Fin Guerra: Alianza de Eithel-Glîn se retira del Combate
Armadas perdidas por \"Señores de Nurn\" = 21
Armadas perdidas por \"Alianza de Eithel-Glîn\" = 19

C2 Nurn Vs C4 Alianza
TerminadaEl ambiente se mostraba inquieto y la marcha del ejército era lenta y costosa. Hacía ya varios días que una leve lluvia descargaba tristemente su elemento sobre aquellos que se encontraban lejos de su casa, pero desde la tarde anterior la suave lluvia había dado paso a un agua dura que caía con fuerza desde el plomizo cielo, que era permanente en esas oscuras tierras de Nurn.
Las escasas noticias que llegaban hasta esa posición habían sido duras para los soldados porque sus bellas ciudades estaban siendo atacadas por las fuerzas de Tercano que mostraban ahora sus fuerzas promovidos por extraños acuerdos con las fuerzas malignas que se atribuían la propiedad de esas tierras. Pero en sus corazones, las tropas y sus capitanes confiaban en la fuerza de sus ejércitos y a pesar de esos daños no conseguirían doblegar la fuerza de sus espíritus, que no permitirían la venida de una oscuridad como la que antaño Morgoth instaurase en las desaparecidas tierras del norte.
Todos y cada uno de los soldados y habitantes de la Alianza de Eithel-Glîn darían su vida antes de permitir tal abominación y oscuridad en esas tierras, pues esperaban una vida justa y larga para sus hijos, que no tendrían bajo el sometimiento de aquellos viles seres que anteponían su bienestar y sus ansias de poder al de su pueblo que sufría en sus carnes la maldad de sus obras.
En esta situación, el ejército de la Alianza, abandonando la ocupación de la ciudad de Barad-Avathael, había emprendido su marcha hacia el este, adentrándose al fin en las tierras de Nurn. Los capitanes de la compañía habían enviado a los observadores élficos de mirada más intensa en busca de noticias acerca de la cercanía de tropas hostiles que hubiesen previsto su avance. Estos asintieron y con una leve inclinación partieron a cumplir su peligrosa y dura misión, pues la lluvia ya había empezado a caer con una mayor fuerza.
Dos días mas tarde los exploradores retornaron con la noticia de que una hueste de tamaño similar a la suya se localizaba a medio día de distancia desde esa posición. Malenril y Nyarél se reunieron con algunos de sus más fieles colaboradores y se plantearon sus posibilidades frente al enemigo. Los elfos enviados en aquella misión habían relatado la presencia de una gran cantidad de escoria orca, que evidenciaban de manera clara su existencia mediante las grandes trifulcas que organizaban entre ellos mismos, que solían terminar con el duro trato administrado por los capitanes de aquel ejército. En menor medida se encontraba una fuerza mas organizada, aunque de igual vileza en sus corazones, formada por hombres, perseguidos por la justicia por sus crímenes, que encontraron en el seno de aquellos dirigentes la posibilidad de adquirir más grandeza mediante sus horribles acciones, que, a pesar del amparo de las guerras, tenían difícil justificación.
Pero al mando de esa inmunda tropa se encontraban unos seres de corazón tan oscuro como el propio Sauron. Eran pertenecientes a la raza de los elfos. Mas estos elfos solo buscaban un reconocimiento entre el resto de regiones del continente de Haldanóri, a las que se imponían, llegando incluso a controlar sus acciones en promesa de mejorar su situación. Pero en el fondo ellos observaban a los demás con desprecio ocultado, considerándolos como simples marionetas que sabiendo moverlas adecuadamente podrían deleitarles con acciones, pero que con el tiempo al igual que sí de un juguete roto se tratara, no tendrían el menor reparo en eliminar, cuando sus gracias no les divirtieran y fuesen estos un estorbo a sus pretensiones.
Sus nombres eran Andir, Lómine y Allase, muy temidos por sus tropas por sus castigos si en la batalla no respondían con todas sus fuerzas por la gloria de sus señores. También eran reconocidos y temidos por sus enemigos, por la crueldad y el disfrute con el que acababan con la vida de aquellos que defendían a sus familias y conocidos de sus planes de destrucción y dominio.
El ejército de la Alianza marchaba al encuentro de aquella fuerza, pero el temor a un ataque por la retaguardia había dado como resultado la decisión de dejar cubierta la posición con una fuerza suficiente para impedir verse rodeados por ambos extremos. Así, los ents se quedarían expectantes de cualquier imprevisto, pudiendo estar cerca si la situación lo requería.
