La Guerra de los Clanes

C2 Nurn Vs C1 Alianza

Terminada
Escrito el 04-09-2005 15:51 #1

Fin Guerra: Alianza de Eithel-Glîn se retira del Combate

Armadas perdidas por \"Señores de Nurn\" = 21

Armadas perdidas por \"Alianza de Eithel-Glîn\" = 15

Victoria para Alianza.

Escrito el 14-10-2005 19:18 #2

Telimektar se levantó con las primeras luces del amanecer, saliendo de su habitación pudo comprobar que este era frío, bajo silenciosamente las calles de Aran ahora dormidas hasta llegar a la pequeña cala donde saco su flauta y empezó a tocar una suave melodía para deleite de sus amigas las Oarni, las cuales lo acompañaban con sus bellos cantos llenos de magia ancestral. Pero de pronto este se paro en seco y ellas extrañadas le peguntaron:

- ¿Que os ocurre mi Señor?

Este escrutaba la densa niebla que había aparecido por arte de magia y les dijo:

- Algo de gran maldad se esconde detrás de esa niebla, hay algo que no puedo distinguir bien.

- ¿Queréis que vayamos a ver lo que esconde la bruma?- le dijeron ellas.

- No querría que sufrierais daño alguno, puedo sentir un gran poder, un poder maligno que aun no puedo ver. Será mejor que os ocultéis puede ser peligroso.

- ¡Vuestra madre nos ordenó velar por vos, así que no huiremos!- respondieron todas al unísono.

- No sé lo que pasara pero estaré más tranquilo si sé que vosotras estáis a salvo, estad tranquilas nada me pasara- les respondió mientras ellas se sumergían de mala gana en las aguas de la bahía.

Este salió galopando hacía la ciudad y desde las murallas observo como la bruma dejaba entrever unas velas y le pregunto a un soldado:

- ¿Quiénes son?- pero de pronto sintió su poder, sabía que ella estaba allí.

- Son comerciantes mi Señor, os noto intranquilo ¿Qué os pasa?- le pregunto este.

- ¡Necio!¡No son comerciantes, son nurnitas y Delisse viene con ellos!- le respondió.

Este salió corriendo hasta llegar a los grandes cuernos, replicas de los Ulumúri y llamaba a la batalla gritando:

- ¡Soldados a las armas, Nurn nos ataca!

Pronto la gran plaza se lleno de soldados preparados para luchar. Telimektar entro en la tienda seguido por sus generales y les dijo:

- ¡Haced que los barcos salgan en formación de ataque no hay tiempo que perder, que intenten dividirla, que hagan todo lo posible para que no lleguen a tierra! Eleanor esta en Valtir que salga ahora mismo a presentar batalla entregadle esto- le dijo a un general dándole un papel.

- Así lo haré, Mára valto- les dijo mientras salía y se dirigía hacía Valtir.

- Mis generales, la ciudad cuenta con un millar de soldados, por lo que nos dicen se trata de una flota de 16 barcos así que ordenad que las catapultas suelten su carga tan pronto como se presten a tiro. Que los arqueros se dispongan a lo largo del primer nivel, la caballería vividla en dos y que se dirijan a las puertas laterales desde allí atacaremos. Mis generales a llegado el momento de defender Aran, ya sabemos como son los de Nurn. Así que démosles de su propio frasco, demostremos el poder de Aran ganando esta batalla.- les dijo golpeando la mesa.

Fue entonces cuando un suboficial entro en la tienda y dijo todo orgulloso:

- Señores, las catapultas están dispuestas a lo largo de las murallas. Jamás enemigo alguno pudo atravesar ni la primera muralla, ni el mismísimo Señor de Angmar.

- ¡Eso esperamos, ahora salgamos a patear esos culos!- gritó Telimektar.

Este salió y pronto se encontró delante de sus hombres y alzando la voz les dijo:

- ¡Nurn nos desafía y si hoy tenemos que dar nuestras vidas a esos bastardos mandémosles primero al infierno! ¡Luchemos por la libertad y la esperanza, por la tierra que nos vio nacer y por el amor que le procesamos, si la libertad es una razón para luchar no conocerá batalla mas digna!- su poderosa voz resonó por toda ciudad inflamando los corazones.

