La Guerra de los Clanes

C5 Valle Vs C3 Nurn

Terminada
Escrito el 25-10-2005 16:37 #1

Fin Guerra: Valle del Ingenio deja de Atacar

Armadas perdidas por \"Valle del Ingenio\" = 12

Armadas perdidas por \"Señores de Nurn\" = 18

Victoria para Valle del Ingenio.

Escrito el 28-10-2005 23:40 #2

El otoño se alargaba demasiado y la gente se había acostumbrado a las jornadas templadas de esa estación pero pronto el invierno saldaría la deuda de los días arrebatados. Este año no tendría compasión con los habitantes de Haldanori.

En eso pensaba Aredhel mientras paseaba por la muralla exterior de la ciudad portuaria. Su vista se perdía a lo lejos, en el horizonte; allí donde el mar y el cielo se fundían en uno. Todo estaba en calma. “Demasiado en calma”, pensó, y siguió andando. A su lado, ajetreados carpinteros e ingenieros se encargaban de poner a punto la maquinaria de guerra que defendía aquella parte del litoral, y se me alzaba, amenazante sobre las rompientes olas, impertérritas ante el estruendo que las albas crestas proferían al chocar contra las rocas de cantos afilados. El olor a guerra estaba en el ambiente, y la general podía percibirlo sin dificultad. Los soldados le dirigían miradas nerviosas a su paso, y parecían llevar sobre sus hombros una tensión aún mayor de la que los guerreros solían tener. Todo parecía indicar que la tregua que el enemigo les había brindado, de solo algunos días, irremediablemente iba a ser quebrada por los tambores y los cuernos apremiantes, que con su lúgubre música incitarían a las hordas de ambos bandos a marchar a la batalla, enarbolando sus armas y los estandartes ensangrentados de su patria. Y no solo la calma y la guerra permanecían en un tenso y frágil equilibrio, sino que el tiempo también parecía querer venir en su contra, como había observado nada más salir de su tienda, en el campamento de la Quinta Compañía, que se levantaba a una milla escasa de las ciudades de Nardazda y Ostaire. Una simple mirada al cielo le sirvió para augurar que pronto un potente temporal se cerniría sobre las tierras del Valle. Las banderas que decoraban las robustas almenas de las torres comenzaban a moverse violentamente, y un gélido viento del oeste azotaba la cara de la general, mientras proseguía su marcha.

Cuando estaba punto de alcanzar las dársenas donde se abastecían los barcos de la armada del Valle, Aredhel oyó que la llamaban a su espalda. Al girarse, comprobó que un soldado joven se acercaba al trote. Llevaba el uniforme de correo, y mientras corría, extrajo de una bolsa de cuero que le colgaba en bandolera, un sobre blanco. Le entregó la misiva a su superiora tras presentarse, y luego volvió a partir con la misma celeridad con la que había llegado, dejando a Aredhel a solas con la carta y con un con un cúmulo de malos presagios en la mente, que poco después de haber leído las escuetas palabras garabateadas en el papel amarillento, quedaron confirmados. Resignada, deshizo su camino para enfilar los pasos hacia el campamento, y también hacia donde se encontraban sus capitanes.

-En conclusión, debemos ir a Azdakadar en el menor tiempo posible. Levantaremos el campamento hoy mismo y nos pondremos en marcha. Estimo que no tardaremos más de cinco jornadas.

Árawen y Vilmanion se miraron apesadumbrados. Sabían que tarde o temprano tendrían que dirigirse a la batalla, pero, en el fondo de su corazón habían albergado la absurda esperanza de que la guerra acabase para así no tener que empuñar una espada nunca más. Aquella idea era tan absurda que sólo los necios podrían haberse aferrado a ella, los necios o aquellos que aún creyesen en la bondad humana, igualmente necios.

Gracias a la meticulosa organización, el ejército de la general Aredhel estuvo preparado en apenas un par de horas.

La Quinta Compañía de Valle del Ingenio solo había avanzado seis millas cuando fue interceptada por un par de jinetes ataviados con emblema real.

-¿Qué noticia traéis?- preguntó la general.

- El rey Elboron nos envía en busca del capitán Vilmanion.

-¿Cómo?- Inquirió el joven – No puede ser.

Uno de los dos hombres se acercó y le entregó una carta. El druedain la tomó y la leyó.

-¿Qué es lo que ocurre, Vil?- preguntó Árawen al ver la cara de sorpresa de su esposo.

