La Guerra de los Clanes

C4 Concilio Vs C1 Valle

Terminada
Escrito el 10-08-2005 19:51 #1

Fin Guerra: Valle del Ingenio se retira del Combate

Armadas perdidas por \"Concilio de Nan-Tasarion\" = 56

Armadas perdidas por \"Valle del Ingenio\" = 46

Los porcentajes en esta batalla eran del 50%. Victoria para Valle.

Escrito el 12-08-2005 18:24 #2

Era noche cerrada en Haldanori y el campamento de Elboron situado al sur de la capital estaba sumido en un profundo sueño sólo interrumpido por el leve crepitar de la leña ardiendo en las hogueras y las voces de los centinelas de guardia. Sin embargo, una tea encendida ardía en el interior de la tienda del rey del Valle. En su interior se encontraba Elboron, que, por primera vez desde que había comenzado la guerra, se aprestaba a la batalla. Se encontraba nervioso pues habían llegado mensajes acerca de una posible invasión de los ejércitos aliados y un destacamento de exploradores con el emblema del Concilio no hacía ni dos horas que fueron capturados por la guarnición en los vados del Ringluine. Eso sólo podía significar una cosa; el cuarto ejército de los saucistas se disponía a atacar el corazón de sus tierras: la ciudad del dragón y solo él y sus valientes guerreros se interponían entre los invasores y la orgullosa capital del reino.

A su lado se encontraban vestidas con atuendo de combate y con serio semblante Atanaverde y la dama Earin, sus fieles lugartenientes. Por la expresión de sus ojos y su torvo semblante se podía adivinar fácilmente que estaban gravemente preocupadas y al tanto de la situación.

Tras intercambiar unas breves pero reveladoras miradas, el elfo se acercó a su arcón y tomando el yelmo dijo lacónicamente:

- En marcha. Dentro de veinticuatro horas quiero estar guarnecido detrás de los muros de Ciudad del Dragón. Atanaverde... quiero a tus arqueros montados listos para partir en menos de treinta minutos. Al alba deben estar en el paso del Ringluine.

- Estarán en veinte – respondió con firmeza la elfa

- Deben aguantar hasta que lleguemos a las murallas de la capital o la ciudad será perdida.

- No cederemos mi señor – repuso obstinadamente

- Atanaverde... – el elfo sentía gran aprecio por su fiel amiga

- Si, mi señor...

- Dame cuarenta y ocho horas. Al alba del segundo día repliégate al galope por los pasos de las montañas.

- Se hará como decís.

- Earin...

- Si, Elboron

- Ensilla tu caballo. Debes partir inmediatamente hacia el asentamiento de compañías y traer a las tropas que allí se encuentren. Nuestras fuerzas son escasas y sin esas tropas estamos condenados a la derrota.

- Partiré sin demora y os traeré los jinetes más osados del reino. Lo prometo – fue su respuesta mientras ponía su mano en el corazón a modo de promesa.

- Yo conduciré a nuestro ejército a la batalla. Os esperaré en las murallas de Ciudad del Dragón dentro de tres días... o menos si es posible.

Las dos mujeres asintieron y salieron a toda prisa de la tienda listas a cumplir las tareas que el rey las había asignado.

Quedándose solo, Elboron salió en busca de su ayuda de campo. Le preocupaba la escasez de sus fuerzas pues había movilizado numerosas tropas hacia las ciudades costeras desprotegiendo el interior. Espero –se decía – que las tropas de Atanaverde contengan a los ejércitos del Duque Arioch hasta que Earin traiga refuerzos.

Tocad las trompas – le dijo a su somnoliento ayudante – marchamos a defender la Ciudad del Dragón...

[...]

Dos días más tarde

La batalla se presumía encarnizada y sin cuartel. Las tropas de Atanaverde habían sido rechazadas con grandes pérdidas hacia el interior del angosto paso de Kheled Zigil y los supervivientes estaban llegando a la vanguardia del dispuesto ejército del rey.

Volvieron pocos jinetes y entre ellos yacía moribunda Atanverde que, en una inusitada muestra de valor, había defendido el paso del Ringluine hasta que no le quedaron fuerzas, dando a Elboron el tiempo necesario para preparar las defensas de la ciudad. Pese a ese heroico acto que casi le había costado la vida la batalla no había comenzado aún.

Las tropas del Concilio se acercaban a las murallas mientras los arqueros de Elboron se apostaban en los torreones sobre las cabezas de las perfectas líneas de los infantes con torva faz. El sacrificio de sus compañeros no quedaría impune y la presencia de su rey, dispuesto a morir con y por ellos, los enardecía.