Mientras tanto de Valtir salió Eleanor con 10 grandes bajeles para presentar batalla. Ocho de los barcos nurnitas hicieron caso a su provocación y ella los condujo lejos de las costas y en las aguas de la bahía lucharían bajo el fuego incesante que lanzaban las catapultas desde las murallas.

Los arqueros ya estaban listos cuando los primeros nurnitas desembarcaron y un gritó se escucho desde las murallas que decía:

-Tangado a chadad!!Hado y philinn!!- y una alfombra de flechas salió desde detrás de estas.

La primera oleada de los atacantes había sido barrida sin dificultades, mientras las fuerzas que habían desembarcado en la playa se preparaban para el asalto, pero desde las murallas fueron lanzadas grandes bolas de paja encendidas que bajaban colina abajo llevándose a todo aquel que estuviera por delante. La segunda oleada de nurnitas se acercaba a la entrada del muro exterior cuando las puertas fueron abiertas y el grueso del ejército salió a la carga, el batallón de enanos defendía la entrada contra todo aquel que intentase aproximarse a ellas, era tal la organización que aunque fueran inferiores en número ganarían.

Telimektar, haciendo sonar el cuerno de Aran salió por las grandes puertas decidido a presentar batalla, comandando al grueso del ejército que se dirigía con paso veloz al muelle para frenar el avance de las tropas.

Allí les esperaban los nurnitas con sed de sangre pero lo que no esperaban estos es que los atacaran tan rápido y cuando quisieron frenar la arremetida del ejercito de Aran estos ya estaban dentro de sus filas luchando encarnizadamente.

Fue cuando ella hizo acto de presencia como una llama dorada al final del muelle, sintió como ella lo llamaba y no la hizo esperar. Era tal la furia que tenía Telimektar dentro, qué desato todo su poder y este lo rodeo con una poderosa llama y a cada paso que daba pequeños remolinos se formaban. Los orcos venían a su encuentro como atraídos por el fuego. Nada lograron con sus intentos de darle muerte, era tal el poder desatado que estos eran barridos del muelle y ardían como paja antes de que intentaran algo.

Así se abrió paso hasta ella como una poderosa llama hasta que estuvieron uno ante el otro y una muralla de fuego se alzó detrás del maia, quedando los dos en el muelle aislados de la batalla.

- Veo que quieres luchar contra mí. Edades incontables han pasado desde que partieras de Aman, el mal a echado raíces en tu corazón y la crueldad es solo comparable a tu belleza- le dijo este.

- Tu siempre tan amable, pero tus halagos no harán que te perdone la vida ni la de tus gentes- le respondió con frialdad.

- ¡Si es lo que quieres luchemos pero Aran no será tuya!- le respondió Telimektar

La tensión era máxima, los dos sabían que estaban igualados en poder pero no se dejarían vencer tan fácilmente. Los dos se lanzaron a la carrera y un gran estruendo hizo temblar los cimientos de Eorondo cuando las espadas entrechocaron y una gran ola se alzó desde el mar barriendo a los pocos que quedaban en el muelle. Telimektar apretaba fuertemente a Orión cuando de su mano empezó a gotear hilillos de sangre que al caer al suelo ardían y mirándola la atacó como si fuera un rayo, pero Delisse saltó aun lado, y una gran grieta apareció en el muelle separándolo del resto y alzando grandes olas.

Fue cuando ella contesto al ataque con más fuerza si cabe pero lo único que conseguían los dos era que con la fuerza del combate el agua de la zona hirviese elevando inmensas columnas de vapor que se propagaron por toda la bahía.

Mientras tanto en las murallas la lucha era encarnizada, el batallón de enanos defendía fieramente la gran puerta mientras que los arqueros no dejaban de disparar aquellos que se acercaban demasiado, pero los enanos quedaron rodeados ya que se habían alejado bastante de la puerta y fue cuando pareció por un instante que las defensas de las puerta iban a ceder y el ejercito de Nurn aprovecho ese instante para abalanzarse sobre la ciudad pero de esta salió la caballería de Aran al rescate. Los jinetes saltaron sobre las grandes pilas de cadáveres apostados en las puertas, la tierra temblaba bajo los poderosos cascos de la caballería mientras esta avanzaba repeliendo a los orcos y hombres de las cercanías de las murallas, pero eso no los libro de las mordeduras de las flechas nurnitas derribando a los jinetes mientras los nurnitas aprovechaban para acabar con los jinetes lanzándose una sangrienta venganza

