La Guerra de los Clanes

Historias, leyendas y batallas en las tierras olvidadas de Arda.

Edicion 2

Haldanóri, Las Tierras Ocultas

Finalizada · 08-09-2004

Historia Por Vida. Valle. Nulk

2005:11:05:14:09:46

Elboron

Nülk quárënorno caminaba escrutando el horizonte desde los malecones y las elevadas murallas, sobre las cuales, se alzaban los jardines de la casa de curación de Aldarossë. Intentaba ver más allá de las nubes grises, atravesar el mar turquesa, rebanar las cumbres nevadas, posarse sobre los bosques costeros… pero solo era una rebelión de su espíritu. Solo Afán por dejar aquella jaula de oro y volver a sentir en su nariz, el hedor del acero en sus manos. Muchas millas al este del campo de batalla, transcurriría dentro de poco, la toma de la capital de Nan Tasarion, y él, tan lejos, defendiendo una ciudad. La Ciudad de Telandil, portando el emblema de la ciudad, su dragón.

Esta lejanía solo era comparable al pesar que sentía el enano por liderar de nuevo la Casa del Martillo Chispeante.

Le atormentaba saber que había sido separado de la más alta gloria, que era avanzar contra Süledaelessar. Quería haber vuelto a la capitanía y haber colocado su estandarte, curiosear sin reservas en sus salones, examinar los secretos almacenes, saborear la victoria al fin y al cabo. Pero en ese momento se sentía marchito, como una planta en una maceta sin tierra.

En sus meditaciones anhelaba exponerse cuerpo a cuerpo contra los enemigos, luchar en primera línea, oír sus órdenes retumbar entre los suyos y mas ahora que ninguno de sus amigos quedaba. Deseaba ir al continente, olvidar las intrigas de palacio, dejar a los arqueros en sus murallas y retornar junto a sus enanos, a la compañía que le vio nacer.

Mientras el aire que se colaba entre la alameda, resbalaba y ahuecaba con una caricia su barba, la melancolía le sumía en un gran pesar, temía escuchar noticias poco halagüeñas de sus espías al frente. Tal vez un amotinamiento, un fracaso, un ataque inesperado pero previsible... quien sabe por donde saldrían los Tasarianos. Le preocupaba el futuro de su excompañía, mas, que en la que estaba ahora destinado. Las horas se le alargaban y las uñas se le acortaban en aquel mar de espera y frustración, melancolía y miedo. Así pasaron veinte días de infinita agonía en vida, esperando noticias.

Todo, todo hasta que el día 21 del mes, tañeron las campanas de aldarösse para anunciar la mañana. Una multitud de pajarillos temblorosos esperaban acurrucados entre los setos que se retorcían en la balconada de la habitación de Nülk. Este los sintió afuera y abrió los ventanales. No hizo falta invitarles a entrar, ya que las pobres aves entraron en avalancha, rozando su cabeza, nerviosos y aleteando a su alrededor, como si de una nube parda se tratase. Uno a uno fueron recogidas sus notitas escuetas, leídas tan rápido como fueron escritas, ¡aquí y allá brincaba en pos de la siguiente nota, y apenas terminaba, entraba otro pajarillo con noticias en sus patas! El tiempo pasaba todo lo rápido que no lo hizo antes, y la información entro embriagadoramente en sus pensamientos. Supo que se había ganado la batalla, y que se había echo retroceder el envite de los señores de Nurn, a costa de un gran precio. Supo de grandes engendros desconocidos, de sus enanos, aguerridos luchadores… tal fue el atracón de noticias, que su agotamiento se hizo patente en él, y no pudo más que dejarse caer sin vida en la cama, allí, haciendo caso omiso al barullo de la habitación, cerró los ojos para soñar que vivía en primera persona las luchas que le habían contado. Se dejó arrullar por los recuerdos ignorando el mundo circundante, fantaseo con que sus planes se volvían realidad y le nombraban de nuevo general de la compañía del continente. Poco a poco abandonaba la conciencia y a medida que lo hacía se alejaba de sus recuerdos. Un profundo sopor tomó sus sentidos y una deliciosa sensación de recién despertado ocupo su estado anímico.

