Una anciana le limpiaba el rostro del frío sudor que le recorría la frente, su cuerpo ardía por la alta fiebre que tenía. Alguien reposó una mano en su frente. Pero no la notaba realmente; la notaba como si fuera un ligero hormigueo, la mano se retiro y susurro unas palabras:
- Descansa ahora y recupera fuerzas. La ciudad espera pronto tu despertar- este las oyó pero no podía abrir los ojos y ver quien era.
Decía más cosas. Pero había perdido el hilo. No podía oírlas, solo captaba su tono, un tono de afecto. El aire cambió y una suave brisa entro por la ventana, llenando la sala con el dulce aroma de las flores nocturnas. Sintió como los pasos se alejaban de la sala, intento llamarla pero no podía su cuerpo no respondía a sus ordenes, a sus ruegos. Vagas imágenes le asediaban, confusas y desordenadas. Muchas de recuerdos pasados, pero de pronto una imagen dolorosa se le apareció, revivió el ataque a Gondolin, la vio arder y vio como caían cada uno de sus hombres y amigos bajo las espadas y las llamas de los enemigos; las lagrimas le asomaron por los ojos y sintió como le resbalaban por las mejillas hasta llegar a sus labios y notar el sabor salado de estas.
Este intento sacar ese recuerdo que lo atormentara durante mucho tiempo, más otra imagen venía a su mente.
Vio al niño en el suelo, se vio galopando hacía el y agarrándolo subiéndolo delante del, el caballo resbalo por culpa de la lluvia y los dos cayeron al suelo. Detrás de ellos un grupo de orcos venía dispuesto a matarlos, cogió al niño y lo puso sobre el corcel, mas cuando intentaba volver a montar una flecha le impacto en la espalda, sintió el dolor punzante y entendiendo que no podrían llegar los dos a la fortaleza; miro al bello corcel y le dijo:
- ¡Cabalga como el rayo, demuestra tu real estirpe poniéndolo a salvo! ¡Yo les entretendré!
Este obedeció y salió galopando con el niño hacía la fortaleza, donde estaría a salvo. Se vio como si fuera solo un mero espectador, luchando contra los orcos; vio como le empujaban hacia el borde del acantilado y sintió otra vez las mordeduras de las flechas enemigas en su cuerpo y como este perdía a cada segundo el control a causa del veneno impregnado en estas.
Allí dio muerte al orco que le disparaba, pero una flecha se le clavo en la pierna y perdió el equilibrio cayendo sin conocimiento a las aguas embravecidas de la bahía. Sintió la sensación de vació bajo si, el estruendo al golpearse contra el agua y como lentamente se hundía en esta, y su cuerpo se posaba en la arena como si fuera esta su lugar de reposo eterno y pensó que no saldría de esta. Algo o alguien le saco del agua, noto el calor de su cuerpo y sus dulces palabras, sintió el agua escabullirse por la armadura cuando lo alzaran desde las profundas aguas, y como lo posaban delicadamente en la arena de la playa, sintió su piel estremecerse bajo el contacto de una poderosa mano en su rostro apartándole sus cabellos de este, sintió el aliento de ese divino ser devolviéndole la vida y como sus pasos se perdían en el murmullo del mar, y allí se terminaban sus recuerdos.
Percibió la delicadeza de las sabanas que lo cubrían, notaba que no estaba solo en la gran estancia, alguien familiar se acerco hasta su lecho y se sentó en la cama. Esta acerco su cuerpo al de él y un escalofrió le recorrió la espalda, pero este no era de temor sino de amor. Sabia que era ella la que estaba allí junto a él y ahora ya no temía a nada. Su cuerpo embriagaba el aroma de las flores que nunca se marchitan, aquellas que crecen en los prados de los Dioses; percibió como besaba sus parpados cerrados, como bajaba delicadamente hasta sus labios y los besaba. Un hormigueo nació en ellos y sacudió hasta la última molécula de su cuerpo, y una voz le llamo diciéndole:
-Abre los ojos mi amado, hazlo por mí. Déjame ver esos ojos azules otra vez- le decía
Este abrió los ojos y allí a su lado estaba su mujer, el sabía que no podía ser que ella vagaba por las estancias del Valar Mandos. La joven andaba gracilmente hacía los porticotes mientras los rayos de Isil se reflejaban en su vestido, más cuando estuvo en la puerta lo miro y le dijo:
- Te quiero mi Turman. Siempre te e amado y te amare hasta que el último día, ahora debes recuperarte. Este es tu lugar y no debes permitir que el dolor del pasado sea un lastre para el futuro, adiós mi amado-dijo mientras se desvanecía detrás de las cortinas de seda.
