Fin Guerra: Alianza de Eithel-Glîn se retira del Combate
Armadas perdidas por \"Orden de Telpe\" = 7
Armadas perdidas por \"Alianza de Eithel-Glîn\" = 3
Victoria para Alianza.

Fin Guerra: Alianza de Eithel-Glîn se retira del Combate
Armadas perdidas por \"Orden de Telpe\" = 7
Armadas perdidas por \"Alianza de Eithel-Glîn\" = 3
Victoria para Alianza.
Todo era un cúmulo de sensaciones nuevas, para Fëathoron como Laitaine…incluso para la magnánima Narairë, reina de la Alianza.
Fëathoron estaba bloqueado tras el último ataque nurnita, su mente había quedado en un estado de retrospección de los hechos acaecidos que le hacía caer en los abismos de la soledad,desesperación y amargura…Solo recordaba la figura de la dama Delisse Yestariel haciendo fluir su furia por cada rincón de Tyelpëosto y esta ardiendo en llamas…
Narairë recién coronada hacía poco descubrió un aumento de poder más aun no sabía cual era el motivo pero un sueño premonitorio tuvo y en el la voz de alguien que le resultaba familiar le reveló que había recibido la herencia de la mar…su poder era el control del elemento del agua, nuestro oro líquido, nuestro liquido vital…no reveló mas que su nombre y resulto ser el colosal Ulmo.
Laitaine, la dama errante…había perdido la candidez de su corazón , el cual sin esfuerzo tras perder tanta sangre se heló…que sería lo que en su cuerpo ocurría…su mirada no transmitía nada mas que vacío y su andar era como un pesado lamentar…que rondaba en su alma…que sería lo que ocurriría…
La noche había llegado y con ella su manto arropador estampado con el brillo de las estrellas, esa noche todos los ciudadanos de Tyelpëosto dormían profundamente pues las duras tareas de reconstruir la ciudad y sus hogares casi había terminado. Una de las labores más solemnes fue la que llevó a cabo nuestra reina. Pues temiendo un posible ataque y los muros de la ciudad llenos de aquellas plantas enredaderas que el ejercito nurnita uso en nuestra contra para saltar los inabordables muros de la ciudad, la reina usó sus poderes acérrimamente y se valió de ellos para destrozar estas plantas del demonio.
Todo era confuso, Laitaine había perdido mucha sangre tras la última batalla y según una vidente del pueblo su corazón se había helado y ya no poseía el corazón de un guerrero, ahora ansiaría la sangre, pero Fëathoron no hizo caso de los rumores, pues egoístamente en el crecía un sentimiento de culpabilidad tras la pérdida de la última batalla y sus consecuencias, además temía la batalla pues sentía que solo ver una muerte más desencadenaría en el su gran fin…la muerte.
El manto de estrellas comenzaba a retroceder y el amanecer se habría paso entre la espesa niebla que cubría las montañas, tan espesa era esta niebla que el fin de estas no se podían distinguir. El manto albo arropaba a los árboles y sus copas. El frío se hacía notar…pues mil puñaladas se parecían hincar al contactar con el frío de la calle.
Esa mañana Fëathoron salió temprano a las afueras a recoger unas flores para su reina y pedirla perdón por no haber defendido en la anterior ocasión Tyelpëosto y a sus ciudadanos haciendo incluso peligrar la vida de otros dirigentes…en su corazón un gran sentimiento de culpa crecía. Fue cuando avistó las tropas del ejercito Telpita y de inmediato partió a la ciudad y dio la alarma.
Las nuevas de un nuevo ataque llegaban a los oídos de Narairë. Había abandonado su amada Aran Fortin, no sin antes protestar, hasta que comprendió que sus deseos ya no importaban. Ella era de su pueblo e iría donde fuese necesario. Los cuatro confines de la Alianza estaban en guerra y la capital se veía asediada por hordas de enemigos. Y allí estaba ella. Perdida. Sin el cobijo y la dirección de su padre se sentía indefensa, pequeña. Y sin embargo todos la miraban como si de una gran reina se tratase, pero ella tenía miedo. Claro que no lo expresaba.
