La Guerra de los Clanes

Historia Por Vida. Alianza. Árchaon

Terminada
Escrito el 20-08-2005 15:03 #1

Un rayo de esperanza comenzaba a asomar por entre las espesas nubes que habían cubierto ahora aquel cielo de las tierras de Nurn.

Casualmente, los resquicios de aquella batalla que fuere ocurrida tiempo atrás habían desaparecido.

Un ojo se dejó entreabrir, y tapándose con la mano tratando de hacer menguar aquella claridad que llegó tan de golpe, abrió el otro.

Árchaon vislumbró aquella tierra escasa de vegetación. Aquel prado le parecía muy familiar, y entonces vio en su mente las imágenes de la batalla acontecida, aunque no sabía cuanto tiempo llevaba así en aquel estado.

Intentó levantarse, pero parecía no tener cuerpo alguno que respondiera, y haciendo acoplo de todas sus fuerzas, hincó sus rodillas en el suelo, pero no pudo más, y enseguida se desplomó besando la fría tierra con sus labios.

Sentía como un intenso dolor recorría hasta lo más profundo de su alma, y entonces, cuando ya lo creía todo perdido, un reflejo blanco estalló en sus verdes ojos.

Silvaron, su tigre albino había aparecido justo en aquel momento. A decir verdad no se había separado de su amigo, sólo esperaba el momento en el que Árchaon mostrara un poco de vida para ayudarle. Y así lo hizo el Señor de las Nieves, pues, haciendo uso de las pocas fuerzas que le quedaban, Árchaon subió a los lomos del tigre, moribundo, si, pero ya estaba a salvo por el momento.

Heru-Los partió entonces sin demora por aquellas tierras, pues sabían que eran tierras enemigas y que debían permanecer el menor tiempo posible por allí, así que bajó rápidamente hacia el sur, hacia las bonitas tierras de la Alianza.

Pronto dejaron atrás aquel valle en el que la batalla se había ofrecido, y enseguida las montañas se dieron paso.

Recorriendo senderos inimaginables, el Señor de las Nieves avanzaba y recorría cada palmo de terreno a una increíble velocidad.

Surcó con premura aquellas cumbres que se alzaron ante sus ojos, y sin mostrar aún signos de flaqueza, prosiguió su marcha hacia la salvación de su más fiel amigo.

Árchaon ahora estaba inconsciente, una magia imperecedera entre ambos hacían que este no pudiera resbalar del lomo del tigre si no era por su deseo propio, por lo que, a todos los motivos, ahora corrían como si fueran uno solo, además, por ser un maia, el peso que ejercía sobre el Señor de las Nieves era nulo, por lo que este corría como si fuera solo, sin ninguna diferencia.

Después de casi correr medio sin parar, las tierras de Nurn fueron dando paso a las tierras de Nan-Tasarion, pero algo divisó Silvaron a lo lejos, tres siluetas no mucho más altas que un hobbit. Se trataba de tres orcos que andaban por allí, y que, en cuanto vieron al tigre, pensaron en algo que llevarse a la boca.

Así que desenfundaron sus cimitarras oxidadas y degradadas y corrieron hacia el felino, el cual se paró en seco.

El fuego comenzó a estallar en los ojos azul y verde de Silvaron, y como un rayo, surcó el terreno que los separaba y agitó fuertemente sus garras para degollar a uno, que cayó al suelo sin aliento. Los otros dos armaron sus brazos hacia el tigre, pero por supuesto, y sin ninguna dificultad esquivó aquellos golpes lanzados sin precisión alguna.

Silvaron se dio la vuelta y prosiguió con la carnicería, pues ahora sus garras rasgaron la cara de otro de ellos, y, tras lanzarse sobre él, una espada se clavó en el abdomen del que restaba.

Árchaon había despertado, y pudo desenfundar su espada y clavarla con miserable fuerza en el vientre del orco.

Silvaron lanzó una agradecida mirada al maia, que volvió a dejar caer su cabeza hacia abajo.

No podía demorarse más, pues su amigo corría peligro y necesitaba que alguien lo atendiera, así que dejó atrás las tierras de Nurn para involucrarse en las tierras repletas de sauces reconocidas como Nan-Tasarion.

Al poco la espesura del bosque Nan-Tasariona dio paso a las zancadas del animal que esquivaba aquellos grandes troncos que se elevaban hasta el cielo azul que cubría toda la faz de la tierra.

Entonces, algo distrajo la atención del tigre, mas su fino oído había percatado algo, así pues, un silbido cruzó velozmente el aire y una flecha paso rozando el abdomen de Silvaron clavándose fuertemente en un árbol. Pese a todo, el animal no cesó en su marcha y prosiguió corriendo a pesar de que las saetas volaban casi rozando su piel.

Al fin, una flecha encontró su objetivo y se clavó en la pierna derecha trasera de Silvaron, que cayó al suelo al perder el equilibrio.