La tarde era cálida a pesar de las negras nubes que cubrían el cielo oscureciendo la ciudad y el ánimo de los soldados más jóvenes.

Sin embargo, en medio de esa oscuridad, el pendón del Valle del Ingenio ondeaba con fuerza en lo más alto de la Torre de Cristal y apostado a la cabeza de la caballería a la cabeza de sus tropas Elboron lucía con gallardía sus brillantes armas, cubierto por un fulgor que asombraba a sus soldados y atemorizaba a sus enemigos.

Mientras tanto, las tropas del duque Erekosse se acercaban cantando y dando muestras de confianza y valentía.

Una hora después ambos bandos estaban listos y al son de las trompas los ejércitos saucistas se lanzaban al ataque protegidos bajo una incesante lluvia de piedras lanzadas por sus catapultas. Los elfos de Elboron contestaron cubriendo el cielo de proyectiles haciendo retroceder los infantes enemigos. La puntería de los arqueros elfos del Valle demostró su fama al derribar uno tras otro los soldados enemigos que osaban acercarse a las murallas.

Fustigando con brío a sus caballos, los jinetes del Valle se lanzaron en despiadado galope sobre las máquinas de asedio prendiéndolas fuego con gran éxito.

Un gran grito de victoria exclamado al unísono por los soldados de las murallas retumbó sobre el entrechocar de las espadas y el siseo de las flechas alabando la gran gesta de los osados caballeros elfos.

Sin embargo, la alegría duró poco, pues audazmente el señor Thinedel del Concilio exhortando a sus compañeros con acertadas palabras, lanzó a un batallón cargado de escalas contra las murallas. A pesar de las notables pérdidas, los hombres de Thinedel lograron acceder a la muralla por varios puntos y entablar combate con los arqueros de Elboron. Alentados por esa hazaña, los ejércitos saucistas hostigaron salvajemente las tropas del Valle rechazándolos contra las murallas de la ciudad. Los capitanes, desesperados, se afanaban en imponer orden y sólo el empuje del señor Elboron frenaba el demoledor ataque del enemigo.

Consternados por su falta de coraje y avergonzados por dejar solo a su rey los orgullosos guerreros pusieron freno a su retirada y con renovados bríos cargaron hombro con hombro con sus elevadas picas al frente.

La batalla se prolongó durante horas con igual suerte para ambos bandos hasta que una malhadada flecha enemiga traspasó la coraza del rey del Valle acertando en su pecho y derribándolo de su corcel.

La visión de la caída de su rey confundió a los ejércitos del Valle que se replegaban en desorden hacia las puertas mientras los capitanes del Concilio azuzaban a sus hombres en su persecución.

Todo hubiera sido perdido en aquel fatídico día y la capital de los orgullosos ingeniosos tomada si no hubiera sido por la aparición de las descansadas tropas de Earin, que marchando día y noche, habían llegado en el momento oportuno.

Observando próximo el desastre, Earin hizo sonar las trompas y la contenida furia de sus jinetes se descargó como un relámpago sobre las desconcertadas filas saucistas mientras ella cabalgaba por delante empujada por un fogoso valor segando la vida de numerosos enemigos y entablando feroces combates que la costaron un profundo corte en su muslo izquierdo haciéndola caer del caballo y perder el conocimiento al ser pisada por un caballo. Pero su esfuerzo se había visto recompensado. Las otrora valientes hordas enemigas huían despavoridas antes sus valerosos jinetes. Y mientras la multitud enemiga se alejaba Elboron era transportado por sus oficiales en unas parihuelas al interior de la ciudad. Pero los acosados defensores que hacía unos instantes se vieron perdidos se tornaron en aguerridos atacantes aplastando las tropas del Concilio hacia una brillante victoria que se cantaría en los festines de la Biblioteca en años venideros.

Horas más tarde el vencedor ejército del Valle se reunía ante la Torre de Cristal mientras los desmoralizados guerreros tasarianos acampaban a las afueras de la ciudad conternados por las inmensas pérdidas.

Antes de perder el conocimiento, el gravemente herido Elboron fue llevado al balcón de la torre y ayudado por dos fornidos guardias se incorporó y alzando la voz arengó a sus valerosas tropas:

- El ejército de Nan-Tasarion ha sido rechazado de la Ciudad del Dragón gracias a vuestros valerosos brazos. Amigos míos...¡Victoria! – y alzando la espada en señal de agradecimiento se desplomó por el esfuerzo.