Aun así la moral era alta entre las tropas defensoras ya que los barcos de la Alianza estaban retrasando la llegada de más efectivos y las catapultas no cesaban de lanzar bolas incendiarias iluminando el amanecer. Sabanas de flechas iluminaban el cielo mientras buscaban la muerte del enemigo en alta mar, mientras el barco comandado por Eleanor surcaba las aguas de la bahía se dirigía hacia unos de los barcos nurnitas para hundirlo si podían. Era tal la ira que en Ronaele se había desatado que apenas era comparable con la ferocidad con la cual aniquilaba y mataba mientras pensaba para si:

“¡Suplicad nurnitas pues mi ira se ha desencadenado contra vosotros!

Vuestra ofensa contra Númeniel y contra Muineth no quedara impune”

Fue cuando las oarni recurriendo al poder de Señora de los Mares surcaron las olas como fantasmas pasando a formar parte de ellas, atacando con su fuerza los armazones de los barcos haciéndoles desviarse de sus rumbos y entrechocando entre si.

Pronto y en medio de una estrategia improvisada, un grupo de arqueros acompañados de Eleanor subieron a un barco nurnita el cual había perdido su mástil por culpa del ataque de las Oarni, encerrando en la bodega a un gran grupo de nurnitas. Eleanor ordeno el abordaje mientras estos intentaban por todos los medios sacar a sus tropas de la bodega, viéndose superados estos empezaron a luchar contra los hombres de Eleanor Era una batalla desigual donde Ronaele peleaba con sadismo y hasta los arqueros le llegaron a temer al ver cómo desgarraba el cuello del nurnita.

Pronto esta lentitud para hacerles sufrir le costó que la hiriesen, ya que uno de los enemigos la atacó por la espalda atravesándole una mano con su espada, dejando un espacio que pronto se colmo de sangre.

Ronaele sonrió con cierta malicia al sentir que el soldado nurnita había intentado lastimarle. Esta se giro llena de rabia pensando cortarle el cuello a aquel aventurero que se había atrevido a lastimarla, cuando una de las Oarni se alzó del mar y golpeando el barco se llevo al nurnita mientras Eleanor gritaba llena de rabia:

- ¡Era mió, esa escoria nurnita era mía!

Eleanor con dificultad se levantó y ordenó la retirada subiendo a uno de los barcos de la Alianza. Su intención era prender fuego al barco desde la seguridad del suyo, cuando para su sorpresa de la bodega empezó a ascender un denso humo negro y pronto los gritos de dolor y desesperación de los nurnitas encerrados se alzaron como una marea al ver que morirían abrasados y esta desde la seguridad de su barco dijo:

- La muerte es vuestro destino, mas seguramente que este barco transportara en su día tinajas de aceite y no lo supieron hasta que fue tarde

De pronto el cielo se oscureció y toda la isla de Eorondo empezó a temblar, era como si los cimientos de esta se estuvieran soltando y del mar empezaron a emerger grandes torbellinos de fuego y agua. Era tal el poder que estaban usando que toda la isla estaba siendo sacudido. Las olas se alzaban como castillos coronados de espuma y golpeaban contra furiosamente el muelle, pero estas no los rozaban ni tan siquiera; ya que el agua se evaporaba antes de rozarles.

El entrechocar de sus espadas resonaban como si de truenos se trataran, las tropas de la Alianza habían conseguido repeler a las huestes nurnitas de las murallas y ahora se concentraban en el puerto sur ya que en el otro nadie osaba entrar. Los soldados miraban con temor la batalla que se libraba en él, torbellinos de fuego y agua luchaban entre sí para hacerse con el poder mientras solo entreveían a dos figuras luchando, veían como el muelle se resquebrajaba a cada golpe y como grandes piedras caían al agua. Entones un inmenso torbellino de fuego y agua alzó a los maiar varios metros del suelo, la furia de los dos había aumentado hasta límites insospechables mientras en el campo de batalla todo había quedado parado, los dos ejércitos miraban el combate que se libraba en el cielo. El fuego acariciaba los cuerpos de los maiar dándoles si cabe mas fuerzas, sus golpes resonaban e toda la isla como si de truenos se tratara y hacía estremecerse hasta al más valiente soldado.

