La Guerra de los Clanes

Historias, leyendas y batallas en las tierras olvidadas de Arda.

Edicion 2

Haldanóri, Las Tierras Ocultas

Finalizada · 08-09-2004

Historia Por Vida - Concilio - Eärondûr Rangilion

2005:11:13:12:01:06

Eärondûr Rangilion

En las lejanas tierras de Nurn caía la noche mientras dos figuras inmóviles esperaban, una sentada frente a la otra, la llegada de ayuda.

-Son tiempos de guerra, Varda lo sabe, mira en lo alto del cielo, el rojo Carnil otea todo el lugar de la batalla… se ha vertido demasiada sangre Thorjil

-¿Cuánto queda para el amanecer?

-Aún queda bastante, Eärendil acaba de ocultarse en el oeste y la brillante Helluin acaba de surgir en el este. Pero no te impacientes, disfruta del hermoso cielo invernal…

-Sólo un elfo podría decir semejante estupidez en un momento como este… o quizás es que has perdido demasiada sangre.

-Haré que no te he oído… ¿recuerdas tus tiempos en la escuela? Cuando te enseñaba a orientarte en la oscuridad. Se acerca el invierno y el imponente Menelmacar vigila nuestros sueños, pero no está solo pues la hermosa Wilwarin nos observa desde lo más alto de la bóveda. Oh, y la encarnada Borgil junto a las hermosas Remmirath… pronto llegarán los fríos invernales.

Poco a poco los dos guerreros iban cayendo en un extraño sopor, pero el elfo seguía hablando aún sabiendo que su compañero nunca comprendió la fascinación de los elfos por aquellas lejanas creaciones de Varda.

-Me giraré, quiero ver el cielo que estás observando tú… ¡mira! la brillante Luinil, que cerca del horizonte centellea… el verano se acaba.

En ese momento y debido al esfuerzo por moverse, Eärondûr sintió un importante mareo pero siguió oteando el cielo:

-Vaya, mira a quién tenemos aquí… el omnipresente Valacirca… todo el año ahí arriba, vigilando Arda desde el inconmensurable cielo, pero ¿realmente nos vigilais o ya nos habéis olvidado? Oh claro, ya habéis hecho mucho por el mundo… sí, lo habéis creado y habéis expulsado al Señor Oscuro; pero, ¿qué hay del sufrimiento y la belicosidad que aún afectan al mundo? Morgoth se fue pero su semilla quedó aquí más arraigada incluso que las creadas por Yavanna y si no me creéis echad un vistazo a Númenórë, la que antaño fue la tierra con más bendiciones al este del mar no es ahora más que una hedionda civilización colmada de envidias y recelos y todo ¿por qué? Por la ausencia flagrante de vuestro Poder mientras Gorthaur campa a sus anchas por sus calles y avenidas corrompiendo todo lo que fue bueno y hermoso.

Pero eso a vosotros no os importa… Sauron no es si no una mera sombra de Melkor y él no pone en peligro vuestro alto trono sobre el Taniquetil ¿para qué preocuparse entonces de los miles de niños e inocentes que mueren por culpa de la maldad difundida por Morgoth?

Febril y mareado, Eärondûr cayó en un profundo sueño.

Cuando despertó se vio a sí mismo algo más joven frente al Mahanaxar, una voz profunda comenzó a hablar a su lado aunque el elfo no podía ver quién era su interlocutor:

-Te he oído mientras contemplabas el Delgûmâ, elevando quejas respecto a Aþâraphelûn Dušamanûðân, así que he decidido recordarte las palabras que te dijeron los Mâchanâz en el Mâchananaškad antes de que partieras al este.

Si quieres partir puedes, pero antes déjanos advertirte algo; en el este verás cosas que no serás capaz de comprender, situaciones desagradables que te parecerán injustas a tus ojos, pues solo eres capaz de ver una ínfima parte de la Creación. Por tanto, recuerda que no podrás cuestionar los designios de Ilúvatar pues no los conoces; es peligroso aconsejar pues no conoces el fin de tu consejo, pero creenos si te decimos que ese fin ya fue escuchado por Ilúvatar en el Ainulindalë.

