Edicion 2
Haldanóri, Las Tierras Ocultas
Finalizada · 08-09-2004
El Renacer Del Pueblo
2005:11:01:00:43:15
Telimektar
Telimektar, llevaba varios días raros, no bajaba de su bajel y tampoco recibía visitas. Mas Narairë estaba preocupada por el, desde que llegara de la búsqueda de la Reina Neldoriel, ni una sola palabra había dicho ni siquiera en la boda de Laitainë y Archaon. En su mente las palabras de Neldoriel resonaban:
“Ahora mi destino me lleva lejos de estas tierras y una nueva Reina se alzara, nuestro linaje comparte- le dijo”
“Quien es mi señora, al menos dame su nombre, solo su nombre- le dijo
\"Bien conocida por ti es, tu sangre corre por sus venas, y tu hija será la elegida para conducir estos nuevos días- le dijo y esas fueron sus ultimas palabras”.
Este hizo llamar a un soldado y le dio un papel para que se lo llevara a Narairë.
El soldado bajo del gran bajel y monto en su corcel y con gran velocidad recorrió las calles de la ciudad y tras llegar al palacio busco a Narairë y le dijo:
-Mi señora, Telimektar le manda este mensaje- le dijo mientras le daba el papel
- Gracias y dale recuerdos a mi padre y que venga a palacio- le dijo mientras el soldado montaba en su corcel y se iba tras saludarla.
Fue entonces que Laitainë y Archaon entraron en el patio de armas y se dirigieron hacía Narairë que miraba extrañada el papel y Archaon le dijo:
-¿Aun no baja de su barco? Que es lo que le diría Neldoriel para que se quedara así- le dijo
-A lo mejor lo dice aquí- le dijo mientras habría el sobre y leía en voz alta- “Narairë convoca a los capitanes de las compañías esta tarde, al ocaso en el Gran Templo hay que hablar es urgente”
-¿Que ocurrirá?- dijo Laitainë
-Será otra sorpresa de las suyas- dijo Archaon riendo
-Si eso es lo que quiere que sean convocados, ahora mismo- dijo mientras llamaba a un soldado para que acometiera ese encargo.
Mientras tanto en el barco, Telimektar se colocaba sus mejores galas, bajó del barco y monto en su corcel y recorrió las calles tan veloz como si fuera una luz plateada.
Llego al templo y tras apearse del caballo entro en este e hizo llamar a un soldado y le dijo:
-Cuando lleguen los capitanes que pasen a la gran sala de los Valar y que nadie entre en el templo hasta que os lo ordene- le dijo
-Así se ara mi señor- le dijo
Telimektar entro en la gran sala seguido por Laurë y este se sentó a los pies de Tulkas mientras este preparaba junto a un grupo de mujeres la sala para la tan inesperada reunión. En la gran sala se coloco una bella mesa redonda de cedro y se colocaron las sillas para los invitados y en cada una coloco un papel con el nombre de cada uno de ellos. Este miro a las mujeres que estaban colocando jarras de agua y sus correspondientes copas fue entonces que les dijo:
-Gracias por haber ayudado en este cometido pero ahora quiere estar solo, aparte la sala ya esta preparada- les dijo
-Así lo haremos señor Telimektar si necesitáis algo solo debéis llamarnos y vendremos enseguida- le dijo una mujer mayor.
-Lo tendré en cuenta y gracias – les dijo mientras estas se iban de las ala y tras de ellas cerraron las grandes puertas y el silencio inundo la estancia.
Este camino alrededor de la mesa mientras cogía una vela y encendía las grandes pirras de incienso, un suave olor a canela inundo la sala y este pensó en que como que aun faltaba mucho para que llegaran pensaría en las palabras que le dijera Neldoriel mientras descansaba al regazo de Manwë, este se encaramo a la estatua y se tumbo en sus rodillas. Allí se quedo dormido pero un ruido lo despertó y poniendo la mano en su espada miro hacía abajo y vio a Dregnor sentado en el trono mientras que Narairë miraba las notas y esta dijo:
-Tenemos que irnos, mi padre a preparado una reunión de los capitanes- dijo
-I que ¿ acaso no somos los reyes? Tu mandas sobre el y acatara lo que le digamos- dijo riendo
-No me gusta que hables así de el- dijo Narairë mientras cogía un sobre y veía su nombre escrito- veo que yo estoy invitada al igual que tu
-Acaso lo dudabas somos los soberanos- dijo y otra vez se rió
- Aun no- le respondió ella
Fue entonces cuando Telimektar salto desde lo alto de la estatua y quedo entre los dos y dijo:
-El momento ha llegado, sal del trono no te pertenece ya que la Alianza solo tendrá una Reina. No eres nadie para reclamar un titulo que te es negado, y si diera la casualidad que un día desposaras a mi hija yo mismo me encargaría de que no tuvieras ese titulo, eso tenlo por seguro- dijo mirándolo con furia
Fue entonces cuando las puertas se abrieron y por ella entraron los capitanes de las compañías, los más implicados en el ejército estaban allí. Una voz clara resonó en la sala y esta dijo:
-Gracias por haber acudido y ahora tomad asiento mis camaradas- les dijo mientras guardaba su espada
-¿Se puede saber que haces Dregnor sentado en el trono?- dijo Archaon
- Ahora sale de el tranquilo, se confundió de sitio, ¿ no es así Dregnor?- le dijo Telimektar
Este salio del trono pero no respondió a la pregunta de Telimektar y se sentó al lado de Narairë la cual miraba sin poder decir nada.
-¿Por qué nos as reunido aquí y a que se debe?- le dijo Laitainë
-Ahora lo sabrás mi bella dama, una última voluntad tengo que cumplir, ordenada por Neldoriel y ahora sabréis el motivo de mi clausura en el barco- les dijo mientras se acercaba a ellos.
Una calma tensa se poso en la sala y fue entonces cuando Telimektar dijo:
- Ya sabréis que salí a buscar a la Reina Neldoriel, lo que no sabéis es que la encontré pero ella no quiso regresar. Una charla tuvimos en el bosque y ella me dijo” El mal llama a las puertas de la alianza y yo ya no puedo defenderla, mi destino esta lejos de vosotros pero no os diré adiós, es una nueva era para el pueblo y necesita a una soberana capaz de defenderlos como yo no pude. Mi ultima voluntad es cederle el reinado a la joven pero no menos capaz Narairë, de un gran linaje desciende y con tu ayuda podrá reinar como se lo merece este reino, pero no la quiero imponer por eso habladlo con los capitanes y que se elija y no por imposición.” Eso es lo que dijo la dama Neldoriel y ahora os pregunto señores ¿Queréis como soberana a la dama Narairë?- dijo mientras miraba a cada uno de ellos.
Árchaon
Un gran siliencio se hizo en la sala, todos quedaron callados, mirándose los unos a los otros, al fin, Árchaon se puso en pie:
- Esa es la desición de mi hermana, y exijo que deba ser cumplida, pues mi corazón me dice que la joven Nararië ha de llevar el peso de esta Alianza, mas, sin duda alguna, guiada y servida de nuestra ayuda- Habló mientras se acercaba a la joven, después tomó su mano y se arrodilló ante ella.
Telimektar sonrió antes las palabras de Árchaon, y en seguida, volvió a sentarse en su correspondiente sitio.
Lo mismo dijo Malenril, apoyando la elección de la nueva reina.
Árchaon volvió a hablar:
- Sólo me queda aclarar una cosa, mas se de la relación entre Nararië y Dregnor, y opto por aclarar que el título de reina solo quedará reservado a vuestra hija, Telimekatar- miró al Maia y giró de nuevo la cabeza- No es nada personal contra vos, Dregnor, pero así ha sido determinada la voluntad de los Dioses...
Y de nuevo, un silencio abrumador inundó al estacia...
Eleanor Ronaele
Mientras estos hechos ocurrían ante el resguardo del sol nocturno una elfa de fríos ojos verdes,de un cabello color sangre y de una postura digna de reyes....sin embargo lágrimas caían sobre aquel rostro oculto por lo pliegues de su capa,andaba lentamente por el camino sobre su caballo y acompañada por un felino de ojos tan verdes como los de su ama
Así llegaba a las puertas de la ciudad capital de la Alianza de Eithel-Glîn esta dama de cabellos ocultos
Laitaine Numeniel
Laitaine se unió a lo dicho:
- Sólo existe el título de Reina, mi señor Dregnor, vos seríais el rey consorte, mas en mi opinión ese título no conlleva ningún derecho sobre el poder ni el trono. Pero si la voluntad de la Dama es cambiar esta situación, que así sea, aunque debo puntualizar que, como ya ha dicho Árchaon, la voluntad de los Valar es que sólo una Reina dirija la suerte de nuestra Alianza, y cambiar, o infringir, esa voluntad podría acarrear consecuencias que desconocemos.
La elfa se detuvo un instante, y continuó:
- Pienso que es mejor aceptar esta voluntad, pues si ese es el deseo de Eru Ilúvatar, debe ser respetado, ya que él ha asignado este poder sobre nuestra Señora, indirectamente. No cambiemos el Destino por una banalidad. - Laitaine se dirigió a Dregnor- Si os unís a la Reina, supongo que será por amor, y no por un lugar en el trono. En este caso, el título de Rey os debería resultar indiferente.
Después de esta reunión, la elfa marchó a descansar la mente.
Amanecía ahora un nuevo día tras las cortinas de la habitación de Laitaine. Un rayo de sol las traspasaba, posándose sobre el rostro de la elfa. Ésta se incorporó, y fue a lavarse la cara a la fuentecilla que estaba en la esquina de la sala, rodeada de plantas trepaderas. Después de desayunar frutas recién recogidas del bosque, Númeniel fue informada de que una extraña había llegado a la ciudad, y que al parecer tenía intención de quedarse. Fue a reunirse con el resto para darle la bienvenida. Una vez hechas las presentaciones y dadas las benciones, la dama fue invitada a un banquete como recibimiento. En verdad era misteriosa aquella dama.
Laitaine fue la encargada de asignarla sus aposentos, así que nada más terminar la comida, se levantó para enseñárselos.
- Mi señora, si no le importa seguirme, le mostraré la que será su habitación.
Ambas se dirigieron a la puerta que conducía al pasillo principal. Tras atravesar grandes salas envueltas en vegetación, y largos pasillos de piedra, llegaron por fin a una puerta labrada.
[Editado por Laitaine_Numeniel el 19-07-2005 21:55]
Eleanor Ronaele
Eleanor se sorprendió por tan caluroso recibimiento y con total prudencia se mantuvo callada.
La elfa al ser llevada ante aquel banquete simplemente retiro la capucha de la capa demostrando su cabello de aquel color rojo intenso y sus ojos fríos.
Notó que el soldado que la conducía aquel lugar se sorprendió por la extraña apariencia de la elfa mas continuó guiandole.
Allí se encontró con seres de distintas razas con los cuales sólo se miro.
Al terminar aquel manjar una elfa se levanto diciendo:
>Mi señora, si no le importa seguirme, le mostraré la que será su habitación.
Sonriendo ella se levantó también aunque su sorpresa iba en aumento....así ambas se dirigieron a la puerta que conducía al pasillo principal. Tras atravesar grandes salas envueltas en vegetación y belleza,por interminables pasillos de piedra, llegaron a una puerta labrada en madera.
En este lugar le dejo la elfa a la cual le dirijio unas palabras que ella habría de entender....Ronaele dijo >Hantalë y la elfa sonriendo se retiró
Aquella habitación era sencilla pero agradable.
Una dulce vista se veía desde aquella habitación,el sol parecía ingeniarselas para iluminar más de lo necesario aquel lugar...la frescura de la brisa que por la ventana entraba deleito a Eleanor
Envuelta por este manto de belleza se baño y cambio sus ropas por un vestido blanco que apenas contorneaba la figura de la elfa.
Sus cabellos quedaron atrapados por una diminuta red roja que desaparecía entre sus cabellos.
