La Guerra de los Clanes

C3 Alianza Vs C1 Tercano

Terminada
Escrito el 12-08-2005 18:03 #1

Fin Guerra: Tercano Nuruva se retira del Combate

Armadas perdidas por \"Alianza de Eithel-Glîn\" = 8

Armadas perdidas por \"Tercano Nuruva\" = 16

El clan mas debil era Alianza, con un 35%. Ha perdido el 33% de las armadas que se han perdido en la batalla, por lo tanto la victorio es para ellos. Victoria de Alianza.

Escrito el 15-08-2005 17:01 #2

Un campamento yacía en las faldas de las montañas grises, junto al río Alcanen, se habían establecido ahí ya desde hace tiempo y en ese preciso momento y alejados de todos: tres personas hablaban entre si, la primera estaba completamente vestida de blanco y un velo le cubría el rostro dejando ver solo sus hermosos ojos, la segunda era una elfa que al contrario de la primera llevaba ropas muy ligeras a pesar del viento frío que surcaba el paisaje y el ultimo era un hombre bastante alto para los de su raza, del cabello de color miel y con una mirada penetrante, vestido con su armadura y su yelmo; en extremo diferentes, sin embargo ahora lo que les preocupaba era que un ejercito muy bien armado defendía la torre y ellos no contaban con tales armadas. Fue entonces que un mensajero había llegado trayendo noticias del clan enemigo.

-Nobles señores, esto es en verdad una buena noticia.- les dijo llegando hasta ellos y haciendo una pequeña reverencia.- he recorrido secretamente el camino que llevaba hasta la torre del maia Sincarion y al parecer el ejercito no esta preparado para un ataque al castillo, esperan que no retiremos hacia nuestras propias tierras.

-Gracias, ahora ve y descansa, que mañana será un gran día para la alianza.- les dijo el hombre de nombre Luthan, el mensajero se retiro con el corazón elevado.- Debemos confiar en el elemento sorpresa, esa será nuestra mejor arma.

Haradriel la dama vestida de blanco asintió, mientras que Feandra la elfa les dijo.

-Bien, partamos entonces ahora para que la noche cubra nuestras pisadas, ya que el camino no es fácil y podríamos ser descubiertos si no cuidamos nuestros pasos.

Así se separaron, cada uno se preparo por separado, cuando la noche ya tocaba a su puerta el ejercito comenzó avanzar, primero iban los arqueros comandados por Haradriel que ahora vestida de azul con arco en mano y subida en lo ents que los llevaban lentamente por el camino estrecho hacia el castillo, detrás venia Feandra con la infantería, ya dispuestos atacar y por ultimo venia Luthan con la caballería. Entonces después de un largo camino vislumbraron las dos estatuas: una negra y una blanca, sin embargo no se detuvieron y siguieron avanzando, una vez que se encontraron cerca del castillo se alinearon según lo planeado....

Después esperaron, silenciosos entre las sombras, para algunos fueron unos pocos minutos, para otros largas horas, pero en realidad la espera duró hasta la hora en la que el amanecer esta cercano pues eso indicaban las estrellas ;Arien estaba apunto de asomarse por las poderosas montañas grises.

Las tropas estaban listas desde la noche anterior , fortaleciendo posiciones ya tomadas, solo el sonido de los cascos de los caballos de la caballería de Luthan en la oscuridad delataba la cruel realidad, que pronto habría un encuentro entre las tropas enemigas y ellos , la neblina bajaba, y se espesaba tanto en los alrededores del castillo como en las cimas circundantes , elfos hombres y enanos preparaban un ligero equipo para la acometida.

Los arqueros de Haradriel tiempo hacia que habían tomado posiciones en los miradores mas altos acompañados de los ents, otros se disponían a acompañar a la infantería, esta al mando de Feandra y por su orden iban a tener que estar lo más ligero posible para la gran acometida a la torre y la casa de Sincarion, solo las armas serian sus compañeras ,las cuales llevaran en las manos listas para ser ejecutadas, poca ropa llevaba Feandra en verdad a pesar del frío de la mañana, después de todo el sudor y la sangre son tibias y en la lucha el calor es siempre intenso, los mas expertos en la defensa llevarían los escudos hasta donde sea posible, para así soltarlos cuando la refriega sea inminente dejado libre a la carrera de la infantería que iría después cubiertas por estos, ya no había marcha atrás todo estaba preparado.