Las oarni hacían caer a los hombres que podían de los barcos enemigos y los arrastraban hacía las profundidades de la bahía donde la muerte les esperaba entre escalofriantes gritos de pavor.

Pero mucho más no pudo haber contado la elfa de rojos cabellos pues la sangre que había perdido la había dejado débil y en uno de los golpes de las grandes olas Ronaele cayó al agua sin que ningún soldado pudiera hacer nada por ella.

En tierra, los soldados veían como sus dos capitanes luchaban como nunca antes los habían visto luchar, el fragor de su batalla era cada vez mas fuerte mientras en el suelo sus hombres los animaban y el fragor de las armas había sido substituido por el griterío de sus soldados.

Estos se pararon intentando recuperar el aliento, cuando Telimektar mirando a Delisse le dijo:

- ¡Sabes tan bien como yo que nunca podrás vencerme!

- ¡ Eso habrá que verlo!- le respondió Delisse

Dicho esto los dos salieron a la carrera, el tiempo parecía haberse detenido esperando el momento, y ese fue cuando las espadas chocaron entre sí y estas estallaron en pedazos. Fue tal la brutalidad del impacto, que los dos maiar fueron lanzados con tal fuerza desde el interior de los torbellinos que Telimektar cayó entre las filas de sus soldados y Delisse fue lanzada contra los suyos.

Los dos ejércitos quedaron divididos por una gran cortina de fuego que ninguno osaba atravesar ni tan siquiera los dos maiar. Y los dos comprendieron que la batalla había terminado, Telimektar se alzó dolorido por la caída mas su brazo se había roto ante la brutalidad del golpe y mirando a su alrededor vio que la batalla se había decantado hacía su favor y gritó:

- ¡Regresemos a la ciudad, Retirada!

Tras aquella orden los soldados regresaron, al igual que los barcos hacía la ciudad con la victoria entre sus manos. Fue cuando una de las Oarni regreso de la batalla con el cuerpo de Eleanor entre sus brazos y la deposito delicadamente en la arena de la playa antes de volver al mar. Sus hombres saltaron del barco y corrieron desesperados hacía ella, allí comprobaron que estaba muy débil y fue trasladada a las casa de curación con gran rápidez temiendo por su vida.

Escrito el 18-10-2005 10:24 #3

El tiempo estaba cambiando, y el invierno parecía haber descendido sobre las tierras de Eithel-Glîn repentinamente. Las mañanas aparecían cubiertas de una suave niebla, y el sol apenas era suficiente como para deshacerlas levemente en pequeños jirones que iban desapareciendo a lo largo del día.

Abandonaron la ciudad de Tyelpëosto amparados por la noche cubierta de estrellas y no miraron atrás. El hedor de la ciudad devastada los seguía, como un dedo acusador sobre el mal que habían llevado a aquellas tierras en otro tiempo hermosas. Ahora ya no quedaba nada. Sólo piedras muertas.

Mientras salían de la ciudad, Delissë paseó la mirada por el campo plagado de cabezas cercenadas que se extendía a los pies de los muros. Un cuervo parecía empeñado en arrancar a través de la carne roja del cuello una vena que le debía parecer especialmente apetitosa. Uno de los ojos del hombre, que un día mirara extasiado la belleza de la noche estrellada, pendía levemente de su cuenca. El otro permanecía todavía en su sitio, con el párpado semi cerrado, y parecía conservar una expresión de dolor inmenso. Otro cuervo aleteó grácilmente hasta él, terminó de arrancar el ojo con un picotazo que abrió la carne del hombre, y luego marchó a saborear la blanda carne muerta en un rincón.

Las aves negras bailotearon al paso del ejército de Nurn, protestando con ásperas voces al ver interrumpido el banquete. Rojo y negro parecían fundirse en uno solo, y mientras avanzaban en la noche, quedó atrás El Castigo.

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Las altas y escarpadas murallas de Eärondo ocultaban de su vista la ciudad de Aran Fortin. La isla, cubierta de una espesa niebla, parecía flotar levemente sobre el agua, y encerraba en ella una calma que sabía sólo era aparente.

La Compañía de Nurn llegaba desde Earramë, donde había robado los barcos más grandes del puerto, a sangre y fuego. Nadie había podido resistir su embate, y ahora, sin bandera visible, navegaban en pos de Aran Fortin, una ciudad con fama de infranqueable. Pero no habían sido suficientes, y muchos de ellos excedían con mucho el límite de su capacidad.

