La Guerra de los Clanes

C2 Tercano Vs C3 Valle

Terminada
Escrito el 22-10-2005 19:22 #1

Fin Guerra: Valle del Ingenio se retira del Combate

Armadas perdidas por \"Tercano Nuruva\" = 16

Armadas perdidas por \"Valle del Ingenio\" = 14

Victoria para Valle.

Escrito el 27-10-2005 23:52 #2

Con la mano derecha se acercaba la jarra de cerveza a los labios mientras sus ojos posaban una perdida mirada en el horizonte. Nada. Las nubes oscuras surcaban por encima la tierra yerma, asolada por decenas de batallas que había sufrido en los últimos tiempos. Los árboles habían caído, algunos por encontrarse donde no debían, y otros para ayudar a avivar el fuego que mantenía vivos a los guerreros jornada tras jornada. Ahora todos habían desaparecido, y por mucho que Erekan girase su mirada, no conseguía ver nada que le recordase el fulgor y el verdor que había caracterizado a esa tierra no mucho tiempo atrás.

- Odio esta guerra – suspiró.

- ¿Uhm? ¿Decías algo?

- Divagaba – respondió.

Él era una de las pocas alegrías que le quedaban. ¡Maldito enano! Siempre dispuesto a todo, siempre envalentonado, siempre optimista... y siempre leal a sus tropas. Nunca pensó que pudiera haber aprendido tanto de un ser tan pequeño e infantil como él, pero tenía que reconocerlo: si todos los enanos eran igual que su comandante Thralor, mal había hecho su raza en romper la relación con ellos.

- Es hora de que te eches un rato, llevas días sin dormir – le sugirió Thralor. Era cierto.

- Estoy preocupado – Suspiró.

- ¡Demonios! ¡Siempre estás preocupado! Alégrate elfo, no nos esta yendo nada mal – a Erekan a veces tanto entusiasmo le sobrepasaba.

- Ya... Es cierto... Pero... Estoy cansado Thralor – contestó.

- Por eso mismo deberías descansar – insistió con una sonrisa.

- No, no me entiendes. Estoy cansado de toda esta guerra... ¿Recuerdas cuando pasamos por aquí, por primera vez, hace unos meses? – preguntó con aire nostálgico.

- A decir verdad, hemos viajado tanto que muchos sitios me parecen iguales. – Thralor se alzó de hombros.

- Este era especial. Allí, a tu derecha, crecía un sauce imponente, con más de 150 años a sus espaldas. ¿No lo recuerdas? Estábamos con Morna, tú empezaste a hacer una caricaturización de un orco de Nurn después de haber bebido demasiada cerveza... y te diste de bruces contra él. Todos estallamos en carcajadas.

- Lo siento, pero si había bebido más de la cuenta (¡Aunque yo siempre lo tengo todo controlado!), difícil será que me acuerde, ¿No crees? – sonrió.

- Je – El elfo esbozó un atisbo de sonrisa – Algún día tu pasión por la bebida nos ocasionará problemas.

- Ese día está lejano todavía – contestó – En serio, deberías ir a descansar un rato, tanta nostalgia no puede ser buena. Hay que afrontar lo que venga, hay que adaptarse, hay que vencer todo lo que se nos ponga por delante. Vuestra raza es longeva, y no prestáis atención a estos detalles, os escondéis y resguardáis en el pasado mientras el presente os pasa por delante. Los enanos sabemos bien que la adaptación es la clave para perdurar. Algún día esa forma de ver las cosas que tenéis significará vuestra perdición.

- Je – Otro atisbo de sonrisa – En una cosa tienes razón. Tengo que descansar un rato – dijo mientras se levantaba.

- No te preocupes... ¡Te avisaré si pasa algo interesante! – Gritó Thralor al elfo mientras éste se alejaba con grandes zancadas.

La tienda estaba húmeda, pero a Erekan no le importaba. Nunca le habían gustado los climas cálidos. Le recordaban a las historias que había oído de joven acerca de las fortalezas del Mal, de los balrogs, de las minas... Se sentía más seguro en aires fríos, sobretodo porque vivía en la creencia de que el calor adormilaba los músculos mientras que el frió los mantenía despiertos. Suponía que no era cierto, pero le gustaba vivir en esa mentira. Cada vez que pensaba en ello sentía la mano de los hombres, incoherentes por naturaleza, en su mente.