Ahora bien en ese momento lo más preocupante para los capitanes era si tomar prisioneros o no, muchas cosas habían surgido a nivel político para no ser tomado ciertos asuntos muy seriamente. En la mente de Feandra solo circulaba la idea de sacar a su gente lo mas pronto posible de ahí con la victoria en la mano y el codiciado botín ,mas para ella eso era irrelevante pero necesario.

“Le dire a Haradriel que tomare prisioneros, pero si tomo alguno de los capitanes enemigos no los llevaremos para un buen interrogatorio, claro siempre y cuando salga viva de alli”.

Con esto los tres capitanes se reunieron de nuevo alejados de sus tropas.

-Haradriel es necesario tomar prisioneros.- le dijo

-Si necesario tal vez, pero ahora lo que me preocupa son aquellos que no puede defenderse.- le respondio.- y un prisionero ya no puede hacerlo, respetamos la vida, así que respetemoslos a ellos, tal vez asi obtengamos la información que necesitamos.

Luthan le miro y asintio y la elfa hizo lo mismo, hablaron de otras cosas, pero pronto terminaron, la batalla estaba proxima y debian apurarse si querian obtener la victoria…

La neblina era densa, permitiendoles quedar ocultos, entonces y muy lentamente los ents avanzaron para que los arqueros pudieran disparar, una vez colocados comenzo la contienda:

Flechas silenciosas cruzaron los aires y dieron justo el en blanco, los guardias que protegian el castillo habia caido y el ejercito enemigo que no estaba preparado para tal ataque poco pudo hacer , los arqueros seguian disparando, entonces Haradriel hizo sonar las trompetas y la caballeria salio al galope y su orgulloso capitan al frente, muchos del bando contrario descuidados en la confucion fueron clavados por las saetas que tan diestramente eran lanzadas; era precisa la carrera , ya que debia ganarse tiempo para evitar que el enemigo contratacara , nunca unos corazones habian latido tanto, lo primero que Feandra encontro ante de las puertas, fue a un grupo de elfos y hombres dispuestos a no retroceder , en su mirada se veia el coraje y la valentia , pero la muerte estaba sobre sus sombras y nada ya se podia hacer, ella se deslizo bajo ellos logrando pasar el sable por las pantorrilas doloroso si , mas no mortal. Un hombre que estaba en el suelo saco un puñal y con suma rapidez se levantó , empuñándola hacia la garganta de la elfa ,pero su brazo jamás llegó, estaba en el suelo lo ultimo que él vio fue su mirada frente a la de la Feandra, que lo acababa de atravesar con el sable en el estomago, se volteo y pregunto en voz alta:

-¿ quien más quiere morir hoy? , quédense en el suelo y sus vidas serán respetadas. Diciendo esto la gloriosa infantería de la alianza ya había tomado las Puertas de la morada de Sincarion el maia.

El sonido de las flechas enemigas y los hachazos de los enanos eran suficientes para robar los anhelos , pero si ellos eran intrépidos en su defensa, mas empecinada fue la embestida de la alianza. Entonces y sonó un cuerno, pero no pertencia a las tropas de Eithel-Glîn,los capitanes sonrieron, el enorme ejercito Tercano se retiraba; ya la caballería estaba adentro y los arqueros tomaban posiciones de defensa para el regreso, sin embargo quedaba una misión mas:

Registrar la ciudad en busca de cualquiera que quisiera hacer un acto suicida, nada es facil, un rincón ,un establo, una casa, una torre por pequeña que sea era peligrosa, soldados de la alianza a pesar de su entrenamiento eran sorprendidos y muchos murieron, otros fueron victoriosos ,pero a pesar de todo ,la infantería de los señores de la fuente resplandeciente triunfo y limpio las calles para que el resto del ejercito puediese entrar sin peligro alguno, pero la caprichosa suerte es siempre cambiante y cuando Feandra se disponia con una grupo de soldados atravesar unas callejuelas , en un rincón un elfo de mirada sombria , se le atraveso introduciéndole su espada casi hasta la mitad en el hombro derecho, hubiera sido mortal si los reflejos de Feandra no fuesen los de una elfo, sin embargo el elfo jamas veria la nueva luz del dia pues con la izquierda Feandra desenfundo el otro sable decapitando a su atacante. Caminando hacia la salidad encontro en la calle a varios alferes de la alianza y se hacerco a ellos.

-Diganle a Haradriel que la infantería a cumplido, la ciudad esta lista para ser saqueada y por favor busquen a un sanador. Con esto se desplomo hacia el suelo , solo que no lo sintio, un alférez ya la tenia en sus brazos.

