaron a las de fuego. El poder de Telimektar controlaba las llamas, el ejército tercano se inquietó pero su capitana llamó a la carga, entonces el cuerno sonó por segunda vez...

- ¡Ányë hilya!, gritó Narairë sujetando firmemente su arco.

Sacó una flecha de su carcaj y disparó, su puntería, aún en movimiento era increíble y derribó a un soldado tercano que se encontraba a varios metros de distancia.

Los soldados apostados salieron entonces de su escondite y comenzó la lluvia de flechas. El ejército tercano se sorprendió, la emboscada había dado resultado. Los tercanos estaban desbordados, rodeados, pero se defendían con su habitual fiereza. Narairë se giró entonces e hizo una señal con su brazo derecho. Era nuestra señal, los ents entraban en la lucha. Cargamos piedras y las arrojamos contra las murallas. A grandes zancadas comenzamos a abrirnos paso hacia la ciudad. Aplasté a hombres a mi paso... insignificantes parecían entonces, pero implacables habían sido con anterioridad. Las columnas de humo y vapor se levantaban frente a nosotros y algunos temimos que nos cortaran el paso, pero eran ya inofensivas para nosotros.

Narairë dejó su arco y empuñó su espada, estaba decidida a acompañarnos en nuestra entrada a la ciudad, los arqueros no la necesitaban más así que dejó la seguridad de la zona y se internó en la batalla como una poderosa luz azulada junto a un batallón enano. Pronto formaron un círculo, los cuerpos tercanos se apilaban junto a ellos ya que las grandes hachas que blandían los enanos eran mortales. En el flanco derecho, las catapultas iluminaron el cielo desafiando al Astro Rey, la tierra se tiñó pronto de rojo y charcos de sangre se formaban mientras los soldados se apilaban en el suelo.

El sonido del cuerno de Telimektar retumbaba aún en el campo de batalla y por su flanco derecho recibió la gran marea de corceles que estaban escondidos detrás de las colinas junto a la infantería comandada por Dregnor. Una marea blanca se dirigía hacía lo que parecía un final para todos. La misión de Dregnor era tomar las puertas mientras las columnas de fuego hacían de una inexpugnable muralla entre ellos y la hueste tercana, así pudieron tomar rápidamente las puertas.

En la planicie Telimektar luchaba con su hacha Dagor e iba gritando a voces “¡Hoy es nuestro día, soldados, atacad y enseñad el poder de Aran!”. Éste observaba a sus hombres que ganaban terreno y empujaban a las huestes tercanas hacía las llamas, en la planicie los proyectiles lanzados por Narairë y los suyos no cesaban de caer. Un grito se alzó entre las filas de la alianza:

- ¡Soldados, la victoria ya es nuestra¡, ¡Atacad sin piedad, que prueben el frío hacer de Aran!- gritó Telimektar y un gran rugido se alzó entre sus soldados.

Mientras luchaba, entonaba junto a los soldados los cánticos de la corte de Makar, cuando de pronto un soldado se le acercó y le dijo:

- Mi señor, los tercanos intentan escapar por el flanco derecho, se dirigen al puerto ¿Qué hacemos?- le dijo.

- Lo primordial es reconquistar la ciudad y protegerla, que un grupo de jinetes me siga- le dijo, mientras montaba en su corcel y tras coger la bandera de Aran salió al galope.

Fue una señal que la caballería entendió y le siguieron con gran rapidez. Un soldado tercano se dispuso a disparar, Telimektar con un movimiento rápido le lanzó la bandera y este cayó atravesado por ella. Allí ondeo hasta que fue recuperada y colocada en lo más alto de las murallas.

Pronto divisaron a la hueste tercana y un grito de rabia escapó de la garganta de Telimektar al comprender que habían huido y sólo quedaban los pocos que allí luchaban contra ellos, los grandes capitanes de Tercano huían dejando a sus hombres a su suerte. Telimektar hizo retroceder a los jinetes y entraron otra vez a la carga en la batalla, pronto pudo reunirse junto a Narairë y los dos emprendieron tal ofensiva que Tercano ya no pudo hacer otra cosa que batirse en retirada, entonces la dama grito:

- ¡Victoria, victoria!