Habían previsto que se encontrarían con la compañía enemiga en el río que atravesaba las tierras de Nurn, y en sus riberas se desarrollaría la batalla. El camino del bosque resultaba ahora difícil, pues las fuertes lluvias de esos días habían arrancado varios árboles, y una gran parte del camino se había hundido ante la negra riada que aumentaba su caudal en cada momento antes de llegar al lecho del río.
Los capitanes, seguidos por hombres y elfos, descendieron ágilmente por la ladera desgarrada y pronto se encontraron en lo que poco antes constituía la ribera del rió. En esos momentos el agua corría veloz por entre piedras y pasto, arrasándolo todo a su paso, y dificultando el avance.
Fue entonces cuando se escuchó un estridente chillido proveniente del otro margen del crecido rió. Eran los orcos de aquella compañía nurnita que comenzaban a asomar por entre los sombríos árboles, a la cabeza de los cuales se hallaban aquellos que se llamaban a sí mismos sus señores.
Su semblante se mostró preocupado, pero la soberbia era algo de lo que no carecían, y pronto aquellos gestos se tornaron en retorcidos esbozos de sonrisa que evidenciaban un gran interés por la batalla y más aun por añadir una victoria que engrandeciese aun más su dilatado ego.
Tras un cruce de miradas, ambos ejércitos se prepararon para el enfrentamiento. La lluvia persistía, mas en esos momentos poco importaba su enorme descarga, pues la mente enfocaba otros objetivos prioritarios, como visualizar la posición y movimientos del enemigo.
El chapoteo de los pies empezó una música que seguiría con el silbido de las saetas emprendiendo su viaje a la orden de los capitanes. El agua poco a poco perdió su claro color y a cada paso se volvía turbia y embarrada, aunque finalmente se tornaría en carmesí, proveniente de la sangre que comenzaba a salpicar poco a poco la agitada superficie del agua.
Y llegó el momento del enfrentamiento cara a cara entre los dos bandos que se produciría en medio de la rápida corriente. Las fuerzas de la Alianza comenzaron a abarcar una superficie mayor intentando un ataque rodeando a su rival.
Malenril avanzó sobre el flanco norte, donde se encontraba la fuerza de los hombres de Nurn. Poco después las espadas inundaron con su sonido el espacio que había quedado tras la descarga inicial. Aquellos hombres peleaban con rudeza, pero no fueron suficientes para detener la fuerza y la furia con que los hombres y elfos de la Alianza les atacaban. El avance se hacía difícil y las voces de sus señores les inspiraban tanto miedo como su propia muerte, lo que les impulsaba a combatir incluso mediante artimañas sucias en beneficio de los suyos, tales como el echo de cegar a sus adversarios lanzándoles el barro que arrancaban del lecho fluvial si eran derribados. Entonces, y sin más miramientos, envainaban con un asesino instinto su espada en el cuerpo de sus desdichadas presas. Pero mal fin tuvieron estos hombres, pues fueron arrasados en su totalidad y las fuerzas de Nurn se vieron reducidas, aunque para llegar a este extremo la Alianza también sufrió enormes pérdidas.
Malenril se fue internando poco a poco en la batalla. El elevado número de orcos le había
separado de su grupo, y se internó demasiado entre aquella oleada negra que buscaba eliminar al capitán para aminorar la moral de sus gentes. En pocos instantes se vio rodeado por aquellos viles seres, mas a pesar de ello sus fuerzas no le faltarían para derribar a un enemigo que, por numeroso que fuera, aumentaba su energía en cada golpe descargado, pues ante aquellos seres no se podía tener la mínima piedad, y cada uno de esos seres batidos les acercaba más a un sueño de libertad que todo su pueblo anhelaba. Eran las esperanzas y las ilusiones depositadas por ese pueblo, y las de sus compañeros, las que le daban ánimos y fuerzas frente a cualquier enemigo por duro que este fuese.
El elfo, descargando con agilidad y presteza sus espadas, consiguió librarse de su cerco a la vez que animaba a sus hombres por la conquista de la victoria. Sufrió golpes en su esfuerzo, pero consiguió abrirse un camino mediante las espadas, mientras los miembros amputados de sus oponentes se hundían en las frías y oscuras aguas iguales que sus corazones.
Mientras tanto en el flanco sur, Nyárel se enfrentaba con parte del ejército a las oleadas de orcos, que arrasaban con todo lo que se les pusiera por delante en cualquier situación. Pero sus movimientos eran más lentos, pues el barro se había convertido en una pequeña trampa natural donde incluso la muerte de sus compañeros importaba si esto les permitía proseguir su avance. Nyárel controlaba la situación frente a la gran masa orca que se les echaba encima, pero cada vez él número de sus atacantes era superior.