Mientras tanto Luthan guiaba a la caballería por las calles de la ciudad, una pequeña guarnición de hombres armados oponían resistencia a los atacantes , esa resistencia debía ser detenida lo mas pronto posible si se quería obtener un saqueo efectivo, los jinetes de la Alianza se dirigieron rapidamente al lugar, los poderosos caballos avanzaron hacia los defensores sin temor confiando plenamente en sus jinetes, unos lanceros se adelantaron y aquellos que no pudieron frenar recibieron el agil golpe de las lanzas, muchos caballos fueron atravesados por las lanzas tirando a sus jinetes al suelo,el caballo de luthan fue herido en la pata lo que ocasionó que luthan cayera al suelo con el caballo, el golpe le causó una herida en el brazo que aunque era dolorosa, no era muy grave; ya estaba amaneciendo.

Al mismo tiempo que los primeros rayos de luz salían de las poderosas montañas el caos se apoderó de toda la ciudad, llantos y gritos se escuchaban hasta la lejanía, era un escenario horroroso pasearse por alguna de las calles de la ciudad, todas las avenidas estaban repletas de cadáveres de ambos bandos, los blancos tabiques de la ciudad pronto se tornaron rojos, miles de mujeres lloraban a los caidos y no menos niños quedaron huerfanos ese día.

Sin embargo el ejército de la Alianza no se detuvo y Haradriel comandando a los arqueros acabó con todos los defensores que se encontraban cerca de las murallas, un oleaje de flechas arrebató la última esperanza de salvación de la ciudad, hábiles en el arco eran los hombres de la Eithel-Glîn y la mas hábil de los arqueros que se encontraban en el ataque a la ciudad era la Atani Haradriel…

Haradriel observó las calles de la ciudad desolada, sus ropajes azules flotaban al viento, las tenia manchadas de su sangre, algunas de ella misma pues durante la batalla recibió varios golpes del bando contrario, otros de los contrincantes que había dejado inconscientes, sus hermosos ojos destellaron de repente...

-¿Qué ocurre señora?-Preguntó un soldado a la muchacha

-Prepara a los hombres, vamos a saquear el castillo y partir lo mas rápido posible, debemos estar en camino a Eithel-Glîn para antes del medio día; ya conocen las reglas, quien no las cumple se las verá conmigo.- Informó la dama al soldado impasible como siempre.

-Enseguida Señora Haradriel- contestó el soldado que inmediatamente fue a cumplir la orden. Entonces la muchacha reparo en un alférez que traía en los brazos a Feandra, camino hacia el y cuando llego le dijo.

-¿Qué le ha pasado?

-Recibió una flecha en el brazo, pero creo mi señora que no ha caído inconsciente por eso.-la joven le miro y luego con la mano le indico que la siguiera.- pienso que ha sido por el cansancio.

-¿El cansancio?.-le pregunto aturdida.- es una elfa, no, no ha sido por eso, ven acuéstala aquí y ve en busca de Luthan.- el muchacho asintió y salio de la improvisada tienda que habían instalado los curanderos, poco después de haber llegado.- ¡Ay Feandra! Debes aprender a controlar esa ira,.- le susurro mientras revisaba la herida de su hombro derecho, no era grave así que se dispuso a curarla.

Poco después llego Luthan y larga y tendida fue la platica que tuvieron mientras se daba paso al saqueo de Barad Hithgwath

-Ya debemos partir, el medio día se acerca.- dijo Haradriel

- Daré la retirada enseguida.-

- Esta bien Luthan pero apresúrate.- contestó la muchacha al hombre, y después de hablar con Luthan ella fue a ver como se encontraba Feandra.

Luthan dio el orden de la retirada, los hombres de Eithel-Glîn partieron en seguida, la ciudad de Barad Hithgwath había sido totalmente saqueada para entonces y la Alianza Eithel-Glîn había alcanzado una importante victoria. Todo el ejército de la Alianza ya se encontraba fuera de la ciudad, Feandra volteó hacia la ciudad, encima de Barad Hithgwath se levantaba una enorme columna de humo, enseguida miró su hombro herido, en su mente se pregunta si todo eso había valido la pena, valía el oro obtenido las vidas de los hombres caídos, habíamos ganado un tesoro en realidad....

