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Fin Guerra: Alianza de Eithel-Glîn se retira del Combate
Armadas perdidas por \"Tercano Nuruva\" = 10
Armadas perdidas por \"Alianza de Eithel-Glîn\" = 8

Historias, leyendas y batallas en las tierras olvidadas de Arda.
Edicion 2
Finalizada · 08-09-2004
2005:07:23:09:55:54
Fin Guerra: Alianza de Eithel-Glîn se retira del Combate
Armadas perdidas por \"Tercano Nuruva\" = 10
Armadas perdidas por \"Alianza de Eithel-Glîn\" = 8
“Ya llegara el amanecer y con el los rumores de una batalla que se avecina”.-Pensó Haradriel, no había dormido nada y ahora se encontraba cerca del rió, meditando. Fue entonces que sintió una presencia, Luthan se había acercado a ella poniéndose a su lado.
-Al parecer nadie ha dormido esta noche.- le dijo, indicándole que mirara hacia una roca: ahí estaba Feandra, mirando a lontananza.- esperemos que no le de uno de esos famosos ataques en la batalla.- los dos rieron por un breve instante- prepárate Haradriel, debemos partir ya, al parecer Tercano quiere atacar antes de lo previsto.
-Luthan debes irte entonces, antes de que el camino del enemigo se cruce con el bosque.
-Por eso he venido hablar con vos Haradriel, recuerda que tu estarás en el blanco delantero con los arqueros, mientras que Feandra estará detrás ti; todo debe salir como lo planeamos, de eso depende la victoria.
La muchacha lo miro y asintió. Feandra se acerco a ellos y su mirada era a la vez entre preocupada y segura.
-La tierra se agita, eso quiere decir que no deben andar lejos, esos trolls hacen demasiado ruido.- les dijo la elfa.- presiento que aunque la victoria este en nuestra filas, algo pasara y no me da mucha confianza. Debo prepararme, los veré en la batalla; que Eru os proteja.
Feandra se fue tan rápido como llego y los dos capitanes no dijeron nada, simplemente asintieron y ellos también dieron por terminada esa rápida charla.
Cuando Feandra llego, encontró a las tropas listas para enfrentarse al enemigo, en el flanco delantero ya se encontraba Haradriel y los arqueros estaban a su lados, miraban hacia el este, esperando a que apareciera el enemigo; las tropas podían sentir el aire ralo de la respiración de muchos seres vivientes, que esperaban ansiosos la acometida, sabían que la muerte los esperaba, pero que la victoria también. Pronto el ejercito de Tercano, se acerco pasando por el bosque sin detectar la presencia de los ents.
Haradriel sentía como temblaba la tierra con el paso de los trolls, suspiro ya era hora, se puso en posición, tenso su arco al igual que lo demás y disparo, la perfecta sincronización de todos los arqueros hizo que dieran en el blanco, se escucho el grito de los que caían, la operación se repitió y esta vez ellos también recibieron la envestida, Haradriel veía caer a su compañeros una y otra vez, sin embargo no se inmuto.
-¡Ocúpense de los trolls ellos son los peligrosos!.- les grito, ahora algunos elfos apuntaban en dirección a los trolls.- ¡fuego!- grito Haradriel antes de recibir el roce de una flecha en su ropas, se reviso y vio que no era grave; continuo disparando, sin embargo la arquería del ejercito enemigo ya no disparo, ahora se abalanzaban sobre ellos.- sacad sus espadas.- rápidamente todos hicieron lo que ordeno.- ¡Por la Alianza!.- les dijo antes de atacar a su primer oponente.