En el campo de batalla las bajas se sucedían y era necesario reorganizar las tropas. Los capitanes dieron entonces las órdenes oportunas, y en las entrañas del río, y con el barro cubriendo cada vez más terreno, siguieron con su infatigable defensa en una situación más protegida.
Pero Malenril, mirando a sus hombres, consideró que no era necesario continuar en aquella contienda, y con voz alta y firme, ordenó la retirada del campo de batalla. Los soldados se fueron replegando y los arqueros volvieron a usar sus arcos para cubrir la salida de sus compañeros. Terminó entonces la batalla con una mayor pérdida para el bando de Nurn, que se mantuvo en el centro del río rodeado de sus caídos y su propia sangre.
A la caída de la tarde al fin el clima daba un alivio a los soldados y se pudo ver la puesta de un tibio sol ahora en un cielo claro y despejado de nubes. Varios fuegos fueron encendidos, para dar calor a los heridos y protegerse de cualquier otro ataque que pudiese acontecer en la fría noche que se esperaba, mientras los ents y algunos elfos montaban guardia para mayor seguridad.
Malenril se acercó a Nyárel que se encontraba sentada en una piedra y parecía agotada.
- Necesitas descansar un poco después del esfuerzo. El día ha sido muy largo.
-Aún no-respondió la elfa.-Mi ayuda será más importante para estos hombres en este momento. Descansaré en otro momento.
Diciendo esto se despidió del capitán y se acercó a una especie de camastro donde un hombre se debatía entre la vida y la muerte para ayudarlo en todo aquello que fuera preciso.
Malenril se quedó entonces en silencio. Pensó para sus adentros en los posibles movimientos de sus enemigos, pero no se producirían hoy, pues sus bajas habían sido numerosas. Además, según se comentaba, era su costumbre realizar un sacrificio en honor de sus dioses que en esos momentos parecían haberlos abandonado. Pero no sería fácil que encontrasen una víctima, pues nadie de la Alianza había sido abandonado a su suerte en manos de semejantes seres. Aunque no sería de extrañar que incluso los señores sacrificasen a alguno de sus propios orcos, para seguir imponiendo su poder entre aquellas criaturas esclavizadas, pues poco les importaba el destino de sus hombres si no mantenían su respeto, por lo que por pobre que resultase esa ofrenda a lo que ellos consideraban sus dioses, les serviría para otros fines mas personales.
El elfo dejó entonces de pensar en esos temas y levanto su vista hacia las estrellas que comenzaban a aparecer en la recién llegada noche. Y mientras el cielo se cubría de estrellas Malenril comenzó a pensar en sus compañeros y en los peligros que se cernían sobre ellos.
Fragmento de la carta dirigida a Seregruin Rodhraw Elugalad por Lómine Anamoriel y que narra los hechos acontecidos en la batalla de la Segunda Compañía de Nurn contra la Cuarta Compañía de la Alianza de Eithel-Glîn a orillas del Nen Girith; esta última procedente de Barad Avathael, en cuya batalla se produjo un singular enfrentamiento entre el mestizo nurnita y Malenril.
\"...La lluvia caía incesante sobre nuestras cabezas y se deslizaba acariciante bajo las armaduras y sobre la piel, abrumando los sentidos con su frío y delicado tacto. El cielo del mediodía permanecía oculto a nuestros ojos bajo el manto gris de las nubes, solo las luces de la tormenta irrumpían violentamente en la penumbra que cobijaba, e iluminaban por segundos los sombríos rostros de los soldados. El temporal había transformado aquella árida superficie en un pozo de lodo y fango pero la creciente de las aguas del Nen Girith terminó por convertirlo en un verdadero cenagal. El cauce del río había sobrepasado sus orillas y ahora se extendía sobre la llanura, llevándose consigo cuanto obstáculo encontrase en su camino. Aguardábamos expectantes la aparición de nuestro enemigo sobre la difusa línea del horizonte mientras las horas se sucedían una tras otra; los orcos comenzaron a impacientarse, susurros de protesta recorrían las filas y uno que otro golpetear de las armas sobre los escudos de madera delataban el enfado de las tropas, más ninguno de ellos se levantó contra las órdenes que habíamos impartido de permanecer en perfecta formación y completa calma.
Por fin entonces apareció el ejército de la llamada Alianza de Eithel-Glîn frente a nosotros, sus rostros lucían apesadumbrados y cansados por la larga travesía hasta nuestras tierras, pero en sus ojos se leía la determinación y total entrega a su causa. Encabezando la marcha se hallaban dos elfos: Malenrin, el Sinda de rubios cabellos y Nyárel, la doncella del crepúsculo, cuya belleza sobrepasa los relatos que, supongo, habrás escuchado por algún viajero. Eran muchos, demasiados... los espías enviados días atrás daban cuenta de una cantidad menor a la que ahora se mostraba ante nuestros ojos, temí por el resultado de la batalla pero no por ello dejé de sonreír con desdén al enemigo. Andir detuvo nuestra avanzada, tal vez para dar tiempo a los soldados de la Alianza de contemplar a quienes serían sus verdugos y a su vez para enseñar a las huestes nurnitas las presas que esperaban ser cazadas.