Así bajó y nuevamente se maravilló...por la mente de este ser apareció la idea de residir un poco de más tiempo del planeado
Laitaine Numeniel
Una vez dejó a la Dama Eleanor en la puerta de sus aposentos, Laitaine salió de palacio, hacia la Gran Biblioteca. Allí pasó todo el día y parte de la noche, envuelta en historias sobre grandes hazañas que ocurrieron antaño, antes incluso de que los Noldor volvieran a la Tierra Media. Tanto tiempo transcurrió leyendo, sumida casi en un trance, que no notó siquiera la llegada de la noche, y siguió entre los libros iluminada por la luz de la Luna. Sólo la sacó de ese sueño las risas de alegría de unos hombres que paseaban por las calles, y que problamente llevaran más vino de lo normal en su sangre.
Númeniel se dispuso entonces a dejar la gran sala, y descubrió al hacerlo que el celador había dejado la gran llave que la cerraba a los pies de su sillón.
-Espero que si algún día vuelven a atacarnos, no esté por ese entonces leyendo, porque de ser así seguro que sería la última en enterarme y la primera en morir. - pensó la elfa para sus adentros, y una sonrisa escapó de sus labios.
Cogió la gran llave, y cerró la puerta a sus espaldas. Laitaine dirigió sus pasos hacia uno de sus rincones favoritos, en el que la maleza y un arroyo del bosque atraviesan las murallas de Tyelpëosto. Se sentó en una roca, y hundió sus pies y parte de sus vestido en una charca. Últimamente no dejaba de pensar en ciertas cosas. Estaba ella entonando una dulce melodía cuando oyó algo moverse entre las ramas. Antes de que pudiera mirar arriba, su hermano había dado un salto y se había sentado a su lado.
- ¡Fëathoron! Vaya susto me has dado...¡suerte has tenido de que no llevaba mi daga encima! - dijo Laitaine abrazando a su hermano.
- Alassëa lóme, Uibrana, - la elfa sintió un escalofrío cuando escuchó ese nombre.- y dentro de poco tendré que decirte: Alassë \' aurë. ¡Llevas todo el día desaparecida! - su hermano se descalzó y también metió sus pies en el agua.
- Verás...últimamente...el pasado me ronda demasiado en la cabeza...
- ¿A qué te refieres? - la interrumpió su hermano, que a pesar de estar la noche bien avanzada, seguía fresco de mente.
- Pues...no sé...siento ganas de volver a lo que yo era...a salir por las noches a los bosques, a sentarme en una gran hoguera con las gentes de los pueblos y escuchar su música...realizar aquellos rituales en honor a Elbereth...
- ¿Estás diciendo que te quieres marchar? ¿Volver a nuestra antigua vida? ¿Errando sin sentido de un lado para otro? - la reprimió Fëathoron.
- ¡No! No es eso...amo esta ciudad, aquí he encontrado mi sitio, te he encontrado a ti...y no quiero volver a vagar...sólo...no sé...tal vez lo que necesite es desmadrarme...
- ¿Más? - rió su hermano - No creo que sea eso lo que quieres...Laita - él la abrazó - Pasas demasiado tiempo en tu mundo, y eso es lo que te trastorna. Lo que necesitas es algo más de alegría, de fiesta...
- Hermano, eso es lo que te acabo de decir...- Laitaine rió- Bueno, no así exactamente, no tan radical...
- ¡Alegría, hermana! - ambos se levantaron- Vayamos ahora a dormir, y si es lo que quieres, iremos durante un tiempo al bosque, así te demuestro lo buen montaraz que soy. Pero aún es pronto, dentro de unos días se llevará a cabo la coronación, y eso es algo que no nos podemos perder.
Númeniel y Fëathoron fueron cada uno a sus aposentos, y descansaron sus mentes. Hermosos sueños les rondaron, y una sonrisa asomaba en sus rostros dormidos.
[Editado por Laitaine_Numeniel el 23-07-2005 19:59]
Fëathoron
Cuando Fëathoron finalizó la conversación con su hermana este partió a sus aposentos a descansar, a la mañana siguiente se dirigió a la posada, en el camino encontró en la ciudad a una joven muchacha cuyo rostro relucía con el sol del mediodía pero era contrarestado con sus negros cabellos que parecían absorber dicha luz , mediante un sutil mecanismo…
Fëathoron se acerco a la desconocida y se presentó:
-Aiya , mi nombre es Fëathoron soy hermano de Laitaine y desde hace poco deje de vagar por los bosques para unirme a la defensa de la hermosura de esta ciudad, y vos ¿quien sois?
Tras la presentación y un rato decidió partir a la posada el motivo no lo sabía pero tenía que ir … al llegar junto a él una ave que le resultaba familiar le entregó el siguiente mensaje:
”Señores de Eithel-Glîn,
Os remito la presente con motivo de unos hechos acaecidos en las lejanas tierras del Norte, en los territorios de los Señores de Nurn. Para nuestra indignación, una ciudadana vuestra ha osado quebrantar nuestras leyes, atacando una guardia armada de Elfos que custodiaba las Mazmorras de Las Grietas de las Libertinas.
No toleraremos este ultraje, y habéis de saber que ha sido apresada y trasladada a los lugares más oscuros de Nurn, las Mazmorras de Yaimë Farnë, en Narmelost.
El castigo más severo le será inflingido, a menos que enviéis un representante con labores diplomáticas, a fin de llegar a un acuerdo que satisfaga nuestra terrible cólera.
Sabed que aquél que porte esta carta, gozará de un salvoconducto que le permitirá entrar en los territorios de Nurn, y dirigirse exclusivamente a Las Grietas de las Libertinas, donde le estaré esperando.
Sin más que decir,
Delissë Yestariel, Señora de Nurn”
Inmediatamente pensó en Eleanor y partió en su búsqueda sin previo aviso mas que una carta que pasó a su hermana por debajo de su puerta la cual decía:
”Hermana en busca de Eleanor mi corazón y mi mente me han empujado, mas no me puedo demorar ahora he de partir al encuentro de mi destino y afrontarlo con serenidad, no se cuanto durará mi partida y mientras dure quiero que tu seas la encargada de portar aquí mi sonrisa y mis lágrimas pues tu eres parte de mi y yo lo soy de ti, recuerda que te quiero mucho un gran abrazo. Fëathoron”
P.D.:”Da un apretón de manos de mi parte al gran maestro Malenril, un beso en la frente de mi parte a mi querida reina Naraire, un recuerdo a mi amigo Archaon, y deja un gran adiós en el clan en mi nombre y que todos me recuerden como Fëathoron, sangre de tu sangre”
Y este partió sin demora hacia el desconocido reino dominado por los nurnitas.
Su partida era clara como el agua que recorre los ríos desde las montañas deslizándose suavemente hasta desembocar en grandes mares, su regreso turbio era como la sangre estancada de una batalla que arrastra consigo la pena, tristeza y la maldad…
Fue Raven la última en verlo desde que partió de la hermosa ciudad y quien sabe si sería la última en verlo con vida.
Árchaon
Vagaba por el Taurënúva cuando una silueta vio a lo lejos. Un caballo portaba un cuerpo encima y salía de la ciudad con gran rapidez.
El Maia silbó, y al poco un precioso tigre albino salió de entre los árboles: Silvaron.
- Vamos hermano a averiguar quién es.- Sonrió al tigre mientras subía a su lomo.
Rápidamente salieron del bosque, Silvaron recorría ahora raudo la distancia que los separaba del hombre a caballo, y en poco tiempo se colocaron a su altura. El caballo se detuvo. El muchacho descubrió su rostro. Se trataba de Fëathoron.
- ¿Dónde vais con tanta prisa, amigo?- Sonrió Árchaon mientras estrechaba su mano.
- Parto hacia las tierras de Nurn, pues un asunto me empuja allí, Eleanor ha sido hecha prisionera por un delito que cometió, ahora responderé por ella.
- ¿Os acompaño?
- No, Árchaon, pues agradezco la ayuda, pero yo sólo me presentaré ante la Señora de Nurn..
- Está bien Fëathoron, que os sea leve el camino. Nai Eru varyuva len e Mára valto.
- Häntalë Árchaon. Namarië.
- Namarië hermano.
Así, el elfo marchó al galope mientrasel Maia observaba como se alejaba su compañero.
En seguida volvió a la ciudad, mas había escuchado la noticia de que un nuevo miembro había llegado hasta allí, una elfa, y la presintió y la buscó.
Una elfa de pelo oscuro, de ojos verdes cuales los del Maia.
Se acercó a ella y le habló:
- Aiya mi señora. Soy Árchaon, Capitán de la Quinta Compañía del ejército de la alianza.
- Aiya Árchaon- tendió una sonrisa.- Encantada de conoceros, mi nombre es Muineth Edledhriel.
- Encontrad aquí todo lo que merezcáis, mas mi corazón me dice que vuestra vida no ha sido fácil. Sabed, pues, que os ayudaré en lo que necesitéis. Ahora debo irme, ya nos veremos mi señora.
Y tras mostrar una sonrisa se alejó por entre la gente...
Muineth Edledhriel
Como una sombra sobre un caballo silencioso.
Así entró Muineth Edledhriel en la capital de Eithel Glîn.
Venida de muy lejos, la elfa atravesaba el portón de entrada casi sin ser percibida, para su alegría y también para su pesar. No quería atraer las miradas de los extraños, pero echaba de menos una palabra dirigida a ella.
Viajaba por todas las tierras que se iba encontrando, sin rumbo y sin prisa. Había sido expulsada de su hogar por una injusticia hacia ella… no, no debía pensar eso: se le había apartado de los demás elfos por su crimen, un horroroso crimen… totalmente fortuito. Pero así era la ley de los Eldar.
No prestaba atención a las calles que iba atravesando, no veía el mármol de las hermosas estatuas ni las bellas fuentes plateadas que daban nombre a la ciudad. Sus ojos vagaban sobre las crines de su caballo Sador el Fiel, el único amigo que le había acompañado al exilio. Estaban empapadas de sudor a causa del calor y del largo viaje. El valiente animal estaba exhausto.
- Sí derithannen, Sador – “pararemos aquí”, dijo la joven, porque joven era, incluso para los mortales. Aunque la amargura tocaba su rostro, sus ojos no tenían la profundidad de varias eras vividas.
Muineth bajó del caballo y lo llevó hacia una de las fuentes. Allí se sentó, acariciando al animal mientras bebía, y dejó su mente vagar entre el verde follaje de su bosque natal…
- Aiya, mi nombre es Fëathoron soy hermano de Laitaine y desde hace poco deje de vagar por los bosques para unirme a la defensa de la hermosura de esta ciudad, y vos ¿quien sois?
Cogida por sorpresa, la muchacha pegó un respingo y miró al altísimo elfo con ojos agrandados por el miedo. Este le sonrió, y la doncella se relajó un poco. Observó su túnica oscura y… notó algo familiar en ella, pero no lograba saber el qué…
- Suilad, Brannon… - dijo con voz dulce, como el susurro del viento en las hojas- Saludos, Señor. Disculpad mi comportamiento, pero… no estoy acostumbrada a que los míos…
De repente, sus palabras se quebraron. Una nube de tristeza y malos recuerdos empañaron sus ojos de esmeralda. Feäthoron, intrigado por la reacción, preguntó su nombre.
- Mi nombre… -la chica recuperó la compostura, pero hablaba tan bajo que Feäthoron tuvo que inclinarse para oírla- Allá, en Eryn Daergalen, era conocida por… - un suspiro escapó de sus labios otrora rojos, ahora pálidos por el esfuerzo de recordar tiempos penosos- Muineth, la Joven Querida.
Muineth, absorta en sus recuerdos, no notó el cambio de expresión del elfo al conocer el origen de la mujer. Los recuerdos se agolpaban en la mente del majestuoso elfo… pero quería saber más sobre su joven -y asustadiza – pariente lejana…
- Un nombre muy hermoso –sonrió el elfo-, apropiado para vos… ¿Quiénes son vuestros padres? Tal vez haya oído hablar de ellos…
-
Muineth negó con la cabeza. Su cabello negro como el ónice se alborotó sobre sus hombros. Cuando habló, lo hizo con amargura.
- Mi familia y mi nombre me fueron negados tras mi…– Muineth calló; había hablado demasiado sobre su vida pasada, ¡pero hacía tanto tiempo que alguien de su raza no le dirigía la palabra!-… mi partida.