La infantería estaba lista para atacar, Feandra esperaba, se encontraba al frente de sus tropas ,sabia que ha pesar de estar la arquería y la caballería , su desplazamiento tenia que ser eficaz , solo las tropas tienen ese poder de decidir la justa en campo abierto así como en combate cerrado por los flancos, ordeno a todos el silencio profundo, necesitaba oír los movimiento enemigos , un suspiro, un lamento, algún respiro que indicara donde se les escondía el miedo al enemigo, saber si tu enemigo tiene dudas de si mismo es importante ya que eso es señal de flaqueza y por lo tanto de victoria, a un movimiento de su mano la infantería saco sables, espadas y hachas , el suave escalofrió producido por el desenvainar de los sables se oyó a leguas de distancia produciendo el efecto que ella quería, entre las tropas enemigas se sintió la duda, entonces clamadamente se oyó el grito de Haradriel, aquella era la señal esperada, la infantería de la Alianza se levanto lanzándose a la carrera contra el enemigo que se preparo para recibir la embestida, fue tal el golpe que se oyó a la distancia: como huesos y gargantas crujían y se desgarraban. Al frente y contra de toda cordura Feandra avanzo con sus sables en mano , decapitando cualquier ser que tuviera la insensatez de ponérsele al frente , en avances con movimientos giratorios abrió brecha dentro de la infantería enemiga, miraba dentro de su ser y lo único que sentía era un fuego voraz que le sacudía en lo mas profundo de su alma, no había avanzado realmente mucho cuando estaba totalmente cubierta en sangre enemiga , a su lado pudo ver a sus valientes tropas arremeter contra el enemigo , con orgullo y tristeza contemplaba como algunos caían a su lado y tal visión lo único que producía era que la ira fuera tomando forma y sus brazos tomaran mas fuerza para terminar lo empezado , en ese estado era inclusive peligrosa hasta para sus propias tropas…
Haradriel se movía en perfectos círculos uno dos tres estocadas, así mandaba a la mayoría de enemigo al suelo, los hería, mas nos los mataba, algo había en ella que le impedía hacerlo, avanzaron rápido entre el ejercito enemigo, pero de repente la muchacha sintió que algo iba mal, volteo hacia su lado izquierdo y percibió a Feandra, la elfa comenzaba a tornarse agresiva, Haradriel sabia que en ese estado, su amiga era demasiado peligrosa, era mejor no intervenir, debía dejar que danzara con la muerte y que la abrazara hasta que no quedara nadie al frente que la interrumpiera, fue entonces que diviso a alguien peligroso, un elfo le apuntaba a Feandra , le iba disparar justo en el corazón, Haradriel se movió rápido entre los enemigos llegando hasta el y dándole una estocada con la espada, sin embargo la flecha sí se disparo dándole en la pierna a la elfa, esta gimió de dolor, pero era tal su estupor que se la quito y siguió peleando; la humana sonrió y continuo asestándoles golpes a los soldados tercanos.
Las tropas enemigas iban ganando, era la hora Rochwin le grito a un hombre y le ordeno sonar el cuerno, cuando este lo hizo, los ents comenzaron a moverse lentamente por detrás de las tropas de Tercano y con ellos venia la caballería dirigida por Luthan, el choque fue mas tremendo que el anterior, los ents aplastaron a la mayoría que se encontraban en el camino, mientras Luthan barría con los orcos de la infantería Tercana, que se encontraba sorprendida ante la envestida de la Alianza. Luthan se movía magistralmente en su corcel, derribo a varios, pero entonces el también recibió una sorpresa, un troll le dio rápido alcance mandando a el y a su caballo por lo aires, el animal corrió asustado y Luthan se levanto adolorido, tenia que moverse si no el enorme troll lo aplastaría, saco su espada y se preparo, sin embargo no lo alcanzo atacar, pues algunos elfos comandados por Feandra le habían disparado múltiples flechas al troll dejándolo en el piso, Luthan hizo un ademán dándole las gracias y llamo a su caballo que regreso junto a su amo, subió velozmente y comenzó de nuevo a atacar a los orcos…
Haradriel se encontraba no muy lejos de ahí, luchando con el que se le ponía enfrente. Entonces sintió que el viento venia fuerte del este y el mismo presentimiento que hacia unas horas tenia preocupada a Feandra, le toco el corazón, debían irse de ahí, ahora que podían, la muchacha comenzó a buscar a Luthan y a la elfa, los dos se encontraban luchando arduamente, no había tiempo de avisarles, Haradriel no tuvo mas remedio que mandar a sonar el cuerno de la retirada, los capitanes le vieron confundidos.
