Fëathoron
De repente la soledad se abalanzó sobre el corazón de Fëathoron…poco a poco, día a día, un abismo le iba devorando a un paso vertiginoso…para él la vida carecía de fugacidad sus días pasaban por pasar…el tiempo solo le arrebataba los recuerdos aquellos a los que Fëathoron nunca quiso volver pues siempre ha creído que no hay que mirar al pasado nada más que para aprender no para intentar convencerse a uno mismo de algo que ahora no tiene y antes tuvo.
Sin nada a lo que aferrarse pues el presente era pasado y el futuro no era claro Fëathoron estaba cayendo en la más profunda soledad pero justo antes de caer en esa fosa abisal en la cual una vez caes no puedes salir solo apareció una joven mujer muy hermosa la cual con el tiempo conseguiría sacara Fëathoron de aquella soledad.
Dicha joven decía llamarse Ithladin ella era una joven alta, cabellos de un color rojo intenso que avivaba las llamas de la pasión en cualquier corazón, sus ojos eran azules claros, tanto que podías imaginar que si los mirabas fijamente podías imaginar que estabas buceando bajo el mar en una perfecta armonía, tenía una mirada dulce que podía dejarte atónito, su sonrisa era tal que cuando ella reía yo creía que las flores a su alrededor florecían.
Fëathoron e Ithladin iban todos los días a la misma hora al mismo lugar en el que se encontraron por primera vez pero no eran capaces de hablar ni siquiera de moverse cuando estaban un frente al otro. Poco a poco ambos sin darse cuenta a través de esos encuentros tan extraños fueron conociéndose y no por sus actos o palabra si no por su corazón por la forma de mirar, respirar, andar, por cada gesto por la esencia presente.
Fëathoron no podía aguantar más sin oír la voz de Ithladin la cual debía ser preciosa, un día se armó de valor se acerco a la joven y le susurro al oído:
”Si pasase un día más y no pudiese abrazar a mi dulce amor, las estrellas dejarían de brillar…”
La joven mostró una ligera sonrisa y se giró cuando estaba frente a Fëathoron ella podía oír su corazón latir con tal fuerza que parecía que se le fuese a salir entonces ella le puso su mano sobre su pecho y le abrazó…permanecieron abrazados hasta el anochecer…cuando de repente Fëathoron dijo:
-Las estrellas hoy no dejarán de brillar
La joven le miró pero no le dijo nada…Fëathoron le pregunto que por que no hablaba con él…y ella no le contestaba…Fëathoron no entendía por que no hablaba…
La muchacha le agarró por un brazo y con diversos movimientos intentó explicar que ella no podía hablar ni escuchar…
Fëathoron comprendió…la muchacha estaba con lágrimas en los ojos pero Fëathoron la abrazó y la dijo:
”Se que no me oyes pero estoy seguro que sabes que te quiero…y es lo que importa mas sabes que yo no necesito oír tu voz para saber como te sientes pues tan solo una mirada tuya me dice más de lo que necesito”
La joven tras acabar Fëathoron de decir estas palabras le abrazó más fuerte como si su alma hubiera recibido el mensaje.
Pasaban los días y Fëathoron e Ithladin no podían separarse. Fëathoron se preguntaba por el origen de Ithladin pero nunca le preguntó pues el solo necesitaba estar con ella ahora y no el pasado. Lo que si que le llamó mucha la atención era un brazalete que llevaba en el brazo izquierdo…cuya forma eran dos delfines sosteniendo en sus bocas un brillantito azul, el cual a Fëathoron le pareció que brillaba de vez en cuando más de lo normal.
Pasaron unos cuantos años pero la belleza y juventud de Ithladin permanecían inmunes al paso del tiempo. Otra intriga más aun así Fëathoron no lo pensó mucho pues solo quería pasar el resto de sus días con ella.
Pero todo cambiaría mucho, el 15 de Thrimidge amaneció como otro día cualquiera engañando a Fëathoron pues de normal ese día no tendría nada.