Pronto apartó esos pensamientos, y se dispuso a descansar un rato. Se tumbó y... pronto cayó dormido.

A varios metros de distancia, Thralor se sentía turbado, no por la guerra (no iban a presentar batalla hasta dentro de unos días, y no esperaba que el enemigo fuese a buscarlos), sino por los pensamientos de su amigo elfo. Aunque siempre aparentaba determinación y seguridad, él también se estaba cansando de tanta guerra. ¡Un enano cansado de pelear! Cualquiera que le oyera no le creería.

- No es que esté cansado. Es que mis enemigos me aburren – le dijo a una piedra.

La piedra no se movió.

- ¡No! ¡Es sólo eso! A veces echo un poco de menos las minas, los trabajos manuales, hacer joyas, las piedras como tú... ¡Pero nada más!

La piedra no se movió.

- ¡Está bien! ¡Tienes razón! ¡Estoy harto de todo esto! – Enseguida se arrepintió de haber gritado tanto – Me gustaría volver a nuestra isla, con esos magníficos edificios hechos de mithril, y de hierro, y de... Ay... Echo de menos todo eso. Pero ambos sabemos que ahora es momento de luchar por todo lo que deseamos, y que si triunfamos podremos gozar de ello durante el resto de nuestras vidas. El deber es lo primero. No puedo dejarme caer en los recuerdos como Erekan, tengo que mantenerme sereno.

Levantó la vista del suelo, y divisó una intensa luz a lo lejos. Estaba muy nublado pero pensó que serían los últimos rayos del sol escondiéndose.

Erekan dormía plácidamente en su tienda. Soñaba... Soñaba que estaba en un campo de cereal, verde, muy verde... Él estaba sentado, mientras a su alrededor varios campesinos corrían de un lado a otro haciendo sus tareas. Todo iba bien. De pronto, una niña, de unos 10 años, se le acercaba, iba directa hacía él... Pero mientras se acercaba, se volvía más y más fuerte, y su piel adquiría un tono amarillento, anaranjado por momentos... Sus brazos se alargaban, se volvían rojos... ¡Se estaba convirtiendo en una llama! Pero... ¡Seguía acercándose a él! Erekan no podía moverse, estaba sentado y atrapado por el influjo del campo. Los campesinos habían desaparecido de su alrededor, se encontraba solo, atrapado... Gritaba, pero no servía de nada, pues la niña-llama (apenas se le reconocía la cabeza entre el fuego) seguía acercándose... En muy pocos segundos le alcanzaría y entonces...

- ¡Despierta, condenado elfo! – gritó el enano.

- ¿Eh?

- ¡Nos atacan! – prosiguió - Tienen artillería pesada, máquinas de fuego, son cientos de ellos... ¡Maldita sea! ¡Despierta de una vez!

Erekan saltó de su cama con tanta velocidad que a punto estuvo de trastabillar.

- ¿Cuántos son?, ¿Dónde están? – preguntó.

- Vienen por el Este, al menos el grueso de sus tropas ¡Apresúrate! Tenemos que reagruparnos.

- Voy.

Las flechas incendiarias silbaban por encima de las tropas. Thralor reunía a todo el que encontraba, mientras Erekan alineaba a los elfos para disparar a su orden. Pronto estuvieron preparados.

- ¡Escudos! – vociferó Thralor ante la inminente lluvia de flechas enemigas. Afortunadamente, la aridez del terreno impedía que el fuego se extendiera, y las llamas voladoras morían al contactar con el suelo.

- ¡Arcos! – siguió ordenando el capitán.

Los elfos se pusieron en posición.

- ¡Disparad! – Y los elfos dispararon.

- ¡Escudos!, ¡Rápido, rápido, rápido! – siguió Thralor.

- ¡Arcos! ¡Disparad! ¡Escudos! ¡Arcos! ¡Ya, disparad! ¡Escudos, vamos, vamos!... Ambos ejércitos intercambiaron sus flechas durante largo rato, hasta que por fin el enemigo paró. Un silencio sepulcral se hizo en medio de las filas.