-Tú aceptaste humildemente el hecho de que no conocías mis pensamientos hace más de dos mil años ¿qué ha cambiado ahora para hacerte pensar que conoces el final de todas las sendas?

-Pero, la muerte de esos niños inocentes en las múltiples guerras que arrasan la vida en Arda…

-Tu sangre humana y la estancia en Aþâraphelûn han nublado tu entendimiento… La Muerte forma parte de Eä, los Eldar al morir regresan a las Estancias de Mandos para continuar su existencia a la sombra del Dâhan-igwiš-telgûn, los Edain al morir… no quieras saber más que los Mâchanâz.

No sabes qué clase de existencia espera a los niños que mueren y abandonan Aþâraphelûn Dušamanûðân, ¿acaso no cabe la posibilidad de que su fëa sea llevado hasta Aþâraphelûn Amanaišal? Tú no lo sabes, no critiques a los Mâchanâz por cumplir con su cometido, esa no es tu misión en Aþâraphelûn. No te envié allí para que me digas lo que tú subjetivamente piensas que se debería cambiar, si no para que decidas tu Destino.

-Eärondûr despierta, deja de hablar con palabras que no existen.

-Eh… ¿qué dices Thorjil?

-Nada, nada… ¿queda mucho para que amanezca? Empiezo a creer que mis pies se congelaron.

-¿Es que no me escuchabas en las clases de orientación nocturna? Mira al este, Morwinyon ya nos observa con su rojo brillo… y la Corona de Durin ya puede verse también. Uhm… qué raro…

-¿Qué es raro? Además de tu mera existencia…

-Lumbar y Alcarinquë, están al lado de Eärendil… no sé que puede significar… Pero tranquilo, en cuanto aparezca Elemmíre en el este empezará el alba. No debe quedar mucho, Eärendil ya está alto.

Al poco de decir esas últimas palabras, Eärondûr volvió a caer en la inconsciencia.

Eärondûr sentía tensos y doloridos los músculos del cuello y la nuca, no podía mover el brazo izquierdo y tampoco era capaz de doblar sus rodillas. Sentía un agudo dolor en la cabeza además de unas intensas nauseas. Tras un importante esfuerzo consiguió al fin abrir los ojos, todo era ya luminoso aunque su visión era bastante borrosa.

-¿Soy yo o la habitación se mueve? –una tenue voz consiguió salir de la garganta del elfo.

-¡Por fin despiertas! Llevas diez días inconsciente, claro que la habitación se mueve, estás en el camarote de un barco –la alegre y familiar voz de Iorethil, sanadora del Concilio y amiga de Eärondûr desde hacía muchos años, llenó el lugar.

-¿Diez días? ¿Qué ha pasado?

-Te encontraron en un charco de sangre, muy cerca del campo de batalla. Estabas hecho una pena… una pierna rota, saeteado, acuchillado… un verdadero prodigio que te encontraran aún con vida, sobre todo después de pasar la fría noche al raso. Fuiste enviado con los demás heridos y con los soldados muertos al puerto de Túrelondë, donde te aplicaron las primeras curas a tus múltiples heridas.

Dos días después y procedentes de los combates en la isla del Valle del Ingenio, llegamos nosotros a recoger a los muertos y heridos para llevarlos de vuelta al Nan-Tasarion. Esperamos unos días para garantizar que todos los heridos podríais realizar el viaje de vuelta sin peligro, ahora estamos a punto de llegar al puerto de Telda Minya.

-Bien, bien… Iorethil ¿desde cuándo tienes ayudantes hobbits?

-Espero que tu confusión se deba a los golpes recibidos en tu dura cabeza de noldo –la ayudante de Iorethil se giró y encaminó hacia Eärondûr-. Aunque estés al borde de la muerte recuerda bien mis palabras, las palabras de Isiloth la medio-elfo: como alguna otra vez se te ocurra compararme con un hobbit te juro que las heridas que tienes ahora te parecerán un rasguño comparadas con las que yo misma te produciré.

