Gaur
Fin Guerra: Señores de Nurn se retira del Combate
Armadas perdidas por \"Valle del Ingenio\" = 44
Armadas perdidas por \"Señores de Nurn\" = 42

Historias, leyendas y batallas en las tierras olvidadas de Arda.
Edicion 2
Finalizada · 08-09-2004
2005:10:29:10:51:33
Fin Guerra: Señores de Nurn se retira del Combate
Armadas perdidas por \"Valle del Ingenio\" = 44
Armadas perdidas por \"Señores de Nurn\" = 42
Los primeros rayos mortecinos aparecieron en el este, más allá de los límites de las tierras desconocidas que ahora morábamos, bajo el velo de las nubes que cubría el horizonte. La guerra en Haldanori seguía activa y, a decir verdad, duraba demasiado y comenzaba a aburrirme. Bajo las órdenes del Rey de los Señores de Nurn, clan al que me uní por motivos demasiado lejanos para recordarlos, la compañía capitaneada por aquella humana llamada Ilesse, a la cual yo pertenecía, se trasladó a las tierras del Concilio de Nan-Tasarion.
Ella era una de las causas de mi actual malestar. El límite de mi paciencia se estaba agotando y sentía, ahora más que nunca, que necesitaba alejarme. El desprecio que adivinaba en sus hundidos ojos, cada vez que me observaba y el tono soberbio de su voz al impartir órdenes no dejaba lugar a dudas de que ella era la máxima mandataria de la compañía de Nurn. Después de arrebatarme un puesto que, desde mi lógica, me correspondía, contradijo toda aportación que hacía y restó valor a mis méritos realizados en batalla. Tal vez, si mi carácter fuera diferente, me habría alegrado la incorporación de la Eldar Lómine al clan; desde el primer momento que vi su cabellera oscura sospeché que era una hermana Noldo. Pero el hecho de que fuéramos dos elfas en la compañía no influyó en el comportamiento de la humana y seguía tratándonos como seres inútiles y débiles. Tal vez, me vengaré de Ilesse, aunque tenga que esperar a que la guerra termine para ver la llegada de ese día. Ahora las cosas eran muy difíciles y el último integrante incorporado, Arattalion, un maia de gran poder escuchaba también las órdenes de Ilesse. Inconcebible.
La orden recibida desde el consejo de Nurn fue clara: nuestra misión era viajar con los soldados pertenecientes a la compañía a tierras del Concilio y colaborar con el aliado en las defensas de su reino. Sin embargo, no me atraía la idea de batallar para ayudarles pues, la repugnancia que sentía por la mayoría de seres vivos se veía incrementada sobre los servidores del bien. Pese a esto, mi intuición me decía que una batalla debería librarse en breve; hacía días que los espías del Concilio de Nan-Tasarion habían avistado enemigos adentrándose en sus tierras.
Pocos días después de llegar a nuestro destino, observé como un mensajero ataviado con las insignias del Concilio de Nan-Tasarion entrega una misiva a Ilesse. Unos minutos más tarde, la humana reunió a los dirigentes de la Garra Negra: la elfa Lómine, el Maia Oscuro Arattalion y yo. Ilesse nos escrutó a todos hoscamente desde la silla en la cual estaba sentada; con movimientos lentos y despreocupados, abrió la carta sellada con el emblema del clan aliado y se la pasó al maia.
- En honor al pacto establecido entre la Orden de Telpe, el Concilio de Nan-Tasarion, Tercano Nuruva y los Señores de Nurn, solicitamos la ayuda de los últimos en la capital del Concilio, Süledaelessar, atacada por efectivos de Valle del Ingenio y cuyo asalto es capitaneado por Gaur y Aliena. Estimamos que el enemigo llegará mañana por la tarde, por lo tanto, ese es el plazo establecido para que la compañía de la Garra Negra se presente para defender nuestra capital.
Atentamente,
Hecil, Rey del Concilio de Nan-Tasarion.
Después de que Arattalion leyera la carta en voz alta y profunda, nos miramos unos a otros inquietados.