- ¿Y cómo debo llamaros entonces, joven dama? – preguntó Feäthoron, curioso ante la reserva de la joven.
Muineth se sintió desconcertada por la amabilidad mostrada por ese elfo, que adivinaba era de más alcurnia que ella… y seguramente habría viajado mucho más.
- Ya que os he dado mi verdadero nombre –dijo, sonriendo débilmente-, llamadme así: Muineth.
- Así lo haré, Heryn Muineth o Eryn Daergalen– dijo Feäthoron, devolviéndole la sonrisa. Parecía tan desprotegida… dudaba mucho que pudiera siquiera levantar la extraña espada que escondía bajo su negra capa.
“Si necesitáis algo, voy hacia la posada “El Dragón Dorado”. Allí estará mi hermana, Laitane. La reconoceréis enseguida: es alta, y lleva un brazalete de plata con un delfín. Os acogeremos con gusto en el seno de nuestros amigos. Cuio Mae, Meldis nîn”. Y dicho esto, Feäthoron partió.
- Cuio Mae, Brannon… - murmuró como en un hechizo Muineth mientras veía alejarse al elfo. Había sido encantador con ella, como no lo había sido ningún elfo desde su caída en desgracia… pero, ¿qué era un delfín?
Para su asombro, su caballo dejó de beber y empezó a correr tras Feäthoron. Por mucho que lo llamara – Sador, Tolo! “¡Sador, ven! – el animal no obedecía… al cabo de un buen rato persiguiéndolo por la ciudad, lo encontró ante una puerta con un dragón dorado pintado en ella. No había duda: estaba en “El Dragón Dorado”, la posada que el Elda le había dicho.
Ató al animal en una posta mientras lo reñía, y entró en el local. Multitud de seres de todas las razas se sentaban en la barra o comían en las mesas, mientras reían ruidosamente. En medio de todos ellos, una elfa de pelo rubio-castaño, asombrosamente parecida a Feäthoron, parecía ajena a la diversión. Muineth brincó al ver el brillo de un brazalete en forma de un animal extraño… supuestamente, “eso” debía ser un delfín…
- Suilad, Heryn –saludó Muineth en su lengua- Mi nombre es Muineth y creo saber que sois Laitane, hermana de Feäthoron…
- Y yo creo saber que vos sois la muchacha de Eryn Daergalen de la que mi hermano habló antes de marchar… -dijo la bella Laitane con una voz que a Muineth le sonó a las olas del mar… aunque nunca había visto el mar- Sed bienvenida a Eithel Glîn.
¿Marchar?
- ¿Vuestro hermano ha salido de viaje, señora? –preguntó con tristeza la muchacha: le había caído bien… y lo que era más importante: era el primero de su raza que le hablaba en tanto tiempo…
- Así es, me temo… pero no es un viaje cualquiera –Laitane hablaba con calma, pero en su voz se notaba un deje de temor-: una emisaria de este reino está en problemas en las tierras de Nurn y él ha acudido en su ayuda. Con la ayuda de Elbereth volverá pronto…
Muineth no habló. Había estado en Nurn no mucho tiempo atrás, y sólo gracias a su habilidad para escabullirse había salido indemne de esas tierras de guerra…
Acarició la empuñadura de Cristaras, su espada con empuñadura de cuerno de ciervo, como siempre hacía cuando se encontraba angustiada…
- Si me necesitáis, Señora… -su voz sonó temblorosa, pero sincera- mi espada está a vuestro servicio.
Laitaine Numeniel
Laitaine Númeniel tenía aún la carta de su hermano entre sus manos. Estuvo pensando bastante tiempo y, finalmente, se dirigió a la biblioteca de Tyelpëosto. Allí escribió estas palabras a Fëathoron:
Hermano mío,
La noticia de tu partida me ha tomado completamente por sorpresa. Ten cuidado. Y libera lo antes posible a la Dama Eleanor. Pero no podré esperar a tu regreso, sabes bien que llevo días escuchando en mi mente la llamada del Bosque, de la vida errante, y no puedo desoírla. Creí que partiríamos juntos, mas no puedo demorar más este ansia en mi pecho. No te preocupes, cuando logres salir de las tierras de Nurn, sabrás donde encontrarme.
Uibrana
Firmó estas palabras con un sello con la marca de dos delfines entrelazados. Enrrolló el pergamino, y lo ató a las patas de Henmegor, su halcón. Salió la elfa a una gran terraza, y le soltó. Laitaine le siguió con la mirada, hasta que sus ojos de elfa no fueron capaces de seguir a su ave, rumbo a las tierras de Nurn.
Mas tarde bajó la elfa hacia la posada, y allí se encontro con la Dama Muineth. Al conocer los hechos, ésta no dudó en poner su espada a al servicio de Laitaine, hecho que ella agradeció:
- Se lo agradezco enormemente, mi señora, pero no creo que pueds, podamos, hacer nada por ahora. - Su mirada denotaba tristeza. - Y, decidme, ¿cómo que nunca habéis estado en el Mar? - Se detuvo momentáneamente, y siguió. - Aunque debo deciros que, el verlo una sóla vez, a él y a sus criaturas, por muy hermoso que sea luego te deja un gran peso en el corazón. Por eso yo procuro estar cerca de él.
- Si, he oído historias sobre el Mar, mas nunca a nadie he oído nada acerca de los delfines, a excepción de a vuestro hermano.- Respondió Muineth.
- ¿Delfines? Son las criaturas más hermosas que existen. Mirad. - La enseñó el brazaleta que llevaba. - ¿Bonitos, verdad? - Laitaine sonrió a la recién llegada, y pidieron algo para almorzar.
[Editado por Laitaine_Numeniel el 25-07-2005 20:49]
Fëathoron
Una paloma revoloteando y volando agilmente y con gran vitalidad atravesó la puerta de la posada y se acercó a la mesa en las que las dos damas, Laitaine y Muineth se disponían a almorzar y dejó caer el siguiente mensaje:
\"Hermana mía, gustosamente os informo de que Eleanor Ronaele será puesta en libertad, pero no regresará a estas tierras nunca más pues juzgada con la pena de muerte está. No obstante Eleanor, si pisara estas tierras deberá ser dicha visita acreditada con la invitación de un nurnita, el permiso de mi señora Delisse Yestariel, y mi consentimiento.
El acuerdo se cerró con la prestación de mis servicios a la dama Delisse Yestariel hasta que ella lo crea necesario, algo me dice que pronto será...
No os preocupéis por mi pues estoy recibiendo un trato excelente y os puedo asegurar que no me falta de nada, se fuerte y atiende a tu corazón.
Acordaros de informar de mi ausencia y como será solventada el delito de Eleanor. Acordaros también de agradecer a Archaon su generosidad al ofrecerse a acompañarme.
Hablad de mí a la dama Muineth y cuidadla, pues su presencia me denotó una gran falta de cariño, arropadla con vuestro calor hermana mía.
Dad recuerdos a mi reina Narairë y expresadla mi sentimiento de dolor ante mi ausencia en su futura coronación y recordad a los demás mi nombre y saludadlos...
Saludos de Fëathoron...\"
La paloma retomó el vuelo con vivacidad y pronto fue perdida de vista por las elfas que a continuación se dispondrían a leer dicha carta...
Laitaine Numeniel
Laitaine se sintió aliviada cuando leyó la carta de su hermano. Pero algo todavía inquietaba su corazón. Se marchó de la posada, y comenzó a entregar los mensajes que su hermano la había escrito para el resto de miembros de la corte del Tyelpëosto. Mas tarde se retiró a sus aposentos.
Su hermano había recibido su mensaje, o eso creía, a pesar de que no había hecho referencia alguna al por qué ella le había citado. Porque la elfa no podía esperar más. Hubiera deseado partir con su hermano, pero ya se había demorado demasiado, y el ansia por volver al bosque la estaba afectando no sólo a su corazón, sino también a su mente. Por ello, una noche abrió su baúl, y se vistió con aquellas ropas de cuero marrón que usaba antaño. Se trenzó el cabello, y con unas hojas trituradas se pintó unas marcas atravesando un ojo, a la manera de los montaraces de el Reino de el Bosque. Preparó a Alagos, y se dispuso a marchar, mas recordó que no se había despedido de nadie. Volvió a palacio, y dijo adiós a todos los que les eran más allegados, y luego fue a despedirse de la Dama.
- Mi señora, - dijo Laitaine- debo deciros que he de marchar esta misma noche.
- ¿Marchar? ¿Y a qué es debido? ¡Y justamente cuando falta tan poco para la coronación! - contestó esta.
- Es mi hermano...debo ir a buscarle, intuyo que no se encuentra bien...
- Dama Laitaine, algo me dice que no estáis siendo sincera. - la interrumpió.
- Mi señora...yo...lo siento...- de repente, la voz de Númeniel se paralizó, su mirada se cristalizó y se perdió en la nada. La Dama Narairë posó una mano sobre su hombro, y pudo distinguir algo parecido a una llama en los ojos de Laitaine. Ésta salió de su trance, y en susurros dijo estas palabras:
- Uibrana ad maetha...
Sin más, se dio la vuelta, y se marchó al galope. Atravesó las puertas de Tyelpëosto, y se dice que cuando llegó al bosque, una nube de niebla la rodeaba.
Así Laitaine Númeniel dejó paso a su lado savaje, hery Uibrana, y volvió a los bosques, a la vida errante de la que provenía. Pero no sería por mucho tiempo, amaba demasiado a la Ciudad de Plata.
Árchaon
Una sombra cruzó rauda entre los árboles del bosque.
Árchaon estaba tendido en un árbol una una oscuridad completa que lo rodeaba. Se incorporó y siguió a aquella sombra que recorría el oscuro bosque.
Así pues, el Maia se acercó a aquella sombra erguida sobre un caballo y la detuvo. La sombra se sobresaltó y paró al corcel.
- ¿Quiénes sois?- Preguntó el Maia cuyo semblante era muy serio.
Sólo obtuvo una risa como respuesta.
- No me habéis entendido bien..¿Quiénes sois?- elevó la voz.
- Árchaon por dios, no me levantes la voz.
Era una voz de mujer, y en seguida la reconocio..
- Laitaine...¿dónde vais?
- Dejo un tiempo estas tierras. Quiero volver a ver los bosques y a errar por ellos como hacía antes de venir aquí...lo echo de menos y lo necesito..
Hubo un silencio prolongado.
- Harías mucha falta para la Alianza ahora...pero si ese es tu deseo...cumple con él. Y aunque las cosas entre nosotros no han salido como ambos hubieramos querido, te echaré de menos.- el maia agachó la cabeza y le tendió la mano.
- Anda ven...- sonrió la elfa mientras le daba un fuerte abrazo..
- Cuidate Laita, si te ocurre algo o estás en problemas solo has de lanzar tus palabras al viento y yo las escucharé.
Ella asintió mientras se despedía y marchaba de nuevo al galope montada en Alagos...
Haradriel
Entro la noche y una joven con el rostro cubierto por un velo que solo dejaba ver sus hermosos ojos y acompañada de un corcel negro, miraba el linde del bosque de Taurënúva, habia llegado por lado oeste despues de haber vagado por extrañas tierras; paso por las Ered Formen sin ningun problema, para despues cruzar el hermoso rio Lindërant.Y ahora veia aquel bosque con asombro, parecia como si los árboles le invitaran a pasar y el viento le aconsejara entrar, susurrandole que estaria a salvo y que su propio secreto seria guardado como un tesoro entre la corteza de los habitantes. La muchacha sonrio y se dio cuenta que aquello ameritaba algo mas y que si ahora se iba, el destino cambiaria al igual que muchas otras cosas.Bajo del corcel, le susurro una palabras en una lengua extraña y comenzo a adentrarse entre los arboles, seguida del caballo que no estaba muy de acuerdo con su dueña. No habia caminado demasiado cuando se encontro con una sorpresa, abajo de las raices de un árbol se encontraba una pequeña estancia, solo habia unas ropas perfectamente acomodada sobre una tumba de hojas, a la joven de nuevo le parecio que el bosque la estaba ayudando, ahora tenia un lugar comodo donde quedarse y ropas nuevas; se acerco, tomo uno de los vestidos eran muy hermosos y extraños a su ojos de Haradrim, entonces se le vino a la memoria los vestidos de su madre, aquellos que tenia guardados en un baul y que rara vez sacaba ¡si! eran iguales a los de su madre solo que el color era distinto, supo entonces que ahi estaba segura y que no habia nadie que la esperara a exepcion del bosque, se quito el velo junto son sus ropas y por ultimo sus armas, las dejo muy bien resguardadas en el arbol, despues se puso uno de los vestidos, entonces y sin darse cuenta se convirtio en el vivo retrato de su madre.Salio del arbol para ver a su corcel que relincho de alegria al verla bien.
