En la lóbrega sala de curas Ilesse, postrada encima de un camastro como yacen los muertos, ladeaba la cabeza de un lado al otro, víctima de una pesadilla. Gotas de sudor resbalaban por su rostro y unas muecas de dolor y angustia aparecía en su faz por momentos.
Abrió los ojos, como si un muerto venido de ultratumba le hubiera tocado por la espalda, buscando resquicios de luz por todas partes, pero sus humanos ojos necesitaban aclimatarse a esa nueva estancia.
Se notó empapada en sudor. Trató de llevarse la manga de la camisa al rostro, pero eso no era su camisa, era más suave. Era uno de esos atuendos de los enfermos. ¿Acaso estaba enferma? O mejor … ¿qué hacía allí? Dudó que el enemigo le hubiera tratado de esa manera por tanto no ser cautiva fue su primera idea y primer alivio.
Tras varios intentos de incorporarse fallidos por dolores en la espalda intentó hacer memoria. Estaba en una batalla … en Suledaelessar y las cosas no estaban demasiado claras. La batalla había sido dura y cruenta … ¿y qué más? ¡Un hacha! Un hachazo clavado en el muslo derecho.
Se llevo la mano hacia la pierna, arqueando la espalda todo lo que su dolor le permitía y había vendas en torno a su muslo. No podía mover la pierna … ninguna. Eso no le gustó nada.
Volvió a mirar al techo y distinguió la concavidad que la protegía de la intemperie. Veía el techo … no se había dado cuenta en sus ratos de cavilaciones que una luz proveniente de su izquierda, debajo, le había permitido habituar sus ojos … pero esa luz antes no estaba. ¿Estaría amaneciendo? La batalla fue por la tarde. ¿Tanto había dormido?
Aprovechó para explorar la habitación con los ojos. Un par de armarios a la izquierda, algo que podía ser una chimenea más abajo. ¡Otro camastro ocupado! ¿Quién había allí? ¿Estaba vivo? No oía ningún signo de respiración, pero el sujeto no tenía la cara tapada. No le veía nítidamente la cara pero hubiera asegurado que era de raza élfica. Pero ¿es que acaso se había vuelto sorda? En un intento más instintivo que razonado golpeó con los nudillos al camastro y oyó el golpe. No. Sus oídos estaban bien. Aunque tal comprobación fue reafirmada con el sonido de unos pasos que se acercaban a aquella habitación desde el exterior.
Ilesse decidió cerrar los ojos y aparentar estar sumida en sueños mientras en su mente recreaba la imagen de una figura entrando en la estancia y cerrando la puerta.
Notó por un momento el fresco aire del exterior renovando el ambiente cálido y viciado de la sala y luego nada. Ya estaba dentro y quien fuera que fuese era alguien silencioso.
Fue entonces cuando la figura hubo pasado por su izquierda cuando los abrió y observó una figura alta, de cabellos largos y lisos con dos mechones de pelos plateados. El peligro pasó de largo esta vez.
“No deberíais entrar en una estancia sin llamar a la puerta, Arattalion.”
“Y tú no deberías creer que no conozco tus tretas, Ilesse.” Dijo el maia siguiendo su camino a la chimenea.
Mientras el poderoso señor oscuro encendía una lumbre Ilesse trató de nuevo de incorporarse para mantener una conversación, pero una vez más un terrible dolor le impidió continuar.
“Tranquila, no te molestes. En el caso de que pudieras incorporarte no irías muy lejos. Tuviste suerte de que te sacaran rápido.”
“Ahora no logro recordar bien que pasó. Sé que me hicieron un corte profundo en el muslo y el resto es borroso.” Le explicó la humana.
“Realmente no sé de que pasta estás hecha. Desde que estamos juntos te has enfrentado a un dragón que arremetió contra ti y ahora has aguantado la caída de un troll encima de ti. Si los ejercitos dunedain hubieran sido así contra Morgoth …”
“¿Quién?” Replicó la humana con curiosidad.
“Nadie importante para ti, supongo.”
“Así que un troll…”
“En esta batalla el enemigo se cernió en especial sobre los trolls. Uno de ellos batallaba cerca de tu posición y lo derribaron con tan mala suerte de caer hacia donde te encontrabas. En condiciones normales podrías haberlo esquivado imagino, pero la herida te hizo trastabillar y caer al suelo. El impacto te sepultó bajo gran parte del cuerpo del troll, haciéndote perder la consciencia y dejándote a merced del enemigo. Gracias a Lómine te salvaste. Llevaba unas pocas raciones de Tarrabeth, que usamos para inyectarte como cataplasma en la herida y parar la sangre que salía a borbotones.”
Un silencio prolongado se mantuvo en la habitación. Aratallion fue a buscar un ungüento en el armario mientras Ilesse pensaba. En ese momento recordó la figura de la derecha. La miró y reconoció en ella el rostro de Élvanwa.
“¿Qué le ha pasado a Aranel? Si está aquí es que debe estar viva.”
“Le alcanzó una flecha por la espalda. Está bastante delicada. Así como tu tuviste suerte y tus entrañas siguen intactas, esa flecha le hirió atravesándole el cuerpo. Pero la suerte varía. Algunos de tus huesos necesitan aún mucho cuidado y en el caso de recuperaros al mismo tiempo tardarás mucho en andar.”
El maia se giró con un pequeño mortero y cogió un pcoo de su contenido con la mano.
“Tómate esto, te ayudará a dormir. Un elfo versado en las artes curativas de Suledaelessar se ofreció a curaros por haber defendido la ciudad, pero aún tardará un rato en venir.”
Ilesse, sin saber qué decir simplemente tomó aquel extraño mejunje insípido. La vista se le nubló y los párpados le cayeron pesados.
Una vez dormida la voz del maia sono como un suspiró en la habitación.
“Es mejor que no sepas, que puede que no vuelvas a caminar. Es mejor mantener la esperanza en tu recuperación, sino te vendrías abajo y todo el coraje y fuerza de la raza humana ya no tendría cabida en ti.”
Se giró luego hacia Élvanwa y sin poder evitar otras palabras dijo.
“Tú en cambio saldrás de esta pero no serás la misma. Un trozo de ti se ha quedado ligado en Arda y otro más se ha ido a Eldamar. Ya son menos los pedazos de tu voluntad que quedan por guiar y no sabemos quién de las dos acabará ganando.”
[Editado por cuervo_de_la_tempestad el 07-11-2005 13:46]