Narairë rápidamente ordenó a Fëathoron que buscara de inmediato a Laitaine Numeniel y organizara la defensa y que no la siguiera, esta partió de inmediato y subió al punto más alto de la ciudad, alzó los brazos y de repente un fuerte viento comenzó a azotar con ímpetu sus cabellos y sus ropajes y en alto gritó:
Nîn o Sirfalle
lasto beth daer.
Rimmo nîn dan in Coth (Aguas del Sirfalle, escuchad las grandes palabras, fluid contra el enemigo!)
De repente las aguas del rio Sirfalle se elevaron y con furia arrancaron las primeras filas del ejército telpita, aquella accion épica consiguió retardar el avancé de las tropas y dar de baja a algún que otro guerrero pero lo importante es que ganaron tiempo…
Están aquí mi señora, ha comenzado. Estas palabras resonaron en la cabeza de Narairë. Ha comenzado... estoy lista... Empuñó su espada tan fuerte que su mano enrojeció y se dirigió a las puertas de la ciudad. Esta vez no pasarán dijo Fëathoron Esta vez no. Narairë puso una mano en el hombro del elfo Anor valthen, togo laugas lín nestad enin gûr hen dijo mientras sonreía. Hasta en el sitio más oscuro puede brillar la luz, en este día nosotros seremos esa luz.
Narairë fue hasta las puertas de la ciudad y una vez allí armandose de valor, escondiendo su miedo alzo su puño y con el la esperanza y el valor de los corazones de los guerreros de la Alianza:
¡No hemos llegado hasta aquí para ser vencidos, ahora vuestra reina no mas que ninguno de vosotros saldrá al escenario de la lucha y con garras y dientes defenderé no lo que es mío si no lo de mis seres queridos…Tyelpëosto fue arrasado pero ahora es hora de blandir nuestra sabiduría y buenos corazones en la espada y luchar por lo que amamos, soldados ser fuertes y seguid mi luz pues ella os guiará! ¡Al ataqueee!
La batalla comenzaba sin tregua. Narairë miró a su alrededor y sus ojos se encontraron con los de Fëathoron y Laitaine. Los dos hermanos trabajaban sin descanso en la defensa de la ciudad. Entonces un escalofrío cálido recorrió su cuerpo, no estaba sola. Se acercó a ellos para ofrecer su ayuda. Poderosa eres ahora dicen los soldados que trajiste contigo, dijo Laitaine divertida. Tal vez eso sea suficiente, deberíamos sentarnos y ver como te ocupas de todo. La sonrisa de Laitaine, más fría que de costumbre, consiguió aliviar la tensión del momento. Ni siquiera sabía de que se trataba ese supuesto poder que había heredado... controlar el agua... ¿significaba eso que podía provocar tormentas?, no creía que una simple lluvia disuadiera a sus enemigos en el campo de batalla.
Narairë albergaba en su corazón el miedo que tenía defraudar a aquellos que tanto creían en ella y ahora se sentía sin piel pues su protector ahora en guerras lejanas se encontraba…
Laitaine continuaba la guerra con un sadismo y vertiendo sangre en todo rincón no empapado por el rojo líquido.
Sin embargo en Fëathoron nada marchaba bien, su mirada acabó perdida en el horizonte lo que le costó que un elfo audaz con una daga le cortara en un brazo provocándole una herida no muy profunda pero si llamativa.
Fëathoron hendió su solo naciente en las carnes del elfo y se apresuró al bosque, más exactamente al río y acercándose a la orilla comenzó lentamente a introducirse en el río mientras en alto hablaba con las palabras de su corazón y su alma:
Las luces que me guiaban se van…
y mis recuerdos ya no están…
Este mar lleva y trae mi lamento,
las olas acunan mi sufrimiento,
y en lo profundo ocultan mi tormento.
Hace tiempo para mi el sol se apagó
las estrellas ya no tenían por quién brillar
y ya no tengo a quien amar
pues en las lágrimas de la traición mi corazón se ahogó.