Telimektar no podía articular palabra alguna, mas las lágrimas le recorrían la cara e intento incorporarse pero un fuerte dolor le recorrió la espalda y cayó al suelo de rodillas. Volvió a incorporarse y aunque el dolor le recorría el cuerpo como si lo fustigaran, logro caminar unos pocos pasos y salir al jardín antes de caer al suelo y lanzar un grito que resonó por toda la sala. Pronto se escucharon pasos que venían corriendo hacia la habitación. La puerta se abrió y entro una joven doncella, esta no lo vio en la cama y los porticotes estaban abiertos, temiendo lo peor salió corriendo hacía el jardín y allí lo encontró en el suelo:
- ¿Señor como os levantáis?, estáis muy débil. Las heridas aun no se han curado, perdisteis mucha sangre- le dijo mientras llamaba a otra mujer para llevarlo a la cama.
- Ella ha venido, estaba aquí yo la vi, vino a por mi- le respondió Telimektar mientras intentaba zafarse de ellas pero las fuerzas le fallaron y volvió a caer.
- ¿Quien es ella? Nadie a entrado en esta sala desde la tarde, ahora debéis recuperar las fuerzas y sanar las heridas.
- Vi a mi mujer aquí a mi lado, dejadme levantar debo ir a por ella…- les decía llorando
- Mi señor, siento deciros que vuestra esposa falleció hace ya varios años, tengo entendido. Seguro que a sido un delirio de la fiebre ahora descansad, por el amor de dios descansad- le rogaba la elfa.
Las heridas se habían abierto y sangraban otra vez manchando las blancas ropas, las mujeres cogieron unos frascos de extraños colores y olores que había cerca de la cama y le untaron las heridas las cuales dejaron de sangrar rápidamente.
Este miro a una de las doncellas y la reconoció al instante, era la doncella que viniera con la Reina Neldoriel y se quedara con él, este le cogió la mano y le dijo:
- Vagas imágenes viene a mi mente, lo último que recuerdo es que salvaba a un niño y poco después caía al agua. ¿Decidme como esta el niño?- le pregunto
- El niño esta bien, no os preocupéis por él ahora. Tenéis suerte de estar con vida caísteis al agua durante la tormenta, aun no sabemos como pudisteis salir de ella- le dijo mientras le colocaba una gasa en una de las heridas
- Lo único que recuerdo y muy fugazmente es a una mujer de largos cabellos sacándome de ella y tendiéndome en la arena- le respondió mientras se tocaba la cabeza
- A lo mejor fue la Señora de los Mares- le respondió la joven doncella
- No lo se y si fue ella, le doy las gracias por haberme salvado de una muerte segura…- decía pero pronto los efectos de los ungüentos hicieron su efecto y el maiar cayo en un profundo sueño.
- Así descansareis mi señor- dijo la elfa saliendo de la habitación y ordenando que nadie entrara hasta el amanecer.
El cantar de los ruiseñores lo despertaron, mas se sintió apenado miraba los porticotes como si por ellos fuera a entrar ella, el sabía que eso nunca ocurriría. Entonces llamaron a la puerta y entraron la anciana junto a la doncella, las dos mujeres traían ungüentos y un suculento desayuno. La anciana se acerco a el y le dijo:
- Ya me contaron que anoche os levantasteis de la cama. Por lo que me dijeron fuisteis valeroso al salvar al niño de una muerte segura. Os diré que esta bien y os doy las gracias como abuela ya que al que salvasteis no es otro que mi nieto Faelind- le dijo llorando
- Era mi deber intentar salvarlo y si con mi muerte logro salvar aunque solo sea a uno ya valdrá la pena.- le respondió besándole las manos en señal de gratitud hacía la anciana.
- Ahora a ver como van esas heridas mi señor- le dijo la más joven mientras entre las dos lo intentaban levantar.
Las heridas eran profundas y el veneno había sido neutralizado a tiempo, estas curaban a un buen ritmo pero un gran moraton le ocupaba toda la espalda. La joven lo rozó y vio en la cara del maiar reflejarse el dolor y le dijo:
- Siento haberte hecho daño, ¿recuerdas algo aparte de lo que me contaste anoche?
- No, solo imágenes borrosas y confusas. ¿ Podrías decirme como llegue hasta aquí?- le pregunto
- Por lo que se vuestros hombres al ver-os caer al agua salieron a la batalla en contra de tus ordenes. Lucharon hasta llegar a los acantilados, allí dieron muerte a los orcos que celebraban vuestra muerte. Intentaron encontraros pero la mar estaba muy embravecida. - le respondió la joven
- Por lo que se rumorea en la ciudad la Señora de los Mares os rescato de la aguas, El pescador que os trajo asegura que vio a la mismísima Señora de los Mares alzarse sobre las aguas de la bahía y que entre sus brazos llevaba lo que parecía un hombre y que lo tendió delicadamente en la playa del Islote de los Valar - le dijo la anciana mientras traía la bandeja de la comida- ahora comed un poco os sentara bien ya que lleváis mucho tiempo durmiendo.
