La Guerra de los Clanes

Historia Por Vida. Nurn. Nulkaiel Milyawen

Terminada
Escrito el 29-10-2005 17:10 #1

El barco se movía ahora violentamente. Odiaba el mar, y últimamente parecía que no podía escapar de él. Aquella noche había vomitado ya dos veces. Esperaba no tener que coger un barco nunca más. Pero debía obedecer. Las órdenes de la noldo habían sido claras: “no bajes del navío, y que no se te ocurra poner pie en tierra firme”.

En el barco no quedaban más que unos pocos soldados para custodiarlo, y los sirvientes y esclavos de las tres señoras.

Lissuin mataba la mayor parte del tiempo tejiendo y bordando. A veces arreglaba aquellas camisas y corpiños de la Señora que se encontraban en peor estado. Nulkaiel no solía llevar normalmente tejidos exquisitos, ni grandes joyas, salvo para ceremonias, y contadas ocasiones, pero le gustaba la pulcritud. Y ella se encargaba de que todo estuviera como la noldo deseaba. Y algo tenía que hacer para ocupar su mente. Pero ahora, las fuertes olas no la dejaban ya si quiera bordar, y antes de agujerearse los dedos decidió abandonar su labor.

Siempre acompañaba a la señora en las guerras, y el día anterior, cuando la ayudó a vestirse para la batalla la vio más hermosa que nunca, a pesar de llevar esas ropas austeras. Le ayudó a ajustarse el peto de cuero negro, recogió sus cabellos y le colocó la diadema de Ithalnaur.

¿Quién sabe cuanto tardarían? Esa espera era angustiosa. De la última batalla en el Puerto de Azdakadar, había venido con una pequeña herida, que por suerte estaba casi curada. Ulkum le había pedido que no fuese, que si la batalla se alargaba y se encontraba mejor se incorporase con los arqueros, pero su señora era obstinada, y no accedió. Delissë le había encargado una misión, y pensaba cumplirla.

Aun no había amanecido cuando escuchó alboroto fuera del camarote. Se levantó asustada creyendo que podría tratarse de una avanzadilla enemiga que estuviera intentando acceder al navío. Cogió el puñal que le había regalado su señora en una ocasión, y abrió la puertecilla temerosa de lo que pudiera encontrar. Pronto se tranquilizó al comprobar que el ruido lo estaban haciendo los propios soldados nurnitas. A lo lejos vio el ejército que regresaba, parecía numeroso, así que todo debía haber ido bien. Un grupo de soldados portaba a los heridos, como siempre iban los primeros, pero algo no iba bien… todos traían caras serias, y su corazón se encogió cuando los vio subir a cubierta… la guardia personal de Nulkaiel estaba llevando un cuerpo, en una improvisada cama que habían hecho con maderas y telas. “No puede ser” se dijo.

Depositaron el maltrecho cuerpo de la elfa en su lecho. El sanador pidió a todos que se fueran. Era la primera vez que muchos veían tan gravemente herida a la Señora de Nurn, y la curiosidad les podía. Pronto empezaron a correr por la cubierta rumores de que Nulkaiel había muerto, otros decían que todavía vivía, pero que esta sería su última batalla.

Su dama de compañía no dejaba de sollozar. Arrodillada junto al lecho de su señora vertía amargas lágrimas al ver el estado en el que había quedado Nulkaiel.

Lo único que sabía, por lo que había dicho el sanador escasos minutos atrás, era que en el cuerpo de la noldo aun quedaba algo de vida, pero cuanta y hasta cuándo aguantaría, eran todo hipótesis.

- No creo que podamos salvarla. Ha perdido mucha sangre, y respira con dificultad. Temo que la flecha le haya atravesado el pulmón. Aquí no tengo medios, si estuviésemos en la capital.. –dijo el sanador.

- Pues llevémosla –repuso Lissuin.

- Si la movemos ahora morirá en el camino. No aguantará un viaje tan largo.

- ¡No!, mi Señora no puede morir… ni siquiera este lugar es digno de llevársela… -decía entre lloros.

La esclava se levantó, y secándose las lágrimas con el borde de la manga, salió del camarote en busca de la guardia personal de la elfa.

Cuando los encontró, preguntó por Ulkum. Le dijeron que había sido herido y lo estaban curando. Uno de ellos le contó cómo la dama Nulkaiel había caído por el acantilado. En medio de la lucha se había ido alejando del grupo principal, y cuando estaba combatiendo herida, una gigantesca ola la arrastró al vacío.

- Cuando ya creíamos que el mar se la había llevado la encontramos. Tardamos casi dos horas, esto está lleno de arrecifes. Pero se la arrebatamos a Ossë.