-Iorethil, ¿tu nieta es siempre tan agradable con los enfermos?

-No, siente especial predilección por los hijos de Eärendil incapaces de distinguir un cuchillo de un cucharón.

-No sé qué es peor, si las heridas de la batalla o el tener que aguantaros tendido en la cama y sin posibilidad de levantarme –se quejó el elfo.

El barco llegó por fin al puerto de Telda Minya, los heridos fueron llevados rápidamente a las Casas de Curación de la ciudad seguidos de cerca por Iorethil y sus ayudantes encabezadas por Isiloth. Era un precioso atardecer y el cielo totalmente despejado hacía prever una helada nocturna.

-Espero que hayáis recogido suficiente leña como para mantener encendidas todas las chimeneas de las Casas –rezongó Eärondûr mientras lo llevaban hacia su lugar de descanso.

-Una insinuación más de falta de profesionalidad y duermes en el sótano con las escobas –amenazó Iorethil-. Estás en las mejores Casas de Curación de este lugar de Arda.

El tiempo pasaba lenta y tranquilamente en aquel lugar, Eärondûr había sido colocado al principio en una habitación del primer piso, pero tras las continuas quejas sobre el estado de su almohada o sobre la temperatura de su habitación, fue trasladado a las habitaciones del ático. Allí tras varios días de quejas ignoradas decidió salir a pasear a las terrazas y al jardín que rodeaban el lugar.

El tiempo era fresco y el viento era bastante fuerte, por lo que podía escuchar el ruido de las olas rompiendo contra la no muy lejana costa; en las tardes especialmente cálidas solía bajar a pescar a las orillas del Aewenlorin.

Durante esos días podía verse al noldo especialmente cabizbajo y pensativo:

-Sabes Iorethil, toda guerra puede parecer vana... yo pienso que lo son, pero siempre puede sacarse algo buena de ellas, algo que sirva al mundo para evolucionar.

Por ejemplo, yo ahora veo la vida de diferente forma... hay cosas terribles que ocurren sin motivo aparente pero que sirven para reforzarla. Un fuego provocado por un rayo en el bosque arrasará muchas millas de bosque, sí, pero servirá para que nazcan plantas más fuertes en el lugar de las que se quemaron, más fuertes y más jóvenes...

-Creo que te apreté demasiado el vendaje de la cabeza.

Una mañana llegaron noticias del Concilio, debían relevarse los dirigentes de las Compañías que se encontraban en combate y a Eärondûr debía relevarle Isiloth pues Iorethil había notificado que el elfo estaba temporalmente incapacitado para la batalla.

-Iorethil, puedo luchar debes dejarme ir con Isiloth –protestó el elfo.

-¿Qué puedes luchar? –rió Iorethil-. Sólo te dejaría ir con Isiloth si ella fuera a combatir con hobbits tuertos o con enanos mancos… pero mírate, cojeas y tienes un brazo en cabestrillo…

-Pero tengo que ir, fui uno de los promotores de esta guerra

-¿Y?

-Que la gente dirá, “mira a ese Noldo, hace salir al conejo de su madriguera y ahora él se va a comer alubias”

-Creo que te golpeaste muy fuerte la cabeza… mientras sigas diciendo esas tonterías no te dejaré ir.

-Entonces se quedará aquí para siempre –la voz de Isiloth resonó desde la habitación contigua.

Malhumorado, Eärondûr subió de regreso a su habitación.

Delgûmâ – bóveda celeste

Mâchanâz – Aratar

Mâchananaškad – Anillo del Juicio

Dâhan-igwiš-telgûn – Taniquetil

Aþâraphelûn Dušamanûðân – Arda Maculada

Aþâraphelûn Amanaišal – Arda Inmaculada

Delisse Yestariel

Los Valar otorgan un 50% de recuperación de vida al personaje de Earondur.