Los sentidos de Narairë, distraídos por la euforia, no fueron capaces de sentir el ataque desesperado lanzado por uno de los soldados enemigos. Una flecha fue lanzada haciendo blanco en su hombro y derribándola de su corcel. Telimektar pensando que la herida era más grave se lanzó para protegerla. Tumbado y ya exhausto, un soldado tercano pudo herirle antes de que éste le cortara la cabeza como única posibilidad de defensa. De su brazo empezó a emanar un hilo de sangre que resbalaba por la armadura. Cogió a Narairë, la subió al corcel y los dos galoparon por un mar de cuerpos sin vida hasta las murallas donde nosotros continuábamos dejando salir la ira contra aquellos que intentaban huir, mas algunos jinetes hostigaron a los pocos que quedaban en pie hasta que se rindieron o fueron muertos.

Yo me interné en la ciudad junto con Dregnor, el gran señor humano. Tras entrar en el patio de las murallas ordenó que un grupo se apostara en el cuartel, mientras dos más subían a las murallas y se hacían con el control de las torres de la puerta. La batalla era encarnizada, Tercano no estaba dispuesto a ceder las murallas tan fácilmente, pero gracias a las columnas de fuego no podían recibir ayuda el exterior, pero un arma de doble filo eran esas columnas para la Alianza ya que no podían entrar mientras las puertas no estuvieran bajo el control de su ejército.

- ¡Soldados, ataquemos ahora, nuestro honor esta en juego! No cederemos más ganaremos o será Mandos nuestro destino - gritó. Su espada era como un feroz monstruo, acabando con toda vida que encontraba a su paso. Aún así un soldado tercano le cayó encima y derribándolo luchó contra él rodando por el suelo. El tercano tenía la ventaja de estar encima y sacó una daga, cuando estaba a punto de hundírsela en la carne, Dregnor le puso en las piernas en él estómago y lo lanzó. Cayó en las caballerizas que ardían y en ese momento el pánico cundió en las huestes tercanas y empezaron a ascender hasta la Puerta del Bosque, por allí tenían la intención de huir, pero no sabían que la venganza del Bosque les esperaba en ella. Dregnor ordenó a sus huestes que los asediaran y empujaran hacia las puertas. Miró entonces hacia el bosque. Uno de sus soldados le preguntó:

- ¿ Señor no deberíamos seguirles y darles caza?

- El bosque se encargará de ellos, un presente tiene Yavanna escondido, deberías agradecer no estar allí cuando ellos ataquen. -le dijo

- ¿Ellos?- le respondió

- Sí, ellos, Pastores de Árboles o Ents... - le decía cuando espantosos sonidos salieron del bosque.- Su misión están ya realizando, nos toca a nosotros terminar la nuestra.- le dijo al soldado cuando los dos descendían.

Mientras tanto en las calles la batalla era dura para los soldados de Aran, pero viendo el destino de los que osaban huir, su coraje creció y empezaron a ganar terreno, en la plaza de la Fuente capturaron a algunos soldados rezagados y observaron que la estatua de Yavanna estaba destruida y que habían vertido sangre sobre ella. La ira inflamó el corazón de los soldados pero Dregnor frenó las ansias de darles muerte allí mismo:

- Serán juzgados en la ciudad y si la muerte es su destino, no somos nosotros quienes para decidir por ellos. -increpó a un grupo.

De fuera empezaron a llegar los soldados, aunque traían a heridos, sus pérdidas no fueron tantas como en la primera batalla. Con ellos iban Narairë y Telimektar que se acercó a Dregnor y le dijo:

- Orgulloso estoy hoy de ti y aunque en un principio recelé de ti, un honor es darte la mano de mi hija si ella así lo quiere- le dijo agachando la cabeza.

Y allí los dos enamorados se miraron tiernamente mientras curaban a Telimektar, el cual estaba bastante débil por el gran esfuerzo.

Pronto la bandera de Aran ondeó desafiante ante un paisaje desolador, la otrora verde planicie verde ahora era un enjambre de grietas y columnas que empezaban a ser más pequeñas, debido a su debilidad.”

- Y fue así mis jóvenes amigos como todo sucedió.

Arian

- Como que prefirieron volver!, que decisión más poco acertada en este momento, si ya tenían la ciudad sometida!- así hablaba Sincarion, Rey de Tercano Nuruva a los capitanes de la compañía 3, presentes en su gran torre-

- No teníamos otra alternativa era lo más prudente…- no alcanzó a terminar la frase cuando fue interrumpida Naevian-

- No me hablen de prudencia, creen que es prudente que ustedes estén aquí cuando esa ciudad tomada por asalto está abandonada? Partan sin demora ni dilación, el tiempo apremia y los quiero ahí de vuelta antes del atardecer, es una orden.- terminó así el “triunfal” retorno de la compañía 3 a sus tierras, luego de haber saqueado la ciudad de la alianza hasta dejarla indefensa.