La guerra había afectado también al comercio de la zona, y eran pocos los comerciantes que se atrevían a realizar entregas en esa época. Más sabiendo la devastación que la alianza del Norte había llevado a las tierras de Eithel-Glîn. No era seguro, y ahora, el saqueo del puerto llevado a cabo por el salvaje ejército de Nurn había dado la razón a los más desconfiados.

Unos pasos tras ella anunciaron la presencia de Nulkaiel. La Señora de Nurn se había reunido con ellos en el improvisado puerto del Sîrfalle, y había traído consigo noticias del norte, del este y del sur. La ofensiva, tanto tiempo planeada, no había salido tan bien como habían esperado. Ahora, su nueva misión se encontraba en el oeste, en aquella isla donde el ejército Tercano había sido rechazado hacía pocos días, mientras ellos arrasaban con furia la capital del reino. Pero debían confiar que aquellos barcos sin bandera les abrieran el paso de la bahía, aquél que sus aliados habían encontrado cerrado.

- Los barcos de Nurn estarán llegando en estos momentos al puerto de Turelondë - dijo Nulkaiel, mientras se apoyaba en la baranda del barco. Sus cabellos de cobre ondeaban al viento, mientras miraba tras ella la flota que los seguía.

- Así debe ser - respondió Delissë entonces - Helerauko deberá darse prisa en llegar con el vampiro a Narmelost. Aunque no daría gran cosa por su vida...

- Es una raza extraña pero fuerte, quien sabe…

- Fue feroz en la batalla. Eso es más de lo que muchos podrían decir. Si muere, habrá dado la vida por algo tan grande que ni él mismo alcanzaría a comprender. Habrá dado la vida por Nurn.

Callaron un momento, escuchando el eterno rumor de las olas.

- Esta niebla es peligrosa - añadió Delissë al cabo de un rato.

- ¿Peligrosa? Esta niebla nos encubre a los ojos del enemigo… ¿o no es así?

- Los ojos del enemigo ven más allá de ella. Ya saben que venimos, y ahora temo que oculte al enemigo a nuestros ojos… - dejó flotando en el viento la última frase - Prepara tus arqueros, Nulkaiel, por que ya están aquí.

Nulkaiel miró a la maia, y sacudió la cabeza suavemente. Sabía que ella veía mucho más de lo que ningún otro podía ver, y no dudaba que tendría razón. Si había un peligro cerca, Delissë lo sabría. ¿Pero por qué no podía ser más clara? No lo pensó más y marchó a preparar a los arqueros. Sea lo que sea, pronto lo veré, se dijo a sí misma.

Delissë permaneció mirando el horizonte. Tras ellos, el resto de la flota parecía dividida. Los barcos que habían sido cargados en exceso quedaban rezagados, y eso no le gustaba en absoluto. “¡Maldita sea!”, pensó, “Si llegamos todos juntos a puerto, nos rodearán, y entonces sí que estaremos perdidos. Pero ellos han divido sus fuerzas, y todavía les sacamos ventaja en número… Quizás no sea tan malo después de todo que los barcos de Inglin hayan quedado rezagados”.

La niebla pareció rasgarse para dejar paso a una vela en el horizonte, seguida de otras muchas. Gritos de alerta resonaron de barco en barco, como un eco. Delissë se volvió para observar la reacción de Inglin. No la defraudó. Los ocho barcos de Inglin viraron, y se dirigieron a enfrentar directamente la embestida naval de la Alianza. Todavía tenían una oportunidad.

Mientras las flechas volaban de una flota a otra, grandes bolas de fuego surcaban el cielo en busca de un blanco en el agua. Pero la niebla los hacía lanzar a ciegas, y el poder de las catapultas de Aran Fortin se perdía en el agua salada.

Gritos de guerra resonaron en sus oídos, mientras veía acercarse el puerto. Cientos de orcos y hombres agitaban con furia sus armas, mientras clamaban por la sangre del enemigo, que casi podían sentir en sus labios. Muchos de ellos se lanzaron al agua, mientras lanzaban cientos de pasarelas de cuerda que aseguraban en cualquier punto del muelle, saliendo de los barcos como una riada, mientras una lluvia de flechas caía sobre ellos sin piedad alguna.