El agua ya cubría completamente al elfo y este comenzó a caer en las profundidades del río para ser olvidado. Entonces Narairë que se percató de algo en él no iba bien lo siguió y cuando cayó en la cuenta de lo que pretendía hacer una lágrima surcó su rostro…no sabía donde estaba el río parecía crecer a cada segundo…se acercó a la orilla y desesperada al no encontrarlo se lanzo a las aguas sin pensarlo, nadó y buceó pero nada encontró fue cuando otra lágrima de su rostro cayó y al entrar en contacto con el agua esta comenzó a retirarse abriéndola el paso hasta el lugar donde Fëathoron yacía, corrió hacia él y se preguntaba si era demasiado tarde, sacó su cuerpo y el río recobro el terreno cedido a la dama en su frenético intento de rescate.
Narairë no sabía que hacer estaba bloqueada solo podía ver el pálido rostro del elfo con la cara congelada en una expresión de angustia, soledad, desesperación…
Se echó sobre el pecho de Fëathoron y echó a llorar pues ya no podía más.
Cuando sin avisar apareció una dama a lomos de un corcel blanco y vestida con preciosas telas azules de fino grosos se acercó y dijo:
-Aiya, soy la dama azul, conocida como Siril Lathae, me envía mi señora Ith…, dejémoslo en que me envían. Apartaos para que pueda salvarle…
Siril Lathae agarró al elfo y le practicó el boca a boca pero para asombro de Narairë ésta no solo introdujo aire en sus pulmones pudo ver como un fino y centelleante polvo azul celestial era introducido…instantáneamente Fëathoron se incorporó y tosió vomitando el agua que encharcaba sus pulmones, a su lado y tumbado junto a él se encontraba Narairë. Y le dijo:
-Minlû pennich nin i aur hen telitha... (Me dijiste una vez q este día llegaría...)
A lo que Narairë respondió:
-Ú i vethed nâ i onnad, si boe ú-dhannathach. (Este no es el final, ahora no puedes rendirte)
Fëathoron buscando la mirada de su reina le dijo:
-Hiril nín... Ú nâ im farn Bell... (Mi señora... No me quedan fuerzas...)
Narairë se incorporó y comenzó a gritar:
-¡Luchad!Luchad! ¿Qué pensará mi padre si os viera así? Ahora yo no tengo a nadie que me proteja nadie que me ampare de noche y de día…mis tierras lejos están y vos prentendéis abandonarnos…¡Luchad! Si no es por mí hacedlo por Laitaine o por la Alianza.
-Mi vieja amiga, se que os debo mi vida pues si recuerdo quien sois mas nunca me atreví a desvelaros que vuestra voz me resultaba familiar porque fuiste la persona que cuidó mi salud cuando en el bosque cruelmente fuera atacado, vos sois la razón de que ahora esté aquí. Y ahora seréis una más para seguir queriendo vivir. Lo siento por el daño causado…Ahora se fuerte pues ambos sabemos que lo eres y no te derrumbes pues aunque mi fuerza no es ni comparable a la de vuestro padre, mi corazón desea tanto como él protegeros del mal…¡Ahora luchemos!
La capitana de la hueste de la Alianza sintió el olor a ira en la batalla, pero ella no podía desprender ese olor con pasión.
Como sumida en un trance, Laitaine comenzó a cortar el aire con su espada, con movimientos limpios y secos. Un hombre de Telpe se cruzó en su camino. Ella, indiferente, frenó los golpes fieros de su espada. Sacó una pequeña daga de su cinturón y la clavó en el cuello del telpeano.
Sus manos se mancharon de sangre, y como si despertara de un mal sueño dio unos paso hacia atrás, sobresaltada.
Mas el color fuego de sus ojos encendido momentáneamente se apagó, y comezó a lamer aquella sangre enemiga, como si de un zumo divino se tratara, y se sintió mejor. Cuando acabó, entró en la zona más conflictiva de la batalla, ante las puertas de Tyelpëosto. Allí se encontraban luchando la Reina y se hermano Fëathoron entre una fina niebla.
Luchaban con garra y pasión, pero no había sadismo en sus acciones. Mientras se batía con un enano, Númeniel no perdía de vista a sus compañeros, y algo en su mente les envidiaba, y a la vez le creaba la necesidad de pedirles ayuda. Pero fue en ese momento de despiste cuando se vio rodeada por un grupo de elfos y hombres. Comenzó a luchar para salvar su vida, cortó brazos, rasgó cintos, la sangre iba impregnando su vestido y, a medida que esto sucedía, un extraño deseo brotaba del interior de la elfa.