Del puerto principal de Tercano, Annêar, partieron hacia el medio día, habían llegado a tierras Tercanas al alba y en tan solo unos instantes debían estar listos para otro viaje mucho menos placentero que el anterior, pero por suerte el viento soplaba con fuerza y no tardarían mucho en anclar en tierras de la Alianza.

La compañía iba agotada a defender la posición tomada, y quizá, que era lo más probable, a un nuevo enfrentamiento, sin idea alguna de lo que les deparaba en Niryarion.

Arian escribía en su diario, estaba recobrada del cansancio físico y mental que provoca un enfrentamiento y estaba preocupada ahora de lo que vendría, tenía rabia, provocada por la nueva misión que se les había dado, castigando la decisión de abandonar la anterior, las páginas se llenaban de palabras…

“… mi alma no se siente inclinada a calmarse, en estos momentos siento la ansia de la nueva misión y estoy expectante a ver que sucederá, pero por otro lado siento indignación dentro de mi, aún no puedo olvidar aquellas palabras de reproche que recibimos todos hace un rato, no sé si lo que siento será altanería u orgullo; pienso que hicimos un buen trabajo allá y no creo que mereciéramos ese trato, o quizá soy demasiado joven y aún no comprendo realmente cual es la magnitud de lo que hemos hecho.”

Así concluía una de las páginas.

Ya caía la tarde cuando atisbaron el puerto de Núrolondë, ningún movimiento se divisaba desde el barco, actuarían con prudencia, primero enviarían a alguien a cerciorarse de que no había nada, ni nadie que pusiera en peligro la misión.

En unos pocos minutos regresó la enviada; Sulankalië y venía a caballo, lo que podía considerarse un buen augurio

-Desierta, tal como la dejamos ayer, pero mejor será darnos prisa, pues a lo lejos se oye el resonar de un cuerno…

-Regresan- dijo Aranur- no encontrarán nada, ya todo lo dejamos en Tercano, sin embargo, esperan encontrar sus recuerdos y sueños entre los restos de esta ciudad marchita.

-Que esperamos, aprisa soldados tomen posiciones y preparen la defensa.

-Naevian había surgido de nadie sabe donde y comenzaba a dar instrucciones- quiero una armada apostada en las almenas, otra en el puerto y el resto aguardará aquí en el centro de la ciudad.

Que extraño era, sin embargo, defender una ciudad que pertenecía a otros realmente y de la que solo se sentían dueños de manera momentánea.

Se preparó todo cuidadosamente, aunque sabían también que la victoria no depende en gran parte de cómo se prepare una batalla, sino de los acontecimientos y de las condiciones en que esta se dé. Confiaban, ¿confiaban? ¿En qué podían confiar en aquel momento? ¿En la voluntad de Eru y del cometido de los Valar? no, definitivamente no, solo podía y debían confiar en sus capacidades.

Pasó toda aquella noche, sin novedades pero sin conciliar el sueño, expectantes, el nuevo día traería consigo enemigos, y con ellos, muerte.

Tres de los capitanes de Tercano aguardaban junto con la mayoría de los soldados en el centro de la ciudad, cuando un mensajero se acercó raudo, Naevian que se encontraba en las almenas, los llamaba a batalla.

Llegaron a tiempo para oír la arenga del ser semi-divino que acompañaba la hueste de la Alianza, Telimektar era su nombre.

Entonces las puertas se abrieron, con un rechinar; los soldados Nuruvitas pensaron en las puertas de las ciudades Tercanas que se abrían limpiamente sin ningún quejido, y con el ansia de volver a estas lo antes posible, se lanzaron a la pelea.

El primer pensamiento de los capitanes Aranur y Sulankalië, fue que esta no era la misma compañía que habían enfrentado la vez anterior, el primero de Arian y Naevian, fue que los sobrepasaban en número considerablemente.

De pronto grandes surcos aparecieron en el suelo y de ellos brotaron llamas como inmensas columnas elevándose varios metros. Una muralla de fuego se alzó por detrás de la hueste Tercana, impidiéndole el retorno, cuando inexplicablemente el mar irrumpió en ellas y grandes columnas de vapor opacaron las de fuego. Naevian no se explicaba el por qué de ambas, cuando Arian gritó:

-Es él, Telimektar las controla!

En respuesta a esto Naevian llamó a la carga, un cuerno sonó por segunda vez, y una lluvia de flechas arreció sobre ellos, era una emboscada y al parecer había dado resultado, si antes, a Naevian y Arian les habían parecido muchos, no era nada comparado con el poderío que mostraba Eithel Glin ahora, a esto no se podían enfrentar, ahora se sumaban los ents a la batalla, que ya era ardua para soldados Tercanos

-Esto se va a poner peor…- dijo Aranur con una mirada de impaciencia

Rápidamente comprendieron que debían emprender la retirada, ya no tenía caso seguir desperdiciando vidas de esta forma, pero ¿cómo?¿cómo harían para marcharse de ahí, ahora que los rodeaban?