-Retirense, saquen a todos los que puedan de la batalla.- les grito.- Feandra, tu presentimiento puede hacerse realidad y eso nos puede costar demasiado, ¡vamonos!
Luthan asintió y toco la retirada, al instante los jinetes comenzaron a llevar a los que podían en sus corceles y los ents hacían otro tanto, Haradriel miro a Feandra, aun estaba dudosa: “¿Por qué?” pensó la elfa, si estaban ya cerca de acabar con todos y de obtener la victoria; Rochwin la miro y le grito otra vez, entonces Feandra obedeció muy a su pesar y ella también dio el toque de retirada, la orden fue cumplida y con muchos gritos de cólera y rabia las tropas infantes de la Alianza obedecieron. Y mientras regresaban, lloro por todos aquellos de sus hombres que no volverían a ver la luz del sol.
Un sol muy tímido alumbró las cimas vestidas de perpetuo blanco y el frío viento de la mañana cedió ante uno más amable, aunque igualmente gélido.
La mirada de Sincarion aduría escrutadora el panorama que se presentaba en pos de un nuevo conflicto bélico.
Una masa considerable de soldados enemigos se había apostado en los muros de ‘su’ ciudad. Muchos desmanes habían causado y mucho odio suscitarían, por parte de él y sus gentes.
A lo mejor no esperaban que la defensa de la ciudad llegase tan rápido. A lo mejor creían esta sería una empresa fácil, donde pudiesen saquear tan rápido como correr de vuelta al escondite. De nada valía suponer posibles. Se hallaban ante Barad Hithgwath, y sin duda alguna los haría pagar haberse acercado siquiera, a sus blancos muros.
Parado ahí, sobre una colina cercana a la ciudad, Sincarion realmente proyectaba una imagen imponente, aunque al mismo tiempo tenebrosa. Los negros ropajes que portaba eran cual las nubes en las que se habían fundido. Una nervadura de hilos dorados reflejaba su dominio sobre la electricidad y dos rayos finamente labrados, entrecruzados en la espalda, magnificaban ese concepto.
A un lado de Sincarion, ligeramente más baja, se erguía en noble estatura la bella Sulankalië Ar-Feiniel. La Noldo, no se veía disminuida ante el Maia, aunque su voz temblaba ligeramente al enfrentarlo, pues poco era el cariño que le profesaba al Oscuro gobernante de aquellas tierras.
-Hemos llegado rápido, y aún si nos esperasen no han tenido tiempo para organizarse lo suficiente. Observa esa diminuta batahola de guerreros, bajo la torre septentrional. - comentó Sulakalië y agregó un ademán primoroso a su explicación.
<<¿Cómo harán estas Damas, para no perder el encanto aún ante la inminencia del cataclismo?>>, pensó Sincarion mientras caminaba taciturno, en busca de las restantes dos Capitanas, Nélidë y Hyara.
Las elfas esgrimían sonrisas de lo más preciosas, invocadas por alguna pequeñez graciosa. ¿No veían la superioridad numérica del enemigo, o no querían verla?
Tanto optimismo le provocaba náuseas.
No tardó en preferir la compañía de los Orcos, que aún inmundos y deformes parecían más sensatos que las Señoras. No los movían ni los ánimos altruistas de los elfos ni buscaban el honor y gloria que los hombres ansiaban. Eran soldados idiotas a ultranza, pero sumamente útiles.
Caminó entre las filas acobardadas por su presencia sin siquiera dignarse a mirarlos directamente, después de todo, tan solo competían en quien era más repugnante que el otro.
Un lamento muy agudo lo obligó a dirigir la mirada a la masa guerrera. Quien chillaba era un orco petizo y cojo. Sincarion tan solo arqueó una ceja para señalar la espera de una explicación.
Al percatarse aquella desdichada aberración de lo sano, que se habían fijado en él, sustituyó el gemido por vocablos y pronunció al tiempo que señalaba con una mano temblorosa a otro orco
-Fue él...me...él me cortó...me cortó el pie...y...ay...que...-hizo un gesto lastimoso mientras se tocaba la herida haciéndola sangrar a propósito.