De repente, la mayoría de los hombres que la acosaban huyeron, y ella escuchó grandes golpes. Eran las zancadas de los ents, y los telpeanos corrían a abatirles.
Laitaine acorraló contra el muro a un elfo que se defendía con furia. Las espadas chocaban entre sí. El elfo dio un golpe a la capitana e intentó escapar, pero Laitaine, en un acto reflejo, lanzó su daga, clavándosela en un brazo. Le colocó la espada en el cuello. Su mente la pedía que no lo matara, pero su cuerpo lo deseaba. Como intentando vencerse a sí misma, empuñaba con fuerza su espada, pero lentamente comenzó a hacer un rasguño en la garganta del elfo. Éste la miraba con ojos desesperados.
Un hilo de sangre comenzó a brotar de la pequeña herida. Demasiado tarde, ya nada podía hacer. Levantó su espada y rajó definitivamente el hermoso cuello del elfo, y, agachándose sobre él, comenzó a beber su sangre.
¡Laitaine!, ¡¿qué haces?! Fëathoron corrió hacia ella y la apartó del cuerpo del elfo. Miró sus labios con ojos horrorizados. Vio cómo su hermana tenía algo de color en sus mejillas. Nos retiramos, cerraremos las puertas de la ciudad. Tú ven conmigo, no estás bien dijo éste. Hermano, perdóname, lo inten…
Una flecha enemiga quebró su voz. Se había clavado en su hombro. Narairë fue hacia ella corriendo, y, arrebatándola de los brazos de su hermano, posó a Laitaine en el suelo, y le extrajo la flecha.
La Reina miró extrañada a Feäthoron. Apenas salía sangre de la herida, y aquel color que había recuperado lo había vuelto a perder. Mi Reina, os juro, que vi a mi hermana bebiendo la sangre de aquel telpita . El elfo esquivó una flecha perdida. Y en su mirada había algo de sadismo…
Fëathoron y Narairë horrorizados siguieron luchando, Fëathoron le dijo a Narairë que fuera a la ciudad y confiara en el y se encargase de que nadie que no fuera de la alianza cruzase las puertas. La reina rápidamente con una agilidad increíble iba esquivando y dando golpes con una destreza sin igual, sin embargo al entrar en la ciudad un elfo aliado para evitar que una flecha impactara en su estómago este la hizo caer y ella se corto sin querer su propio hombro con una de sus dagas, pero a fin de cuentas una herida profunda pero no mortal no era comparable a la acción llevada por aquel soldado que la ayudó a escapar de un trágico final. Fëathoron gritó y llamó al bosque el cual comenzó a atacar a los Telpitas sin demora, ahora era el momento…¡Retirada! ¡Las tropas están ahora debilitadas organizaremos una defensa desde dentro de la ciudad cerrad las puertas ahora! Narairë y Laitaine desde dentro gritaron a Fëathoron que fuera quedó pero este ordenó a los ents aun en pie que amontonaran sobre las puertas a los caídos para impedir su paso a la ciudad. Narairë de nuevo invocó su poder creando una nube de vapor de agua que elevo a Fëathoron por encima de los cielos y lo bajó junto a ella…
La batalla había acabado...
[Editado por wiccano el 03-09-2005 02:58]
Estaban listos para partir. Niryarion y el puerto de Núrolondë estaban saqueados y destruidos y las tropas telpitas se organizaban por todos los rincones. Aún se podía oír el llanto de las mujeres de la ciudad lamentándose en la oscuridad.
Gorgorn estaba parado en el muelle, observando las infinitas aguas azules del mar que se perdían en una línea en el horizonte. Cubierto completamente por su capa negra, a excepción de la cabeza que estaba descubierta y los cabellos del mismo color bailaban al compás de un viento helado. Maikatelpë, fría y plateada, descansaba pacientemente en el cinturón del elfo, aguardando el momento de salir para abatir a los enemigos de su amo.
Helëráme se movía impaciente en el hombro izquierdo de Gorgorn. —Dgemxiñifeda xunjelagu, jgumdu jegdigánuf. (No desesperes mi fiel compañero, pronto partiremos de aquí.)—le dijo Gorgorn al ave con un brillo en los ojos y un cierto aire de picardía, como si estuviese maquinando algún plan en la mente. El ave agitó las alas y se tranquilizó un poco.