Miró a su izquierda y no vio a su amada a la derecha y enfrente tampoco penó que habría salido a por algunos frutos, pero de repente sintió un agudo pinchazo en la nuca que se expandió por su cuerpo con la velocidad de un rayo…se puso en pie y salió corriendo hacia el lago…sin saber porque…una vez allí vió algo horroroso…Ithladin estaba acorralada por un grupo de orcos hambrientos y despiadados…Serían por lo menos unos 20 orcos…Fëathoron fue lo más rápido hasta allí…llegó a tiempo y se quedó al lado de Ithladin y la dijo que el la protegería que no la pasaría nada a lo que ella respondió con una sonrisa de gesto pícaro. Fëathoron agarró su sol naciente y lo lanzó contra los orcos con tal fuerza que desgarro las carnes de los 20, cuando el Sol Naciente llegó a su mano aparecieron el triple de orcos serían unos 60, esta vez el sabía que no podría con todos y prefería sacar de allí a Ithladin. Cuando se dio la vuelta para tomarla por el brazo y salir corriendo no estaba, giro frenéticamente hacia su espalda donde escuchó un fuerte estallido, sus ojos no podían creer lo que estaba viendo. Ithladin se abalanzó sobre los orcos y estaba usando magia estaba usando el agua…Fëathoron pensó que aquello era imposible Ithladin sacó una espada y dos dagas del fondo del lago con las cuales comenzó a combatir contra los orcos uno tras otros todos caían ante sus pies y Fëathoron no podía dar crédito a lo que veía…Entonces fue cuando ocurrió. Un arquero escondido en el bosque lanzo una flecha contra Fëathoron, Ithladin se dio cuenta y se interpuso ante la flecha y su objetivo principal y recibió el impacto de una flecha envenenada…Fëathoron comenzó a gritar desesperado de dolor y juró que daría caza al arquero…Ithladin se desmayó en brazos de su amado, al cual miraba con una mirada de dolor, quería que la perdonara por ocultarle sus poderes, por ocultarle tanto y ya no poder desvelarle nada.
Ithladin cogió el Sol Naciente y mediante gesto le hizo entender a Fëathoron que quería que le sacara la flecha…con ayuda de su Sol Naciente Fëathoron arranco esa flecha que atravesó a Ithladin desde entonces la sangre de su amada quedó impregnada para siempre en las puntas y dientes del arma arrojadiza…Ithladin reunió fuerzas se levantó y le entregó el brazalete a Fëathoron…con sus últimas fuerzas escribió en la arena que ese brazalete le protegería y que ella siempre le acompañaría y que quería que encontrase a otra compañera de no ser así ella no descansaría nunca en paz…Fëathoron cogió el brazalete y se lo colgó de una cadena que llevó siempre consigo.
Tras la muerte de Ithladin el decidió entregarla al agua la cual era su aliada no supo porque pero se la entregó.
Tras su funeral el impacto de esa pérdida fue tal que Fëathoron cayó al suelo y olvidó todo cuanto pasó, cuando despertó no podía explicar el porqué de ese brazalete que llevaba con él ni tampoco esa sangre en su Sol Naciente imposible de quitar…solo le quedó algo desde entonces sentía un odio mayor a los orcos…el no sabía porqué pero se lo achacó a la pérdida de su amigo y su hermano mayor pero no sabía que quizás el estaba maldito…sujeto a una maldición que destruye todo cuanto el aprecia y quiere a manos de los orcos. De vez en cuando miraba las estrellas y le parecía ver la cara de una mujer perfectamente dibujada en el firmamento y pensaba que era fruto de la soledad que comenzaba a divagar incluso algún día creyó estar enamorado de alguien que no existió e incluso le pareció que las estrellas se iban a caer por culpa de algo que dijo…
[Editado por wiccano el 05-06-2005 14:20]