-A mi tambien me da alegria, ver que ya confias amigo mio.- le acaricio la mancha en forma de estrella blanca que tenia en la frente.- nos quedaremos aqui un tiempo, desde este momento eres libre de andar entre los arboles, cuando sea hora de partir, yo te llamare, adios Elvaralas que tu camino se prodigioso. Dicho esto el corcel relincho y echo a correr.
Fue asi que Haradriel las hija de los haradrim entro en las tierras de la alianza y en el bosque de Taurënúva permanecio durante mucho tiempo, porque ahi se sentia en su lugar, vagaba entre los árboles sin temor a que alguien la viera, tomaba el agua de una pequeño manantial que emanaba de un arbol y comio las frutas que estos le otorgaban y dormia en aquel arbol sobre la tumba de hojas, tan suave como en ninguna cama en la que habia descansado antes.
Y una noche mientras caminaba, le dieron unas ganas inmesas de bailar, asi que bailo y tanta fue la energia de aquella danza que el espiritu se elevo por los cielos mientras el cuerpo se movia y era tal su estupor que no se dio cuenta que los arboles cambiaron y que las estrellas lucian diferentes; cuando el trance acabo y el espiritu regreso al cuerpo, ella se econtraba muy cansada, se recargo en arbol mas cercano y respiro muy profundamente, fue entoces que se dio cuenta que algo era diferente,el tiempo ya no era el mismo, comenzo a caminar y mientras mas lo hacia mas se daba cuenta que aquel no era el bosque al que habia llegado, aun cuando los arboles le trataban de la misma forma.¿que estaba pasando? se pregunto Haradriel, no tuvo tiempo para responderle porque escucho claramente una voz masculina detras suyo.
-¿Neldoriel eres tu?.- le pregunto, posando una mano sobre su hombro obligandola a que volteara.- En verdad que no era un adios, de nuevo nos hemos encontrado.
Haradriel lo vio y se asusto retiro la mano de su hombro y comenzo a correr, el la llamo de nuevo y la busco, pero no la encontro, los arboles habian protegido su secreto, la habian protegido a ella.Cuando llego al árbol al que habia llegado a llamar hogar, se sintio aliviada ¿quien era aquel que la habia llamado Neldoriel?, la habian confundido con su madre; lo que era peor aun:estaba segura que el se habia llevado una sorpresa y que no habia pasado mucho tiempo desde que por ultima vez viera a Lairelossë, Haradriel se confundio mas y muchas hispotesis respecto a lo que habia pasado conmenzaron a formularse en su cabeza, se recosto en la tumba de hojas y al rato se quedo profundamente dormida, sin embargo aquella noche no fue como las demas.
[Editado por tari el 02-08-2005 07:43]
[Editado por tari el 02-08-2005 07:46]
Telimektar
La sorpresa de ver a la que creía que era Neldoriel, pudieron más que el sueño y el cansancio de los preparativos de la coronación. Pero algo extraño noto al tocar a la joven, muchas y borrosas imágenes le asaltaron la mente y ahora intentaba ordenarlas.
La vio a ella en tierras de Harad viviendo en un pequeño poblado, allí tuvo a dos bellos bebes, pero la cara de ellos les era borrosa. Después otra asalto su mente y era la de Neldoriel lanzándose al vació y las lágrimas asaltaron su rostro pero este se toco las mejillas y dijo:
- ¿Por que lloro, acaso no se que se a reunido con nuestros hermanos de Aman?, allí estará a salvo de todos los males que asolan estas bellas tierras pero como le dije en su día la protegeré con mi vida, hay algo que se me escapa o los Valar me ocultan sobre nuestra amiga del bosque, solo a una dama vi moverse con esa gracia en el bosque y esconder su rastro tan bien y esa fue la reina Neldoriel- dijo mientras volvía a montar a su corcel y galopaba hacía el Gran Templo ahora cerrado por orden directa suya.
Allí dentro grandes artesanos trabajaban para tener lista la ceremonia, grandes pabellones de plateada tela se levantaban en el césped mientras que dentro los hombres de Aran ceñían las nuevas coronas a los Valar, pero eso eran trabajos para ellos el suyo le esperaba en las fraguas ya que de sus manos saldría la corona de la Alianza, una joya digna de tal poder y esplendor.
La mejor plata de Anor había sido traída desde Aran y Malenril había regalado como agradecimiento por el Señorío de las Minas una cantidad bastante grande de diamantes rosas, raros de encontrara y muy a preciados.
Los fuegos ardían y las llamas se alzaban sobre los yunques, mas el olor a azufre y a carbón llenaba la sala.
Telimektar se despojo de sus vestimentas y se puso unas menos elegantes pero mas adecuadas para el trabajo, este cogió un pequeño cofre de madera y se acerco lentamente hacía el fuego, allí derramo poco a poco la plata. Pero esta no se fundiría con un fuego normal sino con el fuego de Arda, las manos levanto y susurró palabras de fuerza y belleza, consagro la corona a cada uno de los Valar y así ninguna mano donde el mal habitase podría tocarla sin quemarse y esas quemaduras jamás sanarían como en su día se hizo en los famosos Silmarils.
Cuando los primeros rayos del sol tocaron esa bella obra, las lágrimas afloraron en su cara, jamás había hecho nada tan bello, parecía que fuera de hielo pero a su vez tenía un brillo al fuego que habita en toda criatura.
Pero su trabajo aun no había terminado, ya que dos grandes cofres esperaban ser trabajados, cofres de donde saldría su nueva y mortal arma, este hizo lo mismo que antes pero cuando la palta se estaba fundiendo derramo un poco de su sangre en esta y tomo un color mas rojo de lo normal, muchos golpes dio al metal hasta ver sus esfuerzos hechos realidad, una gran hacha de doble filo había salido de ella pero ahora le faltaba un mango que pudiera resistir tal peso, para ello fue al bosque donde antaño paseaba la dama Neldoriel, pero algo le llamó la atención el bosque cantaba, estaba feliz y decía entre susurros:
- Ahhhh vuelto… nuestra luz ha vuelto- susurraban las hojas
Haradriel
La mañana llego y la muchacha desperto mas relajada, se cambio el vestido por uno limpio y salio del árbol, de nuevo sintio aquel cambio en los árboles,sabia que habia otros que vagaban entre ellos, sin embargo no se preocupo estaba a salvo, nadie la encontraria a menos claro que ella lo deseara; tomo agua del manantial y comio las frutas que estaban preparadas para ella, despues se levanto y comenzo a caminar como hacia casi todos los dias desde que llegara a Taurënúva, pero esta vez los hizo con mas cuidado. Se detuvo de pronto ahi estaba aquel hombre(aparentemente), escuachaba antento a la hojas, Haradriel tambien entendio lo que decia el canto aunque no lo comprendio del todo, se escondio detras de un arbol por temos a ser vista, el paso sin detectar su presencia, pero entonces volteo bruscamente y la vio a los ojos.
-No os hare daño,¿quien sois? y ¿porque huiste de mi a noche?.- le pregunto acercandose a ella.
Haradriel no le respondio, no espero que pudiera verla y aquello la soprendio, en vez de eso paso delante de el y comenzo a correr otra vez; el hombre de nuevo la llamo y no obtuvo respuesta, no la siguio porque sabia que no la econtraria.
La muchacha al ver cerca el árbol donde habitaba y dandose cuenta que no la seguian aminoro su paso y respiro, se recosto en la tumba de hojas y se quedo pensando. Rochwin tomo una decision: ya no podia estar ahi, esta vez ya no podia huir del camino que tanto habia buscado, de nuevo se puso sus ropas de Haradrim junto con el velo que cubria su rostro, sonrio para si, habia olvidado aquella sensacion y en verdad le trajo hermosos recuerdos, se puso sus armas y por ultimo guardo aquellas ropas entre las suyas, no las abandonaria del todo, salio de su \"casa\" y llamo a Elvaralas que no tardo en aparecer.
-Aiya amigo mio, ya es hora de partir.- el caballo relincho, pero los árboles movieronn sus hojas despidiendose de ella tristemente.- al parecer el bosque esta triste, no me ire del todo porque aqui encontre algo mas que un hogar, mi camino muchas veces me traera de vuelta.- les dijo a los arboles.- vamos Elvaralas iremos a la fortaleza de plata.
Subio en el y comenzo a vanzar lentamente, no tardo en divisar la fortaleza de plata y sus ojos se maravillaron ante la hermosura de esta, la muchacha vio como muchas personas ingresaban en la capital de Eithel Glîn, se mezclo entre ellas y fue asi como entro, muchas de los viajeros la miraban extrañados, por sus ropas y sobre todo por el velo que le cubria el rostro.
Haradriel sabia que tenia que presentarse ante la reina de nombre Nararië, asi que se acerco aun guardia y le pidio de la manera mas atenta que la llevara ante su señora.
-¿Y quien me pide tal honor?.- le pregunto el guardia de una manera muy arrogante.
-Haradriel, la hija de lo haradrim y mas vale que me lleves antes ella, si no lo haces, ella misma se enfadara.- le dijo ella con voz dulce, el guardia se sonrojo y comenzo a guiarla entre la casas, pronto llegaron a palacio y mientras mas obervaba Haradriel, mas era su asombro en verdad. La sala del trono se abrio y alli estaba Nararië y todos los capitanes de la alianza que veian a la muchacha de origen Haradrim, entonces Rochwin hablo, presentandose ante los heroes que tanto le habia hablado su madre.
-Aiya nobles y admirables señores, mi nombre es Haradriel la hija de los haradrim.
Nararië le sonrio y hablo por primera vez.
-Bienvenida seas, hija de los Haradrim a las tierras de la alianza de Eithel Glîn, ¿que es lo que tu alma busca en la fortaleza de plata?.
La muchacha iba contestar cuando vio al hombre que estaba cerca de la reina, se soprendio seguramente el era un capitan; Haradriel dio gracias por llevar el velo, tal vez el hombre no le reconocio, rogo porque asi fuera.
-Hablad con usted mi señora y encontrar un lugar al que pueda llamar hogar.
-Bueno puedes hacerlo ahora, aqui enfrente de los capitanes, pues no les guardo ningun secreto aquellos que formaron esta alianza.
-Ha de disculpar mi arrebato, pero yo si y solo usted debe saberlo al menos de momento.- le dijo ella inclinando su cabeza.
Nararië comprendio entonces y le sonrio.
-Esta bien, acompañame a los jardines ahi nadie nos molestara.- la reina camino entre los capitanes y le hizo una seña a la muchacha para que la siguiera, Entraron por una puerta tallada a los jardines y en una banca se sentaron.- ¿aqui esta bien?.- ella asintio.- te escucho entonces.
Lalwendë le dijo de quien decendia y le conto su historia, la cara de Nararië fue cambiando de expresion mientras ella le hablaba , entonces llego a la parte en la cual se habia adentrado en el bosque, le hablo de la danza que interpreto y de como el bosque cambio y de su encuentro con aquel hombre. Cuando termino la elfa le pregunto
-¿Como es que estas aqui? si tienes 20 años, algo muy raro paso en el bosque, Haradriel hace poco que tu madre dejo estas tierras y ahora tu estas aqui, es demasiado extraño y por cierto el hombre al que viste no era otro que mi padre Telimektar.
La muchacha abrio lo ojos como platos, aquel que habia visto era el amigo del que tanto le habia hablado Neldoriel, respiro y trato de ignorar ese dato hablandole de la danza.
-si es extraño señora , aquella noche formule ciertas teorias al respecto y la que me convence mas es que con aquella danza regrese en el tiempo, seguramente mi madre tuvo algo que ver, pero ella ya no esta aqui para preguntarle.- un quejo de tristeza se vio en sus ojos, pero ella permanecio impacible.- No he venido a reclamar algo que no es mio, simplemente quiero un hogar ahora que en Harad ya no lo tengo.