[Editado por jarvis el 12-08-2005 18:55]

Escrito el 15-08-2005 02:46 #3

El asedio de Ostaire persistía aunque la fuerza de esta había decaído en los últimos días. Ningún cadáver ni piedra lo suficiente gruesa quedaba ya en muchas millas a la redonda, pues incluso las tejas de las casas derruidas al sur del río habían servido para acribillar a la ciudad impidiendo que la normalidad reinara de nuevo en sus calles.

Al sexto día después de la derrota numerosos barcos negros se divisaron en el horizonte, la insignia de la Orden de Plata estaba impresa en todos ellos excepto en uno. El Dragón Blanco surcaba las aguas por delante de las tropas de Telpe.

Morquarë, aún al mando del ejército tasaroriano, se acercó a la playa seguido por los capitanes de más alto rango, así como junto a los reyes del Concilio. Y allí junto al entrechocar de las olas esperaron el desembarco de los nuevos dirigentes de la compañía.

La rampa chocó contra la empedrada orilla salpicándose con las saladas aguas del mar, y por ella abandonaron el Dragón Blanco los cuatro capitanes, tomando al fin tierra.

La expresión de Morquarë, al igual que la de los reyes y capitanes, tomó un cariz de auténtica incredulidad.

-Je,je,je..- río bajo un manto de puro pánico el elfo congelando su rostro en una sonrisa que distaba mucho de ser de alegría -¿Y los refuerzos? ¿Por qué traéis refuerzos? No podeis venir vosotros solos, claro, tienen que haber refuerzos, vendrán en los barcos de Telpe ¿Verdad?-

-No, no vendrá nadie más- zanjó el Duque Arioch, dirigente al mando- Las tropas de las que disponemos serán más que suficientes.

-¿¿Estás de broma??- inquirió Morquarë –Ya fuimos rechazados con un ejército mucho mayor, jamás podremos tomar Ostaire con los supervivientes de la anterior batalla ¡Es de locos!-

-No hemos dicho que vayamos a tomar Ostaire – habló esta vez Thinedhel - Esa será la labor de Telpe, nuestro objetivo ahora no es otro que la Ciudad Dragón.-

-¡¡¿La capital?!!- clamó Morquarë –No conseguimos la rendición de una de sus ciudades menores y pretendéis apoderaros de la capital, una ciudad mucho mejor protegida y custodiada, con un ejército mucho menor que el que fracaso la vez primera. ¡Definitivamente habéis arrojado lo que os que quedaba de sesos a los tiburones durante la travesía, de otra forma no me explico como podéis pensarlo siquiera!-

-¡No toleraré tal insubordinación!- exclamó Arioch- La ofensiva a la Ciudad Dragón se llevará acabo de igual manera. Que Ian fracasara en la toma de Ostaire a causa de su ineptitud no sirve como precedente. Ian nos es de gran valor desde el punto de vista de desarrollo tecnológico y armamentístico pero ello no conlleva a que este capacitado para el rango de capitán, él así lo sabe y por ello ha dejado de manera honorable el cargo. Ahora es Hecil el nuevo rey del Concilio, y así como Ian supo proceder de la manera que la situación lo exigía te pido que hagas lo mismo y simplemente te limites a acatar las ordenes.-

El elfo calló con rabia contenida. “¿Quiénes eran ellos para juzgar el asalto a Ostaire? ¿Acaso habían visto cómo habían luchado? ¿Habían visto acaso cómo muchos habían luchado hasta dejar sus propias vidas en el empeño de ganar la batalla o simplemente por sobrevivir?”. “No. Ellos no sabían nada. Sólo se dedicaban a desprestigiar sin conocimiento de causa, como si una vida atada a una espada les hubiera concedido un conocimiento militar único”.

-Morquarë, desde hoy quedas relegado de tu cargo. No marcharás bajo ningún concepto sobre la capital de Valle, tu cometido será desde ahora y hasta que termine la guerra proteger el asentamiento que construyó el Concilio a su llegada a tierras de Valle así como informar de las posibles maniobras del enemigo- dijo Thinedhel.

Con aquella orden abandonó Morquarë a caballo las tierras colindantes a Ostaire y adentrándose con una pequeña escolta en el bosque se dirigió al campamento tasarioriano.”Humillado y deshonrado así ¡ante mis hombres! ¡¡ Y por un noldo*!!”. La ira del elfo se reavivaba y aumentaba cada vez que las palabras de Thinedhel resonaban en su mente.”Ellos eran miembros honrosos, capaces de toda hazaña, él les procuraría una que demostrase tal heroicidad”.