En ese momento, se acercaron Erestor y Mûrazor. —Ya tendríamos que irnos Gorgorn—dijo Erestor con una voz potente.
—Sí—respondió éste—. Que los hombres suban a las embarcaciones.
Undumeron, que se encontraba unos pasos más atrás, gritó con fuerza y superioridad: —¡¡Ya escucharon, aborden los navíos!!
Y a continuación, enanos, hombres y elfos, comenzaron a movilizarse con una velocidad impresionante. Aquí y allá se oían gritos de guerra, el chocar del acero de cascos, hachas y espadas y el retumbar de los pasos sobre el muelle. Cuando todos estuvieron en las naves de la Alianza, abordaron los cuatro capitanes: Undumeron subió a un barco plagado de enanos, Erestor y Mûrazor, subieron con los hombres y Gorgorn con los elfos.
Con una gran sonrisa en el rostro, Gorgorn gritó: —¡¡Traigan al prisionero!!—Y en seguida, unos cuatro elfos salieron del camarote con otro elfo, amarrado y desprovisto de sus armas. Lo llevaron ante el capitán que le dijo con ironía : —Diles a tus señores que tomaremos prestados unos cuantos barcos—las risas de los soldados se elevaban con el viento—; y que no se preocupen, pues los devolveremos.
Los cuatro elfos lanzaron al prisionero fuera del barco que cayó de bruces contra el suelo del muelle, y unas mujeres salieron corriendo de sus escondites para socorrerlo; mientras los barcos se alejaban subiendo por el Lindërant.
Erestor, que viajaba en el segundo barco, gritó a los otros: —¡¡Bajen las banderas de Alianza e icen las de Telpe!!—A lo que todas las naves respondieron de inmediato a lo que se ordenaba.
Así continuaron navegando durante un día y medio, hasta que por fin encallaron en la orilla oriental de río. Desembarcaron todos los soldados y anclaron los barcos en la ribera. En ese momento, se reunieron los cuatro capitanes para revisar cómo iban marchando las cosas.
—Todo va según lo planeado—comenzó diciendo Undumeron.
—Sí—respondió Erestor—. Sólo espero que ahora el destino no nos lleve a una mala jugada.
Gorgorn observó que una sombra se apoderaba de Mûrazor y podía ver el miedo en sus ojos.
—No te preocupes Mûrazor—le dijo—, no nos pasará nada.
—Es cierto—continuó Erestor—. Además, nosotros combatimos de tu lado, ¡jaja!—y rió para animarlo, lo cual pareció funcionar.
—Bueno, continuemos—dijo Undumeron. Y cada uno se fue con sus tropas.
—¡¡Adelante¡!—gritaron los cuatro al unísono. Y así emprendieron la marcha hacia el sudeste, a través del Taurënúva, hacia Tyelpeosto.
Dos días duró la travesía a través del bosque. Fue una larga y penosa marcha. Cirros de niebla cubrían todo el lugar y una helada de frío estaba azotando a las Tierras de Aquende, lo que dificultaba la marcha.
Los capitanes alentaban a sus hombres con frases de valor, para que no se desmoronaran antes del final.
Al amanecer del segundo día, llegaron a un recodo del Sirfalle, al norte de Tyelpeosto, y comenzaron a marchar hacia el sur siguiendo el cauce del río. Cuando la ciudad ya estaba al alcance de la vista, Gorgorn le habló a Helëráme:
—Yoañe eñdu xa mu da joatem tiyife, i tina xá yaf. (Vuela alto, amigo mío, que no te puedan divisar y dime qué ves).
El ave tomó vuelo y se elevó hasta perderse de vista. Al cabo de unos segundos volvió y le dijo a Gorgorn: —¡Om añsu muf e ayifdetu i tiú ñe eñegme! (¡Un elfo nos ha avistado y fue a dar la alarma!).
Gorgorn lanzó un grito de odio y dijo: —¡¡Nos han descubierto, corran!!
Y todo el ejército telpita se abalanzó sobre la ciudad. Pero en ese momento una nube los cubrió con su sombra y las aguas del Sirfalle desbordaron rugiendo ferozmente, arrasando una parte del ejército y cobrándose la vida de unos cuantos soldados. Esto enfureció aún más a los capitanes, que atacaron sin piedad.