-¡Feandra! ¿Qué sucede?-

-Nada... Nada sucede aquí.- contestó Feandra quien dio la media vuelta y continuó la marcha del ejército .Así dejó la Alianza la ciudad Barad Hithgwath mientras el sol iluminaba los campos , las frías montañas y los restos de una ciudad que ahora se encontraba en ruinas.

[Editado por thoroncul el 15-08-2005 17:37]

Escrito el 18-08-2005 05:17 #3

Morion subió a la torre más alta de Barad Hithgwath, y se acercó a la ventana por la cual ingresaban los más gélidos vientos matutinos. Se apoyó en la peana con los brazos formando un arco, y agachó la cabeza. De una u otra forma sentía que el dolor que le producía el frío en los miembros, le ayudaría a despejar la mente abochornada por las visiones engañosas que le tendía el destino cuando descansaba.

Sus blancos cabellos se alborotaron intempestivamente mientras se forzaba a recordar lo que había soñado, porque cuando despertó aquella mañana, y se pasó la mano por la frente, un desagradable sudor frío había delatado sus pesares más profundos. Algo siniestro se diluía en su memoria incapaz de disipar las nieblas del futuro.

Abajo, en la amplia plaza que se extendía frente a la torre, pudo distinguir una muchedumbre alborotada, pero por la altura y la distancia que lo separaba de la gente en cuestión, no pudo discriminar si se trataba de las tropas tercanas o uno que otro ciudadano alborotado.

La situación no dejaba de ser curiosa, pues a aquellas tempranas horas, en las cuales ni el Sol estaba despierto, consideraba ser de los pocos aparte de los centinelas, que se hallaba en pie.

Barrió con la mirada todo el terreno aledaño al castillo, y lo vio. No necesitó rectificación de lo que se presentaba con magistral sorpresa entre sus ojos.

Lejos en la meseta circundada por las montañas una difusa mancha de tonalidades oscuras rompía con el blanco impoluto de las nieves y para peor, ¡se movía!.

Morion sabía que les quedaban un par de horas antes que un nuevo ataque de la Alianza cayese de sobre Barad Hithgwath.

Minetras descendía por la escalinata pétrea de la torre, de a dos escalones por zancada, para acortar el tiempo del descenso, pensó en lo absurdo de la situación. Los sureños de la Alianza habían preferido devolverse y arremeter de nuevo contra Barad Hithgwath antes que atacar alguna otra ciudad indefensa.

No tardó en reunirse con la masa alborotada que se amontonaba junto a las puertas de la ciudad. Efectivamente no eran ciudadanos ‘alborotados’.

Gwyllion y Naeviän parlaban elucubrando complejos estratagemas de resistencia, cuya ‘real’ efectividad a la hora de hacerlos valer más que con la tinta en el papel, resultaba difícil de imaginar, por lo menos para el nigromante.

La primera susodicha, se adelantó al percatarse que Morion había hecho acto de presencia y gritó sin más

-¡Dónde rayos estabas metido!¡Di vuelta la ciudad buscándote, ¿a caso no ves que estamos siendo atacados?!

Morion arqueó una ceja en desaprobación. Aquella mujer despertaba su ira tan rápido como pocos. Ni siquiera había abierto la boca y ya lo estaba regañando.<<Uno de aquellos especimenes que hace parecer los gritos, notas de poder.>>, pensó sin remordimientos.

El tiempo siempre parecía correr contrario a lo deseado. Cuando se necesitaba un par de horas para organizar las tropas, aquellas se escurrían en cosa de segundos, en cambio cuando urgía salir rápidamente de algún aprieto, los minutos avanzaban cual decenios completos a la espera de la suerte adversa. Sin lugar a dudas, la percepción que estaban teniendo los de Tercano en aquel momento, se acercaba peligrosamente esta última afirmación.

Para colmo de males, en las postrimerías de la mañana los vientos amainaron y una densa niebla propia de las Montañas Grises descendió sobre la meseta, cubriendo los alrededores de un hálito misterioso, cuando menos.

El retumbar de los tambores y el grito y aullido de los cuernos atacaban los nervios de los habitantes de Barad Hithgwath que corrían despavoridos por sus callejuelas adoquinadas en busca de refugio; y quienes tenían acceso a los muros de la ciudad y las torres, o podían observar con atención y con sus propios ojos cuanto estaba sucediendo desde los tejados de las altas casas, comprendieron muy pronto que la ciudad estaba perdida. Mas no sus habitantes.