-¡Esperad!- gritó Morquarë a su escolta –Esperad, pues me queda una última cosa por hacer en este lugar antes de cumplir con las órdenes de los Grandes Señores.- dijo finalmente soltando gran cantidad de veneno en las dos últimas palabras.

Haciendo girar al caballo volvió sobre sus pasos hasta un pequeño grupo de jinetes.

-¡Soldado!- bramó el elfo –Tomad un caballo e id presto con un compañero a explorar las lindes de la Ciudad Dragón.-

-Pero el ejército no marchara hasta dentro de tres días. No veo de que puede servir ahora...- comenzó a replicar el joven.

-¡¿Acaso piensas desobedecer una orden?!- aulló el elfo con los ojos sanguinolentos.

-No, no señor- rectificó el soldado atemorizado.

-Marchad ahora entonces- ordenó Morquarë- En nombre de Mandos os doy su bendición, que su halo os sea propicio en tan ardua tarea.-

Los soldados recogieron sus armas y escudos y montando sobre sus monturas marcharon a prisa perdiéndose en el lejano horizonte.

-Marchad ahora, pobres infelices, a las Estancias de Mandos, donde sólo el destino sabe que os deparará- musitó el elfo mientras los veía desaparecer en la lejanía, tras lo cual tiró fuerte de las riendas de su caballo marchando de nuevo al bosque, donde tras unirse a su escolta prosiguió su camino.

[...]

Los días trascurrieron en el asentamiento del Concilio mientras que por el norte el ejército tasarioriano avanzaba hacia la Ciudad Dragón, capital de Valle. Los exploradores enviados por Morquearë varios días antes de que las tropas comenzaran si quiera su marcha habían cumplido ya el oculto y sombrío objetivo del elfo. Los señores de Valle, tras haberlos capturado y torturarlos hasta la muerte, habían sido ya alertados del avance tasarioriano, tomando medidas al respecto.

Atanvardè esperaba ya pacientemente en el paso de Kheled Zigil con el propósito de retener a las tropas invasoras el tiempo suficiente para establecer las defensas oportunas en la capital.

Y a un día de viaje de Kheled Zigil las tropas del Concilio desconocían el nuevo rumbo de la batalla.

[...]

El suave viento acariciaba las ramas de los árboles produciendo un leve y armonioso sonar, armonía con la que el elfo se dejaba llevar con los ojos cerrados y las melenas empujadas por el viento.

Y en la lejanía el ruido de los cascos le despertó al fin de su letargo. Y allí estaba, apareciendo entre la maleza el jinete al que había espiado horas antes desde el taurëndili, cabalgando como alma que lleva el diablo. El elfo sonrió.

-Señor, señor- aulló el joven soldado bajándose del caballo y yendo hacía el elfo (pues todo aquel hombre capaz de presentar batalla había sido llevado a la guerra mientras que el asentamiento solo era refugio de lisiados, enclenques, a parte de para mujeres y niños (aunque más que mujeres eran madres pues las jóvenes con destreza para arma alguna también habían servido para engrosar las filas junto al único aporte verdadero que no era otro que el de los ents)) -Las tropas de Valle se reagruparon en el asentamiento militar de Ostauriath en nuestra ausencia y ahora parten hacia la batalla de Ciudad Dragón. Hay que avisar cuanto antes al Duque Arioch-

-Muy bien, muchacho, has hecho un gran trabajo, en serio, ahora mismo haré que informen de tal hecho al duque haciendo mención de tu nombre y tu gran labor- dijo el elfo socarrón mientras que rodeaba con su zurdo brazo el cuello del muchacho en gesto afectivo mientras que éste parecía viajar en un sueño triunfal el cual se reflejaba en el brillo de su rostro y de sus ojos.

Y el muchacho cayó al suelo, completamente inerte, victima de un hábil degollar a manos del elfo.

-He aquí tu paraíso de oro y gloria muchacho- dijo burlón el elfo haciendo alejarse hacia la espesura el corcel del joven y montando en la suya propia para volver al campamento.

[...]

Atanvardè había sido rechazada junto a sus tropas y ahora los hombres del Concilio marchaban sin trabas hacia la capital del reino, la silueta de la Ciudad Dragón se dibujaba ya en el horizonte.