Se alejó de ellos desconsolada. Sólo había una persona que pudiera ayudarla, y esperaba que ella no hubiese sido herida también, pues entonces toda esperanza se desvanecería.

Entró en el camarote reservado a Delissë y preguntó por ella.

- Necesito ver a vuestra señora, es urgente.

- Creo que se os ha adelantado, ha ido a ver a Nulkaiel –le respondió una criada.

Cuando llegó y corrió la cortina, la vio sentada al lado de la noldo. El sanador se había retirado y estaba a los pies de la enferma.

- Ayúdame a quitarle esto –le dijo la Maia a Lissuin.

Entre ambas la fueron desnudando. Sus ropas estaban hechas jirones. Las mangas estaban desgarradas, seguramente a causa de los golpes contra las rocas. Le quitaron primero el peto de cuero negro, que ahora estaba manchado con sangre. Unas manchas que ni el agua del mar había hecho desaparecer. Delissë deshizo el vendaje improvisado que le habían puesto en el pecho. La sangre volvía a manar. La elfa tenía una gran herida en la cabeza, y lo que parecían quemaduras cerca de los ojos. Los brazos y el abdomen estaban llenos de moratones.

La Maia suspiró. No sabía que partes podían estar rotas. Ordenó al sanador que preparara unos ungüentos. Le dio las explicaciones concisas de qué debía echar y en qué cantidad.

Cuando estuvieron las dos mujeres a solas, Yestariel se incorporó. Cerró los ojos y elevó su voz hasta convertirla en canto.

Sí mornie kaita i falmalinnar

Ela, vanwa ná valarya…

Ilye tier unduláve vanimarya

Nan ómanya tamuva i huini

Ar erye entuluva tere nwalme

Hekat, Nuru!

Ahora la oscuridad yace sobre las numerosas olas

Mirad, está perdido su poder…

Una profunda oscuridad ahogó su belleza

Pero mi voz golpeará las tinieblas

Y ella regresará del tormento

¡Apártate, Muerte!

Una luz intensa resplandecía en el camarote. Por más que había oído mil rumores sobre el poder de aquella dama, fue en ese momento cuando comprendió la grandeza del ser que tenía delante.

- Al anochecer volveré a pasarme por aquí. Dile cuando venga, que le aplique los ungüentos cómo le dije. Ahora he de ir a ver cómo está Inglin.

La esclava no soltaba la mano de Nulkaiel, quizá esperaba un pequeño estímulo, algo que la llenara de esperanza… Cuando se hacía el silencio absoluto llegaba a oír la respiración entrecortada de su señora. Pero nada más a parte de eso.

Cuando Anar se ocultaba ya, Delissë apareció de nuevo.

- Ve a descansar. Esta noche velaré su sueño.

La maia se acomodó en una silla junto a la elfa. Le acariciaba el pelo, ahora hecho rizos por el efecto del mar, unos rizos cobrizos, como el color del cielo al atardecer. Su tez, pálida de por sí, ahora tenía un blanco mortecino. Le seguía acariciando mientras recordaba su primer encuentro. Habían pasado muchos años de aquello, pero la situación no era muy diferente a la de ahora. La encontró tirada en la orilla del Nen Girith moribunda. Vio un halo de misterio en el rostro de aquella joven elfa, algo que le agradó, y decidió arriesgarse. La salvó, y la vio convertirse en uno de los grandes poderes de Nurn.

Pasó aquella noche y otras dos más, y aunque no había a simple vista mejorías en la noldo, Delissë se mostró optimista.

- Ahora respira con normalidad y sus pulmones ya no sufren. Podemos llevarla sin peligro a Nármelost. Además, aquí no está segura.

Se preparó todo para el traslado. Llevarían también al resto de los heridos graves para que fuesen curados en Karnairë. Salieron al alba, en uno de los barcos mercantes que mejor había resistido la batalla naval, con rumbo al puerto libre de Eärráme. Allí obtuvieron alimentos y agua pues el viaje de regreso era largo y tedioso. Al cabo de bastantes días de navegación, llegaron a Hisiëlondë. Cruzaron todo el territorio de la Orden de Telpe aprovechando la alianza, y se adentraron por fin en tierras nurnitas.

Algunos de los heridos habían perecido en el camino, otros se encontraban casi repuestos. Nulkaiel seguía inconsciente, aunque sus heridas hacía muchas lunas que habían dejado de sangrar.

- No sé si podéis oírme señora, pero ya hemos llegado –le susurró Lissuin al oído.– Todo irá mejor, la Señora Delissë me lo ha prometido-.

Escrito el 05-11-2005 14:25 #2

Los Valar otorgan un 45% de vida a Nulkaiel Milyawen

Historia finalizada.