-Y lo tendras, no te preocupes hija de Neldoriel, tu secreto esta seguro y nadie sabra de quien deciendes hasta que tu quieras revelarlo, pero dime es acaso que nunca te quitas el velo.- le dijo la reina en tono de broma.
-No señora, a menos que este en mi casa.- le dijo ella sonriendo.- mis rostro es mi mayor secreto y es algo que ni a usted puedo enseñarle.
-No me molesta en lo mas minimo, ven tendras que hablar a los capitanes despues te llevare a lo que seran tu aposentos.
Las dos damas se levantaron y se dirijieron a la sala del trono.
Eleanor Ronaele
El tiempo de la coronación ya llega y heme aquí atada a estos sentimientos que en mi vida como maia jamás sentí...¿Acaso las penurias no son lejanas a los de esta raza?
Eleanor caminaba por el jardín lejana a su entorno mas cercana al pensamiento de lo recientemente acontecido...el viento parece escuchar el sonido de sus pasos pues nuevamente le invita al bosque...Una sonrisa se acerca a sus labios mientras que sigue por los jardines
Nuevamente heme aquí con estos vestidos que en contadas ocasiones he usado...creo que hasta podría contarlas con los dedos
La elfa se sonrio y se sento cerca de una bella fuente...nuevamente los recuerdos le invadían y ella sin poder hacer nada comenzó a ver aquellas horrorosas imágenes que vió
¿Cómo olvidar aquella impunidad presente en esas celdas?
Mil veces prefiriría haber estado en esa celda tomando fuerzas al estar mi felino cerca que me sacaran e intentaran mutilarme o torturarme...¿Quién se piensan que eran?
Recuerdo precisamente cuando llego Fëathoron...¿Cómo olvidarlo?...Él se preocupaba más por mis heridas que yo pues eran muchas pero ninguna de gravedad y con un buen descanso ayudaría bastante a cerrarlas ...Puesto que allí no hya muchos medios para curar ese tipo de heridas...Ahora él estaba allí y yo aquí...
Una lágrima corrió por su mejilla....el pensar que aquel joven estaba ocupando su lugar no le daba alegría alguna sino que su pena era diez veces mayor a la que tenía al estar lejos de la brisa o del fragante mar.
Eleanor se levantó y prosiguió su camino...¿Acaso esta atardeciendo? Pronto se alzará una nueva reina de la Alianza...Ojala sea la reina que debe ser pues virtudes no le faltan
Así aquella pelirroja elfa se detiene a ver el atardecer
Telimektar
El gran templo era un trajín de personas y carros, grandes pabellones se alzaban sobre el césped que lo rodeaba y en los grandes arbole se colocaron infinidad de bolas de cristal que jugueteaban con los rayos del sol. Las mujeres cantaban mientras hacían las grandes borlas que adornarían las columnas de mármol blanco. Mas Telimektar ordeno que se eligieran a los mejores soldados de cada Casa y se encaminaran al Templo allí formarían hasta que el día llegase, mientras tanto en la bahía loas barcos no paraban de llegar cargados con manjares y regalos aparte de mucha gente que venía a rendir tributo a la que sería su nueva Señora.
La ciudad era un enjambre de personas de diferentes razas ye estratos sociales pero algo les unía la felicidad, el vino y la comida no cesaban de correr entre las gentes de la ciudad.
Mas Telimektar se encontraba en los jardines del Templo jugando con su nuevo juguete cuando un caballo relincho y u gran alboroto se alzó en las murallas:
- Señora no podéis entrar, Telimektar a dado ordenes- le decía un soldado a una joven mujer
- Dejadme entrar os he dicho- le dijo la joven
- ¿Es que no entendéis las palabras, No podéis entrar?- le dijo el soldado apuntándola con la lanza.
El soldado no tubo tiempo a reaccionar cuando ya estaba tumbado en el suelo y la joven se encaramaba con gran agilidad por las puertas y con un salto ya estaba corriendo por el patio del templo mientras los soldados la perseguían. Telimektar viendo lo ocurrido se encamino a ella y le dijo:
- No quiero que la primera sangre que bañe esta hacha sea la tuya, te pido que te identifiques y me des los motivos por los cuales desacatas mi autoridad ante estos soldados- le dijo apuntándola con el hacha
- Si eso es lo que pensáis podemos jugar un rato mi señor- le respondió
Los dos se observaron, mas la joven fue la primera en atacar, rápidos eran sus movimientos y si no fuera por la destreza que tenía Telimektar luchando en muchos de ellos ya estaría muerto. Este se animaba mientras la joven se exasperaba, veía que a cada golpe que daba era respuesta por uno de más fuerte pero ella sabía que el joven no utilizaba todo su poder, mas en un descuido suyo ella quedo de rodillas y Telimektar se acercó y le puso el filo en el cuello y le dijo:
- ¿Te rindes?, no quisiera dañar ese rostro aunque lo escondas detrás de ese velo, ¿acaso te piensas que no reconocí ese rostro cuando lo vi en el bosque?- le dijo- soldados dejadnos ya me encargo de esto volved a vuestros sitios
- Pero señor, dijisteis que…- le intentaba decir un soldado
- ¡He dicho que de esto me encargo yo!- les dijo con voz severa, acto seguido los soldados se alejaban hacía las murallas- Acompáñame – le dijo mientras los dos se alejaban hacía los jardines
Allí este miro fijamente el gran mar que se extendía ante el, mientras abajo las olas rompían en las rocas, más en aquellos momentos lo vio todo claro y le dijo:
- Solo conozco a una mujer que se mueva así, una mujer a la cual jure defender y a la cual llegue a querer como Reina. Ella era Neldoriel. Gracias por aceptar mi invitación y siento lo ocurrido antes en el patio, tenia que probarte. Mas ahora ya se quien es tu madre, tu eres la hija de Neldoriel ¿no es así?- le dijo mientras este la miraba fijamente e intentaba leer en su mente
- Así es Telimektar, muchas veces me hablo mi madre de ti. Un antiguo guerrero Maiar con apariencia de un joven que aun no ha visto muchos inviernos, un joven de cabellos rojizos como el fuego mas vivo y con un corazón noble. Ella me contaba como defendiste esta ciudad y como ante la traición diste muerte a aquel que se la dio a mi padre.- le dijo
- Mas no temas tu secreto estará a salvo conmigo, pero si lo que queréis es que no nos demos cuenta de quien es vuestra madre será difícil de hacer, ya que compartís la misma belleza y luchando sois iguales. Fuertes vuestros ataques pero demasiado confiados- el dijo mientras en su rostro se dibujaba una pequeña mueca
La tarde cayó sobre ellos y larga fue la noche, muchas cosas se tenían que preguntar mutuamente pero más eran las preguntas que ella formulaba sobre su padre.
Haradriel
Despues de hablar con los capitanes,trantando de no poner a tencion en las miradas de Telimektar; Haradriel fue guiada a las habitaciones del palacio, por la misma Nararië, sin embargo la muchacha detuvo a la elfa.
-Disculpeme señora, pero no deseo causarle molestias.- saco unos papeles de sus ropas.- al paracer mi madre sabia que estaria aqui y compro una casa, la verdad en aquella casa me sentiria mas a gusto, aqui no econtraria la forma de hacer muchas cosas y no esta lejos de palacio, tiene todas las cosas que pueda necesitar.
La reina le vio sorprendida y luego le dijo.
-Esta bien, vive en la casa que te dejo Lairelossë, puedes venir aqui las veces que tu quieras y otras tantas cuando os llame.- le sonrio y puso una mano en su hombro.- bien pronto sera mi coronacion y estas cordialmente invitada, ahora debo irme otros asuntos me aclaman. Tenna rato Haradriel.
-gracias mi señora. Tenna rato.
Asi se separo de Nararië, la joven comenzo a caminar hacia la salida cuando un muchacho se le acerco.
-¿Usted es Haradriel?.- ella asintio.- mi señor Telimektar os espera en los jardines del templo, desea hablar con usted
-Esta bien, ahora voy.-le respondio Lalwendë, el joven asintio y se fue.- ayy no, seguramente ya sabe quien soy.- se dijo para si mientras acariciaba a Elvaralas quien ya la esperaba.- ven Elvaralas, tenemos que hacer algo primero, antes de ver nuestra nueva casa.
Rochwin subio a su caballo y avanzo hacia el templo; paso lo que se cuenta en otra parte y la joven tuvo que aceptar ante el maia quien era, pero en su interior Haradriel le alegro decirle a el de que era hija de Neldoriel, despues le dijo.
-Nadie sabra de quien deciendo mi señor Telimektar y menos veran mi rostro para reconocerlo, ahora digame ¿que sabe de mi padre?.- Lalawendë hizo esa pregunta inconcientemente, sin embargo el maia sonrio.- pero no aqui, venga acompañame a ver la casa que me dejo mi madre.
Dicho esto se encaminaron, hacia su nueva casa aocmpañados de su corcel, cuando llegaron Haradriel se soprendio era muy parecida a su casa Harad, mas esto no se lo dijo a Telimektar, en vez de eso saco una llave y la abrio; al entrar su asombro crecio: las ventanas estaban acondicionadas para que ella viera hacia afuera, pero los transeuntes no la vieran a ella, sonrio en verdad su madre habia pensado mucho en ella. Los muebles eran muy hermosos, aunque no habia parecido con los de su antiguo hogar, eso no le importo de igual forma le gustaban, volteo hacia Telimektar y mientras se quitaba el velo, le dijo:
-que sepa señor Telimektar para mi se ha convertido en mas que un amigo: este dia se ha convertio en un padre y en un hermano, en parte de mi familia.- termino de quitarse el velo y continuo.- y sera el unico que pueda ver mi rostro, siempre y cuando este de visita en mi casa o me sorprenda en el bosque.
Telimektar sonrio y se sento en un comodo sofa.
-Un gran honor me has dado hija de Thoglîn, ahora ven y sientate junto a mi que te hablare de los mucho que vivi junto a tu padre.- Haradriel se sento en un sillon junto al suyo.- y tal vez yo tambien pueda hacer preguntas respecto a tu propia historia.
Rochwin asintio y Telimektar le comenzo a contar todo aquello que queria saber.
Narairë
El negro de la noche lo inundaba todo y aún así dos poderosos destellos se abrían paso. Después de horas revolviéndose en la cama sin poder dormir, Narairë decidió salir a pasear, su mente giraba tan rápido como un molino de viento, miles de pensamientos atrapados en una espiral. El día de la coronación se acercaba, las gentes celebraban y ella sin embargo se sentía... en realidad no lo sabía muy bien, sólo sabía que nunca se había sentido así. Nunca había tenido una responsabilidad así. Y pesaba. Era una losa que se apostaba en su espalda y empujaba cada vez con más fuerza. Subida en lo alto de una torre observó el bosque de Tarenuva y un cosquilleo revolvió su estómago. Cerró los ojos y el viento sacudió su pelo. Los recuerdos la inundaron. Recuerdos de cuando era libre, salvaje... Y entonces volvió a sentir el peso sobre ella. Abrió los ojos y escuchó los sonidos que emanaban de la ciudad. Sonidos de calma y quietud. De bienestar. Y entonces comprendió todo. Estaba atada a esa gente. Desde el preciso instante que pisó esas tierras. Era su destino. Y nadie puede cambiar el destino. Escrito está por Eru.
Árchaon
Apenas la gente iba cerrando las puertas de sus casas para dar paso al sueño, Árchaon salía a pasear todas las noches en las que la luna brillase con fuerza.
Pensaba en todo lo ocurrido durante el día, y meditaba acerca de todas aquellas cosas que lo preocupaban.
Aquella noche era diferente, algo raro lotaba en el ambiente, pero el Maia no lo dio importancia, pues a lo lejos obersvo una silueta familiar. Se acercó a ella.
- Es muy tarde para que una dama ande sola por aquí- Dijo él sonriendo mientras se acercaba a ella: Narairë. -, no me lo digáis mi reina, la coronación se acerca y andais preocupada, ¿mucho peso quizás?
