La leyenda cuenta que en las montañas de Oron Oiolossë vive la Muerte Blanca, medio licántropo medio ser humano. Cuenta la leyenda que La Muerte Blanca no es otra que una joven doncella a la cual su esposo le engañaba con otra. Ésta se enteró y decidió vengarse volcando su corazón hacía las tinieblas, una noche entró en la cabaña espada en mano y les dio cruel muerte. Los gritos alarmaron a la aldea que con las primeras luces del día fueron a ver que ocurría, cual fue su sorpresa que se encontraron que la cabaña estaba llena de sangre y en su interior vieron a la joven ensangrentada tendida junto a los restos de su esposo y de otra joven. Fue apresada y llevada ante el Señor. Donde la juzgaron por sus crímenes y fue condenada a muerte, pero mientras la llevaban hasta lo más alto de las montañas para ejecutarla, ella les dijo:
- Vosotros, hombres impotentes de ensalmos estúpidos no podéis resguardaros de mi poder. Os condeno a la muerte en vida y escuchad volveré y castigare con todo el poder de las tinieblas a los infieles. Yo te entrego mi alma Morgoth dame las fuerzas para cumplir mi última amenaza.- gritaba, mientras la ataban para que fueran las fieras las que le dieran muerte.
Mientras esperaba la muerte una poderosa figura salió de la oscuridad de la noche seguida por una jauría de lobos. Esta se acercándose le dijo:
- Yo puedo darte aquello que deseas, la venganza.
- ¿Quién eres?- le respondió la joven
- Yo soy aquel al que llamas, soy el servidor del Poderoso Melkor, aquel que te dará el poder para vengarte. Yo te daré el poder pero tú le servirás hasta que el fin te llegue y ahora cumple tu venganza- le dijo mientras la mordía y ella lanzaba un grito de dolor que resonó por todo el valle, cosa que complació al Rey como señal de su muerte.
Y esa noche nació la leyenda de La Muerte Blanca, las noches de luna llena se ve a una Dama vestida de blanco de extraordinaria belleza andando por el bosque que seduce a los hombres y les da cruel muerte por infieles.
Pero todos creían que era solo una mera leyenda hasta que el hijo del Señor de esas tierras desapareció misteriosamente mientras una extraña oleada de extraños y sangrientos asesinatos sacudía la región.
El joven príncipe se encontraba en las antiguas ruinas de la Fortaleza de Orod Rûth donde moraba la joven. Los dos se encontraban en las antiguas salas mientras el joven intentaba deshacerse de las cadenas que le tenían postrado en la cama, la joven lo miró y sintió su fría mirada atravesándole su alma y ella le dijo:
- Conmigo estás a salvo. Cuéntame, mi Príncipe, háblame de tu hogar- le decía la joven mientras se abrigaba con la piel blanca de un oso y avivaba los fuegos de su morada.
- Una tierra más allá de estos extensos bosques, rodeada por majestuosas montañas y salpicada por viñedos exuberantes y prados donde crecen flores de una fragancia y belleza como no se encuentran a este lado del mar.- respondí mientras tomaba otro sorbo de vino.
- Describes lo que antaño fuera mi hogar, quizá sea tu voz lo que haga que me resulte familiar, mi querido príncipe.- le respondió mientras se acercaba y lo besaba apasionadamente.
Mientras dormía me besó dulcemente, dándome un líquido espeso y salado que pronto supe que era sangre. Aún conservaba el sabor de su sangre en mi boca cuando abrí los ojos y al mirarla me dijo:
- Eres el único desde tiempos inmemoriales al que no he dado muerte, te he observado como miras a tu prometida como la deseas. Quiero sentir eso, quiero que me desees como a ella, quiero ser a la única que ames.
- Nunca podré amarte, mi corazón y mi alma le pertenecen- le respondí tembloroso
- ¡Tonterías mi amado, tu serás mío aunque sea lo último que haga!-me respondió airada.
Sabía que no estaba mintiendo, podía sentir como su cuerpo ardía por la rabia del rechazo pero también por el deseo de que yo la amara. Ella me besó otra vez y me dio a beber otro sorbo de su sangre y sentía que las fuerzas me abandonaban otra vez. Mí cuerpo ardía bajo el influjo de una extraña fiebre que me recorría hasta la más pequeña molécula de mí cuerpo transformándome en un ser demoníaco. Mí alma o lo que quedaba de ella luchaba contra aquel ser, que la quería expulsar de mí. Recordaba esos ojos rojos brillar en la fría noche, pero no sentí la amenaza de la muerte en ellos, sino amor y me deje embrujar por la extraña magia que emanaban. Volvía a sentir como me hundía otra vez en las tinieblas al recordar mi llegada a esta morada.