-¡Me robó! – vociferó el acusado, antes claro, que su cabeza rodase dejando una profunda impronta en la nieve y de paso, una estela de sangre infecta. Sincarion, en un rápido movimiento había decidido acabar con aquel mísero ejemplar.
Un segundo movimiento cercenó el pie sano del otro orco, lo cual mereció un único comentario que sonó a algo parecido a – Por ladrón. – tras lo cual también le fue arrebatada la cabeza.
<<Por inútil.>>, pensó rompiendo las filas para alejarse de aquella escoria orca que comenzaba a inquietarse con su presencia.
Sin duda las elfas eran mejor compañía, aún cuando más reticentes a seguir sus órdenes.
La desgana más indigna se había posicionado primera en las maneras del Maia.
Sincarion estaba intranquilo. Algo lo tenía descontento y oprimía su alma como pocas veces. ¿Acaso había empezado a sentir aquello de lo que tan sonoramente se burlaba?¿Acaso las brumas del ‘presentimiento’ se habían apoderado también de su mente escéptica?
A un centenar de metros, en una pequeña meseta del terreno, Sulankalië y Nelidë estaban organizando las tropas. La situación era sin duda muy distinta a la idílica pauta que describían los manuales de caballería. ¿Qué tropa normal atendía a las ganas de filosofar de los capitanes sobre la Vida, la Muerte, la Entrega y otro sinfín de prejuicios ‘nobles’ cuando para muchos aquel sería el último respiro de vida? Ninguna pensante, sin duda.
Lamentablemente esta batalla será contada tal cual fue, pues el cronista que se da ínfulas de gran poeta, decorando las ‘hazañas’ y acalorando los combates, no logró encajar entre las hoscas tropas tercanas, teniendo que marchar al Sur.
Ni las armaduras relucían, ni las tropas estaban completamente listas. No faltaba el que afilaba la espada a última hora, o el timorato joven que mojaba la entrepierna por el miedo. De que eran unos salvajes en el combate, no cabía duda, pero los de Barad Hithgwath distaban mucho de los nobles guerreros de la ya hace tiempo pasada, Primera Edad, simplemente porque estaban vivos, porque eran personas (o en su defecto orcos), que tenían mejores cosas que hacer que dar la vida por una ‘causa’ de cuyo sentido realmente dudaban.
Y las Capitanas debían lidiar con todo aquello. Sus melodiosas voces élficas habían cambiado ostensiblemente en el último tiempo. Algo más roncas habían aprendido a imponer su voz por sobre el barullo de la tropa y repartían órdenes eficaces cual si fueran otro de los guerreros masculinos.
Esa sutil diferencia entre un Eldar y un Edain, entre un hombre y una mujer, había acabado por desperfilar sus influencias.
Está de más precisar el comienzo del conflicto, pues no es algo que se decida de un momento para otro. Muy pronto Sincarion se vio rodeado de frenéticos soldados que propinaban golpes casi sin pensar.
Sulankalië era más apasionada que el Maia, y por cierto no conservaba el primor que este había acusado en la mañana. Al mediodía, la elfa podía jactarse de una veintena de moretones bajo la cota de malla, una costilla rota, una ceja partida y dos uñas moradas.
El sol comenzó a golpear con más fuerza, derritiendo parte de la nieve. El efecto: un lodazal insufrible.
Nélidë y su compañera estaban en el corazón mismo del conflicto, con la esperanza de encontrar una presa de mayor calibre.
-¡Eh! ¡Nélidë, mira! Esa ¿mujer?... ¡allá! - comentó señalando a una figura de enigmáticos ropajes, que revelaban la presencia de alguien ‘atípico’.- Debe ser alguien importante...¡piénsalo!, ¿cuántas mujeres andamos metidas aquí? Pocas, debes ser de la elite guerrera.
-Tienes razón. ¡A por ella!
No tardaron en alcanzarla. Nélidë no esperó a que se le ordenase para tensar el arco y apuntar donde debía, al corazón.
Escuchó algo como ‘cuidado con el elfo’ y no pudo dejar reír para sus adentros.