Asintió con la cabeza y hubo una pausa, al poco, las palabras salieron de nuevo de la boca del Maia:
- No os preocupeis Narairë, mas Eru así lo ha impuesto para el bien de todos, ya sabéis que siempre estaremos nosotros para ayudaros en lo necesario, ahora debo irme, mas un asunto me inquieta. Que paséis buenas noches.
Así Árchaon siguió su camino por entre las calles de aquella ciudad, y se dirigió a las fraguas, mas supuso que allí estaría Telimektar, y no se equivocó.
- Hermano- dijo-, algo me preocupa, no se si igual a vos.- Continuó Árchaon- algo nquietante ronda por el aire que respiramos, y en verdad es algo que me resulta familiar, algo que ya vivimos años atrás...
Haradriel
Telimektar se fue bastante tarde y su direccion fueron las fraguas, sin embargo Haradriel no durmio (como lo hacen todos despues de recibir visitas), exploro cada rincon de la casa, paso por la cocina y rebiso la alacena, estaba llena con muchos de los alimentos que consumia en Harad, sonrio ¿que tanto habia soñado su madre antes de darla a luz para que mandara todas aquellas maravillas de su tierra?, tomo un frasco lleno de datiles, tomo unos cuantos, cerro la alacena y continuo su recorrido comiendo de aquellos dulces que tanto le gustaban, cuando llego a la planta de arriva se econtro con varias habitaciones escojio aquella que mas le agrado, luego bajo las escaleras y paso al patio trasero que estaba dividido en dos uno era un hermoso jardin y el otro tenia una entrada trasera y otra que llevaba a la pequeña caballeriza que tenia la casa, entro ahi y vio a Elvaras comodamente instalado, tomo un poco de paja y se la ofrecio.
-¿Asi que a ti tambien te ha gustado?.- el caballo movio la cabeza en señal de afirmacion.- me da mucha alegria, al parecer nos querian de vuelta, tendremos que buscar algo que hacer, porque ¿de que comeremos?.
El caballo le miro con ojos de \"sabes perfectamente de que\"
-Esta bien si lo se, mañana hablare con la reina pidiendole permiso y el trabajo porsupuesto, ahora descansa mi querido amigo ya veremos cuantas cosas mas nos aguardan en esta tierra tan hermosa.
Dicho esto dejo al corcel y esta vez si se fue a dormir esperando que el dia siguiente fuera mejor que el anterior.
Telimektar
El momento había llegado, Telimektar mando a un soldado para que fuera a buscar a Narairë ya que su momento había llegado. En el Templo solo quedaban aquellos que eran indispensables para terminar de preparar todo. Más este salió a los grandes jardines donde las fragancias de las flores lo envolvían, este vio como una grácil ave se posaba en una rama y le dijo:
- Tú que puedes volar en el reino de Manwë, ve al bosque y trae a la joven Haradriel dile que Telimektar la reclama en el templo- le dijo mientras el ave se alzaba en el are y se alejaba volando hacía el bosque.
Telimektar miraba como el sol ya se hundía en el gran mar y la noche ganaba terreno, las estrellas se elevaron junto a Isil y desplegaron todo su esplendor. El día en que su hija se convertiría en Reina ya había llegado y aunque sabía que su destino era reinar temía por ella, había visto en poco tiempo como dos reyes caían, uno muerto en batalla y otro traicionado por aquel que le tendiera la mano.
Las puertas del Templo se abrieron y dejaron entrar a Narairë junto a sus doncellas, esta se apeo del caballo y se dirigió hacia donde estaba su padre y le dijo:
- Alassëa lómë padre. No te diré que no estoy nerviosa ya que eso sería mentirte, no se si seré la Reina que esperan los habitantes de estas tierras- le dijo mientras miraba hacía las puertas las cuales se habían vuelto a abrir para dejar entrar a la joven Haradriel
- Veo que mi amiga a dado el mensaje mas rápido de lo que esperaba, y a tu pregunta serás la reina que todos esperábamos y no temas más, ahora debemos reunirnos con ella- le dijo
Los dos se dirigieron hacía la joven Haradriel la cual llevaba su velo cubriéndole el rostro, los tres se saludaron y Telimektar dio:
- Espero que no hayáis comido, mas nos espera una pequeña cena en los jardines, allí podremos hablar tranquilamente, si me seguís bellas damas- les dijo mientras los tres se dirigían hacía ellos.
- ¿Narairë tu sabes para que me ha llamado tu padre?- le dijo Haradriel
- Pues la verdad no lo se, a mi me llamo para preparar la ceremonia de mañana y no sabía que tu vendrías- le dijo
- Todo a su tiempo, mis impacientes niñas- les dijo mientras soltaba una pequeña pero sonora risa
En eso que llegaron a los bellos jardines y allí en un balcón había preparada una mesa para ellos, los mas variados manjares estaban allí pero unos llamaron la atención a Haradriel, eran manjares de Harad.
Estos se sentaron y pronto las copas fueron llenadas por vino y un suave aroma se elevo desde la copas, muchas cosas triviales se hablaron pero Telimektar cogiendo la copa dijo:
- Como los tres sabemos eres hija de la dama Neldoriel, mi hija me dijo que no reclamareis nada suyo que no queréis el titulo que por sangre os pertenece, que vuestra madre ya dejo heredera para el trono y que esta era Narairë- le dijo
- Así es mi señor, mas solo quiere vivir aquí y ganarme la vida domando caballos como hacía en Harad y servir si llega el momento y tenemos que luchar- le respondió
- Pero una cosa debes reclamar y yo gustoso te lo ofrezco. A tu madre poco antes de partir y depuse de la muerte de tu padre el Rey, le ofrecí la posibilidad de que viviera en Aran que allí le construiría una morada entre los árboles como ella quería. Esa morada nunca se pudo realizar pero en su ligar te daré si aceptas, la fortaleza de Isil. A sus pies se alzan los mas frondosos y verdes bosques de Eorondo. Aparte estarás cerca de la morada de Archaon el cual vive en la fortaleza de enfrente, las dos guardan la entrada a esa isla.- le dijo
[Editado por Tulkas_el_Valar el 06-08-2005 23:38]
Haradriel
Haradriel miro sorprendida los manjares tradicionales de la tierra en la que habia nacido, inclino la cabeza en honor a Telimektar y se servio un poco de lo que habia en las charolas; poco despues escucho soprendida la oferta de del maia se quedo pensando, cuanto le gustaria pisar aquellas tierras tan fertiles de las que tanto le habia hablado Neldoriel.
-Mi hogar esta aqui, donde anteriormente vivieron mis padres, sin embargo eso no quiere decir que no pueda aceptar, vivire en la torre de Isil siempre que ustede mi invite a la isla.- Telimektar sonrio complacido, aunque no se como agradecerle este honor.
-Eso no es problema Rochwin.- le dijo Nararië.- has honor a tal nombre, ayuda a mi padre a domar los caballos de la isla, por lo que se hasta hora no has encontrado a nadie capaz padre o ¿me equivoco?
-No no te equivocas hija mia, los caballos de Eorondo son muy dificiles.
Lalwendë sonrio, aquel maia se estaba convirtiendo en un padre.
-Bueno entonces yo le ofresco mis servicios y ya vera que no lo defraudare mi señor.
-Se que no lo haras, ahora disfrutemos de estos manjares y Haradriel me quieres explicar ¿como tomaras el vino y comeras si no te has quitado el velo?
La muchacha rapidamente se quito el velo y le guiño un ojo a la reina, ella sonrio y entendio que asi como su padre ella se habia convertido en su hermana.Comenzaron a comer y Haradriel les explico que era cada cosa que venia de Harad, la cena transcurrio de lo mas tranquila y agradable.
Telimektar
La cena transcurrió entre preguntas y respuestas, mas la hora había llegado y Telimektar mirado a Narairë le dijo:
- El momento a llegado ahora deberás ir al Templo y purificar tu cuerpo en el gran lago, mas cuando salgas ponte el vestido que hay y dirígete junto a tus doncellas hacía la sala contigua a mis dependencias allí te estaremos esperando, Haradriel y yo- le dijo
- Mas si me disculpas Haradriel tengo que ir a donde mi padre me dijo, nos veremos dentro de un rato hantalë- le dijo Narairë mientras los tres se levantaban de la mesa.
Mas Narairë desapareció en la oscuridad de la noche y Telimektar y Haradriel se encaminaron hacía la entrada principal, no sin detenerse varias veces. Allí ante el gran pórtico le dijo:
- Mañana Narairë será nuestra Reina y muy agradecido estaría si nos acompañaras no como una amiga sino como un miembro mas de nuestra familia. Me he tomada la osadía de mandarte hacer un vestido no sin antes asegurarme de que podrás lucir el velo si así lo deseas- le dijo
- Hantalë Telimektar, pero como dices a llegado el momento y debemos prepararnos ya que el sol no tardara en aparecer- le respondió y los dos entraron en el templo.
Fuera ya estaba todo listo grandes pirras fueron colocadas y se encenderían cuando la fiesta comenzara, las flores abrían su pétalos y dejaban que sus aromas lo invadieran todo. Los dos jóvenes caminaron por los grandes corredores mientras las últimas mujeres dejaban listas las salas, grandes tapices adornaban las salas. Estos llegaron a una gran puerta dorada y Telimektar le dijo:
- Allí dentro espera tu vestido, entra y pruébatelo para así poder rematar los últimos detalles- le dijo
- Eso haré y cuando este serás el primero en verlo- le respondió mientras entraba en la sala.
- Ha llegado el día y ahora debemos prepararnos para nuevos días, ¿quien se atreverá a decir si serán días de paz o de guerras?, ese no seré yo pero una cosa tengo segura protegeré a estas dos jóvenes con mi vida y si con mi muerte puedo salvarlas que así se cumpla- decía mientras se dirigía a sus aposentos.
Allí dentro le esperaba el traje que llevaría su hija en la coronación. Un traje de seda blanca con incrustaciones de pequeños diamantes con un elaborado bordado que lo cubría entero, este cogió las largas mangas y miro los delicados bordados hechos con hilos de plata, que bella estaría Narairë con ese traje. Mas lanzo una mirada a la mesa que estaba junto a la ventana, allí descansaba la gran tiara que había fabricado para tal día, una tiara digna de una Reina y la cual sería el fiel reflejo del poder de la Alianza. Sus pasos se dirigieron hacía la gran bañera que le esperaba allí se zambullo durante un tiempo y tras salir se vistió con un traje de color plateado, mas solo le faltaba colocarse tiara que le recogía los cabellos cuando llamaron a la puerta:
- Adelante- dijo mientras seguía colocándose el traje.
- Telimektar ya estoy lista, ¿que te parece?- le dijo Haradriel mientras este se daba la vuelta.
- Eres un fiel reflejo de tu madre, mas es una pena que ese rostro quede escondido detrás de ese velo- le dijo mientras le acariciaba el rostro
- Gracias- le dijo
Llamaron a la puerta y esta se abrió, por ella entraron Narairë y sus doncellas. Esta miro a su padre y a Haradriel e sonrió.
- Veo que estáis aquí y bien vestidos, ¿donde esta el traje que deberé llevar?- le dijo mirando a Telimektar.
Narairë
Narairë sintió como el agua recorría su cuerpo y por primera vez supo que estaba lista. El destino la había llevado hasta allí y ella lo aceptó ya sin ningún miedo. Unas renovadas fuerzas la inundaban y dejó escapar una amplia sonrisa. El azul de sus ojos resplandecía a la luz del sol. Recordó entonces su vida hasta llegar hasta ese momento. Pocos la conocían realmente, las batallas que había librado, los meses de vagar sin rumbo, durmiendo al raso en los bosques, la venganza que había jurado llevar a cabo... incompleta... aún ¡Qué diferente era todo ahora!
Salió del agua, se cubrió con una túnica blanca y junto con sus doncellas, se dirigió al encuentro de su padre y de Haradriel que se encontraban en la habitación más cercana.
- ¿Dónde está el traje que deberé llevar? -dijo con un tono divertido.
Su padre se apartó revelando un precioso vestido blanco, radiante, era el más hermoso que había visto nunca. Sin esperar a que dijera nada, Telimektar y Haradriel salieron de la estancia. Antes de salir, Haradriel la miró con complicidad y le hizo un gesto para que supiera que estaría esperando fuera.