-¿Nada más? –exclamó Arattalion- ¿La carta no dice nada más? ¿Ni la cantidad de efectivos que se acercan a Süledaelessar, ni el tamaño del ejército..? ¿Nada?
- Al parecer no nos quieren dejar las cosas tan fáciles –contestó Ilesse al tiempo que Arattalion sonreía-. Sin embargo, tampoco es necesario. Contamos con un inmenso potencial de orcos y trolls, y no admitiré miedo o dudas frente a la batalla. Organizar a vuestros soldados, partiremos al atardecer.
- ¿Pretendes viajar de noche? – le pregunté, sorprendida de su temeridad.
- ¿Por qué no?
Miré a Ilesse pero no respondí; pocas veces había estado de acuerdo con ella y discutir una decisión suya era malgastar saliva. Me limité a observarla con rencor mientras salía de la tienda para dar la orden a los generales de la próxima partida.
Al día siguiente, después de un largo trayecto, llegamos a Süledaelessar al mediodía. Nos detuvimos cuando aún restaban un par de millas hasta llegar a la entrada de la ciudad. Una vasta extensión de campo se extendía ante nuestros ojos hasta más allá de nuestra vista; seguramente, aquel sería el lugar donde horas después se libraría una cruenta batalla.
A pesar de encontrarnos en el momento del día en que el astro gobernado por Arien incidía con más fuerza sobre nuestras cabezas, unas nubes grises tapaban el cielo en su totalidad. Mientras organizábamos nuestras tropas y planeábamos la estrategia a seguir, se desató un fuerte viento de poniente que dificultaba nuestras tareas.
Lómine se encargó de enviar unos espías pertenecientes al pueblo de los Primeros Nacidos para averiguar la proximidad de las tropas de Valle del Ingenio y el potencial de su ejército. Mientras permanecíamos a la espera de su regreso, Ilesse se encargó de organizar la formación a seguir.
A la vanguardia del cuerpo principal abrirían el ataque una unidad de ciencueta trolls. Todos ellos portaban armaduras pesadas, de color azabache, y en cada mano sujetaban una maza de hierro, cubierta de puntas desgastadas en anteriores batallas.
Detrás de ellos, cabalgarían los arqueros elfos y, posteriormente, los espadachines Edain. La misión de los arqueros, dirigidos y entrenados por mi, sería lanzar una lluvia de flechas que sobrevolando las cabezas de los trolls alcanzarían al ejército de Valle del Ingenio; la idea era que éstos, al verse sorprendidos por el ataque de la arquería y los golpes de los trolls se vieran divididos. Entonces los arqueros Eldar desenvainarían sus espadas y avanzarían junto la caballería de los Señores de Nurn que se unirían al combate cuerpo a cuerpo. La facción del ejército compuesta por Elfos irían ataviados con una túnica sobre una cota de malla ligera; en sus espaldas cargarían con los carcajs repletos de flechas envenenadas, elaboradas con madera de tejo y con insignias plateadas. La segunda facción del ejército, los espadachines, irían ataviados con una armadura ligera de tonalidad oscura.
Cerrando la formación, estarían Arattalion, Lómine e Ilesse comandando la compañía de orcos, los cuales portarían armaduras pesadas, de tosco aspecto.
Esperamos durante largas horas el regreso de los espías; la tarde fue cayendo y la ventisca aumento hasta el punto de dificultar la visibilidad. Fue entonces cuando comenzamos a inquietarnos por los acontecimientos y Lómine descabalgó de su montura. Estirándose en el suelo, apoyó la oreja contra el suelo y cerró los ojos. Durante unos minutos permaneció así y yo afiné la vista cuando me pareció ver una borrosa mancha que avanzaba hacia Süledaelessar y el sonido de unos cuernos.
Lómine finalmente se levantó y escrutó el horizonte. Nos dirigimos una mirada y tomamos aire: las dos habíamos advertido la llegada del Valle del Ingenio. Qué fue de los desafortunados espías enviados, nada se sabe hoy en día. Con un gesto, indicamos a Ilesse y Arattalion la llegada del enemigo pues, en medio de aquel viento, las palabras de poco servían.