Entonces unas sombras cubiertas por una capucha salieron desde la espesura, y lanzando un dardo con un fuerte tranquilizante durmieron a la fiera que se revolvía en furia y bestialidad....

- Parece un elfo, ¿no?- La voz de un niño despertó a Árchaon, pero no podía abrir los ojos.

- Si, si lo es- dijo otro.

La duda llenaba la cabeza del Maia, y haciendo un increíble esfuerzo abrió los ojos, lo que hizo que ambos niños dieran un respingo hacia atrás.

Árchaon se incorporó asustado. Se encontraba en una cama limpia, de sábanas de seda blanca, y muchas vendas surcaban su cuerpo.

Ya no sentía dolor, y parecía renacer. Así, cuando quiso dar lugar, los niños ya no estaban, pero pronto, la voz de una mujer hizo llamar la atención de este hacia la puerta.

- Ya se ha despertado mamá- Decía uno de los muchachos

- Espero que no sea una de vuestras gamberradas- decía la mujer que enseguida entró en la habitación quedando perpleja mirando al Maia.

- ¿Dónde estoy?- Dijo secamente él.

Hubo un silencio prolongado, y al poco habló la mujer.

- Estáis en una pequeña aldea escondida por el bosque de Nan-Tasariona.

Al escuchar eso Árchaon echó mano a su espada, mas sabía que Concilio eran ahora enemigos, pero no había ni señal del arma.

Se levantó de la cama y amenazó a la mujer.

- Mirad, si vosotros, gente de Nan-Tasarion, enemigos de los míos, procuráis intentad matarme, os aseguro que un gran poder será liberado aquí y desolará esta tierra.

La mujer pareció asustarse.

- No por favor, dejadme que os explique mi señor. Nosotros, los residentes en esta aldea, somos independientes de Concilio. Llevamos nuestra propia vida sin inmiscuirnos en sus asuntos, por tanto no somos enemigos, creedme señor.

Árchaon observó sus ojos y decía la verdad, así que relajándose se dejó caer en la cama, y mientras la señora le contó lo sucedido, llevaba una semana inconsciente, y la mujer había hecho todo lo posible por curarle todas heridas. Eso, y su naturaleza, a demás de la ayuda mandada por Eru, habían hecho que Árchaon tuviera una recuperación bastante pronta.

Al escuchar el relato de la señora, Árchaon comprendió que Silvaron le había salvado la vida.

- Y mi amigo Silvaron, el tigre blanco.- Dijo el maia incorporándose de nuevo.

- Está herido, lo tenemos en las caballerizas en una jaula.

Al escuchar eso el maia corrió rápidamente hacia la calle. Al salir de aquella casa observó que aquello era sólo una pequeña aldea en donde no habría más de veinte cabañas, así que corrió hacia las cuadrigas y abrió la jaula en donde Silvaron se hallaba inconsciente.

Árchaon clavó sus rodillas en el suelo justo a su lado y tendió la palma de su mano sobre la herida en la pierna de Silvaron. Una luz roja brotó de esta haciendo que la herida desapareciera por completo. Justo al poco tiempo, el tigre se puso en pie y se abalanzó cariñosamente hacia el maia, que sonriendo acarició el lomo del animal.

- ¿Quién fue el valiente que logró hacer diana en el tigre blanco allí presente?- Árchaon se acercó a un grupo de jóvenes que colgaban un arco sobre sus espaldas, lo que le hizo suponer que serían los cazadores aquellos. El tono de la pregunta era un tanto irónico, y a la vez que señalaba hacia el tigre mostraba una sonrisa sarcástica.

Uno de ellos dio triunfal un paso al frente.

- Yo- dijo repleto de orgullo- no veáis como iba de rápido la fiera, me costó acertar, pero al final lo conseguí.

Apenas había pronunciado la última palabra cuando el Maia lo cogió del cuello y apretó su gaznate. Los otros tres se lanzaron hacia él, pero un solo gesto de su mano hizo que salieran despedidos hacia atrás.

- Has herido a mi tigre, a mi mejor amigo, y pagarás por ello.

Dicho eso y sin esperar explicaciones, un puño se precipitó sobre la cara del joven que cayó al suelo. Y lleno de furia, Árchaon lo levantó de la camisa y golpeó su cara tantas veces como su puño era capaz de ir y venir.

Así pues, después de muchos golpes recibidos en su cuerpo, el joven Edain se precipitó al suelo rendido y sin fuerzas, incluso la sangre manaba de su cara.

Árchaon había cumplido con Silvaron, por lo que se dirigió hacia la casa de la señora que lo acogió para agradecerles sus servicios, pues debía marcharse ya, mas asuntos de extrema urgencia deberían ser atendidos...

[Editado por legolaragorn el 20-08-2005 15:22]

Escrito el 21-08-2005 13:40 #2

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Historia finalizada.