En las puertas de la ciudad, las fuerzas de la Alianza salieron a su encuentro y comenzó la batalla.
Ya no contaban con el elemento sorpresa, así que resultó más difícil organizar un buen ataque, por el contrario, fue una lucha cuerpo a cuerpo frontal; sólo unos cuantos elfos de Gorgorn habían podido tomar posiciones para tirar con mayor comodidad y sin ser atacados. Fue una batalla sangrienta; la niebla dificultaba la visión y el frío entorpecía los movimientos; y a esto se sumó la fatigosa marcha por el Taurënúva bajo las mismas condiciones climáticas.
En distintos puntos de la masacre se encontraban luchando los implacables capitanes de Telpe.
Undumeron luchaba con ferocidad. Asestaba casi todos los golpes derribando a sus enemigos, pero desgraciadamente, un elfo de Alianza logró incrustarle la espada por un costado, lo que casi lo derriba. La vista se le nubló por un segundo y cuando ya se creía acabado, le volvieron las fuerzas, y con un grito estremecedor, decapitó al elfo de un solo golpe. Continuó luchando por unos momentos con una ira inigualable, pero unos enanos lo sacaron de combate y lo pusieron a salvo para atenderlo.
Mientras tanto, Gorgorn se batía en una lucha con movimientos ágiles y rápidos como una sombra, alimentando a Maikatelpë con la sangre de sus enemigos. Con sus cabellos y sus vestiduras todos de negro, él mismo parecía una sombra asesina e inalcanzable para sus enemigos. Pero en un momento dado, en medio de la confusión, fue alcanzado por una flecha que se le incrustó en el hombro derecho. Con un grito de dolor, partió la flecha y continuó luchando.
Erestor y Mûrazor combatían juntos liderando a los hombres. Avanzaban por las filas enemigas cortando brazos y degollando cuellos hasta que los enemigos los rodearon. Uno se abalanzó sobre Erestor y con un rápido movimiento logró apuñalarlo con una daga. No era una herida grave, pero el impacto hizo que cayera al suelo. Mûrazor, sin pensarlo dos veces, corrió en su ayuda, pero en el trayecto, una flecha le impactó en la pierna. Alcanzó a dar unos pasos más y cayó al lado de Erestor. A pesar del dolor, lograron ponerse de pie ayudándose mutuamente y se prepararon a seguir combatiendo. En ese momento, se oyeron gritos y sonidos de trompetas que indicaban la retirada de las tropas de Alianza: ellos habían obtenido la victoria, produciendo numerosas bajas en el ejército telpita.
Después de la cruenta batalla, los capitanes reunieron a los hombres que quedaban y se alejaron de la ciudad.
—¡Nos han derrotado! Dijo Erestor con rencor y cólera en el corazón.
—Puede ser—respondió Gorgorn—, pero no te preocupes, habrá una venganza, tal vez no sea nuestra, pero habrá una venganza.
Y así, se alejaron, perdiéndose entre la espesura de la niebla.
Escrito por Gorgorn (Guilzgul)
Resumen de la batalla:
Telpe ha perdido 7 armadas x35= 245 puntos.
Recuperables: 82 puntos.
Valoraciones: 6,5+6+8+7+8= 7,1
Recupera: 58 puntos. Los dirigentes han sufrido daños por el 55%, por este concepto recuperan 193 puntos. Total recuperacion: 251 puntos.
No pierde nada.
Alianza ha perdido 3 armadas x35= 105 puntos.
Recuperables: 84 puntos, puesto que hacen uso del poder especial.
Valoraciones: 6+6+9+7+8= 7,2
Recupera: 60 puntos. Este clan ha solicitado daños a sus dirigentes por el 15%, tal petición es desestimada puesto que no han llegado al minimo establecido en las normas para dañar la vida de los dirigentes, o sea 4 armadas.
Pierde: 45 puntos.
Alianza percibe 75 monedas por batalla ganada.
Alianza entrega 100 monedas a Telpe por abandono de la batalla.
Compañias actualizadas y listas.
Saludos!
Historia finalizada.
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