Soñó con la defensa de la ciudad, y en como su espléndida acometida había hecho caer despedazados innumerables enemigos bajo su hacha. Mientras él estuviese allí, daría su vida por mantener a raya al asaltante, fuera del reino que fuera, y justo, esa vez, casi se había cumplido esta profecía.

Esto fue porque aunque no estuviese Nülk en el continente, los de Nan tasarión le ahorraron el camino viniendo a por su fortaleza. Altivos como antaño, tocados con el odio en sus sonrisas torvas y amparados por su alianza con los estandartes rojinegros del norte, desembarcaron a sangre y fuego en la isla. Estarían seguro deseoso de cobrarse venganza por el mal que causamos en su reino. Y así el destino, ayudado por sumas de oro, quiso que cambiasen las tornas, y él, Nülk Quarenörno, era ahora el defensor de una ciudad, pero con la diferencia de haber pagado un alto precio por ganar y defender las puertas de la Capital.

Y allí, de lo mas hondo de sus recuerdos que se sucedían uno tras otro, como nacido del odio, traicionero y silenciosamente inesperado surgió el cuchillo que empezó a roer el hilo que le ataba a la vida, y poco a poco esta le abandonaba resbalando por su cuello, espesa y lentamente, recorría sus orejas, recubriendo su cuello con un caliente manto. Abrió los ojos, y noto la niebla en sus pupilas, pues la luz le abandonaba, solo quedaba el luminoso y claro horizonte llamando a los cristales de la enorme ventana.

En un mar rojo de sábanas de hilo blanco navegaba ahora hacia el Oeste, en océanos de silenciosa calma, capitaneando los heraldos de Mandos, aquella nave de la muerte. Sin oponer ningun tipo de resistencia, el desconsolado enano, sin ganas de luchar, sin ganas de perseguir una causa, dejó hacer al azar y se abandono a la suerte, por primera vez. Le vinieron a la mente los relatos de sus compañeros elfos, y creyó que era ella, Ëste, la que le había otorgado una muerte tan dichosa, sin dolor sin sufrimiento físico, Y así notó sus ojos vidriosos nublando aun más su vista, expulsando sus lágrimas a modo de única despedida para los que le encontrasen quien sabe cuando.

Como último recuerdo consciente, Nülk Quarenörno notó latir la herida de su cuello, y justo ahí, en ese momento, noto un picor extremo en la herida palpitante, un dolor lacerante que le mordía y le apretaba…y contra mas le dolía mas le atraía hacía la consciencia.

Atravesando las penumbras vertiginosamente, volvió a la realidad contrayendo su cara en una oleada de arrugas producidas por el dolor picante... No podía mover su cuello que estaba atenazado por… ¿unas manos?, sin poder revelarse aguanto el dolor en un eterno sufrimiento hasta que se desmayó sin fuerzas.

¡Por fin despiertas!, y pensar que nos querías abandonar sin decir nada, enano gruñón _apuntó Elboron contrayendo la boca en una mueca_

Si, Supongo que se alargara más mi estancia en tu capital. Parece que estoy destinado a durar un poco más de la cuenta. ¡Estate tranquilo ya rey elfo! Tienes lo que querías, voy a vivir y a seguir luchando por este reino. ¡Puedes irte, deja de fingir que te importo, bien se que aprecias mi vida en tanto en cuanto pueda cercenar vidas!_

Vanya sínomello, Muile-lya yéva muina. (Vete de aquí tu-secreto estará oculto )

Nülk giró su cuello vendado hacia un lado de la almohada, intentando olvidar lo que había acabado de decir, pensando por un mínimo instante en que aquellas palabras crueles, nacidas de su carácter difícil, no fuesen acertadas. Era hora de reposar y estar preparado para la cena, _se dijo_ lo único decente de aquel sitio.

Historia escrita por Gorathion

Eärondûr Rangilion

Los Valar otorgan un 45% de vida a Nülk Quarenörno.