La Guerra de los Clanes

Historia Por Vida. Valle. Gaur

Terminada
Escrito el 29-10-2005 19:08 #1

Gaur, el velocípedo le llamaban algunos, abrió los ojos mas no alcanzaba a discernir donde se encontraba. Era un paisaje desconocido para él, pero algo en su interior parecía reaccionar de una forma intensa.

Se levantó perezosamente y se dio cuenta de lo dolorido que tenía el cuerpo. Alguien podría llegar a pensar que no tenía ni un músculo que no rechinara ante el primer intento de activarlo.

Empezó a avanzar hacia el oeste, de donde le llegaba un rumor que antaño había reconocido, muchos años atrás en su infancia, cuando junto con sus padres cruzó el mar para desplazarse al continente.

La visión del mar le inundó completamente, el sol poniente reflejado en las cristalinas aguas turquesas provocó que unas lágrimas rodaran por sus mejillas.

¿Dónde estaba? ¿Cómo había llegado hasta ahí? La memoria le fallaba y no acertaba a recordar nada de lo sucedido en las últimas horas. Su mente luchaba denodadamente para encontrar una explicación a lo que estaba acaeciendo.

¡Capitán! – gritó un soldado – está muy malherido. Si no recibe auxilio médico no creo que pueda sobrevivir.

El soldado portaba en brazos el cuerpo casi sin vida de Gaur, fruto de las múltiples heridas recibidas en el campo de batalla.

Aliena gritó a lo lejos:

-¡Traedle a mi tienda! Apresúrate… el tiempo se nos escapa entre los dedos.

El soldado transportó el cuerpo de Gaur a la tienda de Aliena, quien se apresuraba a revolver sus objetos buscando hierbas curativas y remedios que en los lejanos días de su adolescencia le fueron entregados cuando recibió su instrucción.

Gaur observaba embelesado el romper de las olas en la orilla. Anduvo hacia el mar y penetró en él, sintiendo la pureza de aquellas aguas, sintiendo lo reconfortante que el suave acariciar de las olas era.

Algo llamó su atención. Unas velas eran empujadas por la brisa hacia la costa. Eran unas velas rayadas, tejidas en algo que parecía ligero como el lino. Gaur reculó saliendo del agua y preparándose para recibir a quien fuera que llegara en el barco que, hacia él, se dirigía.

Dos figuras se alzaban en la cubierta del barco. Dos figuras altas, vestidas de blanco, sin armas en apariencia. Gaur se enervó, puesto que el barco parecía dirigirse hacia él con más rapidez de la que aparentemente el viento reinante en ese lugar y momento deberían haber provocado.

Algo en las figuras le era familiar. Un fugaz rayo recorrió su mente, despertando recuerdos y sentimientos largo tiempo abandonados. Pero eso no era posible. Todas las neuronas de su mente gritaban que lo que ocurría no era posible.

Aliena aplicaba todos sus conocimientos y artes a restañar las heridas del cuerpo de Gaur. Su mente iba y venía alocadamente. Los rezos se mezclaban con las plegarias, mientras sus manos se afanaban a limpiar toda la suciedad incrustada en la piel de Gaur.

Aplicó unos ungüentos desinfectantes y el cuerpo de Gaur se revolvió inquieto.

Aliena se encomendaba a sus ancestros, a sus maestros… Su mente le decía que Gaur estaba más allá de sus posibilidades. Sus artes no serían lo suficientemente poderosas para arrebatar de las manos de la muerte al bueno de Gaur.

Su cara sollozaba al ver de nuevo a aquellos seres, largo tiempo atrás perdidos.

- ¡Madre, Padre…! No es posible. Vosotros estáis muertos. Os vi morir a manos de aquel balrog.

- Gaur, hijo mío – susurró su madre – Viste lo ocurrió. No tengas dudas al respecto. Pero la muerte no es el fin, es tan solo una transición; es la puerta que todos los mortales debemos atravesar para que se cumpla el círculo que el todopoderoso Eru ideó para nosotros.

- ¡Madre! – Gaur se fundió en un abrazo con los dos seres que le acompañaban.

Aliena no detectaba recuperación alguna en el maltrecho cuerpo de Gaur, si bien la respiración era muy agitada. De pronto lo vio claro. Gaur no se recuperaría con las artes que ella era capaz de desplegar. Tenía que luchar por si mismo… la batalla más importante no era la de las hierbas curativas, eran las propias ganas de sobrevivir. No podía hacer nada más, sin embargo no se apartó ni un instante de él, cambiando vendajes, limpiando el sudor…

- Por fin juntos de nuevo – dijo Gaur.

- No – respondió severamente el padre. Tu labor no ha terminado. Nosotros no dimos nuestras vidas para que tú te rindas en la primera ocasión en que las cosas se ponen serias de veras. Tienes que volver y luchar por tus amigos, por tus ideales. Sólo has conocido la guerra y el dolor, todavía quedan muchas cosas, tienes que conocer el amor, la ternura, la belleza…

- Padre….

- Tienes que volver. Hay muchos que confían en ti, y necesitan tu ayuda. Tu madre y yo siempre estaremos aquí, esperando. Cuando llegue el momento nos reuniremos. Ahora, vete.

Gaur se revolvía inquieto en sueños. Las pupilas de sus ojos se movían a toda velocidad de un lado al otro. Su cuerpo se encontraba bañado en sudor y las heridas supuraban. Unos tremendos escalofríos le recorrían constantemente y le hacían temblar frenéticamente.

De pronto todo acabó, un grito lanzado desde la oscuridad de la inconsciencia sacó de su letargo a Aliena, que agotada, reposaba en una silla a la izquierda de Gaur.

Las heridas se abrieron y un chorro de sangre resbaló hasta el suelo. Aliena gritó, reclamando ayuda. Los soldados que entraron sujetaron el cuerpo de Gaur para evitar que en una de las convulsiones cayera sobre el sucio terreno.

Aliena se sumió en un estado de concentración absoluto y se introdujo furtivamente en la mente de Gaur. Buscaba su consciencia, mas el desorden y el caos reinaban. Aliena tuvo que centrarse de nuevo ante tal desbarajuste y decididamente llamó:

- ¡Gaur! ¿Dónde estás? ¿Si oyes mi voz, ven hacia mí? Obtuvo la callada por respuesta.

Repitió la llamada infructuosamente. Una y otra vez clamaba buscando. Finalmente obtuvo algo, un lejano sonido de la voz clara aunque muy débil de Gaur.

- Aquí….estoy aquí….

- Gaur….ven hacia mí… búscame… no puedo sacarte…tan solo guiarte. Tienes que hacerlo tú.

- Estoy muy cansado.

- No es momento para descansar. Debes venir conmigo.

Aliena abrió los ojos y miró solícita la cara de su amigo. Lentamente los ojos se fueron abriendo con la mirada perdida, aun perturbado por el efecto de las hierbas que Aliena le había suministrado.

- Bienvenido….creí que no te volvería a ver….

Escrito el 06-11-2005 10:48 #2

Los Valar otorgan un 45% de recuperación de vida para el personaje de Gaur.

[Editado por Indil el 06-11-2005 12:14]

Historia finalizada.