-No iré con vosotras a Azdakadar, el rey Elboron me requiere en la Segunda Compañía.

-Pero no puede hacernos esto- respondió la elfa.

-Elboron no toma una decisión a la ligera, Árawen, seguramente no haya tenido otra opción – dijo Aredhel

-Capitán Vilmanion, debemos marchar cuanto antes – informó el otro hombre.

El druedain besó a su esposa y se despidió de su estimada general.

- Iré a Azdakadar lo entes que pueda – y dicho eso partió con los dos jinetes.

El ejército llegó a la ciudad en el preciso momento en que las naves corsarias de Nurn empezaban a aparecer en el horizonte. Rápidamente se dio la voz de alarma. Árawen y Aredhel se acercaron a la playa y divisaron con sus propios ojos al enemigo.

-¡Soldado!- le dijo a un elfo que se encontraba cerca de ellas. ¡Toca el cuerno de Azdakadar! ¡Qué el ejército se coloque en posición!

-¿En qué posición?- le interrumpió, Árawen-¿Cómo se supone que vamos a contraatacar? No tenemos catapultas para atacar desde aquí, y son demasiados para acabar con ellos si llegaran a desembarcar - continuó exasperada - ¿Qué vamos a hacer?

Una muchedumbre se había congregado en torno a la capitana y a su general. Tanto militares como civiles dirigían miradas nerviosas a las naves de Nurn y a sus superiores. La sombra de la desesperación empezaba a aflorar.

-Ojalá estuviera aquí, nuestro querido capitán.- dijo Árawen en un murmullo, agachando la cabeza.- quizás podrí ayudarnos a decidir que hacer…

-Cierto, quizás se le hubiera ocurrido alguna buena idea.- dijo Aredhel- siempre he admirado su paciencia y devoción tratando con los ents... esas magnificas criaturas con una inmensa fuerza que....

-¡Eso es!- exclamó Árawen. ¡Los ents pueden sacarnos de esto! ¡Tienen suficiente fuerza como para lanzar rocas sobre las naves! ¡Estamos salvados!

La muchedumbre entonó cánticos de alegría y pronto se inició un gran revuelo por comenzar los preparativos.

Aredhel volvió a mirar hacia los barcos de Nurn. No tenían mucho tiempo. Dirigiéndose al mismo soldado, la general le instó de nuevo a tocar el cuerno de Azdakadar para poner a las tropas sobre aviso.

Árawen también comenzó a impartir órdenes.

-¡Qué los edificios viejos sirvan como munición! ¡Desmenuzarlos todos! ¡Buscad cualquier cosa para que los ents puedan lanzar, no importa lo que sea! ¡Vamos, vamos!

-¡Qué los arqueros empuñen sus espadas! y los jinetes dejen a un lado a sus monturas. ¡Combatiremos a pié en la playa contra aquellos que consigan llegar a tierra!- Aredhel continuó.

De pronto el sonido de un gran cuerno se escuchó y las mismas rocas temblaron.... Rechazarían el ataque.

El viento soplaba más y más fuerte. Los combatientes dispuestos a lo largo de la playa tenían dificultades por ver lo que tenían delante, pues el viento levantaba la arena de la orilla. Y delante de ellos, una inmensa hilera de ents dispuestos a arrasarlo todo. Árawen y Aredhel, habían conseguido tras arduas negociaciones, reavivar la llama de la guerra en la mente de los ents y consiguieron que éstos quisieran ayudar de buena gana. Las dos, hicieron un gesto de aprobación una vez estuvo todo dispuesto. Había llegado el momento, la aguda vista de los elfos, ya podía ver a los tripulantes de las naves.

-¡Qué los ents se preparen para lanzar!-dijo Árawen con todas sus fuerzas, pues el viento había aumentado de intensidad y se llevaba sus palabras.

-¡A mi señal!- gritó la general-¡Lanzad las rocas!

Una lluvia de granito golpeó a los sorprendidos tripulantes de las oscuras naves. Poco a poco, algunos barcos comenzaron a zozobrar, para al fin hundirse en las claras aguas del continente. Muchos de los enemigos, dada la proximidad a la que se encontraban de la orilla, se lanzaron al agua con la intención de infringir algo de daño al clan del Valle del Ingenio.