Los primeros orcos que habían llegado al muro fueron detenidos por cientos de balas de paja ardiendo que arrasaron y quemaron todo a su paso. Mientras, Nulkaiel y sus arqueros buscaban puntos más elevados en las cumbres que rodeaban la ciudad. Una flecha certera surcó el cielo del amanecer, silbando hasta llegar a ellos, y encontrado reposo en el pecho de Nulkaiel. Cayó de bruces, mientras se llevaba las manos al pecho, y luchaba por recobrar el aire.

Se incorporó lentamente, y sus ojos de miel observaron atónitos la flecha oscilante en su pecho, mientras sus labios entreabiertos luchaban por encontrar el aire que parecía escaparse a través de la herida, al mismo tiempo que la sangre que empezaba a cubrir por completo su vestido. No desistió. Con un gemido de dolor, partió la flecha, y volvió a ponerse en camino con dificultad. “Cuentan contigo”, pensó, “no puedes dejar de avanzar. No puedes dejar de responder…”

El ataque de fuego cesó y el ejército de Nurn se reagrupó nuevamente. Las puertas de la ciudad se abrieron, y el ejército de Aran Fortin avanzó entre las filas de orcos y hombres sembrando el caos a su paso. Un gran batallón de enanos defendía las puertas, y junto a ellas, pronto se agolparon cientos de miembros cercenados.

No sería suficiente. Delissë espoleó a Mirë, y avanzó sobre el enemigo, llevando consigo el terror y la muerte, insuflando en su ejército fuerzas renovadas. Desmontó de un salto, y sus llamas se alzaron frente a las puertas de la ciudad, mientras Airacil se bañaba en sangre.

Y mientras su espada danzaba al son de la muerte, Delissë buscaba a su enemigo con la mirada. Un elfo, vestido con la insignia de la Alianza se alzó ante ella, y no pudo más que sonreírle. Airacil destellaba en su mano, mientras la espada del elfo se cernía sobre ella. Paró el golpe con la espada, y el elfo se sintió confuso un instante, observando su sonrisa. Supo entonces que había alzado su espada contra alguien que estaba mucho más allá de su alcance, y que nada podía hacer para salvarse de la muerte.

Contempló la luz de Aman que se vislumbraba en los ojos de ella, oculta bajo el halo de maldad que cubría su mirada. Y tuvo un momento. Un momento para recordar a aquellos que había dejado tras las murallas de la ciudad. Un momento que le trajo la imagen dulce de su esposa, y la risa juguetona de sus hijos. Sólo fue un momento, justo antes de que la espada de la Maia se deslizará fría entre su carne. Justo antes de sentir el dolor.

La cabeza del elfo cayó rodando a sus pies, mientras su sangre todavía caliente se deslizaba a través de Airacil, goteando levemente en el suelo. Alzó la mirada, y por fin lo descubrió en la lejanía. Y él la vio a ella, y pudo ver cómo la furia hacía arder el cuerpo del Maia.

Ella rió entonces, mientras lo veía acercarse a través de la batalla. Se detuvo frente a ella, espada en mano, y sus miradas se enfrentaron durante un instante eterno, recordando quizás otros tiempos, perdidos en la memoria de ambos.

- Veo que quieres luchar contra mí. Edades incontables han pasado desde que partieras de Aman, el mal a echado raíces en tu corazón y la crueldad es solo comparable a tu belleza - dijo entonces Telimektar.

Ella permaneció en silencio, mientras el fragor de la batalla parecía apagarse tras el crepitar del fuego que ambos desprendían.

- Siempre tan amable - respondió ella con una sonrisa, mientras sus cabellos danzaban salvajes, ocultando sus ojos - Pero no quiero que te hagas falsas ilusiones, Telimektar. Sabes bien por qué estoy aquí, y la dulzura de tus palabras no evitará que la devastación de Eärondo.

- Si es lo que quieres… Lucharemos entonces, pero Aran nunca será tuya – respondió Telimektar, avanzando con furia hacia ella.

Airacil y Orion brillaron al encontrarse, y lo celebraron con un gran estruendo que golpeó la isla en sus cimientos. La tierra tembló, y las olas se levantaron furiosas al ser despertadas de su letargo, mientras en el muelle, los dos poderes de Aman se batían en duelo.