Al cabo de unos minutos, las tropas de mi clan, los Señores de Nurn, hicieron sonar sus cuernos. Los trolls avanzaron, tal y como estaba previsto, iniciando el ataque. Las primeras filas del Valle del Ingenio retrocedieron, asustadas por la brutalidad de las bestias. Al mismo tiempo que impartían golpes con sus mazas, la lluvia de saetas cayó sobre el enemigo. Los enanos del Valle alzaron sus escudos, protegiéndose de las flechas, y atacaron con sus hachas a los trolls. Poco a poco, derribaron algunas de las bestias; ordené a mi formación de arqueros que desenvainara sus espadas y, junto con los espadachines, lanzamos el ataque. Detrás de nosotros corrían los orcos, con Ilesse en primera fila y Lómine y Arattalion que quedaron relegados en la retaguardia.
Las balanzas se equilibraron y, pese a nuestros esfuerzos, ninguno de los dos ejércitos era capaz de tomar una clara ventaja en la batalla. Lómine y Arattalion resultaron heridos por las estocadas de los espadachines del Valle, a la altura de los hombros. Descabalgaron y, empuñando la espada con la mano izquierda, se defendieron de la furia enemiga.
Fue entonces cuando uno de los enanos alcanzó con su hacha el muslo izquierdo de Ilesse. La humana se tambaleó sin llegar a caer al suelo. El enano reflejó una mirada de terror y retrocedió. Un troll había sido derribado justo delante de ellos, a espaldas de la humana. Cuando Ilesse lo vió ya era demasiado tarde. Su pierna como enclavada en el suelo no se inmutó y el cuerpo de aquel gigante se cernió sobre ella.
A pesar de la mala suerte corrida por los miembros de la compañía de la Garra Negra, nuestro ejército comenzó a tomar una ligera ventaja en lo que se estaba convirtiendo en una sangrienta batalla. Dos trolls levantaron al caído mientras unos orcos, enviados por Lómine, rescataron el cuerpo inconsciente de Ilesse. Frente a un nuevo ataque de los trolls, el Valle del Ingenio retrocedió; entonces Arattalion, asumiendo el mando, mandó retirada. Nuestra compañía comenzó a alejarse del campo de batalla de la misma manera que hicieron Valle del Ingenio, los cuales habían sufrido numerosas bajas entre sus filas.
El silbido de una saeta contra el viento llegó a mis oídos y, justo cuando giraba la cabeza, se clavó debajo de mi clavícula, cerca del pecho. Enseguida sentí el ardiente veneno penetrando en mi carne y mezclándose con mi sangre. Arranqué la flecha, pero mi vista comenzó a enturbiarse. Incapaz de mantener el equilibrio encima del corcel, caí al suelo. Lo último que puedo recordar de aquella batalla, antes de que mis párpados se cerraran, son unas suaves manos élficas, probablemente un subordinado arquero, alzándome del suelo y cargando con mi peso para sacarme del campo de batalla.
Süledaelessar.
[Fragmento escrito por Aranelita]
La batalla se encontraba en su momento de mayor fragor, los soldados de ambos bandos se batían a muerte, sin compasión, con frialdad. El campo de batalla era una maraña de cuerpos entrelazados en un abrazo mortal. El espíritu de la muerte reía mientras miembros de varias razas: hombres, elfos, enanos, trolls… se entregaban a sus brazos donde eran recogidos con dulzura.
Aliena y Gaur luchaban denodadamente por la victoria en aquella tierra extraña. Sus antiguos correligionarios, antaño compañeros en innumerables batallas, les habían traicionado y ahora estaban defendiendo a quienes anteriormente eran los rivales de ambos.
¿Qué había ocurrido para que tan valiosos aliados les hubieran traicionado? Ninguno de los dos tenía la respuesta a esa pregunta. La política no era la mayor preocupación que en ese instante tenían en la cabeza, un instante en que luchaban por salvar su honor, luchaban por la victoria, luchaban por sus vidas.