En la orilla estalló una cruenta batalla. No era nada fácil combatir pues se hundían en la arena a cada paso que daban. A pesar de todo, algún barco logró llegar casi intacto a la blanca tierra y desembarcar con todo su odio sobre la costa. El viento aumentó de intensidad y levantó una cortina de arena que dejó ciegos a todos los que allí se encontraban. Los ents habían dejado de lanzar rocas y se afanaban en golpear con sus poderosos brazos y piernas a los nurnitas, mientras que los bien entrenados elfos mantuvieron a ralla al enemigo.

Pese a todo, el número de bajas fue considerable, puesto que aunque muchos nurnitas perecieron bajo las aguas, otros tantos habían conseguido llegar a tierra firme. De súbito, los guerreros de Nurn que quedaban emprendieron la retirada y consiguieron escapar.

El paisaje en la orilla era desolador.

A Aredhel le habían herido en una pierna y cojeaba considerablemente. La general intentaba coordinar las tareas para curar a los heridos lo más rápido posible. De pronto, cayó en la cuenta que hacia tiempo que no veía a Árawen. Sintió una punzada de desesperación.

Al fin la vio, y se acercó corriendo como pudo pese al dolor de su pierna. La elfa yacía inconsciente bajo unas rocas.

-¡Árawen!- gritó intentando despertarla. Temblorosa, la tocó con sus manos el cuello, y se sintió algo aliviada. Había sentido su pulso, débil pero constante. Rápidamente buscó a algunos elfos que la ayudaron a mover las rocas y la transportaron junto con los demás heridos a las tiendas de curación.

El día comenzaba a declinar, y el viento había cesado por completo. Los rayos del atardecer, dorados como el propio sol se reflejaban en el inmenso mar. Al fondo, las siluetas de algunos barcos oscuros se alejaban.... de momento no tenían que preocuparse, ahora ya no suponían un peligro...

[Editado por Eldin_de_Lorien el 28-10-2005 23:43]

Escrito el 01-11-2005 01:00 #3

Dos semanas atrás, durante el último anochecer caluroso de aquél año, el mayor ejército que las Haldanori hubieran visto en toda su historia se había retirado de las puertas de Azdakadar tras inflingir importantes daños en las defensas de la Ciudad-Puerto.

Pero los arqueros del Valle habían mermado los batallones orcos más allá de los límites aceptables, los hombres de Seregruin acabaron volviéndose antes del toque de retirada de Nulkaiel, y la retaguardia enana se había sublevado contra sus propios Señores, hiriendo casi de muerte a unos de ellos.

La primera batalla del Alba Sangrienta en las Tierras Orientales había sido un completo desastre ...y la discordía se acercentaba en el campamento de los nurnitas: las trifulcas entre los batallones se hacían cada vez más frecuentes, y muchos hombres y elfos murieron en esos días de acampada.

Los mismos Señores de Nurn discutían más de lo que planificaban, murmuraban unos contra otros más de lo que se hablaban, y el correo en dirección a Nármelost -y de regreso-, cobró un volumen inverosímil durante las casi dos semanas de máxima alteración.

Finalmente, cuando el Señor Enano comenzó a sanar de sus heridas y reapareció en el campamento acusando abiertamente a Seregruin de mandar asesinarlo por intermedio de sus propios soldados, los sables y las hachas fueron desenvainados para acabar definitivamente con los rivales... pero los tensos arcos élficos y la imponente presencia de Nulkaiel evitaron la masacre en ese momento...

El onceavo día desde la humillante retirada de los muros de Azdakadar, Nulkaiel partió con su guardia privada y los seguidores del Enano rumbo al continente. El mismo Barkoin sufrió una recaída de su convalecencia cuando el invierno recrudeció -pocos días después de abatirse sorpresivamente sobre la Isla-, y fue embarcado en silencio junto a su comitiva, casi invisible bajo las sucesivas mantas que le protegían de la nieve.

Allí quedaban el aún recientemente proclamado Señor Seregruin, súbitamente a cargo del más grande ejército de todas las Haldanori; y la longeva ent-mujer Aldamorna, a cargo de Seregruin, el mestizo.

Seregruin sostenía en aquellos días, contrario a la opinión de Nulkaiel, que la retirada de sus hombres se había producido en el momento indicado ...y que los últimos embates contra los Isleños habían sido desastrosos para el ejército. Pero la Elfa estaba convencida de que, de haber contado con los Orientales del mestizo en la arremetida final (y de no haberse producido la traición en la retaguardia) las Albas hubieran aplastado sin inconvenientes la retirada Ingeniosa ...hasta traspasar los ya tambalenates muros de Azdakadar.