- Igual han decidido retirarse – sugirió Thralor...

- Me extraña – le contestó Erekan, que había acudido raudo a su lado.

El enemigo dio la razón al capitán elfo. La jauría de gritos que proferían era suficiente como para haber sacado al mismísimo Eru de sus casillas. Un nutrido grupo de elfos, enanos, hombres y ents les atacaban, portando armas de mano, cuchillos cortos en su mayoría, aunque algunos tenían grandes espadones (Erekan supuso que estos serían sus caudillos), pero todos iban caracterizados con el emblema de Tercano.

Ni estrategias, ni fintas dentro de las fintas, ni nada de nada. Después de tanta batalla técnica, donde el posicionamiento o el número de hombres habían resultado ser claves, esto iba a ser un combate cuerpo a cuerpo en mitad de una llanada. Ambos ejércitos contaban con similar número de tropas (quizá el enemigo tenía unas pocas decenas más), y la victoria iba a decidirse en un sangriento combate. Erekan ordenaba a sus elfos que lanzasen las restantes flechas mientras Thralor reagrupaba a hombres y enanos en la vanguardia para prepararse a recibir la marea enemiga.

El choque entre los ejércitos fue brutal. En ese mismo momento, cayó un rayo y empezó a llover. Los elfos dejaron sus arcos (pues era imposible, incluso para ellos, apuntar con acierto en aquel desatino) y se unieron a enanos y hombres en la feroz contienda. En un principio pareció que el enemigo penetraba en las filas con mayor fuerza, pero pronto Thralor y sus enanos se encargaron de nivelar la contienda. El capitán enano, feroz y rabioso como siempre, se estaba dejando las fuerzas en cortar cabezas, brazos, piernas y todo lo que se le pusiese delante de él con un escudo tercano. Igual que él, todas sus tropas se esmeraban en hacer desaparecer de la faz de la tierra al contrario. Erekan dejó tirado su arco y alzó su espadón gritando para animar a los suyos. Los elfos le siguieron con fe ciega, envalentonados y seguros. Sin ser tan destructivos como enanos u hombres, los elfos eran mucho más veloces y certeros en sus estocadas.

Un observador en la lejanía apenas podría distinguir algunas de las cabezas más altas entre semejante berenjenal. La pelea duró horas. La noche terminaba, y la batalla empezó a resolverse. Nadie podría asegurar que estaba ganando terreno, puesto que cadáveres de ambos bandos rodeaban a los contendientes, y una ligera neblina dificultaba la visión. Thralor, casi extenuado, con dos heridas en su muslo izquierdo y un tajo en el dorso, tenía enfrente a dos hombres de Tercano. Uno le lanzó un tajo al pecho, pero lo esquivó fugazmente para devolvérselo con acierto. Le quedaba otro, pero cuando se abalanzó sobre él, le vio dar un grito de desesperación y salir huyendo. No había tiempo para seguirle, así que volvió a darse la vuelta para afrontar un próximo enemigo, o ayudar a alguno de los suyos. Cuál fue su sorpresa al comprobar que... ¡No quedaba nadie! Allá entre la niebla veía a un compañero medio derrumbado, pero sin temor, de lo que dedujo que estaba descansando. ¿Habían ganado? Se sentía totalmente perdido. Incluso se dio cuenta de que al empezar la batalla había comenzando a llover, y que ahora ya no lo hacía. No pudo recordar en qué momento había parado.

Pronto Erekan se reunió junto a él.

- ¿Estás bien? – le preguntó el elfo.

- Tengo un par de heridas, pero nada que no se cure con un trago de cerveza fresca y otro tanto de descanso – respondió – ¿Qué tal te encuentras tú?

- Algo peor que tú – gimió – Un enano me pilló descuidado, y casi me arranca el brazo de un hachazo – se lo enseñó. Su brazo izquierdo parecía partido en dos, y manaba sangre a borbotones – Tranquilo, no es gran cosa.

- Valiente eres en verdad si dices que no es gran cosa. ¿Sabes si hemos ganado? No veo nada – La niebla era cada vez más espesa.

- Sí, creo que han huido todos. O muerto, no lo sé.