La defensa de las puertas parecía a punto de caer, y por un momento el ejército de Nurn se avalanzó sobre la ciudad. Pero sólo fue un momento, pues la bien armada caballería de Aran Fortin salió de la ciudad pasando por encima de los cadáveres que cubrían las puertas. La confusión reinó entonces entre los nurnitas, obligados a retroceder de nuevo hacia el muelle.

Pero los arqueros de Nulkaiel apostados en la cima lanzaron entonces cientos de flechas empenachadas de negro y rojo, que surcaron el aire ensañándose en hombres y bestias por igual. El relincho de los caballos heridos desgarró sus oídos, mientras hombres y orcos aprovechaban para acabar con los jinetes, desmembrando sus cuerpos en una sangrienta venganza. Ríos de sangre se deslizaron por la playa, para derramarse en el agua que lamía la orilla.

Barcos ardientes como teas iluminaban el horizonte teñido de rojo. La espuma de las olas que rompían en ellos llevaba consigo la sangre que caía de los barcos como una cascada. Inglin corría sobre la cubierta, ordenando otra vez el ataque de los arqueros apostados en ella. Cientos de flechas ardientes surcaban el aire sobre ella, en ambas direcciones.

- ¡A las velas! ¡Apuntad a las velas! – gritó con furia.

Y las velas de los barcos de Eithel-Glîn comenzaron a arder, cayendo implacables sobre la cubierta, prendiendo en su cubierta. Inglin sonrió entonces, pero su barco fue zarandeado con una fuerza indescriptible, mucho mayor que la fuerza de las olas. Paseó la mirada alrededor de sus barcos. Una extraña figura con forma femenina se alzó rápidamente golpeando uno de sus barcos, mientras arrastraba consigo a un infeliz que gritaba de terror mientras caía al agua. ¿Qué demonios…? Su mente pareció entumecerse con la duda… ¿Pero qué demonios era eso? Una mujer de cabellos rojos reía en el barco, y luego lo abandonó a la carrera, seguida por varios de los suyos, hasta su propio barco. Una gran explosión sacudió entonces el barco nurnita, lanzando virutas y trozos de madera que se incrustaron en todos aquellos que se encontraban cerca.

Inglin cerró los ojos, mientras sentía como la llamarada de fuego la golpeaba con intensidad, y la lanzaba de espaldas por la borda. Cayó en el agua semi inconsciente, y mientras se hundía en la inmensidad del mar se aferraba sólo a una idea. Venganza. Venganza. Venganza. Abrió los ojos, y pudo ver cientos de cuerpos cayendo en la muerte profunda del agua. Algo pareció asirla de repente, y sintió bajo su pecho algo firme. “Venganza... “ – musitó. Y cayó en la inconsciencia.

La tierra tembló. Una gran sacudida aturdió a ambos ejércitos, mientras el sonido de los truenos parecía retumbar en el cielo repentinamente negro que cubría la isla. Enormes olas hirvientes, altas como montañas arrasaron la costa, llevándose consigo al retirarse cientos de cuerpos abrasados. Soldados de ambos ejércitos cayeron de rodillas, suplicando piedad frente a lo que creían un castigo divino. Y Delissë supo después que fue entonces cuando perdió la batalla.

Nulkaiel, apostada en la cima del acantilado, fue alcanzada por las olas que barrían la bahía. Se volvió al sentir acercarse la enorme ola sobre ella, y el fuego hirviente que ésta traía consigo abrasó sus ojos, que se cerraron tarde al sentir el calor. El dolor lacerante que siguió la hizo caer de rodillas, incapaz de encontrar con sus manos ciegas un punto de apoyo que la retuviera en la colina, y la ola regresó nuevamente al mar, llevándose consigo el cuerpo roto en mil pedazos de la elfa.

Y ajenos a la devastación que causaban, Delissë y Telimektar combatían con furia, mientras el fuego de su propio poder incontrolado les alzaba del suelo, y sus espadas respondían a cada embate, sin descanso. Pero finalmente fueron alejados por una repentina ola de fuego, y quedaron mirándose mutuamente, con la respiración entrecortada.

- ¡Sabes tan bien como yo que nunca podrás vencerme! - dijo él, con una ira inmensa en la mirada.