La luz del sol me despertó y comprobé que mis cadenas estaban abiertas y como pude escape de esas estancias, sentía como me perseguían sus fieles siervos y un mar de fuego azul se alzó en las montañas.
Vislumbré la Fortaleza de mi padre encaramada en la montaña y a sus pies la pequeña aldea. Detrás de mi sus servidores me perseguían sin tregua pero no se atreverían a entrar en la aldea, al menos mientras la luz del sol iluminara la zona.
Hice que el caballo acelerara más el paso pero este ya estaba exhaustado llevábamos tres días cabalgando mientras nos pisaban los talones, los dos caímos en la plaza donde fui recogido y llevado a las salas de curación de la fortaleza.
Varias noches estuve en ellas recuperándome de lo que creían una mera fiebre, pero yo sabía que no que mi cuerpo ya no era el mismo. Sentía como los criados susurraban y los ruidos de la noche.
Una de esas noches mientras miraba por la ventana sentí como los lobos aullaban desde la oscuridad del bosque llamándome, fue entonces cuando mi prometida, entro en la sala y le dije:
- Escúchalos, los hijos de la noche, es una música tan dulce. Ella los envía para queme deleite con sus cantos.
- ¿Música? ¿Esos animales?,! Si son los siervos del enemigo cuyo fin es solo dar muerte! ¿Que es lo que te pasa ya no eres el mismo?- me respondió.
- ¡Déjame nunca me entenderías solo ella me entiende!- le grité mientras salía de la sala y ella me veía desde la ventana como me internaba en el bosque.
Mientras tanto los crímenes no hacían más que aumentar y cada vez eran más salvajes, el Señor intentando aplacar los rumores ordeno hacer una batida para eliminar a todo lobo que se encontrara. Por tres días las flechas surcaron los bosques y muchos perdieron sus pieles, pero eso lo único que hizo es que ella se enfureciera más
Mientras tanto había regresado con ella, la encontré recostada bebiendo de una copa y sin mirarme me dijo:
- ¿Quieres? Veo que no has podido resistir sin mí- dijo esbozando una sarcástica mueca.
- El deseo de sangre es cada vez mayor en mí, no podía estar entre ellos. ¿Qué me has hecho, dímelo? Te amo demasiado, haré lo que me pidas- respondí sollozando.
- Ahora eres como yo, ellos son nuestro alimento y los cazamos, bebe mi príncipe- me respondió mientras me daba la copa y bebía el líquido que contenía.- han matado a mis pequeños, los han perseguido hasta darles muerte y después los han despellejado como simples conejos. Ha llegado el momento de cumplir mi venganza.
En esa estación del año, el Señor hacía una gran fiesta en la fortaleza, todos estarían allí y era la oportunidad perfecta para probar el amor de su joven consorte. La luna se encontraba en su cenit cuando los dos amantes descendieron junto a una jauría de lobos hasta la aldea. Ella mirándome dijo:
- Ahora es nuestro momento, nuestros pequeños tienen hambre y allí dentro hay un gran festín esperándonos, ábreles las puertas y ellos harán el trabajo, reúnete conmigo en la gran sala.
- Como tu digas mi amor- le respondí, pero ya no era dueño de mis actos me dejaba dominar por ella y no opondría resistencia alguna contra la masacre que planeaba.
Hice lo que ella me ordenó, espada en mano entre junto a los hijos de la noche dando muerte a todo aquel que encontrábamos por el camino. Pero pronto sentí como mi cuerpo mutaba, me estaba transformando no quería pero era tan doloroso resistirse a ello que lo deje hacer y me convertí en un licántropo de oscuro pelaje como la noche.
Pronto un gran alboroto se alzó en la gran sala, ella había aparecido de la nada. Encaramada al balcón sentía el temor de los aldeanos veía el miedo en sus ojos y eso la deleitaba mientras bajaba majestuosamente las escaleras alzando la voz cual trueno dijo:
- Perdonad mi descortesía, me presentare soy a la que llamáis La muerte Blanca. Veo que mi invitación no ha llegado, pero no he venido sola ¿espero que no os importe?
- La Muerte Blanca es solo una leyenda de viejas, así que hechicera de poca monta salid ahora mismo o os daremos muerte- gritó un hombre
- Como que una simple leyenda soy, pues mira lo que hace esta leyenda- le respondió mientras saltaba y se trasformaba en licántropo cayendo sobre el arrancándole la cabeza de un zarpazo.
Los gritos llenaron la sala y los hombres desenfundaron sus espadas, pero nada podían hacer contra ella. Fue entonces cuando nosotros entramos, la puerta estallo bajo nuestra fuerza y tanto yo como mis hijos entramos en ella. El olor a sangre inundaba la sala, cuerpos esparcidos sin vida y otros agonizantes eran pasto de los lobos, mientras yo me unía al frenesí de la caza junto a ella. Allí por primera vez sentí lo que era quitar la vida. En la sala solo quedaban aquellos que ella había salvado, casi en su totalidad jóvenes doncellas y algún que otro joven de puro corazón.