Unas horas atrás los dos ejércitos se habían encontrado, y los miembros de Nurn iniciaron las hostilidades con un baño de flechas. Aliena ordenó con rapidez y pericia la defensa, gritando a la diestra y a la siniestra. Aliena era un personaje fascinante, sus habilidades mentales eran de gran ayuda en innumerables ocasiones, no en vano fue iniciada en sus artes por la mismísima Galadriel, quien es vieja entre los viejos.
Los gritos de Aliena ordenaban un repliegue a todos los que se encontraban en primera línea de batalla, mientras que mentalmente ordenaba a los más rezagados que se apresuraran en prepararse para la batalla. El sistema de la comunicación telepática era de gran ayuda en estos momentos en que el fragor de la batalla, con los gritos motivados por la furia y el miedo, hacían realmente difícil que la comunicación oral fuera de ayuda.
Gaur se apostó con el grupo de enanos, puesto que la composición de la escuadra rival, les iba a deparar un protagonismo excelso.
Nada podía apartar de la mente de Gaur que la campaña bélica se estaba demorando en exceso y que las bajas ya empezaban a pasar factura. La compañía empezaba a resentirse de las numerosas batallas y si bien físicamente los integrantes eran fuertes y valientes, mentalmente los largos meses en el exilio, lejos de las familias, y en una tierra donde todos eran enemigos, les comía la moral.
Al ataque recibido, vía aérea, en primera instancia le siguió una brutal carga de los trolls de Nurn. Tácticamente era un desastre, puesto que los trolls no entienden de estrategias de batalla, pero su tamaño colosal y fuerza desmesurada hicieron recular a las primeras líneas de nuestro ejército. Todo parecía que estaba perdido, cuando en la retaguardia algo ocurrió.
Aliena alzó los brazos y cerró los ojos. El tiempo pareció tomarse un respiro por un instante y todos los miembros de Valle oyeron su voz alta y clara en lo más recóndito de su conciencia:
- No desfallezcáis ahora, un solo momento de duda y estará todo perdido. Valor.
En ese preciso instante, Aliena hizo uso de ese don con que la naturaleza la había dotado e interfiriendo en la pobre mente de los trolls los confundió, provocando en ellos unas dudas ciertas acerca de lo que estaban haciendo. Ese parón dio entrada al ataque de los enanos, comandados por Gaur, quien se lanzó sin dudas contra el primer troll con que se topó.
Los enanos luchaban afanosamente con sus grandes hachas, hiriendo a los trolls y manteniéndose, gracias a su tamaño, lejos de su alcance.
El resto de fuerzas de ambos bandos se lanzaron a una carrera frenética que les tenía que llevar a la destrucción mutua. Las hordas al completo se mantenían ocupadas luchando contra rivales de su misma y de diferentes razas.
Aliena se había derrumbado en el suelo. Usar sus poderes le provocaba una gran fatiga y prácticamente se había desmayado. Un hombre la tomó en sus brazos y le dijo:
- Descansad ahora, Señora. Es la hora de las armas. Las gentiles damas no deben luchar.
- ¿Descansar? –Aliena observó por un instante lo que estaba ocurriendo a su alrededor- No puedo descansar mientras la batalla no haya terminado.
Dicho esto, tomó sus armas y corrió con las escasas fuerzas que le quedaban al encuentro de una muerte casi segura.
Gaur había derribado ya a tres trolls cuando de pronto tropezó con la horma de su zapato y un troll al que no había visto, le asestó un fuerte golpe con la maza que blandía. Era una maza de un tamaño considerable, teñida del rojo de la sangre de todos los seres que habían pasado a engrosar la lista de sus víctimas. El golpe fue tremendo y el daño recibido le dejó al borde la muerte, pues le rompió 10 costillas.