- No lo sabes, Telimektar - sonrió ella, mientras su pecho subía y bajaba agitado, al compás de su respiración. El fuego que la envolvía daba a su piel un color dorado, y sus ojos parecían brillar más que nunca - Ambos fuimos concebidos como iguales en la mente de Iluvatar… ¿Por qué habrías acaso de soñar que encierras más poder que yo?

Telimektar no respondió, y se lanzó al ataque siguiendo un loco impulso. Y ella respondió de igual manera, saliendo a su encuentro. El silencio expectante fue roto por el sordo retumbar que emitieron las espadas al cruzarse en el cielo, y la oscuridad pareció diluirse un instante, pues las espadas estallaron en el aire, emitiendo miles de destellos de luz cegadora.

Delissë se sintió arrastrada en el aire, y finalmente cayó de espaldas en el suelo. Sintió un dolor profundo en el costado derecho, pero no supo reconocerlo hasta después. Se levantó, y observó como los restos de Airacil caían entre el muro de llamas que ahora separaba a ambos ejércitos. Al otro lado, Telimektar daba órdenes de retirada, y Delissë se internó en la muralla de fuego, recogiendo con reverencia los fragmentos de Airacil.

Sus ojos violetas observaron la retirada del ejército enemigo, y las puertas de la ciudad se cerraron para ellos.

Se volvió entonces, ordenando el regreso, cuando sintió la sangre que corría a través del vestido. Había caído sobre una espada mellada, que se había incrustado en su cuerpo produciendo una herida bastante profunda. Suspiró entonces. Todo había sido un desastre desde el principio, y ahora sólo quedaba regresar con las manos vacías. Pero volverían. Sabía que volverían, y entonces, tal vez, la hermosa ciudad que ahora se encerraba en sí misma como un caparazón de piedra, sería suya.

Los barcos fueron cargados de heridos rápidamente, y Delissë descubrió entre ellos a Nulkaiel, con el rostro pálido y los ojos cerrados cubiertos de llagas supurantes.

- Llevadla a su camarote - ordenó - En seguida acudiré a atenderla.

“Malditos”, pensó, “Maldito seas Telimektar. Tu y todos los que te siguen conoceréis pronto el dolor, y será tan intenso que desearás haber muerto este día.”

Los barcos de Inglin permanecían extrañamente quietos en la lejanía, ahora que el mar había recuperado la calma. Pero eran pocos los que quedaban a flote. La ruina había sido total. Una barca se acercó remando veloz, y los soldados se encargaron de alzar a los heridos que habían conseguido rescatar de los naufragios. Inglin, inconsciente, fue depositada en una improvisada camilla. Se acercó a ella, y depositó un suave beso en su frente. Había estado a punto de morir ahogada, y su cuerpo, exhausto, no respondía. Su cuerpo descansaría junto al de Nulkaiel, y mientras se la llevaban, Delissë arrancó de su cuerpo la espada mellada que hasta entonces permanecía clavada en ella. Sus ojos se nublaron con el dolor, y la sangre escapó a borbotones de la herida.

“Pronto. Pronto os llegará la hora de pagar. La muerte y el llanto anegarán estas tierras, y las montañas de Eärondo se teñirán de rojo. Y buscareis la piedad en mi mano. Una piedad que no encontraréis, ni en la vida ni en la muerte”

Escrito el 29-10-2005 09:23 #4

Resumen de la batalla.

Nurn ha perdido 21 armadas x35= 735 puntos.

Recuperables: 245 puntos.

Valoraciones: 9+9+9+8= 8,75. Se aplica una sancion de 0,50 puntos por exceso de tamaño, con lo que queda en un 8,25.

Recupera: 202 puntos. Los dirigentes han sufrido daños por el 145%, por este concepto recuperan 508 puntos. Total recuperacion: 710 puntos.

Pierde: 25 puntos.

Alianza ha perdido 15 armadas x35= 525 puntos.

Recuperables: 350 puntos.

Valoraciones: 7+9+8+8= 8

Recupera: 280 puntos.

Pierde: 245 puntos.

Alianza percibe 225 monedas por batalla ganada.

Alianza entrega 100 monedas a Nurn por abandono de la batalla.

Compañias actualizadas y listas.

Saludos!

[Editado por gaurwaith el 29-10-2005 10:12]

Historia finalizada.