Las doncellas se acercaron y comenzaron a vestir a la futura reina. El vestido le encajaba a la perfección, sus vaporosas mangas colgaban y escondían sus manos hasta casi llegar al suelo. Los miles de diamantes refulgían con cada rayo de sol que les acariciaba y una larga cola se extendía un par de metros por detrás. Narairë se miró al espejo y casi no podía creer que fuera ella. Ya casi no quedaba nada de aquella elfa salvaje... nada salvó su corazón.
Caminó hacia la mesa que estaba a su derecha y acarició la corona que allí reposaba.
- Es lo más lindo que he visto nunca -susurró.
- Mi señora, tiene que sentarse, debemos peinarla -dijo una de las doncellas.
Comenzaron a cepillar su largos cabellos oscuros y los recogieron, dejando caer varios mechones alrededor de su cara.
Narairë suspiró fuerte y pensó: ‘Estoy lista’ mientras se dirigía a la puerta.
- Que alguien mande llamar a Dregnor, quiero que esté a mi lado -dijo dirigiéndose a sus doncellas.
Haradriel
Cuando terminaron de comer, Haradriel de nuevo se puso el velo, las damas que les habian servido no le vieron el rostro y eso le alegro;Nararië se separo y ellos caminaron hacia la entrada del templo, pero se detuvieron varias veces, porque la muchacha hacia a preguntas a Telimektar y este las respondia de la manera mas atenta que podia, como si le enseñara a una niña su nuevo juguete para jugar.
Entonces llegaron a la puerta dorada y Haradriel la traspaso y ahi se encontraba un hermoso vestido azul, naturalmente adecuado para que pudiera llevar el velo, soprendemente la muchacha observo que habia uno preparado para ella del mismo tono del vestido, sonrio en verdad para ella Telmektar ya se habia convertido en un padre; paso un biombo y vio una bañera, se quito su ropa y se sumergio en agua, cuando termino se puso el vestido y se miro en el espejo, que bien se veia, se amarro el pelo en una coleta, para despues ponerse el velo. Salio del habitacion y busco la del maiar y el le dijo cuando se parecia a su madre, por un momento la muchacha dudo en seguir llevando aquel velo, pero la duda se fue pronto, su rostro tenia que estar oculto para el mundo...
Esperando del otro lado de la puerta, se encontraba Telimektar y mas alla Haradriel miraba al horizonte, alla lejos se encontraba el mausoleo de los reyes y afuera un ser solitario miraba hacia donde ella, la muchacha retiro su mirada de ahi, sabia perfectamente que algo ahi la esperaba y que no podia huir de ello, pero ahora era un momento feliz y no para llorar; el maiar le toco el hombro e hizo que volteara.
-Vamos mi querida niña ya es hora.- le ofrecio el brazo y juntos fueron hacia donde Nararië que ya estaba lista y a su lado se encontraba Dregnor.
[Editado por tari el 10-08-2005 01:11]
Eleanor Ronaele
Eleanor se alejó de aquella vista apenas Isil apareció en su reino.Caminó lentamente y pronto se hallo frente a su habitación
Entró y al cerrar la puerta solto su cabello,el cual callo en salvaje cascada sobre la espalda de la elfa.
Alguien había cerrado las ventanas pues sólo la luz del sol de refulgente plata aparecía en aquella habitación
En el baño con sumo cuidado se saco su vestido y con sumo placer entró en la pequeña tina
Cerrando sus ojos comenzó a bañarse
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Al cabo de un rato salio de aquella pequeña tina y tomo aquel atuendo que había guardado para una ocasión especial.
Era un regalo de aquellas tierras lejanas en las cuales vivió \"su infancia\"
Indefectiblemente era para ella.Las mangas caían de tal manera que sus manos parecían desaparecer y aparecer a voluntad.
El largo del vestido jugaba con su silueta al moverse esta elfa pelirroja que con modestia recogio gran parte de su cabellos.
Así fue como aparento,una vez más,ser aquella elfa que tantos querían que ella fuese.
\"Te has visto mejor\"dijo una voz zigzageante por detrás de ella
\"¿Crees que me queda mal?\"pregunto la elfa dandose vuelta
\"Pues el blanco te favorece pero no me gusta que recojas tu cabello,te saca ese toque que tanto te favorece...\"
\"¿Qué saben los felinos de los peinados y vestidos?\"habló Eleanor un tanto decepcionada tratando de ver su peinado a través de una fuente cercana de agua.
Sin más incidentes salió de su habitación y se dirigió al templo en el cual coronarían a la nueva reina.
[Editado por Eleanor_Ronaele el 14-08-2005 03:24]
Laitaine Numeniel
Laitaine se despertó aquella mañana con una extraña sensación. Le parecía mentira que en tan poco tiempo hubiera vivido tanto, e incluso hubiera estado a punto de morir. Y le daba la impresión de que esa vida que casi se le escapa aún no le había vuelto. Su rostro reflejaba una palidez extrema, por lo que el color sus labios y de sos ojos resaltaban notablemente. Aún no estaba recuperada de aquella herida, pero a pesar de su aspecto y de esa apariencia, Númeniel estaba más viva que nunca.
Extraños sucesos ocurrieron durante el corto tiempo que estuvo en el bosque, y digo corto tiempo, pues la guerra la llamó para la lucha. Pero fue una temporada suficiente para despejar la angustia que tenía en su interior. Mas esos son hechos que no se narrarán aquí. Ahora quizás era una Laitaine más salvaje, aunque ella se preguntaba si fue esta nueva faceta suya, menos fría y más pasional en el combate, lo que casi le abre las puertas a las Estancias de Mandos.
La elfa salió de sus aposentos, y fue a tomar algo. Allí estaban ya el resto de miembros de la Corte de Eithel Glîn. Todas las miradas se posaron en ella, con cara de preocupación.
- ¿Tan mal aspecto tengo? , pensó. En la batalla perdió mucha sangre, pero sabía que pronta la recuperaría. Árchaon se dirigió a ella:
- Alasse\'aurë, Laitaine. ¿No crees que deberías seguir guardando reposo? No tienes buen aspecto, pareces cansada y enferma.
- ¿Enferma? ¡Pero si me siento mejor que nunca! No os preocupéis, ya me volverá el color al rostro en cuanto salga un poco - sonrió esta.
No convenció a muchos. Fëathoron, su hermano, se levantó, intentando apoyar a Árchaon:
- Él tiene razón, hermana, se dijo en las Casa de Curación que debes descansar, no estás bien. - Esto fue acompañadao por el asentimiento del resto de comensales.
Aquellas palabras enojaron a Laitaine:
- ¡¿Que no estoy bien?! ¡y qué saben los curanderos! ¡Me siento mejor que nunca, además, yo no fui la única herida en batalla, es más, fui una de las mejores paradas! No es justo que intentéis apartarme del mundo ahora que me siento mejor. - Notó que le faltaba el aire. Sintió un fuerte dolor en la herida del cuello. - Perdonadme...nunca quise gritaros...a ninguno de los dos...- Otro pinchazo le quebró la voz. Lentamente acercó su mano a la herida. Notó algo caliente. Era sangre. Dio unos pasos hacia atrás, y hechó a correr. Las puertas del salón se cerraron de un golpe a su paso.
Haradriel
Caminaba, tranquilamente hacia el palacio,estaba ya cerca cuando vio salir a una elfa que corria y que llevaba una mano en el cuello, estaba sangrando, no era otra que Laitaine, dio unos cuantos pasos mas y callo al suelo con la mirada perdida.Haradriel corrio hacia a ella y la tomo en brazos.
-¿Pero que le ha pasado?.- se pregunto a si misma, del cuello brotaba, sangre, Lalwendë sabia que hacer.- Guardias venid aqui rapido.- les llamo, los guardias tomaron a la elfa.
La muchacha los guio a las casa de curacion cuando llegaron muchor curanderos salieron a su encuentro, la pusieron en un cama y Haradriel les dijo.
-Dejadme yo le ayudare.- los demas asintieron y se retiraron, cuando se aseguro de estar sola, la muchacha puso la mano en su cuello, despues se concentro y comenzo entonar una cancion,que hablaba de tiempos mejores y de esperanzas bien fundadas, cuando la cancion termino la sangre habia dejado de brotar, Haradriel se levanto, tomo unas vendas y las unto de las medicinas que estaban en la mesa, despues se las puso a la elfa y le susurro una palabras al oido.
Telimektar
La luna se cernía sobre las aguas ahora tranquilas después de las últimas batallas. La ciudad descansaba para el gran día.
De pronto del mar empezó a salir un dulce y agradable sonido, eran las Oarni, era muy extraño escucharlas en estas tierras más alegro el corazón de Telimektar que pronto monto en su corcel y galopando bajo hasta la playa donde le esperaban y estas le dijeron:
- Nuestro amado Telimektar, cuanto hemos añorado el sonido de vuestra flauta cuanto os hemos echado de menos las costas de Valinor ya no son lo mismo sin ti.
- No sabéis lo mucho que os he extrañado, y contadme ¿que os trae por estas costas es que acaso os envían mis padres?- les dijo mientras se sentaba en una roca junto a ellas.
- No se nos esta permitido revelarte nuestra misión pero hemos venido por voluntad propia acompañando…- decían mientras de pronto se callaron y miraron al mar
- Pero dejemos esas cosas, ¿por que no nos deleitas con el sonido de esta flauta?- dijo otra mientras le daba una flauta de bella madera con elaborados dibujos
- Como gusten mis bellas amigas, no se dirá que les hice ningún desplante pero vosotras cantareis conmigo- les respondió
Un sonido poderoso pero bello empezó a salir de la flauta mientras las Oarni llenaban con sus bellos cantos el aire. Telimektar revivía junto a ellas los día de paz en las bellas tierras de Aman. La melodía pronto se extendió por la ciudad llenando los corazones de las gentes pero en uno de ellos despertó una extraña sensación y este no era otro que el de la joven Narairë.
Esta se vió invadida por una extraña sensación que le impulsaba a ir al Templo, algo o alguien la llamaba para que fuera y esta decidió ir a ver lo que era. Salió a escondidas de palacio y mientras andaba bajo la protección de los árboles escuchaba la dulce melodía que provenía de la cala que había cerca del Templo.
Entro en la gran explanada de este cuando sintió como alguien pronunciaba su nombre:
- Narairë, hija de Telimektar e Indil.
Esta extrañada gritó mientras posaba su mano en la empuñadura de la espada:
- ¿Quien eres y como sabes mi nombre? ¡Muéstrate te lo ordeno!
De pronto una gran torre de agua cornada en espuma alzó a una bella mujer desde las profundidades de los acantilados, ante la atónita mirada de Narairë.
Sobre ella apareció la más bella mujer que los ojos mortales hayan visto en estas tierras, no era otra que la Maia Uinen, vestida con un largo vestido que resplandecía pasando del color plata a unas sombras verdes donde sus largos cabellos negros se posaban libremente. Narairë quedo petrificada ante tal aparición y lo único que pudo hacer fue arrodillarse ante ella y bajar la cabeza en señal de respeto. Sentía el suave sonido de los pies al deslizarse sobre el mármol, cuando pudo sentí como la Maia posaba su mano sobre su mejilla y la levantaba lentamente mirándola a los ojos y esta le decía:
- Soy Uinen Señora de los Mares y madre de Telimektar, lo que me hace tu abuela mi pequeña Narairë. He vendido por motivos que ahora no viene al caso, pero un presente te traigo desde las herrerías de Aulë, donde a sido forjado por petición mía- decía mientras una oarni salía de las sombras y traía un cofre forrado de perlas y se lo daba a la Maia- aquí dentro esta el collar de Las Aguas, con el tu don se acrecentara y podrás controlar las aguas, grande es el poder que reside en el y por eso solo los puros de corazón podrán tocarlo.
- Gracias Señora de los Mares, pero no creo que este preparada para tal responsabilidad, aun no se si seré buena Reina para las gentes de la Alianza- le respondió Narairë
- Eru te ha puesto al mando de estas gentes, las conducirás como una de las grandes Señoras y tu nombre será recordado durante edades. Ahora demuestra tu linaje, se justa y dura con aquellos que lo merecen, pero que el orgullo ni la vanidad gobiernen tus actos.- le decía mientras le colocaba el collar- ahora acompáñame a la orilla del mar, nos están esperando.
