“Venga pequeño, ya puedes salir del escondrijo. Ya no hay peligro.”
La voz masculina resonaba en el interior del barril pero en su imaginación Danor preveía una estratagema de esos sucios matones. Al no escuchar ningún ruido extraño asomó la cabeza.
Un hombre alto y robusto se alzaba delante de él. El pelo rubio le alcanzaba los anchos hombros y parecía que caía por la espalda. Su indumentaria era bastante extraña, unas ropas ocultadas por una especie de chaqueta marrón, pero más que una chaqueta parecía un pectoral.
Danor se fijó en que el hombre llevaba envainada una espada se quedó mirando fijamente el arma y se volvió a esconder.
“Tranquilo no pienso usarla contra ti jajaja sería un combate que podría perder.”
Danor notó, una vez más calmado, el acento extranjero de allí. En Minas Tirith nadie hablaba de esa manera, ni siquiera el niño de los Berrindont que tantas cosas raras decía.
“¿Quién … quién es usted?”
El hombre se acercó al barril y agachándose para estar cara a cara con el niño le dijo:
“Me llaman Hafil y he venido hace poco a la ciudad. Tengo mi caballo apostado aquí al lado, ¿quieres verlo?”
“¿Un caballo? ¿En serio señor?”
“Claro, venga sal de ahí, ahora te lo presentaré, se llama Crin Escarlata.”
Danor, más emocionado por ver a un caballo que por conocer a aquél extranjero, salió del barril y se dirigió hacia la esquina a mirar a diestra y siniestra.
Frente a una conocida posada, el Tordo Gris, permanecía atado un precioso caballo marrón brillante al sol de media tarde. El caballo rebufó moviendo sus negras crines y su pata delantera, levantando una pequeña humareda de polvo cuando la volvió a posar en el suelo.
“¡Danor! Te he dicho mil veces que juegues donde pueda verte.”
La voz de una mujer se oyó por la calle. Una plebeya, probablemente treintañera bajaba con poca parsimonia calle abajo. El niño al verla corrió a abrazarla.
“Tía Ana, tía Ana, Torek y sus amigos me estaban siguiendo cuando me escondí y vino ese hombre y me ayudo … tiene un caballo.”
Convencido que un hombre con caballo era la salvación a todos sus problemas Danor señaló al extranjero el cuál agachó la cabeza en señal de saludo a la dama.
“Usted disculpe, es un trasto, se mete en todos los escondrijos de la ciudad y no hay manera de encontrarlo, hay veces que no sé que hacer con él.”
El hombre avanzó sonriente.
“No se preocupe miseñora, acabo de llegar a la ciudad y vi al niño perseguido por una tropa de pillos. Simplemente me acerqué a ver que pasaba.”
Danor tiró del vestido de Ana.
”Qué es ‘escarlata’?”
“Es un color cariño” dirigiéndose hacia el hombre continuó.
“Parece usted de las tierras norteñas, ¿qué le trae por aquí? Si busca algún sitio en la ciudad podemos guiarle.”
”Pues … me iría bastante bien jaja” una carcajada limpia salió de la boca del hombre “estoy un poco perdido en esta gran ciudad. Soy de Rohan, allí incluso la villa más grande se empequeñece al lado de esta gran ciudad.”
Danor volvió a tirar del vestido de Ana.
“Ana, Ana, ¿qué tipo de color es el escarlata?”
“Es una especie de rojo, parecido.” Danor miró de nuevo al caballo. Ana siguió hablando con el hombre. “Y … ¿qué está buscando?”
“Espere un momento … creo que lo tenía por aquí.” Hafil sacó un papel de su bandolera. “Brand Geritor, Primer Oficial del Tercer Nivel de la Noble Ciudad de Minas Tirith, jaja por suerte lo apunté era imposible que me acordara de algo tan largo.”
“Sí, es fácil. Tiene que seguir esta calle hasta la segunda … sí la segunda a la derecha y allí hasta el final y verá el arcón que separa el segundo y tercer nivel. Un guardia le sabrá indicar allí mejor.”
“Hafil” dijo el pequeño Danor “¿por qué tu caballo se llama Crin Escarlata … si tiene el pelo marrón?”