- Yo dejé escapar a uno - lamentó Thralor.

- ¿Tú? ¿Dejando escapar el enemigo? No me lo creo – se burló el elfo.

- Le dejé porque pensaba que tendría muchos más a mi alrededor – prosiguió – Si lo llego a saber, le persigo hasta cortarle la cabeza en dos.

- Je. Vamos a ver que ha sido de nuestras exiguas tropas. Espero que...

- ¡Capitán Thralor! Inshur, a su servicio – jadeaba – Lamento interrumpir, pero traigo buenas nuevas. Todas las tropas enemigas han sido muertas o dispersadas, aunque me atrevería a decir que más de lo primero y menos de lo segundo. Les han visto huir hacía el río. ¿Quieres que vayamos en su busca? Los hombres están preparados.

- Mmmm... ¿Tú que crees Erekan? Me parece que ya hemos tenido demasiada diversión por hoy, tenemos que descansar. Nunca se sabe lo que puede traer el mañana. ¡Vaya! Ahora que me doy cuenta... ¡Ya estamos en el mañana! – rió – Nos hemos pasado la noche entera guerreando. No, Inshur, di a los hombres que recojan a los nuestros que hayan caído, que saqueen los cadáveres enemigos a ver que encuentran, y que descansen un rato. Pronto partiremos hacia otro lugar.

- Estoy de acuerdo – dijo Erekan – Estamos cansados, pero si nos quedamos por mucho rato en este lugar, el olor a muerto acabará llevándonos por delante. Partiremos cuando el sol se esconda.

- Así sea - respondió Inshur.

Dicho y hecho. Rápidamente los restos del diezmado ejército se reunieron, y los capitanes observaron que las bajas habían sido mucho menores de lo que habían pensado. Era una buena noticia, al menos en parte, ya que si ellos habían perdido pocos hombres, las pérdidas enemigas no habían podido ser mucho mayores. De todas formas, Thralor se sintió alegrado. Dispuso en orden sus cosas, y se acercó a que le curasen sus heridas. En escaso tiempo, volvió a su cama para disfrutar de un sueño reparador. Ordenó a dos de los suyos que custodiasen la tienda pero enseguida sintió pena por ellos. Pobres. Pensó que después de una tal batalla, se merecían un descanso como el que más. Tenía algo que hacer antes de echarse a dormir. Salió de la tienda, y ordenó que, salvo una decena de enanos para vigilar (siempre pensaba que los enanos resistían mejor que nadie, y ellos, aunque sufrían, le agradecían semejante orgullo), todos se echaran un rato, obligatoriamente. No tuvo mucha oposición. Retornó a la tienda, y cayó rendido, esta vez, sin vigilancia exterior.

Por su parte, Erekan había ido a que le curasen el enorme tajo que había adquirido su brazo. Tardaría varias semanas en sanar del todo (y tendría una cicatriz para toda la vida), pero esperaba que su brazo volviera a funcionar a un buen rendimiento en unos 10 o 15 días. No era un maestro en curación (nunca le interesó demasiado el tema, salvo excepciones contadas), pero después de tantos años al menos había aprendido a valorar con acierto el tiempo de recuperación necesario. Tras un aparatoso vendaje, decidió retirarse a descansar un rato también. Pensó en quedarse con los enanos para demostrar a Thralor que ellos podían resistir tan bien como su raza, pero se decidió por dejar tal demostración para otro momento.

Se tumbó en la cama y se durmió al instante. Volvía a estar en el campo cultivado de cereal, verde, con los campesinos alrededor... la niña volvía a convertirse en llama, acercarse a él, pero esta vez... justo antes de llegar, aumentaba, lo envolvía todo, y el campo se convertía en un desierto mientras ella desaparecía. Nada. Nunca quedaba nada. Deseó con todo su corazón que esta guerra no fuera como la niña-llama. ¿Sobreviviría algo para quien ganase esta infinita contienda? Lo dudó. ¿Sobreviviría él? También lo dudó.

Escrito el 30-10-2005 23:58 #3

- Dime que es lo que piensas al respecto...

- Será mucho mejor en cuanto se vayan, tendremos menos espadas a las cuales enfrentarnos.