Sólo las órdenes directas de Delisse, a bordo de la flota Nurnita en dirección a Eithel-Glïn, habían posibilitado, no sólo que preservase la vida sino que fuera Seregruin quien quedase a cargo de aquél ejército, Orgullo de Nurn y Gloria de la Tierra Media.

Para casi todos los Señores, sin embargo, seguía siendo una incógnita aquella extraña resolución. Pero el a menudo comprobado conocimiento de Yestariel acerca de todo aquello que fue y que será, primó finalmente por sobre todas las dudas y certezas de los Capitanes del Alba.

Pocos días depués de la partida de Nulkaiel y Barkoin, atrancó en el improvisado puerto de la costa nororiental de la Isla del Ingenio, el capitán Morcen acompañado por un grupo de arqueros élficos enviados a engrosar las filas del ya numeroso ejército nurnita a petición expresa del mestizo Seregruin.

El ataque comenzó poco después del despunte del alba, una cortina de niebla envolvía a la flota nurnita dejando entrever solo una tenue y fantasmal silueta de los grandes navíos que se aproximaban sigilosos hacia la costa; pero algo no estaba bien, la inesperada quietud de la ciudad resultaba sospechosa y sumamente peligrosa; algo los observaba desde las altas murallas del puerto, eran ojos antiguos, oscuros. Aldamorna intentó convencer al recién nombrado capitán de detener el ataque, pero la obstinación de Seregruin pudo más que los sabios consejos de la Mujer-Ent.

Poco antes de tocar tierra, un ataque inesperado por parte del Valle dio inicio al sangriento enfrentamiento, grandes rocas lanzadas desde algún lugar de la isla cayeron sobre los oscuros barcos nurnitas, destrozando las cubiertas, arrancando los mástiles e impidiendo el desembarco. Más Seregruin no estaba dispuesto a abandonar un botín tan tentador como el que se levantaba tras las murallas que protegían el puerto.

En una maniobra arriesgada e impulsiva y llevado por la idea de arrasar con la ciudad antes que el ejército del Valle haga su aparición, el mestizo ordena el ataque contra la fortaleza. Una enorme marea de soldados de negras armaduras, aquellos que sobrevivieron a la lluvia de rocas lanzada por los Ents, se abalanza sobre los muros de roca que forman la pared exterior del gran puerto mientras unos pocos defensores se enfrentan ante la embravecida marejada nurnita.

Cederían, las murallas caerían con estruendo y descubrirían ante él los secretos y tesoros que celosamente guardaban, nada podría detener al Alba Sangrienta, absolutamente nada.

Pero la fortuna dio la espalda a Nurn. Inesperadamente surgió del interior de la ciudad un ejército de tal proporción que casi igualaba a los soldados de los Señores; Hombres, Elfos, todos armados con espadas de brillante hoja y en su pecho y escudos grabados las insignias del Valle se lanzaron contra los súbditos de la Llama Roja, rompiendo sus defensas y causando innumerables bajas. Muchos huyeron en dirección a los barcos que se alejaban rápidamente de la costa, otros se arrojaron al mar ahora embravecido, y otros continuaron defendiendo el honor del clan, pero la batalla en tierra no duró demasiado. Esta vez el Alba Sangrienta fue derrotada.

Escrito el 03-11-2005 20:54 #4

Resumen de la batalla:

Valle ha perdido 12 armadas x35= 420 puntos.

Recuperables: 280 puntos.

Valoraciones: 7+8+8+8+9= 8

Recupera: 224 puntos. Los dirigentes han sufrido daños por el 50%, por este concepto recupera 175 puntos. Total recuperacion: 399 puntos.

Pierde: 21 puntos.

Nurn ha perdido 18 armadas x35= 630 puntos.

Recuperables: 210 puntos.

Valoraciones: 7+9+8+7+8= 7,8. La historia no alcanza el numero mínimo de palabras, con lo que recibe una penalizacion de 0,25 puntos. Total valoracion: 7,55.

Recupera: 159 puntos.

Pierde: 471 puntos.

Valle obtiene 225 monedas por batalla ganada.

Valle entrega 100 monedas a Nurn por abandono de la batalla.

Compañias actualizadas y listas.

Historia finalizada.