Hróta, era una morada subterránea, una especie de caverna artificial tallada en las rocas de las laderas montañosas, que había sido ideada por los habitantes primigenios de la ciudad. Era un refugio de envidiables proporciones, donde las gentes de Tercano siempre habían acudido en tiempos difíciles y por orden explícita de Gwyllion, sus inmensos portales habían sido abiertos una vez más para recibir a los asustados habitantes de la ciudadela, que habían acudido a albergarse en la caverna junto a sus enseres más preciados.

Por tanto, la ciudad se hallaba desierta, excepto por los rezagados que aún no habían hecho caso del aviso de la Señora.

Para cuando las volutas de humo se expandieron por lo aires límpidos de las alturas, y tan solo quedaban los simientos de las paredes más firmes, la invasión era un hecho más que declarado.

Morion en tanto hablaba entre susurros con Sulankalië.

-...haz caso de mí, lo que parece firmemente cimentado se derrumba con facilidad. Cuando Gwyllion te dé la orden de avanzar con la vanguardia, camina rumbo Al Portal, como ella te dice, pero antes de cruzar el arco de las Estatuas, dobla a la derecha y circunda la Plaza del Campanario, porque si haces lo que te dice nuestra ‘dirigente’ perecerás con seguridad. Nuestras tropas no están completamente reclutadas, ni las veo listas para prestar el servicio diligente del cual necesitamos. Hay que afrontar los hechos, estamos perdidos, ahogados en nuestra propia vanidad y despreocupación.

Sulankalië no dijo nada y se marchó al trote, dejando al elfo de poderes nigrománticos.

La Noldo pensó en confiarle a Gwyllion las palabras del elfo, y a hablar con ella se dirigía, cuando se topó con Naeviän. Le dio una palmada amistosa en el hombro y siguió su marcha apresurada.

No sabía donde hallarla, pero temiendo la traición del elfo, apresuró la marcha. El Portal aún estaba lejos, y desde donde estaba, se perfilaba más como una idea que como algo cuya imagen resultase de concreta cercanía.

Y mientras corría calle abajo, se dio cuanta que iba contra la corriente. Un grupo de soldados avanzaba metódicamente a paso ternario en dirección opuesta a la que ella llevaba. Fue entonces que logró discernir el para ella odiado, emblema de la Alianza de Eithel – Glin en el pecho de los hombres.

El corazón se le fue a los pies, y en la desesperación, forzó la puerta de una taberna contigua. Una vez adentró se apoyó en la puerta y escuchó con atención. El trote del pequeño escuadrón enemigo aún retumbaban en sus oídos, cuando estos ya estaban a algunas cuadras del local que Sulankalië Ar-Feiniel tenía por guarida.

Salió por al patio trasero de la taberna que se comunicaba con toda una red de callejuelas internas, aún inmaculadas por los atacantes.

No había ni un alma, y aún sigilosos, los pasos de Sulankalië rompían el silencio delatando su marcha sin rumbo aparente. Después de vagar un buen rato, el movimiento inusual de un toldo establecido para el comerció, llamó su atención. Se acercó, espada en mano, mas antes que lograse reaccionar, un soldado se apostaba a segar su garganta.

Detrás del hombre apareció una decena más de soldados y en medio, para suerte de Sul, surgió, algo más baja, Naeviän.

-¡Ay, pero si es de las nuestras!¡Dejadla! – gimió con espanto la mujer. – Ya ves amiga mía como debemos huir de los agresores, y ¡en nuestra propia ciudad!¡Imagínate con qué rabia e impotencia veo pasar a los de la Alianza, llevándose todo lo que resulte de algún valor...y sin embargo, poco puedo hacer a estas alturas... mi caballo coceó desbocado al vernos acorralados y mira, me fracturó la rodilla...- anotó Naeviän con tristeza.

En otro frente del conflicto Morion lidiaba con el enemigo y el dolor a cuestas. La cabeza de una flecha esta inserta en su hombro, pues en la desesperación por arrancarse el misil, había partido la misma en dos. Y ahora había dado por perdido el intento de arrancársela, porque se veía asediado por demasiados adversarios como para pensar en...pequeñeces.

Apretaba los dientes, los puños, todo, intentando soportar de mejor forma el dolor que le causaba la herida palpitante.

A Morion los arqueros siempre le parecieron innobles, aunque eso no les restaba utilidad. Prefería las maneras más clásicas donde las espadas se estrellan y los contrincantes se ven la cara, aunque tal vez su percepción estuviese algo volcada a la subjetividad dado que ahora le había tocado sufrir en carne propia la precisión de un hombre que desde la lejanía liberaba su propia batalla contra el enemigo. Y en la desesperación se había puesto por meta llegar a los altos donde se refugiaban los hombres de arco y flecha.