- Entonces no habrá mucho que esperar, con lo impulsiva que es nuestra joven capitán, además del pequeño cerebro que ostenta, puedo asegurar que en cuanto arribe el grupo de avanzada dará comienzo al ataque, sin siquiera meditar la situación.

- Y entonces...

- Nos largamos de aquí.

Tenía los pies llenos de pústulas, no estaba acostumbrada a viajes tan largos por tierra, y se sentiría mucho más segura en su nave, pero no había canal marítimo lo suficientemente grande como para llegar al territorio de Concilio, al menos de manera de no haber llamado la atención. Estaba impaciente por terminar esto de una vez y marcharse a casa, quizá pecaba de aquello aunque jamás le había traído malas consecuencias. Siguió observando alrededor, hasta que al fin sus ojos divisaron lo que esperaban, la señal.

- Capitán! El terreno es inhóspito y...- el soldado no había alcanzado a terminar cuando Arian dijo:

- Ya me dirás en el camino, Soldados prepárense a partir!

Al fin, unos momentos más y el aburrimiento la habría matado, era tan apresurada que había trazado un plan sin tomar en cuenta las condiciones en las cuales lo tendría que desarrollar.

Cuando emprendieron la marcha de una vez, ordenó al jefe del grupo de avanzada acercarse a comunicarle lo explorado.

-Como intenté decirle antes, el terreno es inhóspito y cientos de troncos están dispersos por el piso que esta cubierto de astillas y ceniza…

-Lo único importante de eso, es que tendremos que agudizar los sentidos para no tropezar con los troncos, pero lo demás es irrelevante, ¿algo más?

-Sí, los superamos levemente en número y son comandados por un elfo y un enano.

-Creo, tenemos la victoria de nuestro lado.

El plan era simple, demasiado quizá; la mayoría de la compañía iría a batallar y el resto se quedaría en el campamento para luego dar batalla a los huyeran en esa dirección.

Arian meditó largo rato las palabras que el soldado le había dicho. Buscaba un propósito, algo en que utilizar la información, pero aún no conseguía encontrarlo. Le faltaban sus consejeros, la suspicaz Melye y el aguerrido Mithalkar. Se habían quedado en el campamento con el resto de la hueste, si bien no eran capitanes, Arian confiaba en ellos, tanto como para dejarlos a cargo del resto de la hueste. Ahora pensaba que podrían haberle dado más sentido a aquellas palabras.

Siguió devanándose en ideas absurdas, mientras veía como uno de los soldados prendía una antorcha…. una antorcha!!!, le ordenó que la apagara de inmediato, no debían ser descubiertos y velaría por aquello a toda costa.

Cuando la apagó pensó en si el enemigo tendría alguna antorcha encendida, pero con la humedad que reinaba en aquellos momentos sería imposible, toda la madera debía estar inutilizable, les haría falta algo que prendiera de manera más espontánea…

Las astillas!!! Se extrañó que la idea no hubiera surgido de su mente antes, se sorprendió a sí misma al pensar en la posibilidad de incendiar el piso, pero como… sería muy riesgoso hacerlo directamente, debía haber alguna forma, seguía pensando y pensando… Flechas!

-Reúnanse! Cambio de planes, no batallaremos cuerpo a cuerpo, nos instalaremos cerca de su campamento y lo incendiaremos.

-¿Pero como? No estoy de acuerdo Arian, podría salir todo fuera de control y encontrarnos atrapados en un incendio!

-Mediante flechas, flechas incendiarias para ser más exacta, Aranur. Sé que últimamente acostumbro a tomar decisiones sola, pero jamás los expondría al peligro así como así.

-Sí es así, nada objetaré, por algo eres capitán.

Partieron cuando la tarde ya cedía paso a la noche, y desde entonces habían transcurrido un par de horas, cuando ya se hallaban lo suficientemente cerca como para atacar, ordenó a sus guerreros trazar un semi-circulo en dirección este y a los arqueros más diestros apostarse en los extremos de el.

- Batalla! Victoria! Tercano a la carga!

Con estas palabras los arcos se destensaron, dejando escapar cientos de saetas en llamas sobre el enemigo, dando comienzo a la batalla.