La pregunta provocó un silencio súbito. Danor miraba a Hafil con expectancia, Ana miraba a Danor con extrañeza y Hafil miró hacia el caballo con vergüenza.
“Pueeeees resulta que el día que me regalaron el caballo estaba un poco ebrio, era de noche …”
Ana cogió la mano de Danor y le dijo:
“Vamos pequeño escapista, tenemos que ir a casa ya. Muchas gracias a usted Hafil”
“A usted señora.”
Mientras Hafil fue a buscar el caballo oyó una risita y un susurro desde atrás “escarlata”. Se apresuró a coger el caballo antes de que se notaran sus mejillas ruborizadas.
------------------------------------------------------------------------------------------
“Bien, me alegra saber que no hay anomalías en la Marca.”
“Hay movimiento de montañeses pero nada especial, los eored más cercanos a las Montañas Nubladas informan de pocos conflictos.”
Brand cogió el mapa enrollado que tenía en una esquina, lo desenrrolló encima de la mesa y posó unos pesos para que la forma cilíndrica en la que tanto tiempo había permanecido no fuera un problema mayor.
“Entonces la mayor de nuestras preocupaciones son los Corsarios que pueden desembarcar tanto en Belfalas como en Lebennin. Muchas gracias por los servicios prestados, ahora te escribiré una nota enviandole nuevas a Edoras, quédate aquí esta noche, en el edificio de la Guardia.”
“No hace falta, he visto antes una posada bastante agradable, creo que me quedaré en ella esta noche” el tono de Hafil aunque de negación no era ofensivo.
“Esta bien, toma la nota, confió en que llegue lo antes posible.”
------------------------------------------------------------------------------------------
Hafil yacía en la cama somnoliento cuando una figura entró por la puerta. No más de un palmo se abrió y se volvió a cerrar. Ningún ruido extraño en la noche que el resoplar del rohirrim. Los pasos apenas hacían crepitar la madera que conformaba el suelo y una mano se escurrió en la bandolera. Una nota fue cambiada por otra y la sombra desapareció.
------------------------------------------------------------------------------------------
“Ana, ¿qué haces?”
Danor asomó en la pequeña habitación en la que Ana iluminada por una vela escribía en un papel.
“Hola pequeño bichejo, ¿no puedes dormir?”
“No, hace mucho calor. ¿Qué escribes?”
“Son cosas de mayores, nada importante. Mañana será un día duro, deberías ir a dormir.”
“¿Qué pasará mañana?”
“Nos iremos de viaje, al oeste, a un sitio menos bullicioso.”
Ana se levantó de la mesa a buscar un hilo.
“Venga pequeño a la cama.”
“Vaaaale, hasta mañana.”
Una vez el niño se fue Ana subió a su cuarto y sacó una pequeña jaula de debajo de la cama. Una paloma arrulló.
“Tranquila pequeña tienes que enviar este mensaje al sur, al mar y todo habrá acabado.”
Ana ató el mensaje a la pata de la paloma y la dejó volar. El mensaje y su portador se desviaron dirección sur, hacia la gran Bahía de Belfalas.
------------------------------------------------------------------------------------------
Danor caminaba un poco avanzado mientras Ana, algo rezagada, cargaba con el equipaje que necesitarían allende en el oeste.
“Ana, ¿cuántas veces más tenemos que cambiar de ciudad?”
“Las necesarias cariño, ya te expliqué que mi trabajo es complicado de entender y la gente si lo supiera se enfadaría mucho con nosotros y tú no quieres que pase eso ¿verdad?”
“No, pero no me gusta que hagas esas cosas. Está mal.”
“Hoy en día, pequeño, ya no sé quiénes son los buenos y los malos. Este trabajo nos da para vivir con bastante holgura. Algún día lo comprenderás.”
“¿Comprender qué?”
“Que en esta vida sólo tienes un amigo fiel y ese eres tú mismo. Llegará un momento que no confiarás ni siquiera en mi y harás bien puesto que quien traiciona una vez, repite.”
“No, yo siempre estaré a tu lado Ana.”
“Siempre es demasiado tiempo cariño … demasiado.”
Y las dos figuras se alejaron de allí, fuera cual fuera el destino ligado a aquella ciudad, ya no era el suyo.