Afortunadamente Naevian se batía en retirada desde una colina, tuvo tiempo para pensar en lo que habían planeado, y sopló el cuerno dos veces de manera distinta, para los de Eithel Glin, esto no tenía significado alguno, y para Tercano solo significaba el “plan alternativo de retirada” como decidieron llamarlo para no darle el verdadero nombre…Sálvese quién pueda.

Consistía en dos fases, la primera era que los capitanes se agruparan en el puerto y abordaran a los que pudiesen y luego se reunirían lo antes posible con los que no pudieron abordar en un lugar predeterminado, al que debía llegar por cualquier medio posible.

Y se ejecutó entonces.

Sulankalië aún se encontraba defendiendo las almenas y varias flechas habían rozado su piel blanquecina, pero sin causarle mayores daños, Arian estaba con ella y había recibido un mazazo en su brazo izquierdo, que caía inmóvil en uno de sus costados, además de múltiples rasguños, en cuanto oyeron el cuerno, se abrieron a punta de espada paso entre los soldados de Alianza. Aranur y Naevian estaban muy cerca del puerto y no presentaron grandes dificultades, ambos eran raudos y diestros, por lo que se abrieron paso al puerto sin muchos problemas.

Con el sonido de aquel cuerno sentenciaban lo que debía hacer el resto del ejército Tercano. No abordaron más de 20 contando a los capitanes, y es que la batalla había cobrado más víctimas en las huestes tercanas y las pérdidas, hasta ese entonces, duplicaban a las de Eithel Glin.

El resto buscó diversos caminos, el punto de encuentro fijado era Eärráme, el puerto en medio de ambos clanes en pugna y ahí debían llegar como fuera y lo más rápido posible, asegurándose por supuesto, de que no los seguían.

Pero esto no iba a ser tan fácil, mientras se perdían las velas en el horizonte, los soldados luchaban por sus vidas y los de alianza ya proclamaban la victoria.

El valor de aquellos que intentaron un último ataque desesperado contra la cúpula que dirigía a Alianza, sería solo transmitido por lo pocos que sobrevivieron a los pastores de árboles, la última pieza de la emboscada de Eithel Glin, logrando llegar al punto de encuentro.

Cuando los capitanes se fueron las pérdidas de Tercano duplicaban a las de Alianza, cuando recogieron a los que debían esperar en Eärráme, las pérdidas causadas por aquella retirada cruenta, se convirtieron en el triple de Eithel Glin.

Se sentían miserables, y el odio que nacía en ellos con una fuerza renovada, los devolvía al hecho de los enviaran ahí cuando lo más prudente habría sido quedarse en Tercano, pero era increíble como la avaricia, de cualquier tipo, impulsaba a los hombres a su destino final.

Arian siguió escribiendo…

“…veinte, solo veinte llegaron a reunirse con nosotros, de los 100 que aún estaban con vida cuando partimos, este plan me parece cobarde, quisiera estar muerta junto a todos ellos, que aquí revolcándome en mi desgracia, maldigo la hora en que se nos envió, y juro por Arda maculada, que esto no quedará así, antes del fin, nos volveremos a ver. Y si la historia se repite, yo no estaré aquí escribiendo, sino estaré camino a Mandos.”

[Editado por Arimiliel el 24-05-2005 02:45]

Gaur

Resumen de la batalla.

Alianza ha perdido 8 armadas x35= 280 puntos.

Recuperables: 187

Valoraciones: 7+8+8+8= 7,75

Recupera: 145 puntos. Los dirigentes han sufrido daños por el 45%, por este concepto recuperan 157 puntos. Total recuperacion: 145+157= 302, como el maximo que pueden recuperar es lo perdido, esta es la cifra que recuperan, 280 puntos.

No pierden ningun punto.

Tercano ha perdido 20 armadas x35= 700 puntos.

Recuperables: 233

Valoraciones: 7+8+7+9= 7,75

Recupera: 181 puntos. Los dirigentes han sufrido daños por el 50%, por este concepto recuperan 175 puntos. Total recuperacion: 181+175= 356 puntos.

Pierde: 344 puntos.

Alianza percibe 150 monedas por la batalla ganada.

Tercano cede 100 monedas a Alianza por abandono de la batalla.

Compañias actualizadas y listas!