No le fue muy difícil avanzar por el llano, aunque solo fuese con unos pocos hombres. Aquel flanco de la Alianza estaba especialmente desprotegido, o eso le pareció a Morion en un principio.

Comenzaron a trepar la ligera estribación del terreno que se les colaba en el camino, pero pronto tuvieron que abortar la aventura. Muy cerca estaba la dirigencia de la Alianza, y aunque no fueron descubiertos por estos, era evidente que de incursionar más allá de donde estaban, habrían echado por la borda sus propias vidas.

Antes de regresar derrotado por el imprevisto, quiso otear a los líderes adversarios, tan solo por curiosidad. Y cuando vio a Haradriel dispensando órdenes a los arqueros, sintió que su sangre hervía. Sin embargo, no pudo odiarla, pues un aire distinto envolvía a la muchacha cuyo rostro no podía ver.

<<Lástima que si me cruzo con ella, ‘deba’ matarla>>, pensó mientras se dirigía a la ciudad, luego de haber oído los cuernos de retirada de su propia gente.

Gwyllion marchó por las calles de la ciudad decretando la retirada de las tropas tercanas.

Juzgó mejor aquella maniobra, a seguir con la masacre, que a aquellas horas ya registraba un alarmante aumento.

Pero ella y otros pocos prestaron una última y desesperada resistencia a las puertas de la ciudad, antes de rendirse por completo, para refugiarse con el resto del pueblo en Hróta.

Una vez reunido en la caverna todo tercano que quedaba en pié, se pudieron sentar a recobrar el aliento mientras dilucidaban las múltiples fallas que habían quedado en manifiesto mientras se desenvolvía el conflicto. Ahí Gwyllion, que había caído del caballo no poco atrás y cuya muñeca se doblaba de forma bastante contraria a la natural, se acercó a Morion y se inclinó para susurrarle algo al oído, de modo que fuese el único en entrarse

-...dada la ausencia de Sincarion, yo soy el general en jefe de las tropas tercanas, y más aún, capitán de esta compañía, por tanto si los tuyos son aires de insubordinación, te anuncio formalmente que quedas relegado a soldado raso, amonestado por comportamiento deficiente...¿está claro? – y se marchó sin esperar respuesta, por parte de quien estaba vendando su hombro herido.

Aquellas palabras le parecieron despreciables a Morion, y además, movidas por un sentido ególatra, demasiado marcado, que no admitía sus posturas reprochando en cada mirada, palabra y gesto, a él, que alguna vez hubiese estado al servicio de Morgoth Bauglir. Simplemente le pareció que su líder estaba siendo injustamente prejuiciosa, ¿le había dado alguna otra razón para que lo odiase? No podía explicarse que la expulsión fuese producto de haberle dicho la ‘verdad’ a su compañera de armas, Sulankalië Ar-Feiniel.

Morion no sabía a ciencia acierta que le dolía más. Si el hombro herido o el desprecio de sus esfuerzos por contribuir a la compañía. Además, muy pronto comenzó a saborear la amargura de la incomprensión que venía de la mano con el rechazo.

Y Sulankalië lo buscó en las Casas de Curación, durante los días siguientes, puesto que también ella se hallaba en el recinto por las costillas fracturadas de rutina, y no lo encontró pues el nigromante se marchó con el primer Sol posterior al saqueo.

Escrito el 21-08-2005 12:34 #4

Resumen de la batalla.

Alianza ha perdido 8 armadas x35= 280 puntos.

Recuperables: 187 puntos.

Valoraciones: 7+7+7+6+5= 6,4

Recupera: 120

Pierde: 160 puntos.

Tercano ha perdido 16 armadas x35= 560 puntos.

Recuperables: 187 puntos.

Valoraciones: 9+8+7+8+5= 7,4

Recupera: 138 puntos. Los dirigentes han sufrido daños por el 80%, por este concepto recupera 280 puntos. Total recuperacion 138+280= 418 puntos.

Pierde: 142 puntos.

Alianza percibe 150 monedas por batalla ganada.

Tercano entrega 100 monedas a Alianza por abandono de la batalla.

Alianza saquea la ciudad atacada y percibe 200 monedas, que salen integramente de las arcas de Tercano.

Compañias actualizadas y listas!

Historia finalizada.