-Sul, ya no somos dignas de nuestro sexo. Hagamos valer entonces lo único en lo que no podremos perecernos a los nobles varones.
La otra elfa sonrió antes de precipitarse sobre su contrincante. Pero su enemiga tampoco estaba sola, pues alguien más la alcanzó con su espada e introdujo con habilidad la hoja en sus carnes prietas.
Sintió el dolor mucho antes de asumir la herida. Sus rodillas flaquearon y cayó sobre estas, indefensa e incapaz de sostenerse en pie. Había dejado caer la espada a un lado y ahora se presionaba casi intuitivamente el vientre. Antes de caer inconsciente tosió un par de veces, y para su espanto, estaba botando sangre.
Nélidë se había opuesto con potencia avasalladora a las Señoras de la Alianza, que no tardaron en ceder ante la inminencia de una tormenta aún mayor. En los ojos de la elfa brillaba el reflejo de una ira insigne, de aquellas que solo se sienten una vez y cuyo odio marca el alma hasta el fin de los días.
Las siguió con la vista mientras se retiraban, mas luego una punzada en el corazón le recordó a la herida.
- ¡Ar-Feiniel!¡Ar-Feiniel!¡Qué te han hecho esas bestias inmundas! – y lloró por cierto, al ver la cantidad de sangre que teñía la nieve contigua. - ¡Oh, hija de Caranthir, me temo que el hado nefasto de tu gente también te ha alcanzado a ti, una que intentó huir de él, albergada en las Haldanóri!
Sulankalië ya no la entendía por más que se esforzase en descifrar los sonidos que aún llegaban a sus oídos. Las imágenes también se habían distorsionado, y los colores del paisaje se diluían, confundiéndose unos con otros. El frío, y la ineptitud que conllevaba este, ya eran difíciles de soportar. Al borde de perder los sentidos y caer en las sombras de la inconciencia, pudo distinguir una serie de contracciones rítmicas de sus músculos. Ya tenía convulsiones.
Nélidë tan solo lloraba más fuerte y desconsoladamente, y cuando llegó Sincarion entre sollozos apenas le pudo explicar lo sucedido.
El Maia tenía marcado en el rostro el espanto puro, pero se armó de fuerzas y levantó en brazos a la elfa para llevarla con las sanadoras, a pesar que a esta hora de poca ayuda le serían realmente las sabias curanderas.
El tiempo recrudeció y los vientos orientales trajeron nubes oscuras y cargadas de llanto. Los relámpagos no tardaron en surcar los cielos, para cuando las tropas de la Alianza ya habían abandonado las cimas Tercanas.
Habían defendido la fortaleza con valentía ejemplar, pues aún cuando no habían ganado, no querían hablar de derrota, mas si la desgracia de Sulankalië llegaba a sonora pérdida, mucho habrían de lamentar. Por ahora sus ánimos estaban en vilo tras los gruesos muros de la ciudad que sufría las inclemencias de una tormenta levantada por la misma maldición que cargaba la doncella, y los ánimos furibundos del Maia que acompañaba su agonía.
Tristes, muy tristes se tornaron aquellas horas, que quedarían grabadas en la memoria popular concentradas en ‘Delothya’, o ‘el Día Aborrecido’.
Resumen de la batalla:
Tercano ha perdido 10 armadas x35= 350 puntos.
Recuperables: 117
Valoraciones: 9+9+9+7=8,5
Recupera: 99 puntos. Los dirigentes han sufrido daños por un 65%. Por este concepto recuperan 228 puntos. Total recuperacion: 327 puntos.
Pierde: 23 puntos.
Alianza ha perdido 8 armadas x35= 280 puntos.
Recuperables: 187
Valoraciones: 7+7+6+5=6,25
Recupera: 117 puntos. Los dirigentes han sufrido daños por un 60%. Por este concepto recuperan 210 puntos. Recuperan la totalidad de los puntos perdidos.
No pierden puntos.
Alianza percibe 75 monedas por la batalla ganada.
Alianza entrega 100 monedas a Tercano por abandono de la batalla.
Compañias actualizadas y listas.