Todo debía salir como estaba previsto, pero algo salio mal, el terreno no prendía y Arian no se explicaba por que, entonces pensó en la otra parte de la información “por el piso que esta cubierto de astillas y ceniza…” ¿ceniza? Si la cantidad de ceniza era grande y las astillas estaban húmedas, el fuego jamás encendería y su plan sería un completo fracaso.

Turbación otra vez, la desesperación la enloquecía, gritó.

-Cese al fuego, desenvainen!

En el pequeño instante que dejaron de disparar flechas, los ingeniosos pensaron que Tercano había decidido retirarse, por lo cual no fue extraño verlos asombrados al divisar a los Nuruvitas acercarse espada en mano y gritando con toda la fuerza de sus pulmones, clamando batalla.

Arian se halló con una mano en su vientre, tenía una herida de proporciones y manaba sangre abundante de ella, aún estaba lucida, iba a luchar hasta que cayera.

La lluvia caía con fuerza y dificultaba la visión, al otro lado de la batalla Aranur observaba atónito el espectáculo. No imaginaba en un principio que aquel día se derramaría tanta sangre Tercana, aunque del bando contrario tampoco se podria decir que obtendría una victoria rotunda, peleaban con todas las esperanzas de ganar el enfrentamiento... los jóvenes Tercanos a medida que luchaban cuerpo a cuerpo, adquirían un mayor compromiso y seguridad sobre sus movimientos. Pero nada podían hacer ante la lluvia de flechas que de improviso cayó sobre ellos.

Ambos bandos dominaban las armas con destreza, de pronto comenzó a llover.

La lucha se desarrollaba con parcialidad, pero poco a poco se fue notando la diferencia entre ambos clanes, los Tercanos disminuían en mayor número que los del Valle, caían al piso aquejados por numerables heridas, y otros sin aliento.

Despertó en una tienda levantada rústicamente en un bosque, Glarawen y Aranur la miraban expectantes, ella tenía un brazo vendado y el tenía varios cortes en su bello rostro, probablemente no cicatrizarían bien.

-¿Que pasó?

-Bueno,- Glarawen comenzó a hablar- En medio del fragor de la batalla Aranur y yo comenzamos a buscarte y a ordenar a lo que quedaba de las tropas el retorno al campamento, por que no te encontrábamos por ningún lado, de pronto un soldado se percató de que estabas en el piso y sangrabas, así que nos llamó y te trajimos hasta aquí, pero pensamos que no sobrevivirías.

-¿Donde están Melye y Mithalkar?

-Ellos… nos dejaron, cuando llegamos al campamento y nos encontramos con todos sanos y salvos preguntamos por que ninguno respondió a nuestros llamados de refuerzos, los soldados nos dijeron que jamás supieron que nos necesitaban, solo recordaban haber visto llegar a un mensajero que habló con Melye y Mithalkar, los cuales les dijeron que la batalla era nuestra y que los necesitaban a ambos.

-Pero ¿no les habrá pasado algo? Por que no los buscan, es que ellos…

-Arian, no, nos traicionaron, nos abandonaron y no sabemos por que, y jamás lo sabremos creo, ahora trata de descansar que han pasado varios días desde aquello y aún debemos volver a tierras Tercanas a informar de lo sucedido.

Escrito el 02-11-2005 21:54 #4

Resumen de la batalla.

Tercano ha perdido 16 armadas x35= 560 puntos.

Recuperables: 187 puntos.

Valoraciones: 7+7+7+7+7= 7

Recupera: 131 puntos. Los dirigentes han sufrido daños por el 80%, por este concepto recupera 280 puntos. Total recuperacion: 411 puntos.

Pierde: 149 puntos.

Valle ha perdido 14 armadas x35= 490 puntos.

Recuperables: 327 puntos.

Valoraciones: 8+7+9+8+8= 8

Recupera: 262 puntos. Los dirigentes han sufrido daños por el 70%, por este concepto recupera 245 puntos. Total recuperacion: 507 puntos.

No pierde ningun punto.

Valle percibe 225 monedas por batalla ganada.

Valle entrega 100 monedas a Tercano por abandono de la batalla.

Compañias actualizadas y listas.

Historia finalizada.