La batalla se desató tan inesperadamente que los arqueros de la Alianza tardaron en reaccionar, nuestros los orcos aprovecharon el momento para embestir sin piedad a los desdichados soldados pero las saetas no demoraron en surcar el cielo para clavarse en los toscos y torpes orcos nurnitas, cuyos cuerpos cayeron inertes sobre el lecho del río. La voz de Andir se levantó nuevamente y a su llamado acudió presurosa más de la mitad de nuestras fuerzas, quienes arremetieron sin asomo de piedad contra las fuerzas rivales, la mitad restante se replegó bajo nuestro mando. La Alianza intentaba una jugada maestra y peligrosa y demoramos un poco en darnos cuenta de sus astutos planes: una parte de sus fuerzas avanzaban desplegadas abrazando poco a poco a nuestros soldados, y luego, cerrado el cerco, nos destrozarían sin demasiados inconvenientes. Uní mis guerreros a los guerreros de Allase y con presteza logramos impedir las aspiraciones de Eithel-Glîn. A mi espalda podía escuchar los desgarradores gritos de agonía que se levantaban en ambos bandos, el sonido de los cráneos al romperse bajo los mazos, la carne al ser tajada por filo de las espadas, las entrañas cayendo sobre las turbias aguas del Nen Girith resonaban en mis oídos cual dulce melodía. La batalla recrudeció, el lodo y la fuerte corriente del ancho río entorpecían nuestros movimientos, algunos de nuestros orcos huyeron ante el férreo y constante ataque de los soldados de la Alianza, pero encontraron la muerte en manos de sus propios compañeros.
Caí entonces mientras luchaba contra un pequeño grupo de guerreros del sur y Nwalmë escapó de mi mano, uno de ellos se abalanzó sobre mí buscando mi pecho con su espada, pero logré evitarlo, más al girar para alcanzar mi arma sentí como el frío acero atravesaba mi costado, ignorando mi dolor me levanté y corté de un tajo la cabeza del soldado. Y se escuchó la voz de Malenril y las fuerzas de la Alianza se replegaron en retirada.
Grandes pérdidas se contaron entre sus hombres pero más aun entre los nuestros, y temo que los prisioneros capturados mueran antes de ser ofrendados a los oscuros dioses de Nurn. Andir y Allase también resultaron heridos, al igual que la mayoría de nuestras fuerzas restantes; el campo se halla cubierto de cuerpos y los cuervos han llegado hasta ellos poco antes del atardecer, esta noche disfrutarán de un suculento banquete.
Permaneceremos en el campamento un par de días más mientras aguardamos la muerte o recuperación de muchos de nuestros soldados, luego retomaremos la marcha a través de las tierras de Nurn y nos haremos a nuevos refuerzos militares, y volveremos a la batalla porque esta derrota ha de ser borrada de los anales de la historia... solo la victoria nurnita se escribirá en Haldanóri.
Te dejo entonces, mi amado mestizo, confiando en que darás cuenta a mi señor Shulak, quien se encuentra contigo, sobre lo acontecido en nuestro enfrentamiento; él se encargará de comunicarlo a los demás Señores de Nurn y de preparar los refuerzos a la llegada de nuestra compañía.
Enteramente tuya,
Lómine Anamoriel\"
Resumen de la batalla:
Nurn ha perdido 21 armadas x35= 735 puntos.
Recuperables: 245 puntos.
Valoraciones: 7+7+8+9+8+8=7,83
Recupera: 192 puntos. Los dirigentes has sufrido daños por valos del 150%, por este concepto recuperan 525 puntos. Total recuperacion: 717 puntos.
Pierde: 18 puntos.
Alianza ha perdido 19 armadas x35= 665 puntos.
Recuperables: 443 puntos.
Valoraciones: 6+7+8+8+6+8= 7,17
Recupera: 318 puntos. Los didigentes han sufrido daños por valos del 40%, por este concepto recuperan 140 puntos. Total recuperacion: 458 puntos.
Pierde: 207 puntos.
Alianza recibe 300 monedas por batalla ganada.
Alianza cede 100 monedas a Nurn por abandono de la batalla.
Compañias actualizadas y listas!
Saludos desde Valinor
Historia finalizada.