- ¿Cuanto tiempo llevo aquí? Decidme señoras- les pregunto
- A día de hoy son cuatro días con nosotras, mas llegasteis al día siguiente de la batalla. Os encontraron en el islote del Valar, tendido a los pies de estos- le dijo la anciana.
- ¿Si pudiera ser me gustaría poder salir un rato al jardín?- les pregunto
- No creo que os siente mal la brisa marina, ahora mandare a que os saquen al jardín.- le dijo la doncella.
- Gracias, ¿Donde esta Narairë?- le pregunto a la anciana
- Esta en el Templo no ha salido de allí desde que caísteis al mar, se encerró y llora vuestra muerte. A nadie ha dejado entrar en los recintos y solo sabemos que reza por vos- le respondió esta.
- Soldado entra- le ordeno al que había en la puerta- ahora parte sin demora al templo junto con la sanadora y traed a Narairë, decidle que su padre desea verla
Dicho esto el soldado salio junto a la sanadora y fueron a buscar a Narairë. Estos llegaron al Templo y un guarda les dijo:
- Por orden de la Dama Narairë no puede entrar nadie en el templo sin su permiso
- Creo que deseara saber que su padre reclama por ella, ¿No crees tu?- le respondió el soldado
- Pasad sin demora, dadle tan buena noticia- dijo el soldado de la puerta, mientras corría hacía las campanas para dar la noticia.
Un gran clamor se alzó desde la cúspide del Templo y recorrió hasta la última calle de la ciudad al repicar de las campanas e hizo vibrar hasta la más pequeña piedra. Narairë extrañada salio enfurecida, abrió las puertas y gritó:
- ¿Quien es el que toca esas campanas y cual es su motivo?
- ¡Mi señora, vuestro padre a despertado!, reclama por vos- le dijo la sanadora
- ¿Ha despertado? ¡Esta vivo!- grito mientras los dejaba atrás y montaba en un corcel y se dirigía hacía las Casas de Curación.
Esta llego en poco tiempo y al entrar hizo caerse una bandeja cuyos frascos estallaron en miles de pedazos al impactar contra el suelo, formando un gran estruendo que resonó en la habitación. Telimektar extrañado miro hacía los porticotes y allí apoyada en estos vio a su hija.
Las lágrimas llenaron los ojos del padre y de la hija. Esta corrió y se acercó a su padre cayendo de rodillas al suelo. Las palabras desaparecieron en esos momentos, no había palabras suficientes para describir e decir lo que sentían. Así padre e hija estuvieron abrazados sin decirse nada, mas este miraba la viva imagen de su esposa reflejada en su hija, con una mano levanto la cara de esta y le dijo:
- No te diré que no llores ya que no todas las lagrimas son amargas, pero déjame ver esos ojos que me dan la vida
- Todos creían que habías muerto, pero yo les dije que no que tu no podías morir y ves tuve razón. Ahora estas aquí conmigo y dentro de poco podrás volver a luchar como tanto te gusta- le dijo mientras dejaba ver un atisbo de alegría.
- Eso espero, pero por lo q me dicen aun estaré aquí unos cuantos días- dijo suspirando- así que si puedes convencerlas de que me dejen ir al palacio, allí están mis papeles y debo ponerme al día
- Ahora solo tienes que pensar en curarte lo antes posible, no haré aquello que me pides ya que debes descansar y en palacio no lo harías- le dijo riendo
- Veo que ya me conoces bien- le respondió y los dos estallaron en carcajadas.
Esa misma noche, la luna se alzaba argenta en el cielo de la bahía iluminando la ciudad, la cual se alzaba poderosa y bella. Este se apoyo en el muro y mirando hacia esta dijo:
- Mi bella esposa ¿Por donde vagaras ahora, que extraños caminos recorrerás sin mi? Lo fuiste todo para mí y te perdí. Ahora ya no estas aquí y que se lo mucho que perdí con tu muerte. Solo una cosa me sustenta y me aleja del sendero de Mandos y esa es nuestra hija, mi luz en estas tierras. Sino no hubiese sido por la esperanza de encontrarla con vida haría muchos años que hubiera rogado el perdón de los Valar. Guardaré tu visita en lo más profundo y calido de mi corazón, me dará las fuerzas necesarias para vivir. Espérame en los verdes prados hasta que el día me llegue y nos reencontremos
Sintió a alguien rozándole el hombro, puso su mano en este y noto como si el mismo aire fuera una fina e delicada mano. Una brisa se alzó y se llevo esa sensación, y supo que su mensaje había llegado a su amada.