Mientras caía al suelo, su mente se iba hundiendo en un estado de inconsciencia motivado por el inmenso dolor que estaba padeciendo en ese instante, sin embargo su instinto de supervivencia le llevó a realizar una última acción, que podía salvarle la vida. Una caída a los pies de un troll armado hasta los dientes significaba una muerte segura.
En lo que a Gaur le parecía una lenta caída, su brazo derecho dio un fuerte latigazo y lanzó a Swordwine (su fiel espada). La espada se clavó en la garganta del troll rebanando las arterias y venas del monstruo y provocándole una muerte casi instantánea. Acto seguido todo fue oscuridad para el capitán de Valle.
La batalla no tenía un buen aspecto y Aliena estuvo en varias ocasiones tentada de lanzar el grito que hubiera provocado la retirada de las fuerzas de Valle; sin embargo un flash en el que vio a su compañero en la capitanía de la compañía a punto de morir a los pies de un inmenso troll hizo que lanzara un bramido de rabia y espetó a todos los valientes soldados a morir por una causa justa. No iban a retirarse de la batalla ante unos traidores, antes prefería la muerte.
Los envites de la batalla eran constantes y parecía que la Diosa Victoria no quería favorecer a ninguno de los dos bandos.
Aliena estaba extenuada y casi no tenía fuerzas para enarbolar alta su daga. El cansancio hizo mella en ella y no vio el ataque de un elfo furibundo, quizás motivado por el hecho de que Aliena había acabado con la vida de algún íntimo amigo, quizás fruto de un histerismo muy propio de algunos elfos que tenían que compartir su destino con orcos y trolls, puesto que esa era la composición del ejército de Nurn, enemigos naturales mortales luchando codo con codo.
El elfo le asestó un golpe con la espada, espada que mordió la carne de Aliena y le provocó una herida en dorso. Aliena no tenía fuerzas para defenderse, mas le quedaba una alternativa, haciendo nuevamente uso de sus habilidades mentales, leyó la mente del elfo y vio que tenía una familia. Acto seguido lanzó una imagen falsa al elfo y éste vio a sus hijos muertos en el campo de batalla. Presa del pánico corrió hacia donde creyó ver a sus hijos, mas no pudo encontrarlos, puesto que todo era una ilusión, lo que sí encontró fue la muerte a manos de un robusto enano.
Todo parecía perdido, cuando los dirigentes de Nurn comprendieron que Valle no se iba a retirar de esa batalla y ordenaron a sus soldados que tocaran los cuernos de la retirada.
El trabajo que quedó, tras la huída de Nurn, fue macabro y denigrante. Los cuerpos mutilados de miembros de ambos bandos se mezclaban en un baño de sangre. Los heridos eran recogidos para ser puestos a salvo de los picotazos de los buitres que ya habían hecho acto de presencia en el Camposanto.
Los dos capitanes fueron recogidos y retirados hacia la protección de un bosque de fresnos y robles.
¿Sería ésta la última batalla?, se preguntaban los soldados. Mas nadie les podía dar la respuesta a esa pregunta. Sin embargo en su interior la fea cara de la sospecha les sonreía con una clara indicación de que no había muchas posibilidades de que esto fuera así.
Resumen de la batalla.
Valle ha perdido 44 armadas x35= 1540 puntos.
Recuperables: 693 puntos, por hacer uso del poder especial.
Valoraciones: 8+9+9+7+8,5= 8,3
Recupera: 575 puntos. Los dirigentes sufren daños por el 125%, por este concepto recupera 438 puntos. Total recuperacion: 1013 puntos.
Pierde: 527 puntos.
Nurn ha perdido 42 armadas x35= 1470 puntos.
Recuperables: 980 puntos.
Valoraciones: 7+9+9+8+8,5= 8,3
Recupera: 813 puntos. Los dirigentes sufren daños por el 160%, por este concepto recupera 560 puntos. Total recuperacion: 1373 puntos.
Pierde: 97 puntos.
Nurn obtiene 300 monedas por batalla ganada.
Nurn entrega 100 monedas a Valle por abandono de la batalla.
Compañias actualizadas y listas.
Saludos!