Las dos bajaron majestuosas hasta donde se encontraba Telimektar con el resto de las Oarni, estas se levantaron y se unieron a las dos damas mientras Telimektar no podía creerse lo que veía ante el, su madre había venido desde los palacios de Valinor pero no sabía el motivo y lo único que pudo hacer fue hincar la rodilla en la húmeda arena mientras bajaba la cabeza en señal de respeto, fue cuando sintió su mano levantándole la cabeza y este la miro mientras las lágrimas fluían por su cara y ella le dijo:
- Mi pequeño Telimektar no has cambiado desde el día en que abandonaste la protección de Valinor, grande te has vuelto entre los señores de estas tierras. La batalla no ha corrompido ese corazón y por eso se me permitió salvarte. El Señor de Arda me envía para ayudar-os, la maldad ataca a uno de vuestros compañeros y no es otra que la del innombrable. Por eso debes darle lo que hay en este frasco, contiene un poco de mi sangre pero debes mezclarla con la tuya para que tenga efecto sobre ella.- decía mientras una de las oarni se acercaba y le daba un pequeño frasco azulado e frío.
- Ya se de quien me hablas pero antes de que partas, por lo que veo ya conoces a mi hija la bella Narairë. Su potencial as vendido a desatar mi querida madre, ¿crees que esta preparada?- dijo mientras miraba a su hija.
- Ahora lo descubrirás- le respondió mientras miraba a Narairë y esta se acercaba al agua.
Laitaine Numeniel
Númeniel sintió una punzada de calor en la herida cuando la dama Haradriel posó su mano sobre su cuello. Rápidamente, la elfa se levantó, y se dirigió a un pequeño espejo colgado en la pared de la sala. No quedaba cicatriz siquiera en su piel. Laitaine se dio la vuelta, y cogió una mano de Haradriel entre las suyas. Gracias, la dijo, y seguidamente se marchó. La dama la siguió con la mirada, y luego sus ojos se posaron sobre su mano. Estaba helada, pensó. Pero la herida se cerró, y no noté signo de enfermedad alguna..., Haradriel salió de las Casas de Curación.
Una vez en su habitación, Laitaine recibió la visita de su hermano y Árchaon.
- ¿Tan pronto has salido de las Casas? ¿Qué dijeron?- La elfa escuchó una voz a sus espaldas. Se giró hacia ellos, y mostrándoles el cuello, dijo:
- La dama Haradriel me curó. Y estoy perfectamente.- dicho esto salió rápidamente de su habitación, sin dirigirles siquiera una mirada. La mano del maia intentó detenerla aferrándola del brazo, mas la soltó inmediatamente, con una expresión de sorpresa y desagrado.
- Su piel...-dijo-...parece...parecía...
- Árcahon, que sucede- le cortó Fëathoron.
- ...parecía...sin vida. Completamente fría.
Ambos dirigieron la mirada hacia el fondo del pasillo, pero Laitaine ya no estaba allí.
[Editado por Laitaine_Numeniel el 30-08-2005 13:48]
Haradriel
Haradriel camino algunas calles oculta bajo su velo, algunos transeuntes la saludaban y la invitaban a pasar a su casas; al parecer los habitantes de la fortaleza estaban contentos con su trabajo de domadora, ella hacia una reverencia y se disculpaba diciendo que tenia cosas que hacer. Habia algo estraño con aquella elfa y Haradriel le preocupo.
Aquella frialdad de su piel es demasiado extraña, como si estuviera ...
La muchacha alejo esos pensamientos, ¿no pordia ser?, se detuvo un momento pensado mejor las cosas; Pero ¿que podia hacer ella?. Entonces y sabiendo que el unico que tenia las respuestas era Telimektar comenzo a caminar hacia el templo, cuando llego les dijo a los guardias.
-Dejadme pasar, es urgente que hable con el señor Telimektar.- los guardias asintieron y la dejaron pasar, ya veia al maia muy cerca de ella hizo un breve reverencia.- Telimektar, algo pasa con la Dama Laitaine y no me gusta.
Eleanor Ronaele
Una flecha cruzaba aquella ciudad llena de hedor a muerte,una flecha que no se había extraviado le había penetrado el cuerpo.
Ella caía y por más que Eleanor intentaba esa pequeña elfa no dejaba d sangrar.
Muineth estaba a punto de morir....
Eleanor se despertó sobresaltada y sudando.
Había pasado mucho tras la coronación de la nueva Reina y aquella batalla en la cual cayó Muineth aún la mantenía en el presente
No era la primera vez que soñaba con lo mismo.
Es más debía ser la cuarta vez que ,en esa misma noche, soñaba lo mismo
El ver caer a esa niña que aún no salía de las salas de curación le había afectado demasiado
Sus ojos apenas demostraban la falta de sueño que tenía.
Pero su cuerpo apenas podía levantarse de la cama y no podía dormir a causa de aquella pesadilla
\"¡Pesadilla de mil demonios!
¿Quién me ha castigado con la falta de sueño?
¡Que se presente el muy máldito y dé la cara! Ni que tuviera que sentirme culpable.
Esa elfa esta siendo curada y yo no pude hacer más.¡Ni que fuera mi hermana!
Muineth cayó y se esta recuperando,no hay porqué preocuparse..\"
-Pero sigues teniendo pesadillas.-dijo una voz desde la ventana
-Cierto pero no debería tenerlas.Mi conciencia está tranquila pues he hecho hasta lo imposible para que siguiera con vida
-Mas tú no esperabas encariñarte con ella.¿No?
Eleanor miró la ventana,la silueta de su felino parecía resaltar ante la luz que prodigaba el sol
-¿Sabes qué es lo peor?-dijo Eleanor mientras su felino se acercaba.Tomandole entre sus brazos prosiguió-Tienes razón y algo me dice que hasta dentro de mucho no vendrá.
Sólo un suave ronroneo se escuchó en aquella habitación tras estas palabras
[Editado por Eleanor_Ronaele el 05-09-2005 03:21]
Árchaon
Largo tiempo habían permanecido los compañeros lejos entre sí, mas asuntos de extrema urgencia urgieron en las vidas de todos los miembros de la Alianza, y no quedó otro remedio que darles paso para acabar cuanto antes con esos asuntos.
Al igual que los demás, Árchaon había salido de Haldanóri para dirigirse a la Tierra Media, a la region de Eregion para urgir un asunto con sus hermanos Valar acerca del fururo del mundo de los hombres.
<Un día soleado para volver a casa< pensó el Maia mientras recorría raudo las tierras de los diferentes clanes hacia el sur para llegar a Eithel-Glîn, su tierra.
Iba sobre Silvaron, su tigre albino, compañero de viajes, aventuras y batallas, su más fiel aliado, el Señor de las Nieves, Heru-Loss, y el Señor de los Tigres, inmortal al paso de tiempo de los hombres...
Ambos cabalgaban por valles y bosques que llenaban aquellas Tierras Ocultas bajo la sombra de Mordor, escabuyéndose por entre las sombras en las silenciosas noches a medida que se internaba en los diferentes clanes para pasar desapercibido..una tarea fácil para un ser divino..
Así pues, tras tres jornadas de viaje, Árchaon y Silvaron irrumpieron con firmeza en el Taurënúva, y cruzando el Vado del Sirfallê, pronto llegaron a las Grandes Puertas de Tyelpëosto, la Ciudad de Plata, cuyas torres se erguían hacía el cielo cuales brazos que desean tocar las estrellas de Elberteh.
Así era en su esplendor la capital de Eithel-Glîn, cuya majestuosidad y belleza relucía aún en las más oscuras noches de sombra y miedo...
Sin dudarlo el Maia entró en al ciudad. Todo seguía como lo dejó, los mercaderes negociaban con sus artesanas manos por medio de sus trabajos bien hechos. Los bardos entretenían a grupos de gente narrando y cantando historias pasadas y leyendas de dragones...Sí, aquella era como Árchaon lo recordaba...
Pero no vio a ninguno de sus compañeros, <¿dónde estarán?> pensó mientras se dirigía a Palacio.
A decir verdad sentía le necesidad de volver a ver y hablar con la gente con la que había compartido risas, lágrimas, guerras, sufrimiento...y algunas, pensó, incluso amor...Pensó entonces en Laitaine, la última vez que la vio fue en las casas de curación, cuando la elfa salió de su habitación mientras su mano intentó detenerla, notando como la frialdad de la muerte penetró por sus venas...desde entonces no la volvió a ver, y sentía la necesidad de ello...
Siguió caminando por las empedradas calles de la ciudad mientras pensaba que nada más ver a Telimektar le pediría que fuese con el a la ciudad portuaria de la isla de Earondö: Aran Fortin, pues si mal no recordaba creía ser el Señor de la Casa de la Golondrina, y en aquellos parajes había recibido a cargo de su hermano la fortaleza de Anor, para él y para Numeniel.
Ya estaba cerca del Palacio, y sobre todo, deseaba encontrarse con alguien....
Telimektar
Telimektar estaba todo el día de arriba para abajo, organizando las reparaciones de la ciudad, el ataque de Nurn había dañado las murallas y ahora pretendía hacer que la puerta fuese aun más impenetrable. Por eso pasaba largas horas en las fraguas golpeando la dura plata de Anor intentando moldearla a su voluntad pero no podía. El sol empezaba a despuntar entre las nubes de la mañana cuando alguien entro en las fraguas, este ni presto atención demasiadas cosas tenía en la cabeza y no sabía como ordenarlas, este noto como la mirada del espectador se clavaba en el y dijo:
- Decid lo que queréis o largaos estoy muy ocupado para tonterías
- ¿Así es como tratas a un viejo amigo?- le dijo mientras Telimektar se daba la vuelta y soltaba el pesado martillo.
- Perdona mi descortesía te confundí con otra persona. Cuéntame como ha ido pero mejor entremos y me lo cuentas al lado de una buena jarra de cerveza- le dijo mientras soltaba una poderosa carcajada y salían de la fragua para entrar en palacio.
Este dejo a Archaon un instante para irse a asear ya que llevaba toda la noche entre fuegos y su aspecto era mas que lamentable. Al poco bajo ya bien vestido y se dirigió hacia la gran sala de la chimenea para hablar con su huésped y amigo. Este lo vio apoyado en la chimenea mientras las luces del fuego bailaban sobre sus prendas y le dijo:
- ¿Qué es lo que roe tu cabeza dime?
- No es nada solo…- decía Archaon
- ¿Solo que? Prosigue- le respondió impaciente Telimektar
- Veo que durante mi ausencia tu paciencia no ha aumentado, solo haceros una pregunta. ¿Si no creo recordar mal soy el Señor de la casa de la Golondrina, no?
- Así es, Señor de la Casa de la Golondrina y Guardián la Fortaleza de Anor. Pero aun no habéis pisado vuestra morada ni reclamado ese cargo y espero que sea pronto- le dijo mientras ponía su mano en el hombro de Archaon
- Eso es lo que vengo a hacer quería pedirte que me acompañaras a Eorondo para hacer oficial mi cargo. ¿Me acompañareis, telimektar?- le decía mientras le miraba a los ojos
- Eso no tiene que preguntarse, ¿ cuando quieres zarpar? Dímelo y desplegare las velas de la Torre de Tulkas y el nos llevara a tu morada
Eleanor Ronaele
Ronaele regresaba,a escondidas, al palacio dónde antes residía(Días antes había estado en las salas de curación,dónde los curanderos a duras penas la habían retenido en una cama.Aunque apenas Eleanor se dió cuenta que podía ir y venir de su cama sin dolores,se dedicó exclusivamente a salir de aquellas salas)
Seguida entre las sombras por su felino,ella no dudó en internarse en su cuarto y cambiarse de vestiduras:un vestido blanco pronto le cubrió y sus cabellos salvajes fueron recojidos hacia atrás por una casi invisible red roja
Así vestida se retiro de sus aposentos y salió a recorrer la ciudad hasta que alguno le reconociera y tuviera que volver a las salas de curación