-Señor, Tundoron no ha regresado del asentamiento de Valle y ya hace más de dos días de su partida- habló uno de los soldados irrumpiendo en la tienda del elfo.

Morquarë lo miró colérico viendo que no podría terminar en aquel sitio ni siquiera un maldito almuerzo tranquilo.”Tundoron, así que al fin al cabo tenía nombre aquel mísero desgraciado, y por lo visto uno tan horroroso como él mismo”.

-Esta bien- habló al fin limpiándose con una servilleta de tela- Mandad media docena de hombres para investigar el lugar y encontrar la causa de tal tardanza.-

“Los refuerzos de Valle que habían en Ostauriath deben estar ya cerca de la capital, mal no hará que se descubra ahora el pastel. Solo espero que sean lo suficientemente numerosos para acallar a esos dichosos engreídos.”

[...]

Observando próximo el desastre, Earin hizo sonar las trompas y la contenida furia de sus jinetes se descargó como un relámpago sobre las desconcertadas filas saucistas mientras ella cabalgaba por delante empujada por un fogoso valor segando la vida de numerosos enemigos y entablando feroces combates que la costaron un profundo corte en su muslo izquierdo haciéndola caer del caballo y perdiendo el conocimiento al ser pisada por su montura. Pero su esfuerzo se había visto recompensado. Las otrora valientes hordas enemigas huían despavoridas antes sus valerosos jinetes. Y mientras la multitud enemiga se alejaba Elboron era transportado por sus oficiales en unas parihuelas al interior de la ciudad.

Y de entre los bosques las lamentables tropas de Morquarë aparecieron en la batalla ayudando, o eso intentaban, al repliegue y retirada de las tropas del Concilio.

-Veo, que llegamos con demasiada tardía- le dijo el elfo a Arioch contemplando con disimulada alegría a Thinedhel gravemente malherido –Nuestros mensajeros jamás nos llegaron a informar sobre del avance de Valle desde Ostauriath. Encontramos sus cuerpos degollados en el bosque, que Mandos lo acoja con grandes honores en sus estancias.-

“Con un paraíso de oro y gloria exactamente, para Tundoron y sus miles de personalidades, si no he mentido al decir que tenía más de una. Eru me libre.”

Arioch miró con dureza al elfo que disimulaba excelentemente su estado de euforia y alegría.

-Habrá que darles un entierro digno- dijo al final el Maia, volviendo su vista atrás y contemplando el despliegue de cuerpos sin vidas que decoraban con sangre y carne el campo de batalla.

-Yo me encargaré de ello si así me lo permitís- comentó Morquarë con honradez.

-Que así sea- dijo, y marchó el Maia hacia el campamento del Concilio, allá en el bosque.

*Aunque Thinedhel no es bien un noldo (Ver ficha de personaje), el profundo odio que siente por ellos Morquarë hace que cualquiera de la estirpe de los elfos sea merecedora de ser catalogada de esta manera.

[Editado por Thauld el 15-08-2005 03:14]

Escrito el 17-08-2005 22:56 #4

Resumen de la batalla.

Concilio ha perdido 56 armadas x35= 1960 puntos.

Concilio hace unos del poder especial de Arioch con lo que los puntos recuperables son 882 puntos.

Valoraciones: 8+9+8+8+8+8= 8,17

Recupera 721 puntos. Concilio solicitó daños a los dirigentes por un valor del 290%, si bien en su historia solamente ha recibido daños un personaje. Las reglas vigentes son muy claras al respecto y para evitar confusiones se mandó un palantir con un recordatorio al respecto unos días antes de iniciarse la ronda. Solamente se tendrán en cuenta, en este caso, los daños recibidos reflejados en la historia. Por los daños recibidos en las acciones heroicas de los dirigentes, que son del 90%, reciben 315 puntos. Total recuperacion: 721 + 315 = 1036 puntos.

Pierde: 924 puntos.

Valle ha perdido 46 armadas x35= 1610 puntos.

Recuperables: 1073 puntos.

Valoraciones: 9+9+8+7+8+8= 8,17

Recupera 877 puntos. Valle solicitó daños por el 200%. Los tres dirigentes afectados aparecen con los daños en la historia. Por los daños recupera 700 puntos. Total recuperacion: 877 + 700 = 1577.

Pierde 33 puntos.

Valle recibe 300 monedas en concepto de batalla ganada.

Valle entrega 100 monedas a Concilio por abandono de la batalla.

Compañias actualizadas y listas!

[Editado por gaurwaith el 17-08-2005 23:12]

Historia finalizada.