Ella recuperando la imagen de la dama y miró a mi padre le dijo:
- Has visto que las leyendas cobran vida, tu familia me condeno a muerte y yo jure cumplir mi venganza. Todos los infieles han muerto pero aun me queda dar muerte a una- dijo mirando a mi prometida
Sus pasos la llevaron hacía ella pisando a los cuerpos sin vida que llenaban la sala, la observo detenidamente y entonces le dijo mirándome:
- No seré yo quien te de muerte sino que será mi Príncipe el que te la dará.
Mis garras se hundían en la carne de aquellos que había matado, mientras me dirigía hacía ella. La sangre bañaba mi oscuro pelaje, sentía el miedo que despertaba en ella, me abalance sobre su frágil cuerpo y cuando estaba a punto de hundir mis colmillos en su carne ella me miro a los ojos y dijo mi nombre cayendo desmayada. Mis ojos recobraron por un instante mi amor por ella y fui incapaz de desgarrar esa blanca piel.
Ella mirando a mi padre el cual estaba tieso como una estatua mirándonos le dijo:
- Tu hijo me pertenece, su alma es mía ahhhh
- ¡El ya no es mi hijo, ahora es solo un vil siervo de Melkor y la muerte será su destino!- grito mí padre.
Fue entonces cuando se abalanzó sobre mí con la intención de matarme pero la Dama Blanca se interpuso y con un simple zarpazo lo decapito diciendo:
- Aquí ya hemos terminado su olor me repugna- dijo mirando el cuerpo de mi padre.
Llegamos a nuestra morada cuando el sol despuntaba detrás de las montañas, allí en una esquina llore mientras me quitaba los restos de mi cacería mientras ella gritaba airada:
- ¡Como osas desobedecerme, te la serví para ti y tú lo único que haces es herirla, ahora mismo tendría que estar criando malvas!
- Si me amas déjala vivir, yo seré tuyo para siempre, pero déjala- le imploré
- Te amo demasiado, pero no puedo dejarla vivir sería una amenaza para nosotros. ¿Es que no lo entiendes?- me decía mientras me tocaba delicadamente con esas manos, las mismas que podían quitarte la vida sin enterarte.
Tres noche logre mantenerla junto a mi, alejarla de ella era lo único que quería.
Los lobos custodiaban nuestra morada día y noche. Nunca antes había dejado que nadie le mandara nada y ahora dependía de mí, no podía matarme, ya que sin mí estaría sola otra vez y eso era lo último que quería.
La nieve empezaba a fundirse bajo el calor del sol, cuando sentí un gran alboroto en la entrada. Baje lo más rápido que pude cuando me encontré con ella, allí temblorosa ante mí.
Me miraba con esos ojos llenos de amor pero pronto ella me llamó y con mala gana me acerque a ella y me dijo:
- Mira lo que nos ha traído el día. Veo que tendré que ser yo quien le de muerte esta vez, ya que tu no pudiste en su momento
- He venido a por el y luchare si hace falta. Ven conmigo mi amor- me decía ella
- ¡Como te atreves insolente mortal a hablarme así la muerte será lo único que te lleves!- le respondió airada.
Pero antes de que intentara transformarse me abalance sobre ella con una daga para matarla. Luche contra ella, nuestros cuerpos se enzarzaron en una batalla por la supervivencia cuando sentí algo caliente que me empapaba la camisa, era sangre. La mire a ella, allí tumbada mientras sus hijos lloraban su muerte y estos se abalanzaron contra mí, los lanzaba contra la pared mientras, Prometida me miraba, ahora mientras el miedo dejaba sitio al amor.
Herido por el combate me retire notando como la bestia me estaba transformando y gritándole le dije:
- ¡Mátame, por lo que mas quieras déjame descansar en paz, te lo pido por favor, no quiero ser como ella!- le rogaba
- No puedo matarte, te quiero- me respondió
- ¡Mátame o te matare yo a ti, ya no soy aquel al que amaste un día, ahora mátame!- le volví a gritar.
Ella cogió mi espada y se acerco a mí llorando, levantó la espada y dijo:
- Lo siento mi amor, te quiero.
Sentí el frió contacto del acero atravesar mi carne y la paz entro en mí y mirándola le dije:
- Te he querido siempre y mi corazón solo te pertenece a ti- le dije mientras nos besábamos dulcemente- tengo frío, la vista se me nubla…- le decía cuando ella me cogió entre sus brazos y apoyo mi cabeza contra su pecho y, por fin encontré la muerte.
Así murió la leyenda de la Muerte Blanca y en sus tumbas nacen flores rojas en señal de la sangre derramada.
