Cuando lo vio sobre el montículo de nieve pensó que estaba muerto.
Estos orcos no se toman el mal tiempo demasiado enserio.
<<No respetan nada>> caviló el chaman
El hombre caminaba sobre la nieve portando a un bebe a su espalda, en una especie de mochila de piel de animal.. Caminaba despacio, el frió viento le azotaba. Se encamino al montículo pero allí ya no había nada. Había desaparecido.
<<Algo nos observa y sigue nuestros pasos>> pensó el hombre.<<Vienen buscándote niño, los espíritus tienen algo preparado para ti, tu destino esta escrito desde el día que naciste>>
El hombre siguió caminando. La nieve fue dejando paso a un ligera tundra. El bebe comenzó a llorar.
-Calla niño.- vociferó el chaman
De repente el hombre quedo petrificado. Algo o alguien estaba mirando en su mente, viendo sus recuerdos, viendo sus sentimientos, su pasado, su presente y.... un aluvión de imágenes le acometo.
-¡Sal de mi mente, maldito niño!.- grito el chaman
El niño dejo de llorar.
-Tu madre hizo bien en llamarte Khazgarn. maldito eres por los dioses.- hablo el hombre dejando al bebe en el suelo.- Aquí te depositare y que tu destino decida.-
El hombre se alejo de camino a su tierra dejando a un bebe de apenas días en el blanco y frio suelo.
Pasaron pocos minutos. Un leve y grito surgió en el cielo. Una gran sombra paso sobre el diminuto cuerpo del bebe.
Una gran águila descendía rápidamente hacia el pequeño cuerpo. Parecía que se iba abalanzar sobre el. ¿Seria este el destino que los Valar tenían preparado para esta inocente criatura?
Pero el águila no se abalanzó sobre el bebe. Sino que se poso cerca del niño. Se acerco despacio. Cuidando cada paso que daba. Observando. El bebe no emitió ningún ruido, no lloro, simplemente miraba al cielo con sus grandes ojos azules.
El águila repitió el grito y otras dos grandes sombras aparecieron en el cielo. Se posaron junto al niño y le observaron. Las dos recién llegadas agitaron la cabeza a modo de afirmación y remontaron el vuelo. El águila que quedo cogió entre su pico las pieles que envolvían al niño y hecho a volar.
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Khazgarn descendió la colina con gran esfuerzo. El cruel viento le golpeaba la cara intentando cegarle con una malignidad casi consciente, pero el era demasiado orgulloso y estaba demasiado enfadado como para ceder a su malestar. Su propia rabia le calentaba.
-Imbeciles, merecéis morir.- susurro a los dientes del viento. Hablaba a sus almas, a sus fantasmas, por si acaso le estaban siguiendo.
Pero la tormenta y el viento ahogaron el ultimo insulto porque en ese momento choco contra un muro. Encontró la entrada tras un largo rato de búsqueda. Su principal temer era adentrarse en la oscuridad y morir congelado antes de poder encontrar la entrada al edificio. Ya había vivido un experiencia parecida con el anciano al que había estado encadenado. A partir de cierta edad el cuerpo pierde la capacidad de mantenerse caliente. Acostumbrado a los rigores de la alta montaña había avisado a los esclavistas que los mas ancianos no conseguirían atravesar la escalada del paso. Pero todo lo que obtuvo a cambio fue un golpe en la cara del extremo de un látigo que casi le rompe la mandíbula.
Después fue doblemente maldecido cuando tres de los esclavos murieron en la cima del paso. Khazgarn despertó una mañana para encontrarse mirando a un par de vidriosos ojos azules con vida. Recordó como había gritado al anciano la noche anterior para que se callara, temiendo que el conductor los castigara a todos.
Al final, su compañero de cautiverio callo. Había pensado que dormía. Pero cuando la luz gris llegada de mas allá de las hirvientes nubes empezó a llenar el elevado camino rocoso. Se dio cuenta de que estaba encadenado a un muerto. Grito y maldijo por lo que fue debidamente castigado.
Recordaba la forma en que el rígido cuerpo reboto de un saliente a otro hasta que, finalmente, se desvaneció en la espesa y pálida nube que cubría los valles del fondo.
Rodeo las estructura, palpando con su mano derecha. Por fin sus nudillos golpearon madera. Dio un fuerte golpe y la puerta se abrió. Se encontró con un pequeño patio casi tan oscuro como la noche que dejaba atrás.
Había un poco de luz, la suficiente para ver al grupo de personajes que estaba dentro. Uno de ellos se levanto y grito:
-Cierra de una vez la maldita puerta. Ya hace bastante frió aquí dentro.
No se encontraba en situación de discutir y de un golpe cerro la puerta de madera.
-¿Es así como se aloja a los huéspedes por aquí?.- pregunto de manera despectiva.
-Así es como se aloja a los listillos.- la respuesta vino del mismo hombre.- Este no es el mejor de los sitios para pasar la noche.
En aquel preciso momento, algo le golpeo con fuerza en la parte superior de la espalda. Sintió como la punta se introducía en su piel. Noto como el cuchillo salía de su espalda al escaparse de la mano de su atacante. Se giro y golpeo la barbilla de su asaltante con el talón de la mano, lanzando su cabeza bruscamente hacia atrás, mientras le daba un rodillazo entre las piernas. No tuvo ningún escrúpulo en aplastar la cabeza del hombre del cuchillo contra una de las columnas de piedra que sostenían el techo del porche. Se rompió como un huevo contra el suelo de adoquines. Sus sesos se esparcieron por el patio.
Gritos, oyó gritos. Se abalanzaban contra él. Había elegido un mal sitio para pasar la noche. Con el dolor que le producía la herida de las espalda saco su cimitarra y se encaro al grupo de humano que corría hacia él.
Con un golpe seco cerceno la cabeza de un tipo joven que se lanzaba contra el con una maza. Con otro giro sobre si mismo y con la mano que le quedaba libre lanzo una daga a uno de sus atacante quedando esta bien clavada en el cuello del bandido.
Pero no era lo suficientemente rápido, sintió un dolor punzante en una de sus costados. Le habían dado. Habían clavado una espada corta. Este parecía su final. Pero entonces el bandido que había conseguido herirle puso una expresión de dolor, una mueca de pánico y callo sobre él, tirando a ambos al suelo de adoquines.
Antes de dejarse olvidar en la oscuridad pudo ver que el bandido había muerto por una flecha. Una flecha elfica.
