La Guerra de los Clanes

Desafortunada Misión

Escribiéndose...
Escrito el 26-05-2005 01:05 #1

Sus pies corrían desnudos mojándose tanto por el rocío de la hierba y el musgo como por el sudor que recorría ya todo su cuerpo.

Sus ojos no se atrevían a mirar atrás pues sólo una vez lo había hecho durante todo el trayecto que había recorrido pero el recuerdo de lo que vio todavía atormentaba su mente y le hacía tambalear, cosa que sabía bastante bien que no se podía permitir.

No entendía como había ocurrido, nadie debería haberlo sabido, es más, ni siquiera había comenzado su verdadera misión pero, sin embargo, allí estaba él, con sus pies desnudos corriendo hacia un destino que cada vez alargaba sus manos más y más y del que, pocas esperanzas tenía de lo contrario, no se podría escapar.

Otro alarido le atravesó los tímpanos y le heló el corazón, sus piernas comenzaban a darle fuertes calambres y su mente parecía perder la razón.

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El día había comenzado cálido y con unas nubes altas que a media mañana ya se habían marchado. Allí estaba él, con su rostro siempre inexpresivo hablando con aquellos dos extraños (lo que no era raro de ver en él debido a su ocupación).

Sin embargo la misión por la que querían comprarle era diferente a las del resto. Esta vez no sería nadie el que sufriría el dolor que producía su siempre afilada hoja de la daga. Esta vez no habrían muertes (o acaso sólo unas pocas en caso necesario) sino que la misión consistía simplemente en ver en persona aquello que sus interlocutores, por razones bastante claras, no podían comprobar.

- Sólo eso, haz lo que te pedimos y te daremos las otras 50 monedas de oro a tu regreso – decía uno de aquellos hombres que querían comprar sus servicios – da igual cual sea la respuesta, el precio será el mismo ya sea afirmativa o negativa.

- Por supuesto, todo tendrá que ser con el máximo sigilo, cosa que según hemos averiguado es tu especialidad – decía el otro, que no me atrevería a decir si era humano o elfo, aunque por su estatura me inclinaría más por la primera opción – No sabrás nuestros nombres, pues no son necesarios para la misión, simplemente ten por seguro que una vez hayas salido de las fronteras de Tercano te encontraremos para que nos des el resultado y pagarte el precio por tus servicios.

El asesino no estaba seguro de las intenciones de sus posibles compradores, pero era mucho oro el que había en juego y eso era lo que importaba. Hacía tiempo que quería retirarse y vivir con auténtico lujo por el resto de su vida, cosa que si esta operación salía bien, podría conseguir en tan sólo unos meses, quizás incluso menos.

Y por lo tanto, tal y como los otros hombres sospechaban, aceptó el encargo y cogió el dinero de las manos de uno de aquellos encapuchados.

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Pasar la frontera fue muy fácil. Era el mejor asesino que había desde hacía mucho tiempo y su sigilo era incuestionable, lo que hacía que ninguna frontera dudase al dejarle pasar. Sus ropajes y sus gestos eran los de un auténtico caballero y su forma de comunicación era imposible de asegurar de donde provenía.

Su voz, aunque pareciese extraño, no sonaba siniestra ni peligrosa, sino con alegría y vida. Nada, auténticamente nada, podía hacer sospechar a cualquiera de la verdadera dedicación de aquel humano.

Su primera observación al llegar al primer pueblo que se podía encontrar desde el camino le dio una buena impresión. Gente corriente, con ciudades desarrolladas pero con pocos guardias y con habitantes tranquilos y nada desagradables con extraños.

Sus primeros contactos fueron bastante bien, pronto comenzó a hacerse asiduo de una taberna donde los padres de familia solían ir tras el trabajo antes de llegar a sus casas.

Y por supuesto, nada mejor que la taberna para conseguir información, cualquier información.